Hola chicas y chicos, se que he tardado demasiado, pero en verdad esa musa ha estado algo floja, je, bueno aquí les dejo el nuevo capítulo.
Todos los personajes de Inuyasha pertenecen a RumikoT.
Capítulo 15:
Kagura regresó a la ciudad ignorando las advertencias de Sesshoumaru; era verdad que lo había conocido décadas atrás, mucho después de que Naraku la había liberado después de miles de trabajos sucios encomendados, pues ese híbrido no era capaz de hacer el trabajo sucio por si solo, ella al igual que sus otras extensiones hacían lo que Naraku ordenaba por el temor a ser absorbidos de nuevo por él, cuando ella no hacía lo que él pedía el muy desgraciado lastimaba su corazón cautivo; la razón de regresar a la ciudad era para enfrentar de nuevo a Naraku, tardó en notarlo, pero de nuevo su pecho estaba vacio como siglos atrás.
—Has tardado—habló el repugnante híbrido.
—Tsk—Ella lo miró hastiada— ¿Por qué? ¿Acaso no me habías entregado mi libertad? Hice todo lo que me pediste ¿Por qué? —
—Tengo un nuevo trabajo para ti y temí que te negaras a hacerlo—
Ella arrugó el entrecejo.
— ¿Qué pasa si me niego? —
Naraku levantó su mano, la cual sostenía el corazón de la dama de los vientos y lo apretó con la suficiente fuerza como para provocar que la mujer cayera de rodillas ante él.
—Sé que alguna vez lo amaste, pero amas más a tu libertad y a tu vida ¿Estas dispuesta a sacrificar todo por él? —
— ¡No lo mataré!—La mujer se agarraba con fuerza el pecho a causa del dolor.
—No lo quiero a él, sino a la mujer que protege—
Kagura lo miró desconcertada.
— ¿Mujer? No sé de quién me hablas—
—De tu rival—
—Tu veneno no me hará actuar en contra de Sesshoumaru—Arrugó el ceño.
—Quiero que traigas a esa mujer—
— ¿Rin? —Kagura imaginó que sería ella, hasta donde sabía ella era la protegida del demonio plateado.
—No, Higurashi Kagome—
—No la conozco ¿Por qué no mandas al enano Hakudoshi? —
—Esta ocupado buscando la perla—
—Ha hecho mal trabajo, sólo mata por diversión, a este paso echará a perder tus planes—se burló.
—Sólo es una humana común—
—Lo dudo si necesitas chantajearme—
—Ella ve cosas por medio de sus sueños—
—Ya veo. Le temes—
—No, sólo me estorba—
— ¿Me dejarás libre después de esto? —
—Puedes estar segura—
La mujer lo miró con recelo, ella sabía que este no sería su último trabajo, no confiaba en Naraku, nunca lo hizo, pero no tenía opción más que hacer lo que le estaba ordenando.
Sesshoumaru llevó a la joven a la habitación que alguna vez fue de su padre, encendió la chimenea y puso a Toukijin en el fuego y esperó hasta que esta estuviera incandescente; estaba a punto de cauterizarle la herida cuando ella despertó, él rompió su camisa e hizo un rollo con el trozo de tela y la metió en la boca de la chica.
—Muerda, va a doler…mucho—Ordenó mientras levantaba el hierro al rojo vivo.
Los ojos de Kagome se abrieron desmesuradamente, estaba aterrorizada de tan sólo imaginar lo que se le aproximaba, pero armándose de valor, asintió en silencio y mordió fuertemente el pedazo de tela.
Sesshoumaru pasó la espada caliente sobre la herida, pudo escuchar como la piel de la joven se quemaba al contacto con el hierro incandescente y pudo imaginar lo mal que ella la estaba pasando, ya que era un anticuado método, además de doloroso, pero no tenía otra opción, de ser una herida pequeña la habría curado con hierbas medicinales, pero era un herida del tamaño de su puño. Cómo agradecía a la suerte no haberle perforado ningún órgano.
Ella apretó con fuerza su mandíbula y sus puños hacían lo mismo con las mantas sobre las que estaba recostada, grandes gotas sudor recorrían su rostro y los sonidos producidos por su garganta rompían el silencio de aquella habitación.
Todo había terminado ya, él la miró detenidamente en espera de que se calmara, fue entonces que sintió un terrible escalofrío recorriendo su espina dorsal, giró su cabeza para mirar aquello que le provocaba esa sensación y se encontró con aquel objeto que había extraído del cuerpo de la chica, su mirada se amplió al notar que esta ya no era de color rosado brillante, sino que era de un tono grisáceo, supo de inmediato que las emociones de la miko influían sobre la perla. Tenía que tranquilizarla, pues la joya estaba causando estragos en su ser y no sabía hasta que punto podía afectarlo, pues en ese momento sentía cierta atracción por la Perla de Shikon, mas él era lo suficientemente fuerte como para soportarlo hasta cierto límite.
—Interesante—observó el demonio al ver que la perla retomaba su suave fulgor a medida de que la joven se serenaba.
Kagome se sintió aliviada al sentir que Sesshoumaru ya había retirado aquella espada de su piel, una lágrima resbaló por su mejilla y después perdió el conocimiento, durmió durante varias horas, estaba demasiado exhausta.
Él no se separó de su lado, con sus dedos humedeció los labios para calmar la sed de la joven ya que no podía darle agua o alimentos por algunas horas; la escuchó quejarse cuando intentó moverse, fue entonces que observó la ropa ensangrentada, debía quitarle la pijama sucia y cambiarla por una limpia, así que tomó la mochila que Rin le había entregado y tomó una playera lo suficientemente holgada como para no lastimarla, se acercó a ella y con todo cuidado intentó quitarle la ropa que llevaba puesta, pero sería imposible hacerlo sin despertarla o lastimarla, así que con su garra comenzó a rasgar la tela por la mitad, logrando así quitársela.
Kagome sintió débilmente que alguien la movía y lentamente abrió los ojos y vio que Sesshoumaru estaba arrancándole su pijama y en un movimiento brusco, sujeto la muñeca del demonio e intento alejarle.
—Si esa herida se abre tendré que hacer todo esto de nuevo—señaló el fuego y la espada que estaba junto a este.
—No… no será necesario—
—Recuéstese— tomó la playera de Rin y con cuidado comenzó a vestirla.
Ella estaba muy débil y adolorida como para levantarse y hacerlo ella misma.
—Doctor Namikaze…—ella lo llamó débilmente y él la miró fijamente a los ojos en espera de lo que diría.
Sesshoumaru espero en silencio, pero ninguna palabra salía de la boca de la chica.
—Yo…—
—No tiene que decir nada si no quiere—Sesshoumaru caminó hasta la esquina de la habitación y se sentó en el suelo.
Kagome se recostó de nuevo y con dificultad por el dolor tomó la manta para calentarse un poco, ella había querido pedirle una manta extra, pero la voz no salió de su garganta, tal vez temía que ya había dado demasiadas molestias, así que simplemente se cubrió hasta la cabeza y abrazó sus rodillas para guardar un poco más el calor, sin embargo no fue suficiente, no era que el clima fuera frío, sino que había perdido demasiada sangre, además de que su presión arterial era baja provocando que su cuerpo comenzara a temblar violentamente.
El demonio escuchó a la joven tiritando, así que se levantó y buscó por todo el palacio alguna otra manta, sin embargo no tuvo suerte, al menos estaba agradecido por haber encontrado la que ya estaba usando la psicóloga, también agradeció de que la tela de esta estuviera hecha con fibras naturales de demonios, de otra manera esa manta ya sería polvo como el que cubría todo el palacio. Sesshoumaru regresó y vio que ella aún temblaba, así que avivó un poco más el fuego de la hoguera, después de todo los muebles de ese lugar ardían magníficamente.
Kagome notó que Sesshoumaru intentaba aumentar el calor de esa habitación y pensó que tal vez era muy difícil para él romper los muebles que alguna vez le pertenecieron a su padre y eso la hacía sentir demasiado culpable.
—Lo…siento…—
— ¿Por qué? —
—Debe ser doloroso para ti deshacerte de estos objetos—
—No lo es—
—Pero… estos son… recuerdos—apenas si podía hablar, sentía tanto frío y tenía la lengua entumecida.
—A esos, los llevó en mi memoria—Aventó otro pedazo de madera al fuego—esto sólo es basura, además ya estaban rotos—
—Entiendo… gracias—
—Le traeré algo de comer—
—No quiero, tengo nauseas… tal vez en la mañana—
—Tal vez—
—Tengo mucho frío—
—Tiene la presión baja, en realidad hace calor—
—No… no puedo dejar de temblar—
—Duerma—
—No puedo… tengo frío—
Sesshoumaru dejó la fogata y caminó hasta el rincón de la habitación y cerró los ojos evitando prestarle atención a la joven.
—Pronto nos iremos—
—Es-estoy de acuerdo—
El cuerpo de Kagome tardó en calentarse y de nuevo se fue quedando profundamente dormida.
Pasaba de la media noche y Kikyo aún no regresaba a casa ¿Tan molesta esta? Se preguntó Inuyasha, quien paseaba de un lado a otro; se sentó y tomó de aquella copa, la cual miró curioso y pensó que era la primera vez que él bebía en ese apartamento, dejó la copa en la mesa del centro y se levantó a mirar nuevamente por la ventana, esta era la sexta o tal vez séptima vez que lo hacía, pero ella no llegaba; mordió sus uñas tratando de menguar la ansiedad por salir a buscarla por la ciudad, buscar su rastro, después de todo tenía buen olfato, pero quería darle su espacio , tal vez por temor a arruinarlo nuevamente. También pasó por su mente buscar a Kagome, le importaba un carajo que ella estuviera con Sesshoumaru, pero tenía que esperar por Kikyo, sentado y en silencio. Un gruñido escapó de sus labios y tomó la copa entre sus manos, la cual se hizo añicos por la fuerza con la que el joven la apretó.
—Espero que la regreses a salvo o te juro que te mataré—Inuyasha era visiblemente más débil que su medio hermano, pero en esta situación ni él mismo sabía de lo que era capaz de hacer, de repente, como si de una punzada se tratara, el pecho de Inuyasha comenzó a doler al igual que su cabeza, el joven hanyou estaba tomando de nuevo su forma natural; corrió al espejo para mirarse y efectivamente, sus orejas de perro de nuevo se asoman sobre su cabeza, su cabello ahora se veía más largo y blanco que antes y sus ojos retomaron su antiguo color ámbar.
— ¿Por qué? —se preguntó y la respuesta era que la línea que divida su sangre humana con la de demonio se rompía, el sello en su caso se anulaba a causa de su coraje.
El sonido del auto de Kikyo alertó sus sentidos, rápidamente se levantó del sofá y corrió hasta la habitación y apagó la luz.
Kikyo entró al departamento y extrañada miró que todo estaba oscuro
—Ki…—
—Sé que estas allí, puedo sentirte—
El joven quedó mudo en ese instante.
— ¿Qué es lo que pasa contigo? Quiero que salgas, me debes una explicación Inuyasha—
Él apretó sus manos con impotencia, en especial cuando el aroma de ese hanyou llegó hasta su olfato; el híbrido caminó en silencio detrás de ella.
—Dime que esta sucediendo ¿Por qué hueles a otro hombre? —
—Porque he tenido un encuentro con otro hombre, mas no quiere decir que te engañe, no me atrae, no lo extraño, no lo amé y no lo amo, todo lo contrario que se puede decir de ti—le dijo con reproche.
Inuyasha sonrió.
— ¿Estas celosa? —
—No—intentó prender la luz.
— ¡No lo hagas! —advirtió.
—Inuyasha, dime qué sucede, tu aura es distinta, es más fuerte—
El abogado se acercó por la espalda de su compañera y la abrazó de la cintura.
—Kikyou, no quiero que me veas así—La joven pudo escuchar la aflicción en la voz de su compañero.
— ¿Acaso no confías en mí?—
—No es lo que piensas—
— ¿Ah no? muéstrate—Ella caminó hacía la lámpara y la encendió, pudo ver al cabizbajo Inuyasha, un par de orejas de plateado pelaje resaltaban en su cabeza.
—Oh—Ella no supo que decir en ese momento, buscaba una explicación lógica para lo que estaba viendo — ¿Por qué has vuelto a tu forma anterior? —Miró con curiosidad las peludas orejas.
—Eso me hace pensar…—La triste mirada de Inuyasha rehuyó a la inquisitiva expresión de Kikyo.
Las manos de ella se posaron sobre ambas mejillas del híbrido y lo obligó a mirarla—Me gusta tu apariencia, sea cual sea yo te amaré—
Inuyasha miró con ternura a Kikyo, para él, ella era la novia perfecta, lo mejor que había pasado en su vida, así que la abrazó con fuerza mientras escondía su cara entre los negros cabellos de su amada.
A la mañana siguiente Kagome se giró hacia un lado y su mano cayó de lleno a un costado y se despertó y se dio cuenta de que el demonio ya no se encontraba en la habitación, ni siquiera estaba cerca del palacio; lentamente y con cuidado de no abrir de nuevo su herida se levantó y miró hacía el exterior buscando la presencia de aquel demonio.
— ¿A dónde se marcharía tan temprano? Apenas si ha despuntado el alba. —y caminó a paso lento, siguiendo la poderosa presencia de Sesshoumaru.
El demonio plateado quiso aprovechar de que ella estaba dormida para poder bañarse y quitarse el hedor de la sangre humana, se dirigió hasta las aguas termales que se encontraban al sur del palacio en ruinas, el lugar estaba cerca, después de todo era una isla pequeña.
Sesshoumaru entró al agua lentamente disfrutando de la calidez de esta, no se detuvo a quitarse la ropa, pues quería enjuagarla para quitarle aquel aroma metálico y después se la quitó para arrojarla a la orilla y quedar completamente desnudo, pues no le preocupaba la humana, ella estaba dormida y muy adolorida para levantarse, pero grande fue su sorpresa cuando su olfato detecto el aroma de la joven que se acercaba.
Kagome estaba cada vez más cerca de Sesshoumaru, se sentía mal por seguirlo, pero la verdad era que no quería estar sola, tal vez le haría un poco de plática y lo analizaría un poco y si se daba la oportunidad abogaría por el amor fraternal que debería existir entre él e Inuyasha; sintió escalofríos al recordar que entre esos dos no existía nada como eso, bastó con verlo ese día en su casa cuando ellos se enfrentaron, el joven hanyou tenía otro aspecto, uno sobre protector, dispuesto a hacer lo que sea, incluso capaz de matar, en cambio, Sesshoumaru se veía tan imponente, tenía la mirada de un asesino frío y despiadado. La joven iba tan metida en sus pensamientos que inconscientemente iba siguiendo el rastro de Sesshoumaru, pero salió de sus cavilaciones cuando sintió el calor húmedo del vapor a medida de que se aproximaba a las aguas termales, fue entonces que se dio cuenta de que estaba a punto de invadir la privacidad de Sesshoumaru y no sabía de que manera él iba a reaccionar, así que dio la media vuelta y comenzó a retirarse, pero de repente un corriente eléctrica recorrió su espina dorsal cuando sintió que él estaba justo detrás de ella.
— ¡Sesshoumaru! —la joven volteó a verlo intentando descifrar las emociones que su mirada transmitían, por desgracia, su mirada no transmitía ninguna, ella ni siquiera se había percatado de que él estaba medio desnudo.
Él la observó callado, por unos segundos; su cintura iba envuelta por la camisa mojada que minutos atrás había arrojado.
—Juro… que no vi nada… yo… estaba distraída—
Sesshoumaru comenzó a caminar y pasó de largo junto a ella. Él no necesitaba escuchar eso, se había dado cuenta perfectamente.
—Lamento haberlo interrumpido, no quería espiarlo ni nada…—él la miró de reojo y pudo ver que ella estaba sonrojada, demasiado para haber perdido tanta sangre la noche anterior. —Por favor discúlpeme estoy avergonzada por interrumpirlo yo…—pero él continuó caminando y eso hizo sentir a Kagome muy enfadada, sin embargo ella no dijo nada y sólo bajo la mirada.
—Le vendría bien un baño—Habló cortante.
Kagome levantó inmediatamente la cabeza.
—Siga derecho, allí puede tomar un baño. —Y de repente desapareció de su vista.
La joven quedó admirada ante la velocidad con la que él podía moverse, entonces se preguntó por qué tuvo que haber aparecido frente a ella haciéndole pasar esa vergüenza, simplemente hubiera desaparecido y ya; suspiró derrotada y comenzó a caminar hacía donde aquel hombre le había señalado. Cuando llegó frente aquel pequeño lago de aguas termales se sintió muy contenta, pues en verdad anhelaba un buen baño, pero sobre todo de agua caliente, así que se fue despojando de su ropa y poco a poco se fue sumergiendo en el agua, aunque sintió un pequeño ardor en la parte quemada de su torso, no le importo demasiado, estaba tan deliciosa que se olvido por un momento de todo el dolor que había sentido la noche anterior, sólo había un problemita, no pudo olvidarse de que Sesshoumaru estaba demasiado cerca ¿Acaso sería capaz de espiarla sólo para vengarse? Se sentó y recargó la cabeza sobre la roca que estaba cerca de la orilla, se sentía tan relajada, pero de repente escuchó unas hojas moviéndose y ella rápidamente se sumergió hasta cubrirse el cuello; sonrió tontamente al darse cuenta que era una avecilla sobre la rama de un árbol, suspiró aliviada cuando comprobó que la presencia de Sesshoumaru estaba algo lejos, no mucho por desgracia.
— ¡Ese tipo ha logrado volverme paranoica!—Gritó molesta. — ¡Ay no! Debe pensar que soy una vil pervertida—se sonrojó violentamente.
Sesshoumaru caminó lentamente hasta aquel viejo palacio y buscó entre los escombros de una habitación la ropa perteneciente a su padre, la cual se mantuvo intacta gracias a que estaba hecha con pelos de las ratas de fuego, sólo estaba llena de polvo, mucho polvo; miró con nostalgia aquella prenda y la sacudió con mucho cuidado, vio aquella armadura negra que muchas veces portó su padre para cubrir su abdomen, era un traje sencillo y cómodo, podía decirse que era para uso cotidiano y de nuevo le vino a la mente el último día que vio a su padre, ese día él no llevaba ese traje, sino que vestía el que usaba en alguna fuerte batalla. Sesshoumaru pensó en ese momento: "¿Por qué demonios viste su armadura de guerra? Sólo son humanos insignificantes, mas lo único que salió de sus labios fue para reclamar a Colmillo de Acero como su herencia.
Entonces le vino a la mente aquella conversación que por años intentó olvidar.
—Les recomiendo que se vayan de mis tierras, ya que pondré un sello que servirá para proteger a Izayoi y a mi hijo…—miró a Sesshoumaru—tu hermano ¿Estas dispuesto a protegerlos? —
—No—
—Entonces, no puedes quedarte aquí—
Todos los soldados de Inu no Taisho salieron de la isla, estaban afligidos por la pérdida de su comandante a manos de los humanos, por culpa de una humana y de su híbrido hijo, fue por eso que su estadía en esa isla era insoportable, el sello les rechazaba y al salir de las tierras de su amo, jamás pudieron volver a encontrarlas.
Pero Inuyasha nunca supo de aquella isla, la cual preparó su padre para que nadie lo molestara.
El comandante corrió a una muerte segura pero tenía fe en que su hijo mayor velaría por su hermano recién nacido y que ambos regresarían a su palacio y estarían a salvo de todo peligro.
Sesshoumaru sacudió de nuevo el polvo de aquel traje blanco, al igual que sacudió sus recuerdos. Él aún no podía perdonar a Inuyasha y a su madre humana por la muerte de su padre.
— ¿Qué fue lo que cambió padre? ¿Por qué pude hallar de nuevo este sitió? Lo busqué inútilmente por años—Todo cambió cuando él aceptó ayudar a Kagome sabiendo que en realidad era para salvar la vida de Inuyasha, aunque se engañó a si mismo asegurando que era para detener a Naraku.
El demonio comenzó a vestir las ropas de su padre y estas le quedaron perfectamente.
Nostalgia era lo único que sentía aquel demonio, deseaba haber actuado de otra manera con su padre, lo extrañaba demasiado, por esa razón él trataba a toda costa de recuperar aquella vieja espada, Inuyasha no era digno de tener tan valioso objeto en sus manos, nunca lo valoraría como él lo hacía, pues nunca conoció al comandante, su padre.
Sesshoumaru aspiró profundamente y captó el dulce aroma de la joven, sin aquel desagradable hedor ferroso de la sangre, era una esencia limpia, sin perfumes, era natural, lo hizo sentir tranquilo por un momento, caminó parsimoniosamente hacia donde ella venía, llenando sus pulmones con ese suave y delicado olor, combinado con el aroma de algunas frutillas silvestres del lugar que tal vez ella había comido camino a casa; se detuvo a observarla cuidadosamente, parecía que cojeaba, estaba descalza, con sus sandalias en la mano, pues una de ella se rompió.
Ella sintió desde lejos la presencia demoniaca de Sesshoumaru, era mucho más fuerte que antes, era tan embriagadora y poderosa que la hacía sentir escalofríos; lo miró aproximarse lentamente hasta ella, pero de repente dejó de hacerlo para mirarla fijamente, se sintió nerviosa y un poco intimidada, ella no podía sostenerle la mirada, así que volteó hacia abajo mientras caminaba hacia el palacio en ruinas; pensó en pasar de largo, pero él la estaba mirando y no dejaba de hacerlo.
— ¿Se encuentra bien? —
— ¿Eh? —ella lo miró confundida, se detuvo un par de metros antes de llegar hasta él.
Él sólo señaló el calzado en la mano de la joven.
—Sí—sonrió—soy muy torpe trepando árboles y me caí, pero estoy bien—ella por fin lo miró completamente y al verlo vestido de esa forma le recordó su sueño. —Es como en mi sueño—susurró mientras observaba a plena luz del día aquellas marcas que tan intrigada la tenían, se acercó despacio hasta él y levantó su mano para retirar el flequillo de la frente de Sesshoumaru y admiró la luna creciente que llevaba en esta.
Sesshoumaru pudo escuchar los latidos de la joven y también notó su mano temblorosa acercándose a él, tocándolo suavemente, estaba tan cerca de ella, que pudo apreciar libremente aquel aroma; cerró los ojos mientras los dedos de Kagome se entrelazaban en su cabello y lo sostenían hacia un lado, al abrirlos se encontró con una mirada llena de curiosidad y admiración y de repente, hubo un sentimiento en ella que no supo interpretar.
Kagome retiró su mano para llevarla hasta su pecho, el cual estaba siendo duramente golpeado por su propio corazón, su sonrisa se borró de los labios y bajó la mirada, rápidamente y en silencio se retiró de allí; no sabía por qué, pero se sentía triste, sabía perfectamente que aquel demonio jamás regresaría a su vida anterior, tal vez la llevaría de regreso a casa y le ayudaría a resolver aquel problema que los acechaba, pero después de eso, él ya nunca regresaría a la ciudad, sentía que todo era por culpa suya, que ella había arruinado la vida de aquel doctor. Kagome rodeó las ruinas y caminó hasta un árbol y se sentó sobre la raíz que sobresalía de la tierra, necesitaba pensar en muchas cosas, tenía tantas preguntas y la principal era. ¿Qué tanto había cambiado su futuro ahora que la perla ya no estaba con ella? ¿Aún tenía que morir?
— ¿Me recordará si muero? —Suspiró— ¡Claro que no! Él no es de esas personas—trató de sonreír, sin embargo no pudo hacerlo y abrazó con fuerza sus rodillas. —No puedo sentir nada por Sesshoumaru, para él sólo soy… una insignificante humana—
Continuará…
Hola de nuevo, como pueden ver Kagome se niega a sentir algo por el demonio ¿Será porque ya lo siente? Quien sabe.
Antes de despedirme quiero agradecer a las personas que me dejaron sus comentarios en el capítulo anterior y ellas son: hekate ama, Anika-san, AllySan, Marlene Vasquez, ELIZABETH, Faby Sama, Gata de la Luna, mistontli.
También deseo darles las gracias por leer, pero en especial gracias a AllySan.
Besos a todos.
Axter.
