¿Hola? No se si alguien se acuerde de mi jajaja, la verdad me siento rara haciendo esto de nuevo... La verdad ya no me doy vuelta tan seguido como antes, pero no puedo dejarlo por completo, me he movido a leer fics de otro fandoms... pero siempre acabo regresando aquí jajaja es un circulo vicioso, entonces... no puedo decir que estoy de regreso, sería una mentira pero... también no puedo decir que lo he dejado por completo, leer y escribir fics siempre será una parte de mi. (Aunque muchos me los guarde jajajaja)
En fin, como siempre espero que lo disfruten, y comprendan... estoy bastante oxidada jajajaja.
MP3
iPod Challenge
Don't go away - Oasis
Despertó un tanto confundido, sin tener muy en claro lo que había pasado. El frío de aquella mañana lo había despertado de manera contundente. La lluvia en los últimos días era constante, sin piedad absoluta de los habitantes de aquella ciudad. El sol no había salido por días, dando paso aquella sensación de fresco invernal en pleno verano.
Quería refugiarse en su cama, bajo sus cobijas por más tiempo, buscando un calor agradable, sin embargo, estaba consciente que sería inútil, no tendría ningún efecto de alivio ni con mil cobijas encima.
No, la helada sensación se atribuía al no tener alrededor suyo los brazos de aquella pelirroja que había estado despertando junto a él durante los últimos meses.
La pelea había sido categórica, los ojos enfurecidos y turbios de Misty rondaban en su mente. Maldecía una y otra vez su falta de léxico ante los argumentos de la líder, los reclamos de no estar con ella como debía, de ocultar lo que tenían. Que quisiera emprender una vez más un viaje sin fecha de retorno fue la última raya para que la pelirroja se fuera. Misty tomo sus cosas, repitiendo una y otra vez que ella no podría volver a hacerlo, no podría esperar por él nuevamente. Era injusto para ella, y no pensaba repetir aquellos fatídicos días por mucho que lo amara.
Y en ese momento se dio cuenta que lo era, que por mucho tiempo fue injusto y que sería aún más si lo volvía a hacer. Buscó entre las cobijas su teléfono esperando que no fuera tarde, pero el buzón de voz era lo único que recibía del otro lado. Suspiró y tomó el valor suficiente para dejar un fragmento de su ser en aquel frio contestador:
- Mist, sé que sigues enojada… y tienes derecho a estarlo. Me di cuenta lo injusto que fui al decirte que me iba. Por favor, no te vayas. Viajemos juntos, acompáñame a los lugares que tenga que ir. Prometo hacer las cosas bien esta vez… tan solo… no te vayas.
Your everything – Keith Urban
La veía con ese signo de confianza que siempre la caracterizó en una batalla importante y ésta era la más importante de su vida. Luchaba por ese grado de Maestra que ya le pertenecía desde hace mucho tiempo y que solo estaba reclamando en estos instantes.
Era extraño para él, estar del otro lado, el de las gradas, el de los gritos, el del apoyo de lejos. Eso estaba siendo para ella, tal como ella lo había sido siempre para él. Un amigo, un apoyo y un confidente en los momentos en los que titubeara.
El día que se dio cuenta de sus sentimientos hacia ella, fue posiblemente el más extraño de su vida porque él estaba nervioso, pero al decírselo – o intentar hacerlo – solo pudo observar como la sonrisa de ella se había ensanchado para después callarlo con un tierno beso. Aquella primera vez que su mano tomo su rostro y sus suaves labios se posaron sobre los suyos sabía que estaba condenado. Ella estaría a su lado por el resto de su existencia, y él haría lo que fuera por ella.
Es por eso que la animaba todos los días, entrenaba con ella buscando que lograra su sueño. Todas las mañanas la despertaría con alguna pequeña caricia, la abrazaría cuando tuviera miedo o la haría reír cuando estuviera triste.
La pelirroja ordenó su último ataque y con el cual se proclamaría vencedora y él no podía estar más orgulloso, porque era un espectador de lujo para verla realizar su sueño, tal cual ella había sido parte del suyo.
Desde lejos la pelirroja empezó a buscarlo, al chocar sus miradas pudo reconocer el éxtasis de haberlo conseguido y él no podía hacer otra cosa más que aplaudirle con orgullo. Y así, manteniendo la conexión pura que existía entre ellos, comunicándose a través de sus ojos, no pudo evitar sonreír a su suerte porque lo sería todo por Misty, su eterna y bendita condena.
Impermeable – Ha*Ash
Ya no más.
No quieres seguir escuchando las mismas mentiras de los últimos meses, ya no piensas engañarte con que todo estará bien o que las cosas volverán a ser como antes. Dejarás de ser esa ilusa que piensa que él volverá a ser el chico del cual te enamoraste, que sus besos serán los mismos… que no tendrán una sombra obscura con sabor ajeno ni intentarás creer en sus tontas excusas que inventaba cada vez que algo no cuadraba en aquella ecuación.
Si, eras una tonta, porque sabías que él jamás había sido bueno mintiendo.
Por eso que decidiste citarlo en aquel café, para finalizar todo. Algo que jamás imaginaste que harías cuando todo inició un par de años atrás. No dejarás que te convenza de nuevo, no sacará el perdón de tu boca.
Lo habías citado a las ocho de la noche y al ver la hora no puedes evitar emitir un bufido de fastidio; era increíble que hasta para su última cita llegaría tarde.
Pero decides esperarlo, sin presionarlo, al fin esto sería lo último. Llega corriendo al café, agitado con la ropa desacomodada. Le restas importancia, pues muy pronto ese ya no será tu problema.
- Lo siento, Mist… se me hizo tarde porque…
- No te preocupes, seguro hubo una junta eterna o un atasque en el tráfico o algún retador de último momento – interrumpiste fastidiada, con tan solo algunos ejemplos de su antiguas "excusas". Él te mira confundido, pero de manera prudente prefirió guardar silencio respecto a ese comentario, - ¿Para que querías verme, Mist? –
Ahí estaba el momento, justo el que habías estado ensayando y por unos pequeños segundos volviste a dudar, porque siempre pensaste que él era el amor de tu vida, porque a pesar de muchas mentiras creíste y en cierta forma fuiste feliz con él, porque estabas cerrando el ciclo más grande que habías tenido antes y sobretodo, porque estabas segura que una parte tuya, la más sincera e inocente, amaría eternamente a Ash Ketchum.
Soltaste la noticia con todo el valor que recabaste, sin evitar que lágrimas llegaran a tu rostro… mismas que aparecieron en pocos segundos en el rostro de Ash.
- ¿Qué dices?
- Se acabó Ash, no quiero seguir con esto. Estoy cansada de todo, ya no puedo soportar una más de tus mentiras
- ¡Pero no son mentiras Mist! Perdóname, sé que estamos pasando por tiempos difíciles pero todo va a cambiar… lo prometo, por favor… no te vayas… yo te amo.
No puedes evitar reír mientras la última lágrima se resbala de tus pupilas, secas tu llanto ya que no permitirás que te convenza de nuevo.
Tomas tu pequeño bolso, dejas un par de billetes – suficientes para cubrir la cuenta –, te levantas y le diriges una mirada decida para pronunciar las últimas palabras al hombre que fue lo más importante de tu vida por mucho tiempo.
- Eso es una mentira. – con esa última sentencia te vas, sin voltear a verlo; sabes que podrías titubear, que las lágrimas del moreno podrían hacer estragos en ti.
No más, no debías permitírselo. Aquellas lágrimas se resbalarían de ti de manera definitiva.
20 de Enero – La oreja de Van Gogh
Salió de su gimnasio lo más rápido que pudo. Parecía karma o una especie de broma del destino que ese día, precisamente esté día que tanto había esperado aparecieran tantos entrenadores buscando su medalla. Tuvo que hacer algo que se reclamaría después: dejar a sus hermanas a cargo, consciente de las consecuencias que podría tener, pero decidió ignorar su conciencia por una vez en su vida. ¡Había sido responsable por tantos años, un día no era nada!
Tomó un taxi hacia la estación de trenes. El transcurso era moderadamente rápido, solo encontrando un poco de tráfico en las calles de Celeste. Trato de disminuir su nerviosismo, no quería que la viera así de ansiosa. Sacó su smartphone para usarlo de espejo, acomodó uno que otro mechón rebelde de su cabellera, pasó sus manos por su blusa, quitando unas arrujas invisibles, deseando que no se le pasara detalle alguno y todo estuviera en orden.
Se fijó en la hora en su celular, aún no sabía si llegaría a tiempo, y vio atrás de ese reloj digital una foto de fondo… de ellos tomada hace algunos años, felices, juntos como hace mucho no habían estado.
Afortunadamente y contra todo pronóstico, la pelirroja llegó unos minutos antes de que el tren arribara. Esperó pacientemente los ínfimos minutos antes de que el tren arribara al andén, buscaba su rostro a través de las ventanas, quería volver a ver aquella sonrisa que tanto extrañaba. Para su mala fortuna no lo alcanzó a vislumbrar, por lo que decidió esperar a que salieran todos. Uno… dos… cinco minutos sin que apareciera. Esto debía ser una especie de broma muy cruel, empezó a marcar el teléfono en su celular para reclamarle y exigir saber dónde demonios estaba.
- Justo detrás de ti – alcanzó a escuchar fuera de su auricular por lo que volteó sorprendida para verlo.
Ahí estaba, con su maleta en una mano… y su celular en la otra sonriéndole de una manera indescriptible.
- ¿Por qué tardaste tanto? – reclamó la pelirroja, porque para todos los problemas que había tenido para llegar y todas las medallas que sus hermanas seguramente en ese preciso momento estaban entregando, él seguía llegando tarde. Pudo notar un pequeño sonrojo mientras se rascaba la nuca en su clásica seña de nerviosismo.
- La verdad, es que me quede dormido… y el conductor fue él que me levantó, sino seguramente ya estaría rumbo a otro destino
La pelirroja llevó su mano derecha a su cara, tratando de contener la risa; su risa causada por la incredulidad que él se siguiera quedando dormido como su primer día de aventura hace quince años atrás. Continuo riéndose pero ahora de felicidad, de tenerlo enfrente suyo lanzándose aquellos brazos que se abrieron para recibirla de manera calurosa. No pudo evitar soltar pequeñas lágrimas de alegría, mezcladas entre su risa; al sentir su suave tacto… al tener de vuelta a su torpe Ketchum. Fue así como en el calor de su abrazo, se prometió no volverse a separar de él.
Ya habían sido años donde dudo sí el volvería, donde se cuestionaba que sería de su vida sin Ash; más no quería averiguar la respuesta, de eso se dio cuenta aquel 20 de Enero que no lo volvió a dejar ir.
Como te echo de menos – Alejandro Sanz
- Gimnasio Celeste. Buenos días, habla Misty.
- ¿Hola? ¿Hay alguien?
- ¿Buenos días?
De pronto del otro se escucha el sonido de terminación de llamada. El tono deprimente no evitó que suspirara derrotado. El sólo escuchar su voz después de tanto tiempo era un bálsamo de felicidad a sus inexistente vida sin ella.
Era patético, estaba plenamente consciente de ello. A esto se resumían sus días, llamar de vez en cuando al gimnasio para escuchar su dulce voz, de esa manera al menos tenía una parte de ella que no extrañara tanto.
Se estaba engañando, llamarla era una tortura – la cuál gustoso recibía una y otra vez – pero no le importaba. Era mejor que nada, mejor que los desolados recuerdos que guardaba en lo más recóndito de su mente para evitar lastimarse.
¿Era tan idiota por amarla a pesar de todo?
Observaba de manera melancólica delante de él, el hermoso e interminable mar, que sólo le recordaba a sus inigualables ojos aguamarina. Aún recordaba con detalle la sonrisa que la pelirroja siempre ponía cuando era testigo de espectáculares amaneceres como el que estaba presenciando. Estar cerca de las olas del océano, era como estar cerca de ella, un estigma que la definía por completo.
Percibir la dócil marea en sus pies descalzos era como invocar y volver a sentir las dulces caricias de ella. Suaves, profundas e inconfundibles. Extrañarla era lo único que hacía últimamente, anhelando poder estar a su lado nuevamente, rodeando con sus brazos su hermosa cintura, besando cada parte de su cuerpo.
Por mucho tiempo pensó en superarla, restar importancia tal cual lo había hecho de manera descarada la líder de gimnasio. "Algo pasajero", aquellas palabras que constantemente se paseaban en su memoria, las cuales ella había usado para definir las sublimes e insuperables semanas donde se amaron por completo. No tenía miedo de decirlo tal cual, la amaba.
Estaba seguro que lo que habían vivido fue real, mágico y sublime. ¿Quién diría que sí existía un lado cursi en él? Lo describiría con mil adjetivos, todos haciendo referencia a cual magnifico fueron aquellas noches.
No le importaba lo que ella decía. Misty aseguraba que ya no era la misma tonta adolescente "eternamente romántica" y ahora reducía sus encuentros a un simple deseo erróneo. Mentía, no tenía la menor duda. Podría apostar su alma al diablo, estaba seguro que ella lo amaba porque por mucho que asegurara que ya no era la misma de antes, ella nunca se entregaría por completo como lo hizo, si no sintiera algo más que sólo atracción.
Esperaba un día, donde no tuviera miedo de aceptar que lo que existía entre ellos era tan fuerte, inquebrantable y real.
Así, cuando lo admitiera, él velaría por ella todas las noches, para amarla sin censuras, poder caminar con ella por la playa, besarla en cualquier momento y decirle lo afortunado que era al tenerla en su vida.
Esperaba que las marcas que había dejado en Misty, no se borraran con tanta facilidad como sus propias huellas en la fina arena llevada por el oleaje del mar, pero sobretodo esperaba que ella lo echara de menos tanto como él.
Million Dollar Man – Lana Del Rey
Una respiración cálida y constante sobre su cuello fue lo que la obligó abrir los ojos. No se encontraba en su hogar, estaba muy lejos de ahí... El lugar extraño era una gran habitación, pulcra y lujosa, digna de los hombres más poderosos de la región.
Sentía los pesados brazos de ese hombre alrededor de su cintura, tomándola de manera posesiva. A pesar de que se encontraba dormido parecía que entre sus mismos sueños era consciente que no deseaba dejarla escapar. ¿Cómo había llegado a este preciso momento?
Asistir a esa insulsa gala era su obligación debido a su alto rango de Líder dentro de Kanto. Todo comenzó en el momento que cruzó su mirada con esos ojos castaños que la atormentaron por tantos años y que creía haber superado. ¡Qué ingenua era!
Aquel hombre alto y apuesto no reflejaba ni un solo rastro del chico tonto e inmaduro con el que viajó, sin duda los años le habían ayudado a desarrollar esa imagen sacada de las fantasías de cualquier mujer.
Pensó ignorarlo, huir de él... Ya no era el chico por el que había desarrollado un pequeño e insignificante cariño. No, ese Ash desapareció por completo el día en que el éxito, la fama y fortuna por fin habían tocado su puerta.
Ella se alejó de él cuando vio que sus estilos de vida eran totalmente distintos. Por mucho tiempo pensó que había hecho lo correcto, aún más cuando en las noticias de espectáculos no paraba de salir su ex-amigo de pareja en pareja, mujer tras mujer... Conquistando a cualquiera que pusiera como objetivo.
No quería ser otra en su lista, una más que pasara por las frívolas sabanas del hotel donde seguro ya era cliente distinguido y aún así, bastó una sonrisa de él y algunas cuantas copas para revivir todos los sentimientos que daba por muertos.
Quería culpar al alcohol de su situación actual pero recordaba cada segundo, cada beso, caricia, todas las sensaciones que provocó en ella cada vez que estaban juntos... Tenía que morderle el cuello, su propio labio para que no salieran palabras traicioneras que pudieran arruinar algo de todo lo que deseo por tantos años.
Había sido la mejor noche de su vida, donde entre esas sabanas, pudo sentir al hombre que había amado por la mitad de su vida, donde él la trató de una manera única y especial... Nada similar a lo que había vivido con otros chicos en su intento de olvidarlo y aún así... Sabía que en el momento que se levantara de esa cama toda la magia se esfumaría.
Tenía que apresurarse, antes de que despertara o quizás que fuera un dormilón de primera era lo único que no ha cambiado en él. Buscó su ropa en el piso, tratando de vestirse lo más rápido posible.
Por un momento sintió que tuvo éxito, pero de pronto escuchó la voz de Ash.
- Supongo que ya debes irte – fue lo único que dijo el muchacho que, sin ningún pudor se levantaba en frente de ella. Tembló por un momento porque todo lo que pudo haber imaginado, lo que vivieron había sido especial se esfumó en el momento en que él la observaba sin emoción aparente. - No creo que debas irte tan rápido – mencionó Ash, ocasionando una extraña emoción en la pelirroja, como una ligera esperanza de que existiera algo más real entre ellos que solo una noche de sexo.
- ¿Por qué? – Se atrevió a preguntar sin pensarlo mucho.
- Los paparazzis seguro están fuera del hotel, no creo que quieras aparecer en la primera plana de cada tabloide de la ciudad.
Todo dentro de ella se hizo trizas.
- Lo mejor es que me marche y tú puedes quedarte toda la semana si quieres. Después podrás irte sin que nadie lo note, así no estaré metido un escándalo otra vez. No te preocupes de la cuenta, los encargados del hotel saben ya cómo manejarlo.
Y todas sus trizas, se hicieron añicos. Era un idiota, una total imbécil porque por algún momento pensó que lo que había pasado entre ellos había sido especial; que esas sensaciones que provocó en él... Era debido a ella; solo a ella, pero eran solo ilusiones, en realidad si fue una más a su lista, tan solo la chica de la semana.
No tenía ni idea qué había convertido a Ash en ese tipo de personas, pero ya no importaba.
- No te preocupes, Ash. Me iré de aquí sin que nadie se de cuenta, como si esto jamás hubiera pasado. Todo fue un error... Pensé que tu... Qué nosotros podríamos... Olvídalo.
Pasaron unos minutos en total silencio, donde terminó de vestirse y se retiró de la habitación del hotel recabando la poca dignidad que aun tenía.
Ash soltó un suspiro, antes de soltar una maldición. La había dejado ir, porque no quería sumergirla a este mundo que para nada era el que le habían prometido, pues estaba lleno de trampas, poder y corrupción. No, ella merecía algo mejor.
- También te amo, Misty. – se lo dijo a la puerta cerrada, respondiendo a esa hermosa frase que la pelirroja expresó sin que se diera cuenta. – Y porque te amo, debes irte lo más lejos de aquí.
Limon y sal – Julieta Venegas
- Wow, ¿Ya viste el color del cielo? ¿No te parece romántico?
- ¿Por qué debería?, tan sólo tiene otros colores diferentes
- Pero el atardecer hace que se todo se vea tan lindo
- No se que le ves de grandioso. ¡Ey! ¿Esa nube tiene forma de oddish? ¡Genial!
- ¡Acepto el reto! ¡Sera una batalla de 3 vs 3!
- ¡Ash espera! Prometiste que iríamos a cine, vamos a llegar tarde…
- No importa Mist, llegaremos a la otra función
- Pero era la úl…
- ¡Pikachu, yo te elijo!
- Olvidalo...
¡Como la desesperaba! Muchos podrían decir que la paciencia es una virtud que no poseía en demasía, pero sin duda era debido a que toda se agotaba con él – y de manera muy rápida –. Su "novio"llegaba a ser un inmaduro de primera; no es que no supiera eso desde antes, pero tontamente se había ilusionado de más cuando ella le había confesado lo que sentía.
Cuando iniciaron su relación, esperaba que pudieran pasar tiempo como cualquier pareja normal. Donde le regalaría flores, algún chocolate, la invitaría a cenar para pasar la tarde juntos. ¡Tonta!
No podía echarle la culpa a nadie más que a ella, porque ella sola se había creado ilusiones olvidando por completo que era Ash Ketchum de quien estamos hablando, el obsesionado con los pokémon, el que mañana podría irse de viaje sin fecha de regreso, el que nunca se quita la gorra ni para una cena importante, el tragón sin remedio. Si, ese era él.
La sacaba de sus casillas, porque a veces quería algo más… esperaba que fuera diferente.
- ¡Genial Frogadier! ¡Ganamos! – exclamo el entrenador.
Sonrió al sentir una especie de dejavú al verlo celebrar de manera eufórica, como si hubiera ganado alguna liga. De pronto sintió que no hubiera pasado tiempo desde que viajaran juntos, cuando conservaba intacto ese entusiasmo.
Mientras él seguía festejando con su pokémon acuático, el otro chico se retiró triste y desilusionado por haber perdido.
De repente, sin percatarse, siente un contacto ya muy bien conocido por ella y de manera automática – a pesar de su pequeño coraje que tuvo hace unos minutos – devuelve con él mismo fervor que él pelinegro imprime en aquella muestra de cariño.
- Gracias por estar aquí Mist… – le susurra cerca de su oído, provocando un pequeño – y placentero – escalofrió en ella. La pelirroja se queda callada, un poco extrañada del comportamiento de su novio – Quiero que siempre estés aquí, junto a mi… en todas mis batallas – Tomó su mano con suavidad, mientras le dedicaba una tierna mirada antes de volverla a besar.
Sacado de la nada, tan sorpresivo como si un caterpie le ganará a un pidgeotto, en su forma extraña y peculiar, lo que acababa de decir… era sin duda lo más romántico que él le había dicho.
Entonces se dio cuenta que a pesar de que la seguiría desesperando, con esas palabras espontáneas, con esa sonrisa que era dedicada a ella, lo quiso, quiere y querrá tal cual es.
Shine – Birdy
Ella lo veía desde adentro de la pequeña casa de pueblo Paleta, donde las trazas de las gotas de lluvia quedaban marcadas en su ventana y la imagen de él, cansado, resignado, generaba que su corazón se estrujara de tal manera que las líneas de agua que veía en la ventana, se reflejaran en su propio rostro.
Tenía que ayudarlo, no estaba segura cómo, pero intentaría de alguna manera guiarlo para que saliera de esa obscuridad en la que que él se estaba encerrando, adentrándose día tras día desde que la noticia les llegó a todos derrumbando por completo sus vidas. La de Ash sobretodo.
Era extraño, todos los días esperaba por él pacientemente… anhelando tenerlo de regreso, pensando que cuando lo hiciera todo volvería a ser como antes, que llegaría sonriente, la abrazaría de manera efusiva y empezaría a contarle todas sus maravillosas historias y aventuras; sin embargo, su regreso se debía a una tragedia y su brillante sonrisa que siempre lo caracterizaba no había aparecido ni un solo instante y no estaba segura cuando volvería a adornar su rostro.
Camino hacia él sin importarle que la lluvia la mojara sin misericordia. ¿Sería acaso que por tantos encuentros míticos los Dioses le concedieron a Ash esta tempestad para reflejar su sentir? ¿Lugia, tal vez? Al fin y al cabo, aún recordaba claramente ese encuentro con el guardián del agua, en su gran proeza del Elegido.
Cuando llegó hasta él, le colocó una chamarra – posiblemente inútil – intentando protegerlo un poco, como siempre lo había hecho… prometiendo jamás dejarlo solo. Él no dijo ni una palabra, tan solo sus miradas se cruzaron y notó el vacío que existía en esos ojos que solían brillar siempre.
Algo llamó su atención. A pesar de todo lo que podía estar sufriendo, ni una sola lágrima había recorrido su mejilla en los días pasados, pareciera que estaba conteniéndose… deseando que de alguna manera, si no salía nada de él… esto no fuera real y su vida no sería así de fría.
Intentó decir algo, pero no estaba segura como comenzar… pronto ya no tuvo que hacerlo.
- ¿Tú crees que… pensó que me olvidé de ella? ¿Qué la dejé tanto tiempo atrás… y que ya no significaba nada para mí?
- Claro que no, hijo. Misty, sabía que solo estabas cumpliendo tu sueño… y que algún día regresarías como campeón.
- ¿Campeón? – bufó Ash, cansado. Esa palabra era una auténtica burla para lo que estaba viviendo. - ¡¿Mi sueño valía alejarme tanto de ella?! ¡Yo me iba! ¡Apenas acaba un viaje y no me detenía a pensar… ¡en nada! No sabía… lo que le pasaba.
- Nadie lo supo… ni sus hermanas nos comentaron nunca nada.
- La última vez que hablé con ella… me dijo que esperaba que volviera pronto… ¿Sabes qué le contesté?
Ella prefirió callar esperando que su hijo continuara, que desahogara sus pensamientos, sus sentimientos, su rabia y tristeza.
- Le dije que seguramente acabando la liga iba a iniciar otro viaje, sin regresar a Kanto… ¡sin regresar a casa! Y… me vio de una manera tan extraña… ¡y no me dijo nada!... Sólo me dijo que esperaba que viviera más aventuras y yo... yo jamás… pensé que sería la última vez que escucharía su voz…
Fue entonces que por fin, después de cinco días había liberado la presión que llevaba encima de él.
La abrazó como cuando era pequeño y le asustaban las tormentas, apretándola fuertemente… con cierta desesperación, rabia interna… murmurando un montón de cosas. Que era una terrible persona, mal amigo y ella se fue sin saber nada.
Delia no pudo hacer nada más que abrazarlo, mecerlo suavemente. No estaba segura de cómo, pero ayudaría a su hijo, tomaría su mano y lo guiaría por ese largo y pesado camino hasta verlo recuperado, porque sabía que Misty querría verlo de nuevo brillando de esa manera que siempre esperó volver a ver.
Después de ti – DLD
Era irónico que al caracterizarse por ser un completo dormilón, quisiera abrir los ojos al primer rayo de sol que tocara su cara. Por lo general, buscaría taparse por completo con las cobijas, destrozando cualquier despertador que se interpusiera en su cita favorita con la almohada pero sin dudas ahora tenía una razón poderosa para querer abrir sus ojos.
A lado de él, se encontraba la chica que incitaba su sonrisa – aunque por muchos momentos tan solo le provocaba dolor de cabeza – durmiendo pacíficamente, buscando entre sus sueños, ese calor que empezaba a familiarizarse.
Era por eso que empezaba a hacerle costumbre –una muy bella costumbre – despertar antes que ella, para poder contemplarla… poder entender que lo que tenían ya no era algo irreal.
Por mucho tiempo se habían alejado y volverse a encontrar no había significado recuperar de manera mágica aquella conexión que habían tenido antes. Siendo ambos tan obstinados y orgullosa, habían pasado momentos de difíciles… la confianza sin duda era algo que no se volvía a ganar fácilmente una vez perdida.
Ahora se sentía dichoso, no afortunado, pues darle crédito a la suerte, sería restarle importancia a todo lo que habían vivido que sin duda había forjado lo que tenía ahora.
Decir que la amaba, resultaba una obviedad cualquiera. Lo que sentía por la pelirroja iba más allá de eso, porque provocaba un torbellino de emociones que nunca se cansaría de sentir. La furia en sus discusiones absurdas, la alegría en poderla abrazarla de esa íntima manera, la tristeza que sentía al irse de viaje y no tenerla cerca, el fastidio cuando se ponía de orgullosa – posiblemente el también –, el miedo que sentía de perderla por alguna tontería… todo eso y más, sentía por ella.
Porque después de ella… después de sentir su piel sobre la suya, de despertar con el aroma exquisito de su cuerpo, poder acariciarla y amarla…observar su sonrisa… escuchar su voz, sus palabras dulces y reales, sabía que jamás habría nadie después de ella.
Y si pudiera volver el tiempo, teniendo la oportunidad – posiblemente única – de evitar pasar por todo lo que tuvo que pasar para llegar a ese momento, no cambiaría nada, porque tenía absolutamente todo lo que él quería y todo había valido la pena.
Fix you – Coldplay
2:00 am
La ligera pero constante lluvia dejaba su marca sobre el parabrisas. Conducir a esas horas y con las condiciones climatológicas era difícil y pesado; aún más con un ya largo trayecto recorrido. La música del radio era opacada por sus pensamientos, quedando a un volumen bajo esperando que fuera reconfortante para su copiloto.
Ella estaba dormida o aparentaba estarlo, cerrando los ojos posiblemente huyendo, tratando de olvidar por un instante aunque sea de todo lo último que había transcurrido en su vida.
Al recibir su llamada, y escucharla en ese estado no dudo un segundo en ir a su rescate. Apenas pudo entender algo entre sus frases incompletas por su voz cortada por las lágrimas, agradeció que comprendiera en donde se encontraba para poder ir por ella.
Verla en ese estado, en la banca de ese solitario parque empapada por la lluvia sin ningún abrigo y sin importarle lo que le pudiera pasar, provocaba que le hirviera la sangre por pensar que estaba bien, que él la cuidaba adecuadamente y que ella era feliz.
Ese infeliz pagaría por lo que le había hecho, lo electrocutaría por cada lágrima que estaba derramando ella; sin embargo, la venganza no era su prioridad, ella lo era. Debía regresar esa sonrisa, que quien sabe desde cuando desapareció.
4:25 am
"Bienvenidos a Pueblo Paleta"
Alcanzó a leer y suspiro de alivio de por fin haber llegado a su hogar. Se estacionó y contempló por un segundo a la pelirroja, enrollada en su chamarra como intentando protegerse de todos esos demonios. Del engaño, de la prensa, de la liga, de su gimnasio… de él. Era increíble como el muy maldito había podido destruir todo lo que ella por si sola había construido.
Tocó su hombro con cuidado, y sintió como se tensó ante su contacto. Trató de no darle importancia, poco a poco la ayudaría a ser la de antes.
- Mist… ya llegamos a casa – dijo en voz baja, transmitiéndole seguridad… La chica volteó a verlo y a pesar de que sus ojos estaban rojizos, le seguían pareciendo hermosos. Misty solo asintió.
La dirigió hasta la habitación donde se quedaría por un tiempo, indicándole que podía hacer uso de todo lo que había ahí… al fin y al cabo esa era su casa. Ash abandonó el cuarto para permitir que ella se cambiara de ropa por algo más cómodo y seco, mientras buscaba más cobijas que proporcionarle. Tocó a la puerta, esperando su autorización… nunca lo obtuvo, solo se escuchó los pequeños y débiles sollozos de la pelirroja.
No quería invadir, no quería acercarse sin permiso; pero no podía simplemente quedarse sin hacer nada. Abrió la puerta de la habitación y la encontró sentada en su cama, con las manos en su rostro intentado detener su llanto.
Dejó las cobijas que traía en las manos en la pequeña silla que tenía cerca para acercarse, se plantó delante de ella colocándose en cuclillas.
- Mist… - se sentía impotente al no saber qué decir, maldecía ser malo con las palabras y buscaba del fondo de su alma alguna palabra de consuelo para la chica.
No la encontró. Por eso prefirió abrazarla, colocar su cabeza sobre su pecho, frotando sus manos en su espalda, cuidadosamente buscándole ofrecer alivio…
- ¿Có-mo… pudo… hacerlo? ¿Cómo fui tan… idiota?
- ¡Ey… ey… ey… estarás bien… tranquila
- Perdí todo… mi carrera, mi gimnasio… creen que soy una… cualquiera y yo pensé que él… -
- Estarás bien – repetía una y otra vez en una especie de juramento hacia ella y así él mismo, porque estaba seguro que haría todo lo humanamente posible para que regresara la mujer que conocía y amaba, sanaría una a una sus heridas con sumo cuidado.
– Te ayudaré…recuperaremos todo… juntos lo haremos, no estarás sola en esto. – beso su frente, y la volvió a abrazar.
Jamás había prometido con tanto fervor algo, como esa madrugada. Curaría todas las cicatrices de su alma.
Con ese juramento y sus manos proporcionándole cariño y seguridad… por primera vez en mucho tiempo, Misty se sintió segura. Después de todo con él, estaba en casa.
¿Qué tal? Espero que les haya gustado, la verdad me siento igual de nerviosa jajaja como la primera vez que publique. Ojala me puedan dar sus opinión
Esta colección de one-shots es con dedicación a las cumpleañeras ANDY y MAY! FELIZ CUMPLEAÑOS!
Andy, muchas gracias por todo y aunque no lo creas jajaja que me molestes a cada rato con que escriba es lo que hace que aunque sea poco, pueda seguir haciéndolo, además ¿Que mejor que recibir apoyo de tu escritora favorita? Ojala nos veamos pronto para festejar, sabes lo mucho que aprecio tu amistad :)
May, aunque ya no tenga mi otro face créeme que aún me acuerdo mucho de ti y te extraño y extraño hacer PokeBullying jajajaja.
Feliz día chicas! (Y SI, SE QUE ME ADELANTE UN DÍA)
