Hola de nuevo chicas, espero no haber tardado tanto, este capítulo es especial, se lo dedico a AllySan por su cumpleaños ¡Felicidades!.

Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko T.

Capítulo 16:

Kikyo llegó al despacho y encontró a Kouga, que estaba revisando algunos papeles.

— ¿Tenemos pendientes para hoy? —

Kouga miró su agenda y negó en silencio.

— ¿Pelearon de nuevo? —

—No—

— ¿Por qué no ha venido Inuyasha contigo? —

—Eso…es difícil de explicar—

—Algo me dice que tiene que ver con su apariencia ¿Volvió a transformarse? —El abogado retiró su mirada de los papeles para observar la expresión de su colega.

— ¿Volvió? —ella estaba extrañada.

—Así que no lo sabías. Bien pues creo que algo esta rompiendo su sello y creo que es por su mal carácter, ese sarnoso aún no aprende a controlarse—

—Kouga, yo nunca les he preguntado acerca de ese sello ¿Quién lo creo y por qué? —

Kouga encogió los hombros.

—Existen varias versiones, la más escuchada es que una guerrera humana llamada Tsukiomi peleaba al lado de un demonio polilla llamado Hoshioni. Para poder proteger a su compañera, Hoshioni hizo una alabarda con poderes demoniacos, pero la alabarda estaba tomando el control del demonio, Tsukiomi conjuró hechizo para encerrarlo y quitarle la alabarda, pero algo salió mal, muy mal, creo que se extra limitó y terminó convirtiendo su apariencia demoniaca a la de un humano, aunque logró desaparecer la alabarda, fue a costa de su propia vida. Bueno eso dicen—

— ¿Pero por qué afectó a todos los demonios? —

—No lo sé, aun cuando tengamos esta apariencia, nuestros poderes demoniacos siguen intactos ¿No crees que somos mucho más peligrosos de esta manera? dudo que ella hubiera querido eso, creo que fue un simple error y ya—

— ¿Qué harías si tu apariencia normal regresara? —

—Nada—

— ¿Nada? Creo que lo tomas a la ligera—

—Me iría de la ciudad, viviría en las montañas con los lobos, después de todo…es lo que más deseo—

— ¿Qué es lo que te retiene entonces? —

—La costumbre, ya me acostumbré a este ajetreado modo de vida—

—Ya veo, pero sigo sin entender que le sucede a Inuyasha—

—Tengo una ligera sospecha—

—Dime entonces ¿Cómo puedo ayudarlo? —

— ¿Te parece si vamos primero con Ayame? Ella tiene experiencia en estas cosas—

Kikyo aceptó confundida.


Sesshoumaru había estado meditando desde la noche anterior todos los sucesos vividos con la humana desde que cruzó la puerta de su oficina hasta este día. Caminó siguiendo su esencia y la observó desde lejos tendida relajadamente sobre la grama; se acercó a ella en silencio y la miró de soslayo.

— ¿Qué no puedes sentir nada por mi? ¿Insignificante humana? ¿No será que me comparas con Inuyasha? —Sesshoumaru sintió molestia ante las palabras de la miko y repetirlas de nuevo él mismo, no lo hizo menos molesto, de nuevo el nombre de Inuyasha salía a relucir, aún existía rencor hacia su medio hermano.

Ella estaba recostada boca abajo, con los brazos sirviéndole de almohada, la poca luz del sol que se colaba entre las hojas de los árboles acariciaban su rostro, lo cual la hacía ver indefensa; apretó suavemente los párpados cuando un mechón de su cabello cayó sobre su cara.

Sesshoumaru se inclinó y retiró delicadamente aquel travieso mechón que intentaba perturbar el sueño de la sacerdotisa y pudo ver de cerca el rápido movimiento ocular de la joven.

Kagome estaba soñando.

El demonio se percató que la respiración de la joven era cada vez más agitada y de cómo su ceño se contraía constantemente demostrando que sentía angustia ¿Acaso sería otra de sus visiones? se cuestionó; sentía curiosidad por cómo ella distinguía una premonición de un simple sueño o una pesadilla ¿Cómo hacía ella para no confundirse y mezclar la realidad con la fantasía?

Él podía oler su miedo.

Nuevamente un fuerte escalofrío recorrió su espina dorsal, sentía que aquella joya le provocaba ciertas molestias, así que se levantó y caminó hacia el palacio en ruinas en busca de aquel objeto y vio que la perla estaba perdiendo de nuevo aquel fulgor rosado.

—La sacerdotisa—sabía que debía despertarla en ese momento, las emociones negativas de la joven estaban contaminando la perla y esta a su vez estaba causando ciertos estragos en su persona. Pero lo que no sabía era que la joya también estaba alimentándose de su rencor y odio reprimido. Caminó hacia la salida de aquella habitación, pero se detuvo súbitamente, sentía una fuerte presión en su pecho y la extraña necesidad de tocar aquella joya; dio la media vuelta y estiró su mano, pero recobró casi todo su autocontrol y bajó el brazo. Tenía que despertarla ya y pedirle que se controlara o de lo contrario esta se contaminaría por completo y él no podría contenerse y no estaba seguro de lo que era capaz de hacer si tal cosa sucedía.

— ¿Es así cómo lo haces? Juegas con las emociones, las controlas y te alimentas de la oscuridad de los corazones para fortalecerte ¿Tratas de controlarme porque sabes que puedo bañarte en la sangre de humanos y demonios? Pero soy más fuerte que tú…yo no te deseo—Se dio la media vuelta y se paró en la puerta antes de salir.


Kagome estaba profundamente dormida, sumida en una pesadilla, viendo un fragmento de lo que estaba por suceder a menos que hubiera otro cambio. Un cambio que ello debían realizaran.

Ella tenía las manos atadas a la altura de su cabeza, todo era borroso, su cuerpo estaba adolorido y le costaba trabajo mantenerse en pie, cuando por fin pudo ver con claridad, reconoció una de las dos figuras que estaban frente a ella, era Naraku. No podía ver su cara, pero sabía que era él, sentía esa energía demoniaca que le producía nauseas, además de que al ver su espalda desnuda descubrió aquella cicatriz en forma de araña que anteriormente había visto en otra de sus visiones.

Cuando escuchó la voz de aquel ser, sintió una fuerte angustia.

—Entrégame la perla—Naraku estiró la mano y al hacerse a un lado ella pudo reconocer a la otra persona con quien hablaba.

— ¡No, Sesshoumaru! ¡No se la des! —

Pero él no escuchó y entregó la perla. En ese momento, un fuerte dolor punzó en su abdomen y al mirar hacia abajo vio que la sangre comenzaba a fluir y después todo fue oscuridad.

Kagome despertó sobresaltada, su corazón palpitaba desbocado dentro de su pecho, gruesas gotas de sudor resbalaban desde su frente hasta su cuello.

— ¿Él… va a darle la perla? —se preguntó decepcionada.


Sango y Miroku regresaron de nuevo a la casa Higurashi, querían saber si Kagome había vuelto y al no encontrarla se fueron a casa de Sesshoumaru y estuvieron vigilando por largo rato.

—No hay nadie Sango—

Ella no estaba prestando atención.

— ¿Qué estas pensando? —

—Miroku ¿No crees que es demasiado peligroso todo esto? —Miroku la miró con curiosidad— Mi padre siempre decía que los demonios más peligros eran los que tenían apariencia humana, yo siempre creí que se refería a que los asesinos y delincuentes más peligrosos son aquellos que aparentan ser amables o…eso pensaba yo, nunca creí que hablara de verdaderos demonios—

El detective sonrió comprensivo.

—A veces, Sango, los humanos reales son peores que algunos demonios, pero creo que a lo que tu padre se refiere es a que no te guíes por las apariencias, ya que puedes cometer terribles errores de juicio—

—Es verdad, la muestra está en que nuestro asesino parece un niño pequeño—

—Y también en Kirara, da miedo cuando se transforma, pero es una linda gatita—

— ¿Crees que Kagome Higurashi este a salvo? —

Miroku lo pensó por un instante.

—No lo sé, quisiera decirte que sí, pero en realidad no lo sé—

—Eso no me deja tranquila—Bajó la mirada.

— ¿Por qué no le preguntas a tu padre? Él ya lo conoció y te aseguro que nos dará un punto de vista más objetivo, ya que Inuyasha tiene demasiados líos emocionales—

—Es verdad—se sintió un poco más tranquila—vayamos a la estación a entregar el turno—


Kikyou y Kouga llegaron al café en donde se reunieron en privado con Ayame.

— ¿Y bien? —preguntó Kouga.

La pelirroja olfateó cuidadosamente a Kikyo.

—La esencia de Inuyasha está demasiado acentuada en su cuerpo—

— ¡Lo sabía! —

Kikyo miró a los dos y sus dudas aumentaban cada vez más.

— ¿Acentuada? —

— ¿Has sentido mareos últimamente Kikyo? —

Kikyo sacudió su cabeza de un lado al otro.

— ¿De qué hablas? —

—Pero sí ha tenido cambios de humor—le contó el abogado.

—Lo imaginé—Ayame se acercó a Kikyo y tocó los pechos de la abogada.

Kikyo enrojeció y la miró aún más confundida.

—Si no los conociera mejor pensaría que hablan de un…—

—Deberías hacerte una prueba de embarazo —

— ¿Embarazo? —Kikyo comenzó a llorar.

—Tranquila Kikyo—pidió la loba.

—Sí, no creo que sea para tanto ¿Qué tan malo puede ser que estés embarazada del perro sarnoso? —

—Cállate Kouga, esto es culpa de las hormonas—Le regañó la pelirroja.

—Tú no llorabas—

—Tal vez, pero recuerda que tú sufriste todos los síntomas de mi embarazo—Ayame sonrió traviesa. —Aún recuerdo que todas las mañanas te levantabas a vomitar y tus hombres preocupados no sabían como curarte, pensaban que te había envenenado—rió un poco más fuerte—o que comías toda clase de rarezas—

—Eso no tiene gracia—contestó fastidiado.

—No, pero si lo piensas bien, eso es lo que puede afectar el humor de Inuyasha, haciendo que él este demasiado sensible y que no pueda controlarse y que por eso su sello se haya roto, aunque…por otro lado, dudo mucho que sea eso, algo diferente debió haber pasado ¡Piensen! ¿Qué o quién pudo haber afectado a Inuyasha?—

Los dos lobos lo meditaron por un momento, después voltearon a ver a Kikyo quien continuaba llorando.

— ¿Son lágrimas de felicidad? —preguntó el lobo.

—No Kouga, son las hormonas—respondió Ayame con mucha paciencia.

— ¿Cómo se lo diré? Creo que sus planes de volver con Kagome se irán a la basura—limpió sus lágrimas con el dorso de su mano y fingió una sonrisa. —Es mi culpa—


— ¿Kagome? —la demonio la miró desconcertada.

—Larga historia—intervino Kouga—después te cuento—

—No sé quien sea ella, pero el olfato de Inuyasha es demasiado sensible y no podrás ocultárselo—

—Él te ama, es sólo que es un idiota que se siente preocupado por tu prima—

— ¿Esa chica es tu prima? —Miró a Kikyo y luego volteó con Kouga, quien asintió en silencio— ¿Y por qué debe estar preocupado? —cuestionó molesta.

—Sesshoumaru se la ha llevado—

— ¡Sesshoumaru! ¡Por todos los cielos! —Ayame se llevó la mano al pecho— ¡Con razón esta preocupado! —

— ¿Quién es él en realidad? —preguntó Kikyo, había estado tan ocupada celando a Inuyasha que nunca quiso escuchar nada de lo que tuviera que decir.

—Es el medio hermano de Inuyasha—respondió Ayame.

—Eso lo sé—

—Él es un ser despiadado, persiguió a Inuyasha por siglos, siempre estaban peleando—continuó la loba.

—Era. Algo cambió en él, Ayame, los dos viven en la misma ciudad, pero esta vez Sesshoumaru no ha atacado a Inuyasha—Kouga intervino.

— ¿En serio? ¡La última vez casi se matan! ¡Es malvado! ¡Sólo él pudo sacar lo peor de Inuyasha! No quisiera volver a ver eso—

— ¿Tan peligroso es? —

—Me duele reconocerlo…pero sí—respondió Kouga. —Es un insensible y es un ser frío, aunque, insisto, algo en él cambió—

—Creo que…he sido egoísta—contestó cabizbaja sin saber que más decir.


Kagome apenas si se recuperaba del shock de soñarse muerta, se levantó y trató de jalar aire para llenar sus pulmones, dirigió su mirada hacia donde estaba la perla y notó que su resplandor no era como el de antes, esta vez el brillo de la perla estaba contaminado, se sintió alarmada cuando notó que la presencia de Sesshoumaru estaba demasiado cerca de aquel objeto, así que corrió rápidamente hasta las ruinas.

— ¿Será capaz de llevarse la perla? —dudó por un instante—No, debo confiar en él—

Sesshoumaru había intentado salir de esa habitación pero sintió como el calor de la ira invadía su cuerpo, trató de controlarse y estuvo a punto de lograrlo cuando ella entró corriendo a la habitación.

— ¡Sesshoumaru! —Kagome pudo darse cuenta que el demonio plateado estaba librando una lucha interna, que su aura demoníaca había cambiado, su ceño contraído y sus ojos cerrados fuertemente mostraban su furia. — ¿Qué suc…?—Él abrió los ojos y ella pudo ver que estos habían adquirido un tono carmesí.

—Co…corre—musitó.

— ¿Q-qué? —ella comenzó a sentir miedo de Sesshoumaru.

— ¡Corre! —rugió molesto.

Kagome supo de inmediato que algo andaba mal y se echó a correr.

—Demasiado tarde—Se dijo para si mismo y corrió detrás de ella.

La joven pensó que se había alejado lo suficiente de él, pero sabía que eso era imposible, miró hacia atrás y no vio nada extraño, pero cuando volteó para seguir adelante Sesshoumaru estaba parado frente a ella. Kagome abrió desmesuradamente los ojos al sentir la garra de Sesshoumaru cerrarse en su cuello, el dolor en su espalda la hizo cerrar los ojos cuando el demonio la golpeó contra uno de los árboles.

—Sess-Sesshoumaru—habló con dificultad— ¿Por qué? —

Sesshoumaru la levantó con una sola mano y la lanzó contra el suelo.

Ella se volteó y con sus manos amortiguó la caída, varias piedrecillas y ramitas se incrustaron en estas, se giró rápidamente al escuchar un golpe metálico.

Sesshoumaru había arrojado su armadura al suelo al igual que la parte superior de su ropa.

Kagome se incorporó de inmediato para intentar escapar de nuevo, pero él la agarró de la playera y la desgarró. La joven sintió un fuerte ardor en su espalda, las garras de Sesshoumaru habían alcanzado a rasguñarla. Ella corrió nuevamente, pero como la vez anterior, él ya estaba parado frente a ella; se quedó paralizada ante la velocidad de aquel demonio, quien terminó de arrancar la playera y la empujó hacia atrás haciéndola caer de espaldas.

La joven cerró los párpados con fuerza, no podía creer lo que estaba pasando, cubrió su rostro y pecho con sus brazos, pero Sesshoumaru los retiró con gran facilidad y los aferró contra el piso, por encima de su cabeza.

— ¿No puedes sentir nada por mi, humana? —

La voz ronca del demonio la hizo abrir los ojos y pudo ver que él estaba tratando de contenerse.

— ¿Es por qué no soy Inuyasha? —parecía dolido al hacer esa pregunta, ella pudo notar el rencor con el que hablaba.

—N-no, no hagas esto, por favor ¡No me asustes así! —suplicó la chica.

— ¿Ah no? Entonces ¿Cómo debo asustarte? —

—Sesshoumaru…tú no…quieres—

El demonio la calló uniendo sus labios con los de ella, no era un beso como cualquier otro, era una invasión a su intimidad, era brusco e insípido, lleno de amargura. Su lengua entró a la boca de la joven violentamente, con una sola mano sujeto ambos brazos de la chica, mientras llevaba la otra hacia uno de los pechos desnudos de la psicóloga, acariciándola sin ningún miramiento, era brusco y tenía toda la intención de lastimarla.

Los ojos de Kagome se abrieron desmesuradamente mientras gruesas lágrimas resbalaban por su tersa piel hasta mezclarse con la tierra.

Sesshoumaru se alejó de los labios de la chica para dar un mordisco a la piel de su cuello.

Ella ahogó un gritó en su garganta y de nuevo cerró los ojos con fuerza, de repente sintió que Sesshoumaru dejaba su cuello y colocaba la barbilla sobre su hombro, recargando su frente contra el suelo le susurró dolorosamente al oído.

—Corre…huye—sus garras apretaron con más fuerza las muñecas de Kagome, él estaba luchando por no dañarla.

—N-no puedo—el cuerpo de Sesshoumaru pesaba demasiado, sin embargo ella estaba consciente de que él estaba librando una fuerte batalla interna, similar a los casos de personalidades múltiples, pero en este caso en particular, era contra su propia naturaleza asesina. —Sesshoumaru…no puedo dejarte solo, tú no eres…tú no eres así—

Sesshoumaru pudo escuchar la voz de la joven y poco a poco fue recobrando el control de sus acciones, lentamente aflojó el agarre de las manos de Kagome y con cuidado deslizó la mano que sujetaba el pecho de la chica hacia el suelo para apoyarse y levantarse, mas Kagome colocó una mano en la nuca del demonio y otra en su espalda, impidiendo suavemente que él se retirara, un suave brillo comenzó a brotar de sus pequeñas manos, y sin pensarlo, su energía espiritual estaba ayudando a que el demonio se tranquilizara.

—No quiero huir—susurró la joven, mientras abrazaba con más fuerza al demonio, sintiendo el calor de su cuerpo semidesnudo.

—Humana…—cerró los ojos con suavidad y débilmente dejo caer el peso de su cuerpo sobre el de ella.

Pasaron unos cuantos minutos y él abrió lentamente los ojos, ella aún estaba bajo su cuerpo, levantó la cabeza con lentitud y la miró fijamente a la cara, ella había volteando hacia un lado, no lo miraba; se levantó completamente y comenzó a caminar lejos de ella, quien seguía inmóvil en ese lugar.

Kagome sentía que le dolían las costillas; cuando el se levantó se sintió aliviada de quitarse aquel peso de encima, dolorosamente llenó por completo sus pulmones, no pudo verlo a la cara, quería hacerlo, pero no pudo. Lo escuchó alejarse, estaba decepcionada, esperaba que le dijera algo. Aunque pedir disculpas no era una opción en alguien tan soberbio como él, simplemente no era parte de su personalidad el hacerlo.

Ella se levantó con gran dificultad, no sólo le dolía la piel, le dolía cada hueso de su cuerpo, con delicadeza recorrió con la punta de sus dedos aquel sitio en donde Sesshoumaru la había mordido, rápidamente quitó la mano al sentir aquella punzada ¿Acaso Sesshoumaru la había atacado directo a la yugular? ¿Pensaba matarla? Corrección, él no estaba pensando, ni siquiera sabía si estaba actuando conscientemente, aunque analizándolo bien, él trataba de no dañarla, de lo contrario en este momento ella estaría destazada, entonces ¿Qué fue lo que pasó? Miró hacia aquellas ruinas y vio que la Perla de Shikon continuaba emitiendo un resplandor oscuro. Caminó pesadamente hasta el lugar en donde aquel objeto negro se encontraba y al llegar a éste, con la misma dificultad con la que llegó, levantó su mano y aun antes de tocarla, la perla recobró la pureza de su fulgor, entonces recordó las palabras de aquel viejo árbol:

—Puedo sentir la presencia de aquella joya, la misma que puede atraer a cualquier demonio, —el viejo árbol pudo mirar el temor y el desconcierto en los ojos de la joven— pero no temas, esta isla es el lugar indicado para esconder su presencia del mundo entero, gracias a la barrera de mi viejo amigo—

—No lo entiendo, antes no lo había afectado—tomó la perla entre sus manos y la miró con tristeza— ¿Por qué Midoriko crearía tan peligroso artefacto? Aun sin que estuvieras presente, muchas personas han muerto por tu culpa—la colocó de nuevo en donde estaba y salió de aquella habitación.

Kagome se paró justo en la entrada de las ruinas y comenzó a buscar algún rastro del aura de Sesshoumaru, quien no estaba demasiado lejos, se sintió aliviada al ver que él ya estaba mucho más tranquilo, lo podía sentir. Sonrió y regresó adentro para tomar una manta y una nueva playera, pues la anterior había quedado hecha añicos, necesitaba tomar un baño para lavarse las heridas, que aunque eran simples rasguños estaban llenas de tierra y comenzaban a arderle mucho.


Sesshoumaru llegó hasta donde estaba su viejo amigo, aquel árbol sabio, quien se había percatado de todo lo sucedido.

—Sentí tu dolor joven Sesshoumaru—

El demonio lo miró de soslayo.

—Pero peleaste bien esta batalla, ella esta viva y la perla retorno a su estado puro, esa niña es impresionante, aun cuando es una humana ¿No lo crees Sesshoumaru? —El árbol sonrió, sin embargo, el hijo del comandante seguía sin emitir sonido alguno—No es tu culpa, la perla nos llama, pero fuiste más fuerte que ella, sé que piensas que fueron las emociones de aquella joven, pero esta vez fueron las tuyas, llevas demasiado tiempo reprimiendo ese odio hacia tu hermano—

Sesshoumaru se alejó de aquel lugar sin decir nada, caminó hasta donde había estado con ella minutos atrás, miró la ropa desgarrada de la joven y su armadura y yukata tirada a unos cuantos metros de distancia.

— ¿Qué demonios me proponía? —se recriminó él mismo.

Sesshoumaru olfateó el lugar, el aroma de la sangre de Kagome estaba en el aire y comenzó a seguirlo hasta que llegó a las aguas termales, en donde ella estaba tratando de limpiar sus heridas.

Ella sintió su presencia, su piel se erizó por un segundo y sólo atinó en abrazarse ella misma, podía sentir su mirada, estaba justo detrás de ella.

El demonio pudo percibir como ella temblaba ligeramente, mas ella trataba de contener aquel nerviosismo; Sesshoumaru se adentró lentamente al agua, sin importarle que su pantalón y sus botas se mojaran; se acercó hasta ella y puso sus manos sobre los hombros de la chica, quien instintivamente los encogió, podía escuchar su respiración temblorosa y los desbocados latidos de su corazón, pensó que ella aún tenía miedo. No, ella le temía mucho más que antes, de otra manera lo estaría enfrentado en este momento, gritándole cosas sin sentido.

Con cuidado de no lastimarla más, aquel demonio agarró el cabello de Kagome y lo hizo hacia adelante del hombro, dejando al descubierto la pálida espalda, en donde pudo ver las huellas de sus garras; con la palma de su mano tomó agua y con delicadeza comenzó a quitar la tierra que estaba mezclada con su sangre seca.

Kagome apretó con fuerza sus párpados y mordió su labio inferior para reprimir que algún sonido que demostrara dolor escapara de su boca, pues ella sabía que él no era culpable de lo que había sucedido, así que tomaba este acto como una simple disculpa silenciosa.

Cuando acabó de limpiar las heridas, Sesshoumaru deslizó sus manos por los brazos de la sacerdotisa deshaciendo su agarre y miró con atención las marcas de sus manos, unos oscuros hematomas se habían formado en las muñecas de la joven; las soltó con el mismo cuidado y dirigió su mirada al cuello de Kagome, otros hematomas se formaban alrededor de su cuello, pero lo que más atención le llamó fue aquella marca hecha con su boca, parecía un mordida, no,… más bien parecía un chupetón.

— ¿Qué demonios…?—pensó, levantó su mano y con la punta de los dedos comenzó a recorrer aquel moretón.

Kagome sintió en dónde él estaba pasando sus dedos e inclinó su cabeza a un lado.

—Tú…—Sesshoumaru se detuvo al escucharla— ¿Ibas a matarme? — Ella giró medio cuerpo y levantó su cabeza para verlo a los ojos.

Él miró hacia abajo, su mirada seguía siendo gélida e indiferente, más su ceño se contrajo, estaba a punto de decir algo, pero ella se giró completamente hacia él y con la mano le cubrió la boca.

—No lo digas, no quiero saber—cubrió su pecho con los brazos y recargó su cabeza en el varonil pecho de Sesshoumaru. —No importa—cerró sus ojos.

Sesshoumaru abrió los ojos sorprendido, no esperaba que ella dijera eso; lentamente levantó su mano y la colocó sobre la nuca de la psicóloga, atrayéndola aún más a su pecho.

—Idiota—por fin decía algo, aunque fuera un insulto.

Kagome se sorprendió al escuchar aquello y se separó para mirarlo inquisitivamente.

— ¿Por qué no corriste? —Ella desvió su mirada— ¿Qué hubiera pasado si yo no logro controlarme? —

—Sabía que lo lograrías—

—No me conoces—se separó de ella y se fue caminando hasta la orilla.

—Aunque yo hubiera corrido, tú me hubieras alcanzado y matado, estaba atrapada no había a donde huir—Ella caminó hacia él.

Él estaba a punto de salir del agua.

—No corrí, porque vi como tratabas de controlarte, por eso me di cuenta de que lo lograrías—

Sesshoumaru se detuvo y la miró con curiosidad.

—Eres fuerte, mucho más que esa perla que te llama, sé que no la deseas por eso confiaba en que lo lograrías—ella quedó frente a él—Pero hay algo que me intriga demasiado—lo miró desafiante.

Sesshoumaru enarcó una ceja y la miró con atención.

— ¿Qué te importa a ti lo que yo sienta? ¿Y qué tiene ver Inuyasha en todo esto? —aquellas preguntas sonaron como un reclamo, especialmente porque el tono de su voz había subido —Inuyasha es parte de mi pasado y lo que yo pueda o no pueda sentir por alguien más no tiene nada que ver con él, porque yo dejé de amarlo hace mucho—caminó molesta hasta donde estaba la manta y la agarró bruscamente para cubrirse y dando grandes pasos se alejó del demonio dejándolo completamente solo.

Él se quedó parado observando a aquella joven que hasta hace unos segundos parecía temerosa, pero al verla actuar de esa manera no supo como reaccionar, sin embargo su corazón comenzó a latir más fuerte y mucho más aprisa.

Continuará...

Bueno eso fue todo por hoy ¿Qué les pareció? Bueno antes de despedirme quiero agradecer a todos por leer, pero especialmente a aquellas que dejaron sus comentarios y ellas son: AllySan, hekate ama, ELIZABETHSHANE, Gata de la Luna (quien me ayudo en este capítulo), Faby Sama, Minako Uzumaki, narutiana, Anna Pautt.

Y de nuevo ¡Felicidades AllySan!

Besos.

Axter.