Título: Awaken.
Advertencias: leve mención de muerte(?
Muchas gracias a todos los que han faveado la historia, en serio. Lamento un poco la tardanza, pero no he estado demasiado con el ordenador. Tendré el siguiente capítulo listo muy pronto.
Pi… Pi… Pi…
El sonido de tu corazón es lo único que escuchas en ese momento, un latir lento y relajado. Bueno, no sólo en ese momento, es lo que llevas escuchando desde hace horas, días, meses… Ya no sabes cuánto tiempo ha pasado desde entonces. Al principio te encontrabas confuso de qué estaba pasando, del porqué estabas ahí, y pese a que recordaste un fragmento de tus memorias de ti cayendo hacia atrás, todo sigue igual de confuso que al principio.
Pero bueno, esa ha sido tu vida durante mucho tiempo. Ver oscuridad, respirar, escuchar el latido de tu corazón y pensar, pensar y pensar en todo y en nada a la vez. Imaginarte aventuras ya vividas o inventadas, para escapar de aquella realidad. Muchas veces piensas si te habrás vuelto loco ya de tanto estar ahí, pero recapacitas y crees que tal vez ya lo estés pero todo te da igual a esas alturas.
Seguirías cavilando en todo tipo de dudas existenciales, pero una suave luz te llama la atención. Sonríes, son pocas las veces en las que la ves, pero cuando lo haces significa que las voces volverán a oírse, y logras apaciguar la soledad por unos segundos.
¡Pi Pi Pi Pi!
Tu corazón galopa en tu pecho, más veloz que normalmente, y parece que te cuesta respirar más que antes. Y tal como esperabas, ahí están las voces de nuevo; las escuchas borrosas, difuminadas en el aire, pero están ahí. Por lo que te acercas más a la luz, por el simple hecho de que añoras escuchar la voz de otra persona. Desde que estás en tu prisión mental, la tuya es lo único que la llena. Y ya estás harto de aguantarte a ti mismo hablar y hablar. Te has cansado de tí mismo.
— ¡Doctor, se nos va, se nos va! —si en ese momento pudieras sonreír lo harías. No espera, ya lo estás haciendo, aunque sea internamente. El dolor que estás pasando en ese momento es compensado por el eco humano que hacen los susurros alrededor en tus oídos. Notas cómo algo frío toca tu pecho, y luego manda un chispazo eléctrico que recorre todo tu cuerpo de un momento a otro. Tu corazón sigue sintiéndose igual, y las manos que se encontraban en tu cuerpo se marchan, como acariciándolo por última vez.
Pi... Pi… Piiiiii.
Nunca habías oído aquel pitido que te acompaña de manera tan seguida antes. Por un momento te sientes más ligero, como si te hubieras quitado un peso de enci-
Un momento, eso que has oído… ¿son gritos? Crees que no estás alucinando ya que, que tú sepas no te han inyectado nada. Intentas afinar el oído con mucha dificultad y sí, lo que suenan son gritos. Y se escuchan muy cerca de tu posición… Empiezas a ponerte nervioso, pensando en qué estará pasando ahí fuera. Por primera vez -tras mucho tiempo sin demasiadas esperanzas- deseas abrir los ojos y despertar de una puta vez.
Pero no puedes, simplemente te quedas quieto sin hacer nada, notando como poco a poco caes en la inconsciencia sin poder evitarlo, y sin tener la puñetera idea de qué pasa a tu alrededor.
Y nos remontamos ahora, a ese momento en el que te encuentras con los ojos abiertos y más confuso que en toda tu puñetera vida. Miras a tu alrededor, sin tener ni puta idea de nada. Lo primero coherente que piensas es en esconderte bajo la cama, debido al peligro ante el que te encuentras. Piensas en que ni siquiera puedes moverte, por lo que sin mirar siquiera giras sobre ti mismo y caes al suelo con los ojos cerrados, intentando moverte lo más rápido posible. Sin darte cuenta, las agujas pegadas a tu brazo se liberan y te provocan un leve dolor en el antebrazo, y ni aunque lo intentes los sonidos adoloridos no salen de tu boca.
Pero te sorprendes al no sentir el frío suelo bajo tu cuerpo, y en vez de eso toparte con algo blando debajo de ti.
Y al bajar la vista, borrosa al estar falto de tus gafas, sientes como la expresión de tu cara se congela y un grito se atasca en tu garganta.
Un cuerpo. Hay un cuerpo debajo de ti, y no vivo precisamente. Intentas no gritar ni hacer ruido, y aun así crees que no puedes articular sonido alguno porque el simple hecho de tragar saliva te causa dolor. Miras a aquel hombre, con la bata cubierta de sangre y los ojos en blanco. Decides ignorarlo, aún con dificultad, y ruedas hasta acabar tumbado bajo la cama, haciéndote un ovillo e ignorando el sonido de la madera de la puerta quebrándose.
—Dios, esto es un coñazo. —escuchas una voz masculina, pateando un objeto que hace eco en la habitación.
—Odio las putas misiones de reconocimiento. ¡Si ya no queda nadie y eso lo sabe todo el mundo! —otra voz se hace oír, y puedes ver una mano arrodillándose a tu lado. Tu corazón tiembla, y tu pecho duele en ese momento pero lo ignoras.
Ves como el cuerpo de aquel que te salvó de ser descubierto se eleva en el aire, alzado por un brazo…
Pero no es un brazo normal.
Tus ojos se abren, y sientes como si las fuerzas se desvanecen y todo lo que estás viendo es pura ficción, ya que parece una de esas aventuras que has inventado en tu cabeza para no sentirte tan solo. Aquel brazo no es siquiera humano; aquel color grisáceo le delata. Y dudas mucho de que sea maquillaje.
Y antes siquiera de que puedas volver a asustarte por estar tan cerca de la muerte de nuevo, tus ojos se cierran y vuelves a caer en la inconsciencia.
El frío calándote en los huesos es lo que te hace abrir los ojos. Intentas ubicarte y recuerdas estar en esa sala de color blanco, que ahora se encuentra totalmente oscura debido a que es ya de noche. Ah, la noche. Algo que hace mucho que no ves, pero a lo que estás muy acostumbrado.
Tal y como te imaginabas, el cuerpo a tu lado ya no está. Te estremeces, y tanto el miedo y el frio ayudan. Rememoras los hechos ocurridos hace poco, y puedes recordar a aquel brazo inhumano, de un color muerto, apareciendo bajo tu cama. Como si fuese un monstruo, y tú el niño escondiéndote de él.
Giras, hasta acabar tumbado boca arriba en el punto exacto donde se encontraba aquel hombre tumbado. Te permites echar una enorme bocanada de aire. Suspirar. Nunca pensaste que echarías de menos cosas tan banales como esa, como un simple suspiro. Algo que antes parecía tan sencillo, y ahora sientes como si ese mínimo gesto te costara la vida.
No sabes cuánto tiempo llevas mirando al techo, pero sólo sabes una cosa; a partir de ahora vas a tener que apañártelas tú sólo. No sabes aún qué está pasando, pero algo sí tienes claro.
Vas a tener que aprender a sobrevivir por tu cuenta.
La historia avanza, a su ritmo pero lo hace. Intentaré publicar esto con más rapidez, para que no se haga demasiado aburrido.
Salu2(L
