Sentimientos revelados

Con una fecha definida para el inicio del juicio contra Ryotaru, Mio se sentía algo nerviosa. Si bien no era la primera vez que se enfrentaba a él, hacerlo en un juicio era algo inédito para ella. Tenía toda su confianza puesta en Nodoka para que el caso se resuelva a su favor. Ahora que su exesposo sabía la orientación sexual de su hija, si él ganaba, a Reina le esperaba un infierno similar al que vivió. Mientras Mio pensaba en ello, escuchó que golpeaban a la puerta. Reina estaba en su cuarto y no esperaban visitas. Con algo de miedo, abrió la puerta encontrándose a Ritsu.

—No esperaba verte hoy —dijo la pelinegra sorprendida.

—Vine porque estoy al tanto de las novedades de tu caso. Además, también fui llamada a dar testimonio —replicó la castaña, mostrando la carta de citación.

—¿En qué rayos está pensando Nodoka? ¡Llamarte a ti como testigo es una pésima idea!

—Eso mismo pensé, pero hablé con ella y me dijo que no me había puesto entre sus testigos. Supongo que tu ex está detrás de esto.

—Pero, si ese es el caso, ¿qué ganaría Ryotaru con hacer eso?

—No lo sé —dijo Ritsu, yendo hacia la sala a sentarse—. Supongo que quiere usar nuestra antigua relación a su favor y tratar de justificar sus actos violentos diciendo que eran para corregir tu lesbianismo o algo así.

—Lo peor es que tiene sentido tratándose de él. Espero que Nodoka pueda manejar esta situación, por el bien de Reina —dijo Mio en un suspiro.

—Sigo sorprendiéndome de lo que somos capaces de hacer y sacrificar por el bien de nuestros hijos. Yo también he antepuesto el bienestar de Hazuki por encima del mío. Después de todo, ella es lo que me motivó a seguir viviendo tras la muerte de mi esposo. Si ella es feliz, yo me daré por bien servida y podré morir en paz. —Estas palabras hicieron que Mio se preocupara.

—¿¡Qué estás diciendo, idiota!? ¿Insinúas que te matarás...?

—Nunca dije eso, Mio —interrumpió Ritsu, adivinando a dónde quería llegar la pelinegra—. Admito que esa idea pasó por mi mente en más de una ocasión, pero la deseché hace mucho tiempo. No sé cómo lo veas tú, pero, para mí, ser madre es algo de por vida. Aun cuando Hazuki se independice de mí y comience a vivir por su cuenta, seguiré cuidando de ella y siendo su apoyo hasta que mi tiempo en este mundo finalice. Además...

—¿Además qué? —preguntó Mio al ver que la castaña no continuó hablando.

—Olvídalo, no es importante.

—¿Acaso ya no confías en mí, Ritsu?

—¡No es eso, Mio! Confío en ti como siempre lo he hecho desde que nos hicimos amigas. Es solo que... —Ritsu le dio la espalda a Mio para ocultar un leve sonrojo que había aparecido en su rostro—. Aún no es el momento para decirte lo que iba a decir. —Tras decir esto, la castaña sintió los brazos de su compañera rodeando su cuerpo.

—Aún estás enamorada de mí, ¿verdad Ritsu?

—¿Cómo lo sabes? —La mujer de ojos dorados giró con sorpresa al escuchar estas palabras, encontrándose de nuevo con esos ojos grises que la cautivaron desde la primera vez que los vio.

—Lo sé porque yo siento lo mismo por ti. Nunca dejé de amarte, a pesar de ser tan cobarde de no defender mis sentimientos. —Tras decir esto, Mio eliminó el poco espacio que la separaba de Ritsu, tomando posesión de sus labios, esos labios que no había probado en más de 20 años. La castaña correspondió a aquel beso, dejándose llevar por sus sentimientos. Aquel anhelado beso duró un par de minutos, y habría durado más de no ser por...

—Mamá, Ritsu-san, ¿no creen que se están adelantando a los hechos? —dijo Reina, que había salido de su cuarto a buscar una vaso de agua. Las dos mencionadas estaban sonrojadas al verse descubiertas por la trompetista.

—¡Pu-pu-pue-puedo explicarlo...! —intentó decir Mio.

—No tienes que explicar nada, mamá. Al fin de cuentas, ustedes dos se siguen amando. Pero no sean impacientes, esperen que el juicio contra Kousaka termine para darle rienda suelta a sus pasiones. —Una misteriosa sonrisa se dibujó en el rostro de la chica mientras decía esas palabras. Luego se retiró de vuelta a su habitación.

—¿Sabes algo, Mio? Tu hija da más miedo que Sawa-chan —murmuró Ritsu mientras la joven se alejaba, ganándose un pequeño golpe en la cabeza por parte de su compañera.

Al día siguiente, Mio pidió permiso para ausentarse unas horas de su trabajo. El hecho de que Ritsu haya sido llamada a testificar le había dejado una gran duda, duda que solo una persona podía resolverle. Ella no planeaba ver a esa persona hasta el juicio, pero la curiosidad le venció. Por eso decidió encararla.

—¿Qué pretendes al poner a Ritsu como testigo en el caso, Ryotaru? —preguntó la pelinegra al momento en que su exesposo la recibió en la sala de visitas de la prisión.

—¿Así saludas al hombre con el que compartiste los últimos 20 años de tu vida, Mio? —reclamó Ryotaru.

—¡No cambies de tema y responde!

—Ya que quieres saberlo, usaré su relación en tu contra. De esa forma, recuperaré a Reina y corregiré su desviación.

—Ryotaru, te recuerdo que este juicio es por los malos tratos que me diste desde que nos casamos.

—Eso me tiene sin cuidado. Lo único que trataba de hacer era corregirte. De no ser por esa desviación tuya...

—De no ser por eso, tú y yo nunca nos hubiésemos casado. Créeme que un tipo como tú sería la última opción que consideraría como pareja. Realmente envidio a mis amigas porque ellas sí pudieron elegir con quién establecer una familia.

—No hables de lo que no sabes, Mio. Tú y yo estábamos destinados a estar juntos. Admito que no soy perfecto, pero tú tampoco lo eres. —Tras escuchar estas palabras, Mio comenzó a reir.

—Ay, Ryotaru. ¡No recordaba que fueras así de gracioso! Sé de lo que hablo, son mis gustos después de todo. Desde niña tenía claro el tipo de chico que me gusta y tú eres lo más lejano a ese ideal. Eres egocéntrico, machista, solapado, hipócrita y violento. Te lo recalco, si mis padres no hubiesen intervenido, yo no me habría casado contigo.

—Claro, hubieses preferido a la enferma de tu mozuela... —La paciencia de la pelinegra se había colmado, manifestando 20 años de ira acumulada en una fuerte bofetada que resonó en todo el recinto. Ryotaru experimentó por primera vez en su vida la fuerza de la mano izquierda de su exesposa. Al escuchar ese golpe, los guardias de seguridad rodearon a los exesposos para evitar que el asunto pasase a mayores.

—Te lo advierto, Ryotaru. ¡Voy a hacer que TE PUDRAS EN LA CÁRCEL, MALDITO MISÓGINO! —sentenció Mio antes de irse de aquel lugar. Ryotaru quedó paralizado por ese lado nunca antes visto de la pelinegra.

—Creo que le iría bien si se queda aquí, Kousaka. Su exesposa da miedo —comentó uno de los guardias.

Mio se dirigía a la estación del metro, dispuesta a volver a su trabajo. Aún no daba del todo crédito a lo que acababa de vivir, pero sentía que se había quitado un gran peso de encima. En menos de 24 horas había liberado sus sentimientos acumulados tanto con Ritsu, como con Ryotaru. Quizás lo hecho con ambos le traería consecuencias, pero valió la pena. Pudo comprobar que el amor que ella y la mujer de ojos dorados sentían la una por la otra continuaba intacto a pesar del paso del tiempo y de Koyomi Katou en la vida de la descendiente de la familia Tainaka. Y también pudo, no solo enfrentarse a su exesposo, sino demostrar que ella también es fuerte, tanto física como mentalmente. De pronto, escuchó que una voz femenina la llamaba. Al buscar de donde provenía esa voz, notó que estaba siendo seguida por un Sedán blanco que se detuvo a su lado. A bordo iban Mugi y Kohaku, quien no tenía muy buen aspecto.

—¿Necesitas que te lleve, Mio-chan? —preguntó la rubia.

—No quisiera molestarte, Mugi. Solo voy de regreso a mi trabajo —respondió la pelinegra algo apenada.

—No es ninguna molestia. Sube, yo te llevo —aseguró Mugi con su tradicional sonrisa. Una vez abordo, Mio preguntó si le pasaba algo a la pequeña Kawashima, a lo que la rubia respondió que se sintió mal en su escuela y que el médico le dijo que solo tenía indigestión. Al parecer, Kohaku comió un poco de más.

—No te preocupes, Kohaku-chan. A todos nos pasa eso alguna vez —dijo la pelinegra sonriéndole a la niña.

—¿Y qué hay de tí, Mio-chan? ¿Qué hacías por estos rumbos? —preguntó la rubia.

—Estaba averiguando el porqué de la citación de Ritsu como testigo en mi caso. De haber sabido que es porque Ryotaru quiere usar nuestra relación en mi contra, no hubiese venido.

—Ese sujeto. Usar ese bello amor pasado de ustedes dos en su contra es una jugada de muy mal gusto.

—Ni tan pasado, Mugi. Ritsu y yo seguimos enamoradas la una de la otra. De hecho, anoche nos besamos. —Mugi frenó en seco ante las sorpresivas palabras de Mio.

Continuará...

Chobits3: aquí está tu mitsu time

LeptumsajiDdraig: créeme, nadie confía en Ryotaru.

Rosesagae: me alegra saber que lees esta loca historia. Ese realismo fue el enfoque que quise darle. Todas las historias gay son fantasiosas respecto a la discriminación, que existe y no se puede ocultar, pero el amor es más fuerte. Y sigo sin arrepentirme del especial 666 (risa malvada).

Gracias por leer, see you.