Inuyasha y sus personajes no me pertenecen.
Capítulo3: Petición a un príncipe.
Varias horas habían pasado desde que la detective Sango pensó que era buena idea mantener vigilado a Sesshoumaru; su instinto le indicaba que él sabía mucho más de lo que había dicho, tenía el presentimiento y este rara vez le fallaba.
—Sango nuestro turno ha terminado por hoy, debemos ir a entregar nuestro reporte a los compañeros siguientes—Miroku dijo al mismo tiempo que miraba su reloj.
—Lo sé, pero…—
—Nada, debemos irnos—
—Espera—Miroku la miró con curiosidad y ella señaló a los recién llegados.
— ¿No es la doctora que conocimos esta mañana? —Preguntó intrigada.
— ¿Kagome Higurashi? —Observó con atención—si, es ella y ese parece ser… ¿Cómo se llama? Es abogado a cada rato le veo por la estación…—El detective se esforzaba por recordar el nombre.
—Nakamura Inuyasha—contestó seria—si, es bueno liberando delincuentes ¿Acaso el director Sesshoumaru se sentirá en la cuerda floja que ya llamó a su abogado? —
—No creo que sea eso Sango, míralo bien, él y nuestro sospechoso son tan parecidos—
Sango lo observó por varios segundos hasta que lo perdió de vista.
—Es verdad ¿Serán parientes? —
—No lo dudo, pocas personas tienen el cabello de ese color—
La llegada de esos dos intrigaba a Sango.
—Tenemos que…—
—Lo siento Sango, ya no tenemos tiempo o nos sancionarán por no entregar el reporte a tiempo—
—Tsk—Ella giró los ojos molesta, odiaba cuando él tenía razón, así que puso el auto en marcha y se fueron del lugar —tendré que platicar mañana con Higurashi—
—Será mañana—contestó él al ver aquella determinación en la mirada de su compañera.
Sesshoumaru se dio cuenta de que aquellos molestos policías se habían ido por fin y de que Inuyasha estaba cada vez más cerca, caminó hasta la entrada de su oficina y le pidió a su secretaria que se retirara, esta tomó su bolso y con una reverencia se despidió educadamente de su jefe.
La molestia se reflejaba en el rostro de Inuyasha, a cada paso que daban, él dejaba escapar un gruñido.
Kagome observaba de reojo las expresiones de Inuyasha, podía ver la ira que el abogado sentía y dudo por un instante que fuera buena idea que él la acompañara.
—Inuyasha, si te molesta…puedo volver mañana yo sola, si quieres vámonos antes de que se de cuenta de que estas aquí—Ofreció comprensiva.
—No, él ya sabe que estamos aquí—su cejas estaban fruncidas y sus puños apretados.
— ¿Es eso rivalidad entre youkais y hanyous? —preguntó demasiado interesada por la reacción que el abogado había tomado desde que se enteró de que tenía que ver nuevamente con Sesshoumaru.
—No, es rivalidad de sangre—ambos se pararon frente a un tablero en donde indicaba las oficinas asignadas para cada uno de los directivos, con su dedo índice fue recorriendo lentamente los nombres hasta que encontró el que buscaban —Tercer piso, vamos—subieron al elevador.
— ¿Sabías que existen familias que se han roto por causa de una herencia? —Preguntó Inuyasha con un tono de voz baja.
—Sí, es porque le dan más valor a lo material que al emocional ¿Por qué preguntas?—Lo observó con detenimiento.
—Por nada—mintió.
—Ya veo, es el caso de ustedes dos—Contestó seria.
Inuyasha paso saliva con pesadez ¿Acaso era tan obvio o simplemente a esa mujer no se le escapaba ninguna mentira?
—Pues debemos hacer a un lado esas diferencias, muchas vidas corren peligro—ambos salieron del elevador —Y la tuya es una de ellas—comentó afligida.
Inuyasha comenzó a olfatear el lugar.
— ¿Qué haces Inuyasha? —preguntó curiosa al ver que su ex novio levantaba la cara y arrugaba su nariz.
—Huele a él, todo el maldito lugar huele a él—contestó molesto.
Sesshoumaru se encontraba sentado detrás de su escritorio, él también podía oler a Inuyasha, estaba seguro que estaba allí porque Totosai lo había enviado, de otra manera él no se hubiera presentado por su propia voluntad, pero lo que más le molestaba era que una humana le acompañara, sus sentidos se alertaron aún más al escuchar los pesados pasos de su híbrido hermano acercarse.
Inuyasha abrió la puerta violentamente.
— ¡Sesshoumaru! —Inuyasha lo llamó amenazante.
— ¡Inuyasha, no tenías por qué hacer eso! —Kagome señaló molesta la puerta.
—Abogaducho de cuarta—Le dijo con frialdad. —Pagarás por esa puerta—
—Envíame la cuenta a mi despacho—Inuyasha contestó.
Ambos se retaron con la mirada.
La indiferente voz llamó la atención de Kagome, ella se quedó absorta al ver el gran parecido entre ellos dos, pero se quedó completamente paralizada al ver aquellos dorados ojos. No había más dudas, el era el perro blanco, su sueño comenzaba a tomar forma dentro de la realidad, esa mirada jamás podría olvidarla, tan fría e inexpresiva que ella difícilmente podría descifrar lo que ese hombre sentía, esa misma mirada que caracterizaba a aquel gigante.
—El gran…perro blanco—susurró casi para ella misma, pero los dos hombres presentes la escucharon a la perfección. —"Es…es muy poderoso, es él no hay duda, puedo sentir su energía maligna, es…impresionante" —antes de esta noche, Kagome jamás había sentido la presencia maligna de ningún demonio, incluso hasta ese preciso instante pudo sentir el aura de Inuyasha, mas no comprendía por qué hasta ahora.
Inuyasha vio el semblante preocupado de su amiga, casi podía jurar que ella sentía miedo.
Sesshoumaru guardó silencio por unos momentos, lo que ella acababa de decir era inquietante — ¿Acaso ella sabe la verdad de mi naturaleza? Eso es inaceptable. — Él podía oler el miedo de la joven doctora, así que pensó que lo mejor era simplemente ignorarla.
— ¿Vienes a entregarme a Colmillo de Acero? —
—Ni en tus sueños Sesshoumaru—
—Entonces lárgate—Dijo sin mostrar expresión alguna.
—Señor Sesshoumaru, mi nombre es Kagome Higurashi y he venido por el caso de asesinato que involucra a una araña como asesina—Intervino Kagome al ver que Inuyasha otra vez estaba a la defensiva.
— ¿También sospecha de mi? —Preguntó con su usual tono de voz, pero esta vez llena de sarcasmo.
Kagome negó con la cabeza, ese hombre lograba intimidarla. —No, sé que fue un demonio araña o tal vez un híbrido—Kagome retrocedió un par de pasos al ver que Sesshoumaru apretó levemente la mandíbula, al parecer el comentario no le había agradado. Inuyasha sólo paso saliva pesadamente al escucharla y se preguntó ¿por qué ella siempre era tan directa? —No sé como explicarlo, sólo lo vi en un sueño y yo…—
— ¿Te ha enviado Totosai? — Hizo caso omiso de las palabras de la joven y miró a Inuyasha. —Le dije que yo puedo solo—
Inuyasha abrió ampliamente sus ojos al escuchar aquella pregunta.
— ¿Totosai ya esta enterado? Es más grave de lo que creí—su semblante se llenó de preocupación, generalmente aquel anciano no intervenía en asuntos de poca importancia, es decir él jamás intervenía y mucho menos buscaba a Sesshoumaru.
— ¿El doctor Totosai Uramei? —Preguntó ella.
— ¿Lo conoces? —Inuyasha estaba sorprendido porque ella lo conocía.
Sesshoumaru continuó ignorándola, no le agradaba que los humanos intervinieran en asuntos de demonios.
—Es mi maestro en psicología—Le contestó.
— ¿Entonces tú le contaste lo que viste? —Ella negó en silencio.
—Bien, si no tienen algo más interesante que decir, salgan de aquí tengo mucho trabajo—Y les dio la espalda.
Kagome volteó a verlo y trató de acercarse al imponente hombre, él volteó violentamente al escuchar sus pasos y con sólo una gélida mirada logró hacer que ella desistiera de esa idea, quedándose a una distancia prudente. Él observó osadía en los ojos de aquella mujer.
—Señor Sesshoumaru, sé que usted es un youkai y…—
La mirada fulminante del demonio se posó en Inuyasha.
—Escúchala, esto te concierne a ti aunque…no me guste la idea—Inuyasha le comentó demasiado molesto.
— ¿Me estas diciendo qué tengo que escuchar las fantasías de una loca? —Preguntó con indiferencia, ya arreglaría cuentas con Inuyasha por su imprudencia. No, definitivamente a él no le agradaba que los humanos se inmiscuyeran en sus asuntos, ya le había dicho a Totosai que él se encargaría personalmente de ese híbrido y que protegería el secreto que por siglos habían guardado, secreto que Inuyasha ya le había revelado a aquella mujer.
Kagome intentó defenderse de lo que aquel hombre le acaba de decir, pero ninguna palabra salió de sus labios.
—Sesshoumaru, esto no es un juego ¡Escúchala! —intervino Inuyasha, pero su medio hermano ni siquiera lo volteó a ver.
—Usted es psicóloga ¿No? —Preguntó Sesshoumaru y observó con detenimiento a la chica, ella asintió —Una persona tan fantasiosa como usted no puede ayudar a personas con problemas emocionales—Sesshoumaru la miró con dureza. —No quiero que se acerque nunca más a este lugar o yo personalmente me encargaré de que sea usted la que reciba terapia—
— ¡Serás cabrón Sesshoumaru! —Inuyasha estuvo a punto de abalanzarse contra Sesshoumaru para cerrarle la boca de un solo golpe, pero Kagome se interpuso entre ellos haciendo que el joven abogado se detuviera. Ella dejó escapar un fuerte resoplido, estaba molesta, sí, pero no permitiría que aquel hombre jugara con sus emociones y la desviara de su objetivo, aunque la idea de dejar que Inuyasha le diera por lo menos un golpe no le parecía tan descabellado. Así que volteó a verlo y lo reto con la mirada.
Ella examinó con cuidado el rostro del youkai, intentando descifrar en sus expresiones lo que pasaba por la mente de este, pero había un problema, Sesshoumaru no expresaba nada, sólo indiferencia.
— ¿Acaso me esta amenazando? Señor Sesshoumaru. —
—Para usted soy doctor Namikaze y no, no es una amenaza, es una promesa—
—Pues no me importa si lo hace, es mas hágalo si le pega en gana, pero igual le tengo que decir que usted, doctor engreído y prepotente esta en peligro y…—Él ni siquiera la dejó terminar de hablar.
Sesshoumaru abrió ligeramente los ojos —"Sorprendente, ella me teme, puedo olerlo y aun así me enfrenta, a pesar de que sabe que soy un demonio ¿Me enfrenta? Esta mujer me ha… ¿retado?" —Él consideró que el permitirle a Kagome intervenir acarrearía demasiados problemas, lo más prudente sería alejarla.
— ¡Ya fue suficiente! Inuyasha, toma a tu mujer y dile que no se meta, el asesinato cometido por esa araña esta bajo mi jurisdicción—
— ¿Acaso usted no escucha? —Preguntó molesta y desesperada al mismo tiempo.
—Inuyasha—Sesshoumaru miró seriamente a su medio hermano —Sácala de aquí o no respondo—
Kagome por fin pudo ver esa expresión que tanto buscaba, aunque bien lo disimulaba, él demostraba ira y repugnancia, más no sabía si era hacia ella.
Inuyasha se tensó ante la mirada del mayor, él no amenazaba en vano.
—Kagome salgamos de aquí—Habló con tranquilidad.
— ¡No! Inuyasha si pasa lo que te he dicho…tú…tú y muchas personas más…—comenzó a temblar, las lágrimas comenzaron a agolparse en su hermosos ojos, no podía terminar aquella frase, no quería aceptar la muerte de aquel hombre que estaba junto a ella, no podía permitir que Inuyasha la dejara para siempre, debía luchar para evitar que su sueño se cumpliera esta vez, pero nuevamente se encontraba con el mismo problema de siempre, no le creían.
— ¡Escúcheme! Usted y todas las personas de esta ciudad están en peligro—Kagome intentó acercarse desesperada hacia Sesshoumaru, pero Inuyasha se paró frente a ella y la agarró fuertemente de la cintura y la cargó hasta la salida. — ¡Necesitamos su ayuda! —
—Vámonos Kagome, ya no es seguro hablar, no estamos solos—Inuyasha trató de hablarle con calma y con la mirada le dio a entender que había alguien detrás de la puerta.
Ella supo interpretar lo que el joven híbrido le indicaba.
—Esta bien—contestó fingiendo tranquilidad —otra vez será—Inuyasha pasó un brazo sobre el hombro de la joven y ambos salieron de la oficina.
Una joven los miraba intrigada, lo que ella acababa de escuchar la inquietaba, ella tenía sus sospechas, las cuales se corroboraban al escuchar la discusión entre Sesshoumaru y los dos visitantes.
— ¿Qué es lo que quieres Rin? —La voz inexpresiva de su tutor la sacó de sus cavilaciones.
Ella entró tímidamente. Sesshoumaru esperaba un segundo drama dentro de esa oficina, sabía a la perfección que ella había estado escuchando todo, por eso cuando se dio cuenta de su presencia trató a toda costa de desacreditar las palabras de aquella mujer, si la creían loca su secreto estaría a salvo.
— ¿Puedo llegar tarde esta noche? Kohaku me presentará esta noche con sus padres—Ella evadió el tema, no era tan tonta como para preguntarle directamente, por lo menos no ahora que estaba tan molesto, aunque se veía sereno, ella sabía que la visita de esos jóvenes lo había sacado de sus casillas, ella lo sabía, lo conocía muy bien.
— ¿Qué tan tarde? —
—Media noche—
—Diez treinta—
—Señor Sesshoumaru, ya no soy una niña—La mirada inocente de la joven suplicaba por su permiso.
—Jaken te llevará y te regresará a casa—
—Pero…—
—Mi casa, mis reglas—
—Gracias Señor Sesshoumaru—La joven hizo una reverencia y corrió hasta la puerta.
—Rin…—La chica se detuvo—usa protección—Los ojos de Rin se abrieron grandemente ante esta orden—no querrás una enfermedad o un embarazo no deseado—Ella lo miraba sorprendida. —No me mires así—Sesshoumaru se sentó y dirigió su mirada hacía la gran pila de papeles que le faltaba por revisar —ya no eres una niña—
— ¡Señor Sesshoumaru! —se mostró indignada.
—Ahora vete, tengo mucho trabajo—
Kagome e Inuyasha salieron del edificio, ella continuaba temblando de impotencia, hacía mucho tiempo que no tenía esa maldita sensación, la última vez que se sintió así fue cuando Inuyasha le confesó el amor que sentía por Kikyou.
Inuyasha apoyaba una mano en el hombro de la joven y de reojo pudo ver como una lágrima resbalaba por su mejilla. Alzó la mirada hacía donde se ubicaba la oficina del necio de su hermano y arrugó el ceño, como si Sesshoumaru lo fuese a ver, el coraje lo invadió al ver a Kagome llorar y eso no se lo perdonaría.
—No llores Kagome, lo resolveremos nosotros—Habló con tranquilidad y la miró a los ojos —Buscaremos a esa mujer y la salvaremos, lo prometo—
—Oh—sollozó. —Inuyasha yo no quiero que tú…—Su voz era entrecortada.
—Ya te dije que no pasará, sólo…sólo no llores—Le suplicó mientras limpiaba las lágrimas que resbalaban por las tersas mejillas de Kagome. Ella se estremeció ante aquel suave contacto, él lo notó y en ese momento Inuyasha se arrepintió y alejó su mano.
Inuyasha abrió la puerta del auto, ella entró y se sentó, buscó en su bolso un pañuelo para limpiarse, pero las lágrimas continuaban brotando sin cesar. Inuyasha había subido al auto y lo puso en marcha. Durante todo el camino condujo en silencio, escuchando los sollozos de su copiloto. Inuyasha se estacionó frente al templo Higurashi y miró con aflicción el rostro inflamado de Kagome.
—Ya…ya no llores más—
—Lo intento—
—Tu madre pensará que yo te he hecho algo ó tal vez Souta…—
—No te preocupes ellos no están—Ella limpió de nuevo su rostro—gracias por creerme—
Inuyasha sólo asintió y bajó a abrirle la puerta. Kagome bajó y se abrazó con fuerza al pecho de Inuyasha, quien indeciso la abrazo con delicadeza, hasta que una presencia demasiado conocida fue percibida por su olfato.
—Será mejor que entres, debo irme, Kikyou me esta esperando—Y se separó de ella, Kagome se tensó al escuchar aquel nombre—Toma mi tarjeta, allí esta mi número por si se presenta algo más—ella tomó dudosa la tarjeta y con una ligera inclinación de cabeza se despidió y entro a su casa.
Kagome llevó ambas manos a su pecho, este latía desbocado por todas las emociones vividas en un solo día, había sido demasiado, pero lo que más le inquietaba era que aquel hombre no la escuchara, ó debería decir aquel demonio que la ignoró y la trató como si estuviera loca.
—"Se atrevió a llamarme ¿Fantasiosa?" —sonrió con tristeza, no era el único que la había llamado así cuando intentó advertirle a su padre que no saliera de viaje porque había soñado que algo malo pasaría, este sólo le dijo que los sueños eran fantasías, miedos o deseos. —No me importa perder mi licencia médica, ese hombre tendrá que escucharme, no quiero perder a Inuyasha—Kagome estaba agotada y se fue directo a su recámara, se sentó en la cama y de su mesita de noche sacó una pequeña caja en donde guardaba una fotografía en donde estaba junto a Inuyasha. —Tampoco me importa si nunca regresas conmigo, pero al menos sabre que estas vivo—
Inuyasha espero a que Kagome entrara a su casa y en cuanto cerró la puerta se alejó lo más rápido de esta.
— ¿Por qué estas aquí después de que nos trataste como basura? —Se detuvo junto a su auto y una sombra salió de detrás de los árboles.
—Así que aquí es donde vive esta mujer—Miró hacia el pequeño templo — ¿Una sacerdotisa? —
—No te atrevas a hacerle daño Sesshoumaru, ella no es ningún peligro para ti—
—Ella no me interesa ¿Por qué le has revelado tu vergonzosa naturaleza híbrida? —Inuyasha apretó sus puños, Sesshoumaru sí sabía como hacer que él perdiera la cordura —Al parecer te gusta enredarte con humanos—
— ¡Ese no es tu problema! —
—Estoy de acuerdo, pero no olvides que la sangre de demonio también corre por tus venas—Agregó serio.
— ¿Y eso qué? —
—Que no debes permitir que los humanos intervengan en asuntos youkai, ni revelar nuestra existencia—Sesshoumaru se dio la media vuelta y comenzó a alejarse.
—No lo hice, ella lo descubrió, tiene el don de la premonición; ella intentaba advertirte de ese hanyou araña—Inuyasha intentó alertarlo, pero Sesshoumaru ni siquiera se tomó la molestia de verlo.
—No les incumbe a ninguno de los dos, no te metas—advirtió.
—Habrá otra victima y sólo Kagome sabe de quién se trata—Esta vez Inuyasha pudo llamar la atención de su medio hermano, quien sólo miró de soslayo y continuó su camino. —Maldito—masculló el joven híbrido y subió molesto a su auto y se fue rumbo a casa de su novia, quien impaciente ya le esperaba.
Kagome estaba a punto de acostarse cuando sintió de nuevo aquella presencia, era él. El medio hermano de Inuyasha. Se levantó de un salto, bajo corriendo las escaleras y de la misma manera salió del templo, pero ya no había nadie afuera de este, sólo alcanzó a ver el auto de Inuyasha alejándose, le pareció extraño que recién ahora se fuera, pero reconsiderándolo bien y tomando en cuenta la presencia que detectó, ella supo con certeza que el demonio blanco había estado allí, con Inuyasha.
—Espero que no hayan peleado…bien Kagome no debes esperar, vayamos a buscarlo—caminó decidida a cambiarse de ropa para buscarlo, tomó el teléfono con la esperanza de encontrar a Eri, su antigua compañera de preparatoria para que le dijera la dirección de aquel doctor de cabellera plateada. Por fortuna así fue, Eri buscó en su base de datos, que aunque estas eran confidenciales, para ella no era obstáculo obtenerlos. Kagome tomó las llaves de su auto y fue a la dirección indicada, llamó a la puerta en donde un pequeño hombre le atendió de muy mala gana.
— ¿Acaso no sabe la hora que es? Es una falta de respeto molestar a las personas a altas horas de la noche—
—Discúlpeme—Kagome hizo una reverencia—necesito hablar con el doctor Namikaze—pudo darse cuenta de que este hombre también era demonio, aunque su energía maligna era demasiado débil.
—No ha llegado y váyase antes de me moleste—
—Es importante—
— ¡Ya le dije que no esta! —Y el hombre de baja estatura cerró el portón dejando a Kagome indignada —No basta con que tenga que servirle de chofer a esa mocosa de Rin e ir por ella hasta la media noche, sino que también tengo que lidiar con las admiradoras del amo—musitó.
Kagome se quedó atónita al ver como ese pequeño "demonio" le cerraba la puerta en la cara —Si es necesario esperaré aquí toda la noche—Ella se sentó en su auto a esperar a Sesshoumaru, sabía perfectamente que él no estaba allí, pues no sentía su fuerte presencia, lo único que deseaba era no quedarse dormida, en verdad estaba demasiado cansada.
Por su parte Sesshoumaru buscaba pistas en el parque en donde fue encontrado el cuerpo de su empleada, olfateaba el lugar con la intención de obtener algún indicio de aquel híbrido y aunque tuvo suerte en encontrar el rastro de aquella araña, este desaparecía dentro del mismo parque, como si hubiera aparecido y desaparecido allí mismo. Sesshoumaru gruño molesto.
—"Inuyasha dijo que esa sacerdotisa sabía quien sigue ¿En verdad tendrá ese don? —Salió del parque y subió a su auto, era hora de regresar a su casa y meditar cual sería su siguiente movimiento, si era cierto lo que Inuyasha le comentó, entonces él tenía que actuar rápidamente y atrapar al semi demonio antes de que matara a otro humano.
Kagome observó el reloj que llevaba en su muñeca, era casi la media noche y aquel soberbio hombre aun no llegaba, pero cuando escuchó el ruido de un portón abrirse, ella miró atenta hacia la casa de Sesshoumaru esperando verlo. En cambio, un auto blanco salió de esta, conducido por aquel sirviente que la había tratado de forma tan grosera. No había señales de él. Minutos más tarde el mismo auto regresaba, pero esta vez había dos personas dentro de este, si no se equivocaba era aquella joven que estaba afuera de la oficina de Sesshoumaru.
—Señor Jaken—Llamó la joven.
— ¿Qué quieres niña ruidosa? —
—Hay una persona en ese automóvil—Rin señaló.
—Esa mujer ¡Le dije que se fuera! —
— ¿Otra admiradora? —
—Mi amo bonito tiene su pegue—
Rin entrecerró los ojos e intentó obtener mejor visión de aquella mujer. —"Yo la conozco, es la mujer que estaba con el hombre que se parece al señor Sesshoumaru" —bajó del auto rápidamente, Jaken la llamó sin obtener respuesta.
Kagome observó que Rin se acercaba a su auto, por un instante no supo si encenderlo e irse o bajar e inventarle algo. Tomó la segunda opción.
Rin saludó con amabilidad a la visitante —Hola mi nombre es Rin ¿Quién es usted? —
—Buenas noches, soy la doctora Kagome Higurashi—
—Bien Kagome ¿Qué hace tan tarde en frente de mi casa? —
—Yo…—
—El señor Sesshoumaru no esta, él nunca llega temprano—
—Pero puedo esperar, en verdad necesito hablar con él—
—Es a cerca de lo que discutían esta tarde—
—No…en realidad…—Kagome se petrificó al sentir aquella presencia justo detrás de ella, sus piernas se quedaron paralizadas.
—Rin—La aludida amplió la mirada al ver que Sesshoumaru había aparecido quien sabe de donde.
— ¿Señor Sesshoumaru? —Habló tímidamente.
—Entra a la casa—ordenó.
—Si—Inmediatamente obedeció.
Kagome seguía sin poder voltear, no podía moverse, sintió que un fuerte escalofrío le recorría toda la espina dorsal.
—Le advertí que no se acercara nunca más a mí—Dijo con arrogancia.
—Perdón yo…—Kagome titubeaba al hablar. Ella volteó lentamente para encontrarse con esa fría y dura mirada.
—Perdón es una palabra que no debe usar con tanta ligereza—Le miró fijamente a los ojos —Ahora váyase—
— ¡No!—Contestó rotundamente, ese hombre lograba hacer que ella perdiera el control de sus emociones, se sentía tan furiosa y frustrada.
— ¿No? —Sesshoumaru levantó una ceja —Entonces seré yo quien se vaya—Pero una mano temerosa sobre su espalda le hizo detener su andar.
—Sólo por esta vez…escúcheme—susurró.
Sesshoumaru se volteó bruscamente y sujetó la mano de Kagome y de nuevo las miradas de ambos se cruzaron.
— ¿Por qué debería hacerlo? —
—Porque si sucede lo que vi en mi sueño, aquel hanyou al cual detesta tanto, morirá tratando de defenderlo a usted—Kagome ya había examinado el temperamento de aquel ser plateado en la reunión anterior y sabía que era demasiado orgulloso como para permitir que Inuyasha se sacrificara por él. Aunque ella estaba demasiado atemorizada debía enfrentarlo, pedirle ayuda, no quería que Inuyasha muriera, pues ella aun sentía algo por el híbrido, además muchos humanos perecerían en la batalla.
En unas oscuras ruinas una mujer de elegante caminar y ojos color carmesí se encontraba con un atractivo hombre de larga cabellera castaña y sonrisa malévola.
—Kagura—
—Naraku—
— ¿A que has venido? —
—Tenía tiempo sin saber de ti—
—Ya te entregue tu corazón, te di la libertad hace cincuenta años ¿Qué te trae hasta mi? —Preguntó Naraku con una fría sonrisa en los labios.
—No trates de jugar conmigo Naraku, sé que tienes que ver con el asesinato de anoche ¿Qué quieres en esta ciudad? —
—Yo sólo estoy de paso, Kagura, no sé de que me hablas—
Kagura lo miró en silencio, ella le temía a Naraku, sabía de lo que era capaz y por lo que se daba cuenta, a lo largo de estos cincuenta años él se había hecho aun más fuerte.
—No quiero que me involucren contigo—
— ¿Por qué habrían de hacerlo? Tienes tu propia esencia. —
—Como quieras—
Naraku rió al ver que la mujer se daba media vuelta y se largaba, observaba que ella caminaba molesta y eso le parecía divertido.
—Por fin tengo a los dos hermanos en un mismo lugar, Inuyasha te haré sufrir, tu mujer pagará el que me hayas quitado la oportunidad de quedarme con Midoriko y la perla de Shikon y Sesshoumaru pagará por mi muerte, ha llegado la hora de que seas sentenciado culpable por mi asesinato, o más bien por el asesinato de Onigumo—De nuevo aquella risa malévola se escuchaba por todo aquel lugar.
Continuará…
Hola a todos, saben, me ha costado un poquito hacer este fic, nunca había hecho uno de esta pareja, pero créanme que le estoy agarrando gusto, aunque no soy muy buena, le hago el intento, claro que he tenido ayuda, he leído muchos fics, además he tenido consejos muy buenos, ok quiero agradecerles a todas por leer y dejar sus comentarios y ellas son: Inuyany, Jazmin56, Sele-TheBest, Goshy, AZUL D CULLEN, hekate ama, AllySan, pero sobre todo gracias a AllySan.
Nos vemos pronto, espero que les haya gustado el capítulo.
