Killua se quedó mirando fijamente a la dirección en la que su amigo iba hasta verlo desaparecer. Soltó un gran suspiro, y pronto intentó llenar su mente con algo más. Lo que más quería en ese momento era acabar la conversación que habían tenido minutos antes de que Leorio interrumpiera, y la paciencia definitivamente no era su fuerte. Menos en un momento como ese.

Paseó por el hotel, sin rumbo por varios minutos, hasta que se percató del hambre que comenzaba a tener. Claro, ya eran pasadas las tres de la tarde y aun no comía nada. ¿Qué podía estar haciendo Gon que le llevara tanto tiempo?

Aun con un montón de pensamientos en la cabeza, el albino bajó al primer piso del hotel para comer algo en el restaurant, y fue cuando estuvo a punto de acomodarse en una de las mesas que su interrogante fue contestada. A unos metros de allí, Gon conversaba animadamente con una joven castaña, quien parecía estar notablemente interesada en él. Killua sintió cómo un tic nervioso aparecía en una de sus cejas.

¿Qué demonios hacía Gon con una chica?

Aquello tenía todo para ser una cita. Pero no lo era, ¿Verdad? ¿Por qué estaría Gon con otra chica si se suponía que le gustaba él? Porque él era quien le gustaba a Gon, tenía que ser así.

Sin embargo, luego de aquella alegre despedida y un beso en la mejilla, ya no estaba tan seguro. De hecho, se sentía estúpido por haber creído que quien le gustaba a Gon sería él en primer lugar. Se giró con las manos en los bolsillos, y caminó calmadamente de vuelta a su habitación. Se sentía abatido, como si lo hubieran derrotado humillantemente en una pelea. Detestaba no poder controlar sus sentimientos, porque estos eran precisamente los que le impedían actuar normalmente con su amigo. En especial después de presenciar aquella escena.

Se dejó caer sobre la cama una vez que llegó a su habitación. Siempre pensó que habría un montón de razones por las que podría tener que separarse de Gon, comenzando por su familia, o incluso por su condición de asesino. Pero jamás pensó que la que finalmente terminaría por alejarlos serían sus propios sentimientos. Porque eso era precisamente lo que tenía que hacer.

El joven moreno entró apresurado a la habitación, contándole que Kurapika estaba a punto de llegar. Apenas le tomó atención, y decidió que lo mejor sería darle la noticia cuanto antes. Mientras más tiempo dejara pasar, más le costaría mantenerse firme.

-Tengo pensado irme mañana por la mañana.

Luego de esa frase, reinó un silencio total. Los dos jóvenes se miraban severamente a los ojos.

-¿De qué estás hablando, Killua?- Preguntó el moreno, como si no hubiera sido capaz de comprender lo que su amigo le decía. -¿Por qué? ¿Por qué ahora?- Intentó procesarlo, sin poder dejar escapar cierto deje de desesperación en su voz.

El joven asesino cruzó sus brazos bajo la cabeza, en un gesto aparentemente despreocupado.

-No hay una razón en especial. Creo que ya es hora de regresar, he estado demasiado tiempo fuera-.

-¡Eso no es cierto!- Exclamó Gon, sin siquiera preocuparse de contener sus sentimientos. –¡Sé que me estas mintiendo! ¿Por qué no quieres decirme que te sucede realmente?

El albino se sorprendió en un comienzo por sus palabras, pero luego se tornó serio.

-No te estoy mintiendo, Gon. Eso es lo que ocurre-.

-¡Killua!-

-¡Tú eres el necio que no quiere entender!-. Acabó por gritar el albino exasperado. No quería discutir con su amigo, pero no había otra manera. Gon era demasiado obstinado.

-¡Está bien! ¡No hablaré contigo hasta que dejes de mentirme!- Exclamó el moreno molesto al tiempo en que salía de la habitación dando un portazo.

Killua soltó un gran suspiro, y luego cerró los ojos. Nunca pensó que sería tan difícil separarse de alguien. No quería hacerlo, pero ya no había vuelta atrás.

Gon caminó por el pasillo, notablemente molesto. Se dirigió por inercia a la recepción del hotel, pero casi había olvidado el hecho de que iba hacia allá para encontrarse con Kurapika. Le molestaba que su amigo le mintiera. Por supuesto que le afectaba enormemente la noticia de su partida, no quería que se separara de su lado. Sin embargo, el que no fuera capaz de decirle la razón real por la que se marchaba era lo que lo tenía en ese estado. Sentía impotencia, como si de pronto alguien fuera a quitarle lo más preciado que tenía y él era incapaz de hacer algo para detenerlo.

El joven moreno volvió en sí en cuanto sintió que alguien le tomaba del brazo, llamando su atención.

-¿Estás bien?- Escuchó una voz a su lado, sacándolo de su ensueño.

-Kurapika-. Exclamó con cierta sorpresa, no se había percatado de su presencia. Se extrañó ante aquella pregunta tan asertiva, sin embargo, supuso que debía notársele en la cara.

-Te he estado llamando por varios minutos-. Explicó el mayor, como habiendo leído sus pensamientos. -¿Ocurrió algo?-

Gon se sintió algo avergonzado al haber estado tan sumido en sus pensamientos que ni siquiera había sido capaz de escuchar a su amigo. Le daba lástima recibirlo en aquellas circunstancias, después de todo, Kurapika era una persona muy ocupada, y aun así se encontraba allí. Soltó un suspiro resignado. No podía negar que a pesar de todo, se alegraba de que hubiera llegado. Si había una persona capaz de sacarlo de aquella extraña y desagradable situación, definitivamente, era él.

-Ya veo-. Dijo el rubio una vez que hubo tomado un sorbo de café. Gon había terminado de contarle todo lo que había sucedido durante esos días, y esperaba ansiosamente los consejos de su amigo. –Gon, no pretendo decirte paso por paso lo que debes hacer. Sin embargo, no me parece correcto que finjas ser algo que no eres para llamar la atención de alguien. Probablemente, si Killua se interesó en ser tu amigo, es porque le gusta cómo eres genuinamente.

Gon sintió cómo se dispersaban rápidamente los nubarrones de dudas que le habían impedido pensar con claridad esos días. Eso era cierto. Él siempre había sido totalmente sincero con Killua, pero ahora que había comenzado a actuar extraño, él también lo hacía. ¡Era muy simple!

Se puso de pie con un renovado entusiasmo, y una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Gracias, Kurapika!- Exclamó sin contener su característica efusividad. El mayor tan solo sonrió, aliviado de volver a ver a su amigo con una sonrisa en su rostro. El moreno se precipitó hacia las escaleras, decidido a acabar con todo ese dilema en ese mismo instante.

-Gon, ¿En qué habitación se encuentra Leorio?- Preguntó el rubio justo antes de que Gon se echara a correr.

-¡Es la número 472!- Exclamó para finalmente perderse.

Kurapika bebió con tranquilidad el último sorbo de café que quedaba en su taza y luego se levantó de la mesa para caminar hacia el ascensor.

El aspirante a médico se encontraba en su habitación, arreglándose la corbata frente al espejo con afán. Dos suaves golpes en la puerta interrumpieron su actividad, obligándolo a dejarla pendiente.

-Voy enseguida- Dijo mientras caminaba en aquella dirección. Se vio totalmente sorprendido al averiguar que quien estaba tras aquella puerta era el mismísimo rubio. -¡Kurapika!- Exclamó con una sonrisa, pero esta se borró instantáneamente al ver la expresión en su rostro. -¡Vaya humor! ¿Esas son formas de saludar a un viejo amigo?- Exclamó sin entender la extraña actitud de su amargado amigo.

-¡No puedo creer lo irresponsable que has sido!- Lo regañó dejando salir todo lo que había contenido durante su conversación con Gon. –¡Estás sólo dos días con los chicos y por poco haces que uno de ellos se vaya!

-¡Aun no comprendo de qué estás hablando!- Exclamó el casi médico, ofendido. -¡Incluso he estado ayudando a Gon estos dos días! ¡No tienes derecho a tratarme así!-

-¡Ese es precisamente el problema, cabeza hueca!- Continuó con la discusión, sin dar pie atrás. -¡Tus torpes planes casi arruinan todo!

Los dos jóvenes dejaron de discutir abruptamente cuando escucharon que alguien entraba precipitadamente en la habitación.

-Killua se ha ido-. Dijo el recién llegado, un una gran expresión de tristeza en su rostro. Kurapika le lanzó una última mirada asesina al futuro médico antes de acercarse al moreno para tomarlo por los hombros.

-Gon, si hay una persona que puede encontrarlo, eres tú.- Habló con determinación, intentando devolverle la confianza a su amigo. Este permaneció pensativo un par de segundos hasta que una idea atravesó su mente.

-¡Lo tengo!- Gritó emocionado. -¡No se preocupen! ¡Regresaré pronto junto a Killua!- Aseguró a sus amigos antes de correr a toda velocidad fuera del hotel. Kurapika se quedó mirándolo con una leve sonrisa, mientras Leorio se preguntaba si debían acompañarlo.

-Ni se te ocurra-. Lo detuvo el kuruta, anticipándose a sus movimientos.

-Con lo amargado que eres, ahora entiendo por qué no has tenido novia…- Murmuró por lo bajo.

El ex asesino caminaba pensativamente a la orilla de un mirador. El día se acababa, y las luces de los edificios comenzaban a encenderse, dándole vida a aquella vista. Killua respiró profundo, permitiendo que la helada brisa aliviara un poco sus contradictorias emociones. Sabía que lo mejor sería mantener la distancia, en especial después de todo lo que había ocurrido entre ellos. Sin embargo, tan solo pensar en abandonar a su amigo le producía un incurable nudo en el estómago. Todo sonaba increíblemente aburrido sin él, y pensar en volver a la mansión resultaba simplemente una tortura. No podía compararse en lo más mínimo con todas las aventuras que había vivido durante esos años.

Se detuvo un momento a contemplar la vista. Después de todo, no quería irse.

-Killua-.

El albino se sorprendió al escuchar esa voz detrás de él. En especial porque no había sentido presencia alguna hasta ese momento.

-Sabía que estarías aquí-. Continuó el recién llegado, con una gran sonrisa.

-Gon…- Dijo en un tono apenas audible. No pudo evitar que una pequeña sonrisa apareciera en su rostro. No lo comprendía. No era capaz de entender la capacidad que tenía ese chico de causarle tantas sensaciones en un mismo instante. En ese momento se dio cuenta de que hiciera lo que hiciera, y por mucho que quisiera actuar de la manera menos perjudicial para su amigo, era él quien siempre terminaba siendo salvado.

-Killua, tengo algo que decirte-. Comenzó el moreno con una renovada confianza. Al contrario de cómo se sentía antes, una fuerte sensación de alivio lo inundaba en ese momento. Killua era su mejor amigo, y dijera lo que le dijera, sabía que podía confiar en él.

-Está bien, no hace falta-. Interrumpió el albino, creyendo saber a qué se refería. Sin embargo, justo antes de que pudiera continuar, el moreno se abalanzó sobre él y acortó el espacio que separaba sus labios con un impulsivo y torpe movimiento.

Killua sintió una cálida sensación recorrer su cuerpo, y a pesar de la sorpresa, rápidamente se adecuó a la situación. Apenas fue un ligero tacto, pero fue capaz de que lograr que ambos chicos se estremecieran, y sus pulsos se aceleraran.

En cuanto el contacto cesó, ambos se miraban intensamente. Gon tenía las mejillas levemente sonrosadas, pero conservaba una sonrisa en su rostro.

-Killua, me gustas-. Pronunció mirándolo directamente a los ojos. Después de todo lo que había ocurrido, finalmente había averiguado el significado de aquellas palabras, y estaba totalmente seguro de lo que decía.

El albino se sonrojó violentamente, y apartó la mirada casi al instante.

-No digas cosas tan vergonzosas de esa forma tan seria, idiota-. Se defendió sin elevar la voz, sintiendo como su corazón latía a mil por hora. –Tú también me gustas-. Contestó finalmente, provocando que su amigo sintiera una oleada de alegría.

Los dos mayores, que se habían quedado en el hotel, se encontraban ahora cenando en el restaurant. Kurapika parecía haberse desquitado totalmente con el casi médico, así que estaba mucho más tranquilo para esa hora. A pesar de estar seguros de que Gon regresaría con Killua, fue tan solo cuando los vieron entrar al lugar cuando ambos se sintieron totalmente aliviados. Las cosas parecían haber vuelto a la normalidad. Bueno, casi.

-¡Aquí viene la feliz pareja.- Comentó demasiado alto, llamando la atención de unas cuantas personas de las mesas que se encontraban alrededor.

Killua se sonrojó violentamente, y sintió el fuerte impulso de aventarle una silla a ese idiota. Miró acusadoramente a Gon, buscando una explicación. Este sonrió algo apenado.

-Lo siento, Killua. Tuve algunas dificultades antes de decírtelo-. Se disculpó el moreno, haciendo que el albino tan solo soltara un suspiro resignado. No le quedaba más que tener que soportar los estúpidos comentarios de Leorio.

-Y díganme, ¿Se besaron ya?

Gon casi se atraganta con el vaso de agua que estaba bebiendo en ese momento y el albino lo fulminó con la mirada.

-¡Eso no te incumbe, viejo pervertido!- Se quejó antes de dejarse caer en su asiento. –Maldición, parece que con la edad se ponen cada vez peor.

-¡Oye, mocoso desagradecido! ¡Te informo que fue gracias a mí que hmmpm…-

No pudo seguir hablando, ya que el rubio le había cubierto la boca con una de sus manos.

-Ya ha sido suficiente plática, Leorio, es hora de ir a la cama-. Dijo mientras lo medio arrastraba lejos de la escena. –Hasta mañana chicos.

Gon se despidió nerviosamente, mientras Killua volvía a concentrarse en la comida que se encontraba frente a él.

Unos cuantos minutos más tarde, los dos menores se encontraban ya en su habitación, preparándose para dormir. Killua fue el primero el recostarse sobre su cama, aun con un aire algo pensativo. Gon se sentó junto a él.

-Oye, Gon… ¿Estás seguro de esto?- Preguntó, haciendo que el moreno se sonrojara un poco. No estaba seguro de por qué, pero estar totalmente solo con Killua en una situación así, lo ponía más nervioso que cuando estaban junto a alguien más.

-Claro que sí, Killua. No te lo habría dicho si no hubiera estado seguro.

El joven albino se reincorporó un poco sobre su cama. –Entonces… ¿Está bien si hago esto?- Susurró con una voz que al moreno le resulto increíblemente provocativa. Sintió que los colores se le subían a la cara inmediatamente mientras su compañero volvía a unir sus labios, pero esta vez de una manera muy diferente. Si bien era cuidadoso, se podía notar la pasión en aquel beso, que poco a poco se fue tornando más energético, terminando por dejar casi sin aire a los dos jóvenes. Killua fue el primero en separarse, intentando descifrar la mirada de su amigo. Todo aquello había sido demasiado perfecto, y no quería arruinarlo.

Gon por su parte, sin poder contenerse más, se lanzó sobre el albino sin cuidado alguno, tomándole por las muñecas para así poder experimentar aquella placentera sensación una vez más. Aquello había hecho que el albino no pudiera contenerse más, y pronto el moreno se encontraba debajo de él, sin acabar con aquel insistente movimiento de labios.

El ex asesino comenzó a plantar besos en su cuello, acompañadas de suaves mordidas que hacían que el moreno se estremeciera de placer. De pronto, la ropa comenzó a ser un estorbo, y las prendar comenzaron a desparramarse poco a poco por la habitación. Ninguno de los dos jóvenes estaba seguro de lo que hacían, tan solo seguían sus instintos, guiados por el inmenso placer que les producía el tacto del otro.

Killua, a pesar del enorme deseo que sentía, no pudo evitar sentirse algo avergonzado al acercar su mano a la parte baja de su compañero. Sin embargo, al notar las estimulantes reacciones que tenía el moreno, olvidó totalmente el significado de aquella palabra.

-Ngh… Killua…- Se quejó el de cabello negro, haciendo que esta vez fuera el nombrado quien se estremeciera de placer. Sintió una gran urgencia en su miembro desatendido, y casi de inmediato tuvo el impulso de hacerlo decir su nombre una vez más.

-Gon… ¿Quieres… hacerlo?- Preguntó en su oído con voz entrecortada por su fuerte respiración. El moreno apenas podía procesar lo que su amigo le decía, pero asintió con la cabeza.

-¿Cómo?- Preguntó algo desentendido, ya que no era realmente experto en ese tema, y menos si se trataba de dos chicos.

-Hay una forma-. Contestó al tiempo en que hacía presión una vez más en la intimidad del moreno, quien se retorció de placer debajo de él. –Pero te dolerá un poco.

Gon, incapaz de volver a formular una palabra, tan solo asintió con la cabeza para darle a entender que estaba de acuerdo. El ex asesino se puso en acción casi de inmediato. Si bien nunca había tenido experiencias de ese tipo, había visto suficientes películas con contenidos para adultos como para saber lo que tenía que hacer.

Lamió un poco sus dedos, y de inmediato lo introdujo con suavidad la entrada de su amigo, haciendo que el este se estremeciera de dolor. Soltó un pequeño quejido, pero luego de las constantes caricias por parte del albino, se fue relajando hasta que aquel movimiento se convirtió en una sensación placentera.

Cuando finalmente se acabó la paciencia del albino, decidió que era hora de actuar o estallaría ahí mismo. Retiró sus dedos suavemente y se ubicó entre sus piernas con cuidado, ya que no quería dañarlo demasiado.

Gon tan solo se quejaba de tanto en tanto, mientras el albino intentaba entrar de la manera menos dolorosa posible. Luego de varios minutos, Killua había entrado por completo y Gon se encontraba casi totalmente relajado bajo él. Sin poder esperar más, comenzó a efectuar suaves movimientos pélvicos, sintiendo como una suma de corrientes eléctricas atravesaran su cuerpo. Aquella parecía ser la experiencia más placentera que había experimentado jamás, y difícilmente podía contenerse. De pronto la incomodidad del moreno comenzó a transformarse en placer, y la habitación se inundó de quejidos y gemidos por parte de ambos.

-K-killua…- Gimió el moreno una vez más, sin poder expresar lo que sentía en ese momento, pero no era necesario. El albino estaba sintiéndose exactamente de la misma forma. Unos segundos más, el vaivén de caderas aumentó, y antes de que los jóvenes pudieran darse cuenta, se encontraban en el punto máximo, casi olvidando por completo todo lo que les rodeaba al ser inundado por aquel embriagante placer.

Killua se dejó caer suavemente sobre su compañero, recuperando poco a poco la conciencia y casi sin poder creer lo que estaba ocurriendo. El moreno por su parte, tan solo se aferró a su amigo, totalmente somnoliento.

-Dime algo, Gon…- Pidió el albino, aun intentando recuperar su ritmo cardiaco. -¿Por qué no me lo dijiste antes?- Preguntó con curiosidad, hilando poco a poco los acontecimientos que habían ocurrido durante ese periodo.

-Pues no estaba del todo seguro. Además, Leorio dijo que debía usar ese plan de cuatro pasos-. Contestó apenas, sintiendo que el sueño se lo llevaba.

-¿Plan de cuatro pasos?

-Sí, estaba en una revista para adolescentes. Cuatro pasos infalibles para enamorar a tu chico…- Dijo finalmente, cayendo dormido.

Killua se quedó como piedra unos segundos, y de inmediato le hirvió la sangre.

Leorio… Iba a matarlo.

Kurapika se encontraba en la habitación de Leorio, recogiendo sus cosas para ir a la nueva habitación que había pedido hace poco en la recepción.

-¿Sabes? No tenías que negarte tan rotundamente cuando te ofrecí quedarte conmigo-. Se quejó el casi médico, dejándose caer sobre un sofá.

-Lo siento, fue un impulso-. Contestó el rubio sin darle importancia alguna.

-Eso no lo mejora demasiado…

-Como sea, Leorio. ¿Por qué pensaste que ese estúpido plan funcionaría?- Preguntó el kuruta una vez que había tomado todas sus cosas. Tenía curiosidad desde que había escuchado toda la historia, pero no había tenido la oportunidad de preguntarle.

-¡No es un estúpido plan! Da buenos resultados.- Se jactó el de gafas, tomando la revista entre sus manos.

-¿Ah, sí? Pues yo no estaría tan seguro. Además, Gon ni siquiera llevó a cabo la última fase-.

Leorio sonrió con autosuficiencia.

-Pues déjame decirte que en eso te equivocas, querido sabelotodo.- El moreno abrió la revista y comenzó a leer. –"Paso 4: ¡Declárate! Finalmente, ha llegado la hora. No temas en ser lo más directa que puedas, ya que a estas alturas, él debe estar loco por ti. ¡Felicidades y a disfrutar tu nueva relación!"- El moreno cerró la revista, como dándole importancia al asunto. -En otras palabras, el plan ha sido todo un éxito.


Notas: Y finalmente, aquí está, el último capítulo. Me tardé un poquitín, pero al menos es más largo que los demás. Sí, más o menos el doble xD

La verdad es que me alega mucho haber escrito esta historia, ya que hace tiempo que no me dedicaba a una historia como lo hice con esta, y me devolvió mucho las ganas de escribir. Así que muchas gracias a todas las personas que me escribieron reviews y siguieron mi fic, de verdad, todos sus comentarios me motivaron muchísimo a seguir escribiendo, ya que varias veces tuve vacíos mentales ;_;

Reitero las gracias a RedGlossyLips, ya que fue gracias a sus ánimos que acepté este pedido en primer lugar, y espero que te haya gustado, Gingana, ya que no sabía exactamente lo que tenías en mente, pero hice lo que pude.

Y sin seguir dándoles la lata, me retiro muy feliz 3 Los quiero a todos (?) Nos leemos por ahí, en más historias ¡Besos!