Inuyasha y sus personajes no son de mi propiedad, son de la grandiosa Rumiko T.
Notas:
"Lo que esta entre comillas" son pensamientos.
—Lo que esta entre guiones son diálogos—
Lo demás son narraciones mías.
Kagome y el doctor Totosai llevaban casi todo el día analizando las pistas aportadas por los detectives, el modus operandi y las pocas pruebas circunstanciales que se encontraron; el perfil psicológico del asesino estaba siendo adaptado a un ser humano, según los médicos forenses, por la forma y la dirección de las fracturadas en las vertebras de las jóvenes, apuntaba a un hombre de gran fuerza, pero de muy baja estatura , suponían además, que no era muy inteligente en razón de que las victimas eran abandonadas en el lugar de los hechos, lo que indicaba que al asesino poco le importaba si se descubría o no, todas las victimas eran mujeres, pero hasta el momento ellos no encontraban un factor en común.
— ¡Rayos! —Exclamó Kagome con frustración.
— ¿Sucede algo? —El anciano preguntó sin despegar la vista de su informe.
—Por favor maestro Totosai, usted más que nadie debe saberlo—contestó un poco molesta.
— ¿Huh? ¿De que hablas? —Preguntó en espera de una respuesta que él ya conocía.
—Usted y yo sabemos que esta mujer no fue asesinada por un humano—Susurró para que no fuera escuchada por nadie.
—Tienes razón, me preguntaba ¿Cuánto soportarías sin comentármelo? —El hombre rascó su barbilla, su cara se veía algo pensativa.
—Sólo tiene que mirar la cantidad de energía maligna que desprende ese cuerpo, al igual que usted, porque también es un demonio ¿Verdad?—El anciano no contestó. —Veo que no estoy equivocada ¿Cuántos más hay? —
—Muchos—
—Pero su apariencia es humana—
—O de animales—añadió el maestro—La fuerza de las especies no deriva de su habilidad para luchar, sino de adaptarse a los cambios…o al menos eso dijo un tal Darwin, eso nos ha sucedido a nosotros, pero los humanos aun no están listos para adaptarse a la convivencia con demonios—
— ¿La madre de Inuyasha sabía que su pareja era un demonio? —Cuestionó curiosa.
— ¿La madre de Inuyasha? ¡Ah, si! ¡Claro que sabía! Lady Izayoi arriesgó todo lo que tenía por amor a mi amo Inu no Taisho y viceversa, el día que nació Inuyasha, fue el día en el que mi amo murió al intentar salvarlos de los humanos—
—Yo…yo no sabía—dijo con profunda tristeza
—Él sabía que lo esperaban para matarlo, pero tenía que rescatar a su mujer y a su pequeño que estaba por nacer, por cierto… ¿Cómo es que lo conoces a él y a Sesshoumaru? ¿Por qué hasta ahora me preguntas acerca de lo que soy?—
— ¿Un demonio? —preguntó ella y examinó la reacción de su maestro —No hay necesidad de ocultarlo, yo… no lo delataré—
—Sé que no lo harás, pero no has respondido ¿Por qué hasta hoy me hablas acerca de esto? —
—Es extraño decirlo… no sé por qué razón, pero desde el día de ayer he podido sentir las presencias demoníacas—
— ¿Sospechas de algún detonante para este poder? —
—Un sueño—
— ¿Un sueño? —
—Si, en donde están involucrados Inuyasha, Sesshoumaru, un hanyou con forma de araña y los dos detectives que llevan el caso—contestó angustiada.
— ¿Sango y Miroku? —Ella asintió— ¿Tienes sueños premonitorios?
—Algo así.
— ¿Sabes quién es el asesino? —Ella negó en silencio. — ¿Inuyasha sabe de tu sueño?
—Si.
— ¿Y has intentado hablar con su hermano? —Más que una pregunta era una afirmación.
—Si, pero a él no le interesa, poco le importa lo que suceda—
—Ya veo, él me pidió… y creo que es lo mejor, —hizo una breve pausa— él me pidió mantenerte alejada de este caso. Ya veo porque—
—No pienso alejarme —Se negó rotundamente — Inuyasha corre peligro.
— ¿Inuyasha en peligro?—Susurró pensativo—él es muy fuerte, aunque sea un hanyou—
—No pienso dejarlo solo, él…él es muy especial para mi—
— ¿En serio? ¿Aunque sea un hanyou? —
—Si, eso no me importa, aunque…no sé si Kikyou reaccionaría de la misma manera, él la ama.
— ¿Kikyo Higurashi? —Kagome asintió con tristeza —Ella lo sabía desde un principio—El anciano dejó escapar una risa sutil.
— ¿Qué dice? —Cuestionó sorprendida ante el comentario.
—Que ella siempre lo ha sabido, es una gran sacerdotisa y al igual que tú, ella puede sentir las presencias demoníacas.
—Eso…no puede ser verdad—Su mirada se llenó de aflicción—Tal vez por eso él…él la prefirió a ella, porque ella lo aceptó tal como era desde un principio—habló en voz baja para ella misma.
— ¿Huh? ¿Dijiste algo?
—Nada—esbozó una sonrisa forzada.
—Entonces continuemos con el perfil e intentemos averiguar la razón por la cual este ser esta asesinando.
— ¡Pero es un…!—
—Es lo mismo que con los humanos ¿No crees? —Totasai intervino antes de que ella terminara lo que iba a decir. —Los demonios también tenemos un consciente, subconsciente e inconsciente ¿O crees que seamos diferentes? —
— ¿Acaso mandará a los detectives humanos a atraparlo? Eso sería muy arriesgado para ellos—
—No, Sesshoumaru e Inuyasha se encargarán; los humanos lo dejarán como caso cerrado y sin resolver cuando las cosas se calmen—
—Entiendo ¿Cuántas veces han hecho esto? —
—Esta es la segunda vez, Inuyasha se encargó de ese asuntito, pero a cambio dejó un gran desastre—El demonio se rió bajito al recordar y luego dio un puñetazo en la mano indicando que había descubierto o recordado algo importante — ¡Oh! —exclamó el doctor.
— ¡¿Qué sucede?! —Preguntó emocionada.
—Acabo de recordar que tu primer pago ya fue depositado en el banco—
— ¿Eso era todo? —Dejó caer los brazos con pereza.
—Así es, aquí tienes tu tarjeta de débito para que puedas cobrar— Y le entregó el plástico en la pequeña mano de la psicóloga.
Kagome esbozó una gran sonrisa, al darle su primera paga le estaban dando a entender que estaba siendo contratada, que era más que una practicante, que su paga ya no sería simbólica.
De repente su entusiasmo se vio interrumpido por los detectives de homicidios Sango y Miroku, Kagome rogaba mentalmente que no se tratara de otro asesinato.
—Doctor Totosai, traemos más pistas—
— ¡Ah! ¿Qué esperan para decírmelas? —Dijo emocionado.
—Las mujeres que fueron asesinadas habían vivido en un templo, una era sacerdotisa de tiempo completo, otra solamente vivía en uno, pero era empleada de una tienda y esta última chica había vivido en un templo a las afueras de la ciudad, pero eso fue hace muchos años. —Explicó Miroku mientras colocaba los archivos con los datos precisos de las tres victimas —Eso es lo que creemos que tenían en común.
— ¿Sólo ataca a mujeres que viven en un templo?
Kagome se tensó al escuchar la pregunta y pasó saliva con mucha dificultad.
— ¿Los forenses han encontrado algo más? ¿ADN? ¿Algo? —Exigió el doctor.
Miroku negó con un movimiento de cabeza.
—No. Nos sorprende que el asesino no trate de ocultarse, pareciera que tratara de retarnos al dejarlas en el mismo lugar del crimen—Dijo la joven detective.
—No lo creo, más bien busca algo—Habló Kagome con seriedad—Sus movimientos son confusos, tal pareciera que no actúa con inteligencia, pero al no dejar ningún rastro nos dice lo contrario—
—Creo que tendrán que buscar más evidencias físicas—Agregó el anciano.
—Lo sabemos, toda ha sido tan rápido—Contestó Miroku.
—Investiguen con las familias de las victimas, ese es su trabajo—Totosai se dio la media vuelta dando por terminada la conversación —Ahora, si me disculpan debemos volver a lo nuestro, nos veremos mañana —
Kagome sólo escuchó en silencio todo lo que ellos decían y por lo que pudo notar, el demonio estaba alejándolos del caso.
—Esta bien, iremos a investigar—Y la pareja salió de la oficina del psicólogo.
—Kagome, ya es tarde deberías ir a comer, te espero mañana temprano—
— ¿Intenta alejarme también? —Preguntó un poco ofuscada.
—No, en verdad me interesa conocer lo que sabes, me gustaría escuchar tu sueño, pero mañana, eres una humana y no tienes la misma resistencia física de un demonio, ni siquiera has comido en todo el día—Señaló el estomago de su alumna, el cual ya comenzaba a gruñir.
—Es verdad—Contestó sonrojada—Hasta mañana entonces—Tomó sus cosas y salió de la oficina. Kagome caminaba por el pasillo y al pasar por la morgue sintió de nuevo esa esencia demoníaca proveniente de aquel la joven que yacía en la plancha, Kagome se sintió atraída y caminó a paso lento hasta donde se encontraba el cuerpo, lentamente estiró la mano y un fulgor rosado emanó de su esta y comenzó a purificar aquella aura maligna, pero de repente, una gran nube de miasma salió del cuerpo.
Sango acababa de entregar su reporte al compañero en turno, fue a los vestidores, se cambió lo más rápido posible, pues quería regresar a la oficina de los psicólogos para interceptar a Kagome y hacerle algunas preguntas pero por mala suerte, esta ya se había retirado y la puerta estaba cerrada con llave. Regresó por donde vino, deseaba salir lo más pronto posible de allí ¡Vaya que ese lugar le daba escalofríos y más en la noche! cuando de repente una tenue luz que salía por la redondas ventanillas de la puerta de la morgue llamó su atención, se acercó sigilosamente y al observar por los transparentes cristales, sus ojos se abrieron desmesuradamente al ver que esa luz salía de la mano de la psicóloga. Sango se llevó la mano a la boca para evitar gritar, pero se preocupó al ver a la joven tirada en el piso, luchando contra una especie de nube negra que salía del cuerpo que estaba en la mesa del forense, no pudo esperar ni un segundo más, Kagome tenía que darle respuestas en ese mismo momento, pero antes tenía que ayudarla, abrió con fuerza la puerta y Kagome tuvo un sobresalto al escuchar como esta se azotaba con fuerza.
— ¿Qué haces? Aléjate de ese cuerpo ¡Ahora! —Sango trató de alejarla de esa nube ya que notó que esta era venenosa.
— ¡No respires, es veneno! —Advirtió Kagome, aunque fue demasiado tarde, la detective ya había respirado algo del miasma.
Sango estuvo a punto de caer al suelo, pero Kagome la sostuvo y continuó purificando el lugar alrededor de la detective, la colocó en el suelo y caminó con dificultad hasta el lugar de donde emanaba el miasma para purificarlo por completo. Por fin todo estaba tranquilo.
Sango trataba de recuperar su respiración normal, le dolía cada vez que intentaba inhalar.
— ¿Estas bien Sango? —Kagome la observó llena de preocupación mientras le ayudaba a levantarse.
— ¿Qué fue eso? —Habló con dificultad.
— ¿Me creerías si te dijera que no sé que ha sucedido aquí? —Era honesta con la detective.
—Tú y yo debemos hablar, me debes una explicación—Exigió con seriedad.
—Lo haré, sólo dime ¿Qué día? —
—Ahora mismo—
—Pero…tengo cosas que hacer, además no he comido nada en todo el día—Se quejó.
—Entonces hablemos mientras cenamos—
Y ambas salieron de aquel frío sótano, no sin antes asegurarse de que todo estaba bien dentro de la morgue, después salieron de la estación, caminaron en silencio hasta llegar al estacionamiento.
—Vayamos en mi auto, después te traigo para que recojas el tuyo—Ofreció Sango y Kagome asintió.
Llegaron al café de Ayame, en donde esta les ofreció la mesa que estaba pegada al rincón ya que ellas habían pedido un sitio discreto y apartado.
Kagome no dejó de notar que Ayame también era un demonio.
Ordenaron la cena, Kagome comenzó a contarle a Sango lo sucedido en la morgue aunque con pocos detalles pero la detective sentía que había algo más, que la psicóloga le ocultaba algo importante.
—Eso yo lo vi Kagome, pero mi pregunta es ¿Por qué salía miasma del cuerpo de esa chica? —
—No lo sé—mintió—Es algo que me gustaría descubrir.
—Hay otra pregunta que deseo hacerte—Miró fijamente a Kagome— ¿Qué relación existe entre tú y Namikaze? —Observó con detenimiento la reacción de Kagome.
— ¿Namikaze?… —parpadeó varias veces —entre él y yo no existe ni siquiera una amistad, sólo es un superior y ya—Sango supo que ella no mentía.
— ¿Qué hacías tan noche en su casa? —
— ¿Me seguiste? —Preguntó indignada.
—No a ti, a él y debo decir que me sorprendió verte con él y por lo que vi, ustedes aparentan ser otra cosa—
—No, estas equivocada, yo nunca me fijaría en un ser tan soberbio y prepotente como Sesshoumaru Namikaze—Habló con orgullo.
—Ya veo, pienso lo mismo—Sango trataba de ser condescendiente con la psicóloga, poco a poco averiguaría que estaba sucediendo en realidad.
La mesera llegó con la comida de las chicas, estas agradecieron y comenzaron a comer, en ese instante Kagome sintió una presencia muy conocida para ella que estaba entrando al mismo restaurante en el que se encontraba.
— ¡Hola Ayame! —Kagome escuchó aquel entusiasta grito, reconociendo la voz de su dueño.
— ¡Inuyasha! ¡Kikyou! ¿Cómo han estado? —Ayame saludó de la misma manera.
Kagome levantó rápidamente la cabeza al escuchar como él saludaba a la dueña del lugar y fue cuando lo vio entrar, una sonrisa discreta se dibujó en sus labios al verlo de nuevo, pero cuando escuchó que la pelirroja saludaba también a Kikyou, con miedo miró hacia la puerta , por ella venía cruzando elegantemente su prima. Sintió como si la comida se le atorara en la garganta, como la sangre bajaba rápidamente hasta sus pies, listos para correr, sin embargo se quedó estática en su silla.
Tarde reconoció Inuyasha el aroma de Kagome, buscó entre las mesas hasta que dio con ella, allí estaba, tan pálida y callada, su mirada fijada en él. Inuyasha sólo alcanzó a murmurar unas palabras sólo para ella y una sonrisa triste. Kagome sólo pudo mirarlo a los ojos por un instante, hasta que observó que los labios de Inuyasha le decían en silencio "Perdóname" y ella ya no pudo sostenerle la mirada, clavó sus ojos en el plato como si buscara algo en este, lo evadía y él sabía muy bien por que.
—Esta vez dejaremos la orden y nos la envías a la oficina—Comentó el hanyou, Kikyou lo miró desconcertada —Tenemos mucho trabajo ¿Lo olvidaste? —ella frunció el ceño, Inuyasha mentía, pues ellos habían terminado todo el trabajo desde temprano.
Sango había observado en silencio a Kagome, desde como enrojecía violentamente hasta verla palidecer de la misma manera, podía jurar que la joven estaba apunto de llorar, así que rápidamente volteo hacía donde Kagome había mirado hace unos segundos, deseaba saber que la había puesto de esa manera y encontró el causante de todas esas emociones.
—Sabes que no soy psicóloga como tú, pero puedo escucharte.
—No…no hay nada que decir.
—Supe que desde hoy somos compañeras en la estación, puedo ser tu amiga si quieres, te aseguro que no andaré divulgando tus asuntos personales con todo el departamento.
Kagome sonrió ante el comentario de la joven detective.
—Tal vez después.
—Por lo que me he dado cuenta tú sientes algo por Inuyasha Nakamura, pero él ya esta comprometido con Kikyou… ¿Higurashi? —Por fin cayó en cuenta Sango— ¿Son hermanas o algo así?
—Si, algo así, somos…primas.
—Ya veo, estas enamorada del novio de tu prima, eso es problemático.
—No, no estoy enamorada de él, ya no—dijo en voz baja.
— ¿Es pariente de Namikaze?
—Medios hermanos.
—Ya veo, imagino que le pediste ayuda con Inuyasha.
—No. Me gustaría retirarme, prometo contarte todo después, con más calma, ahora…no puedo—Kagome sentía como su voz se quebraba.
— Si gustas te llevaré a tu casa y pasaré temprano por ti, creo que es lo mejor—Sango comprendió la situación por la que la joven estaba pasando, así que se ofreció con amabilidad a llevarla en su auto, pues vio tan afectada a Kagome, que temía que cometiera una locura.
—No, gracias, no deseo molestar.
—Vamos, somos compañeras y me encantaría ser tu amiga.
Kagome terminó aceptando, en verdad se sentía muy deprimida y lo que menos deseaba era conducir, aunque era verdad que ella ya no estaba enamorada de Inuyasha, al verlo junto con Kikyou recordó la traición de estos y el dolor que le causaron.
Ni siquiera terminaron la cena, cuando pidieron la cuenta y se retiraron. La mesera miró con desagrado los platillos apenas empezados.
Se mantuvieron en silencio en todo el camino, Sango miraba de soslayo a Kagome, quien sólo observaba el camino a casa.
—Llegamos, pasaré por ti a las seis treinta.
—Gracias—Se despidió de la detective y entró a su casa, la cual seguía vacía ¡Cuánto necesitaba a su madre en ese momento! Subió corriendo las escaleras, entró a su cuarto y se arrojó a la cama, abrazó su almohada como si su vida dependiera de ella, apretó sus parpados con fuerza para evitar que las lágrimas salieran de sus ojos, pero fue imposible, estas salieron sin consideración. A l verlos de nuevo, se sintió furiosa, traicionada de nuevo, impotente por no poder levantarse de su lugar y enfrentarlos a ambos, decirles lo molesta que se sentía y lo resentida que estaba con ellos, sin embargo, no pudo, sólo se quedó callada, observando su plato, el cual se veía apetitoso, pero sólo pudo sentir el sabor amargo de la traición.
Kagome se levantó al escuchar el teléfono, tal vez sería su mamá y corrió a atenderlo. Era Ayumi, quien le invitaba a salir para festejar el cumpleaños de Eri.
—No tengo ánimos para salir hoy—Dijo con desgano.
—Basta de guardarle luto a Inuyasha, ya han pasado años—respondió Ayumi con severidad—Es hora de que salgas y conozcas otros chicos, mi novio llevará a su hermano…—
—No creo que sea buena idea…—
—Te encantará, además si no vas Eri se sentirá muy decepcionada.
—Esta bien—respondió.
—Pasaré por ti dentro de una hora, te vas a divertir, lo prometo.
Kagome colgó el teléfono y fue directo a la bañera, disfrutando con calma del agua por unos cuantos minutos, después caminó hasta su guardarropa, tratando de encontrar un buen atuendo y lo encontró: un sencillo pero hermoso vestido de tirantes, que le llegaba dos dedos arriba de la rodilla, el vestido era de color azul fuerte y un ligero suéter de color blanco, y zapatillas del mismo tono que el suéter, lucía adorable, ni atrevida, ni recatada, simplemente juvenil, por último tomó su bolso blanco, las llaves de la casa, su móvil y la cartera con algo de dinero. Se apuró a cerrar la casa, dado que Ayumi no tardaba en llegar.
Un auto se detuvo frente a la casa del templo e hizo sonar la claxon y Kagome salió apresurada al escucharlo, bajó corriendo las escaleras de la entrada hasta que vio a tres chicos en el auto compacto de color gris, Kagome pudo distinguir la silueta de su ex compañera de clases.
— ¡Date prisa Kagome! —Gritó Ayumi a manera de saludo y Kagome se subió al auto y este se alejó del templo para ir directo a un distinguido bar, que había sido alquilado para festejar a la cumpleañera.
Totosai le había pedido a Higurashi que se fuera a descansar y él aprovechó para salir de la oficina y buscar a Sesshoumaru para contarle los nuevos descubrimientos hechos por los detectives, llegó directamente a la oficina de aquel demonio plateado, quien lo estaba esperando.
—Que bueno que te encontré, hay nuevas pistas—Sesshoumaru no respondió, pero Totosai sabía que él estaba esperando a que continuara. —Al parecer sólo ataca a sacerdotisas o a quien haya vivido o viva en algún templo—
Sesshoumaru que estaba sentado detrás de su escritorio, con sus codos recargados sobre este y sus dedos entrelazados, se levantó y caminó hacia la ventana.
—Temo que la novia de tu hermano este en peligro, ella es sacerdotisa—
Sesshoumaru miró de soslayo al anciano— ¿Por qué no vas corriendo y se lo cuentas? — y salió volando sin decir nada más.
La información que Totosai había otorgado era relativamente poca para Sesshoumaru, en realidad no significaba nada, sin embargo sabía quien sí podía darle la información completa.
Sólo le bastaron cinco minutos para llegar a aquel casino en donde encontraría lo que buscaba, bajó a tierra y caminó con elegancia hasta la entrada, en donde un joven moreno y vestido con traje ya le esperaba.
—Mi amo le espera, Lord Sesshoumaru—
Sesshoumaru entro al edificio siguió en silencio al muchacho, recorrieron varios pasillos hasta llegar a una puerta, al abrirla se encontró con un hombre alto, de largo cabello negro y ojos azules, que miraba por la ventana hacia toda la ciudad.
—Veo que no te sorprende mi visita—
—No, lo que me sorprende es que hayas tardado tanto en venir—El hombre se giró para mirar directamente a los dorados ojos de Sesshoumaru.
— ¿Qué es lo que saben tú y tus polillas acerca de las cuatro mujeres asesinadas? —
— ¿En serio crees que son cuatro? —Sonrió el otro hombre, quien era un demonio polilla.
—Eso es lo que yo he escuchado.
—Se ve que has pasado demasiado tiempo encerrado con los humanos—aquel demonio se giró de nuevo hacia la ventana—sólo han sido cuatro en esta ciudad— levantó su mano y una pequeña polilla se posó en su dedo—Ya veo—le contestó al pequeño animalillo. —Disculpa, nueva información, como te decía ha habido más muertes en todo el país, me sorprende la falta de comunicación entre las corporaciones policiacas.
—Tsk. ¿Sabes quién es?
—Lo sé, es un hanyou llamado Naraku, o más bien una extensión de él es quien hace el trabajo sucio.
— ¿Por qué matar a las sacerdotisas?
— ¿No lo sabes? —Se mofó el demonio —La perla de Shikon ha regresado a este mundo.
— ¿La perla de Shikon? —Preguntó
—Si, aquella piedrecilla que te cumple cualquier…
—Sé lo que es, dime lo que quiero saber—Sesshoumaru lo miró amenazadoramente.
—No sé moleste Lord Sesshoumaru, se dice que la perla se encuentra dentro del cuerpo de una joven con poderes de sacerdotisa.
—Mata sacerdotisas porque la perla esta en el cuerpo de alguna de ellas—
—En realidad se dice que la dueña de la perla de Shikon ni siquiera sabe que esta en su cuerpo y ni siquiera es sacerdotisa, sólo tiene poderes, más no lo es…aun.
Sesshoumaru se dio media vuelta y caminó hasta la puerta.
—También se dice que…—Sesshoumaru se detuvo antes de abrir la puerta —tienes una nueva amiga con esas cualidades.
—Veo que la palabra privacidad no existe en tu vocabulario.
—Eso es verdad, nada pasa aquí sin que yo lo sepa. Por cierto…Colmillo de Acero no fue lo único que heredó Inuyasha de tu padre, también su gusto por las humanas—Su tono burlón hizo que Sesshoumaru volteara enfadado —ella es la ex novia de Inuyasha, prima de Kikyou Higurashi, hermosa, pero peligrosa sacerdotisa.
—La vida amorosa de ese idiota no me interesa y si esa mujer lo purifica…—Encogió los hombros—me da igual—Sesshoumaru se dio media vuelta y abrió la puerta saliendo de inmediato por ella.
—Deberías hablar con tu amiga, ella sabe mucho más que yo, ella sabe lo que pasará, yo sólo sé lo que pasa y lo que pasó— sugirió la polilla, Sesshoumaru lo escuchó perfectamente.
—"Con que ese Naraku busca la perla de Shikon ¿Una mujer con poderes de sacerdotisa?" —El Lord plateado volaba hacia casa de Kagome —"Ha llegado la hora de que esa mujer y yo hablemos" —Llegó al templo Higurashi, más no la encontró, decidió seguir su rastro.
El ambiente en el bar era completamente alegre, Ayumi y su novio no habían parado de bailar en toda la noche y el hermano de este termino bailando con Yuka, ya que definitivamente Kagome lo rechazo desde un principio.
El mesero se acercó a la mesa en donde sólo estaban sentadas Eri y Kagome, él dejó un par de margaritas y se retiró.
—Vamos Kagome, pruébala, esta deliciosa—gritó Eri para que Kagome pudiera escucharla, ya que la música era demasiado fuerte.
Kagome observó la cara de satisfacción que ponía su amiga en cada trago que le daba a la bebida, la joven psicóloga no estaba acostumbrada a tomar, pero para ella la ocasión lo ameritaba, así que tomó el vaso y comenzó a beber como si de agua se tratase. La falta de alimento, de costumbre y la velocidad con la que bebió el líquido, provocaron que Kagome se mareara rápidamente, logrando sentirse "un poco alegre" por lo que decidió pedir uno más.
Un joven se acercó para invitar a bailar a la festejada, ella aceptó gustosa, pero antes tomó de la mano a Kagome y la obligó a acompañarla a la pista, después de todo, con el tipo de música que estaban tocando en ese instante, no era necesario bailar en pareja.
— ¡Anímate! Bailar en grupo es mejor—gritó de nuevo Eri.
Kagome fingió una sonrisa y se levantó para bailar un poco, se tambaleó al caminar, pero pronto recuperó el equilibrio y comenzó a moverse al ritmo de la música y así estuvieron por mucho rato, hasta que el D.J. cambió el rock por música romántica, las luces se atenuaron dejando un poco oscuro el bar dándole al ambiente del lugar un toque de romanticismo y las parejas comenzaron a formarse.
Kagome se quedó parada por unos segundos, observando como los chicos tomaban de la cintura a las chicas y estas abrazaban el cuello de sus parejas, sonrió con melancolía, sentía que estaba de más en la pista y pensó que lo mejor era irse a sentar, pero de pronto sus ojos se ampliaron sorpresivamente cuando sintió una presencia demoníaca justo detrás de ella, la chica volteó rápidamente para ver al dueño de esa aura, sin distinguir de quien se trataba, fue tan rápido que sólo alcanzó a ver la cabellera plateada de aquel ser, no se detuvo en observar el rostro y lo abrazó de la cintura y escondió su cara en el masculino pecho, cerró con fuerza sus ojos y aspiró el suave aroma de aquel hombre y fue allí cuando ella se percató de que ese aroma no pertenecía a Inuyasha, sino a Sesshoumaru y nuevamente amplio la mirada por la sorpresa, alejándose de inmediato de él como si el sólo tocarlo le quemara.
—Lo…lo siento…en verdad lo siento—se disculpaba con torpeza, sentía que su cara ardía, más no sabía si era por el alcohol o porque estaba roja a más no poder.
—El alcohol hace que las personas actúen como estúpidas—Sesshoumaru se había inclinado para gritarle al oído.
— ¡No estoy ebria!—Kagome bufó molesta ante el comentario. —Y si tanto le molesta ¿Por qué demonios esta frente a mi? —
—Le prometí que la buscaría para hablar y aquí estoy—
— ¿Ya vio la hora que es? —Le mostró el reloj de su muñeca, el cual marcaba las once treinta.
—No es más tarde de la hora en la que usted estaba molestándome en mi casa—Contestó con indiferencia.
—Estoy en una fiesta—
—Fue usted la que insistió en que la escuchara, si gusta me voy—Se dio la media vuelta y comenzó a caminar.
— ¡No! —Sesshoumaru se detuvo—Sólo permítame despedirme de mis amigas y nos vamos—Ella corrió hasta donde sus compañeras estaban, diciéndoles que después las vería, ellas miraron con recelo a aquel hombre que estaba de espaldas e imaginaron que era Inuyasha, no estaban muy seguras de dejarla ir, pero tampoco querían entrometerse.
Kagome alcanzó a Sesshoumaru, quien ya estaba llegando a la salida y caminaron en silencio por un momento.
—Bien, hablemos—Comenzó ella, pero Sesshoumaru estiró la mano exigiéndole algo. — ¿Uh? ¿Qué sucede? —
— ¿No estará pensando en que hablemos aquí? —Él la miró con seriedad—Deme las llaves de su auto—Y ella buscó en su bolso y se las entregó.
— ¿Para qué quiere mis llaves? —Preguntó curiosa.
—Para llevarla a su casa.
De repente Kagome estalló a carcajadas provocadas por el alcohol.
— ¿Qué es tan gracioso? —La miró de soslayo.
—Yo…—volvió a reír con más fuerza—lo siento, lo siento, no volverá a ocurrir.
Sesshoumaru sabía perfectamente que era por el estado en el que ella estaba.
—Es que mi auto esta en la estación, no lo traje—Y volvió a reír.
—Bien, entonces volaremos—Habló con seriedad y la tomó por la cintura.
—Si, si, como no—habló burlona, pero su risa se apaciguo cuando notó que sus pies ya no tocaban el piso.
Continuará…
Notas de autor: bien chicas por si las dudas, quiero aclararles que hago mención de 4 victimas, los forenses tienen reconocidas a 3 por un mismo asesino, quien les rompe el cuello, pero recuerden que existe otra más, la que fue asesina por la araña, en capítulo anterior Totosai se percata de que el aroma que se desprende de el ultimo cuerpo, es idéntico al de el hanyou araña y por eso el anciano solicita la presencia de Sesshoumaru. Bien espero que lo haya sabido explicar, jeje, soy muy mala para eso.
Antes de despedirme quiero agradecer a las chicas que me han estado apoyando y animando con sus comentarios y ellas son: Inuyany, AllySan, Sele-TheBest, hekate ama, Jazmin56 y Goshy, les mando muchos besos a todas, pero en especial, gracias AllySan.
Nos leemos pronto…
