Ya habían pasado un par de semanas desde la breve pero trascendental visita de ese tipo, Tyki, a la casa de Allen y los cuatro amigos habían regresado a su rutina diaria en la medida de lo posible. A Lavi, Lenalee y Kanda aún les costaba asimilar la nueva información que habían aprendido de Allen, desde todo lo referente a sus estatus social real como a sus habilidades artísticas. Sin embargo, lo que más lograba desconcertarles era esa determinación suya y los sacrificios realizados por perseguir un sueño, nunca mejor dicho, sin siquiera estar seguro al cien por cien que fuese posible.
Mientras que Lenalee y Lavi lograron aceptarlo más fácilmente, Kanda parecía tener más problemas con todo este asunto.
Desde aquel fatídico día, Kanda siempre estaba de un humor aún peor que de costumbre. Sus comentarios eran más cínicos, irónicos e hirientes que nunca. Su gélida mirada congelaba a todo aquel que osaba acercársele. Pronto todos los alumnos, y varios profesores, aprendieron a evitarle y dejar que resolviese sus asuntos por su cuenta. Sus amigos estaban preocupados, como era normal, pero como sospechaban el origen de su nuevo malhumor prefirieron darle tiempo.
Pero nadie comprendía hasta que punto llegaba el mal humor de Kanda, ni las verdaderas razones de su existencia. Lavi y Lenalee creían que lo entendían, pero no era así. Nadie lo entendía. Kanda, que nunca había necesitado a nadie. Kanda, aquel que provocaba suspiros de anhelo por parte de hombres y mujeres por igual. Kanda, envidiado y admirado por su figura y porte, quedaba ahora reducido a un mero adolescente con el corazón roto. Él, que no había creído en eso que otros llamaban "amor verdadero", que se había reído de las tonterías que otros hacían por lo que se conocía por el "amor de la vida", sufría la peor parte de este. Nada más descubrir lo que este realmente significaba tuvo que conocer su cara más oscura. Ni siquiera se explicaba como era posible que amara a Allen. Hasta el momento en el que supo la posibilidad de que se marchara de su vida no se había percatado de sus sentimientos. Y para que? Para que poco después le tiraran un jarro de agua fría. Su primer amor era imposible. Allen había renunciado a cosas por las que la mayoría de las personas matarían por su persona amada. Como podía Kanda competir contra alguien que había logrado hacerse con el corazón de Allen de esa manera?
Sabía que era un amor condenado, un amor que solo le estaba provocando dolor y, sin embargo, quería al castaño. Amaba a Allen, y esa era una realidad innegable. Cada vez que le veía sonreír, le oía reír, escuchaba como pronunciaba su nombre, recordaba muy a su pesar las razones por las que seguía amándole. Cómo poder seguir adelante y superar su desengaño en el amor si la persona deseada era tan condenadamente perfecta!?
Ese tipo de pensamientos depresivos seguían a Kanda durante todo el día, inundando su mente. Los altibajos de su estado de ánimo, entre la alegría de ver a Allen y la desesperación de no poder tenerle para sí, le molestaban sobremanera, pues mostraban su vulnerabilidad, hiriendo su orgullo. Y un Kanda con el orgullo herido era un Kanda peligroso. Un tigre enfurecido tras días sin comer? Un gatito de peluche comparado con Kanda. De ahí la situación de tensión constante actual en el instituto.
Hoy se trataba de un día de tantos, sin nada especial que perturbase la rutina diaria. Kanda y Lavi estaban recogiendo el material de la clase de gimnasia, que había sido un autentico desastre, por cierto. Supuestamente la clase tenía que dividirse en dos para jugar al balón prisionero. Problema: nadie se atrevía ni acercarse a Kanda últimamente, mucho menos tirarle una pelota. El profesor, al ver que el juego era imposible de realizar, decidió mandar a toda la clase correr varias vueltas alrededor del gimnasio mientras Kanda, y Lavi por extensión, eran castigados a recoger todo el material usado, por haber "molestado el desarrollo de la clase". Todos sus compañeros ya se habían ido a las duchas pero ellos seguían recogiendo el material. A decir verdad, esto no molestaba del todo a Lavi, que pretendía aprovechar la oportunidad que se le presentaba. Era raro que ellos dos estuviesen a solas y estaba claro que necesitaban hablar.
- Yuu. Oye, Yuu.- llamó, pero el japonés se limitó a ignorarle. Como ya se lo esperaba no le molestó demasiado, pero debía utilizar otra táctica si quería tener una conversación medianamente seria con su amigo.- Kanda.- esta vez si hubo reacción. Aunque no se había girado para mirarle, la manera en la que sus hombros se tensaron le indicaron que tenía su atención.- Tenemos que hablar.
- No hay nada de qué hablar.- gruñó Kanda
- Y eso es precisamente por lo que tenemos que hablar. Si realmente no pasara nada te habrías limitado a insultarme. Es por lo de Allen?- preguntó, tras unos segundos de silencio.
- No.
- Mira, ya se que la situación de Allen es un tanto complicada de asimilar, pero no debemos juzgar a Allen por ello, ni tener prejuicios. Allen es una persona maravillosa! Es brillante, simpático, educado. Es lógico que no nos dijera nada. Solo de pensar como lo deben de haber tratado en su infancia solo por su dinero.. Y sus padres! Que clase de padres son esos!?-
- Basta.
- Tenemos que apoyarle, Yuu. No podemos darle la espalda por esto. Seguramente Allen temía nuestra reacción y por eso lo mantuvo en secreto.
- No es eso!
- Tu comportamiento está logrando que Allen se sienta un poco afligido, sabes? Aunque evita mostrarlo está claro que tu manera de actuar le pone nervioso. Deberías tener un poco en consideración sus sent… !
Lavi no pudo terminar su monólogo, pues en un rápido y casi imperceptible movimiento, Kanda le asió del cuello de la camiseta y le estampó contra la pared de la sala del material, logrando que Lavi se quedara sin aire debido a la colisión. Cuando este volvió a abrir los ojos, que había cerrado inconscientemente al recibir el golpe, se encontró cara a cara con un Kanda realmente enfurecido, algo que jamás había llegado a ver en todos los años que se conocían. Si Lavi estaba antes preocupado por el bienestar de su amigo, no era nada en comparación con la preocupación que sentía ahora. Kanda jamás recurría a la violencia con él, no de esta forma. Nunca buscando hacer daño de verdad. Por primera vez desde que empezó a tener ese mal humor se fijó en el estado de su amigo. Debido a la cercanía con la cara del asiático pudo observar las ojeras, que antes había pasado por alto (maldita sea Kanda y esa manía suya de tener el ceño fruncido), además de ciertos mechones que se le habían pegado a la cara. Normalmente esto sería irrelevante para cualquier otra persona, pero Kanda era tan perfeccionista con su pelo que rozaba la obsesión, lo que mostraba que algo realmente le carcomía por dentro.
Lavi apenas tardó unos segundos en realizar su evaluación del japonés y dio gracias a su velocidad ya que si no se habría perdido las palabras que Kanda dijo en voz baja pero llenas de veneno.
- Te he dicho que no es eso.-
Durante unos segundos que parecieron eternos se mantuvieron en la misma posición, simplemente mirándose el uno al otro a los ojos. La tensión en aquel pequeño habitáculo era tan fuerte que casi podía palparse. De repente, un sonido sordo les sobresaltó a los dos.
- Venga! Id terminando! La clase ha acabado!- gruñó el profesor de gimnasia. Lavi jamás se había sentido tan alegre de oír su nasal voz. Poco a poco, Kanda fue aflojando la fuerza de su agarre, pero ya no le miraba. Lo único que llegó a oír Lavi antes de que el japonés se marchará de aquel sitio fue "no es eso".
Kyukyukyukyukyukyukykyukyukyu
- Aah, odio los días en los que nos toca recoger a nosotros-
- Ja! Jamás pensé que llegaría el día en el que oyese a la dulce Lenalee Lee utilizar el verbo odiar. Seguro que no se están haciendo pasar por ti?- bromeó Allen, mientras colocaba los pupitres tras haber barrido el suelo. Por toda respuesta Lenalee le sacó la lengua.
Normalmente no solían recoger la clase ni ellos ni ninguno de sus compañeros (los días de tarea eran cosa de primaria, por favor!) Sin embargo, tenían un profesor chapado a la antigua, con la firme idea de no perder las buenas costumbres. Era un milagro que todavía no les hubiera obligado a llevar uniformes propios de la era de los 50 y peinados de gente "decente" (Allen notaba un escalofrío cada vez que aquel profesor se quedaba mirando la longitud de su cabello… Ni se podía imaginar cómo le hubiese mirado si aún llevase el pelo blanco… o la cicatriz en forma de estrella)
De repente oyó un estrépito a su espalda. A girarse pudo observar como Lenalee se hallaba delante de lo que antes había sido seguramente una pila ordenada de libros, ahora desparramados por el suelo.
- Ay! Vaya, lo siento. Ahora lo recojo.-
- Espera que te ayudo.-
Entre los dos se pusieron manos a la obra, Lenalee disculpándose de nuevo por su torpeza y Allen quitándole importancia al asunto.
- Que te ha pasado?-
- Nada, nada, estaba distraída y, al girarme, no me di cuenta de la montaña de libros y la golpeé con el codo. Tsk! Si es que llevo una racha…-
- No es propio de ti estar tan alterada. Hasta has chasqueado la lengua como Kanda. Debería empezar a preocuparme?- bromeó Allen, pero quedo claro en su tono de voz que realmente le estaba preguntando por su bienestar.
- No es nada, Allen, tranquilo. No me pasa nada.- por alguna razón el castaño no le creía y Lenalee lo percibía, pero no se atrevía a abrir la boca. No por semejante tontería. Ya bastante tenía Allen encima, y más con la reciente actitud de Kanda. Aunque intentaba disimilarlo, estaba claro que también estaba afectando a Allen.
- Lenalee… si es por lo que dijo Tyki acerca del Arca y los Noé..-
- No, no! Allen, no es eso!- le cortó Lenalee antes de que se formara una idea equivocada y se complicarán más las cosas. – Es una tontería, de verdad. Y no tiene que ver contigo o con los que nos dijo Tyki, vale?- quería dejarlo aquí, pero la constante mirada de su amigo le instaba a confesárselo todo. Era una cualidad irritante y agradable al mismo tiempo, la manera en la que Allen conseguía que hablarle de tus secretos fuese lo más natural del mundo, como si los compartieras con un hermano.- Allen, es una nimiedad, de verdad… Buf, vas a pensar que estoy loca pero… Te acuerdas de esos sueños de los que hablamos hace ya no sé cuanto? Como dije que no recordaba las caras de la gente que veía en ellos? Pues, últimamente, soy capaz de recordar algunas caras.- Ante esto, los ojos de Allen se abrieron como platos, pero Lenalee no se había dado cuenta, pues hacía un esfuerzo por recordar las caras de las que hablaba.- Al principio no eran más que detalles pequeños, sabes? Como el color de pelo. Algunas veces soñaba con alguien que era pelirrojo, otras con personas morenas, calvas, incluso con melenas completamente blancas! Al principio me alegré, pues ya tenía una diana, por llamarlo de algún modo, para los sentimientos que despertaban en mí mis sueños… Vaya! Que raro ha sonado eso, eh? Je, je.-
La mirada se perdió observando el paisaje que se veía a través de la ventana, los libros ya olvidados. Por su parte, Allen no le quitaba el ojo de encima. Su corazón se había acelerado tanto que podía sentir sus latidos en los oídos. Podría ser que Lenalee hubiese empezado realmente a recordar? Con todo lo que había pasado últimamente no era de extrañar…
De pronto, Lenalee comenzó a hablar de nuevo, con una voz terriblemente débil.
- Lo peor son los ojos… Poco a poco pude ir apreciando más rasgos de cada persona; un lunar aquí, una cicatriz allá… Aunque el conjunto de la cara se me escapaba, ya era capaz de reconocerles cada vez que soñaba. Porque, al parecer, siempre acabo soñando con las mismas personas. Veo una y otra vez como luchan hasta acabar cubiertas de heridas, sangrando constantemente, muriendo. La cara es borrosa, pero los ojos son nítidos. He visto tantas veces las mismas escenas que puedo cerrar los ojos y ver como los suyos van perdiendo poco a poco el brillo, como se reduce la vida que hay en ellos hasta desaparecer… Y yo no puedo hacer nada. Les veo pedir ayuda, aferrarse a la vida con todas sus fuerzas, inútilmente. Y no puedo hacer nada! Hace días que no duermo. Temo ir a dormir y ver como les matan! Me pregunto a quién veré morir esta noche! A la mujer de ojos castaños o al muchacho que tiene un solo ojo verde, el que, por cierto, me recuerda tantísimo a La…-
Lenalee no pudo terminar. Ante su sorpresa, unos cálidos brazos la rodearon repentinamente, presionando su cabeza contra en el inconfundible pecho de Allen. Solo fue entonces cuando Lenalee se dio cuenta que sus mejillas estaban mojadas. Había estado llorando y no se había dado cuenta. Avergonzada, intentó separarse de Allen, pero este solo le abrazó con más fuerza. Los brazos le temblaban ligeramente y podía oír perfectamente el ritmo acelerado de su corazón. Era extraño, pero Allen parecía asustado. Pasaron unos minutos, así, abrazados el uno al otro, hasta que ambos lograron tranquilizarse.
- A-Allen, ya puedes soltarme. Estoy bien, de verdad. Ya sé que es una tontería ponerse así por unas meras pesadillas.-
- No es una tontería. No lo es…- murmuró Allen contra ella. Tras darle un último apretón, comenzó a soltar a Lenalee, pero no del todo. Sus manos se dirigieron a las mejillas de su amiga, para quitarle el resto de las lágrimas. Los ojos de la china se abrieron de par en par al ver la mirada turbada de Allen. Sus ojos, normalmente claros como la plata líquida, ahora tenían un tono más grisáceo, como la nieve sucia. Era un tono familiar. – Lo siento. Lo siento tanto…- le oyó murmurar.
- Allen, tranquilo. No es culpa tuya.-
Pero Allen no le oía. Se limitó a negar con la cabeza. Para sorpresa de Lenalee, acercó sus frentes, mientras se disculpó una vez más. Después se levantó y le lanzó una mirada tan cálida y triste a la vez que Lenalee sintió como se le encogía el corazón. Que nueva carga acababa de poner sobre los hombros de Allen sin saberlo?
Ambos siguieron trabajando sin dirigirse la palabra más que para indicar dónde colocar tal o cual cosa. Finalmente terminaron con el trabajo, justo a tiempo para el final de las clases. Incomoda por la situación que se había creado entre ellos, Lenalee se acercó a Allen, que estaba terminando por colocar el armario del material.
- Oye, Allen, respecto a lo de antes, no le des demasiadas vueltas, vale?-
Por toda respuesta, Allen le sonrió, no del todo sinceramente, pero mejor que antes. Sin embargo, al girarse, Lenalee se dio contra la puerta del armario, provocando la caída de parte del material. Allen reaccionó rápidamente y le cubrió con su cuerpo para evitar que recibiese algún golpe. Cuando todo pasó Lenalee se sorprendió de oír como Allen se reía.
- Definitivamente no es tu día, eh?-
- Allen! Lo siento mucho! Perdóname! Estás bien? Te has hecho daño?-
- Si estoy bien. Apenas me han caído encima un par de borradores y una caja de tizas.-
Pero Lenalee ya no le oía. Ni siquiera le veía a él solamente. Sobre su imagen se sobreponía la de otro chico, idéntico, quizá un poco más joven, de pelo completamente blanco. Un remolino de imágenes comenzó a pasar por delante de sus ojos. Allen, al ver la cara de sorpresa de Lenalee se empezó a sentir confuso hasta que se miró las manos, blancas por culpa de la tiza, y cayó en la cuenta que estaba lleno por aquel polvo blanco. Seguramente su cabello estaría cubierto. Sabía lo que Lenalee estaba viendo. Y no era a él. Al menos no a su yo actual.
- Lenalee!-
Pero su gritó cayó en oídos sordos. Lenalee se había desplomado.
