Lo malo de quedarse a recoger el material era, sobretodo, que cuando podías volver a clase era prácticamente imposible evitar los grupos de alumnos que estaban cambiando de clase.

En una situación normal esto solo supondría que tu marcha hasta tu destino sería más lenta pero, como todo lo demás, nada de lo que involucraba a Lavi y Kanda podía considerarse como normal. Según caminaban por el pasillo podían escuchar el incesante zumbido de las conversaciones que cambiaban de tema a su paso. Normalmente a Lavi le encantaría ser el centro de atención, pero la situación con su mejor amigo estaba un poco tensa en esos momentos. Pese a que todos creían que era un bromista las 24 horas del día, Lavi no era tonto y sabía perfectamente cuando cerrar el pico.

En todos los años desde que conocía a Kanda nunca lo había visto tan confundido y herido, porque eso era lo que le pasaba por mucho que este intentara disimularlo (Lavi no era su autoproclamado mejor amigo por nada). Así que, por una vez, prefirió callarse y observar, una práctica que, si bien no ponía en uso muy a menudo, se le daba realmente bien. Como si tuviese un don para analizar lo que le rodease.

Por su parte, Kanda seguía dándole vueltas a su situación con Allen. Era cierto que en aquel momento parecía que no había salida. Allen se había pasado gran parte de su vida buscando a su supuesto primer amor, renunciando a muchas cosas para ello. A su vez, Kanda había descubierto que se había enamorado del castaño. Supuestamente era un amor no correspondido. Pero, ¿se iba a quedar de brazos cruzados? En el momento de saber la verdad, se sintió herido e impotente. Pero, ahora que lo pensaba fríamente, quizá su situación no fuese tan mala. Allen aún tenía que encontrar a quién fuese que estuviese buscando. En ese tiempo, quizá Kanda podría mostrarle otras opciones.

Kanda era un luchador, desde siempre. Si quería algo, ¿por qué no iba a luchar por ello?

¿Acaso iba a rendirse sin siquiera haberlo intentado?

Por supuesto que no. Kanda no era un cobarde y, hasta el mismísimo momento en el que Allen le dejara claro que lo suyo era imposible, él lo intentaría. E, incluso si el castaño se llegase a reunir con su supuesta amada, el pelearía. Le haría ver que Kanda era mejor. Todavía no sabía cómo, puesto que su experiencia en las relaciones (y más del mismo sexo) era nula. Pero por lo menos lo intentaría.

Con una nueva determinación, decidió encarar su día a día. Comenzando por reestablecer y afianzar su relación de amistad con Allen, ya que por algo había que empezar.

El problema era que no había forma humana de encontrar a Allen. Una vez terminadas las clases de la mañana, en el descanso para el almuerzo, Kanda y Lavi se encontraron esperando a la otra mitad de su grupo, que no daba señales de vida. Si bien ambos solían llegar antes por la distribución de las clases, los dos menores no solían llegar tarde.

- Les habrá pasado algo? Ya están tardando mucho…- preguntó Lavi, que no quitaba la vista de la puerta.

- Hm-

- Deberíamos ir a investigar qué ha pasado.-

- Vale-

- Vale?- se sorprendió Lavi. Kanda enarcó una ceja, cuestionando la perplejidad que notó en la voz de Lavi. Este estaba sorprendido ya que Kanda no solía acceder a sus planes, y mucho menos tan rápido. Estaba claro que algún cambio había ocurrido en su amigo en la última hora ya que, aunque permanecía con el semblante serio, el brillo de sus ojos era diferente. Más animado. Sea cual sea la epifanía que hubiese tenido, estaba claro que le había levantado el ánimo. – Vale. Vamos.- asintió Lavi.

Ambos se dirigieron a la clase que sabían que habían tenido justo antes del almuerzo. Para su sorpresa, tampoco estaban allí. Lavi observó a un grupo de chicas que cuchicheaban en una esquina, que eran las únicas personas que había en la clase en aquellos momentos, y se dirigió hasta ellas. Por algún motivo, las sonrisitas que adquirieron al verle le molestaron en aquella ocasión.

- Perdonad, sabéis dónde están Allen y Lenalee?- más risillas. No sabía cómo esa pregunta podía provocar tanta risa. Armándose de paciencia, esperó hasta que alguna se dignara en responderle.

- Verás- empezó una, que parecía la más lanzada si los ojitos que le estaba poniendo a Lavi eran alguna indicación.- no están aquí.- Premio para Miss Obviedad.- Tampoco han venido a las últimas clases.- Eso ya era preocupante.- Quizá se hayan fugado juntos.- Y eso especulación. Lavi luchó contra el impulso de poner los ojos en blanco ante la nueva oleada de risillas. De verdad esta gente tenía la misma edad que sus dos amigos?

- Ninguna tenéis alguna idea de dónde podrían estar?-

Todas negaron con la cabeza. Suspirando, Lavi les agradeció su ayuda, aunque hubiese sido inútil. Por suerte, al salir de la clase se toparon con Lou Fa, la delegada de la clase que, si bien necesitaba un cambio de aspecto como el comer, era medianamente coherente (siempre que Allen no estuviera cerca, puesto que el enamoramiento de la chica era hasta casi palpable. A Lavi una vez le dio un corazón en el ojo, aunque ninguno de sus amigos le creyó).

Al preguntarle a ella, esta les informó que Allen y Lenalee estaban en la enfermería, ya que Lenalee se había desmayado durante la mañana.

Preocupados, se despidieron de Lou Fa y se dirigieron a la enfermería.

KYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYU

El mundo era blanco. De un blanco tan brillante y uniforme que hasta dañaba la vista. Todo a su alrededor era de ese color. Hasta sus manos desaparecían ante la luminosidad de la blancura que la envolvía. No sabía donde estaba, ni quién era. Ni cuanto tiempo llevaba en aquel lugar.

De repente vio algo. Algo que, de no haber estado rodeada por el mismo tono, habría sido imperceptible. Un haz de luz verdosa se acercaba hasta donde estaba, haciéndose cada vez más y más grande. Se paró justo delante de ella, aparentemente inmóvil.

Tras unos segundos, la luz empezó a cambiar, a tomar forma. Maravillada, no podía dejar de observar como aquel color, que se diferenciaba de todo lo demás, dejaba de ser un mero color para transformarse en algo parecido a un pájaro. Un pájaro tan grande como ella, de brillantes ojos esmeraldas y cuerpo ondulante, radiando energía.

Durante unos instantes, se quedó hipnotizada ante tanta belleza. El ave tampoco hacía por moverse, hasta que, de repente, este hizo un remolino de sí mismo y se introdujo en lo que adivinada era donde estaba su cuerpo.

En el preciso instante en el que todo el ser se hizo uno con ella, empezaron las imágenes. Miles y miles de escenas: alegres, tristes, desesperanzadoras, alocadas… Cientos de caras sonrientes. Cientos de voces que llamaban su nombre. Y una risa malévola que le helaba la sangre. Unos dientes afilados que se cernían sobre su cuello, desgarrando su carne y provocando que emitiese un alarido de dolor.

- Lenalee!-

Y, de repente, calidez.

Lenalee abrió los ojos cuidadosamente. La cabeza parecía que le iba a estallar y miró a su alrededor confundida. Se extrañó que, en lugar de piedra grisácea y antigua, se viese rodeada de tonos de azul y blanco. Desde cuando había cambiado el color de las paredes de la enfermería de la Orden?

- Lenalee?-

La voz de Allen hizo que se fijase en él. Y pestañeara. Donde siempre había habido un muchacho pálido, de pelo blanquecino, ahora se encontraba un muchacho con un aspecto mucho más saludable, y sin cicatriz. Si no fuese por sus ojos inconfundibles y el tono de su voz, no habría logrado reconocerle.

La ropa que llevaba tampoco coincidía con el uniforme de la congregación. Parecía mucho más… informal. Menos seria.

Lenalee se incorporó, sintiendo la mirada de preocupación de Allen, y miró a su alrededor de nuevo.

- Dónde… estoy?-

Allen, que parecía estar esperando esa pregunta, se sentó con Lenalee en la cama y la miró directamente a los ojos.

- Lenalee, recuerdas la Orden?.- Lenalee asintió, confundida por la pregunta.- Recuerdas a tu hermano?.- De nuevo asintió, aunque la imagen de un niño muy parecido a su hermano le vino sin saber por qué a la cabeza. – Recuerdas a Kanda?.- Claro, Kanda, su compañero y refugio cuando estaba alterada. Aquel que le ayudaba a espantar a todos esos adolescentes que se metían con ella cuando sus pechos se desarrollaron antes que el del resto de sus… compañeras. ¿Cuándo había sido eso?.- Recuerdas a Lavi?.- insistió Allen. En esta ocasión, se sintió confundida. Podía ver claramente en sus recuerdos a Lavi, con su bandana y su parche. Pero otra imagen se solapaba. La de un Lavi más alegre, más sincero, con el pelo más corto, con dos hermosos ojos color esmeralda que la seguían a todas partes. Con una cálida sonrisa que dedicaba especialmente solo a ella, aunque él no parecía darse cuenta. Con una voz capaz de provocarle escalofríos por todo su cuerpo.

Y, entonces, lo recordó todo.

- Allen! Pero que?- preguntó angustiada

- Tranquila, Lenalee, coge aire. Dime, que es lo que recuerdas?.-

- Todo! Quiero decir, recuerdo la Orden, recuerdo la guerra y la Inocencia. Pero también recuerdo mi infancia y mi adolescencia con mis padres. Eso no puede ser posible. Pero a la vez sé que es real. Que me está pasando?-

- Tranquila, cálmate. Y, aunque ahora pienses lo contrario, no estás loca. Dime, Lenalee, te acuerdas de la última batalla. Te acuerdas como nuestras Inocencias se unieron para derrotar al Conde?.-

- Sí, pero… Recuerdo como estaba a punto de morir a manos del Conde. Y como tú apareciste de la nada y me protegiste, como siempre. Lo siguiente que recuerdo es una luz brillante. Pero también recuerdo haber conocido a Lavi y Kanda cuando éramos unos niños de apenas 5 años. Y sé que yo conocí a Lavi cuando tenía 14. Pero lo otro tampoco es mentira y, y… me siento confusa.-

- A mí me pasó igual. Y no tienes de que preocuparte, Lenalee. Ambos recuerdos son reales, solo que unos pertenecen a tu yo pasado y otros al presente.-

- A mi yo pasado?-

- Sí. Verás, por lo visto, al terminar victoriosos de la guerra contra el Conde, la Inocencia quiso recompensarnos dándonos una segunda oportunidad para rehacer nuestras vidas. Creo que, de algún modo, hizo que nos reencarnáramos en nosotros mismos sin la influencia de la Inocencia en nuestras vidas un siglo después, década arriba o abajo. Lo que ya no estoy tan seguro es que planeara que mantuviésemos nuestros recuerdos.-

- A que te refieres?-

- Bueno, desde que "desperté" he estado buscándoos, atento por si veía a alguien que hubiese conocido de la Orden. Obviamente, tal y como te habrás podido imaginar, todos los Noé han renacido también, pero ninguno parecía recordar nada. Yo dejaba caer pistas, pero no había el menor indicio de que funcionara. Así que decidí buscar a gente de la Orden, aquellos que habían usado la Inocencia.

Tras un par de años, mis esfuerzos fueron recompensados. Me encontré con Krory. Tampoco parecía recordar nada. Sin embargo, inconscientemente me reconoció, puesto que había oído que era un poco insociable mas a mí me aceptó enseguida. Cuando le pregunté me dijo que sentía como si se encontrara con un amigo, uno de verdad. Además, se encargaba de una floristería, alegando que le encantaba cuidar de las flores. Especialmente las carnívoras.

Pasé unos meses visitando a Krory, y no parecía que hubiese ningún cambio. En ese momento empecé a pensar que quizá solo yo era capaz de recordar, debido a mi conexión con el Corazón (lo que, por cierto, te convirtió en el segundo objetivo de mi búsqueda). Pero, de repente, un día ocurrió. Por delante de la tienda pasó una hermosa mujer rubia y Krory, conocido por su timidez, no pudo evitar ir a encontrarse con ella. Lo único que llegué a oír antes de que Krory saliese despedido de la tienda fue "Eliade".-

Lenalee, que había estado callada durante toda la explicación, no cabía en sí de su asombro.

- Entonces, depende de la persona con la que te encuentres recuperas las memorias?-

- Sí y no. Krory no llegó a recordar nada sobre la Orden o la Inocencia. Ni tampoco Eliade. Pero si parecían recordar algún sentimiento que otro hacia el otro. Krory incluso me confesó haberla visto en sueños. Y Eliade tenía cierto fetichismo vampírico. El caso es que creo que solo determinadas personas y solo determinados recuerdos florecen. Además, el estímulo debe ser bastante importante. Krory no reaccionó conmigo, uno de sus primeros amigos junto con Lavi, pero sí con Eliade, su amada.-

- Pero yo he reaccionado al verte a tí y no es que estuviésemos enamorados.-

- Yo creo que es porque nos unía el vínculo del Corazón. No sé si será verdad o no, pero quizá solo nos puede despertar la persona adecuada.-

- A ti no te despertó nadie en concreto, no?-

- No. Pero en mi caso creo que es por culpa del hecho de que albergara los genes del 14º Noé. Es irónico que incluso en esta vida sea considerado como el decimocuarto Noé, el "músico" sin ir más lejos. Creo que fue el sonido del piano el que me hizo recordar la nana del Arca. Y esta, a su vez, fue la que despertó.-

- Despertado por una nana. Tú siempre has sido algo especial, eh?- sonrió Lenalee, mucho más tranquila ahora que había pasado más tiempo desde que despertó. Al haber ido escuchando a Allen, sus memorias se fueron organizando poco a poco, dejando atrás la confusión. Gracias a Allen, podía encarar la situación más cómodamente. No se podía imaginar lo que tuvo que haber sido para Allen, solo y apenas habiendo cumplido los 10 años. Al pobre siempre le tocaba pasar lo peor a solas.

Pero ya no estaba solo. Sonriendo, le pasó una mano por la cara, dibujando la forma de la cicatriz que ya no estaba allí.

- Esto es real, verdad? Podemos vivir en paz, rodeados de nuestros seres queridos.-

Allen asintió. – Tal y como siempre habías soñado.-

- Hablando de soñar, cuando vas a dejar de pulular alrededor de Kanda y le vas a confesar tus sentimientos?- preguntó, pícaramente. Ahora que había recordado su vida anterior, pudo unir mejor toda la información que había ido aprendiendo de Allen los últimos meses.

- No es tan fácil. Prefiero esperar a que me recuerde.-

- Pero Allen, acaso no es él el motivo por el que estás aquí? Al fin de cuentas, estabais muy enamorados. Y tengo clarísimo que él es la razón por la que estas aquí.-

- En eso no te equivocas Lenalee. No te puedes ni imaginar la alegría que sentí cuando pude volver a verle. No importa que su aspecto haya cambiado un poco, aunque me encantaba su melena. Pero el hecho de volver a tocarle, a oírle… No sabes las ganas de abrazarle y besarle que tengo que aguantarme cada día…

- Y por qué no haces nada?-

- Porque, por mucho que sea Kanda, sigue sin ser mi Yuu. Sé que está ahí, ya que su esencia no ha cambiado, pero las razones que nos llevaron a enamorarnos el uno del otro no existen en este tiempo. En este mundo solo soy un conocido para él. Con suerte a estas alturas ya me considerará un amigo. Pero no voy a pedir más. No quiero asustarle y que reniegue de mí antes de recuperar sus recuerdos, si es que llega a recuperarlos algún día.

Prefiero estar a su lado, crecer y madurar junto a él. Ir formando parte de su vida poco a poco. He esperado toda una vida para poder estar con él. Unos pocos años más no me harán daño.

- Pues eso es muy frustrante! Deberías arriesgarte! Si algo nos enseñó nuestra vida como exorcistas es que hay que vivir el momento presente como si fuese el último día de tu vida. Tienes delante de ti al hombre de tus sueños. No seas tonto y pierdas más tiempo sin hacerlo tuyo!

- No sé qué diría Komui si te oyera decir eso.-

- Sush, calla idiota. Que sepas que no pienso parar hasta que os vuelva a ver juntos.-

- Vale, como quieras. Pero entonces no te quejes si yo hago de casamentero entre Lavi y tú.-

- C-como? Lavi? Y por que debería afectarme eso?- exclamó Lenalee, que había comenzado a sonrojarse.

- Bueno, hay que estar ciego para no ver los sentimientos de Lavi. O los tuyos. He de reconocer que los enmascaras mejor que él, pero se nota la manera en la que actúas ante él. Reclamando su atención tan sutilmente que ni siquiera un antiguo Bookman es capaz de percatarse. Aunque, claro, todavía no recuerda su entrenamiento…

Siempre hubo esa atracción cuando estábamos en la Orden, pero la situación era más complicada, verdad? Entre tu hermano, la guerra y sus tareas como Bookman… Pero ahora no hay nada de eso. Y, además, no se me olvida el hecho que haya sido mencionar a Lavi lo que te ha hecho reaccionar tras despertarte.-

- Ugh, a veces odio que seas tan observador.-

- Bueno, solo contigo. Alguien tiene que hacer de hermano responsable, ya que Komui… Eso sí, como se atreva a hacerte daño… No van a haber suficientes tarros donde repartir sus pedacitos. Ju, ju, ju.-

Lenalee pudo ver otra de las facetas de Allen, el afamado Allen negro, en pleno esplendor en ese momento. Hacía mucho tiempo que no lo veía por lo que le puso nerviosa. No ayudaba nada la sombra que parecía rodear a Allen en ese instante.

Era increíble pensar en lo que les estaba ocurriendo. Aquí estaba ella que, tras haber luchado en una de las guerras más sangrientas y crueles de la historia, ahora se enfrentaba al día a día rodeada de sus seres queridos, con la única preocupación de sacar buenas notas. Que, ahora que lo pensaba, tampoco era lo más importante. Ya que había despertado, sus valores y prioridades habían cambiado. No iba a pasar un segundo sin disfrutar con sus seres queridos ni tampoco se iba permitir de ahora en adelante lamentar nada. En ese momento comprendió un poco más a Allen. Lo que antes le había parecido una locura, ahora tenía sentido. Cómo no iba a dejar atrás una vida de lujo si con ello sacrificaba estar con los que quería? En su situación, ella habría hecho lo mismo.

Fijándose de nuevo en su amigo, que seguía riendo para sus adentros planeando la manera más terrible de torturar a una persona, Lenalee no pudo evitar que le inundara un sentimiento de calidez. Esa sensación que siempre acompañaba a Allen. Después de todas las penas que pasaron, ahora estaban juntos. Dos amigos con todo un mundo de posibilidades. Nunca más se sentiría sola ya que sabía que siempre podría contar con la reconfortante presencia de su hermano en todo menos sangre. Con una suave sonrisa en los labios, Lenalee abrazó a Allen, repitiendo su nombre una y otra vez, temiendo por un momento que si no se aferraba lo suficientemente fuerte, todo aquello desaparecería.

- Me alegro tanto de poder haberlo recordado todo.-

Tras solo unos segundos, notó como le devolvía el abrazo y se sintió segura. Él siempre conseguía hacerle sentir segura.

Abrió los ojos y se topó con verde esmeralda.

KYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYU

Nada más enterarse de que Lenalee se había desmayado, tanto Lavi como Kanda se apresuraron a ir a la enfermería.

No intercambiaron palabras, ya que tampoco es que tuvieran mucho que decirse. Lenalee, que había sido como una hermana para Kanda y era el interés romántico de Lavi, se había desmayado. La decisión era fácil. Y, como hubiese sido culpa de alguien, esa persona bien podría ir haciendo las maletas a otro continente.

Aunque ambos estaban concentrados en llegar hasta la enfermería, ignorando todo a su alrededor, hubo algunos cuchicheos que, sin saber por qué, llegaron a sus oídos de todos modos.

- Te juro que lo vi. Le llevaba como a una princesa.-

- Mientes!.-

- Que sí, que sí. Está claro que son pareja.-

- Eso no puede ser!-

- A mí me han dicho que les pillaron besándose en el aula de biología.-

- Que osados!-

- Lo sabía!-

- Cuanto tiempo creéis que llevan juntos?-

Normalmente Lavi y Kanda ignorarían este tipo de cotilleos de vete-tú-a-saber-quién pero algo, quizás sus instintos, les decían que sabían de quién hablaban, aunque no querían admitirlo. No eran más que rumores. Y ni siquiera sabían si realmente se trataba de ellos. Además, si de verdad estaban hablando de Lenalee y Allen, era perfectamente lógico que hubiese llevado a Lenalee en brazos si esta se desmayó con él cerca. Y lo de la relación era una tontería, nada más que un rumor absurdo. Si de verdad hubieran estado saliendo juntos, se lo habrían dicho. Verdad?

Zafándose de cualquier tipo de pensamiento negativo, Lavi se alegró de ver la puerta a la enfermería. Justo antes de entrar, miró por la ventana. Y se quedó helado.

Kanda, que iba detrás de él, se quedó confundido al ver que se había detenido con el pomo en la mano. Intrigado, miró por la ventana. Y se le cayó el alma a los pies.

Allí estaban los dos, sentados en la cama. Y Lenalee estaba bien. Lo suficientemente bien para sonreírle cálidamente a Allen, que les estaba dando la espalda, acariciando su cara suave y lentamente, seguramente maravillándose de su textura. Trazando patrones en su mejilla. Haciendo lo que Kanda ansiaba pero no podía hacer.

Por si fuera poco, y no contenta con tocarle la cara, también se abalanzó contra él, abrazándole como si le fuese la vida en ello. Oyó un gemido a su lado, que solo podía pertenecer a Lavi, y supo el tormento que debía estar pasando. Exactamente el mismo que él.

Pero, a que se debía todo aquello? De verdad eran pareja? No, eso no podía ser. Lo habrían notado. Habrían visto indicios. Tanto Lavi como él nunca les quitaban el ojo de encima. Entonces, qué había pasado para que se hubiese dado tal cambio de un momento para otro?

Recibieron la respuesta tan solo un segundo después.

- Me alegro tanto de poder haberlo recordado todo.- murmuró Lenalee.

No. Eso no. Ella no.

No podía ser. Era algo ilógico, improbable, más propio de los cuentos de hadas que de la vida real. No tenía sentido. Y, sin embargo, lo tenía. Tenía una explicación. Una que les había costado asimilar cuando Allen les contó su situación. Pero era la única forma de explicarlo.

La mirada de Lenalee se encontró con la de Lavi cuando esta abrió los ojos. Era más de lo que podía soportar, así que corrió.

Salió corriendo de allí. Necesitaba aire. Necesita respirar. Sentía como se ahogaba.

Sin saber cómo, llegó a los jardines de la escuela. Respiraba agitadamente. Tanto que a cualquiera que pasara por allí le parecerían sollozos. Pero no lo eran. Estaba demasiado aturdido para llorar. Se percató del sonido de lo pasos de Kanda, que le había seguido en su escapada. Sabía que parecía un cobarde infantil, huyendo de esa forma. Lenalee se había desmayado, deberían de haber entrado para cerciorarse de que no le había pasado nada.

Pero no pudo.

Cada vez que cerraba los ojos les veía, abrazados el uno al otro, mostrando una imagen tan cálida y pura. Tan desgraciadamente perfecta. Se llevó las manos a la cara. Si se escapaba alguna lágrima no quería que nadie la viera. Ni siquiera su mejor amigo.

- Maldita sea. Esto no debería estar pasando. No con Allen!. Cómo voy a competir contra Allen!?-

Lanzando un gemido de frustración, se puso a patear las piedras que tenía alrededor, intentando liberar sus emociones. En ningún momento miró a Kanda. No quería ver la cara de lástima de Kanda. No quería ver en los ojos de su amigo la confirmación de su derrota.

- Mierda. Mierda! Había leído sobre ello. Hay un montón de malditas fábulas al respecto. Las medias naranjas, tu otra mitad, vidas pasadas y reencarnación, el maldito hilo rojo del destino. Pero jamás, jamás pensé que fuese real. Y ahora viene Allen, jodido y perfecto Allen, y resulta que existe. Que el destino existe. Que ese maldito cabrón existe y me quita a la mujer que amo. Y ahora que hago! Que demonios hago!-

Kanda seguía inmóvil y en silencio, mientras que Lavi daba vueltas y pateaba todo lo que tenía la mala fortuna de estar a su alcance.

- Lo peor de todo es que me cae bien. Allen me cae bien. Le considero mi maldito amigo. Educado, gracioso, inteligente, rico, guapo. Perfecto. Perfectamente perfecto para Lenalee. Quién podría superar eso? Qué demonios podría ofrecerle yo a Lenalee que Allen no pueda. Maldita sea! Él le puede proporcionar el mundo si lo desease! Mierda, ahora todo encaja. Por eso se mudó a este lugar. Por eso se inscribió en este instituto e hizo que le adelantaran un curso. Con sus capacidades podría haber avanzado a cualquier otro, pero no, acabó en el de Lenalee-

Lavi se agarraba de los cabellos, mientras daba vueltas e iba de un lado para otro como un loco. No podía parar, el dolor y la decepción eran demasiado grandes. Su pecho ahora mismo era como una herida abierta y sangrante. De pronto reparó en Kanda, que no se había inmutado. Frío y calculador Kanda, que siempre era capaz de razonar las cosas desde un punto de vista objetivo.

- Yuu, dime, ¿qué puedo hacer?- le imploró

- A mí que me cuentas.- le respondió Kanda, casi en un susurro

- Maldición, Kanda! Te necesito! Eres mi mejor amigo y te necesito! No hagas ahora como que no te interesa mi situación. Tienes que ayudarme!-

- Yo no tengo por qué hacer nada!- gruñó Kanda, con tanta fiereza que logró pillar desprevenido a Lavi.- Te crees que eres el ombligo del mundo? Que todo gira en torno a ti? Te crees que eres el único que está jodido con todo esto!? Noticias frescas, tus sentimientos ahora mismo son lo que menos me importan!-

- Yuu, pero que?-

- Dices que no sabes que hacer? Que no sabes que hacer!? Y por qué coño crees que yo sí sabría que hacer, eh? Acaso tengo todas las malditas respuestas!? Soluciónate tus propios problemas!- siguió gritando Kanda, que parecía haber decidido explotar tras tanto tiempo guardándose sus pensamientos para sí mismo. – Yo sí que no sé qué hacer! Ahora que había decidido luchar! Ahora que había decidido que nadie me pararía! Y no puedo! Ya no puedo-

- Yuu, no me digas que a ti Lenalee también…-

- No la menciones! No la menciones a ella ahora o diré algo de lo más hiriente.-

- C-cómo? No entiendo.- pero entonces comprendió. No era Lenalee por el motivo por el que Kanda estaba tan alterado sino por – Allen. A ti el que te gusta es Allen.

Kanda no se dignó a responder, pero la mirada que le lanzó a Lavi fue suficiente. Ahora que lo pensaba, Kanda siempre se había mostrado más atento cuando Allen estaba cerca, sin perder un detalle. Buscándole inconscientemente con la mirada entre las masas. Lavi creía que era su manera de preocuparse del miembro más joven de su grupo. Pero ahora veía que en realidad había estado ciego. Cómo no podía haber visto los sentimientos de Kanda hacia Allen si estos eran lo suficientemente fuertes como para provocar que Kanda perdiese la compostura de esta manera?. No tenía derecho a llamarse su mejor amigo.

- Realmente tenemos mala suerte, eh Yuu?- Kanda no contestó, y Lavi tampoco esperaba que lo hiciera. Ahora que la ira había desaparecido, había dejado tras de sí a la desesperación y depresión propia de un corazón roto. Dos, en este caso. – También es mala suerte que las personas que queremos hayan acabado juntas.

- Y ni siquiera podemos hacer nada por separarles.- masculló Kanda

- A eso te referías cuando decías lo de luchar?-

Kanda asintió y, en un gesto poco común en él, se pasó la mano por la cabeza, desorganizándose el pelo.

- Había decidido que no importaba quién resultase ser, que lucharía por mostrarle a Allen que yo también valía. Que merecía una oportunidad. Pero como voy a hacerle eso a Lenalee? Por muy exasperante que a veces sea, es como una hermana para mí. No puedo poner en juego su felicidad solo para tener una oportunidad.-

Ambos quedaron en silencio, asimilando su situación. Tras unos minutos, Lavi se dejó caer al suelo, colocando sus brazos sobre sus rodillas y ocultando la cara entre estos.

- Entonces, se acabo, no? No podemos hacer nada.-

- Podemos apoyarles. Al fin de cuentas, ambos deseamos que sean felices por encima de todo. Quizá esto sea necesario para poder seguir adelante.-

- Menuda mierda.- se quejó Lavi.

Ninguno de los dos olvidaría ese día. El dolor, la decepción, la frustración. Aquel día les enseñó a ambos la cara más terrible del amor.

Lo que ninguno de los dos pudo ver, debido a su huida, fue la pícara sonrisa de Lenalee al ver cómo se iban.