Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son de Rumiko T.

Capítulo 10:

Los tres jóvenes se mostraban algo inquietos; sólo faltaban Inuyasha y Kikyou por llegar. Kagome solo pensaba en qué decir en el momento en que su prima cruzara por esa puerta y a decir verdad no sabía cómo actuar; Miroku y Sango por su parte podían darse cuenta de que la psicóloga estaba pasando por un momento algo angustiante.

Sango le había pedido a su compañero que trajera todo le que tuviera de apuntes y fotografías para analizar lo que tenían del caso mientras esperaban, sin embargo Kagome caminaba nerviosa de un lado al otro, sin lograr concentrarse e impidiendo que sus compañeros lo hicieran.

—Escucha Kagome— Sango llamó la atención de la joven mujer —no sé lo que ha pasado entre ustedes, pero tienes nuestro apoyo, al menos el mío—volteó a ver Miroku, quien se encontraba observando y jugando con la pequeña Kirara, la detective sonrió con dulzura, pues el parecía un niño con juguete nuevo, si al menos no fuera tan mujeriego, sería el padre perfecto.

Miroku se sintió observado y giró su cabeza para encontrarse con la sonrisa de aquella chica.

— ¿Sucede algo? —preguntó el moreno.

Ella negó en silencio.

—Disfrutas todo esto de los demonios ¿Verdad? —Cuestionó divertida.

—Algo—

—Sí, sí…algo—contestó con sarcasmo y rió por dentro.

Ambos detectives guardaron silencio y miraron sorprendidos a la psicóloga, quien corrió hasta la puerta como desesperada.

—Inuyasha y Kikyou han llegado—habló agitadamente, Miroku y Sango podrían jurar que estaba hiperventilando.

—Ya veo—dijo Miroku mientras se lleva una mano a la barbilla—Kikyou Higurashi… ¿Qué parentesco tienen? ¿Hermanas? —

—No, primas—contestó con voz temblorosa.

—Por tu manera de comportarte puedo darme cuenta que han peleado por algo más que una blusa o un maquillaje que alguna de las dos tomó sin permiso—Miroku habló con seriedad.

— ¿Acaso intenta psicoanalizarme? —Lo miró seriamente, al parecer ese hombre, era demasiado inteligente y también atrevido; bueno por algo era detective y no un simple policía.

—No—Miroku sonrió satisfecho—no se necesita ser psicólogo o detective para darse cuenta que usted está en ese estado porque peleó con la abogada por un hombre y que ese hombre es aquel que está en ese auto con ella—Y abrió la cortina señalando a Inuyasha.

—Basta Miroku, es suficiente—le reprendió Sango.

—Vaya, creo que usted se equivocó de profesión, pienso que es mejor que yo en psicología—sonrió.

— ¿Eso cree? —

Ella asintió.

—En nuestro trabajo es necesario aprender de las personas y su comportamiento—Miroku habló con orgullo.

—Ya veo, pero creo que ustedes son mucho más de lo que dicen, por algo Midoriko me dijo que podía confiar en ustedes—

—Kagome—Interrumpió Sango—dudo que ella entre aquí sin que tú salgas y la invites personalmente—

—Será mejor que arregle ese asunto pendiente, después de todo…nada sucede sin alguna razón—

—Deberías escucharlo, lo que este hombre tiene de mujeriego lo tiene de sabio—Miroku la miró confundido, si había alguien que nunca lo escuchaba era Sango— ¿Qué? No pongas esa cara, siempre te escucho—él enarcó una ceja—el que nunca te haga caso es otra cosa—

—Entiendo—respondió calmado—vaya señorita, creo que nuestro deber lo amerita—

Kagome caminó en silencio, pero se detuvo por breves instantes, levantó su temblorosa mano hacia el picaporte y esta cayó pesadamente a su costado. Le estaba costando mantener la calma.

—Yo…—

—Lo que decidas, yo te apoyaré—dijo condescendiente la detective.

—Sango…—trató de reprender Miroku.

—No, Miroku, si ella no quiere hacerlo es su decisión—

—No, Sango, él tiene razón, ya pasó mucho tiempo, ya es hora de terminar con este resentimiento, ya es hora de liberarme de este sentimiento—

—Entiendo, como te dije, yo te apoyo—

Inuyasha había estacionado el auto frente a la entrada principal del templo pero no había hecho ni el más mínimo intento por bajar del auto, puso ambas manos en el volante, respiró hondo y cerró los ojos suavemente esperando a que Kikyou le dijera que estaba lista para enfrentar a Kagome. Él la había observado durante todo el trayecto, sabía que estaba demasiado nerviosa, aun cuando mostraba esa apacible cara tratando de disimular; lo notó porque sus manos nunca dejaron de empuñar su costosa falda. Inuyasha sabía que Kikyou era una de las personas que lucían siempre impecablemente, pues ella le enseñó que, "aunque la apariencia no formaba a la persona, ésta era importante para que los demás te trataran con respeto", sin embargo no todos eran personas respetables, no todos eran como ella. No, ella no sólo lucía endemoniadamente impecable, lo era.

—Bajemos—dijo ella mientras abría la puerta y bajaba del auto. Observó a Kagome que ya los esperaba en la parte final de las escaleras justo en la entrada. Titubeó al subir el primer escalón ¿Qué debía decirle? No lo sabía. Se sentía culpable y no sabía como excusarse con aquella joven a la que lastimó tanto, no podía levantar la cara y sostenerle la mirada, sin embargo era soberbia en todo lo que hacía, así que levantó su cabeza desafiante y la miró directo a los ojos tratando de escudriñarla y pudo notar que ella estaba preocupada y seria; muy seria, tan diferente a lo que era antes y todo por su culpa.

Caminó a paso decidido, hasta quedar frente a ella.

Kagome había corrido a recibirlos, pero al llegar a la entrada sus pies se detuvieron como si ellos pensaran por sí mismos, la vio bajar del auto, quiso caminar hasta ella, pero sus pies no respondían, en cambio Kikyou caminó con gallardía hasta las escaleras, por unos instantes sus miradas se cruzaron y fue justo en ese momento en el que ella se dio cuenta que su prima cargaba con una gran culpa sobre su espalda y pensó decidida que ya había sido suficiente.

Inuyasha las observaba preocupado.

—Inuyasha me contó todo, vamos al…—

Kagome se lanzó a su cuello y la abrazó con mucha ternura, Kikyou se sorprendió con ese espontaneo gesto muy particular de ella y pudo sentir la calidez de este.

—Lo…siento…—la mayor habló con debilidad y correspondió el abrazo.

—Ya pasó—Kagome la soltó—después hablaremos con calma—dijo con voz suave y apacible.

Kikyou la miraba aun sorprendida, su prima había madurado mucho y estaba orgullosa de ella.

—Inuyasha—Kagome llamó al abogado de plateada cabellera que miraba enternecido la escena, en su rostro se dibujo una dulce sonrisa llena satisfacción.

—Inuyasha, allá adentro hay alguien a quien debes ver—la joven gritó señalando la casa y tomó a Kikyou de la mano guiándola hasta la puerta de la entrada.

Inuyasha se quedó inmóvil por un instante, dentro de esa casa había una esencia que él conocía, lo recordaba débilmente, creía estar equivocado, no deseaba albergar ninguna esperanza, mas debía averiguarlo aunque se llevara una decepción. Inuyasha subió corriendo las escaleras. No, no podía estar equivocado ¿O sí?

Al llegar al templo Kikyou tuvo la sensación de que un pequeño demonio estaba dentro de la casa, pero recordó lo que Inuyasha le había contado y no se preocupo por la presencia de este.

Cuando Kagome abrió la puerta y estaba a punto de hacerse a un lado para que Kikyou entrara, Inuyasha llegó y les dio un ligero empujón a ambas mujeres hacia un lado y entró con rapidez a la sala, sorprendiendo a los visitantes que se encontraban allí.

La pequeña Kirara saltó del regazo de la joven Sango, quien de inmediato se paró frente a Kirara a manera de defensa.

La gata se transformó en una pantera demonio y un fuerte gruñido salió de su garganta.

Miroku miraba desconcertado, al parecer Inuyasha y Kirara se conocían, pero eso no era lo que más le asombraba, sino la forma que había tomado la pequeña y dulce gatita.

— ¡No te le acerques! —amenazó Sango.

Kagome y Kikyou entraron rápidamente después de Inuyasha, ambas estaban confundidas; Kagome pensaba que el híbrido estaría contento de ver a Kirara y Kikyou pensó que ambos eran enemigos antiguos por eso levantó su mano lista para purificar a aquel demonio, sólo que Kagome la sujetó con suavidad la mano, dándole a entender que todo estaba bien.

Kirara dio un empujón a Sango que cayó sobre el sofá y luego aquella gran bestia saltó sobre el abogado de plateada cabellera; todos miraron asustados lo que estaba sucediendo, todo fue tan rápido que no pudieron, ni supieron cómo reaccionar.

Inuyasha atrapó en el aire a la gata que saltaba sobre él y esta dio grandes lametones en las mejillas de aquel quien no veía en siglos.

—Kirara, gata mañosa—rodeó el cuello de la gata con un brazo y con su mano libre frotaba sus nudillos en la cabeza del demonio a manera de saludo. —No me has olvidado—y la abrazó con fuerza—te busqué por mucho tiempo —

Los demás suspiraron aliviados y miraron con ternura a aquellos dos, aunque Sango se preocupó demasiado al pensar que Kirara dejaría a su familia por regresar con su antiguo dueño y bajó la mirada con tristeza, Kagome pudo notar la aflicción de la detective, así que se acercó a ella y colocó la mano sobre el hombro de la joven.

—Tranquila, se ve que ella te quiere—

Kirara se retiró de Inuyasha y caminó hasta donde estaba Sango, regresó a su tamaño normal y saltó a los brazos de su dueña, dejó escapar un pequeño sonido parecido a un maullido y recostó su diminuta cabeza sobre el pecho de la morena.

— ¡Oh! —

Miroku carraspeó para llamar la atención de los presente—Bien, ¿Puede decirnos ahora que es lo que sucede? —preguntó, dando por finalizado los preliminares.

Inuyasha observó con desconfianza a aquel hombre que estaba en casa de Kagome y se preguntó ¿Qué hacía un humano como él en el asunto de demonios? Esto no pintaba bien para él.

—Lo haré—miró directo a los ojos de Inuyasha—es acerca del caso de las jóvenes asesinadas, sé quién es el asesino y qué es lo que busca—

Todos la miraron con sorpresa.

—Bien y ¿Quién es? —Preguntó Sango.

—Inuyasha – dijo Kagome mirando directamente al hanyou—Onigumo está vivo—

— ¡Imposible!- Exclamó Inuyasha con una expresión confundida en su rostro— Aun cuando hubiera sobrevivido al ataque de Sesshoumaru, él era sólo un humano y no viven tanto como los demonios y…—

—Esto es serio Inuyasha, él le cedió a los demonios su alma y lo que quedaba de su cuerpo y se volvió un hanyou—

— ¿Qué? ¿Se puede hacer eso? —Inuyasha palideció.

—Se puede, Inuyasha—intervino Kikyou por primera vez en la conversación— ¿Y qué es lo que busca? —

—La perla de Shikon—

— ¿Aquella que puede cumplir cualquier deseo? —preguntó Miroku, mientras Sango miraba a todos sin entender de lo que hablaban.

—Esa misma—contestó Kagome con seriedad.

—Creí que sólo era un cuento—dijo el detective—pero… ¿Por qué mató a esas chicas? —

—Según lo que me dijo el doctor Namikaze Sesshoumaru, es porque una de ellas pudo haber tenido la perla—

— ¿La encontró? —Sango cuestionó preocupada, si esa perla cumplía cualquier deseo no quería imaginar que sería lo que ese asesino pediría.

—No, aun no, por eso seguirá asesinando—

— ¡Debemos detenerlo! —decía una apasionada Sango.

—Lo sé, pero no sé por dónde buscar, no pude ver su rostro actual…yo…—recordó el rostro de aquella araña y de todo lo que vivió en aquel sueño. —Busca vengarse de ti y de tu hermano—

—E-espera Kagome ¿Lo has visto? ¿Cómo? —Inuyasha preguntó desconcertado.

—En mis sueños, pero no sé si sea la verdad o es porque quede impresionada por lo que me contaste anteriormente—

Kikyou recordó cuando Kagome advirtió a su padre de su propia muerte.

—Inuyasha, en mi sueño tú lo dejabas con vida, estaba en muy mal estado, pidió que lo mataras y no quisiste hacerlo—

Inuyasha lo meditó por unos segundos, era verdad él quería castigarlo por lo que había hecho.

—Es verdad, Sesshoumaru lo dejó vivo, parecía que me estaba retando a matarlo y me arrepiento de no haberlo hecho—habló dolido.

—Eso ya es pasado abogado, ahora concentrémonos en atraparlo antes de obtenga la perla—interrumpió Miroku. — ¿Sabe quién es la próxima víctima? —se dirigió a Kagome.

—No, pero en mi sueños siempre aparece una mujer que creo es una pieza clave en todo esto y es algo muy inquietante ya que si ella muere todos culparán a Sesshoumaru y entonces su secreto se descubrirá, desatando así la guerra entre humanos, demonios y semi demonios—

—Esto es malo—habló Kikyou—no podemos permitir que todo se descubra, no quiero que te pase nada—tomó la mano de Inuyasha, quien la miró con más cariño y devoción que nunca.

Kagome notó la manera en que esos dos se miraban y las palabras de su prima le hacían aun más evidente lo que ambos sentían.

Sango observó el semblante de la psicóloga y decidió dar por terminada la plática entre los dos abogados.

— ¿Si esa mujer muere todos lo culparán? Entonces significa que esa mujer es muy allegada al doctor Namikaze o es una rival declarada de este ¿Acaso enemigos? —

—No lo sé, pero aun con la muerte de esa mujer, él no obtiene todo lo que quiere, pero lo que he notado en sueños, es que esa mujer está demasiado ligada a Sesshoumaru. Díganme detectives ¿Qué tienen en común las victimas? —

—Que todas vivían en un templo o vivieron alguna vez en uno—respondió Sango. —Tiene que estar muy ligada a él, de otra forma no tendría porqué ser él, el primer sospechoso—

—Así es, lo que indica que buscan a alguna sacerdotisa—Miroku llevó su mano a la barbilla pensativo—Lo que quiere decir que la que tiene la perla es una sacerdotisa—

— ¿Acaso es ella la sacerdotisa? Es decir la de tu sueño—

—No necesariamente—interrumpió Kagome—Sesshoumaru me dijo que tenía poderes de sacerdotisa o había entrenado como una, pero no lo es—

—Sería alguien como tú Kikyou, tú practicaste por muchos años, pero no eres sacerdotisa y tus poderes son grandiosos—intervino Inuyasha.

—Eso significa que usted puede estar en peligro—respondió Miroku mientras se acercaba y tomaba la mano de la joven abogada—Dígame una cosa ¿No le gustaría tener un hijo conmigo? Yo la protegeré—

Las miradas asesinas de Inuyasha y Sango hicieron que el pervertido mujeriego soltara la mano de la mujer como si esta quemara.

—No le haga caso, este hombre sufre alguna enfermedad del cerebro y creo que esta ya lo consumió por completo—La joven detective agarró a su compañero de la oreja.

—Bien, volvamos a lo nuestro: la siguiente víctima. Debemos salvarla y detener a Naraku, Inuyasha ¿Sabes si tu hermano se ha involucrado con alguna sacerdotisa?—continuó la psicóloga.

— No lo creo, aunque él se ha involucrado con humanos en estos últimos años, dudo que haya alguna sacerdotisa que lo conozca y que no haya intentado purificarlo— dijo con seriedad el hanyou. —Espera… ¿Naraku? —Inuyasha la miró confundido—creí que habías dicho Onigumo—

—Es cierto, no te lo conté, ahora él se hace llamar Naraku—añadió.

—La chica que fue asesinada trabajaba con mi hermano y con Namikaze; ella sí vivía en un templo, su padre fue un monje—La detective trataba de unir cabos sueltos y aun así no llegaba a nada en concreto.

—No lo sé—Kagome respondió frustrada.

Sesshoumaru había ido directo al departamento de Kagura, suponía que ella llegaría a casa después del viaje, mas ella nunca llegó. La esperó por más de una hora mientras llamaba a su celular y dejaba decenas de mensajes exigiendo que se comunicara con él; también fue al aeropuerto e intentó seguir su rastro, pero inexplicablemente, este desapareció a mitad de la carretera y después nada. Se adentró al pequeño bosque donde terminaba el rastro, sin embargo no hubo nada que le indicara que ella estaba allí y ya estaba anocheciendo, así que de nuevo regresó al departamento de la mujer demonio del viento, obteniendo el mismo resultado que antes, decidió entonces ir a visitar a aquella molesta sacerdotisa.

Por otra parte, Miroku, Sango e Inuyasha observaban con detenimiento las fotos de las víctimas, mientras que Kikyou escudriñaba en los viejos libros del abuelo y Kagome estaba en la cocina pues pensó en hacer un poco de té y bocadillos para los invitados, ya que ninguno de los presentes había tomado o ingerido alimento durante todo el día.

Kagome estaba a punto de llenar la tetera de agua cuando la presencia de Sesshoumaru la paralizó por completo haciendo que esta resbalara de sus temblorosas manos, su rostro palideció por completo y sus labios se resecaron al girarse y encontrarlo frente a ella mirándola fijamente.

—Lamento llegar tarde a la reunión, pero nadie me aviso que había una—hablaba fríamente, pero el tono de su voz estaba completamente cargado de sarcasmo.

Ella quiso decir algo, pero aun sentía que su piel le ardía por causa del ácido que Sesshoumaru había destilado por sus garras; por más que todo había sido un sueño, lo que vio y lo que sintió al vivir los recuerdos de Onigumo fue muy real. Ella no dejaba de mirar las manos de aquel doctor.

Un aroma muy conocido alertó al hanyou, quien corrió rápidamente hasta donde se encontraba Kagome, al mismo tiempo que el sonido metálico de la tetera desconcertaba a la detective y a Miroku que había alcanzado a detectar la esencia demoniaca que en ocasiones anteriores ya había sentido.

Inuyasha llegó a la cocina y se encontró con aquella imponente figura, al principio pensó en no armar un escándalo; primero, no quería que su prometida pensara que él sentía celos, y segundo, no quería que Kagome pensara eso mismo, pero cuando observó el pánico en el rostro de su ex novia y el olor de la adrenalina llegaba hasta su olfato supo que algo estaba mal, ella tenía miedo de su medio hermano; no, era mucho más que eso, era terror, algo que ella no había mostrado al principio; ya se le hacía raro que Sesshoumaru no estuviera presente.

Sesshoumaru enarcó una ceja intrigado, algo había cambiado en aquella mujer ¿Desde cuándo ella le temía de esa manera? ¿Por qué?

— ¡Bastardo! —Inuyasha soltó el primer golpe logrando rozar el pómulo de su medio hermano.

— ¡Inuyasha! —Gritó Sango tratando de interrumpir la pelea, pero Miroku la detuvo.

— ¡Sango! —La sujetó con fuerza de los hombros, ese demonio podía destrozarla con facilidad, podía sentirlo—no te metas—ella se detuvo poco convencida.

Sesshoumaru saltó hacia atrás, pero fue alcanzado por el puño del híbrido, pues lo tomó desprevenido ya que lo que veía en aquella mujer lo había desconcertado demasiado.

—Inuyasha—habló parsimonioso mientras con uno de sus dedos rozaba la parte que había sido golpeada —el único bastardo aquí eres tú—Inuyasha alcanzó a distinguir una mueca de burla en el rostro del mayor, pues este le estaba recordando su naturaleza híbrida.

— ¿Qué es lo que le has hecho a Kagome? —gritó enfurecido al ver a la joven en ese estado.

—Te aseguro que nada que ella no me haya permitido—

El hanyou retorció aquellas palabras y conociendo a Sesshoumaru pensó en seguirle el juego.

—No creo que te haya permitido más allá de lo que deseas, pues ella aun me ama, ya te lo dije—

—Imbécil—musitó el demonio al escuchar aquellas tonterías, Inuyasha no midió lo que estaba diciendo, sabía perfectamente que sólo lo hacía para molestarlo, pero el abogado nunca tomó en cuenta la presencia de su compañera, la cual estaba justo detrás de él. Sesshoumaru notó como la psicóloga arrugaba el ceño con molestia. Pues el comentario del híbrido fue más que imprudente, lo cual confirmó sus sospechas, entre su medio hermano y la humana ya no existía ninguna relación.

Kagome no podía creer lo que escuchaba ¿Cómo se atrevía Inuyasha a jugar de esa manera? Ellas eran primas ¿No había hecho ya suficiente daño? Miró furiosa al hanyou y este retrocedió muy avergonzado al notar el terrible error que acababa de cometer.

Kikyou había estado en la pagoda de aquel templo, justo en donde el abuelo guardaba los viejos libros, pero en cuanto sintió la fuerte presencia de Sesshoumaru aventó el libro que tenía en sus manos, tomo el viejo arco y el carcaj que adornaban aquel muro de madera y corrió hasta donde la energía de aquel demonio se desprendía, cuando llegó notó que su prima estaba paralizada e Inuyasha estaba discutiendo con aquel ser, por la forma en que se dirigía a este pudo adivinar que se trataba de su medio hermano, cuando escuchó aquellas palabras dichas por el hanyou sintió que el mundo se desmoronaba frente a sus ojos.

Miroku y Sango observaban detenidamente aquella escena, no sabían de que manera actuar, pues por lo que acababan de escuchar tal parecía que dos machos estaban marcando su territorio.

Kikyou frunció levemente el ceño y miró con molestia al hanyou.

Sesshoumaru pudo sentir el gran poder de la mujer de Inuyasha, entonces entendió lo que Totosai le había querido decir cuando mencionó que ella era una poderosa sacerdotisa ¿Sería que ella era la portadora de la perla?

Fue un leve instante de distracción para el demonio, pues el hanyou estuvo muy cerca de golpearle una segunda vez.

— ¡Idiota! Por tu maldita culpa Onigumo busca vengarse de nosotros y te llevarás entre las patas a los humanos—Inuyasha apretó con fuerza los nudillos, estaba en guardia, listo para continuar la pelea.

— ¿Quién? —Sesshoumaru preguntó sin emoción alguna.

— ¿Ya lo olvidaste? Eres un mal nacido ¡Basura! Fue aquel ladrón al que dejaste medio muerto en la aldea en donde yo viví—Inuyasha apretaba sus manos con tanta fuerza que sus uñas estaban perforando su propia piel.

Sesshoumaru al ver el rostro de Inuyasha supo de inmediato de lo que le estaba hablando.

— ¿Así que ese era su nombre? No acostumbro preguntar los nombres de mis víctimas—

— ¡Maldito asesino! Por lo menos hubieras terminado con lo que empezaste ¿Cómo tuviste la sangre tan fría como para hacer lo que hiciste? —

—No era mi trabajo matarlo—Sesshoumaru lo miró fijamente—Era el tuyo, era tu deber cuidar de esa gente ¿Cómo pudiste tú dejarlo en ese estado? ¿Acaso ese hombre no te suplicó que acabaras con su sufrimiento? ¿No te pidió piedad? —Una sonrisa curvó los labios de Sesshoumaru al ver como su medio hermano bajaba avergonzado la mirada—eso es muy cruel ¿No lo crees así? Inuyasha—

— ¡Basta! —Kagome interrumpió aquella discusión, pues a medida que ellos hablaban de aquel hombre, terribles imágenes de lo que sucedió en aquel lugar inundaban su mente. —Por favor deténganse…—musitó mientras frotaba con fuerza sus brazos.

—Señores—intervino Miroku —dejen su pelea para después, el hubiera no existe, enfoquémonos en encontrar a ese semi demonio—

—No pienso trabajar con humanos en este tipo de cosas, es peligroso para ellos y además sólo estorban—Dijo con arrogancia.

—Si no quieres hacerlo ¿Qué demonios quieres aquí? —preguntó Inuyasha.

—Esta sacerdotisa sabe algo que yo quiero saber, pero me repugna tu simple presencia y además están en mi camino—Levantó amenazador su mano izquierda de la cual comenzó a destilar veneno, cuando de repente una flecha purificadora fue directo hacia él, misma que detuvo y deshizo con sus dedos y al ver quien la había disparado se lanzó contra ella.

Kagome abrió desmesuradamente los ojos al ver aquel veneno, sabía perfectamente lo que este era capaz de hacer, no deseaba ver que ese hombre dañara a Kikyou de la misma forma que dañó a ese ladrón, así que de inmediato se paró frente a su prima y levantó ambos brazos a la altura de sus hombros tratando de cubrirla.

— ¡Kikyou! —Inuyasha la llamó sorprendido y saltó hasta donde ella estaba, listo para continuar con la pelea.

— ¡Dije que se detengan! —gritó la joven.

Ambos se detuvieron, sin embargo Inuyasha nunca bajó la guardia.

—Le daré la respuesta que quiere, si es que la sé, ahora salga de mi casa—Ella frunció el ceño, su rostro demostraba coraje, aunque tanto Inuyasha como Sesshoumaru podían oler su miedo.

—Inuyasha—Sesshoumaru lo llamó—sigues olvidando que por tus venas también corre sangre de demonio, deberías educar a tus mujeres para que no intervengan en nuestras peleas—

Inuyasha sabía que él tenía razón, ellas no deberían intervenir en esas peleas ya que sólo serían su punto débil.

Sesshoumaru entendió que ese no era un buen momento para hablar con la psicóloga, así que se dio media vuelta y se convirtió en una bola de luz y se alejó de aquel lugar. Después de todo apestaba a humano; pero en su mente había más de una interrogante ¿Por qué esa mujer llamada Kagome le temía hasta ahora? ¿Y por que eso le importaba? Bueno ya arreglaría eso después, lo importante por ahora era descubrir si era Kagura la mujer que aparecía en los sueños de esa sacerdotisa.

Continuará…

Hola chicas! Sé que he tardado, pero en verdad he tenido momentos muy difíciles y además aquí en México estamos en las declaraciones anuales de personas morales y casi no he tenido descanso, allí esta que ni tiempo me di para ir a ver quién demonios me abrió el maldito carro y me robó mi estéreo, pero bueno y además los exámenes, puff! Ya salgo en este semestre!

Bueno ya, ahora a lo importante, quiero agradecerles a las chicas que me han dejado un review animándome y a las que han leído también, pero en especial a las que se dan el tiempo de decirme que continúe y ellas son: Gata de la Luna, hekate ama, AllySan, pero sobre todo gracias a Ally San, también gracias a SalyLuna quien me enseño a subir los capítulos, ya que no había podido por el jodido error del tipo 2.

Besos a todas.