Hola amigos, hoy tenemos banda sonora.

Orfeo en el Infierno: youtu. be/yvrMkdkNiSk

Sinfonía Titan: youtu. be/W5QWvd7Lbig

Comenzamos


Nacionales

El evento definitivo, la gran apuesta de Noboru, el objetivo trazado por los integrantes de la banda sinfónica de la preparatoria Kitauji, la razón principal de tantos arduos ensayos, de tantos sentimientos encontrados, de tantas lágrimas y sonrisas, las competencias nacionales de bandas sinfónicas estaban a pocos días de realizarse. Los chicos practicaban hasta el cansancio, esta vez sin peros ni malas actitudes. Estaban dispuestos a dar el todo por el todo en su presentación, aunque un mal recuerdo cruzó las mentes de Kumiko y Reina al enterarse de que la pieza obligatoria que tocarían sería la suite de Orfeo en el Infierno, la misma que tocaron en su último año de secundaria y que dejó insatisfecha a la trompetista.

Día tras día, los ensayos eran más extenuantes; y cada vez la exigencia de Noboru aumentaba más. El deseo de ganar la competencia hacía que los alumnos no se rindieran. Cada sección, cada integrante ensayaba su parte una y otra vez con miras a perfeccionarla, mientras que en las prácticas grupales se buscaba la completa armonía de todos y completa sincronía en la ejecución de las dos obras que interpretarían. Cada noche los jóvenes llegaban físicamente agotados a sus casas, aunque emocionalmente satisfechos con los progresos que habían obtenido.

Los más emocionados en esta ocasión eran los alumnos de tercer año, ya que, sin importar el resultado, ése sería su último concierto en la banda, por lo que estaban listos para dar todo de sí ese día. Haruka, como presidenta del club, estaba algo nostálgica al saber que, días después de la presentación en las nacionales, sería su graduación. Estaba feliz por su paso a la universidad, pero no podía dejar de pensar en los momentos que vivió junto a sus amigas en los últimos 3 años, tanto buenos, como malos. Por su parte, Azuka intentaba dejar a un lado sus recuerdos concentrándose en la música. Al ser la única de su grado en elegir la carrera musical como su futuro, entrando a un conservatorio, no quería pensar en el hecho de que ella y sus amigas tomasen rumbos distintos, ya que eso la desmotivaría demasiado. Debajo de esa personalidad particular de ser seria pero bromista, se hallaba un corazón tan frágil como el de cualquier chica, y ella no permitiría que ese corazón se rompiese, sin importar el motivo.

Durante los días previos a la competencia, el nerviosismo aumentaba entre los alumnos. Por Internet se filtraron algunas de las presentaciones con las que las escuelas rivales habían clasificado a las nacionales, y su nivel era muy alto. Al notar esto, Noboru hizo que sus pupilos escucharan una grabación de ellos mismos la primera vez que tocaron juntos. Luego, hizo que tocaran la misma pieza que acababan de escuchar, logrando así que ellos recordaran toda la mejoría que habían tenido en menos de un año, y les hizo caer en cuenta de que estaban al mismo nivel que sus contrincantes. Aun así, ellos no podían confiarse demasiado, ya que un solo error sería la diferencia entre el orgullo y la deshonra.

Kumiko estaba en la incertidumbre. Esta vez no tenía problemas con la ejecución de sus partes en las piezas, pero las altas expectativas de su profesor, así como la ambición de sus compañeros por la victoria, le preocupaba. Era un todo o nada y parecía que ninguno de sus camaradas había tomado en cuenta la segunda posibilidad. Ella no era pesimista; al contrario, quería ganar. Pero no por eso debía desechar la probabilidad de una derrota, algo para lo que ya estaba preparada. Pensar colectivamente era difícil cuando la mayoría no parecía tener los pies sobre la tierra, y un resultado desfavorable, a pesar de la excelencia de su interpretación, sería algo que desanimaría a todos. Y quien más preocupaba a la eufonista era Reina. Verla llorar otra vez, con esa mezcla de frustración, ira e impotencia en su mirada, le rompería el corazón.

Por su parte, la trompetista pensaba también en esa negativa posibilidad. Ella confiaba en sí misma y en sus compañeros, pero el criterio de los jueces era algo impredecible. Si ellos no los consideraban lo suficientemente buenos, por perfecta que haya sido su interpretación, no ganarían. Entender eso le tomó tiempo. Cuando, en secundaria, solo les dieron un oro simbólico, ella colapsó pensando en los errores que se pudieron haber cometido, pero, cada que escuchaba de nuevo la grabación de esa interpretación, se daba cuenta que no había tales. Objetivamente eran tan buenos como las bandas que sí clasificaron, pero algo les faltaba, y ese algo estaba sujeto al criterio del jurado. Sea cual sea el resultado, ella debía sentirse orgullosa de haber llegado tan lejos. En un instante, la pelinegra tomó su instrumento y comenzó a tocar, no una pieza específica, solo una serie de notas al azar. Mientras lo hacía, recordaba lo vivido durante los últimos meses y cómo Kumiko pasó a ser una de las personas más importantes de su vida. La eufonista estuvo ahí cuando más la necesitó, algo que agradecía profundamente, y eso la llevó a enamorarse aún más de ella.

Finalmente el gran día había llegado. El nerviosismo de los integrantes de la banda estaba presente en el ambiente. Todos revisaban meticulosamente que no les faltase nada. Instrumentos, partituras, boquillas, lengüetas, baquetas, mazos... Nada de eso debía faltar. El viaje fue particularmente silencioso, todos iban concentrados en su presentación. Al llegar al lugar del evento, el auditorio NHK de la Ciudad de la Ópera de Tokio (ubicada en Shinjuku), fueron sorprendidos por todo el manejo logístico que había en aquel sitio. Incluso Noboru estaba asombrado por lo que veía.

Al estar en un turno intermedio, algunos chicos fueron a comer algo; el viaje de Kioto a Tokio fue relativamente largo. Otros decidieron escuchar a las demás bandas mientras la hora llegaba. Los demás, entre ellos Shuuishi, Hazuki, Kumiko y Reina, se quedaron en la sala de espera.

La hora de su presentación había llegado. Tras entrar en el escenario y ubicarse en sus puestos. Taki-sensei dio la indicación de arrancar con la primera pieza, Orfeo en el Infierno. El primer movimiento tuvo unos magníficos solos de clarinete y oboe. La ejecución de la las diferentes partes fue excelente. Las transiciones entre los movimientos de la obra fueron fluidas y no se cometieron fallos. El clímax de la interpretación, el can can, fue sublime.

Tras unos segundos de silencio, donde los chicos tomaron un respiro, el arma secreta de Noboru entró en acción: la Sinfonía Titan de Mahler. La coordinación entre los integrantes de la banda era perfecta. Cada sucesión de notas de la exigente pieza fue interpretada con maestría. No importaba el esfuerzo que representaba tocar, el solo hacer música juntos en ese preciso momento y lugar era suficiente motivo para sentirse bien, al menos por el momento. En el momento en que la interpretación finalizó, en el preciso instante en que la última nota dejó de resonar en las paredes del auditorio, el público, en pie, ovacionó a los jóvenes.

Finalizadas todas las presentaciones, los jueces comenzaron a deliberar. Todas las bandas habían tocado a un alto nivel y en más de una ocasión el público aplaudió de pie las interpretaciones. La tensión se hizo presente en el auditorio, donde todos los jóvenes participantes esperaban el veredicto del jurado. Cada segundo que pasaba aumentaba las expectativas de los integrantes de cada banda. La espera se hacía eterna, y no parecía haber señales de un veredicto. Pero, en un momento momento, uno de los jueces colgó un cartel con la información de cual era la banda ganadora. Kitauji había ocupado el segundo lugar.

Había sentimientos encontrados entre los integrantes de la banda, Hazuki y Sapphire, junto a los alumnos de tercer año, estaban felices por ese resultado, pero esa felicidad no era compartida. Los pocos alumnos de segundo y muchos de primero tenían la esperanza de ganar. Las lágrimas se hicieron presentes. Al ver esta situación, Kumiko observó a Reina, quien tenía su usual expresión seria en su rostro. De repente, la trompetista tomó la palabra.

—Compañeros. Sé que este no es el resultado que muchos, incluyéndome, esperábamos. Pero, si lo pensamos detenidamente, el solo hecho de haber tocado hoy aquí es suficiente motivo de orgullo y alegría. Y hoy tocamos de una forma increíble. En este punto somos la segunda mejor banda sinfónica juvenil del país, solo una banda nos supera según el criterio de los jueces. Pudimos haber ganado, pero tambien pudimos haber quedado en una posición inferior. Estuve escuchando a las otras bandas y sé que estamos a su mismo nivel. Así que, sintámonos felices por este logro.

—¿Quién te crees para decir eso, Kousaka? —protestó Yuko.

—Solo una persona que no puede callar lo que debe decir —respondió la trompetista con una sonrisa.

Continuará...


Chobits3: espero que hayas pasado un buen cumpleaños.

LeptumsajiDdraig: sí, sé lo que se siente. ¡Te extraño, K-ON!

Gracias por leer, see you.