Cruzó los brazos, con fuerza, a nivel de su pecho y exhaló cansado. La multitud de gente no cesaba y ya había perdido de vista al muchacho desde hace minutos. Miró sus alrededores, curioso por el aspecto del lugar donde estaba, y pudo notar como una o dos personas que permanecían sentadas en las sillas le esquivaban la mirada... lo habían observado todo. Frunció el ceño ligeramente, pues todo no fue un puto espectáculo como para tener público. No les dijo nada, ni les recriminó, sencillamente le molestó el hecho de dejarse ver en tan delicada situación. Pero bueno, ¿Qué más daba? Por lo menos tenía un par de testigos metiches y totalmente desconocidos para él.
Dio una media vuelta, y cerró los ojos con fuerza, a la par que comenzaba a caminar. Se talló la cara tratando de distraerse un poco y avanzó con firmeza hacia la salida; avanzó tan rápido como podía antes de que sus ojos revelaran su triste sentir.
El largo camino se le hacía eterno, hasta que salió a plena intemperie, en el estacionamiento del lugar. Había muchísimos autos, oh si, sin embargo, pudo recordar donde estacionaron. Caminó justo hacia donde se encontraba un poste de iluminación, no a muchos metros de la entrada. La camioneta blanca estaba en el mismo lugar, y sin pensarlo dos veces abrió la puerta derecha trasera, y se dejo caer sobre los sillones para inmediatamente volver a cerrar la puerta. Se encorvó, cansado; cubrió su rostro con sus manos y se mordió un labio evitando comenzar a sollozar de nuevo. La luz interna del auto estaba encendida, y un silencio era presente. Palmadas en su espalda dándole a entender que tenía el apoyo del otro, y el sonido de la camioneta encendiéndose.
De a poco, descubrió su rostro dejando a la vista sus ligeramente húmedas mejillas. La luz estaba ahora apagada, y lo único que iluminaba el interior del espacio eran las luces del exterior, las luces de la ciudad. Giró a ver a su compañero, que iba sentado con las manos juntas en su regazo, observando por la ventanilla con normalidad. Este, al parecer, sintió la mirada ajena, por lo que volteó a verlo, y le sonrió. Alcanzó algo del tablero central del auto y se lo pasó a Damien. El pelinegro lo mira con neutralidad y toma uno de los pañuelos de la caja que le ofrecían. El rubio sonrió satisfecho, pero a pesar de ello, suspiró cansado.
-¿Chris subió con bien, al avión?
-Quiero pensar que así fue. Lo perdí de vista desde que se alejó.- Dijo secándose su mejilla, a pesar de que ya prácticamente estaba libre de cualquier rastro de lágrima. Inhaló y exhaló tranquilamente. El otro agachó la mirada pensativo.
-Ojala. Y uhm... Fue duro, supongo.
Damien desvió la mirada para observar los edificios luminosos, no quería que el otro le viera melancólico por lo que pasó.
-Bastante. Fue horrible.- Dijo con voz lo más normal que podía.
-Y supongo que olvidaste decirle que también yo lo extrañaría, ¿No es así?
-Greg, yo jamás acepté decirle lo que te tocaba. Además, eso pudiste habérselo dicho ayer.- Rueda los ojos.
-¡Y lo hice! Pero nunca está de más repetírselo.
Giró a observar al otro, y se contagió de la amigable sonrisa del de ojos azules.
-Creo que él sabe que lo quieres y que lo extrañarás también, tu tranquilo.- El mayor rió ligeramente.
-¡Oh, vamos! Christophe es mi amigo y eso, pero es tan distraído que debes repetirle las cosas.
-Eso, o sencillamente te ignora y no hace caso a lo que dices.- Sonrió burlón.
-Si lo creo, eh.- Encogió los hombros, y volteó a ver por la ventanilla. -¿Y tu como estás?- Pregunta con tono serio.
Damien también desvía la mirada por la ventana, y la baja, para dejar que el aire fluya y golpee su rostro.
-Creo que eso es deducible ¿no lo crees?
-Me parece que si. Solo que tengo la esperanza de que no sea lo que deduzco.
-Pues deduce la peor situación que se te ocurra, y puede que se acerque a lo realista.
Y después de aquel comentario de parte del azabache, sencillamente dejaron de hablar. El camino continuó en un neutro silencio, como si se tratara de ir solos y no acompañados por el otro. El chofer parecía ignorar todo, concentrándose solo en la tarea encomendada; ni siquiera se había molestado en encender el estereo. Las grandes luces se quedaban atrás para ser ahora las luces de carretera las que alumbraban ligeramente los alrededores. Conducían con cierta velocidad, y los cabellos de ambos ya no revoloteaban por el aire que solía entrar sin piedad por las ventanillas, pues el clima no fue favorable para mantener ese gusto por el viento.
Gregory acomodaba su abrigo esmeralda y lo abotonaba correctamente, porque a pesar de la calefacción, el frío seguía dominando el encerrado ambiente. Observó de reojo al otro muchacho, quien solo portaba una camisa de botones sencilla y parecía no afectarle. Él, se mantenía firme sobre el respaldo, inclinando ligeramente la cabeza hacia atrás, recostándola en el sillón. Sus piernas las había doblado de tal forma que las cruzó poniéndolas sobre el mismo sillón, y eso no parecía importarle mucho al rubio. Mantenía los ojos cerrados por momentos, solo para volverlos a abrir con cansancio... él deseaba dormir; llegar a casa. Juntaba sus manos y las aprisionaba con fuerza con la otra, su vacía mirada daba a desear volver a ver aquel brillo alegre que siempre estaba allí cuando Christophe lo acompañaba.
Se sintió mal por la situación ajena. Esa pena del que no era propietario lo afligía y quería ayudar de alguna forma. ¿Pero de que forma ayudar si la única solución se está alejando a cientos de kilómetros? Si bien, sus acciones llevaron al par a verse una vez más antes de la partida del castaño, no habría más que pudiera haber hecho. Comenzaba a resignarse con solo pensar en aquello.
Damien observaba el escenario exterior. La carretera no tan desolada lo mareaba un poco. Luces aparecieron y desapareciendo repentinamente le provocaba dolores de cabeza y se tallaba la cara por milésima vez en el día. Enredaba sus dedos entre sus cabello y jugueteaba con los cordones de sus Converse. Sentía la sensación de que el otro lo observaba, pero no voltearía, no quería un interrogatorio. ¿Si quiera fue buena idea pedirle al señorito que lo llevara al aeropuerto? Supone, pues, que pudo haber sido peor. ¿No verlo una vez más pudo haber sido peor? Quien sabe, ya que verlo partir fue como sentir una daga atravesando alguna parte de su cuerpo. No se arrepiente; cada segundo a su lado era muy bienvenido, pero le afligía el saber que no se repetirá. ¿Pensar tanto en él lo convertirá en un masoquista? No lo sabe, pero duele; sabe que a la larga pensar en él será su interna tortura. Bosteza.
El mayor suspira y regresa su vista hacia la ventanilla, y no tarda en redirigirla hacia su móvil que recién sacaba del bolsillo de su abrigo. No era muy tarde, si hace casi menos del par de horas que se estacionaron en aquel estacionamiento y Damien había casi corrido en busca del muchacho. Hasta el propio chofer se había sorprendido de la brusquedad de los actos del pelinegro, pero daba igual, él tenía sus razones. En la espera, Greg se había dedicado en hacerle saber al padre del contrario donde se encontraba, pues el chico no se había molestado en avisar; el mismo lo confesó. El hombre se alarmó pero no podía negarse, era tarde para pedir que regresaran.
Por su parte, no hubo problemas. Sus padres no les agradó la idea de ir a esas horas a otra ciudad. Bueno... ¿Y que padre, si? Pero comprendieron que era por una buena causa. Gustaba que sus padres fueran tan flexibles en situaciones como esas. Sabía que llegando a casa le esperaba una larga charla del porque no estuvo del todo correcto lo que hizo, pero por ello, desde ese momento ya estaba preparando sus argumentos. Guardó de nuevo su celular y se acomodó de forma perezosa sobre el sillón.
De a poco, notan como la carretera cambia a ser una mas pequeña, después de tomar una desviación que los llevaría al pueblo. ¿Tan rápido pasaron dos horas? Eso cree el pelinegro, pues se acaba de dar cuenta que se había quedado dormido. Como un infante, como un niñito que viaja un poco más de lo normal. Joder, eso ya lo le importaba, solo sabía, que pronto podría recostarse un rato. Estira sus brazos de forma que ni siquiera toca al rubio, quien se entretenía haciendo lo que sea en su teléfono.
-Gregory...
Gira a verlo lentamente, el contrario lo veía serio.
-Gracias por llevarme.
Greg sonríe agradecido, y asiente ligeramente con la cabeza. No esperaba menos del muchacho.
... ... ...
Se reacomoda una vez más en la silla otorgada: no estaba nada a gusto. Maldice entre dientes y chasquea la lengua. Revisa la hora, ya faltaba la mitad. El silencio era molesto, mucho, y odio el hecho de haber dejado sus audífonos en la maleta. Llevaba consigo su mochila, y dentro de ella, cosas que considerable importantes o delicadas como para dejarlas a merced de alguien ajeno: un par de libros, notas, Dior... entre otros cachivaches.
Gira a ver sus alrededores por décima vez. Rostros totalmente desconocidos, pocas caras amigables. Asientos dobles, y tenía la suerte de no tener acompañante, así tendría algo menos de que quejarse. La alfombra roja y la señorita caminando sobre ella por el pasillo parecían ser buena gente. El ambiente era agradable, ya no sentía el frío de siempre. La voz del piloto se oye de nuevo informando altitudes y hora exacta, ninguna dificultad en el viaje. Todo iba perfecto y lo agradecía de cierta forma.
-Pov Christophe-
No, no, pero que mentira la que me plantea mi mente. De ser perfecto no me sentiría vacío, incompleto. Y es aquí cuando recuerda toda mi desdicha. uughh... y aquí es cuando deseo que todo sea un mal sueño. Cierro los ojos y recuesto mi cabeza en el respaldo.
Amargura, impotencia, coraje... todo se atreve a hacerse presente al mismo tiempo, recordándome e insistiendo en lo que está fuera de mi alcance. Cariño, sonrisas... él se quedó y quedará por siempre con la mitad de los recuerdos, la mitad de las experiencias, la mitad de mi persona. Libertad... ¿Es cierto que eso también he abandonado? Creo que solo con aceptar las palabras que mi madre decía fue suficiente para condenarme, y en todo caso ¿Es tan malo como parece? No se que creer. Ella siempre era tan fría ante todo que ni siquiera sabía que ella eso hacía; siempre mintió tan bien. No había señales, no había alguna clase de herida que me hiciera sospechar pero independientemente de haber tenido enfrente las señales ¿Me habría preocupado en averiguar la verdad? Lo dudo rotundamente.
Voces se elevan en el lugar, y cruzo los brazos sobre mi abdomen. Oigo los motores y observo de reojo por la ventanilla; imposible ver más allá por la cruda obscuridad de la noche.
Me parece que se me es totalmente negable cualquier intento de rechazar lo que me espera. Madre fue clara en sus palabras, cada una de ellas saliendo con precisión, precisión necesaria para hacerme entender. ¿Me lo imaginaba? No. ¿Me lo esperaba? Mucho menos, pero eso ya no importa. Aceptarlo seria lo más prudente. Aceptar una realidad ya presente seria lo más conveniente.
No puedo evadir lo que ya tengo enfrente. No puedo sencillamente dar media vuelta y fingir que nada ha pasado, pues cierto es que pasó mas de lo pudiera, en otra vida, llegar a desear. Mi voz es callada bajo las órdenes del superior. No puedo negar la decisión que ya prácticamente he confirmado y que de todas formas he de terminar de confirmar en algún punto del futuro próximo. No hay vuelta atrás.
Estoy en camino, estoy a un avión, a unos cuantos miles de kilómetros de empezar una nueva rutina, una nueva vida, prácticamente, de empezar lo que puede llegar a ser el resto de mi vida. Y a pesar de ser tan joven, pues acepto que dieciséis no es un buen número para iniciar el resto de tu vida, la situación insinúa que yo ya decida de una vez por todas, si acepto lo que se me ha encomendado, lo que se me ha destinado, y que de todas formas me toca por herencia.
Genética. Me ha tocado la "suerte" de estar en este lugar, en este camino, y de aceptar sin rebuznar lo que he de hacer. Me ha tocado la "fortuna" de próximamente estar en los rangos superiores, en rangos que favorecen codicias y caprichos de ese hombre. De solo recordarlo, todo se vuelve difuso y confuso; mi mente a penas logra recordar su rostro, mas sin embargo, logro recordar a la perfeccione sus actitudes hacia las personas, hacia sus trabajadores, hacia mi mismo. Agradarle es como tener seguro tu bienestar. Hacerle enojar es como condenarte.
Podría culpar a mi madre, podría culpar a los abuelos que nunca conocí, podría culpar a generaciones pasadas a ellos, pero no lo hago por el hecho de que ellos (quizás) no tienen la culpa, si no los antepasados a los mismos.
Se que la cadena en el 'negocio familiar', por llamarlo de alguna forma, no empezó hace poco, lo ha mencionado mi progenitora, y se que es casi seguro de que no haya salida, lo he deducido yo. ¿Las generaciones pasadas habrán elegido su destino? ¿Se les habrá impuesto por obligación? ¿Alguien fue arrancado de su juventud y mejores momentos para continuar la cadena, como yo? Me pregunto si todos habrán comenzado a esta edad. Me pregunto si alguien tuvo opciones. Me pregunto tantas cosas que no se si realmente quiera saber. Nos condenó a todos el primer De'Lorne en la profesión. Y dudo si seré yo el que destruya esta tradición de mala suerte.
Mi progenitora pudo haberlo hecho, se ha tomado la molestia de contarlo: Mi padre es el que cargaba con el puesto, ella solo era su mujer, sencillamente era su pareja. Me pregunto... ¿Que actitud tendría madre con mi papá? Es decir, no creo que siempre haya sido tan fría, por algo estoy yo en la tierra ¿no? Me gustaría verlo una vez más. Se que falleció al ser yo tan joven y por ello soy incapaz de recordarlo, pero una vez lo vi en una fotografía, y de solo recordar lo poco que queda de su imagen en mi mente, me lleno de orgullo. Un hombre alto y con cabellos castaños muy claros. Mirada dura a pesar de llevar una sencilla sonrisa en los labios. Piel clara y cuerpo fuerte. Ojos de tono verde seco y finos rasgos delineando su rostro. Según ella, me parezco a él, lo que aumenta mi ego.
Viví en un engaño. Toda mi infancia creyendo lo equivocado y alardeando sobre ello en otras ocasiones. Cierto era que hubo un tiempo en él que perteneció al ejército, pero ello no fue lo último que hizo. Aún porto con orgullo y en ocasiones especiales, las placas con su nombre grabado, pero me confesó que él también aceptó el cargo cuando se lo ofrecieron... ni que pudiera haberse negado de todas formas. Me confesó que el nombre Bruno De'Lorne no fue más ni menos que otro de los mejores en la lista de mercenarios de los Beaumont.
Mi madre... ella si que pudo haber acabado con todo, pues una vez muerto mi padre, tuvo la opción de alejarse, de alejarme de todo. Pero ella aceptó estar en el lugar de mi señor padre, aceptó pues era lo que le convenía en el momento. Se le ofreció un hogar, se le ofreció protección, se le ofrecieron los mejores tratos y las mejores cosas. Se le ofreció estudios sobre el oficio y a cambio ella daría sus servicios.
En ese entonces tendría algún par de años solamente, y podría decir que pensó en mí cuando aceptó, pensó en un 'buen' futuro para mí, pero decir eso sería mentir en cierta parte, pues mentira es que no sabía que el cargo era algo que se pasaba al siguiente en el árbol genealógico. Aprendió de los mejores y los superó en astucia y habilidad "¿Es esto posible?" de seguro se preguntaron los que quedaban detrás de ella, pues era la primera chica que lograba impresionar al jefe en ese aspecto. Si viajábamos tanto, era por lo mismo. Si me dirijo a Francia, es por lo mismo.
Regreso en mi un momento, y me reacomodo al sentarme. Mi cabeza da vueltas, y solo opto por volver a cerrar mis ojos. La gente habla y yo deseo silencio.
Mi consciencia me cuestiona sobre mis decisiones y yo solo me pregunto si pude haber gozado más mí tiempo a su lado. Relativamente fue poco el tiempo que convivimos y siento que pudimos haber hecho mas. Joder... eso de la negación fue tiempo perdido. Mis labios sienten la necesidad de los ajenos, y mi imaginación fantasea con la sensación de sentir su calor en un sencillo abrazo, y ¿por que no? algo más. No son ni tres horas desde que lo vi, y aún no lo siento real. Aún no me creo que ya no lo veré a diario, aún no me creo que se me será imposible verlo a los ojos, aún no me creo que estaremos separados. ¿Amor verdadero? ¿Qué se yo de eso? Solo lo quiero a mi lado y no necesito más. No necesito saber que es o que somos, no quiero saber como pasó o que pasará... solo lo quiero aquí, conmigo. Y que me mire solo a mí, pues yo solo lo miro a él. Y que me quiera solo a mí, pues estoy seguro de que yo solo lo quiero a él.
Gruño ante la sensación de mis ojos humedecerse y me reacomodo en el asiento. Mis brazos que permanecían cruzados sobre mi abdomen, abrazan mi mochila con fuerza, tratando de ignorar sentimientos de tristeza. Suspiro ante el inútil intento de ignorar pensamientos referentes a él. Será más difícil de lo que me había planteado, será mucho más difícil...
Mi mente se convierte en un vaivén de ideas confusas e información aún más. Comienzo a recordar mi deber y mis horarios y de a poco siento mi cuerpo invadirse con cansancio. Mis parpados pesan, todo se vuelve oscuro al punto de ya no escuchar las voces de las personas de mí alrededor, que al igual que yo, solo esperan el final del viaje, a pesar que después de ello, deban seguir con sus vidas.
-Fin pov-
... ... ...
-Pov Damien-
Todo escenario se vuelve totalmente familiar para ambos, las casas con mismo aspecto se hacen presente y el tiempo indicando las once y treinta de la noche. El viaje, por lo menos para mi, concluye y abro la puerta de la camioneta. El frío me toma por sorpresa, la brisa me pega de frente y un escalofrío recorre mi cuerpo. Me quejo por lo bajo y piso el suelo, girando a ver a mi amigo, quien esperaba atento y sonriente a lo que sea que pudiera decirle. Solo lo miro en silencio por unos segundos con una mirada neutra e indescifrable, y aquello fue suficiente para hacer entender al mayor que no había nada importante que decir. Gregory asiente suavemente con la cabeza, indicando que tenía permiso de hacer lo que sea. El acto fue bien recibido por mi persona e imito la acción, aunque no con la misma suavidad, y cierro la puerta. No fue necesario más, nosotros como buenos colegas nos entendemos. Si, si, 'buenos colegas' dije, pues a pesar de todo lo que me ha hecho pasar el latoso de Fields, me ha ayudado mucho en varias ocasiones. A él puedo llamarlo amigo de alguna u otra forma, pues a pesar de ser un egocéntrico perfeccionista y delicado rubio ensimoso, se ha ganado mi confianza y mi agrado. Igual con el otro sujeto. Phillip podrá se un británico entrometido con sobre-instinto materno, pero aún así, se que no es mala persona y supongo, por el hecho de que me busca para hacernos compañía mutua, el piensa lo mismo.
Avanzo y saco del bolsillo una copia del juego de llaves, mismas que me permiten entrar a la propiedad. Escucho el auto encenderse de nuevo y alejarse sin prisa; cierro la reja detrás de mi persona. Camino por el sendero marcado entre las hierbas y césped, sintiendo una ligera lluvia helada y llego por fin a la puerta principal. Ingreso con cautela, de forma silenciosa en plena obscuridad profunda, guardando de nuevo las llaves en mi bolsillo antes de que el tintineo se haga repetitivo y despierte al adulto. Cierro la puerta y suspiro pasándose una mano por los cabellos, mis hombros se destensan y el cálido ambiente que suele acogerme no se haya en esa habitación. ¿Y donde está la seguridad que se hacía presente en mi cuando solía llegar a casa? Lo ignoro. Mi cabeza duele y el pecho se me oprime a la par que siento una presión en mi garganta. Suelto un pequeño gruñido intentando sacar de mi mente tantas cosas y solo me decido por empezar a subir las escaleras. Paso a paso, deseando ascender por completo de una vez. Silencio total... silencio en el auge de su definición, desesperante en cierta parte, reconfortante en el resto. Camino por el pasillo, paso a paso lentamente, y abro la perilla de la puerta, cerrándola lo más rápido posible. No me molesto en encender la luz y dejo reposar mi cuerpo sobre la misma puerta. Recargado, llevo mis manos a mi rostro y froto mis sienes. Suspiro disgustado y gimo adolorido emocionalmente.
Siempre creí... siempre pensé que esto sería más fácil. ¡Joder! ¡Me arto de solo recordar lo mucho que ese chico me hace sentir! ¿Que no se supone que me había planteado hace tiempo que no me dejaría caer por nadie? Es decir... ¿Qué no se supone que soy menos susceptible a eso de los sentimientos? ¿Entonces porque carajo ese sujeto me pone así? Algo en él me pone mal y me hace querer olvidarme de todo. Ser de él y viceversa. Quererlo y que me quiera.
De a poco, termino sentado en el suelo, aún recargado en la puerta, aún con el odioso nudo en la garganta. Abrazo mis piernas flexionadas y apoyo mi mandíbula en mis rodillas. Cierro los ojos lentamente y mi respiración se agita.
Negarlo ya no sirve de nada, es improbable el éxito si lo intento. Olvidarlo, mucho menos, es ridículo decir que lo lograría, pues su recuerdo persiste en mi mente y yo me aferro a ello, pues cierto es que me agrada recordar los bellos momento. Independientemente sean malos o sean buenos momentos, me gusta pensarlos, pues en ellos aparece siempre él, y con eso, cualquier cosa es mucho más agradable. El es agradable. El es asombroso. El es perfectamente imperfecto a su manera en particular, quizás fue eso lo que me atrajo siempre; sus palabras, su voz, su mirada, su presencia... todo causa de mis confusiones y falta de sueño. Todo causa de mi actual desgracia y pensamientos.
Escondo mi rostro entre mis brazos y me siento ridículo al darme cuenta de tal acto y mis ideas. Debería dejar de ser tan débil ante su persona, debería dejar de hacer tantas cosas. Levanto mi cabeza con cierta firmeza y lo decido. Mi mirada observa la oscuridad y siento el aire sofocarse. Tampoco voy a dejarme caer tan bajo. No voy a sentirme triste de por vida solo porque él no está aquí. No voy a regresar a ser el de antes, pues antes no era nadie y me consta. Todos los caminos, todas las opciones me llevan a lo mismo, ya da igual si pienso olvidarlo, si pienso ignorarlo, solo lo haré. No rebuscaré formas imposibles de arreglar lo que se dio por hecho. No voy a pensarlo, no lo necesito. Mis parpados pesan y mis ojos arden un poco. No voy a pensarlo, no voy a hacerlo y punto. Me distraeré haciendo lo que sea, leeré o pintaré algo, pero no, el no puede regresar a mi, no puede regresar su recuerdo, su presencia, su aroma y su mirada...
Y de nuevo me siento decaer. Que cosas tan estúpidas pienso.
Indignado con mi persona, bufo. Estiro mis piernas y saco de mi bolsillo, mi celular. De inmediato me pongo a buscar cualquier canción no-deprimente para, de momento (por lo menos), sacármelo de la cabeza. Rock alternativo o lo que sea es bueno. Procuro no subir todo el volumen por el único inconveniente que de seguro duerme plácidamente en la habitación de un lado, mas tampoco soy discreto a pesar de la hora. Dejo el celular en el suelo, a un costado propio, y dejo que los sonidos den vueltas en el ambiente. Dejo caer la cabeza hacia atrás y la recuesto en la madera. Cruzo mis piernas y dejo reposando mis manos sobre mi regazo. La voz que se escucha se profundiza y la letra de la canción, por suerte, no tiene nada que ver con mi situación. Tarareo al ritmo de la canción y muevo mis dedos al son de la tonada. ¿Tan difícil era hacer eso? Ya todo no parece tan malo... mierda. Pero el pensar en que ya no lo pienso, hace que lo piensa. Jodida ironía. Tomo el celular entre mis manos y me dedico a buscar otra canción. ¿Porque todas me parecen inservibles para lo que quiero? ¿Porque todas las canciones tienen algún detalle que hace que el castaño regrese a mi mente? Es molesto. Arrojo el celular hacia la cama, que no está a mas de dos metro de mi, y de seguro la gravedad me odia, pues "mágicamente" y por obras del destino, el aparato rebota y cae al suelo. Entrecierro los ojos y frunzo el ceño. Con eso de que las pantallas de los Iphone son delicadas en exageración... bueno, no me sorprendería que ahora la mía estuviera roto. Aghh. Ni siquiera me molesto en levantarme en revisar como quedó, me lo imagino y me da tristeza; además de que mentira que Robert se alegrará con la idea de que haya roto lo que me compró relativamente hace poco. Gruño de solo imaginarme lo que dirá.
Me reacomodo, quedando ahora acostado en el suelo. Yeap, en mi piso, justo a un lado de mi cama y en posición fetal. A pesar de estar al otro lado, aún alcanzo a escuchar perfectamente la música que sigue reproduciéndose. De repente un viento sacude las persianas y trae consigo, un olor a humedad. De nuevo, los jodidos recuerdos.
Cierro los ojos con algo de fuerza y vienen a mi, imágenes de la vez que paseamos por el bosque, la vez que corrimos en la lluvia. Todo recuerdo llega para atormentar y hacerme dar cuenta que sencillamente no pasará. Que todo fue momentáneo, que no estaba destinado a durar y que por lo tanto nada fue real. Nada era saludable, todo era una bomba de tiempo que aumentaba su intensidad por cada segundo extra que saboreaba sus deliciosos labios, por cada segundo extra que tocaba su piel. Pero quizás eso lo hacia tan arriesgado, tan bueno, tan adictivo. ¿Lo bueno nunca dura, no? Pues aquello era extremadamente bueno, era factible pensar que no duraría tanto. ¿Y pudo haber sido mejor? Lo creo, pues ambos no somos el mejor ejemplo para nadie. Quizás el tiempo fue esencial en todo esto. ¿Que hubiera sido de mi si él no se hubiera ido? Puede que a la larga, lo que sea que teníamos se hubiera formalizado, por llamarlo de alguna forma. ¿Que hubiera pensado mi familia, mis compañeros, la sociedad? Sería como, si no pudiese defenderme, suicidio. No se si hubiera soportado las presiones, ¡Pues solo hay que ver como me pongo solo con su partida! Porque ¿Eso no es tan malo, no? Pudo haber sido peor, si existe un nivel superior. Pudo haber sido nosotros mismo los que destruyeran lo que teníamos, nuestros demonios chocando, nuestros venenos intoxicándonos. Eso si seria peor, pues nuestra decisión fue la que hubiera acabado con todo, y no alguien ajeno satisfaciendo su avaricia. Aún me pregunto que quieren de él... a la larga me enteraré, estoy seguro, pero me lo pregunto mil veces y no se me ocurre nada lógico. Ni siquiera tiene la mayoría de edad ¿Que tanto puede tener de él, entonces?
Mi respiración acelerada no cede y se intensifica. La música cambia a una totalmente ajena a mi sentir y es indiferente para mí. El aire me trae su perfume y desaparece con la misma velocidad con la que llega. ¿Te has rendido ya? no aplica la palabra ni la situación no te dejo tomar una decisión. Excusas hay muchas en la vida, ¿cual es la que elegiste? dudo si quiera que mi excusa pudo llegar a ser escuchada. No, no... no deberías ser así ¿El te quería, cierto? por supuesto, nos queremos. ¡Ah! ¿Ahora piensas por lo dos? ¿Y que dice él? el mismo me lo dijo, justo antes de partir. Antes de partir... fue duro. claro que fue duro. que pregu... No fue una pregunta. No te dejes caer. lo he intentado tantas veces que... Tampoco fue una sugerencia. Cúlpalo. ¿culparlo? pero si él no lo decidió. Y sin embargo es la causa de que estés así, ¿no? Si deseas acabar con algo, se ha de buscar la razón del problema y destruirlo desde allí. pero yo no quiero acabar. no quiero olvidarlo. Eres un indeciso. ¿Que no eras tu el que decías que no lo necesitabas? me parece que mentí. No se te puede confiar nada, entonces. Solo hazlo. No cuestiones, no pienses. El es el culpable ¿no está claro? No caigas. Extrae el tumor. no lo deseo. quiero seguir viéndolo en sueños, quiero seguir imaginándolo a mi lado. Masoquista tenías que ser. Ya déjalo. Total, ¿Cuantas posibilidades hay de que el te espere a ti? regresará, lo se. el lo dijo, lo prometió. Soporta entonces la infernal espera, pues sabes que esto no es solo de meses o un año. no lo había considerado ¿tanto tiempo? ¿Y que esperabas? Si él fue a vivir en aquella ciudad. Olvídalo. Ódialo. Cúlpalo. La supervivencia del más fuerte. no ¡no! ¿odiarlo? es tonto. No, tú eres tonto. Solo hazlo. No preguntes, no cuestiones. Empeorará si a diario lo piensas y anhelas. Si lo ignoras ni siquiera sentirás el dolor del desamor. si se ignora algo pues sencillamente se da por tema muerto. Estás pensándolo mucho... detente. Desconsidéralo, ignóralo, cúlpalo, detéstalo, ódialo, olvídalo. No lo pienses, no lo desees, no lo reconsideres en la vida que no podrán tener juntos. Omítelo, supéralo, cúlpalo. No se te ocurra pensarlo, celarlo, quererle, pues te perjudicará y no disfrutarás lo demás.
De a poco me quedo dormido, pensando cosas que no llego a comprender ni a querer hacerlo. Algo me dice que me he decidido por algo. Algo me dice que puede que todo esté bien. Christophe puede hacer lo que quiera, él no me importa. Que haga lo que tenga que hacer y no interesa si regresa o no. Si fuimos separados fue por alguna razón, no era bueno que estuviéramos juntos. Destino no teníamos, futuro mucho menos. No me rindo, es solo la realidad. La música se detiene y un silencio que atormenta invade el lugar a diestra y siniestra. Mi mente se desconecta de la realidad dejándome con borrosos recuerdos. No importa lo que suceda, él es ajeno a mí. No importa lo que digan, el puede llamarse culpable. No importa la circunstancia, no lo recordaré. Estoy convencido de que aquello me conviene, y si lloro, es porque no he logrado lo que me he encomendado. El no me recordará con los años y que más da, no aseguro que yo lo haré. Con los años su promesa se borrara, dejando de por medio una serie de recuerdos sin importancia. Yo haré mi vida, él podrá hacer la suya, y ni siquiera nos acordaremos de nosotros mismos, pues todo fue tan fugaz, tan irreal que sencillamente no tendrá importancia a la larga. Y no sollozaré más por él ni por nadie, después de todo, él dejó de hacerlo primero.
-fin pov Damien.-
Y con eso concluyo el capítulo trece.
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