Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Pertenecen a la mente y mano maestra de Akira Amano, la autora de este fanfic no tiene derecho sobre ninguno de estos personajes, solo la trama de este fanfic.


Archipiélago Namimori, Isla central.

Reborn había tenido una cantidad considerable de amantes en el pasado, algunos de estos donceles, es por eso que Reborn entiende que los donceles poseen una belleza muy diferente a la de una mujer. Mientras que la belleza de una mujer es atrayente ya fuese por su forma, sus colores o su aroma, en un doncel lo que atraía a primera instancia era la curiosa mezcla de facciones entre suaves y fuertes que dejaban un aire misterioso, o al menos eso es lo que opina Reborn. Así que cuando la antigua dama de compañía de su hermana, ahora dama regente del archipiélago de Namimori, Nana, presento a su hijo doncel quien seria de ahora en adelante su prometido, Tsunayoshi, Reborn no pudo evitar sentirse ligeramente sorprendido por lo que vio.

El maquillaje que le pusieron era delicado y acentuaba el adorable rostro de corazón que aún tenía algo de redondez infantil, la boca pequeña y con semi-gruesos labios rosados, nariz pequeña y respingada, y esos ojos, esos ojos tan grandes, brillantes y honestos del color del caramelo oscuro que parecían haber sido espolvoreados con virutas de oro y que reflejaban con claridad las emociones de su portador. Reborn pudo ver el miedo, el nerviosismo y la curiosidad que solo acentuaban la inocencia de esos ojos y que hacían que algo dentro del general se retorciera agradablemente. El abundante y loco cabello castaño avellana se mecía con la brisa y un agradable aroma llego a la nariz de Reborn, una mezcla de aceites de flores y algo más, algo que el general jamás había olido en un perfume o en un aceite aromático y que hacía que un ansia extraña se asentara en su ser, no era una sensación desagradable pero sin duda nueva.

"No puede ser un doncel." Pensó el general sin despegar su vista de la del individuo frente a él.

Fue entonces que Reborn decidió hacer lo que cualquiera en su posición (y en su misma línea de razonamiento) hubiese hecho, se puso en cuclillas, alzo el dobladillo de la túnica del castaño y reviso sin ningún tipo de reparo si todo estaba en su lugar en el cuerpo de su nuevo prometido, y efectivamente, sin duda alguna se trataba de un sano y joven doncel.

- Yo sé que los donceles tienen una belleza andrógina y todo eso... – mascullo con aire pensativo Reborn –… pero por un momento pensé que de verdad eras una chica, por lo visto me equivoque, no cabe duda que eres todo un chico. –

Un ligero temblor en las bien torneadas piernas de su prometido llamo la atención de Reborn, dejo de estudiar el cuerpo del joven castaño para volver su atención a aquellos ojos claros que lo hipnotizaron por un instante y nuevamente fue ligeramente sorprendido por lo que vio. Los grandes, redondos y claros ojos habían sido remplazados por unos de un filo delicado pero aun así amenazante, el color cambio por uno naranja-ambarino similar a un fuego salvaje que hizo que un escalofrió extasiado recorriera la espalda de Reborn, la pequeña boca con sus semi-gruesos y rosados labios se partió para dar lugar a una palabra dicha con un tono frio y aun así agradable a los oídos.

- Pervertido! – sentencio en perfecta lengua norteña el castaño al tiempo que con la velocidad de un látigo y la fuerza de un mazo de guerra impactaba su puño contra el rostro de Reborn.

La oscuridad de la inconsciencia recibió al general con los brazos abiertos.


Reborn abrió de poco a poco sus ojos, lentamente el marco de sombras que decoraba su visión se fue disolviendo hasta que al fin miro con claridad el techo de la habitación donde se encontraba, la luz del sol se colaba por la única ventana de la habitación y llenaba con luz cálida y menguantes sombras los muros lizos de roca blanca. El general podía sentir un dolor punzante e intenso en la quijada, como si un martillo que salio volando en un campo de batalla lo hubiese golpeado con fuerza, se llevó la mano al lugar donde sentía más dolor y se dio cuenta de que le habían colocado una extraña mezcla color marrón con varios restos molidos de hojas y cortezas.

"Probablemente algún ungüento para evitar la hinchazón." Pensó Reborn al tiempo que se sentaba en la cama de blancas sabanas de tela ligera donde le habían recostado y examinaba el ungüento que quedo en su mano.

- Está vivo, kora! – exclamo Colonello, la diversión pintaba su voz.

- Aria quiere matarte. – sentencio Fon con voz calma, un fingido tono de desaprobación trataba de esconder el aun perceptible tono de burla.

El rubio y el de la trenza se encontraban sentados sobre unas sillas de membrillo cerca de las abiertas puertas dobles que daban paso a un pasillo exterior techado.

- Qué paso? – cuestiono Reborn al tiempo que dirigía su atención a sus camaradas – Donde esta Takeshi? – interrogo cuando no encontró a su aprendiz en la habitación.

- Lo que paso fue que la adorable y maravillosa cosita que es tu prometido apago todas tus luces de un golpe, kora! – informo enérgico Colonello – Te juro que si tu no lo quieres Lal y yo lo adoptamos, kora!

- Takeshi fue por tu comida. – informo Fon, la sonrisa zorruna en su rostro ganando tinte de burla – Nosotros ya comimos. – añadió el de la trenza.

- Me alegra ver que mi desgracia trae dicha. – comento con acritud Reborn en dirección de Colonello – Y gracias por esperarme. – dijo en dirección de Fon.

- No iba a esperar a que te recuperaras de un golpe que bien te merecías para disfrutar de la fascinante cultura culinaria del archipiélago. – se defendió Fon – Sabias que se puede cocer pescado usando solo jugo de cítricos? Y su té frio de frutos tropicales es maravilloso! – comento feliz de la vida el de la trenza.

- Me importa una mierda como coci-un segundo… dijiste que fue quien que me noqueo? – apunto Reborn en dirección de Colonello haciendo que la sonrisa burlona solo se ensanchara.

- No lo recuerdas? – intervino Fon desde su asiento – El pobre Tsunayoshi estuvo tan indignado por tus acciones que te golpeo y te dejo tirado en el muelle, se encerró en su habitación y no ha hablado con nadie desde entonces. – informo Fon.

- Paso entre la multitud como un Dios iracundo partiendo el mar. – describió Colonello con un inhabitual tinte poético – Fue impresionante, kora. –

- El peque…

- TÍO REBORN! –

El iracundo grito de Aria lleno la habitación e interrumpió lo que sea que Reborn fuera a decir.

La futura madre estaba al pie de la puerta, sus brazos cruzados sobre su prominente barriga y su ceño fruncido en desaprobación.

"Oh, mierda." Pensó Reborn mientras miraba a su muy, MUY enojada sobrina. "Es igualita a su madre cuando se enoja."


Takeshi caminaba por el pasillo exterior no sabiendo verdaderamente a donde ir.

Hace unos minutos Fon le pidió ir a la cocina y pedirle a quien esté a cargo un plato con algo de la sopa cremosa con hongos que comieron aquella tarde mientras Reborn era atendido por los sanadores y algo de pan para cuando su maestro volviera en sí, pero resulta que Takeshi subestimo la complejidad de los pasillos de la villa, ahora está perdido y no hay rastro de alguien que pueda auxiliarle.

"Como rayos paso esto?" Se cuestionó en sus adentros el muchacho. Recree con cuidado el camino por el cual llegamos a la habitación luego de comer… creo.

Takeshi siguió caminando con la esperanza de encontrar a alguien que le dijera como llegar a la cocina o, en el mejor de los escasos, encontrar la cocina.

"Ooh! Personas! Estoy salvado!" Se dijo aliviado en sus adentros luego de dar un giro en una esquina.

Seguía en el pasillo exterior, pero había llegado a una especie de claro que era rodeado por el pasillo en cuestión, cinco individuos (cuatro varones y una dama) de diferentes edades que Takeshi reconoció de las presentaciones de aquella mañana. El mayor era un hombre de corto cabello oscuro y bigote que usa anteojos, un artefacto caro que Takeshi había visto usar a hijos de dignatarios importantes o mercaderes ricos con mala visión, también está el general Verde que no puede ir a ningún lado sin sus anteojos, que la familia regente tuviera semejante equipo para sus soldados decía mucho del cuidado y cariño que les tienen. El que le seguía era un hombre más joven de ojos filosos y gruesas cejas, su oscuro cabello le llegaba a la altura de la barbilla y le daba un aire noble, cuatro espadas colgaban de sus caderas. Luego sigue un rubio con el ceño fruncido en preocupación, como si no supiera como relajarse, colgando de su espalda un bastón Bo largo de un material oscuro y lizo, probablemente también muy duro. El último varón tiene aspecto intimidante, ya fuera por sus amenazantes ojos castaños, sus delgadas cejas fruncidas en su ceño, su alborotado cabello oscuro, como el de una pantera de montaña lista para saltar sobre su presa, o quizás sea por las profundas cicatrices que tiene en el rostro. La única dama del grupo también es rubia y también usa anteojos, se ve joven y sus ojos tienen un tono castaño claro con un brillo de seriedad, su cabello tenia algunos mechones sueltos sobre el rostro pero la parte de atrás estaba sujeta en un moño bajo. Los cinco usaban el mismo estilo de ropajes…

"Un uniforme." Razono Takeshi en su interior.

Pantalones holgados de tela color café, rodilleras de metal forjado, las botas de cuero café oscuro que muestran los dedos y los talones, una pechera con cuello alto que parecía la combinación de cuero y metal forjado con el emblema de la caja regente (dos leones frente a frente sobre sus patas traseras) quemado en el pecho, las hombreras redondas como caparazones y con final elegantemente puntiagudo, los brazos descubiertos y los antebrazos cubiertos por la misma aleación que la pechera, los nudillos cubiertos por cuero y púas de metal pero los dedos libres para mayor comodidad.

- Esto… Ola. – saludo Takeshi algo inseguro al grupo mientras se les acerco, su lengua sureña era tosca y su acento marcado.

Los cinco individuos interrumpieron su plática y dirigieron su atención en dirección de Takeshi.

- Algun ustedes sabe cómo cocina llegar? Me perdido. – dijo Takeshi lo mejor que pudo en la lengua sureña, una sonrisa nerviosa decoraba su rostro y rascaba su nuca con su mano derecha.

Cuatro de los presentes lo miraron incrédulos por un segundo, luego se miraron entre ellos y finalmente con una sonrisa comprensiva regresaron su atención al chico, el de las cuatro espadas y cejas gruesas solo lo miro feo todo el tiempo.

- Sabemos cómo hablar la lengua norteña, muchacho. – calmo sus nervios el hombre de bigote y anteojos, una sonrisa conciliadora en sus facciones.

- Relájate un poco, eres demasiado joven para preocuparte por pequeñeces. – agrego el rubio del bastón Bo.

- Y tu lengua sureña apesta, necesitas practicar. – señalo con seriedad la única chica del grupo al tiempo que acomodaba sus anteojos sobre el puente de su nariz, no hay hostilidad en su tono pero si el tono de regaño que una institutriz utilizaría con su joven estudiante.

Takeshi suspiro mentalmente en alivio cuando escucho la fluida manera en la que sus interlocutores hablan en la lengua norteña.

- Haha, lo mismo me dice mi maestro. – rió ligero Takeshi respondiendo a sus interlocutores – Mi nombre es Takeshi Yamamoto, es un placer conocerles. – se presentó el joven con una educada y adecuada inclinación, como se acostumbra en el norte.

- Mi nombre es Romario. – se presentó el hombre de bigote mientras inclinaba su cabeza ligeramente en dirección de Takeshi al tiempo que juntaba sus manos en ademan de rezo, los dedos manteniéndose separados, la punta de los dedos pulgares tocando en medio de las cejas. Luego de un rato volvió a erguirse y señalo en dirección de la chica rubia – La señorita a mi lado es Orégano. – ella realizo en mismo ademan que Romario – El joven rubio es Gamma. – el rubio también hizo el ademan que Takeshi comenzó a comprender es una especie de saludo – El que parece un puma agazapado es Lancia. – señalo Romario en dirección del hombre de las cicatrices, mientras este hacia el curioso saludo Romario susurro rápidamente al oído de Takeshi – Podrá verse algo agresivo pero la verdad es una de las personas más amables y serias que conocerás por aquí, aunque eso no quiere decir que quieres hacerlo enojar. – Takeshi asintió agradecido por la información – Y el caballero de las cuatro espadas es…

- Mi nombre es Genkishi. – interrumpió la presentación el de las cuatro espadas, el no hizo el curioso y reverencial saludo, los ojos con los que mira a Takeshi son fríos y cortantes – Y hasta que tu señor no se disculpe por lo que le hizo a nuestro joven señor me niego a siquiera considerar prestarte ayuda, sigue tu camino Takeshi Yamamoto y evítate problemas. – señalo en tono cortante Genkishi.

Takeshi no pudo evitar el ligero respingo ante lo dicho por el caballero de gruesas cejas, el ambiente se puso algo pesado y…

Pazz.

Orégano le dio con la palma de la mano un fuerte golpe en la nuca a Genkishi.

Takeshi parpadeo un par de veces sorprendido por las acciones de la rubia.

La atención de Genkishi se giró rápidamente a la rubia, la hostilidad de sus ojos siendo cambiada por incredulidad.

- Por qué hiciste eso?! – cuestiono el de las cuatro espadas mientras sobaba la zona adolorida.

- No ventiles tu molestia en el pobre chico. – reprendio Orégano mientras se cruzaba de brazos y colocaba su peso sobre su pierna izquierda.

- Estas defendiendo a este mocoso luego de que su señor ofendió al joven seño-Ouch! – lloro Genkishi cuando Orégano volvió a golpearle, esta vez en la frente, con fuerza.

- Tú lo has dicho, su señor, Lord Reborn, no él. – razono Orégano.

Genkishi fulmino con la mirada a la rubia.

- Aaah, ya entiendo. – sonrió Orégano con sorna – Estas celoso de que Tsunayoshi va a contraer nupcias y como no puedes desquitarte con el prometido en sí te quieres desquitar con el chico, muy maduro. – dijo Orégano mientras miraba a Genkishi con disgusto.

La atención de Takeshi brincaba de Orégano a Genkishi como una pelota de cuero contra una pared, no entendiendo por completo lo que decían pues hablaban con velocidad pero Takeshi logro entender que peleaban por lo que ocurrió en el muelle aquella mañana, fue entonces que noto que el hombre de la cicatrices en el rostro, Lancia, lo tomaba del cuello de sus ropas y lo jalaba hacia atrás, alejándole de la pelea verbal, Romario y Gamma también se alejaban con ellos.

- Ni siquiera sé porque te molestas, Tsunayoshi siempre ha estado fuera de tu liga y sabes por qué? – Orégano coloco su dedo índice derecho sobre el pecho de Genkishi con aire retador - Porque él si tiene buen gusto. –

Los ojos de Takeshi se abrieron como platos cuando Genkishi y Orégano, más rápidos que un parpadeo, desenfundaron sus armas (Genkishi una de sus espadas y Orégano una daga que tenía escondida donde solo ella sabe).

Clash!

Chocaron los filos de las armas.

Takeshi contuvo la respiración cuando vio como la daga de Orégano se mantenía contra la espada de Genkishi, los brazos de ambos temblaban de la fuerza que ejercían sobre sus armas.

- Eso, saca toda esa ira contra alguien de tu tamaño. – alentó Orégano al de las cejas gruesas.

Genkishi agrego más fuerza a su empuje, Orégano blandió su daga para alejar a la espada y a quien la sostiene para ella alejarse un par de saltos. Genkishi segado por su momentáneo enojo alzo su espada de nuevo y azoto contra la rubia, Orégano sonrió feroz y se abalanzo en dirección de Genkishi.

Takeshi miraba emocionado la pelea, y aunque fue Orégano quien le salvo del frio trato de Genkishi, Takeshi no puede evitar animar internamente al espadachín, después de todo Takeshi mismo es uno.

Pero la espada y la daga no volvieron a encontrarse en un duro golpe acompañado por chispas pues dos chicas, con el mismo rostro pero con diferentes texturas de cabello se interpusieron en el camino de los guerreros.

- ¡¿Se puede saber qué demonios está pasando aquí?! – cuestiono autoritaria y firme una voz sedosa y no muy profunda.

Takeshi giro su rostro en dirección de la voz y reconoció de inmediato a aquel que es de ahora en adelante prometido de su maestro, Tsunayoshi di Vongola.

- Oh-oh. – mascullo Lancia.

- Parece que se acabó la fiesta. – susurro Gamma.

Los ojos de Tsuna se achicaron amenazantes, un brillo ambarino reclamándolos.

- Y bien? – cuestiono con aquella misma autoritaria voz.

Al mismo tiempo Orégano (cuya mano sosteniendo la daga seguía prisionera de una de las gemelas), Romario, Lancia y Gamma apuntaron en dirección de Genkishi.

- Genkishi empezó. –

- Genkishi empezó. –

- Genkishi empezó. –

- Genkishi empezó. –

Cantaron en perfecta armonía los dos rubios, el del bigote y el de las cicatrices.

El susodicho bajo la mirada avergonzado.

- No me interesa quien lo empezó, quiero que lo acaben ahora mismo. – reprendio el castaño – Nos están poniendo en ridículo frente a uno de nuestros invitados. – dijo Tsuna mientras se dirigía hacia Takeshi - Mis más sinceras disculpas. – hablo Tsuna con fluidez la lengua del norte mientras realizaba el mismo curioso y reverencial saludo que Takeshi vio hacer a Romario y la mayoría de sus acompañantes – Genkishi es un hombre noble y se toma muy en serio su trabajo como guardia de mi familia, a veces eso puede nublar un poco su mejor juicio. –

- N-no hay problema. – respondió Takeshi mientras movía sus manos de derecha a izquierda con rapidez – El señor Genkishi tiene razón, fue culpa de mi maestro, en todo caso debería ser yo quien se disculpe con usted, joven señor. – Takeshi entonces recupero un poco de su compostura y de hinco ente Tsuna, una de sus rodillas tocando el suelo y sobre la otra acomodo sus manos e inclino la cabeza en rendición.

Los ojos de Tsuna se abrieron sorprendidos ante la sinceridad del acto de Takeshi, luego un pequeña sonrisa decoro su rostro.

- Tu… tu eres el aprendiz del general, cierto? – cuestiono Tsuna al muchacho más alto.

- Así es, joven señor. – respondió Takeshi aun hincado y sin alzar el rostro – Mi nombre es Takeshi Yamamoto, es un placer conocerle. –

- Por favor alza tu rostro, Yamamoto. – pidió el castaño – Ambos tenemos la misma edad, que te inclines ante mí me pone muy incómodo. – Tsuna ayudo a Takeshi a ponerse en pie – Yo soy Tsunayoshi di Vongola, por favor, llámame Tsuna. -

Takeshi miro a Tsuna y no pude evitar por un segundo perderse en la sinceridad de sus ojos para finalmente sonreír ya más tranquilo, tanto por su situación como por su maestro.

"Maestro es usted un tipo con suerte." Felicito Takeshi en sus adentros.

- En sí que ocurrió? – cuestiono Tsuna a Romario.

- El joven Yamamoto se perdió e intentaba encontrar la cocina, se nos acercó pidiendo ayuda y Genkishi quiso defender su honor mi joven señor Tsunayoshi, Oregano logro llamar la atención de Genkishi e intentaba ventilar algo de su ira y luego usted, las señoritas Tatra y Tarta llegaron. – explico rápido el mayor.

- Muy maduro, Genkishi. – reprendio Tatra al hombre que sostenía con fuerza de la muñeca.

- Y tú también, Orégano. – regaño Tarta – Ya sabes que no hay que incitarlo. –

Las hermanas soltaron a sus respectivos prisioneros pero no se alejaron de ellos (solo por si acaso).

- Genkishi. – llamo Tsuna al espadachín – No tienes nada que decirle al joven Yamamoto? – inquirió Tsuna en dirección del susodicho.

- Mis disculpas por mis acciones, joven señor. – arrastro el hombre sus palabras.

Takeshi se dedicó a observar toda la interacción del castaño con los soldados entendiendo lo mínimo de la conversación, así que cuando Genkishi se disculpó con él solo atino a asentir no muy seguro de si era bueno o malo que el espadachín se disculpara a la mala.

- Orégano? – llamo Tsuna a la rubia.

La susodicha dio un suspiro exasperado y de acomodo para quedar en dirección de Genkishi.

- Perdón por molestarte, Genkishi. – se disculpó sin sentirlo la rubia.

Tsuna sintió complacido.

- Tatra, Tarta. – llamo el castaño a las gemelas – Por favor acompañen a esos dos de vuelta a los campos de entrenamiento. – las gemelas asintieron y nuevamente tomando a los dos soldados por las muñecas los comenzaron a guiar en dirección de los mencionados campos – Romario, Gamma, Lancia, yo me encargo de nuestro invitado. –

- Estas seguro? – cuestiono Lancia.

- Estoy mejor. – Dijo Tsuna en dirección de Lancia.

Lancia asintió en dirección de Tsuna, lo mismo que Romario y Gamma, y los tres tomaron su camino a alguna parte en la villa.

- Ahora. – se dirigió Tsuna a Takeshi – La cocina, cierto? –


Reborn salto hacia adelante dejando a una desprotegida almohada que recibió la punta de una daga ensartada justo en medio de su suave y confortable ser. Aria siguió lanzando las dagas en dirección del general y este las seguía esquivando fluidamente. Fon y Colonello decidieron pararse de sus sillas de membrillo y se colocaron detrás de la figura de la iracunda mujer embarazada que era su autoproclamada sobrina, ambos conocían de primera mano la excelente puntería de Aria (siendo ellos unos de los cuantos que le enseñaron a lanzar las dagas) y sabían que meterse entre estas y su blanco era una decisión suicida y francamente estúpida.

- Pero como se te ocurre?! – exclamo Aria – Por qué diantres me moleste en mandarte esa condenada lista?! Qué parte del punto 1 y del 5 no entendiste?! Tsuna es un alma delicada y tímida! – despotricaba Aria con cada daga que lanzaba.

- Tan delicada y tímida que noqueo a Reborn en menos de un…

- No, no, Colonello. – interrumpió Fon los murmullos del rubio tapándole la boca – Ni tu ni yo tenemos nada que decir, dejemos que Aria se encargue. –

- Oh, cierto. Lo siento, kora. – recordó el rubio que Aria no estaba exactamente de humor y que no debía atraer la atención de la mujer hacia su persona.

- Aria, deja de hacer tus berrinches. – intento dialogar Reborn con la sobrina al tiempo que esquivaba las dagas que Aria lanzaba – Ya no eres una niña, el hecho de que estas a punto de ser madre debería ser prueba suficiente. –

- No me importa! – chillo Aria, las lágrimas del coraje empezando a nublar su vista – Le dije a Tsuna que no harías nada estúpido y mira lo que hiciste! Ahora esta aterrado de ti! Yo quería que tú y Tsuna se llevaran bien y que fueran felices juntos! – lloro Aria al tiempo que dejaba de arrojar dagas y se cubría los ojos con las manos hechas puño.

Fon y Colonello rápidamente se pusieron a los lados de la pronto a ser madre y comenzaron a sobarle la espalda como hacían cuando era niña para calmarla.

"Las personas embarazadas son tan complicadas." Pensó Reborn mientras suspiraba derrotado.

Miro a su lagrimeante sobrina y se acercó a ella con paso lento.

- Lo siento, Aria. – dijo Reborn sincero y le dio un abrazo a la susodicha – Sé que tus intenciones y las de tu madre son buenas pero simplemente no puedo evitar algunas de mis acciones. La apariencia de Tsunayoshi me tomo por sorpresa, es todo. Por un segundo pensé que tu madre y tú se equivocaron y que de hecho él era una ella, aunque nada de eso importa. –

- Eso no es excusa. – reclamo Aria.

- No lo es, solo quería cerciorarme… y admito que no ha sido la más sabia de mis decisiones. – admitió Reborn mientras distraídamente se sobaba el punto donde el castaño le golpeo aquella mañana.

- Espera… - Aria separo su cuerpo del de su tío y miro a Reborn con sospecha – Estas admitiendo que te gusta como se ve Tsuna? – cuestiono la ojiazul.

Fon y Colonello intercambiaron una mirada sorprendida y luego vieron a Reborn con preguntas silenciosas en sus ojos.

- No soy ciego, Aria. – acepto el general.

- Es un comienzo. – asintió Aria mientras se alejaba por completo de Reborn y se limpiaba las lágrimas – Ahora solo tienes que disculparte y todo arreglado! – Aria había vuelto a su radiante ser.

Reborn suspiro derrotado.

"Las personas embarazadas son tan complicadas." Volvió a pensar.

- Eh, Aria? – llamo Fon con los ojos abiertos como platos y una extraña palidez en su rostro – Lamento interrumpir este momento pero, estas bien? –

La susodicha entonces se dio cuenta de que tanto Fon como Colonello y ahora Reborn miraban a la parte baja de su cuerpo con expresión sorprendida y preocupada.

"Por qué siento húmedo abajo?" Se cuestionó mentalmente la mujer antes de ella misma bajar la mirada para encontrar un enorme charco bajo sus pies y que escurría por sus piernas hasta el suelo.

- Oh, vaya. – soltó en un murmullo sorprendido y asustado – Ya viene el bebé. –


Tsuna y Takeshi caminaban en silencio por los techados pasillos exteriores mientras se dirigían a la cocina. Yamamoto quería iniciar una conversación pero debido a las acciones de su maestro aquella mañana sentía extraño (y grosero) empezar él, así que por ahora solo seguía a Tsuna a través de los intrincados pasillos exteriores de la villa.

- Esto… - empezó Tsuna una conversación, lo cual hizo que Takeshi suspirara aliviado por dentro – E-él general… esta él bien? C-creo q-que me pase u-un poco. –

- No te preocupes por esas pequeñeces. – tranquilizo Takeshi con una sonrisa – Siendo honestos, creo que le falto otro golpe… pero no le digas que dije eso. – pidió Takeshi al tiempo que ponía un dedo frente a sus labios en señal de discreción.

- Ha-ha. – rió medio divertido el castaño – No tiene roto nada, verdad? – cuestiono preocupado el doncel – No creo que romperle la mandíbula a tu prometido sea una buena primera impresión. –

- No te preocupes, una vez vi a la señora Luce lanzar un mazo contra su cara y luego de media hora se levantó como si nada, el maestro es un hombre de uso duro. – calmo Yamamoto al flamante prometido de su maestro.

Tsuna sonrió agradecido en dirección de Yamamoto.

- Por qué quieres ir a la cocina? – cuestiono intrigado el castaño al más alto tratando de llevar la conversación a otro lado.

- Para conseguir algo de comer para cuando el maestro Reborn despierte. – respondió Takeshi.

- Suena sensato. – mascullo Tsuna en la lengua del sur para sí mismo.

- Esto… Tsuna? – llamo Takeshi al castaño.

- Si, Takeshi? – inquirió el castaño al tiempo que avanzaba en dirección de la cocina.

- El maestro Reborn… él, no están malo. – intento defender el aprendiz al su mentor – Creo que esta mañana tu apariencia lo tomo por sorpresa, es todo, él jamás había visto a alguien que se viera como tú, y… y creo que si le das una oportunidad veras que no es tan malo. –

- Está bien, Yamamoto. – interrumpió Tsuna – Creo que yo también me pase un poco. – admitió Tsuna.

Habían llegado al final de uno de los tantos pasillos y una choza de paredes de roca blanca y techo de hojas secas de palma se alzaba frente a ellos, las ventanas eran amplias y parecían ojos sonrientes que dejaban al descubierto a los cocineros que humeaban carnes y removían misteriosos caldos.

Takeshi y Tsuna entraron a la cocina y le pidieron al cocinero en jefe (un hombre regordete y de sonrisa cordial cuyos ojos se iluminaron al ver a Tsuna) un gran y hondo plato de la sopa de aquel almuerzo y una hogaza de pan para él general que no tardaría en despertar.

- Muchísimas gracias. – dijo Tsuna con aquel ceremonial e intrincado ademan que Takeshi había visto hacer a Romario, Órgano, Gamma y Lancia.

- Lo que sea por usted, mi joven señor Tsunayoshi. – respondió el regordete hombre devolviendo el ademan al castaño.

De repente una joven que se dedica a monitorear la zona este de la Villa Blanca entro a la cocina seguida por dos guardias, los tres parecían apurados y reverendamente estresados, lo cual llamo la atención de Tsuna.

- Danos agua caliente AHORA! – rugió la joven – También danos toallas de tela limpias y toda la hierba de media luna que tengas! –

- Que ocurre? – cuestiono el castaño a la joven guardia.

El castaño sabía a la perfección que la hierba de media luna servía para evitar dolores y limpiar heridas.

Takeshi se mantuvo cerca de Tsuna, pues aunque no entendía mucho de lo dicho en la lengua del sur hasta él podía adivinar que algo iba mal con solo ver la palidez del rostro de la joven guardia.

- Mi joven señor. – dedico la joven guardia un ceremonial saludo en dirección de Tsuna – La señora Aria está dando a luz! – informo la chica al tiempo que tomaba el cuenco de agua hirviendo y los otros dos guardias tomaban las toallas de tela limpias y salían disparados de la cocina.

- Qué ocurre? – cuestiono Takeshi a Tsuna.

- Aria está dando a luz. – sentencio Tsuna antes de salir de la cocina como alma que lleva el demonio.


- Aaahg! – pujo Aria mientras con una fuerza descomunal apretaba la mano de su marido.

Luego de que Aria rompiera fuente en la habitación donde Reborn estaba descansando, Fon y Colonello salieron corriendo buscando ayuda. El de la trenza y el rubio se encontraron con Romario, Gamma y Lancia, y los tres guardias del archipiélago salieron disparados en busca de los regentes del archipiélago y por supuesto el esposo de Aria.

Romario regreso con Dino y este rápidamente movilizo al hombre para que buscara más hombres que trajeran a los curanderos mientras el rubio se postraba al lado de su mujer dando a luz, Gamma y Lancia movilizaron a un pequeño grupo de guardias para que consiguieran todo lo necesario para el alumbramiento.

- Todo está bien, amor. – recito Dino mientras apretaba su agarre en la mano de Aria.

- Cierra la maldita boca rubio de mierda o juro que te la coseré con una aguja al rojo vivo! Aaaaagh! – maldijo en la lengua del norte y apretó Aria el agarre en la mano de su marido mientras volvía a pujar.

- Aria! – exclamo Nana que apareció frente a la puerta de la habitación donde la susodicha pujaba porque su bebé saliera de su interior, detrás de Nana venían Iemitsu y Fuuta – Aria, recuerda las respiraciones! – aconsejo una histérica Nana.

- Cierra la puta bocaaaaaaaaaagh! - maldijo de nueva cuenta Aria en la lengua del norte al tiempo que pujaba.

Reborn, Fon y Colonello estaban fuera del cuarto mirando entre horrorizados y fascinados la entrepierna dilatada de su sobrina de la cual brotaban sangre y un líquido transparentoso y semi-rosado que lubricaba la única salida para el bebé. Dos curanderos y una partera estaban situados entre las piernas abiertas de la mujer dando a luz, la partera con las manos en la dilatada entrada de Aria sosteniendo lo poco que se veía de la cabeza del bebé y los curanderos rociando medicinas para que la salida del bebé fuera lo más limpia posible.

- Puje una vez más mi señora!. – alentó la partera – La cabeza casi está completamente fuera! Una vez la cabeza este fuera todo será más rápido! –

- Tu puedes, Aria! – incito Dino, la mano que sostenía la de Aria blanca de lo fuerte que su mujer le agarraba y evitaba que la sangre circulara.

- Aria!- exclamo Tsuna cuando llego a la escena de la acción – Aria, todos estamos aquí apoyándote! –

Takeshi llego justo detrás de Tsuna, en sus manos traía equilibrando un tazón de sopa y dos hogazas de pan recalentado.

- De que nos perdimos?! – pregunto Takeshi apurado poniéndose de pie detrás de Reborn.

- Donde rayos te metiste, kora?! – reprocho Colonello.

- Los pasillos son más complicados de lo que crees! – respondió Takeshi al tiempo que le daba a Reborn el tazón de sopa y las hogazas de pan.

- Tú crees que yo voy a tener hambre justo ahora?! – cuestiono escandalizado Reborn a su aprendiz.

- Y usted cree que yo voy a regresar todo luego del problema que me costó encontrar la cocina?! – reclamo Takeshi.

- Callenseeeeeeeeeh! – chillo Aria.

- Buah! Buah! Buah! Buah!

El llanto de un recién nacido inundo el cuarto luego del ultimo pujido de Aria.

- Es una niña! – anuncio la partera mientras colocaba a la recién nacida sobre el vientre de su madre para que la viera.

La bebé estaba cubierta de fluidos y sangre, el cordón umbilical aun sin cortar. Uno de los sanadores le dio a Dino una daga y el rubio procedió a cortar la unión entre madre e hija lo cual solo ocasiono que el llanto de la bebé se acrecentara.

- Todo está bien, mi amor~. – canto Aria cansada mientras tomaba a su bebé entre sus brazos y la acercaba a su rostro – Todo está bien~. – canto Aria cansada mientras Dino, Nana, Iemitsu, Fuuta, Tsuna, Reborn, Takeshi, Fon y Colonello la rodeaban y le daban un buen vistazo a la bebé – Todo está bien… Uni. –


Aria descansaba acostada en la cama de la habitación donde dio a luz (la habitación donde se suponía Reborn residiría por el resto de su estadía en el archipiélago, pero por lo visto ya no será así), en sus brazos dormitaba la figura de su recién nacida hija, la partera y los curanderos le dieron su primer baño y la cubrieron con telas desinfectadas antes de dársela a su madre para que la cargara, Dino estaba recostado al lado de su mujer y su recién nacida hija, admirando la adorabilidad de Uni (el nombre de la recién nacida).

Nana e Iemitsu estaban fuera de la habitación, el rubio abrazaba a su mujer, un brillo nostálgico en sus ojos mientras miraba a la pareja con su primera hija.

- Recuerdas cuando Dino nació? – cuestiono Iemitsu a su esposa.

- Y cuando Tsuna y cuando Fuuta nacieron. – respondió Nana la pregunta de su esposo.

- Recuerdas la euforia? – cuestiono Iemitsu.

- Y el miedo al futuro cada vez que veía sus pequeños pechos subir y bajar con cada respiración. – respondió Nana con una sonrisa.

- Te amo, Nana. – dijo Iemitsu.

- Yo te amo más. – respondió la susodicha antes de darle un beso en la mejilla a su esposo.

Tsuna sonrió enternecido al ver a su hermano mayor y a Aria rodeando a Uni, el amor y la calidez que ambos irradiaban con solo ver a su recién nacida hija hacían que Tsuna sintiera un agradable calor en su interior.

Entonces un par de toques en su hombro derecho, cortos y rápidos, llamaron la atención del castaño.

Tsuna se giró para encarar a quien reclamaba su atención y sus ojos se abrieron de más al ver la figura del general Reborn, con la mandíbula llena de restos secos del ungüento que le colocaron para evitar la hinchazón, más rápido que de inmediato Tsuna se sonrojo a más no poder (avergonzado de su actuación aquella mañana) y realizo el ceremonial saludo en dirección de su flamante prometido.

- General. – reconoció Tsuna al tiempo que la punta de sus pulgares tocaba en medio de sus cejas y su inclinación se acentuaba.

- No hay necesidad de que te postres. – hablo Reborn al tiempo que tomaba las manos unidas de Tsuna y las bajaba, acto que ocasiono que Tsuna alzara la vista y se irguiera de nuevo – Si alguien debe postrarse, ese debería ser yo. – señalo Reborn mientras se hincaba frente a Tsuna de la misma forma que lo había hecho Takeshi hace unas horas.

Tsuna no podía creer lo que ocurría.

Fon y Colonello dejaron de lado su plática sobre el nacimiento de Uni y miraron con la boca abierta en dirección de Reborn, Takeshi sonrió complacido por las acciones de su maestro y el resto de los presentes solo miraba curioso en dirección de los recién comprometidos.

Reborn tomo entre sus manos la mano derecha de Tsuna y le dio un beso en los nudillos que hizo que el castaño se sonrojara.

- Mis sinceras disculpas por mis acciones de esta temprana tarde. – se excusó el general con sedosa voz.

- No va a reclamar algún extraño tipo de venganza solo por admitir su error ante mí, verdad? – cuestiono asustado Tsuna recordando lo que no hace mucho le dijo Aria de su tío.

- Exactamente, que te dijo Aria? – cuestiono en respuesta Reborn mientras miraba de reojo a su sobrina.

La susodicha inmediatamente se hizo la dormida y roncaba de manera estruendosa para evitar su regaño.