Los brillantes rayos de la luz de la luna llena se filtraban a través del resquebrajado cristal, otorgando cierto aire etéreo al, ya de por sí tétrico, ambiente de la habitación.

Aquella estancia, carente de color y de algún tipo de decoración en su normalidad, ahora se encontraba repleta de vida y calidez.

Los continuos y sutiles sonidos provenientes de la solitaria cama llenaban todo el lugar.

Kanda paró durante un momento para tomar aire y aprovechó para observar a su compañero. Su cuerpo desnudo compartía su calor con él. Una piel lisa y pálida como el marfil brillaba ligeramente a la luz de la luna.

Kanda pasó su mano por la suave superficie del cuerpo de su amante, aplicando una presión comparable a la caricia de una pluma, logrando obtener un suave gemido de placer.

Sus manos pronto fueron sustituidas por sus labios, que recorrían con fervor todas y cada una de las curvas del cuerpo de su acompañante.

Podía notar las manos de este acariciándole el pelo, el cuello, los brazos… Todo contacto entre ellos le enviaba por todo el cuerpo un placentero hormigueo.

Sus bocas se unieron una y otra vez, como si fueran dos hombres sedientos de sed y la boca del otro fuese el más fresco de los manantiales. Sus cuerpos se frotaban con creciente intensidad, aumentando cada vez más la necesidad del roce.

Se separaron durante unos instantes, para recuperar el aliento, pero sin romper el contacto visual en ningún momento. Kanda observaba y estudiaba aquel rostro con ahínco, tratando de recordar todas y cada una de sus características. Desde la forma elegante de sus cejas, pasando por su pequeña y recta nariz, mirando esos carnosos, sonrosados (y apetecibles) labios, deleitándose en el efecto de la luz en sus plateados cabellos hasta llegar a sumergirse en aquellos enormes y claros ojos, que reflejaban a la perfección el deseo, la necesidad y el amor que sentía su portador. Era sobretodo eso, el amor y el cariño que se reflejaba en la cara de su amante lo que le daba fuerzas para seguir adelante. Lo que marcaba su existencia.

Notando como su propia necesidad iba en aumento, volvió a reclamar los labios de su amante en un apasionado beso. Sus manos recorrían la parte baja de su cuerpo, logrando producirle los más exquisitos sonidos de placer. Kanda no podía esperar más. Necesitaba hacerle suyo ahora.

- K-Kanda…- pronunció su amante, en un suspiro lleno de anhelo.- Te quiero-

No necesitaron intercambiar más palabras. Kanda se posicionó para introducirse de una vez por todas en el interior del cuerpo de su amado. Pronto satisfacería sus deseos, su necesidad, su afecto por la otra persona.

En breves instantes serían uno solo, como otras tantas veces.

- M-Moyashi…-

Y, entonces, Kanda despertó.

KYUKYUKYUKYU

- Yuu, se puede saber que te pasa? Hoy estás de un humor bastante peor que de costumbre.- preguntó Lavi, al que no se le había escapado la extraña manera que tenía de comportarse su amigo últimamente.

Por su parte, Kanda se limitó a ignorarle. Aún tenía demasiado reciente el sueño que había tenido esa mañana. Por culpa de… el contenido de este había tenido que pasarse casi una hora debajo del agua fría de la ducha para recuperar el control. Todavía ahora, que ya estaba despierto y en plena posesión de todas sus facultades, se ponía nervioso al recordarlo.

No es que fuese tan raro que un joven adolescente tuviera ese tipo de sueños. (Solo Dios sabía la cantidad de sueños de ese calibre que le había contado Lavi) Pero cuando la pareja que te acompaña en esos sueños tan eróticos era otro hombre ya eran palabras mayores. Sobretodo cuando te sorprendía descubrir que lo disfrutabas. Y mucho.

Kanda se sacudió la cabeza intentando expulsar aquellos pensamientos de su mente. Él NO podía ser… ser… Dios! Era imposible que a Yuu Kanda, uno de los rompecorazones del instituto, le atrajeran los hombres!

Y ni siquiera eran todos los hombres, sino uno en particular. Aunque nunca recordaba las facciones a la perfección de quién le acompañaba en sus sueños, tenía claro que siempre se trataba de la misma persona (aunque las situaciones sí que cambiaban de un sueño a otro)

Quién sería ese tal Moyashi y por qué no podía dejar de soñar con él?

Como podía obsesionarse tanto con una persona que no conocía!? Malditos sueños! Malditas pesadillas que no dejaban de atormentarle!

Kanda se llevó las manos a la cabeza, exasperado.

Por su parte, Lavi, Lenalee y Allen contemplaban atónitos el comportamiento del mayor. Nunca antes le habían visto tan sumergidos en sus pensamientos. Y todavía era aún más raro verle hacer tantos aspavientos con las manos, ya que normalmente era una persona fría y controlada (salvo cuando intentaba matar a alguien, eso sí)

- Que le pasa a Kanda?-

- No lo sé. Lleva varios días así. En su casa me dijeron que últimamente se despierta cada vez más temprano y se pasa horas y horas en el baño, o encerrado en su cuarto sin hacer otra cosa que meditar.- respondió Lavi, mosqueado con el asunto.

- Parece muy… ensimismado, no?- trató de explicar Lenalee.

- Sí, y eso es rarísimo en Yuu! Ya ni siquiera reacciona a su nombre de pila!- lloriqueó Lavi.- A que no, Yuu!.- le gritó

Kanda, o no le oyó o hizo que no le oía, porque se limitó a pasarse la mano por la sien, como si estuviera padeciendo un enorme dolor de cabeza. El lloriqueo de Lavi se intensificó ante la nueva muestra de indiferencia por parte del japonés.

Allen, que había estado observándolo todo en silencio con un gesto serio, se levantó, suspirando.

Ante la atenta mirada de Lenalee y Lavi, se acercó a Kanda. Este no se percató de su presencia, lo que demostraba una vez más lo desconectado que estaba con el mundo real.

Allen levantó una mano y tocó el rostro de Kanda.

- Kanda?- llamó, suavemente.

El efecto fue instantáneo. Como si le hubieran descargado con una corriente eléctrica, Kanda saltó de su asiento, alarmado. Con los ojos desorbitados por la sorpresa, enfocó finalmente el rostro de Allen, que era el que más cerca de él estaba. Demasiado cerca.

Dando un respingo, Kanda se echó para atrás, alejándose todo lo que podía del castaño.

- No te acerques tanto, imbécil!- bramó, todavía sin recuperarse del susto anterior.

El contacto con la piel de Allen en su rostro le había recodado demasiado bien las escenas acaloradas de sus sueños. Esa calidez, esa suave textura de la piel…

Basta! No debía seguir pensando en eso si no quería otra cita con la ducha!

- Kanda, estas bien?- preguntó Allen, preocupándose también él por el estado anímico del japonés.

Bien? Bien!?Como demonios iba a estar Kanda bien!? Desde hacía más o menos un mes había pasado todas sus noches teniendo sueños eróticos con un maldito desconocido. Lo que estaba era enfermo!

- Che!- se limitó a contestar Kanda, mirando hacia otro lado y cruzándose de brazos.

Por su parte, Allen dejó escapar un suspiro. –Lo siento- murmuró antes de volver a su asiento.

Lavi y Lenalee le miraron, expectantes, pero él se limitó a encogerse de hombros. Los tres suspiraron, derrotados. No les quedaba otra que esperar a que Kanda hablase de motu propio.

Kanda siguió enfurruñado durante otro largo rato, cavilando sobre quién podría ser aquel muchacho que invadía sus sueños. Maldición, si era capaz de inventarse mil y una situaciones diferentes donde… interactuar, por qué entonces no era capaz de imaginarse a otras personas!? Una mujer de vez en cuando no heriría su ego de esa manera!

No obstante, que mujer podría llegar a atraerle lo suficiente como para compartir con ella ese tipo de sueños? Kanda no conocía de ninguna que pudiera provocarle tales deseos. (Lenalee estaba completamente fuera de la ecuación)

Además, la presencia de aquel chico le hacía sentirse bien…. incluso amado… (razón de más por la que se sentía tan sumamente frustrado al despertar) y, sin embargo, él era incapaz de recordar su rostro, su tacto, su voz… Su voz!?

Algo en la mente de Kanda hizo conexión. Ahora entendía el motivo por el cual estaba aún más susceptible en lo referente a sus sueños. Hoy, por primera vez desde que empezó a padecer tales sueños, fue capaz de oír la voz de su misterioso compañero.

Con sumo esfuerzo se concentró en recordar hasta los más mínimos detalles que pudiese sobre el sueño de esta mañana, por muy avergonzante que fuera.

- K-Kanda... –

Ahí estaba! Esa era la voz! Le sorprendió darse cuenta de lo aguda que parecía a pesar de pertenecer a un hombre. Un momento, significaba eso que era un crío?

Kanda resistió la urgente necesidad de golpearse contra la mesa. Acaso ahora resultaba que además de… de… potencialmente gay, también se había transformado en un pedófilo? Pero en que clase de pervertido se estaba convirtiendo!? Como ese maldito pelirrojo tuviera algo que ver con esto, la próxima vez que le viese le…

-… te quiero.-

Kanda se congeló al recordar aquellas dos palabras. Aquellas dos últimas palabras que le había regalado su más reciente obsesión. El tono con que las pronunció fue tan dulce, tan suave, tan sumamente lleno de cariño…

Algo en el pecho de Kanda se movió, y no fue una sensación placentera. Como si su pecho se hubiese encogido de repente, empezó a notar una creciente opresión en él, dificultándole la respiración. Por qué!? Por qué una mera ilusión tenía tanto poder sobre él?

Y por qué notaba como si aquellas palabras fuesen tan familiares para él como si fueran el pan suyo de cada día? Nunca nadie le había dicho eso. No de esa forma. Por qué se sentía tan natural entonces?

-…llevarle a un hospital. No tiene buena cara.-

Un creciente murmullo le sacó finalmente de sus pensamientos. Mirando levemente a su alrededor se fijó en que estaba en una de las salas de estudio de las que disponía el instituto. Como había llegado allí?

- Quizá deberíamos tratar de darle un poco más de tiempo.-

Kanda sintió una descarga de adrenalina tan fuerte que casi le hace botar de su asiento, otra vez. El pulso se le aceleró y contuvo la respiración durante unos segundos. Esa….esa era… Pero no podía ser! Era imposible. Como podría…?

Fijándose mejor en su alrededor se percató que estaba sentado en uno de los extremos de una mesa cuadrada, cuyo resto de lados estaban ocupados por Lavi, Lenalee y Allen, que parecían hablar entre ellos en susurros. Todavía no se habían dado cuenta de la atención de Kanda.

Echando un rápido vistazo al resto de la habitación notó que eran los únicos ocupantes de esta.

- Lleva toda la mañana así, Allen. A mí me está empezando a preocupar.- la voz de Lenalee hizo que el japonés volviera a fijarse en sus amigos. Las arrugas en la frente de la joven eran prueba de su preocupación.

- Si, la verdad es que nunca le había visto poner todas esas caras raras. Parece como si Yuu estuviera en su propio mundo y eso no es…. Yuu!- exclamó sorprendido Lavi, sobresaltando a los otros dos. Siendo Lavi el que estaba en frente de él, fue el primero que se dio cuenta de su mirada.

- No me llames así- gruñó Kanda. Para su sorpresa, el rostro de Lavi se iluminó.

- Yuu! Bienvenido al mundo de los vivos!-

BAM!

El rostro de Lavi se encontró con la tapa dura de un gran volumen que unos instantes antes había estado a escasos 20 cm. de Kanda. El impacto con el libro desestabilizó a Lavi, por lo que acabó en el suelo.

- Te he dicho que no me llames por mi nombre, imbécil- le espetó Kanda, con multitud signos de cabreo en la cara. Su brazo aún conservaba la posición que había adoptado al lanzarle el libro al pelirrojo.

La repentina risotada que se le escapó a Allen hizo que todo su mal carácter se concentrara ahora en el castaño.

- Que te hace tanta gracia, enano?- le preguntó Kanda, con un no-tan-sutil tono de cabreo e instintos asesinos detrás de su calmada voz. Allen se rió aún más.

- L-lo siento Kanda, pero no puedo evitarlo.- le explicó, entre risas. – Es que esta escena de ahora con Lavi… parecía sacada de una comedia!-

- Tsk! No sabes cómo me alegra ser tu bufón personal, criajo.- le contestó Kanda, con ironía.

- Va, Kanda, no seas así. No sabes lo que me alegra que vuelvas a ser tú mismo (aunque eso ponga a Lavi de nuevo en peligro de vida o muerte)- le comentó Allen, con una sonrisa en la cara.

Kanda no sabía por qué, no entendía por qué, pero de repente todo su cabreo se esfumó. Fue como si aquella brillante y sincera sonrisa se hubiera llevado todas sus preocupaciones. Cruzándose de brazos, volvió a sentarse.

- Kanda.- le llamó Lenalee.- Que es lo que te pasa? Últimamente estas muy raro… Y estoy, bueno, estamos preocupados por ti-

- No hay necesidad.-

- Pero Kanda, somos tus amigos. Si no puedes contárnoslo a nosotros, entonces a quién?- le rogó la chica, usando aquella mirada de cachorrillo a prueba de cualquier tipo de resistencia.

Kanda le aguantó la mirada todo lo que pudo (y no fue tarea fácil) y después miró a sus otros dos compañeros, cuyas caras mostraban, por una parte curiosidad y por otra preocupación.

Dejando escapar un suspiro de resignación, Kanda se pasó la mano por el pelo, derrotado.

- Es solo…- pero cómo decirlo!? Que palabras debería usar para expresar la totalidad de sus problemas? Las inquisidoras miradas de sus amigos le animaban a seguir. -Últimamente no duermo… bien…-

- Y?- presionó Lavi. Si Kanda estaba dispuesto a hablar le obligaría a contárselo TODO.

- Y… eso es todo-

- Venga ya, Yuu! Eso no puede ser todo! Nunca has sido un gran dormilón, así que por qué te iba a afectar la falta de sueño?-

- …-

- Hay algo más que no nos estás contando, verdad Kanda?- preguntó Lenalee.

- …-

- Es inútil, le hemos perdido!- se quejó Lavi, apoyando la cabeza sobre la mesa. Si Kanda había vuelto a cerrarse en banda, se las iban a ver canutas para hacerle hablar de nuevo. Era imposible saber lo que le pasaba por la cabeza al japonés.

- Por qué no puedes dormir?- preguntó de repente Allen, con un gesto extrañamente serio para él. Kanda le lanzó una mirada de soslayo.- Acaso… tienes pesadillas?-

Un silencio casi sepulcral siguió a aquella pregunta. Nadie se atrevió a mover. Lenalee miraba a Allen con los ojos como platos y Lavi se había quedado congelado en el sitio. Cómo se había atrevido Allen a hacerle semejante pregunta a Kanda? Acaso estaba loco, poniendo en duda la valentía y la madurez del mayor?

No obstante, Allen no pareció ni inmutarse por el repentino cambio en el ambiente, ahora cargado de tensión, sino que se limitaba a mirar a Kanda a los ojos, con aquella extraña seriedad.

Por su parte, Kanda estaba alucinado. Era tan fácil de leer? No, eso era imposible. Siempre le habían dicho que era imposible saber qué se le pasaba por la cabeza, y estaba orgulloso de ser así. Y, sin embargo, aparece el novato y es capaz de saber que le ronda por la cabeza a la primera. Y esta no había sido la primera vez que le pasaba con el castaño cerca. Qué demonios significaba todo eso?

Y luego estaba esa voz…

- No son… no son pesadillas. Simplemente, son sueños extraños…- confesó Kanda, mirando a todos lados salvo a sus tres compañeros.

Decir que Lavi estaba anonadado era quedarse corto. No solo Allen había sobrevivido a poner en duda la "hombría" de Kanda, sino que este le había respondido! Que toda la gente se prepare, el fin del mundo esta aquí!

- La verdad es que yo tampoco he estado durmiendo muy bien- dijo de repente la china, ganándose la atención de los chicos. – También he estado teniendo sueños extraños.-

- De qué tipo?- se interesaron Allen y Lavi.

- Bueno- empezó Lenalee, con gesto pensativo.- no los recuerdo muy bien, pero sé que siempre se trata de lo mismo, más o menos. Casi siempre sueño con batallas en las que la gente va muriendo poco a poco, hasta sólo quedar unos pocos. Es triste, porque siempre me despierto con cierto aire de nostalgia que no llego a comprender. Es como si toda esa gente con la que sueño fueran antiguos amigos de la infancia, de los que me haya olvidado… Es raro pero, me siento mal por no ser capaz de recordarles…- La voz de la chica fue apagándose según iba terminando su explicación, con su cabeza cada vez más agachada.

Los tres chicos se quedaron sin palabras ante tal revelación. Ninguno de ellos sabía bien qué decir o cómo comportarse. Estaba claro en el tono de tristeza de la voz con la que había hablado la chica que realmente se sentía afectada por todo ello. Kanda no dejó de notar como el rostro del más pequeño se ensombrecía ligeramente. Qué era lo que ocultaba aquel rostro? Tristeza? Remordimiento? Culpa?

- Seguro que no es para tanto, Lenalee, tranquila.- comenzó Lavi, en un intento de suavizar el ambiente.- La verdad es que yo también suelo soñar con guerras y batallas.-

De repente, la atención de los otros tres se centró en él. Las miradas de incredulidad de sus caras casi le provocaron ganas de reírse de ellos.

- No me miréis como si fuese un bicho raro! Ya que estamos en plan de confesarnos, lo hacemos todos!- se defendió Lavi, con un puchero.- Como iba diciendo, yo también suelo soñarme con diferentes conflictos. Lo curioso es que no puedo aplicarme todo el mérito, pues normalmente se tratan de hechos históricos, solo que un poco diferentes a como nos los cuentas en clase. Como por ejemplo que tal o cual guerra empezó por un motivo completamente diferente al que dicen los libros, como una riña en un bar, o por culpa del deseo por la misma mujer… cosas banales de ese tipo. Panda dice que es culpa de mezclar mi descabellada imaginación con todas las horas que me paso leyendo. A que es curioso? Es una lástima que no me valga para un examen… aunque sería interesante ver la cara del profesor cuando se pusiese a corregirlo… Quizá en la próxima ocasión deba…-

Y en aquel momento todos dejaron de prestarle atención a Lavi, que seguía conspirando contra la salud mental de su profesor de historia.

- Esto es una auténtica tontería- murmuró Kanda. Como si haber hablado de ello le hubiera solucionado algo. Lo único que sabía es que Lenalee y el estúpido de Lavi también tenían sueños raros (si es que eso no era algo de esperar, en el caso de Lavi)

Él único que se mantenía callado, y un poco al margen, era Allen. Este ahora tenía un gesto más bien pensativo, como si las palabras de Lenalee o las de Lavi tuvieran algún sentido para él. Aunque, ahora que lo pensaba, también era una extraña coincidencia que los tres estuvieran teniendo sueños raros a la vez. Allen también los tendría? Y si era así, a qué podría ser debido?

Kanda se moría de ganas de saber si el castaño también sufría de malas noches por culpa de sus sueños, pero su orgullo le impedía abrir la boca para realizar tal pregunta. Yuu Kanda no se dejaba llevar por la curiosidad de esta manera. Y menos sobre un tema tan trivial e infantil como unos malditos sueños!

Por fortuna, siempre podía contar con Lenalee para satisfacer su curiosidad.

- Y a ti, Allen?- preguntó de repente Lenalee, habiéndose dado cuenta de el estado silencioso del joven.

- Hm?- estaba claro que había estado tan sumido en sus pensamientos que la voz de Lenalee le había pillado desprevenido.

- Te preguntaba si tú también tenías este tipo de sueños.-

- Ah, eso. No.- respondió rápidamente, ganándose tres miradas de incredulidad.- Bueno, al menos ya no.- aclaró, por fin.

- A que te refieres con eso?- quiso saber Lavi. Kanda agudizó el oído. Ya puestos, él también quería saberlo.

- Bueno, yo también tuve sueños raros en su momento. Pero ya hace mucho tiempo desde que desperté-

- A que te refieres?-

- A que, si alguien quiere algo, debe luchar por ello, y no esperar a que las cosas le caigan del cielo.-

Eso dejó a los tres mayores perplejos. La madurez con la que hablaba Allen no era normal. Es como si estuviera hablando un anciano que hubiese experimentado infinidad de cosas, y hubiese aprendido un poco de cada una de ellas. Ese tipo de madurez que solo te da la experiencia. Y Allen era todavía demasiado joven para tener ese tipo de conocimientos sobre la vida! Algo no encajaba con su nuevo amigo, pero no sabían decir lo que era.

- Y de qué trataban?- inquirió Lavi.

- Eh?-

- Que de qué iban esos sueños.-

- Ehm.. bueno…- para sorpresa de todos, un ligero rubor empezó a adornar las mejillas de Allen, dándole un aspecto adorable. – La verdad es que no me acuerdo muy bien…- la mirada que le echó Lavi le dejó bien claro que no se iba a librar yéndose por la tangente..- También había algún que otro conflicto y alguna que otra batalla, pero eso no era lo importante…-

- Ah, no?-

Allen negó con la cabeza y, de repente, el color rojizo de sus mejillas se encendió todavía más.

- Solían ser sueños sobre… una persona en particular…-

- Quien?- quiso saber Lenalee, que parecía estallar de la emoción y la tensión contenida.

Allen miró nerviosamente a sus amigos, parándose ligeramente un poquito más de tiempo en la cara del japonés. Finalmente se decidió y tomó una pequeña bocanada de aire.

- M-mi primer… amor.-

La escena se congeló un segundo, hasta que Lavi y Lenalee reaccionaron y se abalanzaron sobre el chico, achuchándole y avasallándole a preguntas, cual histéricas colegialas. En el caso de Lenalee era algo comprensible. En el de Lavi, preocupante.

Por su parte, Kanda se había quedado quieto como si fuese una estatua en su asiento. No sabía por qué, pero su cerebro parecía no estar por la labor de procesar aquellas palabras. No entendía por qué había aparecido de repente un dolor en su pecho como nunca antes lo había hecho. Similar al que tenía cuando pensaba en el misterioso personaje de sus sueños, pero a la vez muy diferente. Peor.

Kanda no quería pensar en eso. No ahora que su mente estaba tan confusa. No ahora que no entendía las reacciones de su propio cuerpo. No con algo relacionado con la nueva adquisición de su grupo.

Y aún menos quería pensar en por qué aquel inesperado sonrojo en la cara de su amigo le había resultado tan sumamente atractivo.