Uh oh...
Capítulo corto otra vez. Maldición.
Juro que lo compensaré en el siguiente..!! Como no tienen idea!! D:
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IX: The Big Come Down
El viajero buscaba cualquier señal que le indicara que iba por el camino correcto. Por un camino, punto. Llevaba dos horas sin detenerse, y la última vez lo hizo sólo ante la inesperada aparición de unos enormes glaciares en su campo visual. Jamás había puesto pie en un lugar que se le pareciera un poco siquiera, impresionante y despiadado en un mismo aliento.
Caminó más, sin saber ya en qué sentido. Creyó haber escuchado un aullido en...alguna dirección; decidió atribuírselo a la fatiga. De haberse tratado de cualquier otro hombre, lo más seguro es que el pánico hubiera empezado a cundir en esos momentos.
El español permaneció alerta, y por mera autosugestión obligó a su cuerpo a andar, ignorando el dolor del frío en sus huesos.
'¿Cómo demonios se orienta uno en un lugar así?' especuló, enfadado. Apretó la manta que le envolvía, escondiendo más parte de la región facial. Volteaba hacia—lo que suponía era—el Este, después al lado opuesto, y hacia arriba. Todo era un blanco deslumbrante.
Eternos minutos después, por suerte o providencia, vio una pequeña cabaña. Apresuró su paso y se dirigió a ella, agradecido por la visión de algo más que no fuera nieve.
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Un niño rubio de enormes ojos azules abrió la puerta, y lo estudiaba no con sospecha, pero con harta atención.
"Disculpa, estoy perdido." Se sintió ridículo tratando de explicarse a un chiquillo. "¿Hay alguien más aquí contigo que me pueda dar indicaciones...?"
El pequeño asintió, sin moverse. "Permítame. Voy por mi sensei," dijo, y corrió hacia una de las habitaciones.
El hombre de ojos púrpuras centró su atención en el peculiar término que había usado el niño. '¿Sensei?'
"Hazlo pasar," escuchó, y algo en el tono resultaba familiar. "Enseguida salgo."
Emergió el pequeño rubio y ofreció tomar la capa del forastero para colgarla a secar. Distraído, el extraño cedió. El niño cerró la puerta, y el hombre cerró los ojos, frotando sus manos y aliviado por el calor que comenzaba a circular por el pequeño recinto.
Volvió a escuchar la voz, y en esta ocasión sí la reconoció, junto con el cosmo que se anunciaba próximo.
Debajo del marco de la puerta de donde había salido el crío, estaba recargado un hombre delgado, de piel nívea, cabello rojizo y ojos azules, una combinación de contrastes, inconfundible. Las orillas de sus labios se encorvaban hacia arriba casi imperceptiblemente.
"Ha pasado algo de tiempo, Shura."
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"Cómo—y por qué—demonios viven en estas condiciones está mucho más allá de mi comprensión," se quejó el español, acaparando la taza de té con sus dedos, recuperando de vuelta la sensación apenas.
Camus dio un sorbo a su bebida, inmutable.
El caballero de Capricornio veía a su amigo, y después al niño en la casa, portando camisetas sin mangas como la cosa más natural, pese al clima. Le invadió un escalofrío. 'Insanos,' pensó, un poco extenuado.
"¿A qué se debe que nos honres con tu visita?" inquirió Camus, sin perder más el tiempo.
No pasó desapercibida la impaciencia del francés. Y aunque se le hizo extraña, no se ofendió. "Vine a ver cómo estabas, desde luego," explicó, y clavando su mirada en el semblante del pelirrojo, agregó deliberadamente, "y a hablar."
"¿Hablar?"
Asintió una vez, despacio. "Así es."
Levantó una ceja. "¿Acerca de?"
"Lo que fuese," dijo, sin perder de vista al galo.
Camus cerró los ojos, llevando una mano a su temporal. Resopló. "De todas las personas que pudieran salir con incoherencias, Shura..."
"Milo," precisó el español, sin rodeos. Se cruzó de brazos, a esperar.
Camus sintió dificultad al tragar saliva. Esperaba que el individuo frente a él no fuera muy apto para leer lenguaje corporal. Por fuera, su semblante permaneció inexpresivo. Totalmente diferente a la historia de lo que pasaba dentro de si. No habló.
El hombre de cabello corto descruzó los brazos, inclinándose hacia delante, sobre la mesa.
"No entiendo lo que creo son tus razones, Camus, y no pretendo extorsionártelas. No se las debes a nadie." Era exactamente lo que el galo había pensado decirle. "Aunque creo que intuyo algo de tus sentimientos."
Los dedos del galo, que habían estado trasteando en la superficie de la mesa en repeticiones, se detuvieron.
"Y basado en eso, esté correcto o no, debo decirte," prosiguió, "que aquel griego insoportable que quedó allá atrás en el Santuario, creo que él sí merece cuando menos una explicación. Por más absurda que pueda ser."
Camus, nuevamente, permaneció mudo. Indiferente, supuso el caballero que había argüido, decepcionado de los resultados de su intento.
Ahora el español resopló. "Disculpa mi atrevimiento," ofreció, un poco más concienzudo. Se reclinó hacia atrás, cerrando los ojos y pasando una mano por su cara, su cabello. Camus aprovechó el gesto para remover sus manos lentamente y esconderlas debajo de la mesa, fuera de la vista del pelicorto, para ocultar el tremor que les había asaltado.
"En cualquier caso," continuó, cambiando la dirección y el sentimiento de la conversación un poco, "el Patriarca ha llegado a la conclusión de que pronto habrá problemas," dijo, levantándose de su asiento y volteando hacia la salida, estirándose, "y no dudo que en el futuro cercano decida que es tiempo de que regreses." Comenzó a prepararse para salir.
El galo colgó la cabeza, soltando el aire que había contenido en los pulmones, aliviado y afligido a la vez por la inminente partida del caballero.
"Sólo pensé que vendría a decirte eso para que regresaras antes de esa hora, quizá, listo."
"¿Listo?" Camus levantó la mirada, desconcertado.
Terminó de ponerse el último abrigo y se acomodó la manta pesada encima. Volteó a ver al francés de reojo sobre su hombro, con una ceja arqueada. "Para lidiar con Milo."
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N/A
Hey...Me gustó tener al amargosito de Shura cerca...en el transcurso de un sólo capítulo, me he vuelto fan de este tipo. Quizá vuelva a salir.
...O quizá no. Sólo queda un capítulo, y no creo que quiera aparecer en él, considerando las circunstancias.
