Alargó su mano hasta estar a escasos milímetros de rozarla. No sabía por qué, pero esta le temblaba. Kanda se asustó un poco al ver que el deseo de su cuerpo le podía, pero es que aquella espada era… era…

- Mugen.-

KYUKYUKYUKYU

Kanda se sobresaltó al oír aquella voz a su espalda y se giró para ver quién era. Se había quedado tan absorto observando aquella magnífica espada que no se había dado cuenta de la presencia de la persona que tenía detrás suyo hasta que esta le habló.

- Qué has dicho?-

- Que se llama Mugen.- le aclaró Allen, que se encontraba apoyado contra el marco de la puerta, mirándole con un gesto serio. Aunque sus ojos eran amables, estaban fijos en él.

Kanda estuvo a punto de preguntarle de quién estaba hablando pero enseguida cayó en la cuenta de que debería estar refiriéndose al nombre de aquella espada.

Debía de ser realmente importante si le había puesto un nombre pues cuando se bautiza un arma se crea un vínculo especial entre esta y su portador.

- De quién habláis?- antes de que ninguno de los dos se diera cuenta, Lavi había entrado en aquella habitación.- Uah! Que sitio tan raro! Qué es?- preguntó, mirando a sus alrededores, analizando cada detalle de aquella extraña habitación.

Llevada por la curiosidad, Lenalee también se asomó, aunque no llegó a entrar en ella. Allen y ella observaban la manera con la que Lavi admiraba cada pieza de decoración de ese sitio desde la puerta, mientras que Kanda seguía sin apartarse de la espada.

- Bueno, se podría decir que es mi santuario.- respondió Allen, tranquilamente, mientras se acercaba al lugar donde estaba Mugen. Los otros tres le miraron.- Siempre que necesito desconectar del resto del mundo vengo aquí. Es una estancia que me tranquiliza.- terminó, mirando aquella espada.

Allen se había parado al lado de Kanda y este estaba asombrado de la manera con la que miraba aquel arma. Sus ojos estaban tan llenos de cariño que le sorprendía que esa mirada estuviera dirigida a un objeto inanimado y no a una persona (era una mirada más propia de un amante) Pero no se podía estar enamorado de una espada, no?

- Oye, Allen, y esa espada?- le preguntó Lavi, que también se había acercado a examinarla, pero sin el más mínimo sentimiento de respeto como los otros dos.

- Su nombre es Mugen.- repitió Allen, cogiéndola con sumo cuidado, como si fuese un frágil objeto de cristal.

- Mugen? Como "eternidad"? Es un buen nombre para una espada.- declaró Lavi, mostrando su conocimiento en el idioma natal de su malhumorado amigo. No se pasan varios años al lado del japonés sin aprender un poco de su lengua.

- No. Mugen significa "Seis ilusiones"-

Algo saltó en el pecho de Kanda al oír aquellas palabras. No sabía por qué (en su vida había cogido una espada de verdad como aquella) pero de repente sintió la enorme necesidad de tener aquella entre sus manos, sentir su peso, notar la frialdad del metal con su palma y la suave y pulida superficie con sus dedos.

Kanda notó que alguien le miraba y, en efecto, Allen no le quitaba el ojo de encima. Al parecer había vuelto a ensimismarse observando la espada.

- Puedo?- pidió Kanda, con un tono tan suave que no parecía suyo. Lavi y Lenalee le miraron extrañados. Nunca antes se había comportado Kanda de esa manera, tan tranquilo e implorante a la vez.

Allen volvió a mirarle de aquella manera, con el gesto serio pero con los ojos llenos de emoción. Este asintió y le ofreció la espada.

Kanda no sabía qué demonios se había apoderado de él en el momento en el que sus manos rozaron a Mugen. Casi pudo sentir un leve cosquilleo por todo su cuerpo. La espada le pesaba pero pronto se acostumbró. Era como si estuviera acostumbrado a llevar espadas entre sus manos, como si ese fuese el lugar correcto al que perteneciera.

Buscando la aprobación de su dueño con la mirada, la desenvainó. La hoja era oscura, mucho más de lo normal, pero eso le confería aún mayor belleza. No tenía ni las más remota idea sobre espadas, pero algo en su interior le decía que esta era especial. El extraño brillo de la hoja parecía haberle hipnotizado, pues perdió por completo el sentido del tiempo. La reanudación de la conversación le devolvió a la realidad de golpe.

- "Seis ilusiones"? No es un nombre un poco raro para una espada?- quiso saber Lavi que se había acercado aún más para observar la hoja.

- Bueno, yo no se lo puse.- respondió Allen.- El nombre se lo puso el dueño de la auténtica Mugen.-

- Que quieres decir con auténtica?-

- Pues que esta de aquí no es más que una réplica de la verdadera espada.-

- Que pasó con la de verdad?- preguntó Kanda, con interés.

- Desapareció hace más de un siglo, junto con su dueño.- Kanda no sabía por qué, pero Allen parecía entristecido de repente. Se acordó de aquel día en la cafetería cuando también parecía estar al borde de las lágrimas sin motivo aparente.

- Y sabes quién era su dueño?- le preguntó Lavi, alegremente, sin haberse dado cuenta del gesto del castaño.

Allen sonrió ligeramente y en su cara se dibujó una sonrisa propia de alguien que se estaba acordando de tiempos mejores.

- Dicen que fue un valeroso espadachín capaz de congelar a sus enemigos con la mirada. Fue uno de los mejores guerreros que ha existido en la historia… O eso me dijo el vendedor! – exclamó alegremente, cambiando por completo de actitud y sorprendiendo a Kanda.- La verdad es que fue como un flechazo. En cuanto vi esta espada supe que sería mía- declaró, con una sonrisa de oreja a oreja.

Kanda estaba completamente confundido. Como había sido capaz de cambiar estado de ánimo en menos de un segundo? Ni Lenalee era capaz de hacer algo así! Seguía tan inmerso en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Lavi se había acercado aún más.

- Pues si esta es tan bonita no puedo ni imaginarme como sería la de verdad. Es una lástima que no se auténtica.- y empezó a tocar la hoja con los dedos. No sabía por qué, pero a Kanda le acababan de entrar unas ganas increíbles de cortárselos.

- Puede que no sea la de verdad, pero es una espada real así que yo tendría cuidado.- advirtió Allen, aunque ya era demasiado tarde.

Despistado por el último comentario de Allen, Lavi se acabó cortando. Saltando por el dolor, salió gimiendo de la habitación, en busca de una tirita o un pañuelo para parar la hemorragia. Por suerte, Lenalee tenía uno a mano y le limpió la sangre del dedo.

- Eres un exagerado.- le recriminó Kanda.

- Exagerado!? Tú sabes lo que duele eso? Por qué demonios está tan afilada!- lloriqueó el pelirrojo.

- Te dije que tuvieras cuidado.-le recordó Allen.- Trae, Kanda, voy a guardarla.-

Kanda le devolvió la espada a regañadientes. No sabía por qué, pero se había encariñado con ella. Y no era el único. Allen la trataba con tanto cuidado que rallaba la veneración.

Con gran delicadez y destreza, pasó a hoja por un pañuelo de tela que se había puesto sobre el brazo izquierdo para limpiarle la sangre y después la envainó. Con otro extremo del pañuelo le quitó las marcas de dedos de la vaina y la volvió a depositar en el pequeño altar.

En todo el proceso, Kanda no le había quitado los ojos de encima a Allen, maravillado con la soltura con la que manejaba aquella espada. Pero lo que también le había llamado la atención era el gesto de interminable cariño que adornaba el rostro de Allen mientras tenía a Mugen entre sus manos. Era un gesto tan sereno, tan tranquilo, tan sumamente adorable….

En qué demonios estaba pensado!

Kanda miró alarmado a su alrededor, comprobando que nadie le había oído. Sabía que se estaba comportando como un paranoico, ya que nadie puede oír los pensamientos de uno, pero no pudo evitar sentirse expuesto. Su corazón dio un salto cuando se dio cuenta que Lenalee le estaba mirando con una mirada extraña. Giró la cabeza para evitar que le viese la expresión de la cara.

Qué había dejado mostrar con sus gestos? Acaso Lenalee le había pillado mirando a Allen por demasiado tiempo para ser considerado normal? Y por qué demonios se había quedado mirando a ese enano en primer lugar!? No es que fuese algo del otro mundo (bueno, Kanda tenía que admitir que el chico era atractivo, pero nada más) pero no como para tener ese tipo de pensamientos hacia él! Por Dios, ambos eran hombres!

- Kanda, te encuentras bien?- le preguntó Lenalee, que no se había perdido ni una de las extrañas reacciones que estaba teniendo su amigo últimamente. Para desgracia de Kanda eso atrajo la atención de los otros dos.

- Sí, perfectamente!- respondió, quizá con demasiada fuerza. Al notar la mirada de Allen algo todavía más extraño ocurrió: Kanda se ruborizó. Alarmado, Kanda salió a toda la velocidad que podía de aquel sitio sin levantar sospechas. – H-hagamos ese maldito trabajo de una maldita vez para que podamos irnos de esta maldita casa!- le oyeron decir, pues se había perdido entre las escaleras de bajada.

Qué ha pasado? Qué LE ha pasado ahí arriba!? Kanda se había ruborizado! No es que se hubiese puesto rojo como un tomate ni nada parecido, es más, seguramente ninguno de los otros tres se haya dado ni cuenta… Pero Kanda sí, y eso era más que suficiente! Él NUNCA se había sonrojado por nada. Tener vergüenza era de cobardes y él se negaba a ser uno. Entonces, a qué venía que ahora se sonrojara? Fue cosa de esa extraña espada? Del calor en aquel espacio tan cerrado? O peor… cosa de Allen?

Kanda sacudió la cabeza. Esto no podía estar pasando! A él no, y menos con otro hombre! Kanda no podía estar… estar… Mierda!

Por su parte, Lavi, Lenalee y Allen todavía seguían arriba, cogiendo todo el material que creían necesario para su trabajo (Kanda se había marchado con las manos vacías).

- Qué mosca creéis que le habrá picado a Yuu? Que manera de escaquearse. Al menos podría haber ayudado a llevar algunas cosas!- se quejó Lavi, mientras salía de la habitación, cargado con libros.

- Supongo que se habrá sentido incómodo, estando todos tan juntos en un espacio tan pequeño. Ya sabes como es.- razonó Lenalee, mientras seguía a Lavi, cargada también con un par de libros. – Vamos, Allen?-

- S-sí, ya voy- le contestó este, que se había quedado rezagado cogiendo el ordenador. Antes de salir de la habitación le echó un último vistazo a Mugen y sonrió, ligeramente sonrojado.

Allen conocía demasiado bien a Kanda para no haberse dado cuenta del, casi imperceptible, sonrojo que antes había adornado sus mejillas.

KYUKYUKYUKYU

- POR FIN!- exclamó Lavi, a pleno pulmón, mientras alzaba las manos al aire (provocando que un par de lápices salieran volando)

- No grites de esa manera, imbécil!- le reprendió Kanda, que tuvo la mala suerte de estar al lado de Lavi, mientras le pegaba en la cabeza.

- Pero es que estoy tan feliz de que lo hayamos terminado!- dijo, a la vez que se estiraba para remediar el entumecimiento que sentía en sus extremidades.

- Jamás pensé que lo lográramos en un solo día. Muchísimas gracias a los dos!- exclamó Lenalee, mientras repasaba la información que había recogido. Estaba muy satisfecha con lo que habían conseguido entre los cuatro. Fue una agradable sorpresa comprobar que Allen era bastante inteligente, por lo que realizar el trabajo apenas les había costado nada.

- Sí, muchas gracias.- añadió Allen, sonriendo. Kanda desvió la mirada, pero no le molestó. Llevaba toda la tarde evitándole en la medida de lo posible.- Lo que no acabo de comprender es por qué cogiste tantos libros, si apenas hemos usado un par de ellos.- le preguntó a Lavi, que ahora se encontraba examinado un libro de aspecto antiguo.

- Ah, bueno, es que me parecieron tan interesantes que me dio pena desaprovechar la oportunidad de leerlos.-

- Puedes volver a casa más veces, sabes? No es necesario que te los leas todos ahora.-

- En serio? – le preguntó emocionado. Allen asintió.- Y me dejarás a "Estrella Plateada"?-

- Eh? "Estrella Plateada"? Qué es eso, un cómic?- se extrañó Allen.

- No, no, no, no, no! Me refiero a la preciosidad que tienes muerta de risa ahí fuera!-

A todos les recorrió una gota de sudor por la cabeza.

- Le... le has puesto un nombre al coche?- preguntó Kanda, casi en un susurro, incrédulo de la estupidez de su amigo.

- Claro! A que mola!-

Allen y Lenalee no sabían si reír o no. Por un lado sentían vergüenza ajena por Lavi pero por otro la situación les parecía divertida (y el gesto que se le había quedado a Kanda en la cara no tenía precio)

- Y por qué "Estrella Plateada"?- quiso saber Lenalee.

- Pues porque el coche es plateado y me he fijado en que el llavero tiene forma de estrella.- respondió Lavi, como si fuera lo más obvio del mundo.

- "No, si tiene lógica y todo"- pensó Allen.

- El caso, ya solo falta que lo pasemos todo a limpio.- informó Lenalee, que ya se había cansado de las rarezas de Lavi y había vuelto a centrar su atención en lo que se traían entre manos.

- Será mejor que eso lo hagamos mañana, Lenalee. Hoy ya es tarde.- le comentó Allen, mirándose el reloj. Y era verdad, pues ya era plenamente de noche.

- Dios mío, pero si es cierto! No me puedo creer que la tarde se haya pasado tan rápido!- se alarmó Lenalee.- Ojalá todavía haya autobuses!-

- Ey, y por qué no aprovechamos y nos quedamos a dormir en casa de Allen?- sugirió Lavi, alegremente.- No te importa, verdad que no, Allen?- y le puso ojitos de cachorrito.

- Ehmm, no… pero…-

- Bien, decidido entonces! Hoy nos quedamos a dormir en casa de Allen!-

- Lavi, no decidas esas cosas por tu cuenta! No queremos molestar más a Allen!- le regaño Lenalee.

- Ah, no sois molestia... aunque...-

- Ves, Allen está de acuerdo conmigo.- le cortó de nuevo.

Allen se dio por vencido en intentar razonar con Lavi. No es que le molestara que ellos se quedaran con él a pasar la noche, más bien todo lo contrario. Pero quizá era demasiado pronto y lo menos que quería era que las cosas se precipitaran. Un ruido seco le sacó de sus pensamientos.

Kanda se había levantado de su silla de repente, haciendo que esta diera un golpe contra el suelo (aunque no se cayó)

- Yo no me quedo aquí ni de coña.- eso ya sería la gota que colmara el vaso. Si no fuese suficiente con que se sintiera incómodo con estar simplemente alrededor del castaño ahora encima le dicen que tiene que usar una de sus camas. Ni loco!

- No es bueno que huyas de lo que sientes de esa manera, Yuu.- dijo Lavi, sorprendiendo a todos los presentes con la seriedad con la que había dicho aquello. Incluso Kanda se giró bruscamente y se le quedó mirando, pálido. Los ojos de Lavi se abrieron un poco, como si se hubiese dado cuenta de algo.

Esto no podía estar pasando. Lavi, entre todas las personas, no podía haberse dado cuenta de lo que le estaba pasando. Como iba a hacerlo si ni el propio Kanda se entendía a sí mismo?

Sintiendo los acelerados latidos de su corazón en los oídos, Kanda esperó a que Lavi continuara.

- Sé exactamente lo que estas pensado, Yuu.- siguió Lavi. Un silencio casi sepulcral acompañaba a sus palabras.- La verdad es que tú… tú…. Temes no poder controlarte y asaltarme por la noche, verdad!? No te preocupes, Yuu, te daré la gustosa bienvenida a mi regazo, no tienes por qué ser tan tímido!-

La escena se congeló durante unos instantes (lo que tardaron en comprender el significado de las palabras de Lavi). Después pasaron varias cosas a la vez: Allen y Lenalee salieron de la habitación como almas poseídas por el diablo, se oyeron las lastimosas plegarias de Lavi por su vida, varios ruidos sordos y un angustioso grito final, seguido de un gélido silencio.

- Tú crees que lo ha matado?- le preguntó Lenalee a Allen, mientras ambos seguían escondidos al final del pasillo.

- No sabría decirte… Lo que si espero es que Kanda haya sido lo suficientemente considerado para no mancharme los muebles con sangre… Se quita fatal.-

- Allen…- la chica estaba llena de gotas de sudor en la cabeza. Y eso que Allen parecía el más normal de todos.

KYUKYUKYUKYU

Al final consiguieron convencer a Kanda para quedarse a dormir con ellos (con la condición de dormir él solo, lo más apartado posible de Lavi) Lavi no se opuso a la idea (más bien le era imposible hacerlo, pues estaba inconsciente)

Después de haber avisado a sus respectivas familias de que iban a pasar la noche en casa de un amigo, lo cual fue toda una odisea, pues la familia de Kanda parecía estar contentísima de alegría de que su hijo antisocial tuviera un nuevo amigo y la de Lenalee coffcoffKomuicoffcoff (Allen se desternilló de risa al oír su infantil voz, que le recordaba demasiado a la que solía usar de mayor cuando se quejaba) no soportaba la idea de pasar una noche separada ella (al abuelo de Lavi tuvo que llamarle Lenalee), se repartieron las camas.

Por suerte había suficientes camas para todos, por lo que no tendrían que compartir ninguna. Lo malo es que Kanda no obtuvo lo que quería. Solo había dos habitaciones con una sola cama, una de ellas era la de Allen (Kanda se negó fervientemente a ocupar ESA cama) y la otra estaba al lado de la habitación con dos camas (que iban a utilizar Lavi y Allen, pues este le ofreció su habitación a Lenalee) por lo que a Kanda no le quedó más remedio que dormir relativamente cerca de sus dos mayores temores actuales: Lavi y Allen. Al menos lo haría solo.

Allen les prestó camisetas y pantalones que le quedaban grandes (cortesía de sus padres) a los chicos y un pijama a Lenalee para que pudieran dormir.

Bien pasada ya la medianoche decidieron irse a acostar.

Lenalee se maravilló con la habitación de Allen. La decoración era relativamente simple: una enorme cama, un armario, un par de mesillas a los lados de la cama, un mueble lleno de cajones en frente de la cama, y lo que más le llamó la atención, un piano al lado de la ventana que daba a un balcón. Era un piano más pequeño que el que tenía en el salón, que era de cola, pero mucho más bonito. La madera era de un color blanco marfil y las teclas tenían cambiados los colores, siendo de color negro las largas y blanco las cortas.

A Lenalee simplemente le encantó todo aquello. De un salto se echó en la cama y dejó que la suavidad y la frescura de las sábanas la adormecieran. Si se concentraba un poco era capaz de percibir el dulce aroma de Allen.

Un aroma que le embriagaba, le rodeaba como si de una corriente de aire se tratara. Lenalee se dejó llevar por aquel viento, hasta que notó que se paraba. Parpadeó un par de veces hasta que fue capaz de enfocar su mirada.

Se encontraba en el vestíbulo de lo que parecía un edificio enorme, semejante a una enorme iglesia de piedra. Miró a su alrededor y comprobó que toda la estancia estaba vacía.

- Donde…-

- Lenalee! Vámonos, que ya es la hora!- oyó decir de repente a una voz.

Se giró para ver quien era el dueño de esta. A su lado había una persona un poco más alta que ella, seguramente un chico, con el pelo ligeramente de punta, que le sonreía. Sin embargo era incapaz de ver su cara con claridad, a pesar de estar tan cerca. Por qué le sonreía? Y por qué aquella voz le resultaba tan y tan familiar?

- A donde?- quiso saber ella. Pero aquel chico desapareció.- Espera! No te vayas… no me dejes…sola…-

Tenía miedo. No le gustaba estar sola en un lugar así, tan espacioso, tan silencioso, tan tétrico. Sentía frío y su cuerpo temblaba por completo. Acaso aquello era una pesadilla? Como podía salir de allí? Volvería aquel chico a por ella?

De repente notó una suave presión sobre su hombro. Alarmada, se volvió a girar. De nuevo había un chico a su lado, aunque era diferente al anterior. Este era más o menos de su estatura.

- No te asustes. Pronto volverán todos.- le dijo aquel extraño, con voz suave.

- Quienes son todos?-

- Aquellos que forman tu mundo nunca te han abandonado, tranquila.-

Su mundo? A qué se refería aquel chico? El corazón de Lenalee se aceleró. No sabía por qué pero, de un modo u otro, aquellas palabras parecían tener cierto sentido para ella, aunque todavía no acababa de entenderlas.

Lenalee volvió a mirar a su acompañante y se fijó en algo que no se había dado cuenta antes. Aquel chico tenía el pelo de un color blanco brillante, que parecía iluminar aquel lugar tan oscuro. Tampoco veía su cara con claridad, pero sabía que estaba sonriéndole con calidez. Además, tenía una extraña marca en la mejilla. Lenalee alzó la mano para tocarla y a aquel chico no pareció importarle.

Siguió el dibujo de la mejilla hasta la frente, donde tomaba la forma de una estrella de cinco puntas.

Por que le resultaban tan familiares todos aquellos rasgos? Por qué sentía que aquel chico no era un desconocido? Que era… una parte de ella?

- Quien?-

- No te preocupes.- le dijo, cogiéndole la mano.- Estoy aquí. Ya estoy contigo.-

A Lenalee se le abrieron los ojos de par en par. De pronto fue como si todo se iluminase a su alrededor, obligándole a protegerse con las manos. Una luz de color blanco puro la envolvió, cegándola momentáneamente.

Entre la sombra de sus dedos pudo percibir la figura de aquel chico, iluminada por la luz blanca como su fuese una aureola.

El chico la sonrió y Lenalee fue capaz de verle un poco mejor el rostro, aunque seguía borroso.

- No! No te vayas!-

- Tranquila.- oyó decirle, desde la lejanía, aunque el chico no había movido los labios. – Estoy a tu lado-

De repente un aroma conocido la envolvió. Un aroma dulce y refrescante.

-A… n… kun….-