Ahora sí me pase, T-T, los hice esperar demasiado por éste capítulo y me siento muy mal, pero quiero decirles que es porque he estado ocupada con la escuela, he tenido que entregar uno que otro trabajo y he estado muy estresada por eso, además de que como ya he mencionado escribo dos historias a la vez, y eso resulta más difícil de lo que imagine en un principio, además de que a veces mi imaginación me traiciona y no sabe como continuar con la narración o cosas por el estilo, (a pesar de que ya sé como va a terminar), en fin, aquí les traigo el capítulo, y espero que la espera haya valido la pena.
Capítulo 17.
El caballero del amor.
El pequeño Luffy a sus 7 años, se encontraba boca abajo contra el frío suelo al lado de su hermano Ace, había sido atrapado por los malvados piratas de Bluejam que habían capturado a Sabo con el objetivo de regresarlo con su padre a cambio de una buena suma de dinero. Ambos se encontraban forcejeando y gritando que los liberaran.
Después de unos instantes el capitán de ésa hedionda tripulación pirata, les habló con tono de voz tranquilo. Él les había dicho que pensaran en el bien de su amigo, que lo más lógico es que un niño estuviera al lado de sus padres, y que al ser éste hijo de un noble adquiriría beneficios, educación, comida de calidad, entre demás facilidades.
Ace se mostraba dubitativo entre si creer o no en lo que aquél despreciable adulto les explicaba, ya que era cierto que la vida que habían tenido hasta ahora no podía llamarse lujosa, tenían que sobrevivir robando y cazando en el bosque, en ése momento lo único en lo que pensaba era si la decisión correcta era dejar o no a su hermano de juramento al lado de esas personas que se hacían llamar sus padres, ya que después de todo por lo que les había contado el rubio, nunca se había sentido a gusto en el ambiente que había nacido, después de todo si éste se había escapado no había sido por mero capricho.
Los piratas de Bluejam los habían soltado para darles espacio y que pudieran pensar con tranquilidad, ya que por órdenes del capitán no se les haría daño siempre y cuando no volvieran a interferir con Sabo, cosa que también mantenía pensativo al pecoso, ya que no quería poner en peligro a Luffy, debido a que la razón más lógica por el momento era dejar que el rubio continuara con su vida para no ocasionarle molestias.
Tras soltar un pesado suspiro, Ace había girado el rostro hacia su hermano menor para decirle a éste que dejarían a Sabo vivir como quisiera, sin embargo lo que no se esperaba era que al ver el rostro de Luffy, el menor tuviera el rostro deformado en desesperación, él estaba sudando, sus ojos cafés estaban opacados y la pupila estaba completamente contraída, su diminuto cuerpo no dejaba de temblar, a la vez que respiraba con irregularidad comenzando a hiperventilar
-¡Oi, Luffy! - Gritó Ace totalmente preocupado de verlo en tal estado de pánico. - ¿Qué te sucede?
-No,no... - Susurraba éste por lo bajo sin hacer caso a los llamados del pecoso. - No... ¡No! - Sus quejas comenzaban a subir de volumen hasta el punto en que estaba prácticamente gritando.
-¡Luffy, tranquilízate! - Suplicaba el mayor agitándolo levemente por los hombros. - ¡Reacciona!
-¡Sabo no es feliz ahí, Sabo no debe estar en ése lugar! - Gritó lo más fuerte que pudo mientras pequeñas lágrimas comenzaban a asomarse por sus ojos. - ¡Sabo nos necesita! - Tras decir lo último quiso echarse a correr en dirección a la ciudad para traer de vuelta a su hermano pero inmediatamente los subordinados de Bluejam lo detuvieron apresándolo nuevamente contra el frío piso para inmovilizarlo.
-¡Oi! - Gritó Ace furioso mientras tomaba el tubo que utilizaba siempre para sus batallas y con un gran gruñido ordenaba. - ¡Suéltalo!
-Será mejor que se tranquilicen mocosos, ¿Acaso no dije que no planeaba lastimarlos siempre y cuando se mantuvieran alejados del hijo de ése noble?
-¡No haremos nada!, ¡Así que deja a Luffy en paz!
-¿Es eso cierto? - Preguntó el capitán en tono despectivo. - Ésa pequeña sabandija no parece estar de acuerdo contigo. - Dijo señalando al menor quien seguía llorando y forcejeaba cual desesperado por su libertad. - Si no puedes tranquilizarlo, ya sabes lo que pasará.
El pecoso fulminó con la mirada al hombre y se colocó en posición defensiva a la vez que soltaba un ronco gruñido cual bestia salvaje. No entendía porqué su hermano había perdido la cordura de ésa manera, pero parecía que éste ni siquiera estaba consciente de lo que estaba sucediendo, se encontraba dentro de un estado de transe en el cual probablemente no lo escucharía, por lo cual resultaría que a la larga terminarían por querer silenciarlo y él definitivamente no iba a dejar que tocaran a su torpe, impulsivo y querido hermano menor; De manera que la única opción que quedaba era luchar.
Usopp observaba con terror como sus compañeros se veían envueltos cada vez más en aquellas ramificaciones infernales, las cuales parecían estarles provocando un tremendo dolor, el cual podía adivinar simplemente al ver las expresiones de sufrimiento que estaban poniendo.
Estaba asustado, más que eso estaba aterrado, no entendía que es lo que estaba sucediendo, lo único seguro es que su capitán era el que se encontraba en peor estado, ya que su cuerpo estaba siendo sumergido. Mirando de un lado a otro observaba como estaba Dante sentado en una gran roca con una sonrisa ladina observando su trabajo en silencio, como si estuviera disfrutando del panorama, con un aire burlesco que lo único que le provocaba era molestia.
Su mayor preocupación en ése momento era intentar averiguar como liberar a sus amigos de aquellas monstruosidades, y la mejor solución que se le podía pasar por la cabeza era el utilizar fuego para quemarlas, aunque sabía que eso podría causarles daños, y si bien no estaba realmente preocupado por Luffy, Zoro o por Law a sabiendas de que éstos tenían un cuerpo resistente, lo que si le preocupaba era dañar a Chopper y a Robin.
-"Ah claro" - Pensó. - "Basta con liberar a los tres primeros para que rescaten a Chopper y a Robin"
Tras que ése pensamiento cruzara por su mente, soltó una enorme sonrisa, miraba alrededor analizando minuciosamente el perímetro para comenzar a idear su plan, ya que no podía simplemente actuar sin uno, ya que ése tipo llamado Dante se veía fuerte, además teniendo en cuenta de que se encontraban en el Nuevo Mundo tenía que proceder con cautela.
Tras caminar sin rumbo, guiado por su depresión al descubrir que su querida Nami estaba enamorada del torpe que tenía como capitán, Sanji había logrado adentrarse profundamente en el bosque encontrando frente a él un enorme castillo de apariencia lúgubre, con rastros de arquitectura barroca. En los alrededores había un gran jardín, el cual estaba totalmente descuidado, las malas hierbas no habían sido cortadas, y había una pequeña extensión de tierra en donde se veía que habían sido plantada distinta variedad de flores decorativas, las cuales para ése momento estaban totalmente marchitas. Abrazando la mansión había enredaderas de plantas, los muros estaban viejos y descuidados,
Sanji impresionado comenzó a caminar a pasos lentos, atravesando cuidándose de no tropezar con alguna roca traviesa que estuviera oculta entre el pasto, tras de sí se veía la negrura del bosque extenderse dándole el adiós. Él estaba bastante impresionado con su descubrimiento, y casi hubiera querido regresar corriendo junto a Robin para comentarle su hallazgo a sabiendas de que élla estaría maravillada, sin embargo no lo hizo, parecía hipnotizado con aquella escena, y estaba ansioso por entrar al interior.
Continuo caminando hasta encontrarse con una enorme puerta doble que se alzaba imponente frente a él, ésta era de caoba y tenía tallados elegantes en los que se representaban unas hermosas rosas con sus tallos cubiertos de espinas las cuales se enredaban entre sí, dando un decorado de lo más precioso.
El rubio se dio cuenta de que la puerta estaba semi abierta, por lo cual se metió sin empujarla, para evitar hacer ruido en caso de que el enemigo se encontrara por los alrededores. Contrario a sus expectativas, el interior estaba bastante ordenado, había enormes alfombras de colores rojizos en el piso, las escaleras principales que se encontraban frente a él, las cuales se dirigían a las habitaciones, a su derecha estaba un pequeño pasillo el cual dirigía a la enorme cocina, mientras que a su izquierda había una enorme sala.
Caminando con lentitud, comenzó a ver primero los decorados en las paredes, los tapizados, los cuadros o espejos, en los muebles veía alhajeros, floreros, una que otra joya, velas decorativas. Sin más se dirigió a la sala, observando los ostentosos muebles, había una hermosa chimenea la cual estaba encendida, por lo cual él se acerco en busca de un poco de calor, y no es como que se hubiera olvidado por completo de Nami, y ahora estuviera más preocupado por ponerse cómodo, sino que afuera hacia algo de viento, pero no había notado que tenía frío sino hasta que se adentró en aquella cálida mansión. Mientras seguía avanzando sus pasos se escuchaban huecos y resonaban por el lugar al estar en completa soledad, o por lo menos eso era lo que pensaba.
La mirada de Sanji estaba totalmente clavada en aquél enorme recuadro que estaba colocado encima de la chimenea. Observaba a una mujer que estaba al lado del ya conocido Dante, era una pintura bastante bien hecha, que se asemejaba bastante a la realidad, la mujer a su lado era una verdadera preciosidad, incluso podría atreverse a decir que era casi tan hermosa como Boa Hancock, aunque la belleza de aquella mujer estaba principalmente marcada por sus rasgos adorables e inocentes.
Ésa mujer media aproximadamente 1.69 cm, su piel pálida color leche contrastaba hermosamente con aquél tono rosado que se había colocado en sus mejillas, su expresión era amable, tenía una sonrisa deslumbrante que demostraba sinceridad, sus grandes ojos eran de un impresionante color esmeralda, estos se veían tan cálidos que a Sanji le saltó el corazón por unos instantes en otro ataque de enamoramiento, en las mejillas de la muchacha había unas muy tenues pecas que le daban un toque aún más infantil y contrastaban con su largo cabello, tenía un pequeño flequillo, y el resto caía por su espalda, éste era ondulado de un color café claro que llegaba debajo de las rodillas, o poco más. Tenía puesto un vestido antiguo, bajo el cual llevaba un corset, éste tenía una base blanca por en medio, mientras que a los lados era del mismo color que sus ojos, llegaba hasta el piso, tenía encaje negro en el pecho, y en la parte inferior estaba levemente recogido, con unos adornos que asimilaban moños. Para finalizar ella estaba abrazada al brazo de Dante, sostenía la mano de Dante, quien tenía su negro y ondulado cabello atado en una coleta alta, tenía puesto un traje de la época, con camisa blanca, saco y pantalones planchados, además de unos zapatos perfectamente lustrados, el atuendo tenía leves toques de morado, en su bolsillo izquierdo al lado de su corazón tenía colgado una hermosa rosa que contrastaba con el color de sus ojos rojizos, lo cual se veían mucho más cálidos, éste desviaba la mirada avergonzado, y tenía un gran sonrojo en las mejillas. Las manos de ambos individuos entrelazadas dejaban a la vista el anillo de compromiso que había sido pintado, de una manera para que saltara a la vista.
-¿Dante? - Sanji escuchó la voz femenina que sabía pertenecía a Nami, y con eso regresó a la realidad. - ¿Eres tú?, ¿Regresaste tan pronto? - El rubio sabía que a pesar de que la voz pertenecía a su nakama, ésta era mucho más fría de lo normal, y eso no hacía más que provocarle un vuelco en el corazón.
Sin decir palabra alguna, Sanji sacó de su bolsillo un cigarrillo, el cual encendió con tranquilidad en un intento de liberar su estrés, y a continuación regresó lentamente hacia la entrada observando a la mujer quien estaba parada en lo alto de las escaleras.
-Así que aquí estabas, Nami-san. - Habló con voz tranquila mientras exhalaba el humo despreocupadamente. - No... Quiero decir, Lydia-san. - Levantando por fin la mirada se enfrentó a los ojos de su ahora enemiga sintiendo una nueva punzada en su pecho al ver la mirada vacía que ésta reflejaba.
-Ah... Eres uno de los enemigos. - Contestó con indiferencia. - ¿Podrías marcharte?
-Me temo que no puedo concederle ése deseo My Lady. - Se puso la mano en el pecho para hacer una leve reverencia. - No puedo abandonar a una damisela en peligro.
-¿Damisela? - Preguntó en tono burlón. - ¿Es tú manera de conquistar chicas?, ¿Acaso te funciona bien? - Comenzó a bajar por las escaleras despacio. - ¿Recuerdas cuando mencioné que tengo los recuerdos de ésta muchacha? - Él no dijo nada pero ella continuó. - Te facilitaré las cosas proporcionándote información valiosa, ella no se enamorará de ti ni aunque actúes de héroe, ella está...
-Enamorada de mi capitán. - Completó él mientras arqueaba las cejas despreocupado. - A decir verdad, ya lo había sospechado desde hace mucho tiempo, aunque claro, me la pasaba negando que pudiera llegar a ser verdad. - Sonrió divertido. - Es decir... Estoy celoso, ¡Muy celoso de ése bastardo afortunado! - Admitió haciendo su coraje habitual. - Pero...
En ése momento Sanji comenzó a rememorar el día en que un monito idiota aterrizó en el techo del Baratie destrozándolo, el cual fue el acontecimiento que cambió su destino por completo. Él se había resignado, había abandonado su sueño al estar cargado de culpa porque Zeff a quien consideraba como su padre, hubiera tenido que renunciar a su pierna, y a su sueño con eso. Vivía día a día odiándose por quitarle su sueño a ése gran pirata, por lo que se había castigado a sí mismo renunciando a su sueño, lo único que tenía planeado hacer por el resto de su vida era cuidar el Baratie y a su viejo como una manera de reparar el daño que había ocasionado. En todo ése tiempo había estado muerto, ya que... ¿Cómo podría una persona que renuncia a su sueño vivir en plenitud?, algo le faltaba, estaba incompleto, y fue gracias a Luffy que pudo reencontrarse a sí mismo de nuevo.
Desde el momento que vio a su capitán en acción, cuando lo vio peleando contra el que osaba meterse con el tesoro de su viejo, cuando vio la fortaleza de éste, tanto físico como mentalmente, quedó impresionado. Ése hombre era impresionante, y aunque jamás lo diría en voz alta, era como una joya preciosa, de ésas únicas e irrepetibles que no podías encontrar en ningún otro lado. Luffy era un ser excepcional que llegó de manera repentina a su vida, que le regresó sus ganas para vivir, para esforzarse, para luchar por su sueño, él lo lleno de ambición, lo empapo de ganas para vivir, y lo guio de la mano en ése duro camino que es la vida. Le ofreció la mano como el ser benevolente que es por naturaleza.
Desde el principio se dio cuenta de que él no era el único que había llegado a apreciar de sobre manera al capitán, se dio cuenta de que todos lo querían, aunque las palabras no eran necesarias para demostrarse su amor, que más que amigos, sobre todo eran una familia. Su primera aventura fue en Arlong Park, y fue ahí cuando se dio cuenta de la confianza ciega que Luffy tenía en Nami, él en ningún momento dudó de ella, siempre creyó en que eran nakamas y que no había manera de que pudiera traicionarlo. Él ni siquiera quiso escuchar la historia de la vida de Nami, cuando Nojiko se acerco amablemente a contarles... No... Y es que, si algo ha dejado claro Luffy es que a él no le interesa el pasado de nadie, en lo que él se fija es en el presente, en lo que sucede al momento, es un hombre que disfruta de su vida día a día, y él pudo leer a la perfección las verdaderas intenciones de la navegante como si fuera un libro abierto, es por eso que no le parecía extraño que ella se terminara enamorando, ya que desde siempre esos dos fueron muy unidos.
-Estoy celoso pero... Para nosotros Luffy siempre está por encima de todo, y sé que si Nami-san se fijó en él, entonces todo está perfecto, y yo no tengo nada de qué preocuparme.
Lydia no dijo nada, realmente algo en su interior se había conmovido con el cariño mutuo que ésa banda de piratas se demostraba, algo en sí se llenaba de calidez al verlo, y era un sentimiento tan extraño teniendo en cuenta que llevaba años trabajando para endurecer su corazón por completo. Era la primera vez que empezaba a dudar de las cosas que estaba haciendo, y es que también era la primera vez que tenía los recuerdos de la persona a quien le había robado el cuerpo de una manera tan clara, normalmente los recuerdos eran difusos y muy reducidos, pero en ésa ocasión recordaba todo como si fuera ella misma quien había vivido todo eso, y tal vez, la razón por la que se presentaba ése fenómeno era precisamente por la confianza y la fuerza de los lazos que compartían.
-Que lindo. - Dijo esforzándose por mantener su tono de voz frío y seco. - En todo caso... Sé que no te irás hasta recuperar a tu nakama... Pero creo que tienes desventaja... Sé que no puedes pelear contra mujeres. - Sonrió de manera altanera para después colocarse frente a él.
Sanji no se inmutó en ningún momento, no hizo mueca alguna de disgusto ante los comentarios pesados que ella le soltaba, cosa que no hacía más que enfurecerla aún más, lo cual fue razón suficiente para que le soltara una fuerte patada en la mejilla, levantando su pierna con una agilidad y elasticidad admirable, la cual provocó que el rubio cayera al piso lastimado.
Lydia había abierto los ojos enormemente al darse cuenta de que el chico no hizo ni siquiera esfuerzo para esquivar su ataque, por lo que aún más enojada corrió hacia él para plantarle un nuevo golpe el cual se dirigió a su estómago cuando éste intentó levantarse y el cual ocasionó que el aire se le saliera de los pulmones. A continuación ella tomó los rubios cabellos de Sanji para obligarlo a verla directamente a la cara, esperando ver su cara adolorida, pero en lugar de eso él la miraba con un rostro cargado en tristeza que no hizo más que aumentar su coraje.
-¡No me mires así! - Gritó furiosa soltándole un nuevo golpe en el rostro que provocó que retrocediera, y su nariz comenzara a sangrar. - ¡No necesito tu lástima! - Gruño con los ojos desorbitados por las emociones acumuladas.
-Lydia-san... - Susurro jadeante volviendo a pararse, para después volverla a retar con la mirada. - Estás furiosa, ¿Verdad?, sientes frustración, ¿Verdad?
-¡Cállate! - Volvió a gritar a la vez que le soltaba otra serie de patadas en sus puntos vitales en un intento desesperado de callarlo. - ¡Defiéndete!, ¡Pelea! - Ordenaba furiosa de que su enemigo ni siquiera hiciera un esfuerzo por hacerle frente. - ¡¿Qué pasa contigo?! - Preguntó tras ver como el rubio había caído de sentón a la vez que recargaba su cuerpo contra la fría pared. - ¿Por qué no peleas?, ¿Acaso no quieres recuperar a tu nakama?, ¿No viniste por ella?, ¡Cobarde!
Tras un segundo de silencio, en el cual Sanji continuaba sin moverse ni un milímetro, y en el que Lydia jadeaba, intentando recuperar el aire tras la paliza que seguía dándole al chico, él por fin se levantó, y tras meter las manos dentro de sus bolsillos, la volvió a mirar con aquella expresión melancolica, cosa que no hacía más que volverla a irritar, cada vez con mayor intensidad.
-¡Te dije que no necesito tú lástima!
-Hay algo en lo que te equivocas...
-¿Ah?, ¿De qué rayos hablas ahora?
-Esa hermosa mujer que está en la pintura encima de la chimenea, eres tú, ¿Verdad? - Cuestionó y tras el silencio de su oponente, continuo entendiendo que era una afirmación. - Tenías una mirada tan cálida y una sonrisa tan angelical. - Afirmó sonriendo de manera nostálgica. - Ni siquiera puedo comprender que es lo que pudo haberte sucedido como para que tu personalidad se trastornara de ésa manera... Pero hay algo que sí sé, y eso es que estas furiosa con éste mundo, y por eso yo... - En ése preciso momento extendió sus brazos de lado a lado, al igual que sus piernas exponiéndose por completo. - ¡Dejaré que te desquites conmigo! - Gritó con decisión. - Vamos, ¡Golpéame hasta que estés satisfecha!
Ace y Luffy habían logrado salir huyendo del lugar tras vencer a una gran cantidad de los subordinados de Bluejam, bien podían haberse librado de esos sujetos si regresaban a casa con Dadán, sin embargo no podían hacer eso porque Luffy seguía insistiendo con regresar a la ciudad para buscar a Sabo.
-¡Ya basta Luffy!, Ése será el primer lugar donde vayan a buscarnos.
-¡No me importa!
El pecoso fastidiado de tener que lidiar con su hermano, y sabiendo que tenía que llevárselo inmediatamente si quería conservarlo con vida, de manera que tras soltarle un golpe en la nuca para dejarlo inconsciente, lo subió sobre su hombro derecho para después llevarlo cargando de vuelta a su hogar.
En sueños Luffy se veía a sí mismo, sentado sobre el frío piso de concreto, llorando de manera desconsolada, a su alrededor había figuras confusas, todo lo que lo rodeaba se había vuelto totalmente silencioso, podía sentir el frío viento rosar su piel, sus manos, su cuerpo, todo él estaba repleto de sangre, y su garganta había comenzado a sangrar debido al desgaste causado por estar gritando.
Sentía un dolor insoportable en su pecho, todo dentro de sí ardía, pero a la vez sentía un enorme vació dentro de sí, como si algo importante en su vida le acabara de ser arrebatado. Mirando hacia abajo veía la silueta borrosa de lo que parecía ser un hombre tirado boca abajo, pero no podía reconocer a quien pertenecía ésa figura, lo único que sabía es que verla le ocasionaba un enorme pesar y que quería desaparecer en ése preciso momento.
El menor se levantó sudando y con la respiración agitada, mirando a su alrededor veía que estaba en la casa de Dadán en un día cualquiera como los anteriores, el pecoso estaba recargado en una esquina observándolo en silencio, éste aún no entendía porque Luffy se había estado comportando de manera tan extraña, pero todo se lo acreditaba al "secuestro" de Sabo, ya que sabía que el menor era un llorón, había querido despertarlo cuando vio que éste al parecer estaba teniendo pesadillas, pero no lo hizo porque temía que él quisiera volver a ir a la ciudad.
Lo primero que el monito hizo fue mirar fijamente sus manos para asegurarse de que no había sangre, y tras ver que estaban totalmente limpias soltó un suspiro aliviado. A continuación comenzó a buscar a Sabo, y fue en ése momento cuando los recuerdos regresaron a su cabeza de golpe, por lo cual se levantó rápidamente provocando que se mareara levemente. A poco estuvo de salir huyendo nuevamente, pero el pecoso volvió a interponerse en su camino, a la vez que le soltaba un coscorrón en su cabeza, reclamándole porque en primer lugar, si no hubiera mostrado resistencia contra Bluejam, éstos no estarían persiguiéndolos nuevamente, lo cual significaba que habrían podido colarse a la ciudad sin necesitad de ocultarse de sádicos piratas, si éste de verdad estaba tan aferrado en traer de vuelta a su hermano.
Ya había amanecido, y por alguna razón, mugiwara sentía que algo muy malo estaba por suceder ésa misma noche, era una especie de presentimiento que tenía, el cual no sabía explicar, pero que sin duda, algo dentro de sí le pedía a gritos que obedeciera a sus instintos.
Zoro esquivaba los ataques de Kuina una y otra vez, no entendía lo que estaba sucediendo y aún se encontraba bastante confundido, su corazón palpitaba con fuerza por varias razones, una de ellas era por la emoción de volver a ver a su amiga y primer amor, mientras que la otra era precisamente por la tristeza y nostalgia que le ocasionaba recordarla.
Ahora que lo pensaba, nunca pudo despedirse de ella, ya que de un momento para otro ella había muerto, y desapareció por completo de su vida, todo fue tan repentino que pasó bastante tiempo antes de que pudiera aceptar, el hecho de que no la volvería a ver... Y sin embargo, ahí estaba ella, peleando con él como en los viejos tiempos
Pero ésta vez todo era diferente, ya que no era como sus usuales batallas competitivas para demostrar quien era mejor, de las cuales nunca había logrado ganar, sino que en ésta ocasión ella lo veía con una mirada llena de rabia y odio que lo carcomían por dentro, además de que parecía estarlo culpando con la mirada.
-Estoy celosa de tu existencia, Zoro. - Respondía su amiga de la infancia contratacando con su fino estilo de espada. - Tú con tu existencia, aún tienes la posibilidad de convertirte en el mejor...
Roronoa no podía decir nada, ya que el escucharla pronunciar palabras tan dolorosas, no hacían más que llenarlo de culpa aún si él no tenía la culpa de que ella hubiera muerto. Kuina fue su primer amor, y le había tomado mucho tiempo poder superar su dolor, ella era la razón por la que se había esforzado tanto, la razón por la que había soportado dolor, cansancio y por la que había derramado sangre, además de que también era la que había impulsado su sueño.
-Aún así, estaba satisfecha con encargarte a ti mi sueño... ¡Y sin embargo tú me traicionaste!
-¿Qué? - Respondió sorprendido. - Yo cuando...
-Te he estado observando todo éste tiempo... Todo iba bien hasta que ofreciste tu vida a Kuma.
El peli verde se aparto de un salto al darse cuenta de la razón por la que ella lo había estado observando de aquella manera lastimera, ¿Acaso se había sentido lastimada?, después de todo en ése momento ofreció su vida a cambio de la de su capitán. Si lo pensabas con detenimiento, al hacer eso había priorizado a Luffy sobre su sueño.
-No te perdonaré. -Dijo ella en un tono de voz glacial que provocó que a Roronoa se le abriera una vieja herida.
Law temblaba sin poder evitarlo, sabía que todo lo que estaba sucediendo era tan solo un cruel producto de su imaginación, pero no por eso no hacía que fuera menos difícil tener que cortar a aquellas personas que aún ahora habían sido importantes para ti. Si bien no los había matado, el sólo hecho de rebanarlos en diferentes partes ya resultaba en causarle un enorme daño.
Sin embargo, aún con todos sus esfuerzos se había visto incapaz de cortar a Lammy, después de todo era su hermana menor, su todo, la razón de que se hubieran formado ésas enormes ojeras en su rostro, la razón de sus pesadillas, de sus frustraciones y culpas. Todo ése tiempo se había estado culpando por la muerte de su pequeña hermano menor, se había estado regañando porque probablemente hubiera podido salvarla, tal vez pudo dar más de sí mismo, pudo esforzarse más, pudo haberla llevado cargando en su espalda y de ésa manera Lammy estaría viva, estaría a su lado sonriendo, él se hubiera convertido en un honorable doctor y se hubiera encargado de cuidarla todo el tiempo, de darle lo que necesitara, de consentirla. Así mismo, si hubiera rescatado a Lammy él no hubiera enloquecido a tal grado de casi convertirse en un psicópata como el mismísimo Doflamingo, nunca hubiera ido directamente a la cueva de un completo desquiciado que deseaba destruir el mundo. Era cierto que el trauma de perder a sus padres frente a sus ojos, y ver los cuerpos sin vida de sus amigos ya le había ocasionado un trauma enorme que tal vez jamás sería capaz de superar, sin embargo... Si Lammy hubiera sobrevivido, él habría tenido algo a lo cual sostenerse, hubiera tenido una razón para no romperse, para continuar luchando, para esforzarse, habría sido su pequeño rayo de luz que lo sacaría de su obscuridad, y nunca habría ido voluntariamente con Joker.
-Law.
Tras escuchar ésa voz volteó sobre su propio eje para ver tras sus espaldas a un hombre alto de cabellos rubios, cubiertos con un gorro entre rojizo y morado, una camisa con estampados de corazones, pantalones blancos sencillos, zapatos cafés, y ése enorme abrigo negro de plumas. Sorprendido abrió los ojos cual grandes eran, al ver a ése hombre con aquél maquillaje tan peculiar.
-Ah... Es cierto. - Susurro. - Si hubiera salvado a Lammy, nunca habría ido con Doflamingo, nunca te habría conocido, y tú nunca hubieras tenido que preocuparte por un tonto como yo... - Su voz comenzaba a sonar entre cortada. - No te hubieran descubierto... No le hubiera entregado la carta que contenía la información de todos los años que trabajaste de encubierto al único marine que trabajaba para joker... Si no fuera por mí estarías con vida... Cora-san.
Sanji estaba tirado en el piso totalmente ensangrentado, tenía varios moretones tanto en el rostro como el resto del cuerpo, había sido golpeado, pisoteado, y maltratado de todas las maneras que a Lydia se le pudieron haber ocurrido. Ella se encontraba sentada en el abdomen del hombre, a la vez que lo tenía fuertemente agarrado de la camisa jalándolo hacia ella, quien aún no comprendía la razón por la que ése hombre le tenía tanta consideración.
-¿Acaso no viniste por tu amiga? - Repitió insistente. - Si a eso viniste, apúrate a rescatarla.
-Te equivocas... - Le regaló una sonrisa alegre. - Yo vine por ambas. - Afirmó mirándola directamente a los ojos.
-¿Por qué? - Preguntaba aguantando las lágrimas que querían resbalar por sus mejillas. - Si sólo me quitaras éste collar, recuperarías a tu amiga sin necesidad de luchar... Entonces, ¡¿Por qué?!
-Pero... ¡Si te quitara ése collar, tú morirías! - Gritó a todo pulmón dejando a la mujer en shock.
-Tonto... - Sin poder evitarlo las lágrimas resbalaron por sus mejillas ya sin poder contenerlas. - Yo ya estoy muerta.
Continuara...
Agradecimientos:
nico robin piscis 16: Que bueno que te haya llamado la atención, y gracias por leer, perdón por no poderte cumplir con lo de actualizar pronto, pero bueno... Es más difícil de lo que imaginaba subir dos fanfics a la vez, de hecho a veces la inspiración me traiciona, y me cuesta demasiado trabajo terminar un sólo capítulo, pero bueno... Aquí está, y espero te guste.
LucyNamiKagome: Todo estaba perfectamente planeado jojojojo, ya que Sanji siempre se va sin decirle nada a nadie y todos se acuerdan de él hasta después, pobrecito, no hay duda de que a todos les gusta trollearlo. Lo que pasa es que Usopp logró huir a tiempo del ataque de Dante, (Usopp siempre se escapa de todo), por eso puede observar todo sin sufrir de los efectos.
Luffy Ketchum: Que bueno que te haya gustado, y te agradezco por seguir leyendo mi historia a pesar de que siempre me tardo mil años en actualizar. T-T, me siento muy mal por hacerlos esperar, y espero me tengan paciencia.
solitario196: Gracias por continuar mi historia aún cuando siempre me tardo años en actualizarla, T-T, de verdad que te agradezco por tenerme paciencia, y es que me cuesta mucho trabajo actualizar los capítulos porque mi inspiración a menudo me falla, además de que últimamente he tenido que atender a asuntos escolares los cuales por cierto me han tenido bastante fastidiada, pero bueno... Aquí está el capítulo ansió que la espera haya valido la pena.
Tomoyo: Si más te vale... Lo del poder de Dante, aún no he demostrado todas sus habilidades, simplemente una de las más llamativas por así decirlo, en fin, quiero saber que opinas sobre lo que tenía planeado para Sanji, a mi me pareció muy dulce, incluso lloré en una parte mientras estaba escribiendo, porque me fascina saber cuanto se quieren los mugiwara, por eso mismo soy muy insistente en mencionar el afecto mutuo que se tienen, y tú lo sabes mejor que nadie.
Kaoru likes One Piece: Que bueno que te haya gustado lo de la Akuma no Mi del enemigo, para serte sincera me he quebrado la cabeza para pensar en qué habilidad colocarle, de hecho... aún no tengo claro que nombre le voy a poner a la Akuma no Mi de su habilidad, me la estoy pensando mucho, Tal vez me decida en breve pero de no ser el caso, no hay problema, no es necesario mencionarlo jajajajaja. Lo que me dices del detalle de dejar a Usopp afuera, y que Sanji haya desaparecido... Seré sincera, realmente no tenía muy claro que hacer en la escena de batalla, porque... Digamos que soy buena para pensar en una escena épica de peleas, pero al momento de intentar escribirlo se me complica demasiado y se me seca el cerebro, así que realmente me ha estado costando trabajo, pero creo que de alguna manera he logrado compensar mi falta de experiencia.
