Algunos años después de los sucesos anteriores. Nuestros protagonistas ya no están tan chiquitos :(.

Continuación del one-shot "One Of These Nights."

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VI: Even Deeper

Despertó sintiéndose renovado. Abrió los ojos, y lo primero que vio sobre el buró frente a él fue un plato hondo con una cuchara, un vaso, y un sobre pequeño abierto. 'Cierto.' Cerró los ojos, y permaneció recostado sobre su lado derecho. No recordaba mucho del día anterior, pero estaba seguro de no haber abandonado la cama por momentos prolongados. Podía respirar sin dificultad otra vez (lo intentó), y la fiebre parecía haber desvanecido. Notó, con curiosidad, que la cama le parecía un poco más cálida que de costumbre.

Sintió un aliento en su espalda, y se tensó.

Horrorizado, comprendió que no estaba solo.

Levantó la cobija, azorado, y se alivió al descubrir que aún estaba vestido. Dejó caer el peso de su cabeza en la almohada.

Y volvió a asomarse. Había una mano extraña ciñéndole por la cintura con languidez. Los vellos del cuello se le erizaron, y le corrió un rayo helado por toda la columna.

Bajó la cobija otra vez, gradualmente, en lo que recuperaba el uso adecuado de sus facultades. No se atrevía a dar el giro sobre la cama para descubrir con quién la compartía.

Hubo un movimiento, y la persona detrás de él se pegó a su espalda, hasta que sintió que estaban completamente en contacto los dos cuerpos. La mano se movió debajo de la cubierta, y se arrastró hasta asirle de la camisa, a la altura del pecho.

Mortificado, arriesgó un vistazo, girando la cabeza con lentitud.

Una cabellera rubia le impedía verle la cara, pero se relajó al reconocerle de cualquier manera. El griego se aferró a él, dormido, recargando su mentón en la curvatura del cuello del francés.

El galo resopló, cerrando los ojos y golpeándose la frente con la base de la palma de su mano. No estaba muy seguro en qué se había metido.

A los dieciséis años, era poco apropiado ya el dormir con alguien de su mismo sexo, pensaba.

Escuchó un gemido bastante real que lo sacó de sus pensamientos, y abrió los ojos instantáneamente.

No, no 'pensaba' que era inapropiado. Estaba absolutamente-y-sin-lugar-a-dudas-o-miedo-a-equivocarse convencido de ello.

"M-Milo..." le habló, intentando empujarlo hacia el lado opuesto del colchón. "Milo, despierta." El otro no reaccionaba. "Milo...Hey, Milo.." insistió, perdiendo la serenidad.

"Mmm?" El griego se talló la cara, y al verlo, le sonrió, semidormido. Camus no le devolvió el gesto. "Heeeeey. Buenos dí—"

"Deja de jugar," declaró, sin bromear. "¿Por qué estás aquí?" reclamó.

El rubio parpadeó, alarmado por el temperamento de su amigo. Peleaba por estar completamente alerta en cuanto antes. "T-tú me dijiste que podía dormir aquí contigo," reveló.

'JA.' El francés respingó disgustado, sacudiendo la cabeza. No le interesaba escuchar las tonterías ocurrentes de Milo en esos momentos. Se cruzó de brazos. "Yo no dije semejante..." comenzó.

Recordó pocos detalles, los necesarios. Encontró la mirada confusa de Milo, y perdió la suya en otro lado del cuarto, esperando que no lo delatara la vergüenza que sentía.

"En cualquier caso," prosiguió, carraspeando, "ya es hora de que nos levantemos."

El rubio hizo un ademán con la mano, pretendiendo desatender al extraño comportamiento del galo. "A esas iba, hombre, a esas iba..." replicó, buscando su calzado en el suelo del otro lado de la cama.

Jamás se percató del intenso rubor en la cara del francés.

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"Ugh, no me siento muy bien," se quejó el griego, llevando las manos a su estómago. "Creo que Shura le puso algo al caldo," dijo, doblándose.

"¿Por qué habría de hacerlo?" arqueó una ceja el pelirrojo. "Lo trajo para mí."

"Pero sabía de antemano que yo me lo comería," concluyó Milo.

"De acuerdo. Entonces mereces tu suerte," rió el francés, cerrando los ojos y sacudiendo la cabeza.

El rubio levantó la mirada, acusatoria. "Hey, me siento mal. ¿Qué no se supone que me debes de cuidar?"

"Patético, Milo," decretó Camus, exhalando.

"Estoy enfermo!" persistió. Fingió toser. "¿Ves¡De verdad estoy enfermo!"

"Seeh..." asintió el galo, sin disputar el punto.

"Hey! ¿Qué quisiste insinuar con eso?"

El griego se abalanzó sobre Camus, confinándolo en medio del suelo del cuarto. Aprovechando la ventaja que le daba su peso, se le sentó encima, sobre el estómago. Le asió de las muñecas, tratando de evitar que se cubriera la cara. "Yo me estaba muriendo de nervios, y cuando me veo en necesidad, en vez de que muestres un poco de compasión...!" reclamó, sentido.

El galo no le respondía a ninguna acusación. No podía dejar de reír debajo de él.

"Ah, que...!" alegó el rubio, soltándolo de las manos, intentando castigar a su amigo con pellizcos repetidas veces en los costados. Tenía el ceño fruncido, pero sonreía.

La puerta se abrió. "¿Camus¿Te encuentras me...jor?"

Las risas murieron un poco tarde.

Y la sorpresa del geminiano ante el...comprometedor cuadro que pintaban los dos adolescentes frente a él era más que evidente en su cara. Los jóvenes vieron como desaparecían los últimos hilos añiles de la cabellera de Saga cuando cerró la puerta en un acto fluido. (3)

El pelirrojo no respiraba. Dejó que la parte anterior de su cabeza pegara en el suelo, y observaba el techo con la boca abierta, sintiéndose desquiciado.

"...Eeeesssto no puede ser bueno," concluyó tentativamente el Escorpión. Camus lo tumbó.

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"¿Estás molesto?" inquirió, mientras bajaban las escaleras precedentes al templo de Acuario.

"No," replicó, enfadado.

"Lo bueno," giró los ojos el griego, llevándose las manos a la nuca. Permaneció callado un momento, y luego una sonrisa bribona le adornó el rostro. "Heeeey...Te pusiste nervioso, eh?" tanteó el rubio, aludiendo a la reacción que tuvo el otro al despertar.

"No sé de qué hablas."

"No te hice nada," justificó el griego. "Hey, dormí con toda mi ropa puesta, incluso," continuó, arqueando una ceja. "Fui un buen soldado."

"Hm. Seeh. Noble," le aseguro, sarcástico.

"¿Qué pensaste que te iba a pasar?" insistió. "¡No te hice nada!"

'Ni yo a ti,' completó el pelirrojo en sus pensamientos, aliviado. 'Debo tener más cuidado alrededor de él,' decidió.

"Saga no nos va a decir nada al respecto," le dijo Milo, convencido. "No te deberías de preocupar por eso. No pasó nada."

Camus...no respondió. Y aunque sabía que en realidad no había sucedido nada físico...

'...No pasó nada.'

...no estaba muy seguro de qué tan acertado fuera ese comentario en otros contextos.

"Además," agregó el rubio, de la nada, "hay varias formas de perder la virginidad, Camus, y dormir en la misma cama no es una de ellas."

"...Eh?" El repentino cambio en el sentido de la conversación lo desubicó.

"Sí," le aseguró el mayor, siguiendo adelante con su explicación. "Está la forma...tradicional, supongo, pero hay montón de maneras más."

Vigilaba de reojo a su amigo, con sospecha. Jamás supo por qué prosiguió con la pecaminosa conversación. "Como...?"

"Eh, no sé," dijo el rubio, tomado por sorpresa por el interés de Camus. "Está, ah, no sé...el sexo oral, por ejemplo."

Camus arqueó una ceja. "Oral..." repitió, incierto.

Milo asintió. "Sabes cuál es¿no?"

'¿...Hablando?' pensó el galo, confundido.

"¿...Dices...cosas?" conjeturó.

El rubio se llevó una mano a la boca de inmediato. Tenía las mejillas infladas, y el ceño fruncido. Viendo que Camus no bromeaba, controló su respiración y batalló para no perder la compostura. "...Sssí," afirmaba con cuidado. "Así puede empezar..."

"¿'Empezar'¿Empezar qué...?" inquirió el francés, irritado.

"La boca de alguien," explicó el otro, levantando una mano, "y los genitales de alguien másss..." arqueó una ceja, levantando la otra mano y juntándolas en el aire, sin decir más que eso.

Camus lo veía, siguiendo sin entender. Sacudía la cabeza, con una expresión de enfado. "¿Qué demonios estás...?" comenzó, y las palabras se le murieron en la boca. Comprendió, y sus zafiros lucieron enormes. La piel de la cara le hervía.

Milo estalló en carcajadas, descontrolado.

"...Cállate," reprochó el galo en una voz muy baja, indignado.

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"...Sigues molesto," intentó de nuevo.

"No," repitió, cuidando su temperamento.

"¿...Querías que pasara algo?" le cucó el griego, no tan bromista como antes, pero curioso.

'De todas las estupideces...' pensó el pelirrojo, impacientado. Se detuvo y volteó a verle, abrió la boca para alegar...pero nada salió.

'¿Camus?' escuchó una voz en su cabeza. '¿Caaaaaamus?'

Milo alzó una ceja, esperando el comentario cortante que había supuesto inmediato. Y Camus todavía no encontraba voz para articularlo.

'Camus¿me escuchas? Camus...' siguió intentando la voz. 'Se me hace que no hay señal. No parece escucharme.'

El griego le estudiaba. Se decidió a arriesgarse a extraerle la reacción que le debía, de una manera u otra. Se acercó con cautela a su amigo.

Sintió una mano descansar sobre su hombro, y volteó a verla de inmediato. Reconocía los dedos, el color de piel, a quién le pertenecía...pero se sentía extraña. Pesada, para empezar.

'Camus, viejo, este es tu Sentido Común, y esta, amigo, es una maldita ALERTA ROJA. ¿Ese tipo frente a ti? Tu amigo. Tu MEJOR amigo. Ah, y un HOMBRE, por si no lo habías notado. ¿Yo que tú? Lo detenía. AHORA.'

La mirada le había cambiado—a un aspecto opacado—notó el francés, sintiéndose al borde del pánico.

'Di algo. Cualquier cosa. DILO YA.'

Regresó su atención a la cara de su amigo, que daba la impresión de estar más...cerca de lo que debiera...bajo circunstancias...normales...pensó...

'Me doy,' se resignó la voz, abandonándole.

Cerró los ojos, perdido en el momento, aguantando la respiración.

"¡Apúrate, Milo!"

Voltearon ambos ojiazules hacia donde provenía el llamado. La mano de Aioria se mecía en el aire, por encima de su cabeza, haciéndoles señas para que se apresuraran. Un rubio de cabello largo esperaba junto a él, quieto.

La mano de Milo se deslizó por su brazo, cayendo. Soltó un largo respiro. Apretó los ojos, y rió con amargura. El ruido le cayó como un baño helado al galo.

El griego se le separó y acudió al llamado del castaño. Parecía...

...decepcionado.

Camus observaba, no comprendiendo del todo lo que significaba el comportamiento de su amigo—o el suyo, en todo caso. Tragó saliva con dificultad, y se sorprendió cuando escucho su propio suspiro.

Llegaron a diferentes tiempos hasta donde los otros dos les aguardaban. Aioria reprendió a Milo por su tardanza, y caminaron mientras discutían, como de costumbre.

Camus...Camus descubrió que no tenía ni la menor idea de nada de lo que sucedía. Llegó, segundos después, hasta donde estaba el otro rubio con los ojos cerrados, esperándole.

"...Vaya," le escuchó decir al caballero de la sexta casa, una vez que estuvo a su lado. Shaka comenzó a caminar, y Camus le siguió, en silencio.

'...Vaya.' No supo si se había referido a la demora...o a otra cosa totalmente.

No se atrevió a preguntárselo.

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N/A

(3) QUE SE QUEDEEEEE!!! D:

En el siguiente capítulo de Closer...Aparición estelar de un caballero sorpresa!! Muajajaja :D