¡Hola chicos! De nuevo aquí presentándome con un nuevo capítulo, pero antes pido una disculpa por la tardanza, estoy en los últimos exámenes de mi carrera, es decir ya estoy dando las últimas pataditas de ahogada, ejeje. Bueno continuemos con este capi.
Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 11.
Sesshoumaru regresó al bosque en donde le había perdido la pista a Kagura. Revisó metro a metro aquella extensión del terreno pero sin ningún resultado. Esperaba encontrar alguna cueva o algo parecido, lo único que esperaba no encontrar era el cadáver de su asistente; continuó con la búsqueda hasta la media noche, encontrando sólo alguno que otro demonio merodeando o cazando su alimento, pero nada que le indicara la presencia de peligro. Se sentó sobre la raíz de un árbol y por unos cuantos segundos miró fijamente la luna llena; sintió nostalgia al recordar que llevaba más de medio siglo sin contemplarla y de repente algo lo dejó consternado y fue recordar el rostro de aquella joven humana. Ella le temía, y no fue solamente su expresión lo que le advirtió el terror que ella sintió al verlo, fue la reacción que tuvo, y su mirada, aquella que al principio parecía suplicante y desafiante ahora estaba llena de pánico; sin embargo le sorprendió la determinación y el valor con el que ella lo enfrentó al pensar que atacaría a Kikyou Higurashi, aunque en realidad hacía ya mucho tiempo que tomó la decisión de no asesinar humanos. Ver a Kagome intentando cubrir a aquella mujer, le hizo pensar con certeza de que Kikyou era la poseedora de La Perla de Shikon, no había otra explicación por la cual aquella humana estuviera dispuesta a enfrentar a un demonio tan poderoso como él, en especial si la persona a la que trataba de defender era quien la había traicionado.
— ¡Mph! Típico de los humanos, todo lo hacen esperando algo a cambio—pensó. Sesshoumaru cesó la búsqueda y regresó al departamento de Kagura completamente intrigado ¿Cómo era posible de que el rastro de su esencia desapareciera de esa manera tan súbita?
Al día siguiente Kagome fue a trabajar al departamento de policía y al pasar por la morgue vio al Dr. Totosai, quien había sido llamado por los forenses, pues una nueva víctima había aparecido.
El anciano se percató de la llegada de la chica y este le hizo una seña con la mano indicándole que entrara.
Kagome tomó su bata blanca antes de entrar y se acercó en silencio a su jefe.
— ¿Qué opinas? —preguntó el hombre.
— ¿Qué es lo que tienen? —preguntó ella al no detectar ninguna presencia maligna.
— Le rompieron el cuello y la dejaron tirada en la escena del crimen—respondió Renkotsu mientras seguía indagando en el cuerpo de la jovencita.
—Pero dejó un pequeño regalo para nosotros—Habló con seriedad Suikotsu—La chica intentó defenderse, hay señales de lucha y un poco de piel y sangre en sus uñas, suficiente para conseguir su ADN—
—Opino que es un imitador—Intervino Miroku quien apenas entraba.
— ¿En serio detective? ¿Qué le hace pensar eso? —preguntó el viejo doctor lo que de antemano ya sabía, que no había sido asesinada por un demonio, lo supo porque su olfato así se lo indicó.
—Primero, no tiene nada en común con las otras chicas, nunca ha vivido en un templo, ni siquiera tenía familiares que se dedicaran a ser monjes o sacerdotisas, rompe con el perfil de la víctima; hubo una lucha, lo cual nos dice que el asesino era un poco más fuerte que ella, sí, pero aun así no le rompió el cuello con la misma facilidad con la que se lo rompieron a las otras—continuó Miroku.
—Eso es verdad, por los hematomas que ella tiene en el cuello y claro, por las radiografías, se ve que lo apretó con fuerza intentando rompérselo, lo que difiere de la manera que el otro asesino lo hace… con mucha limpieza, velocidad y fuerza—explicó Suikotsu.
— ¿Entonces tenemos un imitador? —Renkotsu preguntó preocupado, ya era bastante con un solo asesino serial, dos ya era demasiado.
—No, este es un oportunista, quiere aprovechar que buscamos a un asesino y cree que nunca se le buscará a él o ella, ya que nuestra atención ha estado fijada en el primer victimario—habló convencida la psicóloga.
—Pero como dije antes, este segundo asesino no fue nada cuidadoso, aparte de su ADN, nos dejó varias huellas digitales plasmadas en el reloj de la chica—Continuó Suikotsu y tomó el reloj de la jovencita para verificar las huellas.
—Nosotros también encontramos algo interesante, un video del primer asesino. La tienda que queda en frente de donde mataron a la primera chica tiene cámaras de seguridad y lo grabó todo, por fin nos lo entregaron—Dijo Sango, quien mostraba el disco compacto que llevaba en su mano.
— ¿Qué esperan para ponerlo? —preguntó Suikotsu y arrebató el disco de las manos de la detective y de inmediato lo puso en el reproductor, adelantando los momentos pocos relevantes hasta que identificaron a la chica.
Todos, incluyendo al más anciano quedaron boquiabiertos al ver como una borrosa mancha blanca aparecía frente a la víctima, pero después este tomó forma y ella quedó paralizada por el miedo de lo que se le estaba presentando.
— ¿Es…es un…niño? —preguntó Suikotsu demasiado confundido.
Los demás estaban pasmados ante lo que veían, tal parecía que aquel ser con apariencia de niño de cabellera blanca se había dado cuenta perfectamente de que la cámara lo estaba grabando.
— ¡Se esta burlando de nosotros, nos esta retando!—Exclamó Kagome y el doctor Totosai asintió.
Después observaron la increíble velocidad con la que se colocaba detrás de la joven y le rompía el cuello.
— ¡Imposible! —gritó con pánico el detective.
—Esto…esto debe ser un mal chiste—Sango tartamudeó al ver que aquel pequeño ser era tan poderoso.
Kagome sólo tragó con mucha dificultad la escasa saliva que producía su reseca boca y recordó cuando los forenses comentaron que la persona que las había matado era de baja estatura, pero con demasiada fuerza, mas nunca imaginó que se tratara de un niño que aparentaba tener la edad de cinco o tal vez seis años.
Los forenses estaban demasiado confundidos, no podían entender como un pequeño niño tenía tanta fuerza, era increíble, no tenían explicación alguna.
—Esto debe ser una broma, es prácticamente imposible—reiteraba Suikotsu.
— ¿Será un ninja? —Renkotsu trataba de encontrar alguna explicación lógica.
— ¡Debemos encontrarlo! —Dijo Sango y salió a toda prisa del laboratorio.
Kagome y Miroku la siguieron, mientras los otros doctores continuaron mirando el video una y otra vez, haciendo todo tipo de especulaciones.
—Sango espera—suplicó Kagome—ese tipo es peligroso. —dijo preocupada.
—Lo sé, en especial para esas mujeres, por eso debemos detenerlo—
—Dejémosle esto a Inuyasha o a Sesshoumaru—insistió Kagome. Sango aceptó de mala gana que aquella doctora tenía razón—nada mejor que un demonio para derrotar a otro demonio, —mencionó con amargura— pero tenemos otro asesino y este es humano, también debe pagar por lo que hizo, en un momento más los forenses tendrán los resultados—
—Ten por seguro que el tipo o tipa que haya matado a esta joven será atrapado ¿Qué pensaba? ¿Qué podía engañarnos? —Sango estaba molesta porque algunos tratarían de tomar ventaja de lo que estaba sucediendo, pero en especial porque se sentía impotente por no poder detener a ese…"niño" la detective abrió con furia las puertas de la morgue y salió aprisa del lugar.
Kagome intentó ir tras ella, pero Miroku la tomó ligeramente del brazo haciéndola voltear hacia él y este sólo movió la cabeza de un lado a otro, pidiéndole en silencio que le diera espacio.
Sesshoumaru había pasado la noche afuera del departamento de Kagura, pero ella nunca llegó, esto le hacía sospechar cada vez más que ella era la mujer del sueño de aquella sacerdotisa, pero por ahora debía llegar a la oficina, si tenía suerte, Kagura estaría allí, después de todo tal vez era sólo una locura de aquella chica. Al llegar a esta, tampoco la encontró, sin embargo Totosai ya lo esperaba con una copia del video de seguridad.
—Llegas tarde a trabajar Sesshoumaru, algo muy raro en ti—
— ¿Acaso vienes a supervisar mi desempeño laboral anciano?—
—No, necesito que veas esto—mostró el cd que llevaba en su mano y se lo entregó a Sesshoumaru, quien de inmediato lo metió en su computadora para reproducirlo.
El video apenas si duraba un minuto, pero era suficiente para ver al asesino.
—Y bien ¿Qué opinas? —
—Definitivamente no es un humano, me alegra—
— ¿Te alegra? —
—Pronto tendré un poco de acción, aunque no es tan peligroso como dijo la mujer Higurashi—
—Oh, no lo tomes tan a la ligera, ese niño sólo es un subordinado—
—Me di cuenta—
— ¿Qué harás? —
—Ayer regresó Kagura de su viaje—
— ¡Oh! Eso me da gusto—sonrió el anciano, pero pronto se puso serio—pero regresemos a lo nuestro—
—Tu alumna dijo que una mujer de ojos carmesí moriría y entonces nuestro secreto sería revelado a toda la ciudad— continuó Sesshoumaru.
—Y la ignorancia y el temor desataran una cruel batalla, sí, ella me lo dijo, pero no sólo Kagura tiene los ojos carmesí, muchas mujeres demonio o híbridos tienen esa característica—
—Pero es la única que puede ser vinculada conmigo—
De repente el celular de Sesshoumaru sonó interrumpiendo a los dos hombres.
—Es ella—
— ¿Quién? —preguntó despistado.
—Kagura—
— ¿Lo ves? Ella ya esta bien, pero si tu intuición te dice que es ella vigílala, sin embargo no descuides los demás aspectos de este caso, La perla de Shikon también es importante, pero no puedes hacerlo solo, únete a Inuyasha, coordínate con él y con Kagome, te aseguro que tendrán más posibilidades de resolver este problema—El anciano dio media vuelta y abrió la puerta.
—Las conferencias son obligatorias para todos los funcionarios públicos, tú y tu séquito de inútiles deben asistir, comienzan esta noche—dijo sin mirar a Totosai.
El anciano sonrió ante el comentario despectivo del joven demonio—Yo les avisaré, nos veremos pronto Sesshoumaru—y Totosai se alejó de la oficina.
Sesshoumaru contestó el teléfono esperando que fuera ella.
— ¿En dónde estas? —
—Al salir del aeropuerto sentí que debía obedecerte esta vez, regresé y tomé otro vuelo a Paris ¿Sucede algo? —
—Nada—contestó tranquilo.
Kagura arrugó el ceño, quien se creía Sesshoumaru para enviarla fuera del país de esa manera y luego responderle que no sucedía nada.
— ¿Puedo saber qué fue lo que hice mal? —
—No has hecho nada mal—
—Bien, no he hecho nada mal ¿Entonces por qué carajos me has pedido que me largue? —
Sesshoumaru no quiso tocar el tema con Kagura, pues no estaba seguro si en realidad se trataba de la mujer del sueño de aquella loca psicóloga, pero sí estaba seguro de que ella le ocultaba algo, por lo cual decidió no mencionarle que había estado buscándola.
Kagura se dio cuenta de que Sesshoumaru estaba demasiado sospechoso desde día en el que llevaron aquel cadáver ¿Se habrá dado cuenta de que el demonio responsable estaba relacionado con ella? No lo creía, Naraku dijo que su esencia ya no era la misma que la de él, desde que el híbrido la había dejado libre ella había adquirido la suya propia, pero ahora se sentía intrigada ¿Por qué Sesshoumaru le había ordenado que saliera de nuevo de la ciudad?
—Maldito Naraku, no cabe duda que fue tu culpa— pensó furiosa.
—Esta bien, si no piensas responderme, no me importa, pero pronto estaré de vuelta— Kagura colgó el teléfono, ella sabía perfectamente que Naraku deseaba vengarse de los hermanos, aunque dijera que no la involucraría, ella sabía que él mentía, de otra manera no entendía el por qué no recordaba nada del día anterior, sólo tenía presente en su mente que iba en el taxi y de repente despertó al medio día en un departamento en Francia. No sabía lo que sucedió en ese lapso, pero de algo estaba segura, no fue drogada y ni siquiera tenía rastros de haber sido lastimada, pero de lo que aun no se percataba era de que su corazón ya no estaba en su pecho.
Sesshoumaru no era un hombre que se anduviera por las ramas, pero esta vez era diferente, nunca había basado sus acciones en las visiones de ninguna persona y simplemente no quería quedar como estúpido ante los ojos de nadie.
Kagome había tenido un día duro, los forenses habían identificado al supuesto agresor gracias a sus huellas digitales. Era una joven de 23 años, Miroku y Sango fueron de inmediato a realizar el arresto y a simple vista y por los rasguños que aquella persona presentaba, ya tenían al culpable, sólo restaba hacer las pruebas de ADN ya que en el interrogatorio ella continuaba declarándose inocente. Totosai y Kagome estuvieron observando todo el proceso analizando cada palabra y cada gesto de aquella chica, tratando de encontrar el móvil de tan terrible crimen. La psicóloga forense se sentía algo ofuscada por todo lo que escuchaba en la habitación, a aquella cruel mujer no le había quedado otra alternativa que narrar lo sucedido, especialmente al llegar las pruebas de ADN que la acusaban directamente; todo había sido un crimen pasional, víctima y asesina eran pareja y los celos fueron el móvil.
Kagome salió hastiada de la delegación, lo único que deseaba era llegar a salvo a su casa, sentía temor por todas las cosas que había visto durante el día, preguntándose "si esa mujer mató a la persona que amaba ¿De qué será capaz aquel demonio con aspecto de niño?" Caminó aprisa hasta llegar al estacionamiento, escuchaba sus propias pisadas y sentía como si escuchara las de alguien más, su corazón se aceleraba cada vez que se adentraba en aquel lugar, movimientos bruscos y torpes denotaban el terror que estaba experimentando en ese momento, hasta que por fin entró a su auto e intentó relajarse por un instante.
—Sólo estoy nerviosa, sólo estoy nerviosa—repitió con temblorosa voz—Tengo que aprender a sobrellevar este trabajo o terminaré volviéndome paranoica, además no siento ninguna presencia de demonio—miró en varias direcciones mientras el motor del auto se calentaba. Se tranquilizó sólo cuando se puso en marcha y por fin pudo salir de ese oscuro estacionamiento.
Para Inuyasha también había sido un día demasiado tenso, apenas si Kikyou le dirigía la palabra, le contestaba cada pregunta con fríos monosílabos y lo ignoraba lo más que podía, así fue durante todo el día. El ambiente en el despacho estaba tan denso, que hasta el mismo Kouga prefirió salirse de la oficina, pero antes les hizo una recomendación:
—No sé cuales sean sus problemas, pero si les diré una cosa a los dos…o los resuelven o los dejan en casa, aquí venimos a trabajar—cerró la puerta con fastidio.
—Kikyou ¿Quieres decirme qué demonios te pasa? —
Ella sonrió de manera indiferente, ese era el mismo Inuyasha de siempre, haciendo y actuando sin pensar, siempre tan despistado.
— ¿Qué te parecería si delante de ti yo le gritara a alguna mujer que mi ex todavía me ama? —
— ¿De que hablas? —Inuyasha rascó su cabeza y miró confundido a Kikyou.
—Tal como lo pensé—susurró ella—hablo de lo que sucedió ayer con Kagome y tu medio hermano—
Inuyasha seguía sin entender, por lo que Kikyou tomó sus cosas y salió de la oficina para irse a su casa, él sólo observó como ella se marchaba, prefería quedarse unos momentos solo en aquella oficina y meditar lo que ella había dicho.
Al llegar Kagome a su casa, lo primero que hizo fue escuchar la contestadora automática, pero no había nada, eso sólo podía indicar que su madre estaba bien en casa de su hermana, la madre de Kikyou.
Quería dormir, sólo deseaba poder descansar una noche entera, sin sueños, sin interrupciones de demonios o de híbridos, sólo dormir profundamente, pero el sueño de la noche anterior la tenía completamente angustiada, recordar el dolor de aquel hombre, pero no era el sufrimiento de Onigumo lo que la estaba afectando, era el haber visto la fría expresión de Sesshoumaru, era la mirada de un asesino, era la misma de siempre, como si matar fuera algo tan cotidiano o tal vez era la época en la que este horrible suceso había ocurrido y que se trataba de un demonio completo, en cambio la expresión de Inuyasha era distinta, llena de pasión, odio, miedo, dolor, sentimientos humanos y muy acordes al momento.
Kagome entró a su habitación y comenzó a quitarse la ropa, un baño caliente la relajaría y la despejaría de aquellos pensamientos que la atormentaban y si eso no era suficiente tomaría un calmante suave para poder dormir.
— ¿Conferencias? ¡Mph! nada de eso—Envolvió su cuerpo en una toalla y fue al baño a preparar la tina, fue hasta el botiquín y tomó una pastilla y después dejó que la toalla cayera al piso y poco apoco fue deslizándose dentro del agua, permitiendo que esta relajara paulatinamente cada músculo de su adolorido cuerpo.
La primera conferencia había comenzado, Sesshoumaru pudo detectar el olor del anciano y de los otros dos forenses dentro de la sala, pero ella aun no llegaba, así que disimuladamente se acercó al anciano.
—Creí haberte dicho que las conferencias eran obligatorias para ustedes—
— ¡Oh, Sesshoumaru! ¿Lo hiciste? —Totosai rascó su cabeza calva intentado recordar lo que Sesshoumaru decía.
— ¿Por qué no ha llegado tu alumna? ¿Siempre es tan impuntual? —
— ¿Mi alumna? —Sesshoumaru lo miró fijamente hasta que el psiquiatra entendió a quien se refería— ¡Ah! ¿Te refieres a Kagome? En realidad es muy impuntual, pero esta vez la mandé a descansar, se veía tan agotada que pensé que le vendría bien tomar una siesta, pero creo que eso no te inquieta ¿o si?—el anciano sonrió al ver una pizca de desconcierto en el rostro de aquel demonio plateado y más porque su alumna era la responsable.
Sesshoumaru se alejó del anciano sin decir nada más y pensó que ese era el momento perfecto para hablar con la mujer Higurashi y preguntarle acerca de Kagura.
Kagome salió de la tina al darse cuenta de que el calmante ya estaba haciendo el efecto que esperaba, tomó la toalla y se fue directo a la cama, se sentía demasiado atontada gracias a la pastilla, se acostó sin vestirse, sólo con la toalla enredada en su torso, ni siquiera le dio tiempo de secarse el cabello ya que el sueño le ganó.
Su cabello húmedo se pegaba a su rostro y a su espalda y este no le molestaba en lo absoluto, su sueño era tranquilo hasta que se vio caminando sola en un campo abierto y sintió la presencia de Sesshoumaru, comenzó a correr sin rumbo fijo, sólo deseaba encontrar un escondite seguro.
En el mundo real Sesshoumaru había llegado a casa de la sacerdotisa, esperó unos cuantos minutos para que ella saliera a enfrentarlo como siempre, pero ella no lo hizo; su olfato le decía que ella estaba adentro y estaba sola, entonces ¿por qué no salió en su búsqueda? Esperó un par de minutos más y ella no aparecía, extrañado, decidió entrar a la casa a buscarla, siguió su rastro cautelosamente, todo le indicaba que no había nadie más que ellos dos, pronto llegó a la habitación de Kagome, quien estaba dormida, observó que ella estaba demasiado inquieta y pensó que tal vez estaba teniendo uno más de sus sueños premonitorios y no quiso despertarla, tal vez tendría algo interesante que contarle.
La realidad se mezclaba con los sueños de la joven psicóloga, a medida que Sesshoumaru se acercaba en la realidad también lo hacía en su sueño, mas ella no distinguía la diferencia entre un suceso y el otro, así que sólo corría buscando refugio, varias veces volteó para ver la distancia que había entre ellos dos y Sesshoumaru estaba cada vez más cerca y por más que ella intentara correr más rápido sentía que era lenta y que no podía seguir corriendo.
Sesshoumaru notó como la joven se agitaba cada vez que avanzaba hacia ella y eso logró confundirlo haciendo que detuviera su camino intentado descifrar si era él el causante de la zozobra de aquella muchacha, así que continuo acercándose lentamente y a cada paso que daba pudo notar que la expresión de Kagome se llenaba de miedo, tal vez era porque ella había detectado su presencia.
En su agitación Kagome se movió aun más inquieta y la toalla que la cubría se fue desenredando dejando al descubierto su frágil cuerpo.
Sesshoumaru se detuvo al verla desnuda y desvió la mirada hacia otra parte de la habitación en busca de algo con que cubrirla, caminó hasta el armario de la chica y encontró una sábana se dirigió hasta ella y la cubrió nuevamente, pero ella continuaba moviéndose llena de miedo, como queriendo evitar su cercanía.
Kagome comenzó a emitir gemidos entrecortados y palabras ilegibles, lo que hizo que el demonio se acercara y se sentara a su lado intentado entender lo que ella decía.
—No…no me lastimes más—Susurró dormida.
Sesshoumaru puso mayor atención a lo que ella balbuceaba, pero pronto esos balbuceos se convirtieron en gritos.
— ¡Sesshoumaru! —Él la miró atento, ella lo estaba llamando.
— ¡No me lastimes! —El demonio se preguntaba quién la estaba lastimando en su sueño.
— ¡Inuyasha, sálvame! —Ella cubría su rostro con ambos brazos— ¡No me lastimes más Sesshoumaru! —Él quedó completamente desconcertado ¿Acaso sería él mismo quien asesinaría a aquella chica?
— ¡Ayúdenme! —Kagome despertó súbitamente, en sus ojos se podía ver un pánico que Sesshoumaru nunca había visto en aquella mujer tan impetuosa y osada y ahora ella se encontraba arrinconada contra la pared sin importarle en ese momento su propia desnudez, se dio cuenta que aun se encontraba entre la realidad y la fantasía de su sueño.
Sesshoumaru se acercó lentamente hasta aquel rincón en donde ella se encontraba sentada escondiendo su rostro contra sus rodillas, no quería asustarla aun más, el demonio levantó su mano y la colocó sobre el hombro de la joven y le habló en tono neutro.
—Despierta ya, fue un sueño—
Kagome abrió los ojos al reconocer la voz de Sesshoumaru y con temor levantó la mirada para corroborar lo que sus oídos escuchaban, su labio inferior tembló al percatarse de que ya no estaba soñando, que Sesshoumaru estaba enfrente de ella, observándola en silencio.
—Por favor—susurró suplicante—no me lastimes—
Él sólo cerró con suavidad sus párpados en señal de que no lo haría y ella supo interpretarlo y en un impulso inexplicable ella se lanzó contra el demonio y escondió su rostro en el masculino pecho, mientras lo abrazaba con desesperación, gruesas lágrimas comenzaron a humedecer la camisa del médico, él se quedó inmóvil sin tocar a la joven.
—Tenía miedo—sollozó—sentía el veneno de tus garras derretir mi piel—lo abrazó con mayor fuerza.
Sesshoumaru estaba atónito ante lo que ella le había dicho, preguntándose cómo sabía ella del veneno de sus garras y sin pensarlo sus manos se movieron lentamente para abrazar la espalda desnuda de la joven.
—Fue un sueño—contestó él y tomó la sábana que estaba sobre la cama y cubrió el cuerpo de Kagome. Sesshoumaru sintió un tenue estremecimiento por el contacto con la chica, por lo que la tomó de los hombros para separarla de él.
—Tengo preguntas que hacerle—
Continuará…
Hola de nuevo chicas, esta vez prometo no tardar tanto, comienzo a estar un poco más libre.
Bien antes de despedirme quiero agradecer a quienes me han estado apoyando con sus reviews y ellas son: AllySan, Gata de la Luna, Goshy y Tessa-chan23, les mando un besote a todas y en especial a AllySan.
Axter.
