Kagome había llorado ya hasta el cansancio, estaba aterrada, se sentía desahuciada, ella trataba de convencerse así misma de que estaba feliz con que Inuyasha sobreviviera, aun cuando fuera ella la que muriera, pero la realidad era que no quería morir, tenía tantos sueños, tantas cosas por hacer, cosas que aun no había hecho. Huir. ¿Sería esa la solución? ¿Y si esa cosa la seguía a donde fuera? ¿Y si mataba a sus seres queridos? ¡Dios, no!
De repente sintió una gran pesadez en su cuerpo, sus parpados no podían mantenerse abiertos y eso significaba una cosa, algo le sería mostrado y al parecer era importante, de otra forma, la visión aparecería al dormir, en sueño, como siempre; en cambio sentía como si la estuvieran anestesiando, obligándola a dormir aun cuando ella no quería hacerlo. No, no quería ver una vez más su propia muerte, sin embargo ella sentía que era su deber, así que cerró sus ojos resignadamente.
Todo era oscuridad…
—No temas por lo que verás…
—Esa voz…tú eres…
—Midoriko, la creadora de la perla de Shikon. No temas, esto es el pasado…
Kagome había comenzado a soñar, pero esta vez algo era diferente, no estaba en la ciudad, estaba rodeada de varios hombres y si no se equivocaba, por las ropas que veía, ni si quiera estaba en su tiempo.
— ¿Cuándo atacaremos Onigumo? —Preguntó un hombre al mismo tiempo que colocaba una mano sobre su hombro.
— ¿Onigumo? Un momento… —
—Tendrá que ser ahora, sé de buena fuente que ese híbrido que trajo Midoriko se ha ido—Kagome se sorprendió al escuchar estas palabras salir de su garganta.
—Yo no he dicho eso ¿Qué sucede? ¿Por qué no puedo hablar por mi misma? —Miró sus manos, eran las manos ásperas de un varón— ¡¿Estoy en el cuerpo de Onigumo? Estoy soñando que soy él, paciencia Kagome, paciencia, debes observar y después sacar conclusiones—
—Atacaremos antes del amanecer, iremos directo a donde esta la sacerdotisa de la aldea, ella guarda la perla, si se niega a entregarla, maten a cualquiera sin piedad hasta que nos la entregue -
Kagome estaba consciente de que estaba soñando, sin embargo sus pensamientos eran tan lúcidos como cuando estaba despierta.
— ¿Matar? No…no quiero ver como matan a los aldeanos, por favor ¡Quiero despertar!—Recordó la historia de Inuyasha, sabía de antemano que todos los aldeanos habían sido asesinados.
Estaba a punto de amanecer y los hombres de Onigumo avanzaban por la tranquila aldea, el sonido la alarma que era dada por uno de los aldeanos alertaba a los demás que estaban siendo atacados.
Kagome observó que se acercaba rápidamente hasta donde estaba aquel hombre, levantó su mano en la cual blandía una espada y con un golpe certero acabó con la vida de aquel pobre desdichado.
— ¡No, no quiero matar! ¡Detente! No quiero ver esto, quiero despertar—La joven sintió la tibia sangre que empapaba su rostro y entró en pánico, deseaba frenar las acciones de Onigumo, podía sentir todas las sensaciones y emociones del ladrón, pero no podía controlar aquel cuerpo.
Los aldeanos eran sacados de sus casas y amontonados en el centro de la aldea, otro hombre traía a rastras a una mujer anciana, que por sus ropas supo que era la sacerdotisa de ese lugar.
—La perla de Shikón, entrégala—La orden salió de su garganta.
—Señor se equivoca, la perla desapareció hace dos años de la aldea—
— ¡Mientes! —
— ¡Le aseguro que es verdad!—la voz llorosa de la anciana aseguró. — ¡La perla desapareció! —
—Mátenlos a todos—Dijo con indiferencia.
Los sanguinarios hombres comenzaron a atacar con sus espadas a los aldeanos, la sacerdotisa abrazaba los pies de Onigumo suplicando que los dejara.
— ¡Le juro que desapareció! ¡No esta aquí! —las lágrimas surcaban el rostro de la mujer.
— ¡No por favor basta! ¡Déjenlos en paz! —suplicaba Kagome en su interior, pero ella no podía ser escuchada y Onigumo terminó matando a todos, incluso a la sacerdotisa.
—Busquen la perla en aquel templo—
— ¡Señor, es Inuyasha! ¡Ha vuelto! —Alertó uno de los ladrones.
Pero al parecer Onigumo se dio cuenta de inmediato que ese no era Inuyasha, ya que según sus informantes él aun era un niño.
La joven reconoció de inmediato a aquel hombre, era Sesshoumaru, quien caminaba indiferente entre los cadáveres, junto a él estaba un pequeño youkai verde.
— ¿Quién eres? —preguntó uno de los hombres mientras amenazaba al demonio con su arco.
—Sesshoumaru…Sesshoumaru ¡Detenlos! ¡Por favor, detenlos! —
— ¿Fuiste tú quien asesino a estas personas? —Preguntó fríamente aquel demonio blanco.
Una risa malévola por parte de todos aquellos desalmados se dejó escuchar.
—Y te interesa porque…—Desafió el ladrón.
— ¡Humano irreverente! Lo que mi amo haga no te importa—gritó molesto el pequeño demonio.
Kagome reconoció la voz chillona del mayordomo de Sesshoumaru.
—No señor, yo jamás cometería tal atrocidad—habló como si en realidad fuera inocente.
—En realidad no me interesa— Sesshoumaru había dado media vuelta para retirarse y detrás de él el demonio llamado Jaken, pero el zumbido de una flecha lo hizo voltear y con dos de sus dedos la detuvo y de su otra mano libre salió un látigo y comenzó a atacar a los ladrones, cortando y cercenando uno a uno los miembros de aquellos bastardos, su velocidad era impresionante, Kagome y en este caso Onigumo observaban sorprendidos al demonio, estaba paralizado, sólo observado como destazaba a sus hombres, hasta que de repente Sesshoumaru se plantó frente a él.
— ¡Sucio humano…! ¡Fuiste tú quien asesino a estas personas! —Aseguró Jaken — ¡Y además cometiste el error de atacar a mi amo bonito!—
Onigumo no contestó.
—Esto es despreciable, aun para mí —Escupió el demonio blanco.
El ladrón sacó su espada y se paró frente al demonio, tenía miedo e instintivamente intentó defenderse.
— ¿Te atreves a desafiarme?…Humano—Una gélida sonrisa curvó los labios de Sesshoumaru, levantó su garra, de la cual comenzó a escurrir líquido verde y de un solo golpe cortó el brazo con el cual Onigumo sostenía la espada.
—Me repugnas—
El ladrón dejó escapar un grito desgarrador desde el fondo de su garganta al igual que Kagome, quien sentía el mismo dolor que aquel hombre. Ambos corazones, el de Kagome y el de Onigumo latían en uno solo, a un ritmo acelerado, producto del terror que Sesshoumaru les provocaba.
La mirada llena de odio, miedo y rencor se posó sobre los fríos ojos del hijo del comandante perro.
—Veo que aun quieres más—
Despiadado…ese fue el calificativo que Kagome le dio en ese momento a Sesshoumaru.
Onigumo intentó correr, pero Sesshoumaru cortó las piernas de aquel hombre, haciendo que este cayera al suelo, sin poder hacer nada más.
— ¡Detente! —
—Tu mirada me repugna—Y con el ácido de su mano cegó uno de los ojos de Onigumo. —No volverás a mirarme de esa forma—
Onigumo estaba ciego, pero Kagome aun podía ver todo.
— ¡Basta Sesshoumaru! ¡Por favor! —Suplicaba Kagome sin poder ser escuchada.
— ¿Te detuviste tú ante las súplicas de esas personas? —Sesshoumaru lo miró con severidad y molestia—Me repugnas humano—Y se quedó parado frente a Onigumo, quien comenzó a perder el conocimiento.
Sesshoumaru recorrió con la mirada todo su alrededor, arrugó la nariz asqueado por el olor a sangre, el ladrón no había tenido consideración ni siquiera de los niños. Él había ido a arrebatarle Colmillo de Acero a Inuyasha, mas él no estaba allí, no hasta hace unos segundos.
—Veo que Inuyasha ha llegado, veamos si él tiene la suficiente compasión para acabar contigo—
Inuyasha estaba parado frente a él, el mentón del joven híbrido temblaba de rabia y dolor, mientras chasqueaba sus nudillos.
Sesshoumaru lo observó detenidamente, el dolor en los ojos de su hermano pudo haber sido de su agrado en otro momento, sin embargo, era una amarga sensación la que lo embargaba.
Kagome estaba inmóvil dentro del cuerpo del ladrón, estaba observando todo a su alrededor, aun cuando el cuerpo de Onigumo estaba inconsciente, ella podía sentir, ver y escuchar todo lo que estaba pasando.
Inuyasha estaba paralizado ante tal escena, la mirada inocente del joven Inuyasha estaba siendo manchada por el rencor, sentía que la sangre le hervía por la furia, sus ojos estaban fijos en las manos de su hermano, pero su nariz le decía que el olor de la sangre de sus amigos estaba impregnado en las espadas de los desconocidos.
El joven mitad demonio se negaba a aceptar que aquellas personas que lo habían acogido en sus hogares, que le habían permitido jugar con sus hijos, que aquellos que crecieron junto a él ahora yacían destazados frente a sus ojos, no podía creer semejante barbaridad, no quería creer que de nuevo se encontraba solo en este mundo.
— ¿Acaso crees que me daña tu mirada?—Se burló.
— ¿Tú…tú has hecho esto? —Las palabras salía entrecortadas de la garganta del joven híbrido.
—Aunque hice lo que tú no puedes, ya es tarde para ellos—Sesshoumaru no quiso pelear en ese momento por el paradero del Colmillo de Acero, en cambio sólo observó a su hermano quien cayó de rodillas junto a los aldeanos, el pequeño buscaba desesperado algún ápice de vida entre aquellos cuerpos inertes.
—Pero te dejé al principal culpable, has lo que debes hacer—Sesshoumaru señaló con la mirada el lugar en donde estaba Onigumo y se alejó lentamente.
La voz de su medio hermano detuvo su frenética búsqueda. Inuyasha cerró sus ojos por unos breves momentos y luego se levantó, analizó con cuidado el lugar, su nariz le mostraba lo que sus ojos no podían distinguir, el veneno de su hermano estaba solamente sobre los cuerpos de aquellos desconocidos, él pudo escuchar ligeramente los quejidos de una persona y corrió hasta el sitio de donde provenía, tenía la esperanza de que fuera alguno de sus amigos.
Kagome escuchó los pasos de Inuyasha acercándose a ella, cuando estuvo parado a su lado pudo distinguir el odio y el dolor en la cara de aquel jovencito.
—Mátame—La joven sintió de nuevo que la voz salía de su garganta, era Onigumo suplicando que acabara con él.
Inuyasha escuchó a aquel hombre y levantó su garra con deseos de despedazarlo.
— ¿Inuyasha? ¡Inuyasha ayúdame! ¡No puedo moverme! —
El chico estuvo a punto de asestarle un golpe, pero no lo hizo.
—Mereces algo peor que la muerte…sucio humano—las palabras de Inuyasha estaban cargadas de rencor, bajó su mano y se dio media vuelta.
—Pie…dad—Dijo el desdichado.
— ¡Tú no la tuviste con mi gente, mis amigos!—dijo al mismo tiempo que apretaba con fuerza la mandíbula y se alejó de ese lugar.
— ¡No! Inuyasha, ayúdame a despertar, me duele estar dentro de este cuerpo, sé que estoy soñando, por favor escúchame ¡escúchame! —
Pero Inuyasha no podía escucharla, el dolor en su cuerpo continuaba, no podía moverse, sentía el sufrimiento de aquel desalmado, si él no había muerto fue porque el ácido de Sesshoumaru había cauterizado sus heridas evitando que se desangrara.
Las horas transcurrieron lentamente para aquel hombre, aunque Kagome, por suerte, lo percibió como unos pocos minutos, ya que ella era presa de una visión. Él sentía pánico y sus alaridos hacían que ella también tuviera miedo, pero de repente, varios demonios sobrevolaron a su alrededor y uno de ellos habló:
— ¿En verdad deseas morir o prefieres vivir? —
— ¿Ya es de día? Pasó muy rápido—Aunque tenía la sensación de que el tiempo transcurría deprisa, sabía muy bien que fueron dos días en realidad para Onigumo.
—Humano, te pregunte si deseas morir o vivir—
Onigumo no sabía quien le hacía esa pregunta—
—Ese monstruo robó mis ojos, mis manos, mis piernas, estoy encerrado en este cuerpo incompleto—contestó con voz reseca y lastimera— ¿Qué les hace pensar que deseo vivir? Por supuesto que deseo… deseo morir—
— ¿No sería mejor recuperar tu cuerpo entero y vengarte? —
—Eso sería imposible, no puedo hacer otra cosa mas que esperar mi muerte, la cual ya esta muy cerca—
—Danos tu alma y verás que es más que posible; morirás, mas luego renacerás en un nuevo ser y podrás continuar viviendo—
—No tengo nada que perder, ya estoy muerto—
— ¿Qué…qué es esto ?Son demonios, ¡No! ¡Onigumo, le has entregado tu alma a ellos!— De repente un fuerte dolor invadió su cuerpo, Kagome gritó con fuerza mientras que Onigumo reía frenéticamente, ella vio como su cuerpo se incendiaba, intentaba despertar al sentir que su piel se quemaba, sin embargo no pudo hacerlo.
El ardor de piel desapareció rápidamente, Kagome había recuperado la movilidad de su cuerpo, también se percató de que Onigumo había recuperado su vista, al igual que sus manos y sus piernas.
Una voz en su cabeza le hablaba, Kagome también pudo escucharlos.
—Un nuevo cuerpo y una nueva oportunidad para vengarte, pero lo que más deseamos es la perla de Shikon—Las voces resonaban en su cabeza.
—Un…nuevo cuerpo—
—Tu nombre desde ahora es…Naraku—
Y Naraku caminó hasta un pequeño charco para mirar su nuevo cuerpo y rostro.
Kagome puso toda su atención para ver la nueva apariencia de Onigumo, sin embargo ella no podía ver el rostro humano de aquel ser, sólo veía una cabeza de araña. — Y fue cuando entendió todo— ¡Es el asesino! tengo que salir de este cuerpo, debo avisar a Inuyasha que él sigue vivo—
—Naraku—Él repitió su nombre.
— ¿Naraku? —Ella también lo hizo.
—Busca la perla y cumple tu deseo…híbrido—
— ¡¿La perla? —Ella estaba un poco confundida, o estaba soñando con algo que en verdad pasó o se había quedado impresionada con lo que Inuyasha le había contado esa noche.
—Buscaré la perla, me convertiré en el demonio más poderoso de esta tierra y destruiré a aquellos dos—
Kagome vio correr el tiempo, lo vio todo a través de los ojos de Naraku, observó los cambios que este había hecho a su cuerpo, pero en especial vio algo que no había visto antes, cuando él observó su espalda a través de un espejo.
— ¿Una cicatriz en forma araña? —De repente se vio envuelta en oscuridad, haciéndola entrar nuevamente en pánico.
— ¿Qué…qué… sucede? —
—Vas a despertar—
—Esa voz ¡Midoriko!, no aun no, necesito saber más —
—Es hora—
—No vi su rostro—
—Lo siento—
Kagome abrió los ojos, se levantó desesperada y corrió hasta el baño para mirarse al espejo para ver su propio reflejo.
—Dolor…tanto dolor…—Se abrazó a si misma y cerrando sus ojos dejó correr las lágrimas. —Pero fue el castigo que merecía, malvado… ¡No, no, no! no entiendo, pude ver el rostro humano de Inuyasha y el de Sesshoumaru, pero ¿Por qué no puedo ver el de ese hombre?... —Se reprendía a si misma.
—Naraku…
Sango no había podido dormir durante toda la noche, varias veces se levantó intentando ir a la cocina, pero en cuanto abría la puerta y veía a Kirara que la observaba fijamente, se detenía y nuevamente cerraba la puerta, hasta que se armó de valor y fue a enfrentarla.
— ¿Sabes? —Habló la morena, mientras se sentaba a un lado de la camita de su demonio mascota—Si mi padre te trajo aquí aun sabiendo que eres un demonio, es porque algo bueno vio en ti, además…—Estiró su mano y acarició temerosa a la pequeña felina—tú has estado a mi lado durante años, en los buenos y malos momentos—Sonrió dulcemente.
La gatita parecía entender lo que su ama le decía y de un saltó se colocó en los brazos de Sango y ella la abrazó con ternura.
—Tú has sido lo mejor que me ha pasado en la vida desde que ella nos dejo —La abrazó con más fuerza.
Detrás de la puerta de su dormitorio se encontraba el padre de Sango escuchando todo, sin poder evitar recordar a su amada esposa. Ese había sido el primer caso que la estación le dio al detective después de que su esposa murió, varios meses pasaron hasta que dio con el asesino de pequeños demonios, aun recordaba la mirada soñadora de sus pequeños cuando trajo a la gatita a su casa.
— ¿Tienes poderes mágicos? —
—Te sorprendería al ver lo que ella puede hacer—Intervino su padre. —Muéstrale pequeña—susurró al oído de la gata.
Kirara aumento de tamaño y con un movimiento de cabeza y un fuerte rugido le indicaba a Sango que subiera.
Sango la miró dudosa.
—Sube, yo lo he hecho muchas veces—
— ¿Subir? —
De repente el sonido de una puerta que se abría llamó la atención de todos.
— ¿Por qué tanto ruido padre? —Preguntó el joven Kohaku que aun estaba adormilado, frotó sus ojos al ver aquella gran bestia —No me digan, estoy soñando—dijo al no creer en lo que sus ojos veían y simplemente regresó a la cama.
Ambos consanguíneos sonrieron en complicidad, la joven subió al lomo de la gata y esta comenzó a elevarse separando sus patas del suelo. Sango empuñó fuertemente sus manos en el pelaje de la felina.
— ¡Sujétate bien! Y ve con aquella joven y pide una disculpa— el padre de la detective se apresuró a abrir la puerta y Kirara salió velozmente.
Sango sentía miedo y emoción a la vez, todo era nuevo para ella y a la vez no, ya que siempre creyó que aquellos relatos de demonios eran sólo eso, relatos, pero ahora ya no sabía que creer, aunque lo estaba viendo en ese preciso instante, su razón la obligaba a resistirse a creer.
—En verdad creo que ya perdí la razón Kirara, hablemos con Kagome—
Sango llegó al templo y Kirara se convirtió de nuevo en una gatita, la joven detective se paró frente a la puerta meditando por unos instantes la manera en que debía disculparse con la psicóloga, después vio su reloj y vio que eran las cinco de la mañana y le pareció imprudente despertar a esta hora a su compañera, así que dio media vuelta para retirarse, pero la puerta se abrió justo antes de que ella diera el primer paso.
— ¿Sa…Sango? —
—Kagome…yo lo siento—Bajó su cabeza pidiendo disculpas — ¿Te desperté? —
Kagome negó un par de veces con la cabeza.
—No, de hecho llevo ya rato despierta—Sonrió.
Sango pudo observar las ojeras de la joven.
—Tu gato—Señaló con seriedad.
Sango se tensó al ver la seria mirada de Kagome, pero luego se sorprendió al ver lo rápido que ella cambiaba su semblante cansado y triste a uno alegre y travieso.
— ¡También es un demonio! ¡Qué hermoso pequeño! —Kagome arrebató a Kirara de los brazos de su dueña y la abrazó con ternura.
Sango sonrió también, era la primera vez que veía a la psicóloga sonreír.
—Se llama Kirara, es una niña—
— ¡Oh! ¿Kirara?—la sonrisa de Kagome se borró de inmediato. —Así que tú eres Kirara—
— ¿Sucede algo? —
—Ese nombre…—hizo una pausa—no, no sucede nada, pasa Sango, aquí hace frío ¿Te gustaría un poco de té? —caminó hacia la cocina y Sango la siguió.
Ambas permanecieron en silencio mientras el agua de la tetera hervía, Sango había intentado varias veces iniciar la conversación, mas no sabía como empezar, estaba tan apenada por su comportamiento de la noche anterior y Kagome era tan amable.
— ¿Me crees? Sango-chan—
La aludida abrió ampliamente los ojos al ser sacada de sus cavilaciones y ella asintió apenada.
—Mil disculpas por mi comportamiento Kagome, hasta anoche mi creencia sobre demonios era que sólo los adultos y supersticiosos los inventaban para asustar niños o para dar explicación a algo que no podían entender, tú sabes a que me refiero, pero en estos momentos desearía que todo fuera un sueño—
—Tú lo viste en la morgue, lo que pasó con ese cuerpo no era normal—
—Lo sé y sentí miedo—
—Te entiendo, yo también siento lo mismo, tengo miedo al no saber a que nos enfrentaremos pronto, pero ¿Deseas escucharme? —
—Quiero saberlo todo—
—Bien, pero antes hay alguien que debe estar presente y creo que estará muy feliz de venir hoy—volteó a ver a la gatita que estaba dormida en el regazo de la detective —Debería llamar a Miroku, con mucha pena y todo, yo despertaré a Inuyasha y a… Kikyou—el tono de su voz bajo al mencionarlos.
—Si te hace sentir de esa forma no los llames, podemos con esto nosotros tres—
Kagome negó con la cabeza.
—No, ella es una sacerdotisa bien entrenada, desde pequeña mis abuelos y su madre la entrenaron, por lo que sé su poder espiritual es muy fuerte, claro según decía el abuelo, hasta hace poco yo también creía que eran cosas de ancianos para asustar a niños, a ella siempre le emocionó eso de los demonios y poderes espirituales, el practicar con el arco—soltó una pequeña risa—a decir verdad, fue lo único que yo aprendí, a manejar un poco el arco, hasta en eso ella es perfecta, yo nunca sentí esas cosas de las que los abuelos hablaban…hasta ahora y debo confesar que me aterra—
—Entiendo. Bien nada me dará más gusto que despertar al holgazán de Miroku—Algo que caracterizaba a Sango era su prudencia en ciertos temas. —Olvidé mi celular, estaba tan emocionada, que olvidé cambiarme de ropa—sonrió.
—Por allí esta el teléfono, yo marcaré de mi celular a Inuyasha—
— ¿Qué hay del doctor Namikaze? Imagino que él también debe escuchar esto—
Kagome amplió los ojos y las terribles imágenes que vio en sueño regresaron a su mente.
—No, a él no le gusta el trabajo en equipo— y comenzó a marcar los números en el teléfono sin dar otra explicación acerca de Sesshoumaru.
El sonido del teléfono despertó a Inuyasha, quien de un saltó se levantó a contestar, imaginó muchas cosas malas, alguna emergencia, pues nadie lo llamaba a esas horas.
Kikyou también lo había escuchado y debido a la quietud de la madrugada alcanzaba a oír la voz de aquella joven hasta donde ella estaba, su corazón se aceleró y no pudo evitar pensar que últimamente ellos se frecuentaban demasiado, y temía que Inuyasha la dejara para volver con su antigua novia; tan sumida estaba en sus pensamientos que no puso atención a la conversación.
—Era Kagome—
—Escuché—
—Hay nuevas pistas —
—Ve, por mí no te detengas—
— ¿Y que esperas para vestirte? Quiere que vayamos los dos—
El corazón de la abogada se aceleró desbocado, era el día en el que ellas por fin se enfrentarían y estaba dispuesta a aceptar las consecuencias, no, eso no, lucharía por el amor de Inuyasha, ella lo amaba y no se resignaría a perderlo.
—Apenas pasan de las cinco ¿No pudo esperar un poco más? —
Inuyasha encogió los hombros.
—Es igual a ti, nunca pueden esperar un poco más ¿Por qué te sorprende? —
—Es hora de enfrentarla—
—No lo veas así, vamos Kikyou esto es más grande que nosotros, algo malo pasa y nosotros debemos detenerlo ¿Acaso no hacen eso las sacerdotisas? —
Ella sonrió con tristeza.
—Pero tú no eres sacerdotisa… híbrido—
Inuyasha sonrió con melancolía.
—Hace tiempo que no me llamabas así. Andando, Kagome tiene algo que decirnos—
En otra parte, en un oscuro y lúgubre sitio fuera de la mancha urbana, los gritos de un hombre irrumpía el silencio que apenas era disipado por el trinar de las aves.
— ¿Sucede algo, Naraku? —Preguntaba un pequeño albino al hombre que yacía en un futon.
El hombre se levantó al escuchar la voz del engendro y corrió hasta el espejo que portaba una pequeña niña.
—Ese sueño…hace más de cuatro siglos que no soñaba con eso—Pensó angustiado—aun siento el dolor que ese ácido me provocó—Miró sus brazos. —Inuyasha, Sesshoumaru sentirán algo más que dolor—sonrió retorcidamente.
— ¡Hakudoshi! —
—Estoy a tu lado, deja de gritar Naraku—
—Busca la perla y también quiero que busques a Kagura y la traigas, mi venganza esta a punto de cumplirse, los dos hermanos están en la misma ciudad —
—Kagura no esta en la ciudad, pareciera como si la tierra se la hubiera tragado, no debiste darle su libertad, además ¿Crees que lograrás derrotar a los hermanos sin la perla? Deberías tener paciencia—
—Durante siglos he absorbido a miles de demonios, sus poderes me han hecho crecer, en cambio esos dos han perdido su capacidad combativa al tener que dejar de actuar como lo que son ¿Crees que puedo perder?... Yo no—La risa de Naraku hacia eco en aquella antigua construcción.
—Yo no…—
El teléfono sonó un par de veces hasta que el médico de plateada cabellera tomó el auricular.
—Sesshoumaru—
—Sesshoumaru, acabo de llegar a Tokio—dijo una emocionada mujer.
— ¿Kagura? Escucha, debes…—
— ¡Lo conseguí, ya esta todo listo para la semana de conferencias médicas, conseguí a los mejores expositores! —ella hablaba tan rápido.
—Escucha Kagura—
—Me debes una Sesshoumaru—
— ¿Aun estas en el aeropuerto? —
—Sí, espero mi equipaje—
—Compra otro boleto, a donde quieras, yo lo pago, pero vete—
— ¿De qué hablas? He trabajado durante meses para este proyecto, lo menos que merezco es ver como ha salido todo—
—Kagura estas en…—
— ¡Ah! mi taxi ha llegado, nos vemos en la oficina—Y terminó la llamada.
— ¡Maldición! —Sesshoumaru tenía la certeza de que ella era la mujer de la que Kagome hablaba. — ¡Jaken, el auto! —
El pequeño hombrecillo se apresuró hasta donde su amo se encontraba.
—Amito, apenas van a ser las seis de la mañana ¿Por qué sale tan temprano? —
—Sólo saca el auto—ordenó. —Voy a otro lugar—dijo esperando encontrar a la dama de los vientos en su casa.
Continuará…
Gracias a las que han leído este fic y una disculpa por la tardanza, pero es que ya no tengo compu y me doy mis escapaditas en la de mi papá o en la del trabajo, jejeje.
Bueno quiero agradecerles a quienes dejaron un comentario y ellas son: AllySan, Goshy, hekate ama y a Gata de la luna, pero en especial…gracias AllySan
