Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! Pertenecen a la mente y mano maestra de Akira Amano, la autora de este fanfic no tiene derecho sobre ninguno de los personajes mencionados, solo de la trama del fanfic.
Tsunayoshi avanzaba por uno de los tantos pasillos techados que había por la villa, detrás de él venían tres ayudantes y… su flamante prometido.
Luego del apurado nacimiento de su también flamante sobrina, la familia regente del archipiélago de Namimori se dio cuenta de que la bebé en cuestión nació en la habitación donde se suponía pasaría la noche el general Reborn, los sanadores y la partera dejaron en claro que mover a la recién madre luego de un trabajo de parto temprano era una muy mala idea que podría poner en riesgo la vida de la cuñada de Tsuna (que además es sobrina del prometido del castaño), así que al final Aria (la susodicha cuñada y sobrina) se quedó junto con su marido y su nueva hija en la habitación y el general Reborn fue movido a otra habitación… que está justo al lado de la de cierto castaño que va encaminando el grupo.
Un ligero sonrojo decoraba las mejillas de Tsuna mientras caminaba con paso apurado pero firme por el pasillo en la familiar dirección de sus aposentos personales, el alborotado día que estaba teniendo el joven doncel no le había permitido cambiarse de ropas y aún estaba usando la corta túnica que su madre preparo para su primera interacción con el general Reborn aquella mañana, el fresco aire se colaba entre las bien torneadas piernas del castaño y este podía sentir la intensa mirada de su prometido en su retaguardia.
- ¿Cuál es la prisa? – cuestiono el general en la lengua sureña intentando iniciar una conversación. Con el día que estaban teniendo no había intercambiado más de unas cuantas palabras con el pequeño castaño frente a él y quería asegurarse de que la voz del niño no fue producto de su imaginación – La habitación no se moverá de su lugar… ¿o será que de hecho quieres que lleguemos rápido para quedarte a solas conmigo, uhmm? – cuestiono divertido Reborn.
Tsuna se detuvo en seco, su sonrojo esparciéndose hasta la punta de sus orejas.
"Como se le ocurre decir esas cosas frente a los ayudantes?! Es que este hombre no tiene pudor?!" Exclamo Tsuna indignado en su fuero interno, su puño temblando del autocontrol que el castaño uso para no volver a golpear al general "No. No voy a caer en su juego."
- Ciertamente tengo prisa, general. – respondió Tsuna mientras se giraba y quedaba frente a frente con Reborn, una cordial sonrisa en sus labios, su sonrojo controlado – Mi madre me ha pedido ayuda con un platillo en específico para la cena de esta noche. –
Los ayudantes miraron sorprendidos a Tsunayoshi, no era usual que su joven señor se controlara, usualmente el chico es un manojo de nervios y no esconde sus emociones con facilidad (lo cual también lo hace un muy mal mentiroso), pero por ahora parece estar en una buena zona de control.
"Tch, el niño tiene más control del que imagine. Veamos que tan bien lo hace." Pensó Reborn ante el prospecto de un juego.
Tsuna volvió a girarse y siguió guiando a Reborn y los ayudantes a los nuevos aposentos del general.
- ¿Y qué plato seria ese? – cuestiono interesado Reborn, en su mente maquinándose la jugada perfecta.
- Es una sorpresa, general. – respondió Tsuna mientras caminaba.
- ¿Sabes que platillo me gustaría comer a mí? – interrogo Reborn.
Tsuna volvió a detenerse y miro curioso en dirección del general, una ligera inclinación de cabeza, sus labios ligeramente partidos, sus grandes y expresivos ojos mirando con interés solo al general.
"Qué lindo." No pudo evitar pensar Reborn.
El general hizo un ademan al castaño para que se acercara.
La curiosidad tomo lo mejor de Tsuna y el castaño se acercó a Reborn.
Reborn entonces se inclinó, pasó uno de sus brazos por los hombros de Tsuna y con un movimiento rápido junto sus labios con los de Tsunayoshi.
Fue solo una fracción de segundo, un pestañeo, pero el calor y la sensación de suaves labios contra unos ligeramente resecos fue bastante intensa… al menos para Tsuna.
- Tú. – comento finalmente Reborn con una sonrisa traviesa en su rostro, su sombrero ladeado ocultado una parte de su rostro dándole un toque peligroso.
Tsuna tenía los ojos como platos, un intenso sonrojo naciendo de la raíz de sus cabellos hasta la base del cuello… ese había sido su primer beso. Dos de los tres acompañantes que iban con ellos tiraron las cosas de Reborn por la sorpresa y uno de ellos tenía la quijada desencajada.
El castaño reacciono y se alejó de Reborn con un paso hacia atrás mientras lo empujaba, sus dos manos cubriendo los labios profanados, las puntas internas de las cejas de Tsuna inclinándose ligeramente hacia arriba.
- No me mires así. – hablo Reborn en la lengua del norte, su tono juguetón y la profundidad de su voz hicieron que un escalofrió caliente recorriera la espalda de Tsuna – Estamos comprometidos, era obvio que tarde o temprano haría eso. –
Tsuna miro a Reborn para finalmente bajar la mirada avergonzado… casi triste.
"Eso lo sé pero…
- No estaba listo. – logro completar Tsuna su pensamiento en un susurro dolido dicho en la lengua del norte antes de salir en una dirección opuesta a la que iban, dejando a Reborn con los ayudantes.
Los tres hombres se miraron entre sí, decidiendo en silencio quien hablaría. Finalmente uno tomo la batuta y se dirigió a Reborn (que miraba la dirección en la que Tsuna había corrido).
- General. – hablo el hombre de corto cabello rojo borgoña y ojos castaños – Ese fue el primer beso del joven señor. – informo.
Reborn se llevó la mano derecha al rostro y con sus dedos acaricio sus labios.
- Bien. – dijo Reborn antes de indicarle a los ayudantes que lo llevaran a su nueva habitación.
"¡No puedo creer a este tipo!" Exclamo Tsuna en su fuero interno, sus emociones la combinación perfecta entre vergüenza, ira y tristeza. "¡Mi primer beso! ¡El bastardo me robo mi primer beso!" Chillo Tsuna en su mente mientras avanzaba con paso rápido y frustrado por los techados pasillos de la Villa Blanca. "Aunque… supongo que en cierta forma tiene razón…" Recordó el castaño las últimas palabras que le dedico el general antes de Tsuna salir huyendo. "Tarde o temprano nos hubiéramos tenido que…" Tsuna llevo los dedos de su mano derecha a sus labios, la sensación de cosquilleo aun en ellos.
- ¡Mou! ¡Que frustrante! – grito indignado otra vez el castaño mientras con su pie izquierdo pisoteaba con fuerza una y otra vez el pobre suelo.
- Ara, Tsu-Tsu. – llamo Nana a su hijo.
Tsuna detuvo su berrinche en seco al saberse descubierto por su madre.
- Ha sido un día largo. – comento con calma la matriarca mientras se acercaba a su hijo y le tomaba de la mano. Nana sabía que Tsuna estaba estresado, primero el incidente del muelle con el general, luego el nacimiento de Uni, mañana seria la fiesta de compromiso y luego su pequeño tendría que irse a L'arcobaleno junto con su prometido.
Tsuna suspiro derrotado dejando que el agarre de su madre le relajara.
- Y aún no termina. – respondió Tsuna a lo dicho por su madre.
- Eso solo significa que puede mejorar, cariño. – añadió Nana mientras con su mano libre peinaba el indomable cabello de su hijo.
"O empeorar." Pensó Tsuna con pesar, no atreviéndose a contradecir a su madre en voz alta, pero Nana conoce a sus hijos, ella supo exactamente la clase de pensamiento que cruzo la mente de Tsuna con solo mirar sus ojos. La matriarca sonrió consoladora y decidió cambiar el tema.
- ¿Ya has terminado de ayudar al general Reborn a moverse a su nueva habitación? – cuestiono Nana retirando sus afecciones de su hijo.
- Eeeh… Algo así. – respondió Tsuna mientras desviaba la mirada.
Nana negó con una sonrisa divertida en sus rosados labios.
- Bueno, si ya terminaste con eso, ¿Podrías por favor hacer el otro encargo que te pedí? –
- Oh, es verdad. – recordó Tsuna que debía ayudar a conseguir un ingrediente especial para la cena de esa noche – Lo haré de inmediato, madre. –
- Gracias, querido. – asintió Nana mientras miraba como Tsuna se alejaba.
Reborn había instruido a los ayudantes que se retiraran luego de que dejaran sus cosas sobre la cama justo después de que cruzaron la puerta de la habitación, estos hicieron aquella ceremonial reverencia como despedida y se perdieron de la vista del general en silencio. El de ojos de ónix se dedicó a revisar la habitación una vez se halló solo, sus nuevos cuarteles no eran muy diferentes de los primeros que le asignaron, una ventana, una cama con blancas y delicadas sabanas con aroma a flores y sol, dos asientos de membrillo, un mueble de madera oscura al lado de la cama, un espejo que reflejaba hasta la cintura baja de Reborn con un intrincado y hermoso marco de hierro forjado que asemejaba la figura de un sol, frente al espejo otro mueble de madera oscura y sobre de este un cuenco con agua limpia y dos toallas secas para que el general se aseara en privado. Reborn asintió ante la austeridad del cuarto, no había nada excesivo y todo era práctico y le daba al general una sensación de comodidad.
Una vez seguro de que no hay nada sospechoso Reborn procedió a arreglar las pocas pertenencias que bajo del barco, acomodo todo en donde sabía que no olvidaría y cuando termino se dejó caer de espalda sobre la agradable cama.
- Ahora que lo pienso. – se dijo Reborn en su lengua natal mientras se volvía a enderezar y se sentaba en el filo de la cama – El niño duerme justo del otro lado de esta pared. –
Una sonrisa traviesa se pintó en el rostro del general al recordar la expresión del castaño luego de que le beso, sus ojos tan abiertos como platos, la luz del sol que se reflejaba en ellos haciéndolos parecer joyas de oro y ámbar, el sonrojo sobre su nariz, mejillas y orejas, y sus labios… esos labios semi gruesos y sonrosados que invitaban a Reborn a besarlos con más fuerza hasta que se hincharan y estuvieran mojados con su saliva y la del niño.
El general relamió sus labios.
"Quizás esto del compromiso no es tan mala idea."
- Viejo, ¿A qué pobre alma estas planeando asesinar ahora, kora? –
Reborn salió de su reflexión cuando la voz de Colonello irrumpió su paz, el de ojos de ónix dirigió su mirada a la puerta y ahí encontró al rubio y a Takeshi mirándole como si el calor del sur al fin lo hubiese vuelto loco.
- No siempre que sonrío estoy pensando en asesinar a alguien, bueno, el ochenta por ciento de las veces sí, pero no ahora. – respondió Reborn como si fuera un hecho.
- Entonces, ¿En qué piensa, maestro? – cuestiono Takeshi interesado mientras él y Colonello entraban a la habitación y se ponían cómodos.
- En que el futuro no pinta tan mal. – respondió Reborn con una sonrisa ligera.
Fon caminaba tranquilamente por uno de los tantos pasillos de la Villa Blanca, el de la trenza había decidido dar un paseo por el hogar de los regentes del archipiélago con la esperanza de aprender algo de la cultura del lugar, pero un pequeño problema se presentó en su camino… y es que Fon, "El dragón rojo de L'arcobaleno", ha terminado perdido en el laberinto de pasillos que es el interior de la gran Villa Blanca… no es que Fon sea tan orgulloso como para no tener el decencia de simplemente preguntar por direcciones, pero desde hace veinte minutos que está deambulando y no ha encontrado ni una sola presencia que pueda brindarle dicha ayuda durante su problemática caminata.
- Fuaaah. – exhalo el hombre, una sonrisa frustrada asentándose en su rostro – Debí escuchar la advertencia de Takeshi, estos pasillos si son más complicados de lo que parecen. – comento Fon para si en voz alta.
El de rojo estaba a punto de retomar su caminar esperando encontrar a alguien que pudiera guiarle por aquel blanco y fresco laberinto pero se detuvo en cuanto alzo la vista y sus ojos vieron la delicada figura de un Tsunayoshi di Vongola trotando con paso ligero en una dirección desconocida.
Ahora, no es que Fon sea entrometido, en lo absoluto, el hombre tiene un ridículo respeto por las cuestiones privadas de los demás y sabe que no debe inmiscuirse en asuntos que no le corresponden, más eso no le detiene de tener una genuina curiosidad por el entretenido individuo que resultó ser el prometido de su mejor amigo, así que Fon hizo lo que cualquier persona curiosa haría… con pasos tan ruidosos como los de un gato el hombre de rojo se dedicó a seguir al joven castaño.
Dieron unas cuantas vueltas ahí y allí hasta que finalmente el camino recto termino y un inclinado camino comenzaba a descender por un barranco de al menos quinientos metros de altura, el descendiente camino iba en una especie de zigzag hasta la base de la colina descubriendo la densidad y humedad de la selva que rodea la Villa Blanca y sus alrededores, una vez llegaron a la base Tsunayoshi se adentró un poco entre las amplias hojas de los arboles más bajos y los oscuros y aromáticos troncos de los más altos, Fon dejo que Tsuna avanzara uno buen par de metros antes de adentrarse tras de el a la selva.
Moviendo con cuidado unas cuantas hojas y ocultándose detrás de un grueso tronco Fon vio como Tsuna se adentraba a una humilde pero bien cuidada choza blanca, el techo era de hojas de palmera secas, la puerta un conjunto de pedazos asimétricos de diferentes maderas que se mantenían juntas gracias a una pieza de hierro clavada a estas. El de la trenza se movió rápido y antes de que la puerta se cerrara por completo la alcanzo a sostener y comenzó a espiar por la pequeña rendija que logro crear. El interior de la choza es oscuro y con aroma fuerte a humedad, sin embargo la poca luz que logra filtrarse a través de las hojas secas de palmera iluminaba el interior lo suficiente. El interior de la choza estaba lleno de estantes de tres pisos que cargaban con canastas de membrillo selladas con una tapa del mismo material. Fon escucho un murmullo delicado y melódico que provenía de la dirección de Tsuna.
"Está… tarareando." Pensó confundido Fon por la actitud del chico.
El de la trenza siguió observando a Tsuna mientras este se acercarse al estante más alejado de la entrada, el joven castaño tomo la canasta colocada en la esquina más alta del estante, le quito la tapa e introdujo su mano. A Fon casi se le sale el alma cuando vio lo que Tsuna saco de la canasta.
Enroscada en la mano, muñeca y parte del antebrazo del castaño estaba una serpiente de blancas y brillantes escamas con brillo nacarado, sus dos pequeños pares de negros ojos recordaban a las codiciadas perlas negras de las costas de Shimon.
"¡¿Una serpiente niebla*?!" Exclamo horrorizado Fon en su interior.
Tsuna siguió entonando su dulce tarareo, su tranquila sonrisa solo acentuando la calma de la melodía.
Fon observó con pasmado silencio con el castaño comenzaba a mover quedamente la cabeza de un lado a otro, un movimiento sutil que acompañaba maravillosamente el tranquilo tono de la melodía que el joven tarareaba, fue entonces que el de la trenza se percató de como lentamente la blanca serpiente comenzó a mecerse al compás con la cabeza de Tsuna… lento… suave… y poco a poco observo como la blanca serpiente parecía quedar en una especie de meditación profunda, fue entonces que la pequeña mano de Tsuna se alzó y con un movimiento rápido se cerró alrededor de la cabeza de la serpiente, Tsuna giro el largo cuerpo de la serpiente y la cabeza en direcciones opuestas y crack… el castaño separo la cabeza de la serpiente de su cuerpo (que aún se retorcía en la mano donde esta enroscado).
- Va una… - comento Tsuna con una sonrisa mientras que de sus manos goteaban rojas perlas que pertenecían a la victima de sus manos – Faltan al menos otras cuatro para una sopa espesa y deliciosa. –
Fon miro estupefacto la velocidad y facilidad con la que el joven castaño separo la cabeza de la serpiente de su cuerpo.
"Primero hizo que le serpiente se sintiera tranquila y a salvo entre sus manos… oh, amigo mío, ¿Qué te acaba de meter tu hermana a la bolsa?" Pensó Fon entretenido, una sonrisa de zorro pintándose en su cara, el de la trenza cerro el silencio la puerta y se dedicó subir el camino por donde bajo.
Uno de los ayudantes que ayudo a Reborn a cambiarse de habitación volvió para anunciar la cena y llevar a los generales y a Takeshi a donde se llevaría a cabo.
- ¿No es esta la dirección de la primera habitación donde se suponía que Reborn dormiría, kora? – cuestiono en la lengua del sur Colonello al ayudante que los guiaba.
- Efectivamente general. – respondió el ayudante – Mi señor Iemitsu y mi señora Nana creen es mejor comer todos juntos en familia, así que como mi señora Aria no puede dejar la cama se decidió que la cena seria en la habitación donde nació mi joven señora Uni. – explico el hombre.
- Eeeh, que considerados, kora. – mascullo Colonello en su lengua natal.
- A todo esto, Colonello. – llamo Reborn al rubio - ¿Dónde rayos se metió Fon? –
- No tengo idea, kora. – respondió el ojiazul mientras colocaba sus manos detrás de su nuca – Dijo que daría una vuelta por los alrededores y que estaría de regreso antes de la cena pero… ¿quizás se perdió, kora? –
- Oh, vaya. – exclamo Takeshi – Espero que no, este sitio es más grande de lo que parece y a mí me tomo bastante rato encontrar a alguien que me ayudara. –
- Pues Fon ya está grandecito, si se perdió encontrara la forma de encontrarnos. – comento Reborn quitándole importancia al asunto.
Y como invocándolo, la figura de Fon apareció por uno de los tantos umbrales cruzándose con el camino que Reborn y los demás caminaban, cuando los ojos del de la trenza se alzaron se anclaron en los oscuros de Reborn y una sonrisa zorruna se pintó en la cara del de rojo, el brillo de "Yo se algo que tu no~" resplandeciendo en su mirada, Fon entonces se dio cuenta de la expresión que portaba y rápidamente se cubrió la boca educadamente con sus largas y amplias mangas y cerro sus ojos para evitar que sus camaradas vieran su picardía.
Reborn achico sus ojos en sospecha, Colonello alzo una de sus cejas en silenciosa cuestión y Takeshi sonrió aliviado de que el amigo de su maestro hubiese vuelto sano y salvo.
- Tenías razón, Takeshi. – hablo el de la trenza mientras se acercaba al grupo que se detuvo a esperarlo – Los pasillos son más intrincados de lo que parecen. –
- Entonces si te perdiste, kora. – comentó Colonello.
- Fue un descuido de mi parte. – acepto el de la trenza.
"Pero gracias a eso pude ver algo fascinante." Pensó Fon.
Reborn estuvo a punto de cuestionar el extraño buen humor de Fon cuando fue interrumpido…
- Mis señores de L'arcobaleno. – hablo el ayudante – Mientras que me complace ver que el General Fon ha encontrado su camino, mucho me temo que si no nos apuramos llegaran tarde a cenar, ¿Podríamos, por favor, continuar con nuestro camino? – pidió la más cordialmente posible el ayudante.
- Oh, claro. – acepto Fon avergonzado – Perdone, por favor guíenos a nuestra cena. –
El ayudante asintió complacido con que podrá terminar su trabajo y volvió a dirigir al grupo hacia la habitación donde nació la nueva princesa del archipiélago.
- Perdón por la tardanza. –
Dijo Tsunayoshi apenas cruzo la puerta de la habitación donde su familia y su (ugh) prometido, junto con los demás invitados, estaban esperándolo para cenar. El castaño tomo asiento en el único lugar libre que quedaba en la habitación para acomodarse… un lugar que su madre había reservado justo al lado de Reborn.
"Madre! ¡¿Por qué siempre haces cosas innecesarias?!" Chillo Tsuna en su fuero interno.
- ¿Qué te ha tomado tanto, hermano? – cuestiono el pequeño Fuuta al notar el nerviosismo de su hermano mayor al sentarse tan cerca del general y queriendo distraerlo de su incomodidad.
- Eh? Ah! Lo que pasa es que mamá me pidió que ayudara un poco en la cocina, Fuuta. – respondió Tsuna a su hermano menor, su ansiedad exitosamente disminuyendo al hablar con su hermanito.
- Oooh, si Tsuna ayudo en la cocina eso solo puede significar una cosa~. – comento feliz Dino mientras Aria, que estaba sentada a su lado y con Uni en brazos, se relamia los labios de la anticipación.
Colonello, Takeshi y Reborn intercambiaron miradas confundidas, el de los ojos de ónix recordando lo que Tsuna le dijo aquella tarde sobre conseguir un ingrediente especial para la cena que tendrían, Fon por su parte tenía sentimientos encontrados, el de la trenza sabía que era lo que iban a comer, le emocionaba ver que harían con esas serpientes y también está el hecho de que es una comida exótica, pero también le asustaba, después de todo estaban a punto de comer la carne de una de las tres especies más venenosas de serpientes en el mundo.
"Aunque supongo que si Aria esta tan emocionada por comer esto… no debe ser tan letal… ¿verdad?" Pensó Fon mientras miraba la expresión deleitada de su autoproclamada sobrina.
Fon no tuvo mucho tiempo de pensar más pues los ayudantes comenzaron a acomodar todo para la cena en aquella habitación que de repente era demasiado justa para la cantidad de personas que cenarían ahí. Los ayudantes acomodaron una gran tela cuadrada de color rosa pálido sobre el suelo y comenzaron a colocar la comida sobre esta, platos con fruta en rebanas y entera, vegetales cocidos al vapor, pan recién horneado, arroz y finalmente unos pequeños medallones de carne blanca marinada en una salsa espesa de tono café claro, junto a la carne acomodaron una gran olla con una sopa de mismo tono que la salsa que escurría de la carne. Los regentes del archipiélago dieron las gracias al cielo, al mar y a la tierra, despidieron a los ayudantes de la habitación y todos procedieron a cenar.
Aria fue la primera en recibir un gran bol casi lleno hasta el borde de aquella sopa semi-espesa y de fuerte aroma, los ojos de la ahora madre brillaron cuando lo tomo entre sus manos.
- Ten cuidado, amor. – advirtió Dino mientras acomodaba a Uni, quien se quedó dormida en brazos de su madre y ahora volvía a su cuna por medio de su padre – Aun está caliente. –
- Es cuando sabe mejor, Dino. – respondió la dama - Tío Colonello, por favor dame una hogaza de pan. –
El rubio hizo justo como le pidieron y luego recibió su porción propia de sopa.
- Y, ¿Exactamente cuál es el ingrediente especial? – cuestiono Reborn con cautela mientras miraba su porción de sopa y la expresión de Fon que miraba su propia porción como sopesando las probabilidades.
- ¿Miedo, general? – pregunto divertido Tsuna mientras tomaba el plato con la misteriosa carne y la colocaba dentro de su sopa.
- Curiosidad, querido. – respondió Reborn en venganza.
Tsuna se giró su rostro y clavo su mira en la de Reborn, el sonrojo en el rostro del castaño hizo que Reborn sonriera victorioso.
- Ara, que gusto escuchar que ya se hablan con tan acarameladas expresiones~. – comento feliz Nana.
- Es que es tan adorable. – siguió Reborn con su ataque a la cordura de Tsuna.
El castaño por su parte miraba al general como queriéndole enterrar una daga en el cuello, su agarre en el cuenco de sopa que tenía en sus manos casi astillando la madera al ver la socarrona sonrisa de su flamante prometido.
Notando la creciente tensión entre los dos prometidos, y tratando de prolongar el hecho de que tendrá que comer la serpiente, Fon decide intervenir con tal de no ver otro fiasco como el de aquella mañana (aunque haya sido la cosa más divertida que haya visto en su vida).
- Tsunayoshi. – llamo el de la trenza, los brillantes ojos del castaño clavándose en su figura – Me preguntaba, ¿qué clase de entrenamiento realizas? No es común ver que Reborn quede inconsciente con un solo golpe. – comento con malicia el de la trenza mientras de reojo miraba como Reborn lo miraba con reproche.
El castaño se sonrojo un poco y bajo la mirada avergonzado al recordar los sucesos de aquella mañana.
- N-no es l-la gran cosa. – respondió con nervioso tartamudeo el castaño.
- Tonterías! – exclamo Iemitsu uniéndose a la conversación – ¡Nuestro Tsuna no tendrá un gran físico como el mío pero su fuerza es increíble! – dijo con aplomo el regente en dirección de Fon – ¡Mi Nana y yo mismo diseñamos el plan de entrenamiento de Tsu y con cada día que nuestro muchacho mejoraba incrementábamos el entrenamiento! – relato con una gran sonrisa el rubio mayor.
El rostro de Tsuna rápidamente palideció al recordar sus primeros años de entrenamiento a manos de sus padres. Reborn y los otros generales escuchaban atentos, Takeshi ya había hincado el diente en la comida y no podía parar de comer.
- Verán. – comenzó Nana – Cuando Tsuna era más pequeño era algo torpe y tendía a tropezarse con facilidad con cualquier cosa. –
- ¡Madre! – chillo Tsuna indignado.
- No, no, Tsu. Esta es una parte importante de tu vida y no puedes, ni debes, esconderla, además, el general y tú estarán oficialmente comprometidos mañana, no tiene nada de malo contarle de tu pasado. – razono Nana con Tsuna.
Tsuna hizo un puchero.
- ¿En qué me quede? – cuestiono la matriarca.
- En que era torrrrpe. – dijo Reborn mientras miraba en dirección de Tsuna.
Si las miradas mataran Tsuna ya habría matado al general al menos diez veces en ese instante.
- Oh, sí… bueno, para mejorar su postura y reflejos lo hicimos danzar con las bailarinas, y cuando mejoro fue que Iemitsu y yo comenzamos a enseñarle algunas formas básicas de batalla, nos sorprendió mucho ver lo rápido que Tsuna aprendía todo lo que le enseñábamos, ¿Quién diría que nuestro Tsu terminaría siendo una especie de genio de la pelea? Yo no, eso se los aseguro. –
- No soy ningún genio. – mascullo Tsuna antes de darle un sorbo a su sopa, el puchero volviendo a su rostro – Papá y tu son un par de maestros monstruo, es todo. – concluyo el castaño su idea cuando despego sus labios del cuenco de sopa.
- ¿Danza, ah? – dijo Colonello a nadie en particular, su plato de sopa intacto pues él también había notado la cautela con la que Fon miraba la sopa – Eso explica la curiosa forma en la que moviste el brazo antes de golpear al Reborn, kora. –
- ¡Oh! ¡Tengo una idea! – exclamo Aria de la nada llamando la atención de todos en la habitación - ¿Por qué no baila Tsuna con Tarta y Tatra mañana en la fiesta? –
Los ojos de Tsuna y su madre se abrieron como platos ante la idea. Los de Tsuna en pánico. Los de Nana en inmensurable deleite.
- ¡No! –
- ¡Excelente idea! –
Dijeron ambos castaños al mismo tiempo.
Tsuna miro a su madre con horror pintado en la cara.
- Tarta, Tatra y tu danzaran esa alegre canción que los tanto me gusta, Tsu-Tsu~. – canto la dama – Después de cenar enviare un mensajero para avisar a las chicas~. –
Tsuna dirigió su mirada hacia Aria con ansias asesinas mientras la nueva madre se escondía detrás de su marido.
"¡Con esto el tío Reborn caerá rendido ante los encantos de Tsuna!" Pensó decidida la mujer.
Takeshi no comprendió ni una palabra dicha durante la cena, pero que buena esta la comida.
A final la cena estuvo mejor de lo que Reborn espero, incluso cuando le dijeron que la sopa y la carne eran de serpiente niebla la amena platica y la presencia de las personas a su alrededor hicieron que dicho echo no fuera tan alarmante, además, estaba deliciosa. Molestar a su nuevo prometido también ayudo a mantener su buen humor, el niño es expresivo y sus ojos son ridículamente honestos, todo un estuche de monerías.
Una sonrisa distraída se posó en los labios del general al recordar las expresiones de molestia y enojo que logro sacar del castaño.
"¿Se dará cuenta de los pucheros que hace cuando se molesta?" Se cuestionó mentalmente Reborn mientras caminaba en dirección de la habitación que le asignaron.
Luego de que terminaron de cenar Tsuna propuso a su madre que en lugar de enviar un mensajero seria el mismo quien fuera a decirle a las personas que bailarían con él para la fiesta lo que harían mañana para danza, la mujer acepto y luego de despedir a su hijo con aquella ceremonial reverencia el muchacho desapareció por las siempre abiertas y descomunales puertas de la Villa Blanca, después de eso todos se despidieron y dejaron a la joven pareja de recién emparentados sola.
Takeshi, Fon y Colonello regresaron a sus habitaciones (que estaban significativamente más cerca de la habitación donde nació Uni) y Reborn tuvo que ir en la dirección contraria hacia la nueva habitación que le asignaron y que está justo al lado de la habitación de cierto castaño.
"El niño no va a estar por un rato… supongo que aprovechare para asearme." Se dijo Reborn en sus adentros mientras abría la puerta del cuarto, su mirada cayendo en la puerta de la habitación de al lado por un momento, luego regreso su atención al interior del cuarto y entro, la habitación era iluminada por cristales de sol, uno en cada pared de la habitación, el general cerró la puerta tras de él y comenzó a quitarse la ropa.
Primero se quitó su sombrero y lo coloco sobre la cama, luego la oscura gabardina y la arrojo sobre el mueble al lado de la cama, se agacho y se quitó las botas para colocarlas bajo la cama, se desfajo su camisa y lentamente comenzó a desbotonarla hasta que la tela se abrió como un par de puertas dobles y dejo al descubierto el entrenado cuerpo del general, un torso largo, abdomen firme, pectorales marcados, hombros amplios y brazos fuertes con manos grandes, un oscuro camino de corto cabello descendía pícaramente del ombligo de Reborn y se perdía en el interior de sus pantalones, la camisa tuvo el mismo destino que la gabardina, luego procedió a quitarse el cinturón de tela, sus oscuros pantalones aflojándose aflojando inmediatamente su ajuste el rededor de la cintura del general, el pícaro camino de oscuro bello volviendo se más amplio mientras los pantalones caían y dejaban al descubierto la hombría del general, sus piernas largas, firmes, sus pantorrillas torneadas, como esculpidas a mano. Los pantalones fueron recogidos y colocados sobre la camisa y gabardina, Reborn entonces camino en dirección del espejo con el cuenco de agua en frente, humedeció una de las toallas con el agua del cuenco y comenzó a pasarlo por su cuerpo, primero por su rostro, bajando por su cuello, pasando por sus hombros, refrescando su cuerpo y su mente del calor del sur, el exceso de agua chorreando por sus abdominales y desapareciendo en el bosque de su hombría. Reborn volvió a sumergir la toalla en el cuenco, la exprimió flojamente y la paso por sus axilas, su pecho y su torso, refregando con suficiente fuerza como para quitar los restos de sudor y mugre, y así repitió el general, bajando lentamente hasta que estuvo limpio de cabeza a pies.
Tsuna volvía a la Villa Blanca luego de avisar a Tarta y Tatra que su madre quería que danzaran en la fiesta de mañana, habían concordado en que danzarían algo sencillo, una danza que todos en el archipiélago conocían y que sería adecuada para amenizar la fiesta.
El castaño caminaba por un atajo a través de la selva, no era un camino corto pero era lo suficientemente largo como para alejar a Tsuna el tiempo necesario en lo que el general Reborn se acostaba a dormir, además…
- Aaaah. – suspiro Tsuna cuando movió una amplia hoja y detrás de esta apareció un amplio manantial, la plateada luz de la luna reflejándose en la superficie y haciendo que el agua pareciera plata liquida.
El castaño se acercó y se sumergió hasta que la superficie del agua lamia dulcemente sus muslos, rosando el dobladillo de la corta túnica. Tsuna entonces comenzó a quitarse el cinturón de cuero y los brazaletes de oro, arrojándolos a la orilla cuando se vio libre de estos, el mismo destino le toco al delicado tocado (que prácticamente arranco de su cabeza con desesperación) y la molesta y coqueta túnica que su madre le hizo usar todo el día, lo único que Tsuna no se quito fue el aro alrededor de su cuello, al saberse librado de sus accesorios el joven castaño tomo un respiro profundo y procedió a sumergirse de una zambullida en el manantial.
El castaño estuvo sumergido por un largo tiempo y cuando volvió a salir por aire el delicado maquillaje que acentuaba su rostro se había lavado y su explocion de cabello decaído, su delicado cuerpo protegido por el manantial, la luz de la luna apenas iluminando medio metro dentro del agua, Tsuna entonces se giró dentro del agua, su espalda sumergiéndose y su pecho quedando al descubierto en la luz plateada.
- Mañana será un laaaargo día. – mascullo Tsuna cansado antes de volver a sumergirse.
Serpiente Niebla*.- Una de las tres especies de serpiente más venenosas en el mundo donde se desarrolla esta historia. Habitan en las islas tropicales del sur, prefieren lugares oscuros y húmedos. En su estado pasivo sus escamas tienen un color blanco con efecto nacarado, tienen dos pares de pequeños ojos que recuerdan a perlas negras, más cuando se sienten amenazadas y cambian a su estado agresivo sus escamas cambian a una tonalidad negra perlada y sus dos pares de ojos cambian de negro a rojo. Su mordedura es imperceptible y alrededor de los diez minutos uno comienza a sentir el efecto del veneno, dicho efecto ha sido descrito como "… es como si una espesa niebla te cubriera, primero te deja ciego, luego te deja sordo, luego tienes mucha sed, como si te hubieras perdido en el desierto, comienzas a sudar y vomitar, pierdes la sensación de tus extremidades y finalmente mueres, ya sea porque tus pulmones colapsaron o tu corazón se detuvo". Sin embargo es sabido que su carne en su estado pasivo es una medicina maravillosa llena de nutrientes.
