Juntas por siempre
Con la condena impuesta a Ryotaru y la anulación de su matrimonio, Mio podía respirar más tranquilamente; de hecho, debería sentirse feliz por ser libre de nuevo. Pero algo le impedía serlo. Las palabras que dijo Ritsu en su declaración durante el juicio la dejaron helada. Tras finalizar el juicio, la pelinegra fue al baño para liberar las lágrimas que tenía acumuladas. "«No tengo tiempo ni cabeza para una relación sentimental; sin contar que ya estoy algo vieja para eso». Entiendo tus motivos, Ritsu; entiendo que lo dijiste para protegerme. Pero duele… Duele escuchar a la persona que amas decir cosas como esas" pensaba mientras lloraba silenciosamente en uno de los cubículos para no llamar la atención. Tras unos minutos, oyó que la puerta se abría mientras dos voces femeninas discutían. Al prestar atención, reconoció esas voces.
—¡¿Cómo te atreviste a decir esas cosas, Ritsu-san?!
—¿Qué querías que dijera, Reina? No podía admitir que sigo enamorada de tu madre, ya que podían usar eso en su contra.
—Me sorprende que alguien con más de 40 años aún no sepa ver todas las consecuencias que traen sus actos. Mamá está destrozada por lo que dijiste.
—Mio sabe mis motivos y sabrá entender que lo hice por su bien y por el tuyo. El dolor que siente ahora es pasajero y solo fue producido por la forma en que me expresé. Solo hay que darle tiempo, ella se repondrá, confía en mí. —Tras decir esto, Ritsu le ofreció una amplia sonrisa a Reina, quien se tranquilizó un poco ante este acto. En ese momento, Mio salió del cubículo donde se encontraba, siendo rápidamente envuelta por los brazos de las dos mujeres más importantes de su vida.
—Eres una tonta, Ritsu… Podrías haber sido un poco más sutil al decir las cosas —dijo Mio, todavía sollozando.
—Mio, sabes bien que no tengo pelos en la lengua para decir las cosas; así como yo sé los problemas en los que me he metido por esa razón. Aun así, perdóname por hacerte llorar.
—Ritsu… No tengo nada que perdonarte. Pero Reina tiene razón; aún no aprendes a medir las consecuencias de tus actos.
—Se nota que son madre e hija. Parece que ambas disfrutan regañarme. —Ritsu suspiró tras decir estas palabras. Reina y Mio sonrieron.
—Tendrás que acostumbrarte a esto, Ritsu-san. Es el precio de ser mi madrastra —afirmó Reina.
Mientras las tres salían del juzgado, la trompetista recordó que iba a verse con Kumiko cuando terminase el juicio. Luego de despedirse de las dos mujeres, partió hacia el sitio de encuentro, el templo ubicado en las faldas del monte Daikichi. En el camino le envió un mensaje a la eufonista para avisarle que el litigio finalizó. Al llegar al lugar, la pelinegra notó que su novia estaba acompañada por Hazuki. Con paso firme y decidido, se acercó a las dos chicas. La sonrisa en su rostro delataba que traía buenas noticias.
—Son libres, ¿verdad? —preguntó Hazuki, aun sabiendo la respuesta.
—Así es —respondió Reina—. 21 años de prisión fue la condena para Kousaka. Esta pesadilla terminó, así que podré dedicarme de lleno a querer ser especial.
—¿Aún sigues con eso, Reina? —preguntó Kumiko
—Sabes mis motivos, Kumiko. No me gusta ser como los demás. Es por eso que sigo esforzándome en ser cada vez una mejor trompetista —dijo la pelinegra, abrazando a su novia por la espalda.
—Y también por eso eres lesbiana, ¿me equivoco, Reina-san? —dijo la tubista cruzando sus brazos.
—Una cosa no tiene que ver con la otra, hermanita. Las razones por las que me enamoré de Kumiko son diferentes a las que me motivan a ser especial.
—Pues, si me preguntan, tú ya eres especial por el simple hecho de ser tú misma. No te gusta ni pretendes ser alguien que no eres, solo quieres ser la mejor versión de ti misma. Eso es muy valioso. —Las palabras de la joven Katou, sumada a esa sonrisa con la que las dijo, llenaron de alegría a la trompetista.
Luego de un rato, las tres chicas caminaban por el distrito comercial. Hazuki tenía una cita con Shuuishi y sus dos amigas decidieron acompañarla en el trayecto. Al encontrarse con el trombonista, Reina y Kumiko se despidieron de la pareja para darles su espacio y se dirigieron a la casa de la trompetista. En ese lugar, la pelinegra preparó algo ligero para que ambas comieran.
—La pesadilla terminó, ya podemos respirar tranquilas —suspiró Kumiko mientras se sentaba en el sofá.
—Tienes razón, Kumiko. Pero aún existen personas que piensan como Kousaka. Esas personas pueden representar problemas para nosotras —dijo Reina sentándose al lado de su novia.
—Mientras no sean personas cercanas a nosotras, no creo que debamos preocuparnos. Es nuestra vida, no la de ellos.
—Eso es cierto. En este momento quiero dejar de pensar en Kousaka y su patético odio hacia los homosexuales. Ya tuve suficiente de eso para toda mi vida. Ahora que mamá puede ser feliz con la persona que ama, yo también buscaré serlo contigo.
—Reina…
—Kumiko, no sé si lleguen otras personas a nuestras vidas. No sé si alguna pueda parecernos atractiva, lo suficiente para despertar nuestros celos. Pero ten por seguro algo: estos momentos a tu lado han sido muy valiosos para mí y quiero seguir creando nuevos al lado de la persona que amo, o sea tú.
—No sabía que pudieras ser tan romántica, Reina. —Kumiko, tras decir esto, acercó su rostro al de Reina, tomando posesión de sus labios. La pelinegra correspondió a aquel beso, permaneciendo juntas varios minutos.
Mientras, Mio, Ritsu, Mugi y Nodoka estaban en una cafetería, tomando té para festejar su victoria en el juicio. Las cuatro mujeres sonreían recordando anécdotas de sus pasados, siendo un punto en común las experiencias de crianza de las tres madres. A pesar de todo, la pelinegra disfrutó ver crecer a su hija y, cuando Ryotaru comenzó a enseñarle a Reina a tocar la trompeta, tuvo la (infértil) esperanza de que él cambiara su comportamiento.
Al mirar su reloj y percatarse de la hora, Mugi se despidió de sus amigas y se fue del lugar; ella tenía un importante compromiso empresarial que no podía postergar. Poco tiempo después, Nodoka hizo lo mismo, dejando a solas a Mio y a Ritsu.
—Supongo que es momento de volver a casa —dijo Mio tras un suspiro.
—Antes de eso, ¿puedes acompañarme un rato? Quiero que conozcas a alguien —rogó Ritsu. La pelinegra aceptó con algunas dudas.
Minutos después, Ritsu conducía tranquilamente. Había memorizado esa ruta de tantas veces que la había recorrido. A su lado estaba Mio, observándola en silencio. Si bien no era la primera vez que era "arrastrada" hacia una de las locuras de la castaña, el hecho de que ya no sean adolescentes le intrigaba.
Mientras avanzaban, el paisaje citadino iba desapareciendo, siendo reemplazado por uno rural con un ambiente depresivo. Al ver un cartel que anunciaba que se encontraban en un cementerio, Mio se puso nerviosa, pensando en todo lo que Ritsu podría hacerle ahí, pero se tranquilizó al recordar que ambas tenían 41 años. Con esto, la pelinegra supo las intenciones de la castaña, y comprendió a lo que se refería cuando dijo «quiero que conozcas a alguien».
Luego de dejar el vehículo en el estacionamiento, las dos mujeres recorrieron lo que restaba del trayecto a pie. Para Mio era extraño ver a Ritsu de esa forma, con un rostro serio y un aire de tristeza. Después de un rato, ambas llegaron a una tumba en específico, en cuya lápida estaba el nombre de aquella persona a la que iban a visitar: Koyomi Katou.
—Hola mi querido Koyomi. Sé que no he venido a visitarte mucho últimamente, incluso pensarás que me olvidé de ti, lo cual es imposible. He estado algo ocupada, ya sabes, trabajando mucho para que Hazuki salga adelante. Nuestra pequeña ya ha crecido mucho, incluso tiene novio. Bueno, hoy he venido a presentarte a aquella mujer de la que tanto te hablé, aquella a la que siempre quisiste conocer. Ella es Mio. —Luego de que Ritsu dijera estas palabras, Mio hizo una reverencia ante la lápida.
—Es un placer conocerlo, Katou-san —dijo la pelinegra.
—¿Sabes, Koyomi? —retomó la castaña—. En este momento no sabría decirte lo que tengo en mi corazón. Tú y Mio son las personas que más he amado. Créeme que mi vida sería vacía sin ustedes. Koyomi, tú llegaste a mi vida cuando más necesitaba el cariño que me diste. Disfruté cada uno de los momentos que compartimos, cada canción que tocamos juntos. Pero tenías que irte sin decir adiós... —La voz de Ritsu comenzó a quebrarse y varias lágrimas rodaron por su rostro—. Prometiste volver y nunca lo hiciste... Te había dicho que no condujeras tan rápido, pero no hiciste caso... Aún me duele tu partida, todavía busco tu calor cada noche en mi cama... Te extraño... Te amo... Aunque nunca haya olvidado a Mio... Aunque siga enamorada de ella... Aunque ella y yo hayamos retomado nuestra relación... Nunca dejaré de amarte, Koyomi. —La ambarina rompió en llanto, como tantas veces lo había hecho al visitar aquella tumba. Mio tomó la mano de su amada, entrelazando fuertemente sus dedos.
—Katou-san, gracias por cuidar a Ritsu todo este tiempo. Creo que, si la situación fuera diferente, yo daría un paso al costado. Por nada separaría un matrimonio tan fuerte como el de ustedes dos. Pero ahora es mi turno de proteger y cuidar a Ritsu y a Hazuki. Daré mi vida de ser necesario para que ellas estén bien, lo prometo —dijo Mio con seguridad.
—¿Qué dices, Mio? Se supone que yo soy la dominante en la relación. Yo soy la que debe cuidar de ti, de Hazuki y de Reina —reclamó Ritsu, aún con la voz quebrada por el llanto.
—Tus ojos dicen otra cosa, Ritsu. En este momento yo soy la más fuerte de las dos.
—Mio, el hecho de que llore por la muerte de mi esposo no me hace más débil. Además, yo siempre fui la activa en la cama. —Mio cubrió la boca de Ritsu al escuchar esto. La castaña comenzó a reír, contagiando a la pelinegra de su carcajada.
Luego de esto, las dos regresaron a la casa de la ambarina. Allí sus hijas las esperaban. Este fue el inicio de la nueva vida de ellas; una vida sin la amenaza de aquellos que pudieran discriminarlas; una vida juntas, como debió ser en un principio, como familia.
FIN.
Chobits3: Vaya que quieres exprimirme el cerebro… Ya veremos qué pasa.
Rosesagae: a todos nos sorprendió eso, incluso Reina le reclamó. Me alegra que te haya gustado.
Muchas gracias a todos los que siguieron esta historia, espero que haya sido de su agrado. Muy pronto una nueva historia. Gracias por leer. See you.
