¡Hola de nuevo! Sé que me tardé, pero aquí sigo y espero les guste el capítulo, antes de continuar quiero pedirles disculpas por la tardanza y tengo la forma de compensarlas, el capítulo 18 ya está casi listo, la verdad es que este había quedado muy largo y tuve que dividirlo en dos, así que no tardo en publicarlo sólo le falta una revisión y corregir los errores que surjan, no digo más… ¡Disfrútenlo!

Inuyasha y sus personajes son propiedad de R.T.


Laberinto de Sombras.

Capítulo 17:

Un grupo de policías se encontraban en la oficina del capitán recibiendo tremendo regaño por no haber resuelto aún el caso.

—Cuatro víctimas ¡Cuatro víctimas en dos semanas y no hay detenidos! ¡¿Se puede saber qué demonios están haciendo? —gritaba enfadado el viejo jefe de la policía.

—Señor, son pocas las pistas, ya hemos enviado la foto de aquel niño a todos los medios de información, hemos recibido miles de llamadas y las hemos investigado todas y cada una de ellas, pero ninguna nos ha llevado al verdadero sospechoso—intervino Miroku.

—Sólo hemos encontrado niños albinos, pero ninguno concuerda con la imagen obtenida de aquel niño—continuó otro policía.

— ¡Pues sigan investigando! a estas alturas no dudo que empiecen a salir los oportunistas que cometan crímenes, además el alcalde ya me tiene agarrado de los testículos con este caso, pronto comenzarán a cortar nuestras cabezas—ordenó a todos los detectives y policías que estaban dentro de aquella habitación mientras que aquel hombre salía de la misma cerrando la puerta tras de sí con demasiada fuerza para mostrar su enojo.

Sango y Miroku salieron inmediatamente después de aquel hombre.

— ¡Demonios, Miroku! Me siento tan frustrada—Sango dio un puñetazo a la pared.

—Entiendo, yo también siento lo mismo—colocó una mano en el hombro de la chica—sé que prometimos esperar y no intervenir y aunque no hemos cumplido con dicha promesa no hemos avanzado, no tenemos pistas de donde pueda estar este ser o como lo atraparemos si lo encontramos—el detective se llevó la mano a la barbilla.

—Ni siquiera sabemos en dónde están Kagome o Sesshoumaru, ellos son quienes nos pueden ayudar—

Miroku giró la cabeza de un lado al otro de manera negativa.

—También están Inuyasha y Kikyo, o tal vez el doctor Totosai—

—El anciano ha sido demasiado hermético con nosotros—La joven arrugó el ceño.

—Pues, tal vez debamos persuadirlo—habló Miroku con una sonrisa en la boca.

—Es muy testarudo, pero tal vez debamos hablar con esos dos abogados—

—Me parece bien—Miroku abrió la puerta de salida de la estación y se fueron al estacionamiento para tomar su auto asignado, mientras Sango llamaba al móvil de Kikyo para poder encontrarse.

La abogada recibió a ambos detectives en su oficina y estos le mostraron la imagen y el video de aquel niño albino.

—Es poderoso—dijo la abogada mientras observaba el video—y los está retando, no se acerquen a él, es muy peligroso, aunque…—

— ¿Aunque qué? —Sango le incitó a seguir.

—Ustedes dos no son humanos comunes, casi me atrevo a decir, por su aura que usted ha practicado anteriormente para ser un monje—señaló a Miroku—tiene cierto grado de poder espiritual, un poco alto si me lo pregunta y usted—miró fijamente a Sango—es más fuerte de lo que muchos creen, pero aun así, no deben enfrentarlo solos—

— ¿Qué debemos hacer entonces? ¡No podemos voltear hacia otro lado y fingir que nada sucede!—reprochó la detective.

—Estoy de acuerdo con lo que dice, pero no es un humano al que enfrentan, no puede ser arrestado, debe ser destruido, purificado, de lo contrario se descubrirá la verdad acerca de los demonios—Kikyo se sentó mientras miraba fijamente a Sango.

—Pero… la gente merece saber la verdad—La joven detective no quería continuar con aquel engaño.

—Me gustan tus ideales de la verdad y la justicia, pero ¿Esta la gente preparada para conocer la verdad? —Kikyo sonrió, pero su expresión continuaba siendo fría— No lo creo, eso crearía un caos; sin embargo, esa verdad está a punto de ser descubierta y es deber suyo mantener la paz y el orden por la seguridad de los humanos. No se sabe lo que el miedo puede ocasionar. —Volvió a mirar el video—No, este crio es sólo un mensajero—dijo mientras repasaba una y otra vez aquella escena.

—Pensamos lo mismo—agregó el detective—existe alguien detrás de él—

—Tengo un sospechoso—La abogada recargó los codos sobre el escritorio y apartó la vista de la pantalla de su computadora para observar la expresión de aquellos detectives novatos— ¿Por qué les dieron este caso a ustedes? —los miró con recelo, a leguas se veía que eran nuevos en casos de asesinato.

Sango arrugó el ceño y abrió la boca a punto de contestar, mas Miroku la agarró del hombro para evitar que su compañera se sobresaltara.

—No importa—continuó la abogada, mientras se recargaba sobre su silla— ¿Saben algo de Kagewaki Hitomi? —

—Nunca había escuchado ese nombre—Dijo Miroku.

—Es un híbrido, pero aun así su presencia demoniaca es demasiado fuerte, además tengo un presentimiento—

—Necesitamos hechos señorita, sus presentimientos no nos dicen nada—Sango intervino molesta.

—Estoy de acuerdo con lo que dice, sin embargo, no está mal fiarse de sus instintos ¿No cree? —La abogada miró retadora a la detective—estoy casi segura de que sus instintos le dicen que no soy de fiar, tal vez deba hacerles caso—

—Por desgracia, mis instintos dicen que no me queda otra que confiar en usted, de lo contrario no estaríamos aquí—concluyó Sango.

—Muchas gracias señorita—se despidió Miroku mientras se dirigía a la puerta y se llevaba consigo a Sango.

La detective se detuvo antes de salir.

—Por cierto ¿En dónde está Inuyasha? —

—Está en casa, les daré mi dirección para que lo comprueben por ustedes mismos, aunque les advierto, —hizo una larga pausa, mientras los detectives la miraban expectantes— ahora él no es el mismo, al menos no físicamente, tal vez no quiera recibirlos, así que llamen primero—respondió la abogada al mismo tiempo que escribía la dirección en un papel y se lo entregaba a Miroku.

—De nuevo gracias por su tiempo. Investigaremos al señor Hitomi y estaremos en contacto—dijo Miroku.

Ambos detectives caminaron hacia la puerta.

—Y Sango—Kikyo la llamó y esta se detuvo a escuchar lo que quería decir—soy tu aliada, no tu enemiga—

Sango solamente se limitó a continuar su camino.


Sesshoumaru la observó alejarse, tenía cierta curiosidad del por qué no le reprochó nada acerca del ataque, pero sí por haber mencionado a Inuyasha ¿Qué tenía que ver su medio hermano en todo esto? ¿Qué quiso decir con sentir o no algo por alguien más? ¿Acaso ella sentía algo por él?

—Imposible—

Fue lo único que pudo aseverar, pues no recordaba todo lo que había dicho durante el ataque y no tenía ganas de saberlo.


Kagome caminaba dando grandes zancadas, un par de veces tropezó con alguna piedra golpeándose los dedos y maldiciendo al demonio cada vez que esto sucedía.

— ¡Maldito demonio arrogante! —Volteaba hacia atrás mientras sostenía su pie golpeado y gritaba con toda la intención de ser escuchada.

Alcanzó a llegar a la cabaña faltando poco para oscurecer, llegó a la habitación que hasta el momento había estado ocupando y miró la pequeña mochila, caminó hasta ella y comenzó a buscar algo que ponerse, tomó un sostén y lo miró detenidamente.

— ¿Qué pensaba Sesshoumaru al traerme esto? ¡Ni de broma me queda!—Lo hizo a un lado y continuó buscando, alzó una blusa e hizo una mueca de disgusto, pues era una blusa muy entallada y fuera de lugar para la ocasión.

—En verdad no sé qué pensaba ¿Qué veníamos a un hotel de lujo? —y luego rió suavemente. —Bueno, al menos me ve un poco esbelta o demasiado diría yo—así que intentó ponérsela, pero le lastimaba demasiado y de nuevo se la quitó— ¡Maldito demonio! Eso si duele—se quejó al sentir el ardor en su piel, miró hacia su costado y notó que la herida de la noche anterior casi se había vuelto a abrir por causa del esfuerzo; nuevamente se cubrió con la manta y se sentó algo abatida, abrazó sus rodillas y cerró suavemente los ojos.—Arrogante… estúpido— Se abrazó con más fuerza y se quedó así por unos minutos y entonces se levantó y volvió a buscar entre la ropa, ella pensaba que Sesshoumaru la había tomado de su hija Rin. —Debe ser muy ciego para no darse cuenta que ella es mucho más pequeña que yo—y era verdad, Rin era un poco más bajita y delgada que ella, además de que el cuerpo de Kagome estaba un poco más desarrollado.

—Bien, pues no puedo andar desnuda por allí, así que me pondré mi pijama—Tomó la parte superior de su pijama y vio que estaba rota y además llena de sangre. —Tal vez…—pensó en ir al lugar en donde Sesshoumaru la había atacado, con la esperanza de que por lo menos el sostén se hubiera salvado, volteó hacia un costado y vio la camisa de Sesshoumaru, aunque estaba rasgada de la parte inferior, ya que la noche anterior él la rompió para evitar que ella se mordiera la lengua a causa del dolor cuando le cauterizó la herida; observó la prenda con detenimiento y sonrió enternecida.

Kagome miró varias veces su cuerpo para ver que tanto le cubría la camisa, era amplia, un poco larga y muy cómoda, vio una pequeña mancha de sangre, mas en ese momento no le interesaba que estuviera sucia, le pertenecía a él y era lo único que importaba.

—Debió haber sido cuando me cargó hasta aquí… sólo espero que a él no le moleste que me haya puesto su ropa sin permiso—

Caminó hasta una esquina y tomó las pocas bayas que había recolectado durante el día y se sentó a comerlas.

—No sé si deba guardar algunas para él—pensó—no lo he visto comer ¿Comerá humanos? Rió un poco divertida—no, ya lo hubiera hecho si quisiera…—bostezó. —Estoy cansada y aburrida, lo mejor será dormir, además no creo que deba esperarlo, sería muy tonto de mi parte, él tratará de llegar lo más tarde posible, lo sé… ¡Qué locura! Estoy hablando sola —rió nuevamente— ¡Ash! No tengo sueño y en verdad estoy muy aburrida—salió con un poco de pereza de la habitación y después, de las ruinas; caminó por un rato, sin alejarse demasiado, pues ya había oscurecido completamente.

La joven miró hacia varias direcciones buscando la presencia de Sesshoumaru, la cual no tardó en encontrar, trató de convencerse de que no quería estar cerca de él, pero era consciente de que tampoco lo deseaba lejos.

—No puedo—se sentó sobre las raíces de un árbol y miró fijamente al suelo, como si eso la ayudara a no sentir la presencia del joven demonio—Cómo desearía no saber tu ubicación—suspiró, pero un fuerte e inesperado ruido entre las ramas de los árboles la sobresaltaron y de inmediato se puso de pie en estado de alerta.

— ¡Kagome! —Una rasposa, pero conocida voz la llamó.

La joven miró en distintas direcciones, cuando pudo localizar a quien la llamaba, no pudo distinguirlo con facilidad, ya que esa persona saltaba de un lado a otro con gran velocidad, sin embargo pudo ver aquella cabellera blanca.

— ¿Sesshoumaru? —Preguntó débilmente, pero se paralizó al percatarse de que la presencia de Sesshoumaru aún continuaba lejos—No, no es él—pensó— ¿Por qué no puedo sentir esta presencia? —Kagome seguía con la mirada los rápidos movimientos de aquel que la acechaba y buscó el momento oportuno para comenzar a huir— ¿Será ese niño que mató a las chicas? —corrió con la intención de llegar hasta donde se encontraba Sesshoumaru.

Kagome comenzó a correr, pero aquel ser se paró justo frente a ella y por fin pudo reconocerle, aunque en el fondo de su corazón rogaba porque fuera un error.

— ¿I-Inuyasha? —Se acercó un par de pasos hacía él para poder verle mejor, sin embargo sólo escuchó un gruñido; por fin pudo verlo, él estaba completamente diferente, un par de orejas de perro sobresalían en su cabeza y con dificultad pudo distinguir unas marcas violáceas que adornaban su cara y sus manos.

Inuyasha permanecía inmóvil y con la mirada hacia el suelo, pero eso no evitaba que ella pudiera ver como este arrugaba la nariz y le mostraba los colmillos lleno de ira; sus orejas se movieron de arriba hacia abajo cuando escuchó que ella se acercaba temerosa hacia él, levantó su mirada rojiza y tiró un zarpazo con toda la intención de herirla y de nuevo regresó a su postura anterior.

Kagome saltó hacia atrás evitando así que la garra de Inuyasha la hiriera, tragó pesado y trató de idear la mejor manera de escapar sin salir herida, pero si Inuyasha tenía las mismas habilidades que su hermano, entonces estaba perdida; trató de pensar claramente en lo que debía hacer, pero aquellos fuertes resoplidos que Inuyasha hacía con la nariz no le permitían escuchar sus propios pensamientos.

El día había terminado y la luna no alumbraba en todo su esplendor ya que esta estaba en su cuarto menguante.

Kagome recordó lo que alguna vez le enseñaron en uno de sus campamentos infantiles en caso de que se encontraran con un animal salvaje, así que poniendo en práctica lo aprendido retrocedió lentamente, creyendo que así no llamaría su atención, pero el híbrido atacó nuevamente haciendo que ella se lanzara al suelo para evitar que la garra de Inuyasha la alcanzara en la cara y corrió hacia el pequeño bosque frente a ella.

— ¡Ayuda! —gritó con la esperanza de ser escuchada por Sesshoumaru; se escondió detrás de un árbol, mismo que fue destrozado por el muchacho y ella corrió de nuevo.

Sesshoumaru escuchó los gritos de la joven y en cuestión de segundos ya estaba en donde ella se encontraba. La observó correr sin rumbo, sólo de frente; ella no conocía el lugar y por la oscuridad, era un hecho de que la joven se dirigía a una muerte segura o por lo menos tendría severas fracturas.

La joven estaba corriendo y debido a la oscuridad no pudo percatarse del barranco que estaba frente a ella, afortunadamente Sesshoumaru estaba parado delante de la joven y la detuvo.

Ella gritó llena pánico al pensar que era Inuyasha quien la sujetaba.

Sesshoumaru la obligó a mirarlo y la llamó varias veces para que reaccionara.

— ¡Suficiente! —

Kagome reaccionó al reconocer aquella varonil voz y suspiró aliviada; miró hacia atrás y ya no había nadie, respiro profundamente para recuperar el aliento al mismo tiempo que los latidos de su corazón regresaban a su ritmo normal.

Él esperó paciente a que ella se tranquilizara, miró hacía todas direcciones, estaba confundido, podía oler la adrenalina corriendo por el cuerpo de la chica, escuchar su desenfrenado corazón y sentía cómo las temblorosas manos de la psicóloga se aferraban a su haori.

—No lo lastimes por favor—pidió la chica, quien lo miró suplicante.

Sesshoumaru arrugó el ceño y la miró desconcertado.

— ¿A quién? —

Ella se sorprendió por la pregunta y volteó hacia atrás, no había ningún rastro de violencia; se alejó de Sesshoumaru y analizó incrédula aquel lugar.

—Era… Inuyasha—estaba confundida.

Sesshoumaru miró a todos lados y levantó su nariz olfateando aquel lugar.

—No hay rastro de él—contestó secamente.

—Yo lo vi—dijo atemorizada—en su cabeza había dos orejas puntiagudas, como las de un perro alaska, sus ojos eran rojos, como los tuyos hace un rato y tenía líneas violetas al igual que tú…—

—No hay nadie—interrumpió.

— ¿Por qué no me cree? —preguntó afligida.

—Mi olfato me dice que no hay nadie—

— ¿Lo soñé? ¿Estaré enloqueciendo? —Kagome sentía angustia al pensarlo.

Sesshoumaru sólo alzó los hombros restándole importancia.

—Créame, yo lo vi ¿Por qué no me mira a los ojos para que sepa que le digo la verdad? —Kagome estaba desesperada porque le creyera.

—Tal vez lo imaginó—

— ¿En qué momento me quedé dormida? yo no me dormí… no pude haberme dormido ¿O sí? —rápidamente repasó todos sus movimientos desde que salió de las aguas termales hasta este preciso instante para saber que estaba pasando—No, no entiendo—caminó tambaleante para alejarse de ese lugar y de repente se detuvo. —Creo que debemos volver a la ciudad—

Sesshoumaru la miró con tranquilidad.

— ¿Por qué no regresa a las ruinas y se pone la ropa limpia que le traje? Mi camisa no es apropiada para usted—señaló su camisa—a menos que…—

— ¿Que qué? Que sea un fetiche ¡olvídelo! No se crea tan importante —

—No, iba a mencionar el terrible error de apreciación de mi ahijada—

Kagome cruzó sus brazos sobre su pecho.

— ¡Es usted un grosero! No es por eso—Respondió ofendida por el comentario.

— ¿No? Entonces ¿Por qué usar una camisa sucia? —

—Tal vez porque la ropa de su ahijada me queda un poco ajustada y los rasguños en mi espalda en verdad me duelen demasiado—

—Si usted lo dice—

—Así es—

—Bien. Ahora regrese a la habitación y espéreme—

— ¿Por qué he de esperarlo? ¿Acaso irá a algún lado? —

—Sólo váyase y espere—ordenó con voz autoritaria.

— ¡Claro que no! Yo voy con usted—

Sesshoumaru no contestó, sin embargo la miró fijamente

De no haber sido por la oscuridad tan intensa de esa noche, la cual no le permitía ver con claridad todos los gestos que la otra persona hacía, ella habría jurado que él le había dirigido su típica mirada gélida.

—Es sólo que…—comenzó a juguetear nerviosamente con sus dedos—me perdí—

Y él hubiera apostado que la joven estaba tan roja como un tomate por admitir aquello. Comenzó a caminar delante de ella.

Kagome se quedó inmóvil sin decir nada.

Sesshoumaru detuvo su andar.

— ¿Se quedará allí? —

La psicóloga corrió a darle alcance.

Pronto ambos estaban en la calidez de aquellas ruinas.

—Espere aquí—caminó hacia la salida.

—Pero…—ella se apresuró hacia él.

Sesshoumaru dio media vuelta y la miró severamente.

Esta vez ella sí pudo ver su mirada, que sin palabra alguna le ordenaba no seguirlo.

El demonio volvió a girarse y continuó su camino. Pronto llegó hasta aquel árbol de magnolia.

—Te ves alterado—dijo el anciano al sentir el aura del hijo del comandante.

—No lo estoy—

—Pudo ser un sueño o una visión—Estaba enterado de todo lo que sucedía a su alrededor.

— ¿Es posible que Inuyasha regrese a ese estado? —

—No lo sería si Colmillo de Acero aún estuviera con él—

— ¿Y no lo está?—Sesshoumaru sintió un poco de ira recorriendo su ser al escuchar esto.

—Cuando este hechizo comenzó, Inuyasha se sintió a salvo y cuando la ley de no portar espadas fue promulgada en aquella isla, además de saber que tú la querías, creyó que lo mejor sería esconderla—

— ¿En dónde? —

—Con su creador—

—Totosai—

—El hechizo de Inuyasha se ha roto, muy extraño si lo preguntas—

—El mío también—

—Es porque estas cerca de la Perla de Shikon, en cuanto te alejes volverás a la normalidad, el caso de Inuyasha no puedo explicarlo—

Sesshoumaru se sintió decepcionado.

— ¿Qué hay de la gata de Midoriko e Inuyasha? —

—Tal vez la gata estaba lejos del radio de alcance del hechizo—

— ¿Significa que nunca se romperá este sello? —

—No exactamente, el sello está demasiado débil, tanto que la simple cercanía con la perla te devolvió tu apariencia normal, lo que significa que pronto volverás a ser el mismo sin la ayuda de la perla y lo mismo sucederá con cualquier otro demonio o hanyou—

— ¿E Inuyasha? —

—Depende de ti, si quieres salvarlo y ayudar a los humanos que viven cerca de él—

— ¿Por qué he de hacerlo? —

— ¿No quieres? —

Sesshoumaru guardó silencio por unos segundos.

—No me importan los humanos y mucho menos Inuyasha—

— ¿Estás seguro Sesshoumaru? —El viejo árbol dejo escuchar su rasposa risa— ¿Sabes? Durante siglos observé como pasabas por aquí inútilmente, una y otra y otra vez ¿Qué fue diferente esta vez? —

—Tal vez la barrera ya ha cedido—

—La barrera es igual de fuerte que siempre—volvió a reír—ahora ve con Totosai por la espada y entrégala a su dueño, mañana puede ser tarde y por la jovencita no te preocupes, ella está a salvo aquí, pero eso ya lo sabes—

Sesshoumaru dio media vuelta y emprendió el vuelo fuera de la isla.

Continuará…


¿Qué tal? Antes de despedirme quiero agradecerles a todas las chicas que me han apoyado en el fic y darle la bienvenida a dos nuevas lectoras, ellas son Lady Indomitus y Lilith1939 y sólo por esta vez, dado que cometí el error de no desactivar el moderador de reviews y no los modere (lo siento)por lo que tal vez no aparezcan algunos reviews anónimos, pero están en mi correo, no crean que no los leo, me encanta saber que opinan del capítulo, bueno dejando de tanto rollo, una disculpa si no puedo agradecer individualmente, pero les mando un besote a todas las lectoras, en especial, gracias a AllySan.

No sé olviden que no tardo con el capítulo 18.

Besos.

Axter.