Aquel día había amanecido de un brillante color azul. Llegando al final del otoño, el frío del invierno iba introduciéndose poco a poco, pero el cielo se mantenía despejado.
A Allen le encantaban este tipo de días. El invierno siempre le hacía recordar largos viajes, primero con Mana y después con Cross, llenos de penurias y alegrías por igual. Esos viajes le hacían sentir vivo, lleno de energía. No podía esperar a que todos terminaran sus estudios para irse de viaje los cuatro juntos.
El dinero no sería problema, claro, y todos eran lo suficientemente aplicados para permitirse un año de descanso.
Allen se sorprendió a sí mismo con estos pensamientos. Nunca había planeado nada con tanta antelación, ni mucho menos con tanto optimismo. Pero no podía evitarlo. El hecho de que hubiese recuperado a su Lenalee tan sólo hace unos días le daba renovadas esperanzas. Después de tanta búsqueda y tanta espera, podía ver cómo el día en el que uniera de nuevo su vida con la de Kanda estaba cada vez más cerca.
Sabía que debía ser paciente, que estas cosas eran impredecibles, pero no podía evitar esa sensación de ilusión ante la espera, cual niño antes de abrir sus regalos de cumpleaños.
El buen humor de Allen, sin embargo, no estaba presente en los demás. Desde que despertó, Lenalee se había volcado en un proyecto del que no quiso decirle nada. Siempre se le veía escribiendo en un cuaderno o haciendo bocetos, pero no había sido capaz de que se los enseñara. Según ella, tenía que esperar a que estuviera listo.
Pero la repentina obsesión de Lenalee no era nada comparada con el humor de los dos mayores. Lavi intentaba esconderlo, pero Allen le conocía demasiado bien. Su sonrisa era forzada, y sus ojos nunca solían acompañarla. Además, pasaba mucho más tiempo de lo normal flirteando con las chicas del instituto. Preocupado por la reacción de Lenalee ante este comportamiento, se sorprendió al ver que no parecía afectarle, así que no le dio más importancia. Por ahora.
Y Kanda. Kanda se comportaba como solo Kanda sabía hacerlo. Aunque al resto de alumnos les parecía que estaba igual, Allen sabía que algo le había pasado. Su comportamiento le recordaba más al Kanda que conoció nada más entrar en la Orden que al amigo con el que había compartido los últimos meses. Se mostraba desinteresado, huraño, con ojos fríos que no se dignaban en fijarse en nadie en particular, con una postura tan tensa que le sorprendía que no estuviese lleno de contracturas. Allen reconocía esos síntomas con la manera que siempre había tenido Kanda de protegerse a sí mismo. Lo que quería saber ahora el castaño era qué lo había desencadenado.
Si bien es cierto que, desde que Lenalee se desmayó y algunas personas le habían visto llevarla en brazos a la enfermería, habían aparecido rumores sobre su supuesta relación, pero no le parecía motivo suficiente para semejante comportamiento.
Tan ensimismado estaba que no se dio cuenta del momento en el que llegó Lenalee.
- Buenos días, Allen!-
- Buenos días, Lenalee. Y esa sonrisa?-
- Je, je. Verás, lo he terminado!- exclamó animadamente, ganándose la atención de los alumnos que se encontraban en el pasillo.
- El qué?-
- No se si te habrás dado cuenta pero he estado liada con un proyecto.- ignorando la cara de no-me-digas? de Allen, buscó entre su mochila hasta encontrar un cuaderno.- Tachán! He aquí mi diario!
- Ehm, Lenalee, pese a que estoy seguro de lo interesante que es tu día a día, no veo por qué escribir un diario podría provocar tu comportamiento de los últimos días.-
- No seas tonto, Allen. No es un diario de mi vida actual.- añadió bajando la voz. Cuando comprendió el contenido de ese cuaderno, Allen abrió los ojos de par en par.- Ven, vamos a la biblioteca. Allí te lo enseñaré.
Lenalee arrastró a Allen hasta la mesa que siempre solían compartir los cuatro. Al igual que en la cafetería, parecía haber una regla no escrita en la que nadie se atrevía a ocupar aquella mesa bajo ninguna circunstancia. Cuando por fin se cercioraron de que estaban solos, Lenalee abrió el cuaderno, de solapas duras y de color negro.
- Te falta la cruz plateada en la portada.-
Lenalee le fulminó con la mirada
- No creas que no lo he pensado. Pero mira, ves? He estado dibujando todo lo que había estado viendo en mis sueños. Desde que desperté, recordé el contenido de todos ellos.-
Allen cogió el cuaderno y tuvo que admitir que, mientras que no eran perfectos, todos los dibujos que había hecho Lenalee recordaban bastante a su original. Fue pasando las hojas, observando los contornos del primer edificio de la congregación, del segundo edificio, del arca y sus innumerables e impolutas habitaciones. Un boceto de la cafetería de la Orden en especial le hizo recordar aquellas listas interminables de comida que solía pedirle a Jerry, y el entusiasmo de este al preparárselas. No obstante, su sonrisa fue desapareciendo según iba llegando a las últimas páginas. Donde antes habían estado paisajes, ahora estaban personas. Y mucho más detalladas. Todos los exorcistas, Noé, Johnny, Reever, Jerry… Todos estaban representados. Allen los miraba uno a uno ávidamente. Miró de soslayo a Lenalee cuando vio su dibujo y volvió a sonreír al ver el de Lavi, con su pinta de pirata. Pero lo que detuvo su examen de los contenidos del cuaderno fue la imagen de Kanda. Su Kanda. Sabía que se lo encontraría desde que empezó a ver los dibujos de sus otros compañeros, pero verlo en realidad, con su larga melena, su mirada asesina, la poderosa y a la vez sensual pose que siempre adquiría antes de atacar... Hasta había un dibujo de su torso desnudo mostrando su tatuaje, algo que había molestado un poco a Allen, ya que no le hacía gracia que Lenalee conociera el cuerpo de su amante tan detalladamente. Aunque claro, no era tan raro con la facilidad que tenía Kanda de destrozarse la camisa durante las peleas.
Casi a regañadientes, pasó a la última página, donde pudo ver un dibujo de sí mismo, con su pelo cano, brazo deforme y cicatriz característica. Comparado al resto de sus compañeros, su dibujo parecía el de un fantasma. Se quedó inmóvil y en silencio, viéndose a sí mismo. A lo que había sido y aún recordaba ser.
Lenalee, que no le había quitado ojo desde que empezó a pasar las páginas, se mordió el labio nerviosamente. No sabía qué reacción esperar del menor. Si le gustaba o se había pasado de la raya. Impaciente, colocó su mano sobre la de Allen para llamar su atención.
- Y bien? Qué te parece?-
- Está muy bien, Lenalee. Dibujas muy bien y todo está muy detallado.- le contestó, sonriéndole.
- Allen, en serio. Nunca me han gustado esas sonrisas tuyas con las que pretendes ocultar lo que piensas en realidad. Dime que estás pensando de verdad.-
Derrotado, Allen suspiró. Desde que recuperó la memoria era más difícil engañar a Lenalee.
- Lo digo en serio, está muy bien. Es solo que, al ver aquí reflejado lo que antes era nuestro mundo… Me parece como si lo hiciese más real y más fantástico a la vez. Real porque esto prueba que no me lo estoy inventando. Que todo aquello realmente pasó.
Y fantástico porque, al verlo aquí dibujado, me parece como si estuviera leyendo un cuento en lugar de recordar una vida. Teniendo en cuenta nuestra realidad actual, casi parece de película. Que piensas hacer con él?-
- A que te refieres?-
- A cual es tu objetivo al haber creado este cuaderno de memorias.-
Lenalee se puso un poco nerviosa ante la seriedad que había tomado Allen.
- Bueno. Por un lado me sirve para dejar constancia de algún modo que aquello ocurrió realmente, ya que ni siquiera los Bookman fueron capaces de dejar registros. Y se trata de nuestra historia. No quiero que se pierda en el olvido. Sería como si le quitásemos importancia a todos los sacrificios que tuvimos que hacer por aquel entonces. Pero eso no es todo.- continuó, cada vez más animada.- He estado pensando que quizá nos podría ayudar a despertar a más gente! No sería genial que nos volviéramos a encontrar todos juntos?-
Allen se quedó pensativo, mirando a Lenalee y después al cuaderno.
- Pues la verdad es que yo no creo que sea tan buena idea lo de utilizarlo como herramienta para provocar la recuperación de la memoria.-
- Que? Por qué?- se extrañó Lenalee.
- Piénsalo, Lenalee, de verdad es buena idea que todos recuerden por lo que han pasado? Si te encuentras con Suman, le harás recordar su angustia por su familia, su traición hacia sus compañeros y su muerte? O si te encuentras con Marie, y está casado, le harás recordar lo enamorado que estaba de Miranda, poniéndole en una situación complicada con su actual familia? Lo mismo con el resto. Ya no vivimos en un mundo en guerra, así que no estamos acostumbrados a la presión, ni somos tan duros como antes. No tenemos por qué. Creo que forzar la recuperación de las memorias no es la salida. Es mejor que, si nos encontramos con alguno de nuestros viejos amigos intentemos formar nuevos vínculos, tal y como yo hice con vosotros.-
Lenalee se quedó pensando en lo que había dicho Allen. La verdad es que, desde que despertó, se había ilusionado con la idea de volver a tener a toda su familia de la Orden completa. No se había parado a pensar en si ya tenían sus vidas hechas y en como influiría en ellas el hecho de recordar. Egoístamente, ni siquiera lo había considerado. Que propio era de Allen pensar antes en los demás que en sí mismo. Pero esta vez tenía razón. No eran quienes para alterar las vidas actuales de sus amigos. Derrotada, dejó salir un gran suspiro.
- Tienes razón. No sería justo imponerle a alguien otro tipo de vida.-
- No te desanimes. Tal y como he dicho, basta con crear nuevos vínculos con todo aquel con el que nos encontremos.-
- Buff, menudo problema entonces. Habría que buscar por todo el mundo.-
- Bueno, pues ahora que dices lo de viajar, se me había ocurrido una idea. Aunque si no os parece bien no pasa nada.- se apresuró a decir Allen, que se estaba sonrojando. Todavía sabía de donde le salía tanto optimismo. Lenalee le sonrió, animándole a continuar.- Había pensado en, una vez que hubiésemos terminado los estudios, podíamos irnos los cuatro juntos de viaje, visitando todas las partes del mundo. No tendríais que preocuparos por el dinero, claro está, ni por los medios de transporte. Ya que tengo dinero en esta vida, no se me ocurre mejor manera de emplearlo.-
- Es una idea fantástica, Allen. Así no solo veríamos mundo de manera más tranquila, sino que tendríamos más posibilidades de encontrarnos con antiguos conocidos. Ay, no puedo esperar a que termine el instituto para que nos vayamos juntos alrededor del mundo!-
- Pues ya podréis ir ahorrando para traernos recuerdos.- oyeron decir a una nueva voz.
Se giraron y vieron a Lavi, con la sonrisa falsa que parecía acompañarle en los últimos días, y a Kanda, que tenía la mirada fija en una de las estanterías que tenía cerca. Su postura parecía tensarse más cuando reparó en la mano que Lenalee tenía sobre Allen, pero logró disimularlo enseguida.
Cuando Kanda y Lavi entraron en la biblioteca no se imaginaron encontrarse con Allen y Lenalee allí. Ya bastante duro había sido aguantar la compostura en los últimos días, tratando de distraerse de cualquier manera para no pensar en lo que habían perdido. Lo último que necesitaban era entrar de lleno en una escena romántica de los dos: cogidos de la mano y haciendo planes de futuro juntos.
A veces Lavi creía que lo hacían a propósito. Intentando disimular, se sentó en la mesa donde estaban. Pero pronto se dio cuenta de que no había sido una buena idea. Si verles desde atrás le había parecido duro, verles de frente era aún peor. Pudo ver como sus hombros se tocaban, como sus posturas eran relajadas, llenas de confianza y comodidad el uno con el otro. Tampoco ayudaba que estuvieran leyendo el mismo libro a la vez, obligándoles a estar todavía más juntos. Acaso no había más libros en toda la biblioteca que tenían que compartir ese? Y de qué iba ese libro, precisamente, ya que no le sonaba de nada. No parecía tener título.
Lavi no se dio cuenta, pero su irritación iba en aumento.
- Anda que no os sobra confianza, eh? Si ya estáis haciendo planes para cuando terminéis el instituto.-
- B-bueno, solo era una idea. Además, aún hay tiempo de sobra para planearlo todo mejor.- contestó Lenalee un poco cortada ya que ella sí que notó la hostilidad de Lavi.
- Por supuesto, hay tiempo. Además, tampoco es que tengas que preocuparte de los costes, no? Al fin de cuentas si tú no puedes pagártelo seguro que Allen no tiene ningún problema de hacerlo por ti, eh? Que envidia me dais. No hay muchos que ya tengan la vida resuelta para ellos.-
Allen no daba crédito a lo que oía. No era propio de Lavi hablar de esa manera tan cínica, con claras intenciones de herir. Al menos, no con ellos. Lo peor es que Kanda, que se había acabado sentando al lado de Lavi, y seguía sin mirarles, no le había reprochado el comentario al pelirrojo. Allen estaba a punto de preguntarle cuál era su problema cuando Lenalee le puso una mano en el hombro, reclamando su atención.
- No le hagas caso, Allen, no está hablando en serio. Seguro que Lavi está de mal humor y lo está pagando con el primero que encuentra.- Dicho esto, Lenalee recogió sus cosas y se levantó. – Nos vamos, Allen? Tenemos química y me gustaría llegar con tiempo para escoger la mesa de la ventana.
Si la postura de Kanda y la mirada de Lavi ya eran duras, parecía que ese desinterés que mostraba Lenalee las había empeorado aún más.
- Pero, Lenalee..
- Vamos, levanta! Nos vamos, chicos. Y a ver si se te pasa el cabreo, Lavi. No está bien meterse con tus amigos de esa forma.-
Dicho esto, Lenalee salió de la biblioteca, seguida de Allen, dejando a los dos mayores solos, en silencio. Durante unos instantes permanecieron así, hasta que Kanda oyó un golpe seco a su lado. Al mirar vio como Lavi había golpeado su cabeza contra la mesa. Tenían suerte de que no hubiese nadie con ellos, o se habrían llevado una buena bronca.
- Mierda, maldita sea. Se suponía que esto no debía pasar. Lo tenía controlado.- empezó a murmurar Lavi contra la mesa. Se rodeó la cabeza con los brazos, como si intentara protegerse. – No debí decir eso. Pero no pude contenerme al verles tan felices juntos.- dicho esto se irguió en la silla. – Sé que tenías razón en lo que me dijiste sobre que no debíamos entrometernos, pero es tan duro. Tenerla tan cerca y saber que no tengo ningún derecho a tocarla. Ya ni siquiera se preocupa tanto de nosotros…Buf, voy a lavarme un poco la cara, a ver si me despejo.-
Lavi se levantó y se marchó hacia los lavabos. No esperó a tener una contestación por parte de su amigo, ya que sabía que no la obtendría. Kanda tenía su propio método de lidiar con el dolor.
Cuando Kanda oyó unos pasos acercársele apenas unos segundos más tarde de que Lavi se fuera, pensó que era este que se había dejado algo. Sin embargo, al mirar, pudo ver que no se trataba de Lavi, sino de Allen, y no se sentía preparado para lidiar con él a solas todavía.
- Kanda.- mierda, como lo iba a soportar si con solo oír su nombre salir de sus labios le provocaban ganas de cogerle y besarle como si no hubiera mañana. Era tremendamente difícil concentrarse. – Kanda.- insistió Allen, que se había dado cuenta de que el mayor no estaba del todo con él. – Oye Kanda quería preguntarte que es lo que te está pasando últimamente. Bueno, a tí y a Lavi, la verdad.-
Kanda no le respondió. Ni siquiera le miró. Empezando a enfadarse, Allen insistió, enfrentándose a Kanda.
- Cuál es tu problema?- Nada, seguía sin reaccionar. Terminada su paciencia, Allen le obligó a mirarle cogiéndole del cuello de la camiseta. – De qué demonios vas? Te crees que esta es la manera de tratar a tus amigos?-
- Amigos? No me hagas reír.- cuando Kanda por fin respondió lo hizo con un tono tan frío que llegó a sorprender hasta al propio Allen.- Los amigos no se dan semejantes puñaladas. Por qué no dijisteis nada? Que ganabais ocultándonoslo?- enfurecido, Kanda cambió las posiciones, siendo ahora él el que tenía agarrado a Allen por la camiseta, mirándole fríamente a los ojos.
Durante un momento, a Allen le entró el pánico. Pensaba que Kanda se estaba refiriendo a lo de sus vidas pasadas. Pero enseguida se dio cuenta de que ese no era el caso. De ser así, Kanda habría dicho algo completamente distinto. Por no decir que, de haber recuperado la memoria, su amante no le estaría tratando con tanta dureza precisamente.
Así pues, cuál era el motivo de su enojo y de qué le estaba acusando exactamente Kanda?
Allen le miró directamente a los ojos. Y, entonces, lo vio. Hacía siglos que no los veía, bueno, más bien solo uno, pero aquellos ojos le eran familiares. Estaban llenos de furia, si, pero también de anhelo. Eran los mismos ojos que le habían lanzado miradas asesinas cada vez que había hecho una locura con la Inocencia. Los mismos ojos que buscaban cualquier excusa para provocar una pelea, para aclamar la atención del albino, para buscar el contacto sin dejar entrever sus sentimientos. Eran los mismos ojos que Kanda tenía antes de que se volvieran amantes, en aquel periodo en el que ambos eran demasiado tercos para admitir la atracción que sentían el uno por el otro.
Pero, podía ser eso cierto? Podría ser que este Kanda, que sólo le conocía de unos meses, empezase a sentir lo mismo que su Kanda? Tan feliz era al haber recuperado a Lenalee que jamás pensó que recuperaría tan pronto también a Kanda, aunque sea solo en parte. Ya se había preparado mentalmente para años y años como su amigo antes de siquiera insinuar la posibilidad de una relación sentimental entre ambos. Y, sin embargo, aquí estaban. Allen se encontraba de frente con un Kanda que le decía con los ojos lo mucho que le deseaba, aunque fuese inconscientemente.
Razonando un poco tras esta revelación, la única conclusión a la que llegaba Allen para explicar el comportamiento de Kanda y Lavi era que, de algún modo, ambos se habían creído los rumores de su supuesta relación con Lenalee.
Eso explicaría por qué Lavi estaba tan borde con él. Y, si es verdad que Kanda tenía algún tipo de sentimientos por Allen, también el mal humor de este.
Pero, qué hacer ahora? No podía explicar el cambio con su relación con Lenalee sin contar la verdad. Tanto Kanda como Lavi no se quedarán conformes con una verdad a medias. Debía arriesgarse? No sabía cuál sería la repercusión de forzar los recuerdos de Kanda, ni si este quería recordarlos. Mas, egoístamente, deseaba que así fuera. Aunque en supuesta furia, el contacto que tenía ahora con Kanda le estaba volviendo loco. Tenía la cara tan cerca que solo necesitaba ponerse de puntillas para que sus labios se juntasen.
Algo de lo que pensaba debía de haberse reflejado en su cara porque, de repente, el gesto de Kanda cambió. Ya no era furia lo que reflejaban sus ojos sino confusión, curiosidad y excitación. Decidiéndose por arriesgarse, Allen le cogió de las manos, que todavía estaban agarrando su camiseta, provocando un minúsculo sonrojo en el mayor, y le miró a los ojos de la manera más determinada y llena de cariño que podía conseguir.
- Cómo me llamo?-
La cara atónita que se le quedó a Kanda bien podría pertenecer a una comedia. Estaba claro que el mayor no se esperaba ese tipo de pregunta. La cercanía y el calor que emanaba el cuerpo de Allen tampoco le ayudaban precisamente a la hora de pensar con claridad.
- A q-que te refieres?- Kanda maldijo hacia sus adentros. Lo último que necesitaba para hacer de esa situación más embarazosa de lo que era aún era empezar a tartamudear.
- Cómo me llamo?-
- Estás intentando cambiar de tema? Por que es un método un poco cobarde, por no decir absurdo, para hacerlo.-
- Kanda, estás malentendiendo la situación. Lenalee y yo sólo somos amigos.- pese al bochorno de haber sido descubierto en sus preocupaciones, Kanda no pudo evitar dejar salir un sonido de incredulidad de su boca. – En serio, no hay nada más entre nosotros. Acláraselo a Lavi antes de que empiece a atacarme.-
- Sí, claro. Por eso estáis tan unidos últimamente. La relación de una persona con otra no cambia de la noche a la mañana sin un buen motivo.- ya que había sido descubierto, prefería poner todas las cartas sobre la mesa. O casi todas.
- Cierto. Mas te equivocas en el motivo.-
- Imposible. La teoría de Lavi tiene lógica. Por qué si no habrías terminado tu aquí? Entre todos los países, ciudades, institutos, clases… Por qué ibas a acabar precisamente aquí, en la misma clase de Lenalee, cuando podrías haber ido a cualquier otra? La única explicación es que la persona a la que busques acuda a este instituto. Y, si te paras a pensarlo, todo apunta a Lenalee.-
Después de su discurso, Kanda tuvo que tomar aire. El corazón le iba a mil por hora. Dejando a un lado lo mucho que le distraían los ojos de Allen, con esas interminables pestañas, y esos rojizos labios que invitaban a saborearlos una y otra vez…. El caso, que hacía mucho tiempo que no ponía tanta emoción en sus palabras. Tenía la sensación que los próximos minutos, que la reacción de Allen ante sus palabras, podían destruirle fácilmente. Encontrarse tan expuesto era una experiencia nueva para él, ciertamente aterradora. Por su parte, Allen seguía en silencio, observándole. Buscando.
Y, finalmente, debió de encontrar lo que buscaba, ya que le sonrió como nunca lo había hecho nadie, de una manera tan tierna y llena de cariño que le dejó sin respiración.
- Es cierto lo que dices. Vine aquí porque descubrí que era donde estaba a quien yo andaba buscando. Aunque te has equivocado en lo de la clase. Quien yo busco no está en mi clase y, si no acabé en la misma clase que él, es porque eso había atraído demasiada atención hacia mi persona. Pero no te negaré que acude a este instituto.-
- Q-quién..?- preguntó Kanda, antes de poder reprimirse.
Por toda respuesta, la sonrisa de Allen creció, hasta parecer en cierto grado burlona. Ante la atónita mirada de Kanda, Allen acercó todavía más sus cuerpos, llegando a tocar pecho contra pecho. Kanda podía llegar a notar los latidos del corazón de Allen a través de su camiseta. Y sabía que Allen era capaz de notar los suyos. Lo único que le consolaba era notar que ambos mantenían un ritmo frenético, lo que delataba que quizá el castaño no estaba tan tranquilo como parecía. Una ola de calor le recorrió el cuerpo al poder oler el aroma que desprendía el cabello del menor. Y un escalofrío al notar su respiración en el cuello.
- Cuando me llames como siempre te responderé.- le susurró, con una voz tan sumamente sexy que Kanda tenía que recurrir a todo su control para no saltar sobre el menor.- Aunque, entonces, ya no necesitarás que te responda. Bakanda.-
Sin saber por qué, esa última palabra le congeló en el sitio. Lo que debería parecerle un insulto, no lo hizo. Es más, reconoció ese nombre, aunque era incapaz de ponerle fecha o lugar. Pero estaba claro que ya antes se lo habían llamado. La misma voz de ahora ya había pronunciado ese nombre.
Durante su revelación, no se dio cuenta de que Allen se había marchado. Ni siquiera notó la falta repentina de otro cuerpo contra el suyo. No obstante, la llegada de Lavi sí que consiguió despertarle. Al fijarse, el pelirrojo tenía el pelo un poco húmedo en las puntas. Se había sentado en la misma silla que había ocupado antes y sostenía entre sus manos un libro negro, sin título. Al notar que le miraban, Lavi alzó la mirada.
- Es lo que estaban ojeando Lenalee y Allen antes. Lenalee debió de dejárselo olvidado.- dudando antes de abrirlo, ya que si era un panfleto de viajes no iba a soportarlo, Lavi dejó que la curiosidad le pudiese antes de comenzar a leer sus páginas. A Kanda no le interesaba lo más mínimo. Bastante lío tenía ya en la cabeza con lo que le había dicho Allen. Si era cierto que Allen y Lenalee no eran pareja, entonces qué eran? Porque lo suyo iba a más que una simple amistad de un par de meses. Y, además, a qué demonios venía el comportamiento del castaño? La manera en la que le había hablado, en la que se había acercado a su cuerpo… Casi podía seguir notando la calidez de su aliento en su cuello. Podía Kanda permitirse tener esperanzas? Pese a que no era un especialista en relaciones y sentimentalismos, sí que tenía claro que esa no era la manera de comportarse con alguien en el que no estabas interesado. O al menos eso esperaba porque si no habría sido una crueldad por parte de Allen. Pero no, el castaño podía ser cualquier cosa pero no era cruel.
Pero eso originaba otra pregunta. Si Allen estaba interesado en Kanda, qué pasaba con la persona que amaba? No acababa de decir que acudía a este instituto? La única posibilidad que se le ocurría era demasiado alocada. Y, sin embargo, era la que respondía a todas sus preguntas. Pero él no recordaba nada al respecto. No sabía de ninguna vida pasada o recuerdos que hubiese compartido con Allen antes de conocerle al comenzar el curso. Y no era una postura demasiado optimista? El hecho de que la persona de la que estabas enamorado te correspondiera ya era bastante difícil. Si a eso le añadimos lo de los sueños de Allen…
Aunque, acaso él no había estado sufriendo también de sueños extraños? Y si…
- Yuu, tienes que ver esto.-
Irritado por que Lavi le hubiese interrumpido durante su análisis de su situación con Allen, algo que consideraba bastante importante en ese momento, se giró con todas las intensiones de propinarle un buen golpe al pelirrojo. Solo el gesto que este tenía le paró. Sus ojos estaban abiertos de par en par, recorriendo todos los contornos de las páginas del cuaderno que tenía delante.
Llevado por la curiosidad, Kanda se acercó y miró lo que estaba viendo Lavi. Era un boceto de una batalla, si el humo y las ruinas que lo decoraban eran algún indicativo. A él esa imagen no le decía nada, pero parecía que Lavi la encontraba tremendamente interesante.
- Y bien? Para que me has llamado?-
- De dónde crees que ha sacado esto Lenalee?-
- Y a mí qué me cuentas? Además, parece que está dibujado a mano.- Para probar su teoría pasó los dedos por la página, notando los surcos que suelen hacer los bolígrafos al pintar en una hoja.
- Es que… es asombroso. Yo conozco este sitio. Lo reconozco. Pero, no sé dónde es! No te parece increíble!? Y, si es verdad que ha sido hecho a mano, cómo es que Lenalee también lo conoce?-
A Kanda todo aquello le parecía una tontería. No entendía como Lavi podía estar tan animado por algo que ni siquiera era capaz de entender. Pero entonces, lo vio. Un lugar que conocía, pero que no sabía dónde era. El lugar era similar a una cafetería, bastante antigua. Nunca había estado en ese sitio, ni lo había visto en fotos y, sin embargo, recordaba haberse sentado en ese bancos, haber comido soba en esas mesas, haber peleado por la irritante montaña de comida de… quién?
Cuando Kanda se concentró un poco más en esa última sensación, la cabeza comenzó a dolerle. Se llevó una mano a la cara, parpadeando intentando aclararse. Mientras tanto, Lavi, que no se había percatado del cambio en Kanda, siguió pasando las hojas. Retratos de diferentes personajes sustituyeron los paisajes.
Pese a lo raro que estaba resultando todo aquello, había que admitir que Lenalee se lo había trabajado bastante. Los detalles de las caras y la ropa de los retratados eran impresionantes. Hasta había sido capaz de imaginarse cómo sería Komui de mayor, aunque le sobraba aquel sombrero tan ridículo. Tanto Lavi como Kanda se sorprendieron al ver una versión de su amiga en papel, aunque con una falda demasiado corta para lo que estaba acostumbrada a llevar ella normalmente. Algún deseo inconsciente? Kanda casi podía ver la imagen mental que había aparecido en la cabeza de su amigo. Dándole una colleja, continuó pasando las páginas.
La siguiente sorpresa fue la versión de Lavi, con el pelo de punta, una bandana y un parche cubriéndole un ojo. Parecía el típico personaje pintoresco de un videojuego o una serie de televisión. Ignorando que ahora era Lavi el que se había llevado las manos a la cabeza, Kanda siguió pasando las hojas. Tenía el corazón en un puño. Algo le decía que todo aquello no era coincidencia, que algo más grande que él estaba moviendo los hilos de su vida. Y, por estúpido que pareciese, su instinto le decía que aquel cuaderno tenía todas las respuestas.
Finalmente llegó a ver su alter ego en papel. Debía de reconocer que estaba muy bien detallado, aunque se sentía un poco incómodo al verse dibujado medio desnudo. En qué estaría pensando Lenalee mientras le dibujaba? Repasó las líneas del tatuaje que tenía en su pecho. Era un símbolo parecido a un 3 dado la vuelta. Lo curioso es que le sonaba haberlo visto hace poco, y no tenía esa extraña sensación que le había acompañado desde que empezaron a ver los contenidos del cuaderno. Esta vez estaba seguro que lo había visto en esta… vida? Si estaba dispuesto a creer a Allen en su locura de las vidas pasadas, bien podría empezar a pensar de esa manera. Pero era incapaz de recordar dónde lo había visto.
- Mira Yuu, te queda bien el pelo largo. Lo que no sabía era que eras un exhibicionista. Debería preocuparme? Hay algo que quieras contarme? – medio bromeó Lavi, ya que él también estaba completamente absorto en su examen del dibujo de Kanda.- Anda, mira, si la espada que hay dibujada tiene nombre y todo. A ver… Parece que pone "Mugen", como "eternidad"-
- No. Mugen significa "Seis ilusiones"-
- Seis ilusiones-
- Como?-
- Allen dijo que se llamaba "seis ilusiones"-
- Ah! Es verdad! Es como la espada que Allen tenía en su casa! De ahí lo debe de haber sacado Lenalee.-
Pero Kanda ya no estaba con él. Acababa de recordar dónde había visto ese símbolo recientemente. El día que fueron a la casa de Allen por primera vez, cuando descubrieron su santuario, tal y como había llamado él a aquella habitación. En aquel pequeño lugar no solo estaba un cuadro con ese símbolo, también estaba la réplica de la espada que estaba dibujada en el cuaderno.
Como si se hubiese activado un interruptor, multitud de recuerdos comenzaron a aparecer en su mente.
- Los enormes ojos plateados de aquel muchacho que no conocía, con el que se acababa de chocar.
- Una radiante sonrisa capaz de iluminar una habitación y enmudecer a todo el comedor del instituto.
- "Es hora de reparar el daño causado"
- La sonrisa cargada de tristeza y añoranza que adornaba el rostro de Allen mientras manejaba la espada que tenía entre sus manos.
"Dicen que fue un valeroso espadachín capaz de congelar a sus enemigos con la mirada. Fue uno de los mejores guerreros que ha existido en la historia…"
-"[…], yo también tuve sueños raros en su momento. Pero ya hace mucho tiempo desde que desperté […] si alguien quiere algo, debe luchar por ello, y no esperar a que las cosas le caigan del cielo"
- "No importa donde vayas ni como luzcas. Te seguiré y te encontraré."
- Una pequeña espalda que pedía a gritos ser abrazada mientras una nostálgica melodía les inundaba.
- "[…] Antes vivía mi vida sin preocupaciones, pero no estaba encauzada. Ahora tengo un motivo para vivir. En realidad, siempre ha sido solo ese motivo, esa persona, por la que merecía la pena seguir adelante. En verdad me estás diciendo que tú elegirías antes el dinero que la razón de tu existencia?"
- Jamás había experimentado algo tan angustiante como ver el cuerpo entre sus brazos de su amante se desintegraba, mientras se desesperaba por su propia impotencia ante la situación.
Temblando debido a la cantidad de imágenes que pasaban por delante de sus ojos, Kanda decidió concentrarse en la realidad, sabiendo que sólo le faltaba una pieza para resolver todo este rompecabezas. Solo una pieza, solo una página, solo un personaje retratado por descubrir. Casi parecía que el tiempo se había ralentizado mientras observaba como Lavi pasaba esa última hoja. Tenía el corazón en un puño sabiendo lo que vería.
Y lo vio. Un blanco tan puro que inundó todos y cada uno de sus sentidos.
Después, todo se volvió negro.
