Advertencia antes de leer éste capítulo: Spoiler si no vas al tanto con el anime ya que hay mención de la infancia de Law.
Capítulo 16.
Nightmare.
El viento soplaba suavemente sacudiendo los negros cabellos de Luffy quien se encontraba recostado encima del pasto, dejándose llevar por la tranquilidad del ambiente había resultado en quedarse dormido. Las aves cantaban, eran alrededor de las 9:30 de la mañana, por lo cual el sol era bastante cálido sin llegar a ser molesto, además de que los enormes árboles le daban la sombra perfecta. Aún dormido podía olfatear a la perfección el olor a pasto y tierra húmeda.
Todos sabemos que nuestro querido protagonista, al ser un chico que creció aprendiendo a cuidarse por si mismo, al adentrarse en el bosque y cazar animales junto a sus hermanos, había desarrollado habilidades similares a las de un animal. Cosas como instinto de supervivencia, olfato altamente desarrollado al igual que oído, agilidad, entre muchas otras cosas; Por lo cuál no debería ser sorpresa cuando pudo percibir dos aromas familiares acercándose.
-Luffy... Luffy. - Lo removía una mano tratando de levantarlo de manera cariñosa.
-¡Despierta de una vez mocoso! - Regaño una persona con voz mucho más agresiva a la vez que le soltaba un golpe en la cabeza que terminó por despertarlo.
- ¡¿Qué sucedió?! - Gritó mugiwara alarmado. - ¿La marina?, ¿Un enemigo? - Alterado comenzó a voltear a todas direcciones sin comprender el lugar en el que se encontraba.
-¿De qué hablas, tonto? - Al girar la cabeza pudo ver a un niño de cabello negro levemente ondulados y ojos cafés que tenía unas características pecas en las mejillas, el pequeño tenía el ceño fruncido como lo había tenido siempre en la infancia.
-Seguramente soñó de nuevo con que era pirata. - Dijo otro niño de manera cariñosa, él tenía el cabello corto de un hermoso color rubio, piel blanquecina y con una enorme sonrisa con su usual diente faltante.
Luffy abrió los ojos cual grandes eran y en un rápido movimiento se levantó provocándole mareo por unos instantes. Sus manos le temblaban y su rostro se había puesto totalmente pálido, quería articular palabras pero su voz simplemente no salía. Con ojos desorbitados en confusión, dio tres pasos hacia atrás a la vez que se llevaba una mano a la boca cubriéndola intentando contener las lágrimas que ya comenzaban a asomarse por sus ojos.
-¿Luffy? - El primero en reaccionar ante la manera tan desconcertante de reaccionar de su pequeño hermano fue Sabo quien se acercaba preocupado. - ¿Qué te sucede?
Tras unos segundos de silencio por fin se dio por vencido ante todo el cúmulo de emociones que estaba sintiendo. Lágrimas gruesas y persistentes comenzaron a resbalar desde sus ojos, pasando por sus mejillas y cayendo finalmente por su barbilla. Un tenue sonrojo se formó en sus mejillas al momento que una enorme sonrisa, más deslumbrante que las que solía hacer siempre se formó en su rostro y sin esperar más se lanzó a los brazos de sus dos hermanos tirándolos al piso mientras gritaba sus nombres.
-¡Ace!, ¡Sabo! - Lloriqueaba a moco tendido con la voz entre cortada, pudiendo apenas formular frases que pudieran parecer mínimamente entendibles.
Los mayores se miraban mutuamente con una chispa de duda impregnada en sus ojos, y a continuación vieron al menor aún llorando. No era raro ver a Luffy llorar... Después de todo ésa parecía ser una de las aficiones de aquél mocoso, pero... Había algo realmente extraño en ése llanto, y es qué éste estaba cargado de dolor, de desesperación y su abrazo era extremadamente aprensivo.
El pecoso, quien era una persona que debido a las circunstancias en las que había crecido, era una persona a la que le costaba demasiado sacar sus verdaderas emociones a flote, no tuvo opción más que alejar al menor y soltarle un coscorrón en la cabeza gritándole que se callara, aún cuando lo que verdaderamente quiso darle a entender es que no le gustaba verlo llorar y que quería tranquilizarlo.
Sabo por su parte fue mucho más amable con el menor, siendo éste la mamá gallina del grupo. Preocupado comenzó a revisar la cabeza de su hermanito asegurándose de que el pecoso no le hubiera sacado un chichón y a continuación acarició sus negros cabellos en un gesto cariñoso a la vez que le sonreía de manera tranquilizadora.
-¿Tuviste un mal sueño? - Preguntó con voz calmada.
Luffy, por su parte no entendía que es lo que estaba ocurriendo, pero en ése momento nada le interesaba más que disfrutar aquél momento. No le había dolido en lo absoluto el golpe de Ace, al contrario había sido un acto que lo llenó de nostalgia, ya que él con el paso de tiempo había llegado a comprender las formas en las que el pecoso demostraba su afecto. Por otra parte la caricia en su cabeza por parte de Sabo había llenado su pecho de tranquilidad y paz.
El pequeño de la cicatriz bajo el ojo, miró nuevamente a su alrededor dándose cuenta de que estaban al lado del riachuelo donde solían ir a pescar, y a pasos lentos se dirigió hacia éste.
Curioso se asomó a la orilla dónde pudo observar su reflejo y se sorprendió al darse cuenta de que nuevamente tenía 7 años, podía observar aquellos enormes ojos chocolate que se veían mucho más grande debido a su posición de infante, su cabeza era más grande que su cuerpo, sus manos, y extremidades eran demasiado cortas, su cabello estaba más corto y tenía el cuerpo lleno de raspaduras y curitas.
-¿Luffy? - Llamarón nuevamente sus hermanos de juramento ahora más preocupados porque la actitud de éste estuviera mucho más calmada a su usual manera de comportarse.
-Fue... ¿Un sueño? - Se preguntó a sí mismo confundido. - ¿Todo?
Desconcertado intentó rememorar que es lo que estaba haciendo antes de quedarse dormido pero no podía recordar más que figuras difusas. Una persona de espaldas con una inusual cabellera verde, al lado de un tipo alto con afro, otra figura con una extraña nariz larga, una silueta negra de lo que parecía ser un robot, un mapache, podía recordar con trabajo a un hombre maniobrando instrumentos de cocina, recordaba unos extraños tatuajes con la palabra "Death" escrita, un niño junto a un tipo con peinado extraño y... Dos figuras femeninas.
Ladeando la cabeza quiso recordar más a fondo, intentando que aquellas figuras se vieran con mejor claridad, pero simplemente todo estaba borroso.
-Luffy - Llamó Ace quien se encontraba dándole la espalda, tenía en manos un tubo de hierro que utilizaba siempre en sus peleas. - Vamos a Gray Terminal a buscar más material para nuestra base.
El menor parpadeo un par de veces confundido para después sonreír ampliamente y correr tras sus hermanos dando pequeños saltos olvidándose completamente de aquél extraño sueño que en ése momento carecía de importancia.
-¿Qué está sucediendo? - Gritó Zoro furioso al ver como su capitán comenzaba a ser rodeado por unas ramificaciones provenientes del piso que habían tomado tanto sus muñecas como los tobillos, éste se encontraba inconsciente y estaba suspendido unos centímetros en el aire. - Maldición - Exclamó enojado a la vez que desenvainaba dos de sus espadas ignorando por vez primera la orden de Luffy de no interferir en su batalla.
-No tan rápido. - Susurró Dante a la vez estiraba el brazo hacia enfrente con la palma extendida y todo alrededor se obscurecía.
El peli verde fastidiado cerró los ojos buscando a su capitán con ayuda del haki de observación, y tras unos instantes de concentración pudo distinguir la presencia de su capitán, por lo que satisfecho volvió a abrir los ojos en lo que fortalecía sus espadas; Sin embargo, no pudo completar el ataque que tenía planeado debido a que una extraña presencia se colocó enfrente impidiéndole seguir con su camino.
Zoro fastidiado quiso cortar aquella aura azul que poco a poco iba tomando forma humana, pero justo centímetros antes de que éste pudiera formular ésa acción, se detuvo en seco, con los ojos abiertos cual grandes eran debido a la impresión, sudor frío comenzaba a caer por su frente y su cuerpo temblaba levemente.
Frente a él había aparecido una chica de entre 23 a 24 años, de hermosa figura, piel blanquecina, ojos grandes de color obscuro, y un hermoso cabello azul corto, tenía una sonrisa arrogante pintada en el rostro, y cruzando los brazos observaba fijamente al peli verde.
-Has crecido mucho Zoro. - Decía con una voz que al hombre le había parecido increíblemente familiar. - Veo que has cuidado de Wado Ichimonji.
-Kuina... - Susurró por lo bajo, a la vez que retrocedía unos pasos.
-Ha pasado mucho tiempo. - Ella caminando unos pasos hacia él, había desenvainado del haramaki de Zoro, la espada de funda blanca que originalmente le pertenecía. - Comprobaré que tanto has mejorado. - En un rápido movimiento lanzó un ataque firme contra el peli verde quien al estar aún en estado de shock pudo eludir por poco.
El pequeño Luffy había estado correteando de un lado para otro siguiendo a sus preciados hermanos, habían estado recolectando materia y demás materiales que pudieran usar para adornar su preciada base que supuestamente debía ser un barco pirata, pero que ciertamente era tan sólo una simple casa del árbol.
Habían atravesado el bosque, y tras pelear con un enorme jabalí salvaje lo habían capturado y ahora se encontraban cargándolo para llevarlo con Dadán quien se encargaría de cocinarlo para la cena. Los tres hermanos de juramento se encontraban charlando de cualquier tema que en general carecía de importancia, al ser una plática formulada por unos simples niños.
Luffy se encontraba más que feliz, una cálida sensación recorría su cuerpo entero, seguida de una paz incomparable que lo acunaba. Sentía como si tuviera todo el tiempo del mundo para estar ahí, que nada ni nadie podría perturbarlo, el futuro no interesaba, en ése momento lo único que le interesaba era disfrutar su presente; Ya se encargaría otro día de pensar en su sueño de ser rey de los piratas, porque lo único importante ahora, era estar al lado de sus hermanos.
-Ace, Sabo. - Decía el niño de resplandeciente sonrisa obteniendo la atención de los nombrados. - Ustedes son los mejores hermanos que podría desear.
El pecoso ante lo anterior dicho se había sonrojado levemente por lo que había intentado disimularlo desviando la mirada y soltando una serie de insultos hacia el menor diciéndole lo cursi que era al soltar cosas sentimentales como esas. Sabo por el contrario había sonreído de oreja a oreja y había revuelto los negros cabellos de Luffy para después contestarle de la misma manera cariñosa con la que éste se les había dirigido.
-Tú también eres el mejor hermano menor.
A Luffy le brillaron los ojos tras esas palabras que conmovieron su corazón y tras corretear alrededor del pecoso y el rubio, daba pequeños saltos a la vez que extendía los brazos imitando a un ave. Entre suaves risas le había preguntado a Ace, si él también consideraba que era el mejor hermano menor del mundo.
-Eres el hermano más torpe. - Decía el pecoso aún con aquel sonrojo en sus mejillas, y las cejas fruncidas intentando hacerse el rudo, pero que tras ver la cara decepcionada del menor se apresuró a corregir. - Pero eres mí hermano menor y torpe, y no te cambiaría por nada. - El pequeño tras escuchar eso nuevamente había sentido calidez en su interior y sin saber porqué unas diminutas lágrimas habían comenzado a caer de sus ojos.
Aquella obscuridad había invadido por completo la zona, y Trafalgar caminaba en linea recta intentando encontrar a mugiwara para desacerse de aquellas ramas que lo tenían preso, pero el camino se le hacía eterno y por alguna razón no lograba percibir absolutamente nada. Hace unos momentos estaba junto a Nico Robin y el pequeño doctor Chopper pero cuando ése tal Dante activo su poder los había separado.
Fastidiado soltó un suspiro y deseo largarse se ése mismo lugar, arrepintiéndose nuevamente por haber formulado una alianza con aquél grupo de piratas impulsivos que nunca se detenían a planificar nada. Enojado recordaba a Doflamingo, no sabía si había estado mucho tiempo o poco dentro de aquella negrura, pero se le hacía eterno, aún cuando sólo habían pasado pocos minutos y cada vez sentía su ansiedad crecer debido a lo corto de tiempo que estaba para contactarlo.
-Law - Escuchó una suave voz tras de sí que lo hizo voltear.
Frente a él estaba una pequeña niña castaña que tenía atado su cabello en pequeñas coletas, tenía puesto un vestido blanco sencillo y unos zapatos rosados, y su piel estaba manchada de puntos blancos. Ella lo miraba con ojos frívolos que habían logrado helarle la sangre.
-Lammy. - Había susurrado el hombre con voz ronca debido a que estaba conteniendo las lágrimas que había reprimido por años.
Justo en el momento que pronuncio su nombre, apareció tanto la madre y padre de Law, y tras de ellos estaban una monja y un grupo de niños reunidos y llorando, gritando de manera desgarradora.
El morocho se había llevado las manos a la cabeza y se había acuclillado intentando imaginar cualquier otra cosa, que le evitara recordar aquellos días infernales en los que había vivido en Flevance. Podía escuchar los disparos, los gemidos, lamentos, y sollozos de las personas que eran asesinadas día con día; Pero... Lo peor de todo era la voz de Lammy quien le reprochaba por haberla dejado sola aquél día.
-Te fuiste. - Decía con voz rencorosa la niña. - Me dejaste dentro del clóset y escapaste solo.
-¡No es cierto! - Gritaba él intentando detenerla. - Yo quise volver por ti... Pero fue demasiado tarde.
-Siempre fui una carga para ti, ¿Verdad Law?, para ti resultó mucho más fácil escapar por cuenta propia, que tener que cargar con un bulto inservible que sólo entorpecería tus pasos.
Los niños habían comenzado a rodear a Trafalgar extendiendo los brazos a la vez que se aferraban de manera desesperada a los pantalones de éste, se encontraban gritando, y llorando, sus manos estaban cubiertas de sangre, a la vez que con voz desgarradora gritaban.
-Duele... Duele mucho...
-¡Maldición! - Gritó él a la vez que extendía la mano formando un enorme room para después desenvainar su espada con la intención de cortarlos. - No son reales... - Se decía a sí mismo. - Ellos... Ya están muertos.
Tras cenar, los tres hermanos habían salido nuevamente adentrándose en las profundidades del bosque para regresar a la base y poder dormir tranquilamente. Tras llegar a su objetivo comenzaron a escalar el enorme árbol para a continuación tumbarse en la fría madera en donde se abrigaron con una pequeña cobija color azul que Dadán les había obsequiado.
Cuando Luffy cerró los ojos se transporto a un paisaje ubicado en el centro del mar, estaba encima de la cubierta de un barco. Curioso comenzó mirar los alrededores, sorprendiéndose al ver que en el piso en lugar de madera había pasto, se emociono al darse cuenta de que había un columpio, y que en el mascaron había lo que parecía ser un león... O tal vez un sol.
Encantado comenzó a inspeccionar todas las habitaciones de aquél singular barco, observando la cocina, las habitaciones y emocionándose de sobre manera al toparse con una enorme pecera. Cuando llegó a ése último cuarto se detuvo en seco al darse cuenta de que en todo el transcurso no había visto a ninguna sola persona a bordo, cosa que hasta a él, quien era un chico enormemente despistado, lo desconcertaba.
Confundido iba a subir las escaleras para salir del lugar pero no lo hizo, ya que al observar por última vez la pecera pudo observar su reflejo, y al hacerlo se asusto un poco al darse cuenta de que era un joven. Al instante miró hacia abajo inspeccionándose, y fuera de asustarlo, lo lleno de curiosidad. Sus manos eran mucho más grandes, su cuerpo estaba mucho más fornido y tenía una enorme cicatriz en el pecho en forma de cruz que al mirarla le ocasionó pesar en el pecho. Siguiendo con su recorrido comenzó a tocar su cabello dándose cuenta de que estaba un poco más largo, tenía puesto un simple chaleco abierto, con unos pantalones pescadores, sus sandalias, y por supuesto lo que nunca podía faltar, su amado sombrero de paja, nada fuera de lugar
-¡Oi!, ¡Luffy! - Escuchó una voz gruesa y autoritaria llamarlo, la cual le pareció increíblemente familiar.
-¿Zoro? - Preguntó por inercia. - Espera... ¿Quién es Zoro? - Se preguntó a si mismo. - ¿Dónde están Ace y Sabo?
Con cierto nivel de ansiedad comenzó a subir nuevamente a la cubierta con la intención de ver a la persona que conocía su nombre, y mientras iba ascendiendo un conocido olor a pescado inundaba sus fosas nasales; Éste parecía provenir de la cocina y de inmediato le abrió el apetito, pensando por alguna razón que quien quiera que estuviera cocinando, debía de ser el mejor.
Escuchó una melodía cálida interpretada a violín, junto a las voces alegres de personas cantando. Todas esas voces las conocía, pero no lograba recordar de donde. Es más... No sabía ni como era posible de que pudiera familiarizarse con voces ajenas a las de Makino, el alcalde, Dadán, los bandidos, su abuelo, sus hermanos, Shanks y su tripulación, ya que después de todo, nunca había salido de su villa, ¿A quién más podía conocer?
Cuando salió por completo los rayos del sol le cayeron de lleno en el rostro cegándolo por unos instantes, tapándose los ojos momentáneamente en lo que se acostumbraba a la luz, y lo primero que sus ojos enfocaron fue la espalda de una mujer que tenía un cabello ondulado de un extravagante color naranja. Curioso quiso acercarse a ella y hablarle, presintiendo que en su interior sabía como es que ésa muchacha se llamaba, pero cuando estuvo a punto de pronunciar palabra alguna, se despertó de su ensoñación debido a sus hermanos nuevamente, quienes lo llamaban para ir a conseguir el desayuno.
Desconcertado se levantó y se miró nuevamente, confirmando que aún tenía 7 años. Confundido comenzó a recordar su sueño intentando darle significado, pero tras pensar por un buen rato se rindió concluyendo simplemente, que cuando llegara a zarpar hacia el mar, y cuando consiguiera un barco, quería uno idéntico a ése.
Robin corría desesperadamente, su respiración era agitada, miraba alrededor buscando un lugar en el que pudiera esconderse, pero no había absolutamente nada. Tras de ella estaba un enorme grupo de marines que la perseguían para asesinarla debido a la recompensa que le habían puesto a su cabeza por el simple hecho de poder leer los poneglyph.
Había terminado por traicionar nuevamente al capitán de una tripulación pirata, quien le había tendido una trampa para entregarla al CP9, pero afortunadamente gracias a la habilidad de su fruta del diablo, había logrado interceptar la información a tiempo y tras asesinar a todo quien se puso en su camino, escapó hacia cualquier parte buscando refugio.
Era una rutina que había vivido una y otra vez a lo largo de toda su vida, desde aquél momento en que se volvió en una criminal por caprichos del gobierno mundial, al cual despreciaba con todas sus fuerzas. Con excepción de Saul, por supuesto, que fue la persona quien la salvo.
Cansada y fastidiada, se seguía preguntando, ¿Por qué seguía con vida?, estaba absolutamente sola en ése mundo, las palabras que Saul le dijo en aquél entonces no terminaban por cumplirse, no había encontrado nakamas a los cuales depositar su confianza. Se había convertido en una mujer que para protegerse a sí misma había encerrado a su corazón en una caja fuerte impenetrable, con el objetivo de no encariñarse con nadie a sabiendas de que terminarían traicionándola.
-¡Estoy cansada! - Pensaba mientras mordía su labio inferior al punto de casi hacerse sangrar. - Sólo quiero morir.
Tony Tony Chopper, un pequeño reno con la nariz azul, era torturado con los fantasmas de su pasado. Su familia nunca lo había querido debido a que era diferente, y en el momento en que se comió una extraña fruta, con sabor horripilante por cierto, había terminado por ser desterrado.
Desde lejos observaba a los humanos en silencio, sin decidirse a acercarse, ya que ésa pobre criatura desconocía lo que era el amor, siendo despreciado hasta por su propia madre, además de que aquellas personas que carecían de pelo, eran de lo más extrañas para él.
Desdichado, se había propuesto por fin a hacer su debut con los humanos para intentar comprobar si estos le permitirían tener un lugar entre ellos. Se había dirigido a una aldea cercana con la más noble e inocente intención de hacer amigos, dentro de sí estaba aquella ansiedad de amor, de comprensión. Aunque fuera una persona, no le importaba nada más, con que tuviera por lo menos a una sola persona que pudiera aceptarlo tal y como era, con eso le bastaba y le sobraba.
Tal fue su decepción cuando en lugar de obtener aquello que anhelaba con desesperación, los humanos comenzaron a dispararle con armas, lo llamaron monstruo, fenómeno e incluso le dijeron horrendo. En ése momento fue cuando se arrepintió de siquiera tener esperanza, le habían destrozado su tierno corazón, y se había sentido aún más solo que en un principio, solo que ahora se le había sumado el miedo y la rabia.
Usopp al ser el más cobarde de la tripulación había logrado escapar de aquella aterradora obscuridad, apenas vio que Dante tenía la intención de utilizar alguna clase de truco extraño.
-"¿Nightmare?" - Pensaba. - "¿Qué clase de endemoniado poder es ése?" - Se preguntaba a la vez que desde una muy prudente distancia observaba escondido tras unos arbustos como sus amigos habían sido capturados al igual que el capitán por aquellas ramificaciones.
Todos los afectados, parecían estar sufriendo, ya que tenían impregnado en el rostro una expresión de dolor enorme, que inclusive a él le había provocado una opresión en el pecho. Terriblemente asustado, se preguntaba que debía de hacer en ésa situación, ya que no podía simplemente salir y atacar a lo tonto, ya que de ser ése el caso solo terminaría siendo afectado por el mismo poder.
Estaba claro que Dante era poseedor de una akuma no mi, pero no podía siquiera adivinar cual se había comido. En todo caso, entre tanta confusión había logrado percatarse de un pequeño... O mejor dicho, un gran detalle que absolutamente nadie había notado por estar tan preocupados en la desaparición de Nami; Y ése era precisamente, que un miembro más de la tripulación se había largado sin decirle nada a nadie, y ésa persona era el cocinero de los mugiwara, kuroashi no Sanji.
Cuando el narizón se dio cuenta de eso, intento rememorar cuando fue la última ocasión en la que el rubio había estado presente. Recordaba claramente el alboroto que éste había ocasionado cuando Nami desapareció por vez primera, y la manera en la que regañaba a Trafalgar para que se apresurara a llevarlos a la isla, también recordaba perfectamente que había salido junto a ellos del Sunny... Y entonces.
-"¡Ése idiota!" - Gritó mentalmente al darse cuenta de cuando fue el momento preciso en el que desaparecio. - "Dejé de saber de Sanji desde el momento en que Nami... O mejor dicho Lydia besó a Luffy" - Sin poder evitarlo se golpeó la frente fuertemente, maldiciendo al cocinero internamente por entrar en depresión justo en un momento crucial como ése, pero ya se encargaría de reclamarle más adelante, ahora lo que más importaba era averiguar como liberar a sus nakamas y a su aliado de ése embrollo.
Luffy estaba tirado en el piso con los ojos desorbitados, debido a la impresión, la ira y la impotencia que estaba sintiendo por dentro. Ésa mañana todo había resultado ser como cualquier otro día, con su rutina habitual, sus bromas usuales y las peleas de siempre. Pero entonces... ¿Por qué estaba pasando eso?, ¿Por qué el desaparecido padre de Sabo había llegado de la nada a llevarlo de vuelta?, ¿Por qué había contratado a Bluejam para capturarlo?, ahora ése maldito noble que decía ser el padre del rubio lo había obligado a regresar a su casa amenazándolo, y ni Ace ni él podían hacer algo al respecto.
Cerrando los ojos, unas pequeñas lágrimas de impotencia comenzaron a caer por sus ojos a la vez que una desolación enorme invadía su pecho. Estaba frustrado, enojado pero por sobre todas las cosas, estaba aterrado, y es que algo en su interior le decía que ése evento sería el primer paso para adentrarse a una desgracia mayor que terminaría por destrozarlo.
-¡No se lo lleven!, ¡No se lo lleven!, ¡No se lo lleven! - Gritaba Luffy desgarrándose la garganta sintiendo como si ya hubiera vivido eso con anterioridad, aterrándose ante un presentimiento sobre un acontecimiento del cual no tenía idea alguna.
Sanji había estado vagando por el bosque cual fantasma, con el alma escapando por su boca y gruesas lágrimas resbalando de sus ojos. Había quedado en shock total al ver semejante escena presenciarse frente a sus ojos, y sentía frustración al no haber podido hacer nada para evitarlo.
Pero en todo caso, no había sido precisamente el beso de Lydia el que había terminado por romper su corazón mujeriego, ya que sabía que aún con todo eso Nami no tenía control sobre su propio cuerpo, por lo cual ésa acción carecía de fundamentos; Pero lo que termino por dejarlo en ése estado fueron las palabras que Lydia soltó segundos antes de besar a Luffy.
-Hay cosas que no puedo controlar al tomar cuerpos prestados. - Recordó las palabras que ésa mujer soltó en aquél momento. - Ciertos sentimientos de esas personas se quedan grabados en éstos...
Fue en ése instante en donde Sanji se dio cuenta de que dentro del corazón de su adorada Nami-san, estaba grabado el profundo sentimiento del amor, y todo éste estaba dirigido hacia su estúpido capitán, al cual insultaba meramente por sus celos injustificados.
Frustrado pateo fuertemente una roca de gran tamaño la cual choco contra una superficie que sono hueca, cosa que llamo su atención y levantó la mirada, quedando boquiabierta al encontrarse con una enorme mansión de lúgubre aspecto.
-¡¿Qué es esto?! - Gritó a todo pulmón.
Continuara...
Agradecimientos:
JenniferAlice: ¿Sabes?, creo que tienes la misma habilidad que yo para analizar la psicología de los personajes, ya que has estado leyendo muy bien a los personajes que cree, como a Lydia y a Dante que son creaciones de mi loca mente. En todo caso, vas por buen camino, y eres de las pocas, por no decir la única que ha sentido pena por Dante hasta ahora, y eso realmente me sorprendió demasiado, porque los personajes malvados que hago, siempre tienen un porqué hacen las cosas, y creo que has logrado entender aunque sea en parte, que hay algo en él que se está guardando dentro, al igual que con Lydia, pero bueno... Ya revelaré todo más adelante. Sobre lo que dices de terminar seca la historia... Creo que has comenzado a oler que el final para éste fanfic está próximo y por eso me dices esas cosas, pero a decir verdad... Sí, éste es el arco final y después de la batalla con Dante tenía terminado terminarlo, ya que nunca tuve la intención de agregar Dressrosa. Pero... Mmm Tal vez al terminar el fanfic haga un mini especial (junto con el capítulo extra que tengo ya planeado sobre Ace) en donde agrege el preciado romance tanto de Luffy con Nami como de Zoro con Robin, es lo que les puedo ofrecer.
LuffyKetchum: No te preocupes por comentar antes o después, lo importante es que me sigues dejando comentarios, que es lo que me da ánimos para continuar escribiendo, enserio lo aprecio. Y por otra parte... Creo que lo tengo merecido porque me tardo años en publicar éste fanfic. TT-TT, pero es que mi cabeza es traicionera, y la inspiración me llega de manera inesperada, además de que en al escuela he estado ocupada.
solitario196: No comas ansias querido amigo, que todo eso ya lo tengo perfectamente planeado... ¡Como Aizen! (si has visto Bleach entenderás), en todo caso, ya no falta mucho para que todas tus dudas se vean resueltas con respecto a la relación e historia de Dante y Lydia, han de faltar entre uno a dos capítulos para que comience a relatarla.
LucyNamiKagome: Jajajaja, si... Nuestro inocente Luffy siente celos y ni siquiera está consciente de que son los celos, por eso termina interpretandolo como simple ira hacia alguien que intenta robarle a sus nakamas. Lo de Zoro.. Pues, sí, en parte se lo merece por lastimar a la pobre de Tashigi y Robin a la vez, pero bueno... Pobrecito, extraña a Kuina.
Tomoyo: He aquí lo prometido, después de tanto esfuerzo logré actualizar, y por fin se viene el climax de ésta batalla jojojojo, la aparición del cejas de espiral por fin se hizo presente y puedo asegurar que el próximo capítulo será de mis favoritos. PD: No digas nada sobre lo que ya acordamos.
