Estaban hurgando en sus casilleros, sacaban y metían cosas en sus mochilas como lo dictaba la rutina, concentrados en esa labor. No estaban muchos espacios separados entre si, unos dos o tres aproximadamente, y actuaban de la forma mas natural posible.
El ruido y las voces de todo el alumnado era el de siempre: incesante y excesivo. El clima era como el del día anterior: húmedo, nublado y ventoso; cosa que terminó mojando las ropas de cualquiera que hubiera caminado para llegar a la escuela, y eso incluía a Christophe y Damien. Esa mañana, por un momento consideraron tomar el autobús, pero al ver que estaba mas lleno de lo normal prefirieron ignorar su necesidad de permanecer secos.
-Flashback-
Chris caminaba por la acera de la calle, después de haber rechazado la invitación de Gregory de subir al transporte. Podría haber empezado a llover ligeramente, pero no por ello iba a rebajarse a viajar por bastantes cuadras con los de su grupo escolar.
Caminaba a un paso lento, que pasó a ser uno normal para finalmente ser uno mas apresurado de lo común. Subió el gorro de su sudadera para evitar que su cabello se terminara de humedecer. Sus botas estaban empapadas por haber pisado varios charcos y tenía sus manos en el bolsillo de la misma sudadera, pues una vez se mojaron, el viento hizo de las suyas y las enfrió lo suficiente como para ser incomodo para el castaño.
Se distrajo tratando de no mojarse mas de lo necesario, y sin darse cuenta, caminó una o dos cuadras mas de donde debería haber dado vuelta hacia la izquierda. Al notarlo, este sencillamente bufó y estaba a punto de regresarse cuando una voz lo llamó.
-¡Christophe!
La voz era demasiado conocida para él, como para ignorarla de alguna forma.
Giró hacia la dirección del grito y notó como claramente un chico de sudadera roja se le acercaba casi trotando, con una expresión entre neutra y feliz en su rostro. Sonrió un poco, inconcientemente. Cuando el pelinegro se acerco lo suficiente al otro, se paro en seco y lo saludo con la mano.
-hey, Damien.- Saludó como siempre.
Y no dijeron nada más, y comenzaron a caminar en dirección a la escuela. Damien también tenía el gorro de la sudadera sobre su cabeza, y sus converses mojados. Avanzaron un par de cuadras mas, lo suficiente para que la duda de Damien surgiera.
-oye, ¿Y que hacías en ese lugar cuando te encontré? ¿Qué no se supone que tu tomas otro camino?- Chris solo le presto su atención mientras el otro hablaba y al terminar de hablar, sonrió.
-Bueno, si. Pero me desvié por andar distraído, tratando de no mojarme.
-¿Y funcionó?- cuestionó burlón alzando una ceja.
-¡De maravilla! me siento recién salido de la secadora de ropa...- Dijo sarcástico para después, ambos dejar salir una risita.
La lluvia subió su ritmo, y el trote de los dos chicos también. Las nubes se hacían un poco mas espesas y la distancia para llegar a la escuela se reducía. Llegaron a tal punto que comenzaron a correr sin sentido, pues la lluvia de a poco se intensificaba y sus sudaderas y demás estaban sufriendo las consecuencias. Corrieron no muy rápido, a propósito, pues de alguna forma, disfrutaban sentir las gotas de agua golpear delicadamente su rostro. Se volteaban a ver, de vez en cuando, y siempre que lo hacían, el otro respondía con una agradable sonrisa.
Una vez llegaron al techo más cercano dentro de la escuela, comenzaron a reír de forma alegre. Definitivamente pensaron en lo divertido que había sido eso.
Se quitaron las sudaderas y las exprimieron para quitarles un poco el agua. Por suerte, las playeras que tenían debajo de los abrigos no estaban tan mojadas. Su cabello y zapatos no habían tenido la misma suerte, pues estaban empapados.
Entraron al edificio, y aún faltaban como cinco minutos antes de que las clases iniciaran. Habían llegado relativamente temprano.
Se encaminaron hacia sus casilleros y se dedicaron a guardar sus ropas húmedas, allí.
-fin flashback.-
El timbre se escuchó por todo el lugar, y de mala gana todos se retiraron a sus aulas. Los dos chicos azotaron las puertitas de metal de los casilleros y se encaminaron hacia el salón donde tendrían su siguiente clase. Caminaron lento, por que realmente no querían entrar a sentarse; Estaban demasiados activos por lo de 'mojarse y correr'.
Consideraron seriamente saltarse esa hora, sin embargo, solían hacerlo todo el tiempo cuando se trataba de esa materia, y si no querían reprobar, deberían entrar. Al recordarlo, Chris hizo una mueca de disgusto que Damien notó, y respondió solo alzando los hombros, como diciendo "pues, ya qué".
Entraron al aula, uno al lado del otro, y se sentaron en las sillas de hasta atrás. Esa, como en otro par de aulas, las mesas eran dobles; seguramente como un mal chiste de parte de los profesores para que se fomentara la 'convivencia'.
...
Un muchacho rubio, sentado en una de las mesas medias del aula, compartida con otro pequeño rubio de ojos celestes. Estaba en silencio. Observando a su alrededor, prestando atención en los pequeños detalles que hubiera por allí. Su compañero solo se dedicaba a escuchar música con su reproductor, no se inmutaba demasiado. Y el solo se ponía a pensar sobre todo: sobre porque las personas a veces eran tan crueles entre ellos, pensaba cuando vio a un chico golpear a otro; sobre por que no se limitaban a quedarse sentados, pensó mientras observaba a otros cuantos parados; sobre porqué carajo no se quedaba en silencio de vez en cuando, se dijo mientras no podía ni escuchar en lo que pensaba.
A pesar de que gente entraba y salía por la puerta, cosa que normalmente ignoraría. Puso su total atención cuando notó como un par entró. Sonrió al verlos, puesto que ellos se sonreían mutuamente. Los contrarios avanzaron por el aula y solo para seguir prestándoles atención, giró hacia atrás.
Sonrió victorioso. Gregory había asegurado que esos dos se reconciliarían, y solo por darle la contra, Phillip decía lo contrario, mas sin embargo sabía que así sería. Y ahora, lo estaba viendo. Se reían, y sacudían sus cabellos húmedos. De seguro los había agarrado la lluvia. Se sentía bien por ellos, pues sabía que ya llevaban deseando un rato el estar con el otro.
Los observo platicar unos minutos más. No escuchaba mucho de lo que decían, pero eso no le importaba, al fin y al cabo sentía como se compartían su alegría.
Y se sintió aún mejor cuando, después de unos momentos, ambos se tomaron de las manos por debajo de la mesa. Sonrió ante la acción, y se giró de nuevo hacia enfrente para seguir haciendo cualquier cosa, al fin y al cabo, no debería faltar mucho para que el profesor llegara.
...
Se sentaron en su lugar y dejaron sus mochilas en el suelo. Casi por inercia, se voltearon a ver con una sonrisita alegre. Observaron los ojos ajenos unos segundos... solo unos segundos. Maravilla de segundos para ellos, en los cuales el ruido de todo el lugar parecía haber desaparecido; segundos en los que parecía que solo estaban ellos dos y nadie más. Y así como fueron de rápido esos segundos en la realidad, Chris desvió la mirada un tanto nervioso. Bueno, no nervioso... un poco apenado, o algo así. No podía definirlo, fue como si debiera haberlo hecho por algún motivo. Observó de reojo al otro, quien reía en silencio, así como si estuviera en mute... o quizás todo mundo estaba subiendo el volumen de su voz y no dejaban escuchar al castaño; lo que fuera más razonable.
-¿Que te causa tanta risa?- Preguntó un poco enojado y frunciendo el ceño, al par que sentía como un molesto calor aumentaba en sus mejillas.
-¿Mi mirada te intimida, o qué?- habló burlón. Christophe ríe ligeramente como si de un chiste que le acabaran de contar, se tratara.
-No seas idiota. Pretendía que no fuera tan obvio el hecho de que nos estábamos viendo.- Le dedica una mirada cómplice. El otro hace lo mismo y sonríe confiado.
-No creo que alguien haya se dado cuenta.
Chris solo encoje los hombros ante la respuesta y se recuesta sobre la mesa, usando sus brazos como almohada. El pelinegro lo sigue. Se encuentran ahora de frente. Guardaron un minuto de silencio entre ambos; y del resto del grupo no se podía esperar lo mismo ya que hablaban como si su vida dependiera de ello.
-¡ssssssssshhhhttt, christopheeeee!- susurra, para que "nadie pueda escucharlo".
-¿Que sucede, damieeeeeen?- susurra para seguirle el juego. Con el mismo tonito de voz, exagerado y bobo.
-Uh,... me caes bien...- improvisa.
-Oh woa, que gran revelación inesperada me has proporcionado. Seguro que después bordo la frase en un cojín y lo pongo en la sala de estar para exhibirlo- Responde sarcástico y rueda lo ojos.
- y ah, eres feo...- Ignora el anterior comentario y sigue improvisando frases.
Chris solo le alza la ceja como preguntándole '¿Qué te sucede?'. Damien ríe un poco por la expresión del otro.
-jaja, ok ok, no eres feo... eres, uh, lindo a tu manera.- Dice sonriente. Sin embargo, en lugar de ser parte del 'juego' que mantenía, parecía que hablaba en serio. Un muy leve sonrojo apareció en las mejillas de ambos.
-Tomaré eso como un cumplido, he ignoraré que puede significar otras cosas- Dice, y le sonríe también. Recupera la postura correcta, se vuelve a sentar. Mira un poco hacia todos lados y nota como a su alrededor todos están en lo suyo. El maestro no está presente.
-Hey, ¿Cómo cuanto falta para salir?- pregunta el castaño. El otro revisa la hora.
-Ahh, como 25 minutos.
-Agh, pudimos habernos quedado por allí, en lugar de entrar de hacer nada.- Hace una mueca de disgusto... o indignación, pues no le gustaba estar siempre quieto.
-Puede ser. Aunque el patio iba a estar infestado de lluvia.- contestó el más alto.
El otro recordó lo de la mañana, y río sin realmente intentar evitarlo. Se sacudió el cabello, y lo desenredó un poco. Aún lo tenía húmedo.
Si habría que mencionar alguno de sus momentos favoritos, quizás elegiría lo que le sucedió esa mañana. El sentir el agua fría cayéndole sobre sus ropas, escuchar el zumbido del aire en sus oídos mientras corría, el ver el cielo repleto de nubes claras, el inhalar el aroma de la tierra y madera mojada, y compartir todo aquello con aquél chico que ahora lo acompañaba... bueno, podría decirse que fue un momento bastante único.
- ¿Y?- dijo y lo miro a los ojos. Esbozó una tranquila sonrisa.
Por un segundo olvidaron el hecho de estar en un sitio repleto de otras personas. Solo eran ellos observando, contemplando el intenso tono proveniente de los orbes del contrario; de su querido compañero contrario. Un segundo en el exterior, tiempo infinito para ellos.
Pensaron igual, ya que al mismo tiempo, deslizaron una sus manos hacia su regazo y las acercaron discretamente por debajo de la mesa. Entrelazaron sus dedos lentamente y las presionaron un poco... Y se olvidaron del resto.
A veces parecía ser tan pacífico solo estar allí, sentados haciendo nada, juntos...
Después de veinticinco minutos hablando sobre temas triviales, el timbre de salida se escuchó, y todos comenzaron a salir. Como siempre, el par de chicos salió hasta lo último, a un paso tan tranquilo que se consideraría desesperante para la mayoría de las personas.
Atravesaron la puerta del aula y caminaron un poco entre bolas de adolescente idiotas, para ir a sus casilleros, aunque realmente no se preocuparan mucho por traer un cuaderno específico para cada materia. Escribían (si era necesario) en el primer cuaderno que tomaran y en una hoja al azar. Se le revolvían materias, y perdían trabajos pero, vamos, ¿quien no hace eso por lo menos de vez en cuando? Ya si se trataba de algún maestro muy estricto (de esos que imponen autoridad con una de sus miradas amenazadoras, cumpliendo sus castigos al pie de la letra, gustosos de reprobar a quien no le cae bien y que imparten materias complicadas; matemáticas, por ejemplo) pues allí si se aplicaban un poco, o por lo menos se preocupaban por buscar a alguien a quien copiarles los trabajos. Pip era de las primeras opciones en esos casos, y cuando se resistía, tenían que ir por los sujetos que mejores notas sacaban. No siempre recordaban sus nombres, solo sabían que era el único chico pelirrojo del curso y la chica de boina morada.
Mientras caminaban, Damien ve no muy a lo lejos a un chico alto de ropas con tonos cafés. Como confundir a ese tipo tan singular y tan jodidamente molesto.
-Oye Chris, ¿está Gregory en nuestra siguiente clase?- Le pregunta dudoso, girándose hacia él, pero sin dejar de caminar.
-uh, ¿qué nos toca?
-Inglés, creo.
-Entonces el rubio si va con nosotros.
Y dicho eso, Damien acelera el paso para llegar más pronto hasta donde se encuentra el más alto.
Gregory se encontraba guardando cosas en su mochila casi a la mitad del pasillo, mientras conversaba con X señorita de por allí. Llega Damien por detrás de su cuerpo, y lo toma del hombro para que este volteara. Sonrió amistoso. Se gira de nuevo con la chica y pide que lo disculpe un momento. La chica asiente embobada por el otro... pf, adolescentes.
-¡Oh! Damien... un gusto saludarte.
-Claro. Dime algo: ¿crees que venga la profesora de inglés?- Pregunta. Christophe llega a su paso hasta donde estaba el par, y solo se limita a escuchar lo que ambos decían.
-Sería cuestión de preguntar en las oficinas escolares.- Dice como si de algo obvio se tratara.
-aghhh... ¿Podrías ir a preguntar tu? por favoooooooorrrrr... - menciona como si de un berrinchito se tratara. El mayor hace una mala mueca.
-¿Y porque no puedes ir tu?
-porque... uh... porque Christophe no se siente bien, y debo acompañarlo a enfermería.- miente.
Al escuchar esto, el castaño se sorprende por la repentina "aclaración" del otro. Damien gira a verlo rápidamente, y le dice con una mirada un poco amenazadora que le siga la corriente. Greg gira a ver al chico, quien solo le da por relajar totalmente el cuerpo (como si estuviera totalmente cansado) y asiente un par de veces con una cara triste, fingida, claro está.
-No se ve mal...- les dice entrecerrando los ojos. Sospecha.
-¡Claro que me siento mal! Que no quiera aparentarlo es otro asunto, pédé. -Dice un poco molesto. Greg rueda los ojos.
-Ok, como sea. Iré a preguntar; no tardo.
Dicho esto, le ofrece a la chica ir con él. Ella acepta y desaparecen al dar la vuelta en el pasillo.
Chris frunce el ceño y ve a Damien.
-¿porque le dijiste eso?
-Para tener una excusa para faltar a clase si la maestra si viene...- dice tranquilo, levantando sus hombro en señal de despreocupación.
Chris se relaja. Debía admitir que era una buena idea, es decir: Greg le dice que faltó la maestra, y no tendrán clase. Greg les confirma la asistencia de la maestra, y pueden decir que faltarán porque el chico se siente mal... Jaque mate, institución de mierda.
Ambos se orillan hasta los casilleros, y se quedan recargados en ellos un par de minutos, sin decir nada, solo observando a quien sea que pasa por allí para juzgarlo sin motivo alguno. Y en cuestión de nada, Gregory vuelve a aparecer en su vista, esta vez, solo. Se acerca al par, y se oye el timbre una vez más.
-Eres rápido, Fields.- Dice Chris arqueándole una ceja.
-La oficina estaba a 25 metros, ¿Qué esperabas? ¿Diez minutos de mi ausencia? naah, de mi no te libras tan fácilmente- Dice y le guiña un ojo para mostrarle la seguridad de sus palabras. El par lo mira inexpresivos y se quedan en silencio. -En fin... La profesora faltará.
Ahora, los dos sonríen victoriosos. Greg se contagia de las sonrisitas.
-Por cierto, ¿que no se supone que te sentías mal, Christophe?- Dice sonriéndole burlón.
-¡ah! si... eso. Te mentimos.- Suelta como algo sin importancia. Greg rueda los ojos. Ya lo sabía, al fin y al cabo se trataba de Chris.
-Como sea. Nos vamos...- Vuelve a decir Chris. Se da la media vuelta y camina. Damien se despide con la mano y sigue al otro, dejando al británico, solo.
-oh, claro, de nada. Un gusto haberles ayudado...- Le dice Greg a la nada, irónicamente. Se retira el también de los pasillos cada vez más vacíos.
Damien alcanza al otro y camina a su lado. Dieron un par de vueltas por allí hasta que finalmente optaron por permanecer en las gradas bajas del gimnasio. El lugar estaba vacío, suerte para ellos.
Al principio pensaron en quedarse en silencio, pues no creían lo contrario como algo necesario, pero el aburrimiento les ganó y en menos de cinco minutos ya estaban volteando la vista hacia todos lados con la esperanza de encontrar algo que hacer. Un gran casillero les llamó la atención. Este estaba en una de las esquinas contrarias a las gradas. Allí, era donde los profesores de gimnasia guardaban su "material didáctico" y otras de esas cosas que dicen usar para sus clases.
Pensaron igual, y se giraron a ver con una sonrisa, de esas que surgen de repente cuando alguien consigue algo entretenido que hacer y que llevaba rato buscando ese 'algo'.
Se pararon y se dirigieron a ese lugar, y no tardaron mucho para toparse con lo que ya pensaban: un par de candados. No eran muy grandes, y Christophe se alegró: Trabajo fácil. Abrió su mochila y comenzó a buscar al fondo de la misma. El pelinegro, por su parte, volteó a sus espaldas, pues por un momento cree escuchar algo. Al girar de nuevo, vio como Chris estaba abriendo el segundo candado con suma facilidad. Una vez lo logró, abrió el par de puertas y observó el interior: Estaba repleto de pelotas y sogas casi nuevas.
-Entonces: basquetbol, soccer, o...
-¿Cómo hiciste lo de los candados?- Lo interrumpió y mencionó de forma dudosa. Sabe que no es nada del otro mundo hacer algo como eso, pero le sorprendió la sencillez con la que lo logró.
Chris solo sonríe con cierto aire de superioridad. Y alza lo que aún llevaba entre los dedos, la herramienta que uso para dicha tarea.
-Una... ¿tapa de bolígrafo? ¿Solo con eso lo abriste?
-Seap. Mi madre me lo enseño hace un par de años.- Dice como si se tratara lo más normal del mundo.
Damien se siente intrigado por el tema de la madre de Christophe. Desde que la vio de frente le dio mala espina, y ahora, ¿resulta natural que una persona le enseñe a su hijo cosas que bien podría usar para cosas no exactamente 'correctas'? La duda lo invade, pero prefiere callar, pues la última vez que quiso hacerlo el castaño se puso algo... raro. Quizás eso sea de familia; o sea, lo de ser algo extraño. Seh, lo aceptaba: Chris era extraño... el mismo era extraño... todos eran extraños a su manera en particular... entonces, ¿Qué carajos era 'lo normal'?
Chris comienza a rebuscar entre el mueble para ver que mas hallaba. Chasquea la lengua al no estar satisfecho con lo que tenía para elegir.
-Elige lo que quieras.- Dice él, para después dejar tirada su mochila en el suelo y alejarse un poco de allí.
Damien también deja la mochila en el suelo y observa el interior del armario metálico. Solo eran unas cuantas repisas con varios tipos de balones. Opta por un balón de futbol americano, y Chris, al ver lo que tomó, solo se alejó más.
Sin mucho esfuerzo, lanza el balón correctamente. Chris lo recibe de igual forma, solo para volver a lanzarlo hacia el contrario.
-Pensé que no te gustaba el americano.- Menciona Chris.
-No me gusta la gente que se cree superior por jugarlo y se me hace estúpido lo mucho que le invierte, pero me gusta lanzar el balón...
Chris ríe un poco por el tono cómico que utilizó el otro en su últimos pares de palabras. En ningún momento dejan de lanzarse el balón mutuamente, sin embargo, de a poco se separan más para hacerlo con más fuerza.
-¿y dónde aprendiste a hacerlo tan bien?
-De pequeño solía hacerlo todo el tiempo, mi padre se daba su tiempo. ¿Y tú?
-Igual. Solo que claro, no jugaba con mi padre.
-¿Entonces? ¿Amigos?
-ah... mas bien, compañeros.- Dice el castaño haciendo una mueca de disgusto. -Hijos de trabajadores.
Damien recibe el último pase, y se queda un momento con el balón entre las manos.
-¿Trabajadores?
-De "La grande maison du grand propriétaire"... así le decíamos.
Damien demuestra duda en su rostro. A Christophe le gustaba decir las cosas a medias y mal explicadas. Creía que solía hacerlo a propósito solo para molestar al más alto.
-Sabes, algún día deberías contarme sobre como carajos vivías tu. Sueles ser bastante misterioso en ese aspecto.- reprocha el pelinegro.
-uhm, quizás algún día. ¡Ya! ¡Lánzalo!
Damien cumple la petición del otro. Dejan de hablar, salvo para alguna que otra exclamación consecuencia de un pase fuera de lugar o algo por el estilo. Sin embargo, una vez que lanzaban el balón, observaban cada movimiento del otro. Examinaban como este se movía ágilmente para lograr recibirlo, miraban como se le escapaban sonrisas espontáneas a favor de la actividad y veían como el otro le correspondía la mirada al notar la fija mirada del contrario, que por cierto, para nada le molestaba. Hasta se sentían bien al saber como atrapaban la atención del otro sin hacer esfuerzo de ningún tipo, les gustaba el sentir la mirada ajena, les gustaba saber que le gustaba al otro chico, simplemente... se gustaban. Ya se lo habían dejado prácticamente claro hace un par de días en el patio del francés; no con palabras, pero no importaba, pues los actos importaban más. Aquel día, aquella tarde, no querían ni separarse del otro, pues sentían un gran placer invadirles el pecho cada vez que aprisionaban al contrario entre sus brazos, y uno aún mayor cada vez que saboreaban de los labios ajenos. Y si que se sorprendieron una vez que, después de que el sol se ocultara y Damien se encaminara a su respectiva casa, se dieron cuenta de que el contrario (por mas que quisieran intentarlo) no desaparecía de su mente, de sus recuerdos, de sus pensamientos. El aroma del otro impregnado en sus ropas no mejoró la situación, pero ya no les importaba. Hasta les agradaba. Les agradaba ese vuelco en el estómago que sentían cada vez que recordaban la sensación de la compañía del otro, y ansiaban el momento de volver a sentirlo en su máximo esplendor.
Pasó el tiempo mientras ellos lo mataban con el deporte, y llegó el punto en el que comenzaron a sentirse exhausto, porque siendo sinceros, no era algo a lo cual estaban acostumbrados. Dejaron el balón por allí y se encaminaron a las gradas. Aún faltaban varios minutos para su siguiente clase; alrededor de unos diez, siendo precisos. Damien se sentó primero, pues era el que mas cercano estaba, y una vez que Chris llegó a donde el otro, no se sentó, si no que se acostó, tomando sin permiso el regazo del contrario como una muy práctica almohada; quedando boca-arriba.
-Hola.- Dijo con simpleza e inocencia.
Damien lo observó y sonrío para ambos. Llevó una de sus manos hacia los cabellos cafés del otro y enredó sus dedos en él, para después, acariciar suavemente su cabeza y parte de su nuca. Chris le correspondió mencionados actos con una sincera sonrisa.
-Hola...
Respondió, y rió un poco. Le encantaba en la forma que Christophe a veces llegaba a ser tan juguetón y tan cálido en cuanto muestras de cariño, porque el simple hecho de dedicar sonrisas tan simples y espontáneas de la forma en la que el solo conoce, le hace ver al mayor la verdadera actitud del otro: simple y espontáneo. Y le fascinaba eso. Le fascinaba que estando con, por ejemplo, alguien que no le agradara, fuera frío y cortante, pues no piensa en la hipocresía; que estando con alguien cercano, con alguien de su agrado, fuera burlón y simpático (a su manera, claro); y estando con alguien que de verdad aprecia, fuera cariñoso y alegre... para suerte de Damien, se encontraba en el tercer ejemplo, y aún más suertudo se sentía al saber que, hasta el momento, fuera el único en esa categoría.
-... ¿Cómodo?- Pregunta el pelinegro.
-Nah, no tanto.
Damien rueda los ojos, pero sin desaparecer su sonrisa.
Sabía que sonreía como un bobo cada vez que ese chico se le acercaba. Sabía que el otro chico sonreía como bobo cuando él estaba cerca. Mierda, ambos actuaban con un par de idiotas enamorados cada vez que estaban así de cerca y ni siquiera trataban de ocultarlo... por lo menos ya no.
Chris hace un ademán para que el otro se agachara un poco, poniendo como excusa de que deseaba decirle algo al oído. Por supuesto, Damien no se negó. Bajó su cuerpo un poco, quedando separado del otro por no más de treinta centímetros. Acto seguido: en un rápido movimiento, Christophe levanta sus brazos y rodea el cuello del otro, dejando sus manos en su nuca.
Esto lo tomó por sorpresa. Estaba a punto de replicar y de soltar el agarre del otro, cuanto de repente siente como Chris lo jala aún más hacia abajo y junta sus labios con los del ojirrojo. Y no se negó. Oh, por supuesto que no lo hizo, si el simple sentir de una sensación acogedora en el pecho y de una corriente eléctrica recorrerle el resto del cuerpo fue suficiente como para que se olvidara momentáneamente de todo su alrededor; de que Chris lo había jalado un poco brusco, de que estaban en pleno gimnasio con la posibilidad de que cualquiera los viera, de que de seguro toda la escena se vio totalmente cursi y gay, ¡pero que mas daba! Tenía los labios del otro sobre los suyos, jugueteaba con ellos y el otro le correspondía con ligeras mordidas que por supuesto devolvía con un poco mas de fuerza, solo para que el otro se 'desquitara' succionando de los labios ajenos: Un círculo vicioso que se repetía y del que parecían no querer salir.
De a poco todo pasó a ser pequeños besos superficiales y finalmente se separaron lentamente, abriendo los ojos con la misma velocidad. Clavando su mirada el la del contrario, que los veía con dulzura.
Christophe deshizo su agarre, pasó a reposar sus manos en su abdomen y volteó a ver hacia enfrente, hacia prácticamente, la nada. Damien llevó una de sus manos hacia la mejilla del otro y la acarició repetidamente con una delicadeza poco esperada de su parte. El otro sonrió aún mirando hacia otro lado.
El timbre resuena en el lugar, y suspiran asqueados de saber que deber retirarse de allí. Cada uno se levanta y toma sus pertenencias sin preocuparse en volver a guardar el balón o por lo menos disimular que no fueron ellos los que abrieron el armario ajeno.
Sin más, avanzaron despacio por todo el trayecto hasta la entrada del gimnasio con sus manos entrelazadas, aprovechando la presencia de nadie a su alrededor.
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Capítulo 9, out.
Agradecería enormemente su opinión sobre este capítulo súper puke rainbow; por medio de un review, corazones;)
Sin más, aquí me retiro. Besos!
Création, se despide.
