-Pov Christophe-

Fin de semana... hermoso y jodido fin de semana. Dos días enteros de gloria para hacer absolutamente nada. Joder, amo no tener grandes responsabilidades.

No hace frío, mas sin embargo estoy bajo mis cobijas; no tengo sueño, y sin embargo no pienso levantarme. Me giro un par de veces en mi cama buscando una posición más cómoda, quedando así con mi cuerpo boca-abajo. Apoyo mi barbilla en la almohada y miro hacia la ventana que está casi sobre mi cama. El viento empuja las cortinas con suavidad, dejándome ver el exterior, permitiéndome sentir la frescura de la mañana. Las nubes parecer querer desaparecer y el cielo comienza a aclarar. Curioso, observo la hora en mi celular y me sorprendo un poco de mí: 6:28 AM.

Es sábado, son las seis treinta de la mañana y no siento cansancio alguno, ¿A caso eso puede considerarse bueno? Me desvelé... dormí prácticamente casi cuatro horas y tengo la energía de haber dormido diez.

La noche anterior... Ja, fue muy entretenida. El viernes por la noche solo me dediqué a vagar por Internet, menuda perdida de tiempo; hasta que, claro, recibo un mensaje de cierto chico que me trae todo idiota. Si no hubiera sido por el, de seguro que me duermo temprano. Hablamos y hablamos y hablamos y hablamos sobre todo... desde cosas totalmente triviales hasta de nuestros gustos, disgustos y esa mierda. Hasta llegamos a un punto donde nos estábamos peleando a muerte con palabras, y cinco o diez minutos después estábamos diciéndonos cosas empalagosas que... bueno... de solo pensarlas de nuevo me siento raro; una combinación loca entre 'mariposas en el estómago' y vergüenza. Es decir, ¡ni siquiera pensé que podría hablar así con él!

¡Oh! ¡Y eso no fue todo! Lo peor fue cuando el muy cabrón me manda solicitud para una videollamada. ¡Juro que estaba a punto de negarla! Pero pffff, fui débil, carajo. Y luego me encontré a mi mismo sentado en el piso de mi cuarto, recargándome en la pared con la computadora en las piernas, riéndome y bromeando con el otro sujeto, para después terminar con unos "me caes bien" mutuos. Buagh. Es solo... solo extraño como las palabras salían con total facilidad y sin temor a que las juzgaran de alguna forma. Supongo que es muy cómodo platicar con Damien.

Estiro mi cuerpo, y mis pies golpean algo. Oh, claro, la laptop. Me siento y la tomo, solo para dejarla a un lado de mi almohada, pues supongo que no sería del todo conveniente que cayera al suelo.

Esa misma noche, pasaron las horas, y terminé sentado en mi cama comiendo cereal mientras al otro lado de la pantalla Damien hacía lo mismo, a la una de la mañana... lendo, ¿no? Seh, eso pensé. Jajaja, cada vez que me acuerdo de me divierto, pues es tonto de muchas formas eso de cenar "con el otro" y para rematar: cereal; somos taaaaaan elegantes.

Río ligeramente, y tallo mis ojos.

Y después de comer, y hablar aún más, decidimos que lo mejor sería dormir, pues mi madre era algo estricta en cuanto las horas de dormir, aunque claro ella jamás se entera a que horas me duermo en realidad. Nos despedimos y... y lo dijo: El guardó un momento de silencio, se me quedó viendo a través de la pantalla, sonrió y dijo que me quería. Yo no lo dudé mucho, y le correspondí diciendo lo mismo, sin quitar de mi rostro la sonrisa boba.

Me golpeo mentalmente por todo y sin embargo no dejo de ensanchar mi sonrisa. ¡Dior! ¡Pero que gay! Agh, enfermaré uno de estos dí... espera... ¿Y Dior? ¡¿Donde está Dior?! Salgo de mi cama rápidamente y busco debajo de la cama. Suelto un suspiro aliviado al verla. La tomo entre mis manos y vuelvo a sentarme en la cama. Uf, esa pequeña da sustos de muerte. Ah, no literales, pero se entiende el punto. Le sacudo un poco el polvo, y la dejo sentadita encima del portátil.

Me acuesto, me meto bajo las cobijas de nuevo. Una fuerte corriente de viento levanta la cortina, y alcanzo a ver de nuevo hacia afuera. El día se ve bien; es decir, ojala deje de llover; es temporada de lluvia y toda esa cosa pero molesta a la larga. Pero a pesar de quejarme del clima, adoro como esa misma corriente atrae el aroma de tierra y madera mojada: es lo mejor del mundo. Esos esos son mis olores favoritos. Cierro los ojos de a poco, relajándome gracias al fresco aire. Lo mejor sería dormir un poco, ya que se que a la larga eso no sería bueno.

Y así, cada vez un poco más, me dejo caer en brazos de Morfeo, sin retirar de mi mente la imagen de su sonrisa.


-Pov Damien-

De repente, siento una luz intensa chocando con mis ojos cerrados. Acto reflejo: tomo mi almohada y cubro mi cara con ella. Si, así está mejor. Otra vez estoy reconciliando el sueño y escucho música rara retumbar por toda la casa. Agh, por el amor de Satán, ¿está haciéndolo en serio? Llevo mis brazos sobre la almohada y la presiono más contra mi rostro. No, no por favor, ¡No el 'Pocky Hocky'! ¡AGH! ¡De seguro lo hace a propósito! Si si si si si, ¡eso está haciendo! Hastiado, me quito la almohada de la cara para hacer algo al respecto, y la luz del sol me golpea el rostro. Suelto otra maldición y me siento rápido con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido. La puerta de mi habitación está abierta... ugh, si, en definitiva fue él. Me paro de mi cama y camino a cerrar la puerta.

-¡PAPÁ! ¡BÁJALE A TU BAZOFIA DE MÚSICA! ¡YA ME DESPERTÉ, GRACIAS!

Y gritado esto, azoto la puerta. Se oye una risa un tanto escandalosa, y la música se detiene. Pff, sabía que todo era plan con maña, ¡y no es la primera vez que lo hace! Me abre la puerta y hace escándalo para despertarme... ese maldito. No es divertido, ¡Pues claro que no lo es! Ni que fuera tan tarde... ¿O si?

Giro el cuerpo hacia la pared a mis espaldas y miro la hora en un pequeño reloj analógico: 11:56 AM.

Oh bueno, creo que no es tan temprano como supuse. Miro ahora hacia la ventana de mi cuarto. La persiana está a la mitad, explicando el por qué de que el sol me atacara la cara. Ahora camino hacia la ventana y despliego totalmente la cosa esa que se enrolla y desenrolla. Y me quedo parado un momento, sin hacer nada realmente, mirando a mi alrededor con duda... ¡nah! mejor me duermo un rato más. Literalmente brinco a la cama y me hago ovillo. Todo es perfecto de nuevo... y luego suena el celular.

Mierda, me estás trolleando, ¿no es así, mundo? ¿Te diviertes, verdad? De seguro es tu puto pasatiempo favorito... ¡Pues no funcionará!

Me siento de inmediato y tomo el celular. Ugh, es solo un mensaje. ¡Pude haberlo ignorado! Suspiro molesto. Bien, bien... ganaste esta vez; Mundo: 4541847 - Damien: 2 ¼

Haciéndole caso omiso a la imaginaria puntuación, abro el mensaje con desdén. Una sonrisa estúpida me aparece en el rostro.

Eso es normal, ¿no? Estás todo molesto por todo y alguien se acuerda de ti, y tu sonríes por ello, ¿no?... Pf, a quien engaño. De haber sido cualquier aviento el celular al suelo por osar interrumpir mis maldiciones. Pero no; como se trata de un francés gruñón doble cara hasta siento cierta emoción por ello.

"Descartemos la improbable posibilidad de que estaremos ocupados y vallamos a hacer algo en la tarde."

Sus mensajes son tan... uh, ¿Cómo se describe el hecho de que algo es una loca combinación entre sinceridad, indiferencia, demasiado directo y con un toque de ironía? Yo no sé, pero me gustan. Río ligeramente ante la formalidad que suele usar a pesar de estar ofendiendo de cierta forma. Veo la hora de nuevo: 12:01 PM. El tiempo si que pasa lento, y aburre. Me acuesto de nuevo, y estiro un mi cuerpo. Ya se ha escapado de mi el sueño, no tiene caso volver a dormir.

"Maple Street. 5:30 PM"

Seeh, mis mensajes también son un tanto directos, y no lo niego. Pero no importa, nosotros nos entendemos. Además, como solo decir 'Maple Street' doy a entender que me refiero a ir un rato a los suburbios de la ciudad para andar un rato en bicicleta o algo así. Ayer estábamos hablando de eso: Como parte de uno de los mil temas de los que hablamos, nos preguntamos sobre que carajos hacía cada quien en su tiempo libre, y como lo esperábamos, resultó ser que ambos somos no hacemos mucho; Yo, por ejemplo uso parte de mi tiempo viendo películas y leyendo, creo que eso es en lo que invierto mas mi tiempo, no sé, me gusta mucho el cine, las películas, las historias y todo eso. Y todo me gusta, desde ciencia ficción hasta aquellas historias basadas en hechos reales; desde dramas super intensos estilo 'hazme-llorar', hasta, por mas bobo que se oiga, las románticas... uh, las románticas que también son comedias, no las románticas cursis.

Chris, por su parte, me contó que sabe y le gusta tocar el piano... ¡el piano! quien lo diría, ¿no? Que un chico duro como el toque dicho instrumento es extraño, pero que más da. Eso explicó por que vi uno la vez que entré en su casa. En fin, terminamos decidiendo que algún día iríamos por allí para cambiar la rutina, y un paseo en bicicleta fue lo único que se nos ocurrió. No es la gran cosa, pero nos vamos a entretener un rato. El teléfono suena de nuevo. Lo tomo y abro el mensaje.

"(Y)"

Woah Christophe, tus respuestas son tan profundas. Dejo el teléfono en la cama y me pongo de pie para, con toda mi fuerza de voluntad, bajar a la cocina. Me comenzó a dar hambre, y sin embargo, no quiero toparme con mi papá en la cocina.

Abro la puerta, y discretamente bajo las escaleras. Sigo avanzando hasta la cocina y, maldición... si está el allí. No me mal interpreten, él es un buen sujeto y todo eso, pero...

-¡Hey, Damien! ¡Buenos días! ¿O tardes? jaja, que mas da. Ven, adelante, come algo... ¿o quieres esperarte a la hora de la comida? Siéntete como si estuvieras en tu casa. jaja.

...habla demasiado. Y además a todo le agrega ese tonito burlón que agh, uno llega a detestar con el tiempo. El está lavando platos, de su desayuno seguramente, pues toda la casa huele a omelette. Viste con simples jeans, simple camisa, y simples zapatos; el no es alguien muy interesante. Todo lo dice con una sonrisita 'amigable', pero en serio, yo no puedo soportarla por mucho tiempo.

-Está bien. Solo, comeré lo que encuentre.- Dicho esto, camino hasta una repisa y tomo la barra de pan.

-Si te hubieras levantado temprano, pude haberte preparado el desayuno.- Dijo sin despegar la vista de lo platos, el agua y todo eso que estaba haciendo, y si, aún usando un tono de voz 'no-serio' indebida para cualquier adulto 'maduro'.

Ahora voy hasta el refrigerador y saco lo necesario para hacerme un sandwich. Dios, soy un genio en la cocina; y nótese el muy obvio sarcasmo.

-Está bien, en serio. Tu solo... haz tus cosas.- Mi voz tiene un toque de molestia por la situación en general. El hombre gira a verme, y solo exclama un "oh..." y sigue en lo suyo.

Pan, mantequilla, jamón, queso, lechuga, tomate, mayonesa, otro pan... joder, soy buenísimo en esto. Tomo el plato donde reposa mi "obra maestra" y me siento en la barra de la cocina. Papá limpia lo que dejé sin recoger. Rayos, a veces me siento mal por mi mismo; es decir, el se esfuerza y todo y yo termino mandándolo al carajo...

-Ok, al terminar barre la casa y saca la basura, al fin y al cabo te falta moverte un poco.- Habla burlón. Yo arqueo una ceja.

...y luego actúa de esa molesta forma y me doy cuenta que se lo merece. Ruedo los ojos, y asiento con la cabeza.

-Gracias.- y está a punto de irse, y después recuerdo que quedé de verme con Christophe después. Más me vale permiso o puede que ni siquiera me deje porque "ya es muy tarde para pedir permiso".

-Por cierto, quiero salir a dar una vuelta en la tarde.

-¿A que horas?- pregunta un poco serio.

-A las cinco.

-¿Y a donde?

-A pasear en bicicleta.

-¿A que horas regresas?

-A la hora que digas.

-¿Y con quien?

-Con un amigo.

-¿Porqué?

-Porque... ah, ¿se nos antojó? ¡No lo sé! ¡Ya no me cuestiones!-

Le digo con cierta desesperación. Detesto sus mil y un preguntas cuando le pido permiso para X cosa. ¡Siempre hace eso! ¡Hasta para ir a la tienda de la esquina tengo que llenar formularios! agh. El ríe después de mi última respuesta, y solo me da por mantenerme en 'poker face'.

-¡jajaja, claro hijo! Sabes que no hay problema, siempre y cuando llegues temprano.- Dice eso y me revuelve los cabellos como si fuera un infante. Exhalo frustrado.

Me deja en la cocina. ¡Solo por fin! Es un jodido circo toparse con él.

Termino de comer, y hago lo que mi padre me pidió. Subo a mi habitación y la ordeno un poco. Ahora solo queda esperar un rato más para verlo a él, una vez más.

-Fin pov-


Mira la hora antes de salir del cuarto; el reloj indica las cinco de la tarde. Se relaja un poco, no llegará tarde como lo había imaginado, y no es que suela llegar tarde pero por alguna razón tenía la sensación de que así sería. Solo una mala sensación.

Abre la puerta y la cierra sin cuidado detrás de él. Avanza relajado por las escaleras, con su teléfono en la mano y su billetera en el bolsillo, nunca se sabe cuando se pueden ocupar.

-¿A donde se supone que vas?

Al escuchar la voz proveniente del pasillo que está al costado de la escalera, se para en seco, e inevitablemente se pone un poco nervioso, pues no se suponía que hubiera alguien en casa además de él. Su madre camina justamente hasta quedar a pies de la escalera, cruza sus brazos y lo mira severamente.

-Ahh, c-creí que...

-Creíste que llegaría en la noche y seria bueno salir de casa mientras no estaba y sin permiso.- Interrumpe. Ella frunce ligeramente el ceño.

Chris agacha la cabeza, prácticamente asumiendo lo que ella sugería y afirmaba, con una mueca de disgusto. Se queda unos segundos así, y vuelve a encararla, está vez, poniendo un semblante neutro.

-¿Y puedo salir?

-No respondiste mi pregunta: ¿a donde se supone que vas?

-Iré a pasear un rato en bici.

Ella lo observa en silencio analizando lo que decía, analizando su actitud y su semblante. Está vistiendo pantalones formales, acompañando con zapatillas negras no muy altas y blusa blanca con algunos encajes. Si vestía así, es entonces porque no hace mucho que llegó, pues normalmente en cuanto lo hace, se pone ropas más cómodas. Christophe no desvía su vista de la mirada fría de la mujer, hacerlo sería demostrar nervios, y por ende, que no dice ir a donde el asegura.

Unos segundos más y es suficiente para ella; no descubre rastros de que esté diciendo mentiras.

-Llega antes de las ocho con treinta.

Al decir esto, se relaja. Había accedido. Estaba a punto de dar las gracias o algo así, pues no siempre lo deja salir cuando se lo pide, pero cuando se decide por hacerlo, su madre ya se había retirado sin decir más.

Chris a veces no sabía ni que pensar sobre ella. ¿Cómo podía ser que alguien fuera tan frío, reservado, y misterioso? Hasta para Christophe ella lo hacía de sobremanera, pues no recuerda que en algún momento ella se mostrara cálida. Aunque él actuara así, no le llegaba ni a los tacones a su madre, pues le gusta agregar el toque de sarcasmo... seh, eso siempre hace entretenido ignorar gente y molestarla.

Le resta un poco de importancia y sale en camino, no sin antes ir a la cochera por la bicicleta. Actualmente, no era fanático de ella, pero aun la conservaba después de años por que ¿Qué niño no tiene bicicleta?, y aunque dejara de usarse ¿Qué persona es capaz de deshacerse de su bicicleta de la infancia? Por lo menos, él no. Le guardaba algo de aprecio a esas cosas, pues lo hacían recordar los buenos tiempos.

Avanza varias calles, hasta llegar casi a los límites del pueblo ya no tan pequeño. ¿Y porqué accedió a verse en esa zona? Fácil: poco tráfico, poca gente. Sería algo incomodo andar por allí esquivando autos, ¿no es así?

Llega específicamente a la intersección de la avenida principal (que estando tan lejos del centro ya no es tan concurrida), y la calle que acordaron: "Mapple Street" decía un pequeño letrero. Y justamente, sentado en la acera, a un lado de ese letrero, estaba Damien. La bicicleta del otro estaba tirada a sus espaldas, y al acercarse, el pelinegro sonrió ampliamente. Chris no evitó sentirse un poco atraído hacia la sonrisa esa, pero como pudo, desvió el pensamiento... momentáneamente, claro. Llegó a su lado, y tiró sin mucho cuidado, la bicicleta junto con la otra, y se sentó al lado del otro. Reposó sus brazos cruzados sobre sus rodillas, y se quedaron en silencio un momento. Solo observando la gran arboleda que se veía al fondo, a unas cuantas calles. El viento fresco corría, y el cielo estaba medio nublado. El día estaba... perfecto.

El castaño gira a ver al otro, quien tenía su mirada fija en los árboles que sobresalían entre los techos de las pequeñas casas de ese sitio.

-¿Y a donde iremos?- Pregunta el ojirojo, sin dejar de ver los árboles. El se recargaba sobre sus brazos inclinados hacia atrás, y tenía las piernas cruzadas.

-Podemos ir a ese sendero que está entre el lado claro del bosque, e ir a ver un rato las cosas que hay en el Lago Stark, y regresar por donde mismo o por la carretera poco transitada.

Damien ríe ligeramente. Esto no molesta para nada al otro.

-Tenías las cosas bien planeadas, ¿no?

-Se me ocurrió de camino para acá.- Se para y toma la bicicleta. -Entonces, ¿vienes?

Damien lo observa un momento, y asiente rápidamente. Se para el también, y toma la propia.

Avanzan hacia adelante un par de cuadras, hasta que llegan al final de la calle, los límites del pueblo. Allí mismo, se abría paso a un campo no muy grande, que por cierto estaba bordado, cosa que no importó mucho, ya que unos cuantos metros a su izquierda, faltaba parte de esa sencilla barda, compuesta de estacas, todas unidas por un par de tiras de alambres de púas. Pasaron sin problema por dicha barda, avanzaron aún más hasta que se hacían más frecuentes los árboles, y cuando se dieron cuenta, ya estaban rodando por un camino angosto (no mas de tres metros de ancho) y las copas de los árboles casi cubrían el cielo. Allí, el olor a humedad era intenso, todo un deleite para ambos; y el aire ya no se sentía como antes, pues los mismo árboles le tapaba el paso a las corrientes de aire, sin embargo, aún se podía sentir el frío, y poco a poco iba en aumento, pues aunque no lo sintieran, ellos iban montaña arriba. Avanzaron un kilómetro de bosque, y después de subir una colina, divisaron enseguida el lago. Este estaba vacío, a pesar de que la gente usa ese lugar para acampar los fines de semanas o algo por ese estilo. Dejaron el par de medios de transportes recargados en una gran piedra, y caminaron hasta estar casi a orillas del agua.

Conversaron un largo rato, y terminaron ambos acostados uno al lado del otro, sobre las hiervas , sin hablar, sin nada, solo observando como los rayos de sol que se colaban entre los árboles y pinos, se reflejaban en el amplio lago; observando como las hojas de los mencionados árboles volaban con el aire y caían al agua dulce. De un momento a otro, se tomaron de las manos, mientras Damien jugaba con alguna que otra flor que encontraba a su alcance, mientras Christophe usaba su propia sudadera como una útil almohada; ambos sin decir ni una palabra, y a la vez, expresando lo suficiente a través de ligeras caricias en los brazos del contrario. Damien rozaba sus dedos en la piel del otro, sintiendo cada pequeña cicatriz de los brazos un poco bronceados por el sol del otro, que a comparación de su piel clara como el papel, estaba casi intacta de cualquier rastro de golpes y rasguños que, sin duda, abundaron cuando era solo un niño. Christophe llevó su mano hasta alcanzar los lacios cabellos del otro, y no dudo en enredar sus dedos en ellos solo para después comenzar a acariciarlo, sintiendo la piel de su cuello incluida en estas caricias que el castaño hacía con toda la suavidad que podía, con el único propósito de lograr el total agrado del otro.

El tiempo pasó lento entre silencios acogedores y pequeños besos superficiales, y cuando el cielo parecía comenzar a despedir al gran astro, decidieron que era momento de irse. A pesar de que estaba algo adormilados, se pusieron de nuevo en marcha, avanzando por la vieja carretera que daba y terminaba en el pueblo, justo como Chris había sugerido e indicado. En el camino, sintieron como todo estaba ligeramente inclinado, debido a que justamente estaban descendiendo. El viento soplaba con gran fuerza a su favor, y rápidamente tomaron gran velocidad. Reían, pues disfrutaban como el aire hacía de las suyas y recorría indiscretamente por todo su cuerpo, despeinando sus no arreglados cabellos, agitando sus ropas. El castaño giraba a ver al otro de vez en cuando, pues le gustaba ver como la camisa abierta color azul permanente que usaba Damien por encima de su playera se agitaba y bailaba con el aire, simulando casi alguna especie de capa. Damien también giraba a ver al otro de vez en cuando, y en el segundo que lo hacían, cruzaban miradas, casi como si ese segundo estuviera especialmente reservado para mirar los intensos colores de sus miradas. Chris pensó que los tonos azules le quedaban bastantes bien al otro chico, resaltaba en gran medida los tonos de sus irises, y consideró en sugerirle la gama de colores, a pesar de que iba en contra de la costumbre del muchacho en usar ropas rojas, negras, grises y similares.

El camino por la carretera era un poco mas largo que por el bosque, a pesar de ser recto casi en su totalidad. Pero no importaba, pues estaban juntos y eso sin duda no lo cambiarían por nada.

Los minutos avanzaban y cada vez faltaba menos para llegar al pueblo. Rieron escandalosamente una vez más y dejaban de pedalear para avanzar por pura inercia, disminuyendo así su velocidad, pues de a poco, terminaron en la avenida principal de la ciudad. Avanzaron por calles perfectamente conocidas para ellos, solo para terminar su recorrido en la entrada de la casa del mayor. Bajaron de las bicicletas y se sentaron cansados sobre la banqueta, solo para sonreírse una vez más.

Damien invitó al otro a pasar por un poco de agua, sin embargo Christophe rechazó la oferta, pues faltaba poco para qué obscureciera y lo menos que quería era ser castigado por su madre. Decidieron que sin duda lo repetirían alguna otra vez, y aprovechando la falta de gente a los alrededores, Damien robó le pequeño beso en la mejilla. Se despidió levantando su mano, y entró en su casa, mientras sentía como Chris aún lo observaba, hasta desaparecer dentro de la propiedad.

Christophe sonrió ante la experiencia, y subió de nuevo a la bicicleta, para dirigirse de una vez por todas a su casa, ya que las estrellas comenzaban a aparecer a pesar de haber nubes en el cielo.


-Pov Christophe-

Antes de abrir la puerta, reviso la hora en su teléfono, y por suerte, estaba allí diez minutos antes de la hora indicada. Me abro paso por la entrada con una boba sonrisa en mis labios y comienzo a avanzar por los primeros escalones que me dirigen a mi habitación, pues de repente comienzo a sentir unas ansias por dormir bastante.

Noto un movimiento en la sala, y supongo que se trata de mi madre, ¿Quien mas si no era ella? Su voz se oye en todo el lugar, pues al ser una casa amplia, el eco está presente a donde quiera que fueras.

-Chris, ¿puedes venir?

Me detengo en seco y mi sonrisa desaparece al instante. Su voz era calmada y el tono usado, un poco dulce. No gritó, habló de una manera bastante pacífica. Oh no, además me pidió si podía ir... ¡me lo preguntó! no con una voz forzosa o como algo que haría para sacar provecho, si no que lo dijo y pidió con una auténtica voz de madre amorosa. ¡Y usó el diminutivo de mi nombre! ¡Ella no suele usarlo! Ella grita mi nombre completo en mi rostro con dureza, buscando que cumpla con sus peticiones obligatorias. Eso no es bueno. No es nada bueno. Ella solo me habla así cuando...

Oh mierda, no...

-Fin pov-


Otra noche en vela había pasado, y ahora se encontraba placidamente dormido en su habitación. Aprovechó el hecho de que el día anterior llego aún con tremendas energías y se dedico a ver películas toda la noche y no pudo haberse quedado más satisfecho con ello. No pudo haberse quedado más satisfecho con el día entero, pues de verdad le había gustado todo eso de salir de la rutina.

Se estira y comienza a despertar. Ningún rayo de sol sobre su rostro, ninguna canción estruendosa a volumen sobre-inaceptable. Despierta perfectamente a su ritmo y gusto, abriendo los ojos perezosamente y tomando su celular que había dejado en la mesa de noche. Eran las ocho treinta de la mañana, y consideró levantarse de una vez, pues se sentía un poco sofocado entre las cobijas. Se sentó y giró su torso haciendo sonar los huesos de su espalda. Se paró descalzo hasta llegar a la ventana y abrir la persiana.

Oh joder no. Estaba totalmente nublado. Las espesas nubes no dejaban cruzar los rayos del sol casi en su totalidad, haciendo parecer que es mas temprano de lo que realmente es. Abrió la ventana, y el aire pronto entró en el cuarto, dejando pasar un agradable aroma a humedad. Aroma que hizo que se acordara del castaño de inmediato. Sonrió para nadie y tomó de unos cajones ropa limpia, al fin y al cabo no le haría mal una ducha tempranera.

Pasaron las horas, hasta llegar a ser la hora de la comida. Comió lo que su padre había preparado y tuvo la desgracia de conocer el nuevo repertorio de chistes malos de su padre. Aunque el hecho de haber sonreído un poco ante lo que le decía le había servido bastante, pues con ello, el adulto permitió al otro no lavar los trastes. Y felizmente subió a su mundito del segundo piso, o también podría llamarle habitación... lo que se le ocurriera primero. Se entretuvo garabateando sobre hojas recicladas de papel (porque el también pensaba que el mundo se jodia mas cada vez que se desperdiciaba el papel), navegó por internet, tomó una segunda ducha y hasta se dio un tiempo para leer un poco mas ese libro que había empezado ya hace bastante. En fin, su tarde consistió en aprovechar el ocio en todo su esplendor.

Y dieron las seis de la tarde. No era problema, aún tenía tiempo para seguir haciendo nada, pero le preocupó un poco el hecho de que Chris no hubiera ni siquiera saludado. No era obligación del menor estar relatándole cada cosa que hacía, sin embargo, desde hace días habían comenzado con la costumbre de enviarse mensajes dándose los buenos días, y claro, las buenas noches. Eso, y también era común que en sus tardes aburridas se pusieran a platicar como un par de locos y bien esa tarde podría ser una de ellas.

Cerró la persiana, dejando su cuarto en una leve obscuridad y fue a la cama decidió tomar una pequeña siesta, al fin y al cabo no podría perder nada al hacerlo. Y poco a poco se sumergió entre sueños y recuerdos.

Pasaron minutos, o quizás horas, no podría afirmarlo, pero lo sintió como si se tratara de un par de segundos; un sonido avisó la llegada de un mensaje a su celular. Abrió los ojos sin dificultad y vio su pantalla. Sonrió ampliamente al ver el remitente, pues el nombre 'Christophe' relucía en letras blancas. Abrió el mensaje y su sonrisa de desvaneció.

"Mi casa. Ahora. Tenemos que hablar."

Se inquieta por las palabras del otro. El siempre era directo con sus palabras, pero el 'tenemos' le preocupa. ¿Habrá pasado algo? ¿O solo quiere molestarlo? Una mala sensación lo invade, lo mejor sería ir a ver que pasa. Se levanta, se viste, y se pone en marcha. El mismo mensaje vuelve a llegar, se lo ha enviado dos veces totalmente igual. Tuerce la boca un poco y acelera el paso ¿ahora que querrá ese cabrón?


Está sentado en las escaleras, con una expresión neutra y un poco sombría, esperando... solo esperando. Le ha enviado el segundo mensaje y no entiende como es posible que se tarde tanto. No sabe que decirle, trata de planearlo todo en su mente pero no encuentra la manera de hacerlo. Lo mejor sería solo decirlo.

Minutos que los utiliza en pensar sobre la situación, y tocan la puerta, y de inmediato se levanta a abrirla, pues lo menos que quiere es que su madre aparezca en ese momento, aunque igual sabe que lo más seguro es que ni siquiera se inmute. Encuentra a un Damien que sonríe levemente, y el por su parte, sigue neutro.

-Subamos a la habitación.- Dice Christophe antes de encaminarse a su propia habitación, seguido del otro, quien entendió que debería seguirlo en silencio.

Y así fue. Se quedó callado en el pequeño recorrido. Subieron las escaleras y doblaron por un pasillo bastante amplio, solo para llegar a una puerta de madera muy bien cuidada. Damien solo se siente confundido, pues no entiende en lo absoluto a que se debe el cambio de actitud del otro; ayer parecía estar tan bien, y ahora, un aura obscura invade el cuerpo de aquel chico. Christophe abre la puerta, y se aparte para que el otro sea el primero en entrar. Se trataba de una habitación sencilla, tampoco es la gran cosa. De hecho, había bastante desorden. Cosas en el suelo como cuadernos y libros, algo de ropa y bolígrafos. Un par de repisas estaban casi vacías, y miró un pequeño peluche en forma de jirafa también en el suelo. Las paredes eran coloreadas con un tono neutro beige y otra puerta se veía al fondo, algún armario o baño, de seguro. Lo que le pareció extraño, fue que a pesar del desorden en el suelo, la cama estaba perfectamente tendida, y en otra repisa, las cosas estaban bien organizadas. Las cortinas estaban cerradas, agregando cierta obscuridad al ambiente. El frío que aumentaba en el exterior debido a la humedad, comenzaba a sentirse también dentro de la casa. Camina con cuidado de no pisar lo que parecía ser un jarrón roto en el suelo, y se sienta en la silla del escritorio donde permanecía la computadora del contrario, junto con varias bolas de papel. Chris cierra la puerta detrás de si mismo y se sienta en su cama, de frente al otro.

-No pienso andar con rodeos, así que solo lo diré.

Con esas palabras, Damien le presta toda su atención, pues ahora se estaba preocupando un poco más. Se muerde los labios por dentro, y desea internamente que todo esté bien. Asiente con la cabeza, dando a entender el otro que puede proseguir. Chris se mueve incómodo, pues no creyó que fuera tan complicado. Traga saliva con fuerza, y hace que su voz salga con la mayor firmeza posible, pues su garganta siente crecer un horrible nudo que de seguro al final lo traicionará. Suspira pesadamente y gira su rostro hacia el suelo, pues no pretende que el otro lo vea cerrando sus ojos con cierta fuerza.

-Regresaré a vivir en Francia...

...


Capítulo 10, concluido.

Solo... no me odien demasiado, ¿vale? Expresen sus opiniones vía review y no consideren golpearme por dejarles las dudas y las emociones en su clímax.

Création, se despide.