Conclusión de esta (larga) secuencia de pelea; una lección y una tierna sorpresa.

...Oh, Dioz. Apesto para esto.

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IV: The Mark Has Been Made

"A cuenta de tres, Camus."

Ambos niños exhalaron. La tensión los estaba matando.

"Una," dijo Milo, tratando de mantener la adrenalina y los nervios bajo control.

"Dos..." siguió Camus, decidido.

"Tres," dijeron al unísono, y salieron en direcciones opuestas.

Shura dio un paso hacia atrás, tomado por sorpresa. 'Lo tenemos.' Milo recordaría esa expresión con inmensa satisfacción después, porque en el momento no tuvo la oportunidad de apreciarla como quisiera.

De nueva cuenta Shura se pareció decidir por Camus. 'No te le acerques demasiado, no te le acerques demasiado…' repetía Milo en su mente, sin poder distraerse de su actual tarea para confirmar que su amigo mantenía la distancia adecuada del enemigo sin arriesgarse innecesariamente.

El caballero de ojos púrpuras levantó una mano rígida al cielo.

Virando el torso hacia el español mientras corría, el caballero de Acuario le castigó con un ataque helado. El golpe de aire frío congeló el brazo izquierdo de Shura al instante.

"Scarlet Needle!" Milo arremetió sólo fragmentos de segundo antes de que su oponente hiciera lo mismo.

La mano de Shura nunca descendió.

Las agujas perforaron distintos puntos en el brazo derecho del caballero de Capricornio, neutralizando la amenaza del inevitable contraataque.

Las pupilas del agredido se volvieron pequeñas, probando que los ataques habían dado en el blanco. Sin hablar, contrajo el brazo que portaba Excalibur gradualmente, hasta posicionarlo frente a sí, horizontal a su figura. A pesar de estar rodeado, no perdía la inmutabilidad de su expresión. Emanaba un aura imponente, y los tres caballeros sabían perfectamente que la ventaja era de carácter efímero, engañosa.

"Basta," intervino Saga, aproximándose por detrás de Shura. Levantó las manos hacia los lados, marcando un alto a los otros dos combatientes. Estos cedieron, bajando la guardia lentamente, agotados, pero aún con los nervios en punta. "Ha sido suficiente."

"Excelente trabajo, Shura," aplaudió Aioros, desde su lugar.

El ojiverde asintió. "Pero el desempeño de estos dos, estarás de acuerdo, ha sido nada menos que soberbio," precisó Saga, solemne.

Milo esperaba con ansiedad a que dijera algo específico, sin embargo.

Saga volteó hacia abajo, al impaciente caballero de Escorpión. Puso una mano en la cintura, y sonrió. "Felicidades, latoso."

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"¿Y bien, Camus?"

Volteó para apreciar que se aproximaba el caballero de Sagitario, y le observaba con una sonrisa que, en cualquier otro, Camus hubiera confundido por arrogancia.

"¿Sí?"

"¿Qué aprendiste hoy¿De esto?"

Camus no respondió enseguida. Buscaba a su amigo con la mirada, entre las escasas gentes del lugar. De un lado estaba Saga, atendiendo a Shura, mientras los contemporáneos de este último—Afrodita y Deathmask—no dejaban de inquirir sobre su bienestar.

"¿Seguro, Shura? El imbécil ese a veces no se mide, y si el veneno fue bastan..."

Shura negó con la cabeza.

"Malditos idiotas," renegó el joven de Cáncer, furioso. "Te juro que voy a—"

"Déjalos en paz," intercedió Shura, áspero. "Si les lastimas un cabello, te lo cobraré con intereses¿escuchas?" le advirtió, congelándole con la mirada. Los caballeros que le acompañaban se tensaron ante su temperamento.

Exhaló, meditabundo. Se encogió de hombros. "Me confié," dijo, tranquilizándose. Volteó hacia donde el par de vencedores. Reconoció su derrota como legítima. "Hicieron bien," dijo, aprobatorio. Afrodita y Deathmask se relajaron, aliviados.

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Un pequeño grupo de extraños (turistas, lo más probable) estaba en escena también, absortos por lo que acababan de presenciar, pero sin atreverse a acercarse a los guerreros aún.

Encontró a Milo en el último conjunto, celebrando ruidosamente, rodeado de los demás niños que habían sido descalificados temprano y ahora lo escuchaban fascinados, con un sentido de inocente admiración, mientras repasaba (y exageraba, para fines dramáticos) todo lo que había pensado y sucedido durante la intimidante contienda con Shura.

El galo sonrió lentamente, sin darse cuenta de ello.

Aioros no requirió de una contestación. Pero se sintió, al final, compelido a hacer un breve comentario al respecto.

"No importa por cuánto hagas pasar a una amistad, Camus, esta sobrevivirá la prueba de fuego. Siempre estará esa persona ahí, donde y cuando lo necesites: al final del día, o..." indicó con un movimiento de la cabeza, hacia donde su hermano, azorado, hacia miles de preguntas a Milo, "...a la mañana siguiente. Recuerda esto."

Camus lo consideró. Entendiendo, asintió solemnemente. Complacido con los resultados, el otro caballero se retiró.

Escuchó su nombre. "¡Camus!"

Milo corría apresurado hacia él, con la adrenalina todavía en la sangre, sus mejillas coloradas, y algunos mechones pegados a su cara. Se detuvo frente a Camus, algo corto de aire, tratando de contagiarle—o cuando menos hacerle entender (un poco, siquiera) la magnitud de—su emoción.

"¡No lo puedo creer! Shura. Shu. Ra. Shura, por Zeus. ¡Creí que nos haría cortinas con ese ataque!"

Aioros había tomado ahora el lugar del caballero de Géminis, conversando con Shura. Saga no podía evitar el sentirse enorgullecido. Descruzó los brazos y caminó hasta ellos, enredando cariñosamente las cabelleras de ambos a la vez. Milo soltó una carcajada, sorprendido, mientras que Camus apretaba los ojos, sonriendo. "Buen trabajo, muchachos."

"Whoo!!" exclamó contento el caballero de Escorpión, alzando un puño en el aire en señal de triunfo, mientras colgaba su otra mano alrededor del hombro de su mejor amigo, apretándolo contra sí. Dejando de lado su timidez, el caballero de Acuario se dejó llevar por el alboroto...y decidió que no era tan malo como lo había imaginado.

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No supieron exactamente quién tomó la fotografía, pero Aioros la entregó a Milo más tarde. El griego, apartado de Camus por el momento, la estudió mientras caminaban todos de regreso hasta las escaleras del primer templo. En el camino de ascenso, conversaban sin parar sobre el agitado día. Milo decidió obsequiarla a su co-campeón una vez que llegaron a la salida de la octava casa esa noche.

"Toma. Quédatela."

Camus quitó las manos, intentando disuadir a su amigo. "No, no podría. Mejor tú—"

"Anda," insistió el otro, "no tenemos la oportunidad de hacer esto todos los días. Estará en mejores manos contigo. Es un buen recuerdo¿no lo crees?"

Camus veía el retrato, recordando la satisfacción que habían sentido al resultar victoriosos en el excéntrico reto. Advirtió la cara de Milo, inequívocamente feliz, y la suya propia...no muy distante de lo mismo.

'¿Qué aprendiste hoy?'

Camus tenía la respuesta.

'A confiar en él. Puedo depender en él.'

Levantó los ojos, con una sonrisa en los labios. "El mejor."

Sin pensarlo, se acercó al griego y depositó un beso descuidado, demasiado cerca de la orilla de su boca. "Gracias!" dijo emocionado, despidiéndose con urgencia para ir a disfrutar del regalo.

Milo se quedó parado a la salida de su templo, congelado, las mejillas encendidas. Pasaba su mano una y otra vez sobre el área donde el francés había tocado con sus labios.

"D...de nada," masculló, impresionado.

Nada volvió a ser lo mismo.

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N/A

Yay!!! Milo recibió un bonus :D

Aquí sí les pido un poco de paciencia. Estoy haciendo una última limpieza del capítulo (y el que le sigue), so puede que tome un par de días para subirlo. Sorry.

Sugerencias para mejorarlo, comentarios, críticas...bienvenidas 24/7.