Bueno, bueno, otro día, otra historia. Esta vez se deja el romance de lado para entrar al lado oscuro, algo muy característico de este escritor, que nos deleita con una historia con cierto aire de suspenso... El aporte de Captain Elegost ¡A leer!
Disclaimer: KND no me pertenece, es propiedad de Mr Warburton, Curious Pictures y Cartoon Network Studios.
Una charla con el Diablo.
Writing operative:
Captain Elegost
"Es mejor reinar en los infiernos que servir en los cielos." John Milton, Paraíso Perdido.
Un frío manto de melancolía oprimía el corazón de Cree Olivera, un sentimiento intenso y profundo que se anidaba en su alma y la carcomía poco a poco. Su cumpleaños número trece estaba a tres días de celebrarse y el sentimiento de zozobra era cada vez más intenso.
Era una norma inquebrantable de los chicos del barrio, que al cumplir los trece años, los agentes en activo debían ser decomisados, es decir, todo recuerdo que involucrara a la organización debía ser borrado. El miedo de que los agentes convertidos en adolescentes traicionaran a la organización era el motivo que justificaba esa acción.
Muchas preguntas rondaban su cabeza, como ¿por qué decomisar a los agentes al cumplir los trece años? Los cambios hormonales en las chicas comenzaban dos años antes, varias agentes tenían apariencia de adolescentes incluso antes de entrar a secundaria. No solo era eso, ¿cómo saber si no los traicionarían antes de esa edad? ¿o si ellos nunca intentarían traicionarlos? Ella sabía muy bien que no podía externar sus dudas a los altos mandos, dudar de la organización se consideraba un dogma inquebrantable dentro de KND.
Trató de caminar por el parque, en un intento de calmar su inquietud, mas aquel sentimiento aun persistía y no le quedó más remedio que sentarse en una banca a observar el panorama. Parecía un lugar apacible, con niños volando papalotes, perros persiguiendo frisbees o el aroma de hot dogs y palomitas esparciéndose en el aire.
—Disculpa, estás sentada en mi banca —Cree alzó la vista y vio que quien le dirigía la palabra era un anciano. Ella sentía que lo había visto antes.
—Di… disculpe… no lo sabía —respondió nerviosamente Cree.
—Descuida, no estás cometiendo un crimen, ni nada por el estilo —Cree se movió, permitiendo sentarse al anciano—. Noto cierta incertidumbre en el timbre de tu voz, ¿Sucede algo?
—No sabría cómo expresarlo, digamos que conoces a alguien por mucho tiempo, haces lo que te ordenan y de pronto él quiere que olvides todo lo que has hecho a su lado.
—¡Vaya con estas chicas! Le entregan todo al primer patán que les sonríe, ¡en mis tiempos, las mujeres se tenían más auto respeto!
—¡No, me malinterpretó, no es eso! —dijo Cree bastante sonrojada—. ¡No estoy ofreciéndole mi virginidad a un chico o algo por el estilo!
—¿Quién habló de tu virginidad?
—Ok, esto fue demasiado bochornoso. –comentó avergonzada— Olvide que dije eso.
—¿Sabes cuál es el problemas con los jóvenes de hoy? Tienen una vida relativamente sedentaria y aun exigen privilegios a los adultos. ¿Sabes cómo fue mi infancia?
Cree negó moviendo su cabeza.
—Fue terrible, atravesábamos por una guerra mundial, y eran tiempos de carestía, uno podía considerarse afortunado si conseguía zapatos nuevos. Fue una época de privaciones, donde con suerte llevábamos comida a nuestro estómago y no estábamos renegando de lo que nos daban de comer. Y aun así, puedo considerarme afortunado, En comparación con Lydia… ella perdió padres y hermanos en los campos de exterminio nazi.
Cree comprendió que hablaba de la abuela de Memo Gonzalez. Memo parecía tan alegre, siempre contando esos malos chistes y, sin embargo, no podía imaginar que algo tan terrible le hubiese pasado a su familia.
—Vaya, mira lo tarde que se me ha hecho, ¡si no me apresuro, perderé mi porción de puré de tapioca en el asilo!
—Disculpe, creo que no le he preguntado su nombre.
—Puedes llamarme Señor Uno —Dijo el anciano, mientras se ponía de pie y se alejaba—. Debes de conocer a mi nieto, se llama Miguel.
Cree se quedó unos segundos pensativa, intentando recordar de dónde lo conocía. De pronto, recordó dónde lo había visto antes.
¡Abuelo! ¡El mismo Satanás en persona!… Pero, se supone él ya fue decomisado, entonces ¿por qué decidió hacer charla conmigo?... Es cierto, si es el diablo, entonces no sería tan fácil erradicar su esencia, por algo sabe más el diablo por viejo que por ser diablo y él es bastante viejo.
Aquella tarde, Cree Olivera se quedó reflexionando en la posibilidad de hacer un acto de rebelión al negarse a entregar sus recuerdos. La decisión era difícil, por lo que se quedó sentada hasta que la noche la alcanzó y aun así, no consiguió una respuesta concluyente.
