¡Hola de nuevo! Ya les traigo otro capítulo que refleja mis más profundas locuras subconscientes, espero que les guste.

Capítulo 13:

El hijo mayor del Comandante Perro no sabía de qué manera actuar, estaba convencido de que no tenía por qué involucrarse en una batalla entre humanos y demonios, y mucho menos si esta era encabezada por un híbrido, pero por alguna razón sentía que su mente no estaba pensando con claridad y era porque justo en ese momento tenía la curiosidad de saber lo qué sucedería ahora que descubrió que la portadora de La Perla de Shikón era esa humana, esa simple e insignificante humana.

—Tal vez Inuyasha deba hacerse cargo—Dijo Sesshoumaru.

—Imposible, la perla lo afectaría demasiado, perdería la razón y terminaría matando a la portadora y él se convertiría en un demonio sin conciencia alguna, sería un fin demasiado patético, aun para el medio hermano que tanto odias—El demonio polilla informó a su antiguo compañero de batallas.

Sesshoumaru no respondió, no imaginaba que ese artefacto fuera tan fuerte y peligroso, definitivamente aquella chica estaba corriendo un riesgo muy grande al permanecer cerca de Inuyasha y peor aún, Naraku ya sabía de ella y de sus premoniciones, por lo tanto no dudaría en buscarla para matarla y de paso daría, sin imaginarlo, con el paradero de la Perla de Shikon.


El demonio plateado regresó de nuevo al templo Higurashi, lo primero que encontró fue un pequeño demonio que se acercaba a la habitación de la joven.

—La perla—siseó aquel demonio, que ya estaba cambiando a su forma normal.

Sesshoumaru se apresuró hacia donde ese repugnante ser se dirigía y antes de que este entrara por la ventanilla de la habitación lo tomó del cuello y lo miró a los ojos, para después dirigir su mirada hacia la joven que estaba profundamente dormida.

—Ella ni siquiera se percata de mi presencia, mucho menos de un insignificante ser como tú—

—La quieres para ti—Sesshoumaru lo miró interrogante—La perla—

—No la necesito, tengo todo lo que deseo—

—Eso dicen todos, pero La perla nos llama, es cuestión de tiempo para que demonios y humanos estén detrás de esta mujer—

—Entonces serás el primero de muchos en morir—Sesshoumaru cerró su puño mientras este destilaba su veneno y el pequeño demonio se desintegró en su mano.

Entró de nuevo a la habitación y tomó a Kagome en sus brazos, ella pudo abrir muy apenas sus ojos.

—Ya no, por favor… quiero desc…—Balbuceó dolorosamente y de nuevo cerró sus ojos—Sessho…—y débilmente se sujetó al cuello del demonio, escondiendo su delicado y somnoliento rostro en el varonil pecho.

Sesshoumaru la agarró firmemente y salió volando de aquel templo para llevarla a su casa en donde él suponía que ella estaría segura, ya que Jaken, su fiel sirviente la protegería en su ausencia. Al llegar, constató que La Perla de Shikón también debilitaba el conjuro en su sirviente y lo hacía sentir demasiado mal.

— ¡Amito! Esa mujer me hace sentir vaguido—

—Debo sacarla de aquí antes de que Rin entre por esa puerta—Él había visto que la joven se acercaba a la casa junto con Kohaku.

— ¿Qué le diré si pregunta por usted? —

—Salí de viaje—

—Esa mocosa no me creerá—

—Cuida de ella, es tu responsabilidad—

—Confíe en mí amo, ella no sabrá de nosotros, pero ¿Volverá de nuevo amo? —

Sesshoumaru no contestó, colocó a Kagome en el sofá y se dirigió de prisa al lugar en donde Colmillo Sagrado y Bakusaiga se encontraban.

Lo que el joven amo no sabía era que su pequeña protegida había alcanzado a ver que su padre adoptivo entraba volando a la casa, así que sólo le dijo a Kohaku que lo vería en la mañana y corrió a toda prisa hasta la casa, esta vez él no escaparía.

Jaken intentó en vano detener a la chica, pero esta lo empujó y entró a la sala, en donde encontró a la psicóloga.

— ¿Está…está…muerta? —

— ¡Niña tonta! ¿Cómo puede estar muerta si esta roncando como un león? —señaló Jaken ante los sonidos que salían de la garganta de la joven debido a la mala posición en la que la habían dejado.

— ¿Por qué esta ella aquí? —De repente Rin puso cara de asustada— ¿La ha secuestrado? —

— ¿Estás loca? El amo bonito no necesita secuestrar a ninguna mujer, ellas vienen por su propia cuenta—dijo orgulloso.

El pequeño hombrecillo bufó molesto, sin saber qué respuesta darle.

— ¿Por qué el señor Sesshoumaru vuela? Y ¿Por qué usted es verde? —Preguntó la chica al ver que la verdadera apariencia de Jaken era casi visible. — ¡Lo sabía! —Ella comenzó a saltar alegre por la habitación—usted y el Señor Sesshoumaru no son humanos ¡Lo sabía! —

— ¿Por qué te da gusto?Niña tonta—

—No se preocupe señor Jaken, yo nunca los delataría, ustedes han sido mi familia por años y sin importar lo que son, yo siempre lo querré mucho—Rin abrazó con mucho cariño a Jaken, quien casi suelta el llanto ante tal muestra de afecto.

—No lo comentes, ni siquiera a ese mocoso novio tuyo—

—Descuide señor Jaken, ese será nuestro secreto, pero ¿Ella que hace aquí? —

—Es porque…—Jaken estaba a punto de contestar la pregunta.

—Es mejor que no lo sepas Rin—Sesshoumaru entró a la sala e interrumpió aquella conversación.

Rin vio sorprendida la verdadera forma de su protector.

— ¿Lo que esta señorita dijo es verdad? ¿Es usted un demonio? —quería escucharlo de labios del mismo Sesshoumaru, aun cuando ella siempre tuvo la sospecha.

—Lo soy. ¿Ahora qué harás? —

—Ya se lo dije al señor Jaken, yo nunca los traicionaré, puede confiar en mí, así como yo confío en usted—

Sesshoumaru no contestó nada, tomó a Kagome y la colocó en su espalda, listo para salir volando de aquella casa, pero Rin lo detuvo.

—Señor Sesshoumaru, no sé a dónde va, pero ¿Ella ira con esa ropa? ¿No cree que pueda enfermarse por el frío o que tal vez se sienta incómoda sin cambiarse de ropa? —El demonio amplió la mirada ante lo que la joven argumentaba—espere aquí, le prestaré algo de ropa, por lo menos unos tres cambios, aunque…creo que no somos de la misma talla, bueno, no tardo—Rin corrió hasta su habitación.

Sesshoumaru se admiró por la actitud de Rin, aunque no esperaba menos de ella cuando se enterara de la verdad, sólo que no deseaba ponerla en peligro.

Rin llegó con una mochila en el hombro y se la entregó al demonio.

—Será suficiente—sonrió.

—Jaken—el pequeño demonio pegó un brinco al escuchar la autoritaria voz. —Rin y tú harán un viaje fuera de la ciudad—ordenó.

— ¿Qué? —exclamó la joven.

—Tomen el primer vuelo que salga—

—Sí amo—

Ambos estaban en peligro y el hijo del Comandante Perro lo sabía perfectamente, un traidor los había delatado y si Sesshoumaru se escondía, estos dos podían ser utilizados para hacerlo aparecer de donde estuviera.

No había un solo sitio en donde la joven y La Perla estuvieran seguros, lo mejor era huir a un lugar deshabitado, así no tendría nada de qué preocuparse, ni personas inocentes que le estorbasen en caso de que los demonios atacaran, Sesshoumaru podría ser libre de actuar como mejor le pareciera, libre para ser él.

Kagome entreabrió los ojos y pensó que estaba soñando, así que volvió a cerrarlos.

— ¡Qué mujer tan perezosa! —exclamó Jaken.

—Rin—llamó a la joven.

— ¿Si? —

—Cuida de Jaken y haz de una vez tus maletas y las reservaciones de vuelo—

—Pero ¿A dónde? —Rin se estaba asustando, no entendía el por qué quería que se fueran lo antes posible.

—A donde sea, ya te dije que tomaras el primer avión que salga, tomen mi tarjeta de crédito—

—Pero…—

—Jaken te dará detalles y Rin…—

— ¿Si Señor Sesshoumaru? —

—Se buena niña—Rin sonrió al escucharlo.

Sesshoumaru tomó a la psicóloga en brazos, en verdad ella estaba profundamente dormida.

Kagome había tomado solamente la mitad de una pastilla para dormir, pensó que no necesitaba la dosis completa, pero cuando Sesshoumaru irrumpió la primera vez en su casa el sueño se le había quitado casi por completo por lo que decidió tomar la otra mitad de la pastilla, por eso, aun cuando sentía la presencia de Sesshoumaru y otro demonio más débil, ella no podía despertarse completamente.

— ¿Sesshou…maru? —preguntó casi en un susurro.

—Estas a salvo—

— ¿Por qué estas…?—la joven arrastraba las palabras debido al sedante.

—Duerme—

Ella asintió.

—Ahora…me siento… segura—

Sesshoumaru no pudo evitar el imaginar por todo lo que esta mujer había pasado durante esta semana y lo que aún le faltaba por vivir, pues ella era la portadora de La Perla de Shikon y eso sólo significaba más problemas.

—Ahora lo estas—


Inuyasha se encontraba en un bar junto a Kouga, era la primera vez en siglos que él bebía, se sentía demasiado confundido por el reencuentro con Kagome y el comportamiento de Kikyo. También era la primera vez que contaba la verdad acerca de su relación con ambas chicas.

— ¡Demonios Inuyasha! Sólo tú puedes ser tan idiota ¿Cómo se te ocurre gritarle eso a otra mujer delante de tu novia? —

— ¿Hice mal? —

—Sí, definitivamente eres un idiota, si yo fuera ella ya te hubiera purificado—

— ¡Rayos! —

— ¿Aún sientes algo por esa chica? —

—No lo sé—

—Con mayor razón Kikyo desconfía de ti, las mujeres no son tontas, parecen radar de infidelidades—

—No soy infiel—

—Porque esa otra chica no te ha correspondido ¿Qué hubieras hecho si esa tal Kagome hubiera aprovechado esos momentos en los que estuvieron solos? —

—Yo…—

—No lo digas, ya sé tu respuesta—Kouga dio un sorbo al sake—no dudes que Kikyo se siente engañada y teme que Kagome lo haga en venganza o porque aún siente algo por ti ¡Demonios! ¡Es tu ex! —

— ¿Y eso qué? —

— ¡Ay! Olvídalo… idiota, se ve que no sabes nada de mujeres—

—Y lo peor de todo…sé que el maldito de Sesshoumaru sólo esta con ella para molestarme—

—Espera, espera ¡¿Has dicho Sesshoumaru? ¿En serio? —Inuyasha asintió—Vaya, ya veo por qué estas tan preocupado, él odia a los humanos… aunque… entonces ¿Por qué es médico?—Kouga revolvió su flequillo en muestra de estar demasiado confundido.

—Yo que sé. Él también ha tenido que adaptarse a los humanos igual que nosotros—

—Ya veo. Bien, lo que yo creo es que debes dejar ir ya a esta mujer, si es que amas a Kikyo, después de todo la tal Kagome ya se decidió por tu hermano—

—Sí, eso creo—

—Pues ya déjate de tonterías y olvídala—

—Lo dices tan fácil y es porque no la conoces—

—Pero a Kikyo sí, ya es tarde Inuyasha, ve a casa con ella y no la pierdas por una ex que posiblemente llegue a ser tu cuñada—El demonio lobo sacó la billetera y pagó la cuenta de ambos.

—Cállate—

Inuyasha y Kouga dejaron el bar y cada uno tomó su propio camino, Kouga se fue a ayudar a Ayame a cerrar el café, pero su híbrido amigo no se fue directo a casa, fue a casa de Kagome, al llegar a esta su nariz percibió el aroma de su hermano por todo el lugar y su imaginación no tardó en hacerle pensar todo tipo de cosas, así que prefirió irse en silencio, sin hacer escándalo ni nada que les hiciera notar su presencia en aquel sitio, odiaría el hecho de que Sesshoumaru saliera y le echara en cara su relación con Kagome, eso ya sería demasiado denigrante para él.

El hanyou se dio la media vuelta, pero pronto recapacitó, le pareció extraño que ninguno de los dos saliera, así que espero un par de minutos más y luego se acercó a la casa de Kagome, todo estaba bien cerrado y gracias a su olfato se dio cuenta que fue Sesshoumaru quien se había encargado de dejar todo bien asegurado, pero no había señal de ellos, la casa estaba completamente sola.

— ¿Salieron juntos? —se preguntó extrañado, para él algo andaba mal, definitivamente, apenas si se conocían, apenas si llevaban una semana de saber de la existencia el uno del otro, además la ultima vez que estuvieron juntos, Kagome demostró tenerle mucho miedo a Sesshoumaru. No, ellos no podían ser pareja. Inuyasha subió hasta la ventana y entró a la habitación como lo hacía en los viejos tiempos, olfateó aquel lugar, por un momento se sintió como un morboso por tratar de encontrar evidencia de que entre ellos había una relación y le dio gusto al saber que eso aún no sucedía, ellos dos no habían tenido relaciones y eso lo hacía sentir aliviado, hasta que el ligero olor a orina llegó a su nariz, tomó la toalla en la que ella estaba envuelta cuando se quedó dormida, aquella que mojó cuando Sesshoumaru la asustó, el híbrido arrugó el ceño al olfatearla, pues pudo percatarse de aquel aroma que los humanos y otros seres vivientes desprendía cuando estaban en una situación peligrosa; Inuyasha sintió que su sangre hervía por causa de la furia, tanto que sus manos estaban convirtiéndose de nuevo en garras.

— ¡Ese bastardo! —Exclamó preocupado— ¡Kagome! ¡Yo te protegeré de ese bastardo! —Y salió del templo Higurashi rumbo a casa de su medio hermano, al llegar a esta pudo oler la esencia de Kagome, se paró sobre un árbol que estaba en la acera y analizó la situación por un segundo y entonces vio como un hombre de baja estatura salía de la casa y guardaba unas maletas en la cajuela del auto.

— ¡Date prisa, pequeña mocosa! —gritó el hombrecillo.

Inuyasha reconoció aquella voz, supo que era Jaken y se abalanzó sobre él.

Jaken sólo gritó asustado mientras Inuyasha lo levantaba del suelo con una sola mano, la cual estaba sobre su cuello.

— ¿En dónde esta? —Inuyasha siseó molesto.

—No… lo sé—Jaken también reconoció al medio hermano de su amo.

—Con que no lo sabes ¿Eh? —Inuyasha apretó con más fuerza el cuello de Jaken, hasta que de repente sintió como alguien se lanzaba a su espalda, era alguien débil y pronto escuchó los gritos de una chica.

— ¡Nosotros no sabemos! —gritó Rin.

El joven híbrido estaba fuera de sus cabales, tomó a la joven del brazo para quitársela de la espalda , estuvo a punto de golpearla, pero cuando la miró a los ojos se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer.

— ¿En dónde esta Kagome? —Inuyasha comenzó a calmarse poco a poco, él había sido el único que cambió a su aspecto sin tener la influencia de la perla.

—Usted también es un demonio—señaló Rin al ver que de la cabeza de Inuyasha sobresalían un par de orejas de perro.

Jaken se interpuso entre la joven y el híbrido.

— ¡No dejaré que te le acerques a la mocosa! —Gritó armándose de valor—el amo bonito me mataría si algo le pasa—pensó para él mismo.

— ¡Habla de una maldita vez! —

— ¡Se fueron juntos! —gritó Rin al ver que Inuyasha se aproximaba a Jaken.

— ¿Juntos? —

—Sí, la señorita y el doctor se fueron juntos—

— ¿A dónde? —insistió.

—No quisieron decirnos—

— ¡No digas más, mocosa! —

— ¿Por qué? —

—Eso es muy privado para ellos ¿No lo crees Inuyasha? El amo se va con una mujer y no nos dice a donde va ¿Qué te sugiere eso? —Habló Jaken tratando de provocar al medio hermano de su amo.

— ¡Kagome nunca se iría con Sesshoumaru por voluntad propia! —

— ¿Por qué no? Las mujeres le caen a montones y ella no es la excepción—dijo orgulloso.

Inuyasha gruño molesto.

—Ella esta bien con el señor Sesshoumaru, él es buena persona y cuidará de ella—

— ¿De qué demonios hablas? —Inuyasha preguntó irritado.

—Habla de que ellos están juntos porque quieren—contestó el hombrecillo.

— ¡Eso no es verdad! Ella le tiene miedo ¡Ella le teme demasiado a Sesshoumaru! ¡Es un asesino!—

— ¡No es así! Ella ha venido aquí buscándolo, se fue con él, tampoco me gusta que este con esa humana, pero es decisión de mi amo—

—Lo sentimos joven Inuyasha—

Inuyasha bajó la mirada y se retiró sin decir nada más, sin embargo, no estaba convencido de que Kagome y Sesshoumaru hubieran salido en plan romántico.

Él regresó a su apartamento, sólo rogaba que Kikyo no estuviera molesta, pero ella ya estaba dormida, se había cansado de esperarlo.

El joven abogado retiró la sábana para recostarse al lado de su mujer y pudo notar un aroma muy peculiar que emanaba de su ropa, era el aroma de un híbrido como él y le pareció un tanto extraño que su novia tratara con otro demonio sin habérselo comentado; Inuyasha se levantó y comenzó a olfatear el saco de Kikyo tratando de ser lo más silencioso posible para no despertarla. No era que Inuyasha estuviera celoso, pero algo en su interior le decía que Kikyo no había conocido a una buena persona, había algo en ese aroma que le despertaba cierto temor y odio, más no sabía por qué, pues él no podía saber que se trataba del asesino serial que estaban buscando, ya que Inuyasha jamás llegó a estar cerca de los cadáveres de las chicas y tampoco conocía la nueva esencia de Onigumo, o mejor dicho de Naraku.

Inuyasha llevó su mano hacía su flequillo, estaba angustiado por Kagome y también lo estaba por Kikyo, sentimiento que hizo que pronto confundiera la señal de alerta que sus instintos le enviaban con el simple temor a los celos o el fuerte deseo de protegerlas; caminó hacia la cama con la intención de despertar a su compañera y preguntarle acerca de este hombre, pero ella se veía tan agotada y profundamente dormida que desistió de esa idea.


Sesshoumaru tardó cerca de una hora para llegar a una isla, la cual perteneció al territorio de su padre siglos atrás; era un lugar pacifico y desconocido por los humanos debido a la dificultad para llegar a este lugar, además de que estaba oculta al ojo humano gracias a una fuerte barrera levantada siglos atrás por Inu no Taisho.

Los primeros rayos del sol entraban por la pequeña ventana de aquel palacio antiguo, el trinar de los pájaros rezumbó en los oídos de Kagome y sin oportunidad de despertarse completamente entendió que ya era de día y posiblemente demasiado tarde para llegar a su trabajo, dado que generalmente aún estaba oscuro cuando ella se levantaba para alistarse para salir a trabajar.

— ¡Demonios! —Ella se levantó de golpe y corrió de un lado a otro— ¡Llegaré tarde! ¿En dónde esta mi ropa—Kagome continuaba soñando, se veía en su cuarto y ni siquiera prestó atención a Sesshoumaru que estaba recargado en el muro frente a ella.

El demonio la miró intrigado y se preguntó hasta cuando ella se daría cuenta de que no estaban en su casa.

Kagome gritó asustada, por fin pudo ver la realidad, lo cual la aterró demasiado, respiró hondo y observó con cuidado aquel polvoriento sitio hasta que por fin sus ojos se encontraron con los de Sesshoumaru.

— ¡Tú! —gruño con molestia.

Sesshoumaru enarcó una ceja.

— ¡Me has secuestrado! —

Él continuó en silencio.

Ella caminó desesperada de un lado al otro y él continuaba observando aquellas reacciones tan comunes en los humanos al encontrarse en una situación desconocida.

— ¿Se puede saber por qué me has traído aquí? —preguntó cuando estuvo más calmada.

—Para protección—

— ¿Protección? —Ella parpadeó varias veces mientras intentaba asimilar aquellas palabras—Yo no necesito protección, sabes que no la necesito, es aquella mujer la que necesita protección—mencionó algo alterada.

—No estoy de acuerdo—

— ¡Maldición! —

— ¿Siempre maldice? —

— ¿Qué? ¡No! —Contestó frustrada al sentir que aquel hombre no entendía su preocupación por los eventos futuros—Mire, sé que probablemente muera, pero si esa mujer muere, usted también estará en peligro—

— ¿Entonces debo suponer que no debo proteger su vida porque usted quiere proteger la mía? ¿Y me dice a mi arrogante? —

— ¡No soy arrogante! Sólo…sólo…no quiero que mis pesadillas se cumplan y todo me indica que esa mujer es punto clave para nuestro caso—respiró profundamente—Oiga, yo no quiero morir, pero si mi familia y amigos van a sufrir por esta guerra creada por la venganza de un híbrido, entonces no me importa perder la vida si puedo salvar la de ellos—

— ¿Así que se sacrificaría? Que bueno que sabe lo que quiere, porque usted es la clave para nuestro caso—

— ¿Qué quiere decir? —

—Qué usted tiene la perla de Shikon y que debe sacrificar su libertad por un tiempo, si en verdad quiere que ese repugnante ser no se apodere de ella y destruya la ciudad y la vida de las personas que usted dice querer defender ¿Entiende eso? —

— ¿Yo tengo la perla? —Preguntó desconcertada—imposible, no sé de dónde saca esa información—

—Mi fuente no le interesa a usted, pero es confiable, la perla atrae a seres malignos y además ha hecho estragos en el conjuro para que yo parezca humano—levantó la manga de su camisa y mostró las líneas violetas que ella había estado buscando la noche anterior—la presencia de la perla me ha hecho volver a mi estado natural—

— ¡Increíble!—dijo sorprendida de ver aquellas marcas. — ¿Ahora que debo hacer? No puedo estar escondida por siempre—

—Espero que no, yo no puedo estar escondido junto a usted por siempre—

Kagome arrugó el ceño.

—Nadie le pidió que me trajera aquí—

—Usted buscó mi ayuda—

—Pero no para mí—

—Como sea—mencionó indiferente—esto sólo será por un tiempo, mientras encuentro una solución a este problema—

—Aún no puedo creer que yo tenga la perla ¿En dónde? —Kagome se llevó la mano a la barbilla intentado imaginar en dónde estaría la perla, pensó que tal vez en el templo o en su casa.

—Veamos, mi conjuro comenzó a ceder anoche cuando yo estaba en el templo de su familia…—

— ¿Esta en mi casa? —interrumpió ella.

—Permítame continuar. Sé que es una mujer muy inteligente y que pronto usted sacará sus propias conclusiones. Mi cuerpo comenzó a recuperar su apariencia natural mientras yo estaba en el templo…—

—Creo que empiezo a recordar ¿Es por eso que se fue? ¿La presencia de la perla le provocó algún tipo de dolor o malestar? —

—Sí, fue por eso, pero cuando la llevé a mi casa mi sirviente tuvo las mismas molestias que yo tuve en su casa y en este momento yo sigo bajo ese mismo efecto y dígame idiota si le da la gana, pero ahora… no estamos en su casa—

— ¿Llevo la perla conmigo? —ella preguntó sorprendida.

—En su cuerpo—él contestó su pregunta.

— ¿Perdón? —ella lo observó detenidamente a la cara, tal parecía que hablaba en serio, aunque por su falta de expresión de emociones no podía asegurar que aquel demonio decía la verdad.

—Usted es la portadora de la perla—

— ¡No puede ser! ¿Cómo es posible? ¿Cómo llegó a mi cuerpo? ¿En que parte la tengo? —Kagome alzó la voz y comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, se sentía desesperada y temerosa—ahora todo tiene sentido, Midoriko pedía mi perdón—se detuvo y parecía que hablaba para ella misma— ¿Es por eso que voy a morir? ¿Es por culpa de una perla que ese híbrido mató a las personas de esa aldea y ahora quiere matarme a mí, a Inuyasha… a usted? —

—Deje de decir eso, es obvio que los eventos de sus sueños pueden ser cambiados en la realidad conforme aceptamos los sucesos y encontramos las soluciones—trató de tranquilizarla, lo último que deseaba era estar junto a una chica histérica.

— ¿Eso crees? ¿Crees que esa mujer esta segura mientras tú estas aquí cuidándome? No, ella sigue en peligro e Inuyasha también —

—Sólo supones, muchas cosas han cambiado y pueden seguir cambiando—

Kagome caminó aún más desesperada alrededor de la habitación, estaba entrando en pánico, pues ahora ya sabía la razón por la que sería asesinada, estaba resignada respecto a su muerte, mas no aceptaba el hecho de que Naraku destruyera la ciudad si se apoderaba de la perla.

— ¿Entonces debo desaparecer? —Preguntó más tranquila, aunque su voz se escuchaba demasiado triste.

—Un tiempo, mientras encontramos a Naraku—

— ¿Cómo hará eso si esta aquí conmigo? —

—Le dije que tengo contactos, ellos me avisarán del paradero del híbrido—

Kagome medito por un momento las palabras de Sesshoumaru.

—Cuando acabe con él, usted podrá volver a su vida normal—

—Pero… no tiene que aislarme de todos—

—No puedo hacerme cargo de usted en la ciudad, creo que eso es evidente—Levantó su mano para mostrarle su garra, dándole a entender que por su aspecto ya no pasaría desapercibido.

—Entiendo. Gracias, ¿Pero podrá usted soportar convivir con una humana insignificante como yo? —

—Tal vez, si guarda silencio, si no… yo mismo la desapareceré a usted y a la perla—dijo seriamente, se dio la media vuelta y la dejó sola en aquella habitación.

Kagome se tensó ante la amenaza de Sesshoumaru ¿Cómo haría para guardar silencio todo el tiempo? A ella no le gustaba estar en silencio, aunque al lado de ese demonio no sería tan difícil, bueno tal vez un poco.

Continuará…


Bien ¿Qué les pareció? Espero que haya quedado como lo esperaban y que lo hayan disfrutado, pero antes agradezco a las personas se pasaron por aquí y leyeron, pero en especial gracias por las que me animan con sus comentarios y ellas son: AllySan, Anika-san, hekate ama, azuldcullen, Gata de la Luna, Faby Sama (Bienvenida al fic), FallyBloody(también te doy la bienvenida) pero en especial le doy las gracias a AllySan.

Un beso a todas.

Axter.