¡Hola de Nuevo! Mil disculpas por la tardanza pero ya estamos de nuevo aquí con un nuevo capítulo, espero que les guste.
Inuyasha y sus personajes son propiedad de Rumiko T.
Capítulo 14:
Inuyasha abrió los ojos al escuchar a Kikyou hablando con otra persona por teléfono.
—Gracias madre, sólo dame un poco de tiempo, saluda al abuelo y a mi tía de mi parte—Colgó el teléfono al notar que Inuyasha ya estaba despierto.
—Buenos días—Saludó el joven mientras frotaba sus somnolientos ojos.
—Inuyasha lávate la boca, todavía hueles a alcohol—Le ordenó despectivamente.
El joven abogado miró con vergüenza a su novia al percatarse de su mal aliento y corrió a lavarse los dientes.
—Le pedí a mi madre que entretuviera a mi abuelo y a la madre de Kagome—Fue todo lo que le dijo antes de tomar su portafolio para salir del departamento sin esperar por él como siempre lo hacían.
Inuyasha no dijo nada más, sabía que ella aún estaba molesta, pero ahora él también lo estaba; Kikyou había estado con alguien más y no era un humano, era un híbrido como él, lo cual le preocupaba demasiado.
Sesshoumaru entró de nuevo a la fría habitación, caminó hacia la ventana que daba a lo que alguna vez fue un bello y colorido jardín y de soslayo miró a Kagome, quien había permanecido en silencio, la mirada de la joven siempre se mantuvo en el suelo, no deseaba entablar contacto visual con él, ya que temía no reprimir el impulso de hacerle alguna pregunta, aunque muy en el fondo sabía que él no le haría nada.
El demonio plateado sólo la observaba de vez en cuando, sentía un poco de curiosidad por saber hasta qué punto resistiría en silencio aquella humana. El demonio se retiró de la ventana y pensó que no había necesidad de permanecer sentados todo el día en esa habitación, después de todo, aun cuando estaba en ruinas, la casa de su padre era demasiado grande como para limitarse a un solo rincón.
Kagome estaba sentada sobre una polvorienta manta que Sesshoumaru le había puesto para cubrirla del frío mientras dormía; ella abrazó sus rodillas con más fuerzas y escondió su rostro entre ellas, estaba atemorizada, tenía la perla en alguna parte de su cuerpo y ese enano albino estaba asesinando mujeres por ese pequeño, pero peligroso objeto; pero esa era la menor de sus preocupaciones.
Él la miró de nuevo de manera furtiva, ella había permanecido en aquella posición que le indicaba que sentía miedo. Sesshoumaru salió de aquel cuarto dejando sola a la joven, recorrió lentamente aquel viejo y destruido palacio, en ese lugar se encontraban los recuerdos de su padre, de su madre y de su infancia, aun cuando esta no había sido feliz en lo absoluto; se detuvo en la puerta de la entrada y miró a lo lejos, hacia aquel lugar en donde entabló por última vez una charla con su padre, antes de que él corriera a una muerte segura por salvar a Inuyasha y a su madre humana.
Kagome estaba demasiado aburrida, frustrada y ansiosa, así que también salió de la habitación, para luego abandonar la casona, después de todo, él sólo le prohibió hablarle, pero nunca dijo que no podía curiosear por ese lugar. La joven aspiró profundamente, el aire era puro y por alguna razón la atmósfera de ese lugar era apacible; miró hacia atrás y vio aquel palacio en ruinas, pensó que ese lugar llevaba siglos abandonado, tal vez exageraba, mas no sabía que en verdad estaba muy cerca de la realidad; continuó caminando y admirando el paisaje, plantas e insectos que jamás vio en su vida, su caminar era lento, investigaba todo a su paso ya que trataba de averiguar en donde estaba y como regresar a casa.
—El hijo del comandante ha podido regresar de nuevo—
La joven escuchó aquellas palabras y buscó al dueño de las mismas, pero no vio a nadie.
—Si pudo entrar a través de la barrera de su padre, es porque su corazón ha cambiado ¿Eres responsable de esto, jovencita? —
Ella miró en varias direcciones, hasta que sus ojos se toparon con un rostro que sobresalía de un árbol, se acercó lentamente a este y frotó los ojos en espera de que fuera sólo una ilusión.
— ¡Eres un árbol que habla! —
—Lo soy. Veo que también puedes hablar y que además llevas contigo una pesada y peligrosa carga—
—No sé a qué se refiere—Kagome sentía en este momento que no podía confiar en nadie.
—Sesshoumaru te trajo aquí para protegerte, de otra manera la barrera de Inu no Taisho jamás le hubiera permitido la entrada, él tiene que haber cambiado, puedo sentirlo—el árbol sonrió. —Háblame de ti jovencita, tu presencia me intriga—
—Soy una humana común ¿Qué le puedo decir? —
—Tal vez, pero aun cuando llevas La Perla de Shikon en tu cuerpo, esta no lo ha contaminado—
Kagome lo miró desconcertada ¿Cómo lo sabía?
—Puedo sentir la presencia de aquella joya, la misma que puede atraer a cualquier demonio, —el viejo árbol pudo mirar el temor y el desconcierto en los ojos de la joven— pero no temas, esta isla es el lugar indicado para esconder su presencia del mundo entero, gracias a la barrera de mi viejo amigo—
La joven estalló en llanto.
—No quiero llevarla conmigo—ella cubrió su rostro con las manos. —Al menos…no dentro de mi cuerpo—Contestó con tristeza.
—Una pesada carga para una joven como tú. Sé que eres fuerte, me di cuenta desde el momento en el que entraste a esta isla, pero la carga sigue siendo pesada ¿Por qué no compartes su peso? —
— ¿Con quién? Si Sesshoumaru me ha alejado de todos—contestó mientras limpiaba sus lágrimas.
—Con él—
—Imposible—
—Tal vez difícil—
— ¡Él es muy difícil!—Kagome cruzó molesta los brazos e hizo un puchero.
El viejo árbol dejó escapar una risa.
—Sí, ese es Sesshoumaru—
— ¿Hablan de mí a mis espaldas? —La voz de Sesshoumaru llamó la atención de Kagome, quien miró desafiante al recién llegado y él la miró de reojo—Ya le dije que sus miradas no me afectan—le reiteró a la joven.
Ella apartó la vista de él, estaba enojada con el demonio plateado, por traerla sin su consentimiento y por tratarla de esa manera tan insensible.
—Sesshoumaru, siglos sin verte—le dijo el anciano.
El silencio reinó por unos instantes entre los tres, Kagome miró a ambos demonios y decidió dejarlos solos, tenían siglos sin verse y comprendía que ella estaba de más en ese lugar.
Ambos seres esperaron a que la joven humana se alejara lo suficiente para poder hablar con libertad.
—Ya sabes por qué he venido—Sesshoumaru fue el primero en hablar.
—Me di cuenta—
—No me importa si el conjuro se rompe, los humanos deberían acostumbrarse a nosotros, saber que no somos un mito—
—Tal vez en un futuro no muy lejano, por lo pronto tengo que advertirte que esa perla se alimenta de sangre y emociones negativas, el corazón de esa joven la mantuvo oculta por años y alguna emoción lo suficientemente fuerte pudo hacerla reaparecer—
— ¿Miedo? —
—Puede ser. Esa perla no debe salir de esta barrera, Sesshoumaru, pero dudo que ella pueda vivir sola en estas tierras sin volverse loca, la perla se alimentaría de esa energía negativa, además imagino que no estás dispuesto a vivir aislado con ella para siempre ¿O sí? —
Sesshoumaru guardó silencio, por supuesto que no deseaba vivir aislado con esa humana.
—Debes buscar una solución que los beneficie a ambos—
—Debo quitarle la perla—
— ¿Ya lo tenías contemplado? —
—Este es el lugar más seguro—Sesshoumaru recorrió el lugar con la mirada—La barrera de mi padre sigue siendo impenetrable, aún después de muerto él sigue protegiendo este lugar—
—Así es, tu padre siempre se preocupó por protegerlo, pero la perla debe ser purificada continuamente por la sacerdotisa o en su defecto debe desaparecer—
—Es hora de irme—
—Piénsalo Sesshoumaru—
El aludido sólo se alejó sin mencionar ni una sola palabra más, necesita pensar en muchas cosas, una de ellas era como sacar la perla del cuerpo de la humana y otra era regresar a tiempo a la ciudad para salvar a Kagura, pues sabía de sobra que ella regresaría para estar en la convención de salud, no porque en realidad le gustara el tema de la salud pública, sino que simplemente era la naturaleza rebelde de La Dama de los vientos, él le había dado una orden y ella simplemente la desobedecería.
Kagome estaba fascinada con aquella isla, por un instante pensó que eran las vacaciones que siempre había deseado, sin embargo estaba aburrida, extrañaba a su familia, sus amigos, estaba preocupada por su trabajo, sólo esperaba que no la despidieran; ella continuó caminando con la esperanza de encontrar algo interesante o alguien con quien entablar una charla amena, pero sólo escuchaba el sonido del viento que mecía aquellos frondosos árboles; llegó hasta la orilla de un pequeño riachuelo, se quitó las sandalias y metió los pies en el agua, entonces recordó que aún seguía en pijama, miró el reloj de su muñeca, pasaban de las dos de la tarde y su cuerpo exigía alimento. Ella miró su reflejo en el riachuelo, humedeció sus delgadas manos en el agua helada y comenzó a acicalar su enmarañado cabello con tal de lucir un poco presentable y alineada, metió de nuevo las manos provocando ondas que distorsionaban su reflejo, cerró los ojos y lavó su terso rostro, al abrir de nuevo los ojos notó que en el agua se veía un resplandor rosado, llevó su mano hasta este intentando tocarlo y entonces se dio cuenta que este no provenía del río, sino que era el reflejo de su propio cuerpo. Kagome había descubierto la ubicación exacta de la perla de Shikon, estaba en su costado izquierdo, justo debajo de sus costillas.
La joven se levantó horrorizada al saber que Sesshoumaru no mintió, tenía la ligera esperanza de que estuviera equivocado, el sólo imaginar el dolor que le causaría extraer aquella perla le aterrorizaba, como deseaba que eso fuera una simple sugestión por la palabras del hijo del Comandante Perro; de nuevo miró su reflejo en el agua y constató que no era su imaginación, el resplandor provenía de su cuerpo, no del río. Negó nuevamente lo que acababa de comprobar, maldijo su suerte y se sintió enojada, enojada con Midoriko por haber creado tan cruel objeto y sobre todo por esconderlo en su cuerpo y odió a Sesshoumaru por no haberse equivocado, por haberle dicho que ella llevaba la joya en su cuerpo. Echó su cabello hacia atrás de la oreja, miró al cielo, respiró profundamente y resignándose a lo que le estaba sucediendo trató de tranquilizarse para buscar la mejor solución posible, tanto para ella como para sus seres queridos, entonces se levantó de la orilla del riachuelo, se armó de valor y decisión y dijo para ella misma:
—Si voy a morir ¡Bien! Pero no por eso voy a esconderme, voy a luchar contra ti…Naraku, yo decido si muero como cobarde o muero luchando, pero este objeto ¡No lo tendrás!—Y comenzó a caminar de prisa y con firmeza, siguió la presencia de Sesshoumaru, estaba dispuesta a enfrentarlo para comunicarle la decisión que acababa de tomar y que estaba determinada a llevarla a cabo con o sin su ayuda.
Sesshoumaru escuchó complacido las palabras de la chica, estaba lejos de ella, pero gracias a su buen oído y a que estaba en una isla en donde no existía el escandaloso ruido de otras personas y de todos sus artefactos podía escuchar a la joven con toda claridad.
Sango y Miroku estaban siendo presionados por los altos mandos para resolver el caso lo más rápido posible, lo que era frustrante, ya que sabían de antemano que aquel ser era el asesino serial, pero por petición de Kagome debían esperar a que Sesshoumaru o Inuyasha les ayudaran a capturarlo; ambos fueron a la morgue para pedirle ayuda a Kagome y su viejo maestro, algo que les dijera en donde buscar, deseaban ser útiles para la captura de ese demonio con apariencia de niño, pero cuando llegaron les sorprendió ver que sólo estaban el anciano y los dos forenses. La intuición de Sango le decía que no era normal la ausencia de la psicóloga.
—Buenos días señores—saludo cordialmente Miroku y los tres hombres respondieron sonrientes.
— ¡Detectives! Espero que no traigan malas noticias—dijo el más viejo de los médicos.
—No, para nada—contestó Miroku—Buscamos a la señorita Higurashi.
—Hoy no vino a trabajar—
— ¿Pidió el día? ¿Está enferma? —preguntó Sango un poco angustiada.
—No, de hecho pensé que llamaría, pero no lo hizo—aclaró el anciano.
Al escuchar la respuesta del psiquiatra, Sango salió de la morgue y después del edificio, iba tan rápido que apenas si Miroku pudo alcanzarla antes de subirse al auto.
— ¡Sango! —Miroku trató de llamar la atención de la chica— ¿Qué sucede? —
— ¡Sube ya! —Ordenó ella mientras encendía el auto—tengo un mal presentimiento, vamos a casa de Higurashi—
— ¿Crees que le haya pasado algo? —el detective subió apresurado.
—No lo sé, espero que no—
La joven manejó lo más aprisa que pudo, hasta llegar al templo Higurashi. Una vez que arribaron, llamaron varias veces a la puerta, pero nadie respondió.
Miroku notaba la ansiedad de su compañera y decidió actuar rápido, así que se introdujo por la parte de atrás para no llamar la atención de los vecinos, pero al estar cerrada la puerta con llave, tuvo que abrir la puerta con una ganzúa; los detectives revisaron el lugar y no la encontraron. La preocupación de Sango fue en aumento y lo primero que llegó a su mente fue la imagen de ese malvado pequeño asesinándola.
— ¡Miroku! —Sango exclamó mientras le mostraba a su compañero el celular de la joven y un conjunto de ropa el cual estaba colgado en el perchero de la puerta listo para usarse.
Miroku no necesitó que ella dijera más.
—No temas Sanguito, sé que Inuyasha nos ayudará en esto—sacó su celular y le marcó al abogado para preguntarle acerca de la desaparición de la joven.
— ¿Así que están preocupados? —Preguntó el abogado de cabellera plateada—pues hacen mal—
Miroku parpadeó varias veces intentando comprender aquella frase.
Sango sintió curiosidad por lo que Inuyasha le decía a su compañero, así que se acercó más para poder escuchar aquella conversación.
—Ella se fue con Sesshoumaru—continuó—aunque… la verdad no sé si deban estar tranquilos—Inuyasha no estaba tranquilo, quería convencerse de que lo estaba, pero su realidad era otra.
— ¿Entonces…?—preguntó el detective— ¿Está bien la señorita Higurashi? —
—Por lo menos estará a salvo de Naraku, si ella está al lado del estúpido de mi medio hermano… en cambio… no sé si estará a salvó de él—
— ¿Qué quieres decir? —Sango arrebató el teléfono de las manos.
—Él no es muy amable con los humanos—
— ¿Así que por eso bebiste anoche? —La voz de Kikyo alertó a Inuyasha.
Miroku y Sango alcanzaron a escuchar la voz de la abogada al otro lado de la línea y al momento la llamada había terminado; ambos detectives se miraron confundidos y se preguntaron en silencio si habían escuchado bien.
— ¿Acaso dijo que…?—El muchacho no pudo terminar la frase, hasta donde sabía, Sesshoumaru no era una persona demasiado sociable como para llevarse a la señorita Higurashi en plan romántico.
— ¡Deja de pensar estupideces! Lo más probable es que él la raptó—dijo molesta.
—No creo que por allí vaya el asunto—habló Miroku tratando de apaciguar a su compañera.
— ¿A no? ¿Qué no notaste el miedo con el que lo miraba cuando él entró a esta casa? —
—No tengo argumento contra eso, pero por ahora no podemos hacer nada, no tenemos ningún indicio en dónde buscarla—
— ¡Demonios! —exclamo la detective mientras se pasaba la mano por el flequillo.
— ¡Responde Inuyasha! —Kikyo exigió molesta.
—No, estuve con Kouga—
—Si aún la amas, dímelo de una vez para terminar con esto—gritó furiosa.
— ¿No será que quieres terminar con nuestra relación porque te estás viendo con otro tipo? —preguntó molesto.
Kikyo entrecerró los ojos y lo miró furiosa ¿Acaso estaba insinuando que ella lo estaba engañando?
—Típico en los hombres, quieren terminar una relación haciendo que la mujer se vea como culpable—contestó burlona.
— ¡Bestia! Dejen de gritar son mal espectáculo para los clientes— Kouga entró a la oficina tratando de poner orden.
Kikyou lo miró fríamente y salió de la oficina, sentía que necesitaba alejarse de ese lugar.
—Es raro que ella se comporte de esa manera Inuyasha, ella nunca había perdido los estribos de esta forma—
Inuyasha respiró profundamente para recuperar la compostura.
—Kagome ha desaparecido—mencionó cabizbajo.
— ¿El tal Naraku se la llevó? —
—No, el estúpido de Sesshoumaru—
— ¡Rayos! No sé qué decir ¿Estás seguro que fue él quien se llevó a esa mujer? —Inuyasha asintió en silencio—lo siento hombre, entiendo tu preocupación ¿Ya lo sabe Kikyo? Después de todo es su prima—
—Lo sabe, aunque me extraña que no actúe de manera preocupada—dijo Inuyasha un tanto dolido.
—Me sorprende que digas eso, ya sabes que ella no es muy expresiva con sus sentimientos—
—Sí, tal vez eso sea—respondió con desgano—creo que me estoy preocupando de más—
—Creo que así es—
—Anoche me sucedió algo inusual, creo que es por culpa de esto que siento—
— ¿Qué te sucedió? —
—Volví a mi apariencia normal y no sólo eso, sentí que mi sangre hervía, estuve a punto de matar al enano que acompaña a Sesshoumaru, si no hubiera sido por esa humana… lo hubiera hecho—
—Eso sí es alarmante, debió ser algo realmente fuerte como para romper tú solo el conjuro, debes controlarte o te será aún más difícil mantener tu apariencia humana—
— ¿En serio lo crees? —
—Estoy seguro—
—Ya veo—
Kagome había intentado acercarse varias veces a Sesshoumaru para hablarle acerca de su decisión, pero de igual manera varias veces se arrepintió y se alejó cada vez más de él intentando poner algo de distancia entre ellos, acto que no pasó desapercibido al demonio, quien nunca dejó de prestarle atención, sólo esperó a que ella se armara de valor y se apareciera ante él cuando estuviera lista para hacerlo, además Sesshoumaru también tenía algo que comunicarle.
Después de varios intentos, ella caminó hasta el lugar de donde provenía aquella gran presencia y se encontró con el demonio de cabellera plateada, él estaba sentado a la entrada del palacio en ruinas, tenía los ojos cerrados y parecía dormir; Kagome bajó el ritmo de su andar hasta llegar casi al sigilo en sus pisadas, todo para no despertar al poderoso ser.
Sesshoumaru se sentó para esperarla, mientras tanto cerró sus ojos para hundirse en sus pensamientos y recuerdos del pasado; la escuchó llegar hasta el palacio, al parecer ella estaba decidida a enfrentarlo, ella le temía aún, podía escucharlo en los latidos de su corazón, podía oler la adrenalina corriendo por la sangre de su cuerpo, pero aún así ella se estaba acercando hasta él, la mujer sí que era valiente, lo reconocía. De repente escuchó como ella comenzó a caminar con mucha más ligereza.
— ¿Acaso la humana piensa que no puedo escucharla y que pasará desapercibida para mí? Veamos que hace—pensó Sesshoumaru al sentir la cercanía de la joven.
Kagome estaba parada frente a él, escudriño el aspecto de este y pudo ver el gran cambio físico que había experimentado en unas pocas horas, ahora su aspecto era mucho más imponente que antes; ella se postró sobre sus rodillas y él seguía sin hacer un solo movimiento, conteniendo la respiración, ella levantó su delicada y temblorosa mano y con la punta de sus dedos recorrió con suavidad aquellas líneas violetas que delineaban el pálido rostro de Sesshoumaru y de repente su mirada cálida se topo con los gélidos ojos de él.
Sesshoumaru sintió como su ritmo cardíaco había aumentado, él no tenía miedo de la humana, pero por alguna razón ella había logrado hacer que su corazón latiera demasiado fuerte en más de una ocasión.
Los ojos de Kagome se abrieron ampliamente al verse descubierta por el hombre que estaba frente a ella mirándola de forma acusadora y silenciosa.
— ¡Lo siento! —Trató de retirar inmediatamente la mano, pero Sesshoumaru la tomó de la muñeca.
—Tardaste demasiado—habló con tranquilidad.
—Lo siento—volvió a disculparse.
— ¿Encontraste algo interesante? —preguntó refiriéndose a la isla.
—Sí—ella intentó soltarse disimuladamente del agarre de Sesshoumaru, pues temía ofenderlo.
— ¿Qué? —
—La perla—
— ¿En serio? —él sintió los débiles esfuerzos de la psicóloga por liberarse, así que abrió su mano para soltar la de ella.
Kagome asintió en silencio y señaló el lugar exacto en donde aquel objeto se encontraba.
—Aquí—
— ¿Y? —
—Aquel árbol dijo que debía compartir mi carga contigo, no sé de qué manera pueda hacerlo, pero sí sé que no quiero vivir escondida para siempre, por lo demás… ahora que te veo… ¿Podrás regresar a la ciudad con tu apariencia de demonio? —
—Lo dudo, pero ¿Qué propones? —A él no le gustaba el rumbo que tomaba la conversación, con esa pregunta imaginó que ella le pediría que se quedaran ocultos en ese lugar.
—Debes sacarla de mi cuerpo—
Sesshoumaru se sorprendió y se sintió aliviado de que fuera ella quien lo sugirió.
—No tengo instrumental quirúrgico para extraerla—
—No lo necesitas y lo sabes, —tomó la mano de Sesshoumaru entre las suyas— en mi sueño pude ver como con estas garras desmembrabas el cuerpo de Onigumo, sin la necesidad de usar tu espada—
—Eso fue porque la espada que portaba entonces no servía para cortar a los seres de este mundo—
—Ya veo ¿Podrás hacerlo? —
—Va a doler—
—Lo sé—
—Tienes miedo—aseguró—puedo escuchar tu corazón—
— ¿En serio? —Él asintió—tienes buen oído y buen olfato—
Kagome se levantó y Sesshoumaru la siguió con la mirada, ella aún sostenía su mano y con un ligero jalón y una sonrisa débil le indicó en silencio que se pusiera de pie y así lo hizo.
El demonio se sintió extraño ante la muda petición de la joven, era la primera vez que obedecía una orden o una petición y al ver aquella falsa sonrisa intentando reconfortarle le hizo preguntarse ¿Por qué ella intentaba tranquilizarlo? Él no tenía miedo, pero ella sí y aun así lo alentaba a hacerlo. Sintió como Kagome se acercaba más a su cuerpo y con delicadeza guió su mano hasta su abdomen indicándole en donde se encontraba la perla.
—Por favor—susurró—hazlo ya, que tengo miedo Sesshoumaru… confío en que no me dejarás morir, confío en ti—
Kagome hizo que de nuevo su corazón latiera violentamente y entonces su garra atravesó la carne de la joven y al sacar la mano, aquella pequeña y redonda perla estaba en su palma. El olor a sangre inundo su olfato y miró directamente a los ojos de Kagome, ella había dejado de sonreír, miró hacia abajo para ver que las pequeñas manos de la chica cubrían con fuerza la herida de su abdomen, también notó que ella se tambaleaba a punto de perder el conocimiento y la tomó entre sus brazos antes de que se desmayara.
—Gracias…Sesshoumaru—y cerró los ojos y recargó su cabeza sobre el pecho del varonil demonio.
—Realmente me sorprendes… humana—y la llevó de regreso a la alcoba que alguna vez fue de su padre.
Continuará…
¿Qué tal? ¿Les gustó? Espero que sí. Yo sé que aun no ha habido mucho acercamiento entre nuestros personajes, tengan un poquito de paciencia, ya están solitos, Sesshoumaru tiene taquicardia y poco a poco se dará cuenta que siente algo especial por ella, ya veremos que me dicta la consciencia (O inconsciencia) para el próximo capítulo, jejeje, bueno, no adelanto nada.
Antes de despedirme quiero agradecer a las personas que han dejado su review y ellas son:
La Loisshhinniaa, Faby Sama, hekate ama, AllySan, saky, Gata de la Luna, FallyBloody, Marlene Vasquez. Pero en especial gracias AllySan
