Este fragmento toma lugar...el día después.

...No hay nada sobresaliente, lo siento.

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V: The Fragile

Un par de niños griegos subían por las escaleras detrás del templo de Escorpión, con la casa de Aioros como destinación. Milo estaba inusualmente callado. Aioria le sacaba la delantera por varios pasos, por lo que esa mañana no iban necesariamente arguyendo demasiado.

El castaño se detuvo y dio media vuelta, con los puños en la cintura. Le molestaba el silencio, y con alguien había de desquitarse. "Milo, deja de arrastrar los pies y camina," reprendió, comenzando a desesperarse. "Tengo montón de hambre."

El nombrado continuó igual.

"Milo."

No respondió.

"Milo.."

Nada.

Con todo el aire que le cabía en los pulmones, lo intentó una última vez. "¡MILO!"

Y aún así, el rubio tardó unos segundos en ubicarse y levantar la cabeza. Cuando lo hizo, era obvio que seguía distraído. "Uh? Eh?"

El niño de Leo se quedó parado, cruzado de brazos, listo para fulminarlo con la mirada. Milo le miró por unos momentos, y al ver que no se requería nada inmediato de él, se volvió a lo suyo, suspirando.

"Milo..." comenzó el castaño, indeciso entre desquitarse o inquirir sobre el por qué de su estado de ánimo. Le notó las ojeras debajo de los ojos, pero no les dio importancia. No creía que estuviera relacionado con la situación actual. (2)

Se volvió al camino. "Apúrate, con un demonio. Mi hermano prometió que nos dejaría ir a la playa hoy por un rato. ¿No querías ir?" No recibió una contestación. Se detuvo nuevamente a esperarle.

A pesar de que el rubio iba con la mirada fija en sus pasos, tropezó con uno de los escalones. Aioria se sorprendió, y su corazón dio un vuelco. Reaccionó instintivamente para mantener de pie a su mejor amigo. El ojiazul alcanzó a recuperarse sin su ayuda.

"Milo," dijo preocupado, deteniéndole por un hombro, "¿te sientes bien?"

"Ah? Sí, sí."

"¿Seguro?"

Asintió, desganado.

Aioria resopló, temblando un poco. Le molestaba verlo tan fuera de sí.

"Entonces deja de asustarme y pon atención a lo que haces!" demandó. "Caray, Milo..." Le dio la espalda y siguió cuesta arriba. "Y pensar que ganaste el encuentro contra Shura, cuando ni siquiera puedes caminar y respirar al mismo tiempo..." murmuró para sí, irritado.

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"No tengo tanta hambre, Aioros."

El mayor le miró, extrañado. Era bien sabido que el par que en ese momento ocupaba lugar en su mesa tenía un apetito insaciable. "Necesitas comer algo, Milo. No quiero que te haga falta la energía." Resumió lavando los trastes que había utilizado para prepararles el almuerzo.

Probó un par de bocados más, y bajó el utensilio a la mesa. Después de tomar un poco de jugo, permaneció quieto en la mesa. "...No tengo ganas de ir a la playa."

Aioros detuvo su trabajo, dirigiendo su total atención al menor. "¿No? Y eso?"

"Mo fe fiempe bem," agregó el León con la boca llena, sin levantar su mirada de su desayuno.

"¿Es cierto, Milo? Estás mal?" inquirió el castaño, tocando la frente del rubio con una mano, y con la otra la propia. No tenía indicios de fiebre.

"Naah...Sólo me siento cansado."

"Te puedes quedar aquí, si gustas, en lo que volvemos Aioria y yo."

Sacudió la cabeza, agradeciendo. "No, no hace falta. Voy a regresarme a mi templo a dormir un rato."

Aioria levantó la mirada, desconociéndole. "¿Vaf a pafar eh vía murmemdo? Em ferio?"

"Podemos esperar a que te termines el bocado," indicó su hermano, llevando una mano a sus ojos, avergonzado.

Se pasó lo que le dificultaba hacerse entender. "¿Te vas a pasar el día durmiendo? ¿En serio?" preguntó, incrédulo.

"Sí. Creo que sí," se encogió de hombros el Escorpión, sin ofrecer más.

Aioria quedó con la boca abierta, congelado en el momento. Miró su tenedor, y continuó comiendo. "Bah. Tú te lo pierdes."

"¿Por qué no te vas un rato al templo de Camus, para que no estés solo? Aunque él se la pase leyendo, tú estarás dormido. Así cuando menos se hacen compañía," sugirió el castaño mayor.

El rubio agachó la cabeza hasta que la barbilla le tocó el pecho. Los mechones le caían hacia delante, pero no le cubrían la cara del todo. Un delator rubor oscureció sus mejillas.

"N-no. No está. Saga lo mandó por...algo..." balbuceó, la mentira desbaratándose miserablemente a medias.

Aioros arqueó una ceja. 'Muuuuuy interesante,' observó el adulto, curioso. No le presionó por más detalles.

"¿Me puedo retirar de la mesa?" inquirió monótonamente, tratando de sonar normal.

Aioria dejó de masticar, los ojos como platos. 'Modales,' pensó el felino, en shock. Algo definitivamente estaba mal. Le notó el color subido. 'Ha de tener calentura,' supuso, sin pensar más al respecto.

El caballero de Sagitario asintió. "Me parece suficiente. Sólo asegúrate de tener algo en el estómago," le recordó cuando se levantaba de su asiento.

'Y mariposas no cuentan,' quiso agregar como broma, de buena manera.

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"¿Qué crees que tenga, nii-san?" preguntó consternado el León, con el tenedor suspendido en el aire, apenas se retiró su amigo de la mesa. Sus cejas estaban unidas en medio de su semblante.

Aioros tomó una silla. Se cruzó de brazos sin perder de vista al rubio que salía.

"Nii-saaaaan," insistió el menor. "¿Qué tiene?" Ya no estaba tan ansioso tras ver a su hermano mayor despreocupado.

Aioros razonaba todas las señales. '¿Qué pasó de ayer a hoy, Milo? No te despegabas del lado de Camus mientras hubiera luz de día, y ahora no aguantas siquiera que lo mencio—' se detuvo.

"Está...enamorado," murmuró para sí Aioros, conmovido, con una sonrisa en los labios.

Aioria parpadeó un par de veces. Arrugó la nariz, y sacó la lengua, bastante pueril. "Ewww," declaró el pequeño, llevando el tenedor con comida a su boca. El mayor soltó la carcajada.

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N/A

(2) Aioria...no es el caballero más listo de la Orden.

...No es cierto.

En el siguiente capítulo...Las hormonas hacen de las suyas con nuestros protagonistas. Aguas (emocionales) turbias a la vista!! Uh ohs!! D: