- De verdad no puedo hacer nada para que cambies de idea, chico?- preguntó Tyki, por enésima vez, en el umbral de la puerta de Allen. A pesar de todo, aún no se rendía.
- No, lo siento mucho Tyki. Una vez decido algo no hay manera humana posible de pararme.- le contestó Allen, con una sonrisa en la cara.
- Si, eres bastante cabezota… Y obstinado, terco, tozudo…-
- Vale, vale, ya lo pillo-
- … Y tenaz. Supongo que por eso siempre me has gustado tanto. Eres increíblemente preciado para nosotros. Para mí. No sé si tú mismo te das cuenta de ello.- comentó el mayor, dejado escapar un triste suspiro.
- Claro que lo sé, Tyki.- respondió Allen mientras estiraba lentamente su mano derecha, para apartar un mechón de pelo de la frente de Tyki. Su mano acarició la mejilla que tocaba tiernamente.- Vosotros también sois importantes para mí. Los Noé sois mi familia y siempre lo seréis. Nunca lo olvides, Tyki, hermano.- terminó Allen, deslumbrando a Tyki con una hermosa sonrisa.
Tyki no pudo por más que devolvérsela. Cogió la mano que estaba apoyada en su mejilla e hizo como si la besase.
- Es todo un honor para mí oír eso de tus labios-
- Corta el rollo!- se ruborizó Allen. Su sonrojo provocó que Tyki empezase a reírse. Cuando se detuvo, contempló a Allen con ojos llenos de aprecio.
- Serás feliz aquí?- Allen asintió.- Bien, supongo que es todo lo que puedo pedir…Lo mejor será que me vaya marchando-
Tyki estaba punto de marcharse cuando, dubitativo, se detuvo de nuevo.
- Allen, podría pedirte un favor?-
- Claro!-
- Aunque tú ya no vivas con nosotros… Acudirías si te llamáramos para una reunión. Simplemente sería para reunir a toda la familia de tanto en tanto, sin ningún tipo de compromiso!- se apresuró a añadir, ante el cambio de gesto del chico.- Ya sabes, a Road le hace ilusión vernos a todos juntos. Y no solo a ella…-
- Está bien, Tyki. Si me llamáis para cenar, allí estaré.-
- Je, seguro que lo haces por la comida!-
- No lo dudes ni por un momento!- Ambos Noé empezaron a reírse de su broma personal.
- Bueno, ahora sí, me marcho. Ha sido un placer volver a verte. Se te ve bien.-
- Gracias… Ah! Tyki! – el mayor se detuvo nuevamente y miró a Allen, esperando a que continuase.- No me voy a mover de aquí en una larga temporada, así que si alguno de vosotros quiere venir a verme, bueno… La familia siempre es bien recibida en mi casa-
Tyki le lanzó una nueva sonrisa y se alejó, seguramente dirigiéndose hacia su coche, mientras se despedía con la mano de Allen. Pronto su figura se fundió con la oscuridad de la noche, desapareciendo entre ella.
KYUKYUKYUKYUKYU
El ambiente de la habitación era todo lo contrario al de la entrada. Aunque entristecido, Tyki había rezumado calidez en su despedida. El salón donde se encontraban sus tres amigos parecía estar sumido en las penumbras, por el contrario.
Allen tomó aire antes de entrar en la estancia, preparándose para lo peor.
Como esperaba, le recibieron miradas de confusión, incredulidad, cierto enojo, duda… Pero la que más le afectó era la mirada de Kanda. Apenas habían mantenido un contacto visual de unos segundos, pues Kanda retiró la mirada enseguida, pero Allen pudo ver con claridad la emoción que reflejaban los ojos del japonés: angustia.
Allen se sintió culpable de inmediato, sabiéndose el origen de semejante actitud. Nada le gustaría más que atravesar el salón y abrazar a Kanda hasta que todas sus penas desapareciesen. Quería borrar de su cara aquel gesto, pero no podía. Aún no. Eso solo complicaría más las cosas.
Resignado, se desplomó en el sofá donde se había sentado Tyki, pues era el más cercano y miró a sus amigos.
- Adelante, no os cortéis.-
- Como has podido ocultarnos algo así!- explotó Lavi, que parecía haberse estado mordiendo la lengua hasta que no pudo más. Lenalee se unió enseguida a sus exigencias.
- Lo que nos ha contado es verdad?-
- Eres un genio y no nos lo habías dicho!?-
- Te codeabas con los líderes del mundo?-
- De verdad te graduaste de la universidad con 13 años?-
- Por qué vienes al instituto entonces!?-
- Eres un genio!-
- Eres capaz de tocar cualquier instrumento?-
- Un genio!-
- Vale, vale, vale, vale.- interrumpió Allen, pues Lavi y Lenalee parecían haber cogido carrerilla y era mejor detenerlos cuanto antes.- De una en una, que no me estoy enterando de nada. Para agilizar las cosas diré que todo lo que ha dicho Tyki es verdad: desde que entré en el Arca muy joven, estudié diferentes instrumentos, me gradué en poco tiempo y me marché para no volver hace un par de años. Alguna duda en concreto?-
Todos callaron por fin y pasaron un rato en silencio, intentando ordenar sus ideas para priorizar sus preguntas.
Finalmente, Lenalee se decidió.
- Por que no nos dijiste nada? Comprendo que al principio es raro contarle todo a un grupo de extraños, pero nosotros ya nos considerábamos amigos tuyos y… bueno…- dudó Lenalee, pues se había dejado llevar en su pregunta y estuvo a punto de acusar a Allen.
Este, sin embargo, reconoció la acusación silenciosa de su amiga y sonrió.
- No es que no confiase en vosotros, Lenalee, es solo que... La experiencia me ha enseñado que, una vez alguien sabe quién soy y todo lo que conlleva ser amigo mío, suelen cambiar de actitud hacia mí. Ya sea que me acaben temiendo o intentando aprovecharse de mí. Y eso es algo que quería evitar que pasara con vosotros.-
- No tenías intención de decirnos quién eras?-
- Oh, sí, claro que sí. Creéme. Solo que no tan pronto.-
- Pero por qué ocultarlo!? No lo entiendo- intervino Lavi, confundido.
- Lavi, cómo habrías reaccionado si, desde un primer momento, me hubiese presentado como el niño rico de unos grandes empresarios, un genio con grandes talentos apreciado en las más altas esferas de la sociedad? Acaso no te hubiese parecido raro que alguien que ya se ha graduado en la universidad acuda de nuevo al instituto? No habrías pensado por un momento que lo que estaba haciendo era jugar para amenizar mi vida de niño rico, desvalorizando los esfuerzos de los demás?-
Todos se pararon a reflexionar sobre lo que acababa de decir Allen. Ahora les parecía impensable referirse de esa manera a Allen, pero acaso eso no se debía a que le conocían? A que sabían como era su verdadero carácter? Como habrían reaccionado si no hubiesen tenido la oportunidad de conocer verdaderamente a Allen?
- Guau, Allen, parece que te lo tienes muy pensado.-
- No, lo que pasa es que esa es la historia de mi vida, Lavi. Mi nombre y mi título me preceden. En mi mundo es imposible distinguir quién se interesa por ti y quién por tu estatus. Quería empezar de cero; tener una vida como la de todo el mundo, aunque tuviese que esconder quién soy, por muy egoísta que eso suene-
- No! Yo no creo que sea egoísta! Todos tenemos derecho a una vida tranquila…- saltó Lenalee, sobresaltando a los demás, quién se disculpó enseguida, abochornada.
- Gracias.- le respondió Allen, con una cariñosa mirada que la joven le devolvió.
Parecía que las cosas volvían lentamente a su curso. Aún era mucho lo que tenían que asimilar, pero al menos parecía que le habían perdonado por su silencio. Lenalee le sonreía, comprendiendo sus deseos de una vida medianamente normal, mientras Lavi, aún medio confundido, se dedicaba a hacerle una pregunta tras otras. Solo Kanda seguía callado.
- Por qué te fuiste?- oyeron decir al japonés, que seguía sin devolverles la mirada.
- A qué te refieres, Kanda?-
- Cual es ese motivo tan importante que te hizo dejar atrás aquel mundo de fama y riquezas.- aclaró, con voz grave y sumamente seria.
Allen se le quedó contemplando durante unos instantes. La posición de Kanda era demasiado rígida para ser confortable, y sus brazos estaban cruzados ante su pecho. Su flequillo le ocultaba los ojos, pero bien se podía imaginar qué gesto estaba grabado en la cara de Kanda en esos momentos. Como si no le conociera!
Allen suspiró, habría llegado el momento de aclarar este punto? Era ahora cuando tenía que poner todas las cartas sobre la mesa? Apenas lo meditó, pues la postura de Kanda se lo dejaba todo bastante claro.
Habían descubierto muchas cosas aquellas noche, más de las que él habría querido, así que no quería arriesgarse a introducir aún más información en sus cabezas.
Pero unas cuantas pistas no harían daño, no?
- Creo, si no recuerdo mal, que ya hemos hablado de este tema.-
- Huh? A que te refieres, Allen? Esta es la primera vez que sabemos de tu vida.- intervino Lenalee.
- Sí, sí. Me refiero al motivo de mi marcha. Teóricamente ya os lo conté hace unos días. Recordáis aquella tarde en la biblioteca, en la que Kanda parecía estar ido?-
Al ser mencionado de esa manera, Kanda no puedo evitar reaccionar y mirar por primera vez a Allen desde que había vuelto tras despedirse de su "invitado" Fue superior a sus fuerzas. Sin embargo, la voz se le quedó atascada en la garganta cuando cruzó su mirada con el castaño. Parecía un collage, con tantas emociones en su rostro. Kanda solo pudo adivinar un par de ellas, resignación y cierta expectación, pues se había visto inmerso en aquellos enormes y brillantes ojos plateados. Si no fuese por la presencia de Lavi y Lenalee en la habitación para mantenerle atado a la realidad, podría haberse pasado toda la noche observando aquellas gemas.
Era un asco esto de darse cuenta de que se había enamorado de la persona enfrente suyo. Y todo un autentico incordio.
- Hmm, te refieres a aquel día en que hablamos sobre unos extraños sueños que parecía que estábamos sufriendo todos?- aventuró Lenalee. Allen asintió.
- Ahora que lo dices, recuerdo que ese tipejo, Tyki?, comentó algo sobre que te empezaron a perder a partir de que despertaras un día medio gritando. Tiene algo que ver con eso?- preguntó Lavi, demostrando su capacidad de memorización.
- Pues la verdad es que tiene que verlo todo. A raíz de aquel día es cuando empecé a hacer planes para poder irme del Arca.-
- Un momento!- interrumpió Kanda, con cierta irritación en la voz.- Estás insinuando que dejaste toda tu vida atrás… por un simple sueño!?-
- Sí y no. Ciertamente mi cambio se debió a ciertos sueños que tuve de pequeño. La cuestión es que no creo que fuesen realmente sueños sino… recuerdos-
- Recuerdos?-
Allen dudó. No estaba seguro de todo lo que debía revelar y de sí estaba tentando demasiado a la suerte. Cogió aire e intentó explicárselo sin revelar información inapropiada.
- Será mejor que lo explique desde el principio. No tengo muchos recuerdos de cuando era pequeño. Casi todo mi mundo se reducía a un pequeño estudio en la casa de mis padres donde me daban clases impropias para mi edad cada día. Mientras el resto de niños jugaba con balones, yo aprendía cálculo y estadística. Es por eso que, cuando ingresé en el Arca, experimenté la libertad por primera vez. Ahora me doy cuenta de que aquel sitio en realidad se parecía bastante a una cárcel, aunque quizá eso sea un poco exagerado. Pero para mí, que solo había conocido 4 paredes, aquel lugar era mi mundo.
Después se descubrieron mis aptitudes para la música, por pura casualidad, debo añadir, y conocí a los Noé. No creo que pueda encontrar palabras para expresar la felicidad que sentía en ese momento. Gozaba de libertad, me admiraban por mis habilidades y no por mi apellido y estaba rodeado de gente que me quería y apoyaba. Tenía un lugar que me pertenecía a mí, donde encajaba a la perfección. Para mí aquello fue el paraíso.- Allen hizo una pausa, perdido en los recuerdos, con una dulce sonrisa dibujada en el rostro.
- Si tan feliz eras, por qué te fuiste? Cómo pudiste abandonar toda esa… felicidad?- intervino Kanda que, al ver aquel gesto de paz en la cara del castaño, se vio abordado por una inmensidad de emociones contradictorias. Por un lado le gustaba ver aquella sonrisa tan real y tranquila en la cara del joven, le gustaba verlo tan relajado. Pero, por otro, odiaba esa misma sonrisa que estaba provocada por otras personas y otro tiempo que él desconocía. Y no le gustaba. Quería ser él mismo el que produjera semejante clase de gesto en su rostro.
Por un momento pareció que Allen no había oído a Kanda, pues no desvió la vista, pero continuó contando su historia.
- Con poco más de diez años empecé a tocar el piano. No fue el primer instrumento que probé, pero sí el más deseado. Siempre me sentí atraído por este instrumento tan lleno de elegancia. Supongo que también era cosa de destino. Poco después de empezar a tocarlo, comencé a tener unos sueños extraños. Yo nunca he sido muy propenso a soñar, por lo que al principio me sentí muy confundido. Pero no le di más importancia. Qué niño no ha tenido nunca un par de sueños raros en los que aparecían criaturas fantásticas, monstruos deformes y héroes capaces de volar o de manipular el fuego. Qué daño podían hacerme?- ante esto, sonrió de manera cínica.- Todo ocurrió tan deprisa que apenas logro recordar como empezó. Solo sé que, de repente, mis sueños cambiaron. Ya no se trataban de fantásticas batallas contra monstruos, sino de algo mucho más simple: una persona.
- Una persona?-
- Qui… Ah! Ahora lo recuerdo!- saltó Lavi – Aquel día, en la biblioteca, te preguntamos si tenías sueños extraños y tú dijiste que los tuviste. Que se trataban de sueños sobre tu primer… amor- los ojos de los tres jóvenes se abrieron de par en par mientras comprendían esta nueva información. La sonrisa de Allen se ensanchó, pero también se volvió un poco más triste.
- No era capaz de comprenderlo. En mis sueños no pasaba nada del otro mundo, simplemente pasaba el tiempo en compañía de aquella persona. Sin embargo, lo que me parecía aún más raro era el sentimiento de plenitud que despertaban en mí. Era feliz en mi vida del día a día, pero la presencia de esa persona en mi mente llevaba mi felicidad a un nuevo nivel. Me sentía protegido, querido, pleno, realizado, dichoso, eufórico… todo a la vez.
No quería dejar de sentir todas aquellas emociones tan nuevas para mí. No pasó mucho hasta que no veía la hora en irme a dormir y volver a verle. Me di cuenta de que no eran sueños normales cuando, en mi tiempo con esa persona visitaba distintos destinos. En mis sueños veía lugares que no recordaba haber visitado pero, tras una pequeña investigación por mi parte, descubría que aquellos lugares sí que existían. En realidad, eran exactos a como yo los soñaba, solo que un poco más modernizados. Eso hizo que me empezara a plantear la veracidad de mis sueños, así como la expansión real del mundo. Lo que antes me parecía inmenso, se me quedó pequeño. Sin darme cuenta, me empecé a ahogar entre las paredes del Arca. Quería salir y conocer el mundo por mí mismo. Visitar los lugares que mi mente ya parecía conocer pero mi cuerpo no había tenido ocasión de visitar. Y, sobretodo, quería encontrar a esa persona que conocí en mis sueños y había logrado completar mi existencia. Quería encontrarle en el mundo real y experimentar ese tipo de cosas de una manera más tangible.
Y, entonces, pasó.
Una noche soñé con una canción. Una nana, para ser más exactos. Nunca la había oído, pero me resultaba extrañamente familiar. Al día siguiente la toqué en el piano, cantando la letra que me venía a la cabeza de manera natural. A Algunos de mis hermanos Noé no les gustó mi interpretación. Decían que aquella nana les ponía nerviosos. Fue al día siguiente cuando me desperté gritando. Por un momento creí que iba a perder la cabeza. El dolor fue tan inmenso que perdí el conocimiento por unos instantes. Pero mereció la pena. A partir de ese momento pude verlo todo mucho más claro.-
- Allen…- Ni Lenalee ni los chicos sabían muy bien que decir. Lo que les estaba contando no tenía ni pies ni cabeza, pero Allen se veía tan sumamente seguro que era difícil dudar de su juicio. Pero, y si se había equivocado y en realidad sí que solo se trataban de sueños? Como podía estar tan seguro?- Estás seguro de que esos sueños eran en realidad recuerdos? No te lo habrás imaginado?-
Allen negó con la cabeza.
- Pero, aunque esos sueños, o recuerdos, tuyos sean reales, por qué renunciar a todo por ellos? Quiero decir, no parece lógico sacrificar tanto por cosas que, al fin y al cabo, pertenecerían al pasado.- razonó Lavi, con una extraña seriedad. Allen volvió a negar de nuevo.
- No lo entiendes. Dinero, poder, esas cosas no tiene ningún tipo de valor para mí. Ya no.- entonces, miró seriamente a los ojos del pelirrojo.- Lavi, repetiría gustoso mil veces el dolor que me causó la obtención de ese tipo de memorias si con eso se me volvían a abrir los ojos. Y estaría agradecido por ello, además, pues así logré fijarme una meta en la vida. Antes vivía mi vida sin preocupaciones, pero no estaba encauzada. Ahora tengo un motivo para vivir. En realidad, siempre ha sido solo ese motivo, esa persona, por la que merecía la pena seguir adelante. En verdad me estás diciendo que tú elegirías antes el dinero que la razón de tu existencia?-
Lavi no sabía como responderle a eso. Allen era un año menor que él, pero en esos momentos sus ojos parecían los de una persona que ha visto lo peor y lo mejor de este mundo. Alguien con una vida de experiencias con la que su inmadurez en este ámbito era incapaz de competir.
Por otro lado, Kanda se sentía como si le hubieran atravesado el pecho, arrancado el corazón y lo hubieran metido en una trituradora. Todo su ser parecía estar gritando en agonía. De no ser por su increíble autocontrol, su voz se uniría los gritos de su cuerpo. Hoy estaba resultando realmente el peor día de su vida. Primero, uno de sus amigos en realidad pertenecía a un mundo totalmente diferente al suyo, creando una gran distancia entre ellos. Segundo, justo era ese mismo amigo inalcanzable del que se había dado cuenta que estaba enamorado. Y, por si eso no fuera lo suficientemente demoledor, resultaba que él ya estaba perdidamente enamorado de otra persona, real o no. Cómo podía siquiera soñar en competir por el corazón del muchacho cuando este era capaz de arrojar su vida por la ventana en pos de una sola persona? Acaso no era desolador que su primer amor fuese también su primer corazón roto en el plazo de unas meras horas? Quizá fuese retribución divina por lo mal que había tratado siempre a la gente que decía que le admiraba? Realmente se merecía pasar por semejante infierno?
El dolor en su pecho era insoportable, parecía que le estaban desgarrando pedacito a pedacito desde dentro. Pero no podía permitirse mostrar nada de esta angustia al resto, sobretodo a Allen. No quería preocuparle, no se lo merecía.
Kanda no sabía en qué momento exacto se había convertido en un blando semejante, pues normalmente sus sentimientos estaban por encima de los de los demás pero, en este caso, quería proteger a Allen. Por nada del mundo quería que su angelical cara se turbara.
Aunque eso le acabase destrozando a él.
