"ENTREGAR AL SEÑOR

ALLEN WALKER"

Allen miró de nuevo el enorme sobre de color sepia que sostenía entre sus temblorosas manos. Observándole desde lejos, bien parecía que pretendiese quemar aquel insultante trozo de papel por la intensidad de su mirada.

Con un suspiro cargado de frustración, arrojó aquel sobre y su indeseable contenido a la basura.

KYUKYUKYUKYUKYU

- Hey, creo que algo le pasa a Allen- comentó Lenalee, poco después de que su amigo castaño se despidiera de ellos alegando que tenía prisa.

- Huh? A que te refieres, Lena?- preguntó Lavi, levantando la vista de un enorme tomo que estaba leyendo.

Kanda se limitó a seguir con lo suyo, pero no se perdía ni una palabra de la conversación.

- No lo has notado, Lavi? Desde hace unos días Allen está un poco raro.-

- Bueno…- empezó a pensar Lavi.- últimamente se le ve un poco nervioso, pero poco más. No lo veo como una razón para preocuparse. Y Allen siempre ha sido un tanto especial, no?- bromeó con una sonrisa de oreja a oreja.

- Lo sé, pero lo que me da mala espina es que se comporta así desde que le llamaron al despacho del director.-

- Espera, mandaron al enano al despacho del director? Se puede saber que es lo que hizo?- interrumpió Kanda, interesado, para sorpresa de sus amigos.

- Si, Allen no parece ser del tipo de los que se meten en problemas con los profesores- comentó Lavi, pensativo. Después una maliciosa sonrisa adornó su rostro -Aunque con esa carita de niño bueno que tiene seguro que debe haber algo siniestro detrás de todo esto…-

- Queréis dejar de decir tonterías? Y luego la que estaba exagerando era yo! – exclamó Lenalee, ligeramente indignada.

- Perdona, sigue.-

- El otro día vino la secretaria en medio de la clase de biología para llevarse a Allen, a quien reclamaban en el despacho del director. Apenas estuvo allí unos minutos, porque volvió antes de que sonara el timbre. Cuando le pregunté que para que le querían él me respondió que no fueron más que un par de formalidades y de papeleo, pero….-

- No te acabó de convencer, no?- adivinó el pelirrojo.

- No… no digo que Allen me haya mentido. Es solo que, después de eso, le he visto un poco en las nubes…Y a veces se alteraba por algún que otro sonido repentino…-

-…-

- Espera… que se alteraba por un sonido repentino?- preguntó incrédulo el pelirrojo.

Lenalee asintió y casi al instante se arrepintió de hacerlo pues una aureola de brillitos, salida de a saber donde, empezó a rodear a Lavi.

- Claro! Es eso!- anunció triunfante- Ahora está claro todo! Amigos míos, ya sé cual es la razón para el extraño comportamiento de Allen. Como ya he dicho con anterioridad, en realidad Allen… pertenece a la mafia!-

PAFF!

El sonido sordo que produjo la cabeza de Lavi al golpear la mesa se pudo oír por todo el recinto.

- K-Kanda! Por que has hecho eso!?-

- Eso le pasa por decir gilipolleces-

- Yuu~ no hacia falta que me dieras tan fuerte~-

PAFF!

- OOUCH! Y ahora esa a que venía!?-

- Por llamarme por mi nombre.- respondió tranquilamente el japonés, mientras el pelirrojo le miraba con los ojos llenos de lágrimas de cocodrilo.

- Chicos, podríamos por favor volver al tema de Allen?- preguntó Lenalee, ya cansada de las interacciones de sus dos compañeros.

- No sé a que viene tanto revuelo por el chaval. Cada cual tiene sus propios problemas, no? Además, si tan preocupadas estas, por qué no se lo preguntas a él directamente?- razonó Kanda. Lavi se le quedó mirando con una mueca de asombro que, después de unos instantes, empezó a irritarle.- Que!?- le espetó cuando su paciencia se acabó.

- Nada, Yuu, solo que creo que esta es la frase más larga que te he oído decir de motu propio en todo el día… Que curioso que la razón sea Allen- añadió, en voz más baja.

Haciendo como que no había oído a Lavi, Lenalee se dirigió a Kanda.

- Como te he dicho, ya le he preguntado si le pasaba algo. Pero Allen siempre me da largas!- añadió con un mohín.

- Pues acorrálale y no dejes que se escape hasta que te responda.-

- Eso es algo que solo tú harías, Kanda…-

- Pues la idea de Yuu no es tan mala! Y para asegurarnos que no se nos escapa, qué mejor que ir a su casa a preguntarle? Así no tendrá dónde ir!- explicó Lavi, con los ojos brillándole ante su tan magnifica idea. Sin embargo, las miradas que le lanzaban los dos asiáticos no eran de admiración precisamente. Más bien eran dos rostros inexpresivos, con las ambas cejas levantadas, en un claro gesto de desconfianza.

- Admítelo, Lavi, tú lo que quieres es volver a ver el coche de Allen-

- Cómo puedes decir eso de mí!- exclamó horrorizado.- Me limito a preocuparme por mi amigo! Está claro que en su casa es donde se encontrará más a gusto para hablar, además de asegurarse de que sus palabras no llegan a cualquier oído!... Aunque si a Allen le diera por querer prestarme el coche, quién soy yo para negarm…-

PATAPAFF!

El pobre Lavi yacía inconsciente sobre la mesa. Kanda estaba algo más que furioso. Por una vez había estado a punto de creer en la sinceridad de las palabras del pelirrojo. Solo para que este lo estropease al final, como siempre.

Echando humo, Kanda se volvió a sentar, cruzando los brazos sobre el pecho e ignorando a los lastimeros gemidos de un Lavi que volvía a la consciencia, con un tremendo dolor de cabeza.

Sudando ante la escena, Lenalee empezó a reírse con nerviosismo.

- Entonces… A la casa de Allen, pues?-

KYUKYUKYUKYUKYU

Un par de paradas de autobús y decenas de amenazas contra la vida de cierto pelirrojo después, los tres amigos se encontraron frente a frente con la fachada de la casa de su actual fuente de preocupación. Y ninguno parecía estar dispuesto a dar el siguiente paso.

-Bueno… llamamos o no?- preguntó, impacientemente, Lavi

- Si, pero, y qué decimos? No podemos presentarnos en la puerta de Allen sin más y decirle "oye, Allen, como últimamente te comportabas de manera extraña hemos decidido hacerte una emboscada en tu propia casa e interrogarte sobre el asunto. Nos dejas pasar?" Por favor, Lavi! Tenemos que planear como vamos a tratar el tema!- le explicó Lenalee en un solo aliento.

Perplejo, Lavi le respondió – Admítelo, traías ese discurso aprendido de casa, a que si?-

La chica, ocupada con pegarle una colleja a su amigo, no se dio cuenta del momento en el que su otro amigo había decidido entrar en el jardín del castaño. Solo cuando este estuvo a punto de llamar a la puerta, captó su atención.

- Kanda! Pero, que haces?-

- Ya me he cansado de vuestras bobadas. No hemos venido para hablar con el enano? Pues adelante- y alzó una mano contra la puerta.

No obstante, a un centímetro escaso de la madera, se detuvo. Una extraña melodía inundó de repente sus sentidos, embotándolos. Se quedó quieto dejando que aquel hermoso sonido recorriera todo su cuerpo. Un sonido simple y, a la vez, tan sumamente lleno de sentimientos, con un profundo significado oculto. Por un momento, pudo incluso imaginarse a sí mismo en una estancia de color blanco inmaculado, escuchando atentamente el sonido proveniente de un piano de igual color.

Un repentino movimiento a su espalda le sacó de su ensimismamiento. Irritado, giró la cabeza lo suficiente para darse cuenta de que Lavi y Lenalee habían llegado hasta él. Sus caras reflejaban la confusión ante la repentina quietud del japonés, hasta que a ellos también les llegaron las notas de aquella triste melodía.

Sin siquiera pensárselo un segundo, sin dejar que la voz de la razón le dominara, Kanda se lanzó en busca del posible origen de aquel sonido. No sabía por qué, quizá fuera el instinto, pero algo dentro de él le decía que debía ir hacia donde sonaba aquella música. En lo más profundo de su ser había algo que gritaba ansiosamente, deseando, necesitando, llegar hasta el otro lado de la melodía.

Y, de repente, lo vio. El origen del mayor conflicto interno de su vida. Allí, sentado en un piano de cola, dándole la espalda, se encontraba una figura conocida para él. Tan sumamente familiar y extraña a la vez. Angustiante y satisfactoria. Dulce y amarga. Feliz y melancólica. Todo a la vez.

Aunque un cristal les separaba, Kanda podía notar el retumbar de cada nota en cada célula de su cuerpo. Todo lo demás había quedado olvidado. Todo era secundario. Lo único que veía era a aquella figura que le daba la espalda. Aquella angelical y hermosa figura, tan frágil y firme al mismo tiempo, y cuyo cuerpo parecía estar pidiéndole a sus brazos que le rodeara, que aquel era el lugar donde deberían estar.

Hipnotizado por la melodía, Kanda se dispuso a dar un paso hacia su objetivo, con sus manos listas para sentir el calor de aquel cuerpo que le llamaba. Sentir que era real. Reclamar lo que era suyo

- Guau! Allen, eres increíble!-

Tan pronto como vino, la ensoñación se fue. La realidad volvió a él tan bruscamente que tuvo que concentrarse para no marearse.

Qué demonios había pasado!?

KYUKYUKYUKYUKYU

No podía pensar bien. Estaba estresado y se estaba comportando como un paranoico. Y lo peor era que sus amigos se habían dado cuenta (Lenalee era como un libro abierto para él)

Fue por eso que, nada más llegar a casa se dirigió al piano que tenía en el salón y, sin pensárselo dos veces, se puso a tocar aquella melodía que fue el principio y el final de todo. La melodía que controlaba el arca. La melodía de su padre, de su tío: la canción del decimocuarto.

En cualquier otra ocasión evitaba tocar aquellas pocas notas, que tantos y tantos problemas habían dado. Pero ahora lo necesitaba. Necesitaba olvidarse de la realidad que ahora le rodeaba. Necesitaba volver a aquellos tiempos revueltos y llenos de caos y, sin embargo, los únicos en los que su existencia había tenido sentido. Se imaginó de nuevo en aquella estancia blanca que jamás volverá a pisar, mientras cantaba mentalmente la letra de la canción.

Se imaginó con su aspecto de albino quinceañero, llevando la ropa prestada de la enfermería, con su fiel gólem a su lado, mientras tocaba. Tocaba y tocaba sin cesar, poniendo en música las palabras que gritaba su corazón. Un corazón incompleto que añoraba a su otra mitad.

Como si sus plegarias se hubieran oído, de pronto sintió como su vello se ponía de punta, una reacción que solo él conseguía. Casi podía notar el calor de sus fuertes brazos alrededor de su cuerpo. Ansiaba ese calor. Lo necesitaba. Quería que fuese real.

- Guau! Allen, eres increíble!-

La ilusión desapareció en mil pedazos. Allen necesitó parpadear unas cuantas veces antes de reconocer el lugar donde se encontraba. Dándose la vuelta, buscó el origen de aquella exclamación. Para su sorpresa, Lavi, Lenalee y Kanda estaban en su jardín, observándole a través de los cristales de las puertas corredizas que les separaban. Tan ensimismado había estado que no había notado su presencia.

Sacudiendo la cabeza para librarse del aturdimiento por completo, se dirigió al otro lado del salón, para abrirles la puerta a sus amigos.

- C-Chicos? Que hacéis aquí?-

- Acaso unos amigos no pueden hacerte una inocente visita, Allen?- le preguntó Lavi. A Allen no le gustó mucho como había pronunciado la palabra inocente, pero lo dejó estar.- Bueno, nos vas a dejar pasar o tendremos que acampar en tu jardín?-

- Que?.. Ah, no! Pasad, pasad.-

Allen se apartó del camino para dejar que pasaran sus tres amigos, Kanda siendo el último, extrañamente silencioso.

- Estás bien, Allen. Se te ve un poco ido.- se preocupó Lenalee.

- Si, no te preocupes. Es que me había ensimismado mientras tocaba y aún estoy un poco "ido", como tú has dicho.- explicó Allen con una sonrisa, quitándole importancia al asunto. – Queréis algo para beber?-

Los tres mayores asintieron y se sentaron en un cómodo sofá de Allen que estaba enfrente de una mesa que parecía de anticuario. No hacía falta decirle al joven lo que querían, ya que, de un modo u otro este siempre lo sabía.

Al poco rato, Allen volvió con sus bebidas favoritas, sentándose al lado de Lenalee en aquel inmenso sofá.

- Y bien, que os trae aquí?-

- Pues…-

- Lo primero es lo primero!- interrumpió Lavi. – Allen, desde cuando eres un experto pianista?.

- Toco el piano desde los diez u once años. Pero yo no me consideraría un experto.- añadió, como queriendo desviar el tema.

- Que dices, Allen? Jamás en toda mi vida una canción me había afectado tanto. Te aseguro que era capaz de sentirla desde el centro de mi pecho!-

Ahora, Allen parecía incómodo con el tema.

- Umm, será cosa de la canción, que es muy conmovedora.-

- Nunca antes la había oído. De quién es?-

- De mi… de mi tío. Y, antes de que lo preguntes, no es nadie conocido.-

- Pues tu tío tiene talento, Allen, de verás te lo digo? Seguro que el Panda tampoco ha oído nada semejante, y eso que el presume de haber viajado por todo el mundo y haber asistido a obras y operas en…-

- Habéis venido a hablar de música?- cortó Allen, antes de que fuera demasiado tarde para parar a Lavi.

- Em, la verdad es que no, Allen.- empezó Lenalee, pero no estaba muy segura de cómo continuar. Notando su incomodidad, Allen le lanzó una sonrisa tranquilizadora, instándola a decir lo que quiera.- Bueno, verás… últimamente nos hemos dado cuenta de que te comportas de manera… diferente… Estás como más nervioso… o algo así… Es como si estuvieras alerta todo el rato y…. bueno… uhm… nos preguntábamos si te pasaba algo y si… si te podíamos ayudar en algo porque… ya ves… estamos preocupados por ti, y eso….- terminó Lenalee, incómoda. No estaba muy confiada en que no estuvieran molestando a Allen al entrometerse en sus asuntos y se había notado en su forma de hablar.

Allen se fijó en la visible incomodidad de Lenalee, luego pasó a la curiosidad de Lavi y por último, al estado contemplativo de Kanda. Era cosa suya o Kanda tampoco parecía estar del todo con ellos?

Dejando escapar un suspiro de resignación, se dejó caer contra el sofá, llevándose una mano al pelo, retirándoselo de la cara. Eso le pasaba por haberse comportado como un maníaco. Por supuesto que Lenalee no iba a parar hasta saber qué le preocupaba y, por supuesto que intentaría todo lo necesario por ayudarle.

Lanzándole una mirada de soslayo, pudo ver como la preocupación por haberle incomodado aparecía en los rasgos de su cara.

- No te preocupes, Lenalee, no es nada serio.- habría estado genial terminar la frase ahí, pero Allen conocía demasiado bien a la gente que tenía delante suyo y sabía que no se iban a contentar con sólo eso. – Es solo que hace poco recibí noticias de cierta... gente, que preferiría que me dejara en paz.-

- A que te refieres?-

- Nada. Viejos… conocidos, que ahora parecen haber decidido volver a ponerse en contacto conmigo. En el peor de los momentos, cabe decir.- añadió por lo bajo.

- Y por qué supone eso un problema?- quiso saber Lavi, que no se había perdido ni una palabras de las que había dicho el castaño, ni tampoco ni uno de sus gestos.

- Bueno, digamos que pertenecen a un círculo más propio de mis padres que al mío. Y temo que quieran arrastrarme de nuevo a él.-

Los cuatro amigos permanecieron en silencio durante unos instantes, en lo que tardaron en procesar el significado de esas palabras.

El hecho de que personas de la alta sociedad se interesaran por Allen y quisieran acercarse más a él de la manera que había expuesto el menor solo daba a entender una cosa.

- Significa eso que… te vas?-

Para sorpresa de todos los presentes, fue Kanda el que realizó aquella pregunta. No supo que fue lo que le llevó a decir esas palabras, ni tampoco por qué sonaron tan angustiadas (para él). Lo único que supo es que su cuerpo había reaccionado ante la perspectiva de que el castaño desapareciera de su vida. Y no había sido una sensación precisamente agradable.

- No, claro que no.- aclaró Allen, haciendo que, milagrosamente, aquel sentimiento desapareciera de Kanda en el instante.- Aunque seguro que intentarán convencerme para que me vaya con ellos. Pero no lo lograrán.- le aseguró a Lenalee, que había adquirido un gesto ansioso.- Aún me quedan cosas por hacer aquí.-

- Oye, Allen, esa gente de la que hablas… es influyente?- aventuró Lavi, que sospechaba que si se trataba de gente de la más alta sociedad tendrían muchos recursos en sus manos para doblegar la voluntad de un adolescente, por muy maduro que este sea.

- Sí, bastante.-

Un nuevo silencio inundó el salón. Lenalee se encontraba inquieta. No sabía por qué pero la idea de dejar de ver a su nuevo amigo no le hacia nada de gracia. Había algo en ella que quería que aquel castaño se quedara a su lado, al lado de ellos tres, para siempre.

Pero esa gente parecía una amenaza para su situación actual si habían logrado poner tan nervioso a alguien tan calmado como Allen.

Como si le hubiese leído el pensamiento, Allen se incorporó en su asiento para contemplar mejor el rostro de Lenalee.

- No te preocupes, Lenalee. En realidad creo que he tenido una reacción demasiado exagerada ante este asunto. Los más probable es que dejen de contactar conmigo en cuanto vean que no les respondo.-

- Eso! Si son gente tan importante seguro que están super ocupados! Ni que fueran a presentarse en la puerta de tu casa uno de estos días!- bromeó Lavi, que empezó a reírse.

No obstante, pronto se le cortó la risa. Un par de golpes secos anunciaban que había alguien llamando a la puerta. Los cuatros amigos se congelaron en el sitio.

Un nuevo par de golpes les despertaron.

- Venga ya! Es imposible! No puede ser porque yo lo haya dicho. Cuantas probabilidades creéis que hay de que esto sucediera justo después de que yo lo dijera? Exacto! Casi ninguna! Creéme, Allen, que yo no he tenido ninguna intención de.-

- Para el carro, Lavi. No es necesario que te montes ninguna película. Seguramente sea el vecino, que necesite el coche de nuevo. O algo por el estilo…-

Ninguno de sus amigos estaba muy convencido según observaron como Allen se levantaba y se dirigía hacia la puerta de entrada. Pero, como había dicho Lavi, las probabilidades iban a su favor… no?

Allen no sabía muy bien por qué, pero algo le decía que no era su vecino el que aguardaba al otro lado de la puerta. Cogió un buen trago de aire antes de darle la vuelta al manillar y abrió la puerta.

Se encontró cara a cara con un atractivo hombre, de rasgos europeos y con una tonalidad de piel por la que muchos modelos matarían. Su ondulado pelo le caía sobre la cara dándole un aire de despreocupado descuido a la vez de top model del año. Sus ojos ambarinos estaban clavados en los ojos plateados del que le había abierto la puerta.

Terminándose el cigarro que estaba fumando, guiñó un ojo al joven, un hermoso ojo almendrado con una peca en la correspondiente mejilla que le daba cierto estilo.

- Por que has tardado tanto en abrir la puerta, chico?-

En ese instante, solo un pensamiento cruzaba por mente de Allen:

Mierda!