¡Hola de nuevo! Aquí les traigo el capítulo 19, espero que les agrade.
Inuyasha no me pertenece, es propiedad de Rumiko T.
Laberinto de Sombras.
Capítulo 19:
Kagome pudo detectar que la presencia del demonio se alejaba rápidamente fuera de la isla.
— ¿Él…me ha abandonado?—pensó angustiada mientras su cuerpo se deslizaba desde la pared hasta el suelo; respiró profundamente para tranquilizarse, ya que sentía que estaba a punto de entrar en pánico, una cosa era sentirse sola y otra, realmente estar sola.
—No, él volverá, sé que él volverá—dijo llena de esperanza e intentó entretenerse con cualquier cosa, con tal de quitar la idea del abandono de su cabeza.
— ¿Por qué estas mantas han sobrevivido al paso de los años y los muros no?—Observó con detenimiento aquellas mantas—prometo que será lo primero que le pregunte en cuanto lo vea—sonrió. —Porque él volverá ¿Cierto?—
Y sin darse cuenta se fue quedando dormida.
Sesshoumaru salió volando a través de la barrera de la isla, sentía cierta zozobra de salir de su antiguo hogar y no poder encontrarlo de nuevo, lo cual también sería muy malo para la joven que se quedó en esta.
El demonio notó como a medida que se alejaba de la isla sus garras y las líneas violetas de su piel desaparecían, llevó sus manos hasta sus orejas y las tocó despacio, sintiendo como regresaban de su forma puntiaguda a aquella insoportable forma redondeada, recuperandola apariencia humana que tanto detestaba.
No tardó en llegar al hogar del viejo Totosai, quien ya estaba profundamente dormido, sin embargo poco le importó al hijo del comandante el descanso del anciano, así que hizo una estruendosa entrada y como siempre, aquel viejo despistado despertó sin darle demasiada importancia a lo que pasaba, hasta que escuchó aquella voz.
—Entrégame a Colmillo de Acero—
El anciano miró sorprendido la silueta a la entrada de su habitación.
—Sabes que no puedes tocar la espada de Inuyasha, ella te rechaza—sintió temor y confusión al mismo tiempo, pues pensaba que Sesshoumaru ya había desistido de obtenerla.
—Sólo…entrégala—ordenó.
—Sesshoumaru…—hizo una larga pausa intentando comprender la situación mientras que rascaba su calva cabeza. —La espada está en mi antigua cueva, tardaría un par de horas en ir por ella, pero aun así no puedes tenerla, el sello de tu padre no lo permite—recalcó para recordarle que la espada no le pertenecía.
—No es para mí—dijo mientras apretaba con furia los puños, molesto al escuchar las palabras del viejo—es para sellar la sangre de demonio en Inuyasha—
— ¿Por qué? Desde que aquella humana hizo el conjuro, Inuyasha no se ha vuelto a transformar—Se levantó de su cama de piedra y sacudió su vieja pijama.
—El conjuro es débil—
— ¿La entregarás a Inuyasha?—
—No debería, por abandonarla—
—No la abandonó, está bajo mi resguardo—
—Debió protegerla él—
—Yo se lo sugerí, era la mejor opción, pues él temía, al igual que yo, que gracias al conjuro, tú pudieras quitársela, ninguno de nosotros estaba seguro si el sello de la espada te reconocería como humano o como demonio, ya que desde entonces Colmillo de Acero perdió sus poderes, tal y como le sucedía a Inuyasha cuando perdía sus poderes demoniacos en luna nueva, pero pese a que él no perdió todas sus habilidades de demonio es tan débil como un humano. Inuyasha no tiene las mismas habilidades que tú—
—Es un legado de mi padre, su padre—alzo la voz.
—Veo que entiendes entonces lo importante que es para Inuyasha—sonrió el viejo—la traeré, pero sólo se la daré a él—
—Lo harás, de lo contrario, no habrá lugar en este mundo en el que puedas esconderte, porque te mataré lenta y dolorosamente—Sesshoumaru se dio media vuelta para salir de aquel lugar.
—Hace mucho tiempo que no te veía actuar de esa manera, por cierto ¿En dónde has dejado a Kagome Higurashi?—
Sesshoumaru se detuvo y lo miró por el rabillo del ojo, después giró sobre sus talones para encarar de nuevo al anciano.
— ¿Sabes qué? Cambié de parecer—sacó a Toukijin.
El anciano amplió la mirada un poco espantado y retrocedió varios pasos lejos de Sesshoumaru.
—Veo que recuerdas esta espada, también imagino que recuerdas de dónde salió, entonces ¿Recuerdas que sucedió esa noche cuando el dueño de este colmillo rompió la espada de mi padre?—
El anciano asintió.
—Tienes una hora para traer a Colmillo de Acero y encontrarme, de lo contrario, verás morir a tu protegido de la manera más humillante…como la bestia que es—
Totosai ni siquiera tuvo oportunidad de chistar cuando comprendió que la situación era grave, fue hasta donde estaba su vaca mágica y desapareció en forma de relámpago.
Sango y Miroku estaban afuera de la casa de Inuyasha, pero este no les abría la puerta, no deseaba ser visto.
—Inuyasha, abra la puerta, la señorita Kikyo dijo que usted está en casa, sabemos lo de su apariencia y le aseguramos que eso no nos interesa—insistió Miroku.
Inuyasha se encontraba recargado detrás de la puerta, en su mente se agolparon los dolorosos recuerdos de su infancia, de cuando los humanos lo rechazaban por su apariencia, de cuando lo llamaban bestia y le decían que su madre era la ramera de un demonio y él su bastardo; cerró los puños con fuerza al igual que sus ojos tratando de evitar ver en su mente las lágrimas de su madre y pronto todas aquellas imágenes fueron sustituidas por el apacible rostro de Midoriko y la gente de aquella aldea que lo recibió y lo aceptó tal cual era.
El híbrido relajó sus músculos y respiró profundo, recordando no sólo la amabilidad de Midoriko, sino la de Kagome y la de Kikyo, además del amor con el que Sango trataba a su vieja amiga Kirara.
Lentamente la puerta se abrió.
Miroku y Sango miraron expectantes cómo se veía Inuyasha, pero sólo vieron el fondo de la sala que era iluminado por la luz que aquella puerta dejaba pasar. Los detectives se miraron uno al otro, dudando si debían entrar o salir corriendo en ese momento, pero la voz de Inuyasha los sacó de sus cavilaciones.
— ¿Se quedarán allí paradotes?—
Miroku suspiró aliviado.
— ¿Te encuentras bien Inuyasha?—Sango preguntó preocupada.
—Sí—asomó un poco la cara y se hizo a un lado permitiendo el paso a la pareja que no dejaban de mirarlo con asombro.
Miroku cerró la puerta en cuanto entró.
— ¡Sorprendente!—Dijo aquel moreno.
—Bien, este soy yo y no les culparía si me detestan o me temen—
—No te voy a negar que me sorprende verte así—habló Sango—pero con lo que he visto hasta ahora…creo que ya no es novedad—
—Creo que hablo por los dos cuando digo que no te detestamos por tu apariencia, pero sólo lo digo por nosotros, no por los demás—Continuó Miroku.
—Lo sé y te lo agradezco—Inuyasha expresó con humildad.
—Tu presencia se ha hecho más fuerte—observó Miroku—por eso sabíamos que seguías aquí, de otra manera ya nos hubiéramos marchado—
— ¿Tú puedes sentir la presencia de los demonios?—Inuyasha lo miró sorprendido.
— Debo admitir que también me sorprende, al parecer la apariencia de los demonios no fue lo único que aquel conjuro cubrió, imagino que para complementarlo, las habilidades de monjes y sacerdotisas fueron menguadas—
—No estoy seguro, Kikyo me descubrió—Inuyasha guardó silencio después de esta declaración.
— ¿Qué es lo que harás ahora?—preguntó Sango un tanto preocupada.
—Nada—respondió secamente el hanyou.
— ¿Nada?—Cuestionó nuevamente la detective— ¿Así nada más? ¿No buscarás si quiera la manera de…?—
Inuyasha negó en silencio.
—Entiendo—intervino Miroku—es lo que tú eres, quien eres—
—Así es, no puedo negar lo que soy—Inuyasha se dejó caer débilmente en el sofá—y si lo humanos no me aceptan es su problema—
—Será difícil para las personas aceptar el hecho de la existencia de híbrido o demonios—dijo Sango—pero a mí no me importa si tú eres uno de ellos.
Inuyasha sonrió desganado, aceptaba que aquellos dos personajes eran amables y sus palabras genuinas y sinceras, así que quiso sacarlos del aprieto en el que estaban y cambió de tema.
— ¿Han sabido algo de Kagome? ¿Ya regresó?—los detectives se miraron uno al otro, como si en silencio trataran de ponerse de acuerdo en que contestarle. —Ya veo, no saben nada aún—Inuyasha bajó su cabeza, pero un reconocido aroma lo hizo levantarse del sofá de un salto.
Miroku brincó al mismo tiempo que Inuyasha y sacó su arma de la funda.
— ¿Qué sucede?—Preguntó Sango al ver la mirada furtiva de aquellos dos hombres.
—Shh—silenció Miroku y se asomó sigilosamente por la ventana.
— ¿Lo has sentido Miroku?—Inuyasha cuestionó la reacción del detective.
Miroku asintió en silenció.
—La presencia es demasiado fuerte—
Inuyasha volvió a olfatear el aire, quería comprobar que no estaba equivocado, pues la esencia que su nariz captaba era demasiado débil, además olía a sangre y en su interior suplicaba por estar equivocado.
—Kagome…—susurró— ¡Maldito Sesshoumaru!—y de un golpe tiró la puerta y salió velozmente para alcanzar al dueño de ese aroma, pues este se movía con gran rapidez.
Miroku y Sango se subieron de inmediato al auto, al darse cuenta de la velocidad del híbrido supieron que nunca lo alcanzarían corriendo por su propio pie.
Sesshoumaru había permanecido lo más alejado posible de Inuyasha para evitar una pelea innecesaria, pero lo suficientemente cerca como para observarlo, vigilando siempre que el olor de la sangre de Inuyasha no cambiara, sólo esperaba que el inútil anciano Totosai llegara a tiempo, de lo contrario no respondería por lo que sucediera con Inuyasha.
El demonio estaba sentado en lo alto de un edificio, mantenía sus ojos cerrados, concentrado sólo en sus sentidos del olfato y el oído, al mismo tiempo que recordaba aquella escalofriante sensación experimentada cuando Inuyasha se transformó por primera vez en un demonio completo, pero sin conciencia. De no haber sido por la intervención de esos lobos demonios y Totosai en aquel momento, Inuyasha ya estaría muerto.
Sesshoumaru sonrió al sentir de nuevo aquella sensación, admitió que esa fue la primera vez que sintió miedo al luchar y en este momento sentía la adrenalina correr por sus venas aumentando aún más su excitación; miró sus manos, de nuevo lucía como un humano común, lo que significaba que sus poderes habían disminuido y que posiblemente estaba en desventaja ante Inuyasha, lo cual lo hacía mucho más interesante todavía.
De repente Sesshoumaru pudo notar que la esencia de Inuyasha se hacía mucho más fuerte y supo que él se estaba acercando, junto con aquellos dos humanos policías; el demonio abrió los ojos, se levantó y a gran velocidad salió de las calles, guiando a Inuyasha al parque estatal, por lo menos estarían lejos de los humanos y nadie se daría cuenta de lo que estaba por acontecer, además de que nadie le estorbaría.
Pronto Inuyasha le dio alcance a Sesshoumaru, quien ya lo esperaba.
Los hermanos se observaron en silencio por unos segundos, parados uno frente al otro, Sesshoumaru pudo ver que su hermano menor había recuperado completamente su apariencia de demonio, así como su fuerza e Inuyasha pudo notar que el mayor aún parecía un simple ser humano.
— ¿En dónde está ella?—Inuyasha siseó molesto, pero tratando de contener su furia, que le quemaba en las venas. Lo único que deseaba era saber en dónde estaba Kagome y si estaba a salvo.
— ¿Quién?—Se burló, no pudo evitar molestarlo.
—Kagome—
—Lejos de ti ¿No es obvio?—
—Somos hermanos—
—No somos iguales, híbrido—habló con desprecio.
— ¿Qué mal te he hecho yo? ¿Por qué desquitarte con una inocente?—Inuyasha apretó sus puños con coraje, pero siempre conteniendo su ira— ¿Es Colmillo de Acero lo que quieres? ¿Es eso?—Levantó la voz.
—No mato inocentes Inuyasha, si quisiera a Colmillo de Acero ya te la hubiera quitado—
— ¿En serio? La espada jamás dejará que te le acerques y como no puedes quitármela le has hecho daño a ella, una simple humana—
Sesshoumaru lo miró en silencio.
—El olor de su sangre en tu ropa me dice que le has herido y ¡Pagarás por eso!—Inuyasha dejó escapar toda su furia y lanzó un puñetazo en cara de Sesshoumaru, quien lo esquivó hábilmente.
El demonio trataba de no provocar por completo a Inuyasha, mas su propio carácter se lo impedía y terminaba por molestarlo, aun cuando intentó no atacarlo.
El simple hecho de que Sesshoumaru esquivara todos y cada uno de los golpes enviados por Inuyasha fue lo que logró hacerlo enfadar mucho más de lo que había imaginado, pues sentía que el Yukai se estaba burlando de él.
— ¡Garras de Acero!—En un intento desesperado por herir a su hermano, Inuyasha intentó usar uno de sus ataques sin la certeza de si este funcionaría o no, por fortuna, aún podía realizar este ataque, el cual alcanzó a rozar el hombro de Sesshoumaru.
El hermano mayor llevó su mano derecha al hombro herido y después miró la sangre en esta, arrugó el ceño al ver como aquel híbrido esbozaba una sonrisa de satisfacción.
— ¿Qué le has hecho?—Volvió a preguntar— ¡No dudaré en matarte! ¡Habla!—
En ese momento Sesshoumaru no sabía si era prudente que llegara Totosai con Colmillo de Acero.
—Sabes que puedo hacerlo ¿Crees que no me he dado cuenta de que tú aún no recuperas todos tus poderes?—
El demonio plateado olfateo en el aire como la sangre de Inuyasha estaba cambiando, estaba a punto de transformarse de nuevo.
Inuyasha sentía que estaba perdiendo el control de su cuerpo, reconoció aquella desagradable sensación.
Sesshoumaru se apresuró a golpear a Inuyasha en la mandíbula haciéndolo retroceder tan sólo un par de pasos y luego este contestó la agresión con otro golpe que nuevamente fue esquivado con facilidad por Sesshoumaru.
— ¡Inuyasha!—El híbrido volteó a ver quién gritaba su nombre, era Sango quien se apresuraba a ayudarlo.
Miroku agarró a Sango de los hombros para impedir que siguiera avanzando hacia ellos.
—Déjalos Sango, no podemos intervenir, sólo estorbaremos—
— ¡Lárguense! Esta no es su lucha—ordenó Inuyasha a los detectives, pues temía por ellos.
El demonio aprovechó esta distracción para darle un rodillazo al estómago del híbrido, haciendo que este se sofocara y cayera de rodillas al suelo.
De repente el olor y el aura de Inuyasha cambiaron súbitamente. Ahora Inuyasha era un demonio completo.
—Hace mucho que no latía mi corazón de esta forma—se dijo así mismo, manteniendo la postura de ataque, de repente la imagen de la Kagome se coló en su mente, abrió los ojos ampliamente —No, ella lo ha hecho latir más fuerte—
Inuyasha continuó quieto por un instante, de cuclillas y con las manos en el suelo.
—Ella es mía, y al igual que a Colmillo de Acero, jamás, jamás la podrás tener—Inuyasha dijo con voz rasposa y después sólo se pudo escuchar un gruñido emanando de su garganta.
Sango y Miroku estaban a la expectativa, no era algo que pudieran ver todos los días.
— ¡Váyanse!—ordenó Sesshoumaru llamando la atención de los detectives—Ahora Inuyasha no reconoce entre amigos o enemigos—
— ¡No!—se apresuró Sango—no lo dejaremos solo con usted—
Miroku apoyó a su compañera.
— ¡Sólo estorbarían!—Gritó de nuevo el demonio.
Al escuchar el grito de Sesshoumaru, Inuyasha se lanzó contra él con una velocidad impresionante, logrando acertar varios golpes y arañazos, sin embargo esta vez Sesshoumaru no pudo limitarse sólo a esquivar las garras de su hermano, tenía que defenderse y así lo hizo.
La pareja de policías miraban atónitos aquella afrenta, no podían distinguir muy bien lo que estaba sucediendo, pues ambos eran tan veloces que apenas podían seguirlos con la mirada.
Inuyasha clavó su garra en el pecho de su medio hermano, afortunadamente este golpe fue cerca del hombro y no dañó ningún órgano vital.
Ante aquel ataque, Sesshoumaru se vio obligado a utilizar su espada Toukijin, enterrándola en el estómago del hanyou y luego sacándola, pero parecía que esto no detenía a Inuyasha.
La pelea continuó por varios minutos, ambos varones estaban ya agotados y la angustia y desesperación aumentaba en los detectives por ver tan encarnizada lucha.
Totosai llegó al lugar de la pelea y vio con tristeza como los hijos de su difunto amo se estaban moliendo a golpes.
Miroku se acercó hasta donde estaban aquellos dos demonios.
— ¡Miroku, no te acerques!—suplicó Sango.
—No te preocupes, sé lo que hago—Introdujo su mano en el bolsillo y sacó varios pedazos de papel y se los lanzó a los hermanos, quienes cayeron de rodillas al suelo, pero fue Inuyasha quien se vio más afectado debido a su naturaleza humana.
Sesshoumaru quiso aprovechar que Inuyasha estaba un tanto aturdido, así que se levantó y caminó hasta él, lo agarró del cabello y le dio varios rodillazos en la cara, logrando así dejarlo inconsciente. Caminó tambaleante hasta donde estaban los detectives y Totosai.
Sango sacó la pistola de su funda y apunto directo a Sesshoumaru, estaba temerosa de que ahora los atacara a ellos.
—Entrégame la espada—le dijo al anciano, quien ya tenía a Colmillo de Acero en sus manos. Sin dificultad alguna se la arrebató, a pesar de que Sango no dejaba de apuntarle con el arma y de que el sello de la espada le daba grandes descargas eléctricas.
— ¡Espera Sesshoumaru!—
Pero el hijo mayor del Comandante lo ignoró y se acercó hasta Inuyasha, quien ya comenzaba a levantarse listo para pelear de nuevo, así que le dio una patada en el rostro y lo dejó inconsciente otra vez, estaba a punto de colocar la espada en las manos de Inuyasha cuando escuchó que el arma de la detective había detonado, se detuvo por una fracción de segundo y luego aventó a Colmillo de Acero sobe el abdomen de su hermano; después de haber hecho esto, se transformó en una bola de luz yabandonó aquel lugar.
Los otros tres se miraron los unos a los otros sin saber bien lo que acababa de suceder.
Naraku había estado buscando a aquella mujer que soñaba con el futuro, ya que representaba una amenaza inminente para sus planes, por lo cual seguía de cerca a Kikyo Higurashi a la que vez envió a vigilar a Kagura, ya que no dudaba que por amor al mayor de sus enemigos fuera a traicionarlo.
— ¿Has sabido algo de esa mujer, Kagura?—preguntó el híbrido.
Ella negó con la cabeza.
—Es como si se los hubiera tragado la tierra, todos se han ido de la ciudad—
—No creo que seas tan estúpida como para no investigar su paradero—
Kagura lo había hecho, descubrió que sólo Rin y Jaken habían viajado en avión hacia la antigua Rusia, sin embargo jamás se lo diría, de cualquier forma ella ya estaba muerta.
—Te lo dije, es como si se los hubiera tragado la tierra—La mujer se retiró de aquella lúgubre presencia y en el camino se encontró con Hakudoshi.
— ¿Por qué mentiste?—Habló el pequeño albino—Sabes que puedo leer tu mente—
—No lo he olvidado—suspiró molesta— ¿Por qué no lees la mente de Naraku? También puede traicionarte, así que como lo hizo conmigo—
— ¿Por qué lo haría? Me necesita—
—Hump—se burló— ¿Eso crees? No somos indispensables, él nos creó y de la misma manera puede destruirnos y crear a alguien más—
—Yo encontraré la Perla, Naraku esta tan entretenido con esas dos mujeres y su estúpida venganza que se ha olvidado de la joya—
—No te confíes, Naraku es muy bueno dando sorpresas—
—Únete a mí y rebelémonos, busquemos esa joya entre los dos y dominemos a demonios y a humanos—
— ¿Ese es tu plan?—
—La guerra entre humanos y demonios esta próxima, sólo los más fuertes sobrevivirán—
—Idiota—dijo cansada—esta no es una guerra humano-demonios, es una guerra de Naraku contra Sesshoumaru e Inuyasha, todo lo demás son sólo daños colaterales—
—Entonces declaremos la guerra—
Kagura caminó alejándose de Hakudoshi y sin voltear a verlo habló por última vez.
—Veo que los siglos no sólo no han afectado tu apariencia de niño, tu mente sigue siendo la de un crio mimado que no mide las consecuencias de sus actos, morirías en un instante, sino es en manos de Naraku será en las de cualquier otro—Y dejó solo al albino. Kagura tampoco confiaba en Hakudoshi, ya que si se atrevía a traicionar a su creador ¿qué podía esperar para ella?
Sin embargo Naraku ya tenía contemplada la traición de sus hijos y con ella las medidas necesarias para contrarrestarla.
Kagome llevaba despierta varios minutos, admitía que se sentía cansada, pero aún así no podía dormir por culpa de la preocupación, por lo que se levantó y caminó fuera del palacio en ruinas y miró al cielo en espera de que él regresara, fue entonces que vio aquella luz entrando a la isla y como luego se apagaba cuando caía en el bosque. Corrió hacía el bosque al sentir la presencia de Sesshoumaru, estaba feliz, no la había abandonado, sin embargo, algo le decía que no todo marchaba bien, esa incomodidad en el pecho, esa angustia no paraba de gritar en su interior, que sea lo que sea que Sesshoumaru hizo fuera de la isla no le había salido tal y como él imaginó.
Caminó por el bosque con mucha cautela, siempre siguiendo la esencia de Sesshoumaru, hasta que llegó hasta él.
— ¿Sesshoumaru?—habló con suavidad.
Lo encontró recargado sobre el tronco de un árbol
—Vete—Respondió calmado, pero tratando de disimular el dolor que en ese momento sentía, sin embargo, el demonio sintió un gran alivio desde el momento en el que entró a la isla y estuvo cerca de la influencia de la Perla de Shikon, pues de nueva cuenta su cuerpo estaba recuperando la capacidad de curarse rápidamente.
— ¿Estás bien?—Aunque no podía verlo claramente debido a la oscura noche, ella sabía que el demonio estaba herido. — ¿Puedes caminar hasta las ruinas?—
Se sentía débil, pero no tanto como para mostrárselo a la humana, así que se levantó con un poco de dificultad y comenzó a caminar delante de ella.
—Creo que es un sí—y caminó siguiéndole el paso al demonio.
Cuando llegaron a aquella habitación, la cual estaba iluminada gracias a la fogata que había en esta, Kagome pudo ver que la ropa de Sesshoumaru estaba cubierta de sangre, mas no sabía si era de él o de…Inuyasha.
Sesshoumaru pudo ver el semblante de aquella joven.
— ¿Qué es a lo que le temes?—preguntó al observarla paralizada en la entrada de la puerta, mientras tanto él se paró junto a la fogata y llevó su garra hacia la parte posterior de su hombro izquierdo y la enterró en su carne y sacó la bala que Sango le había disparado.
Ella se acercó hasta él, en silencio y con calma desató el obi y lo dejó caer al suelo y con mucho cuidado comenzó a retirar el haori.
Sesshoumaru se sorprendió por el hecho de permitir que la joven le quitara el obi, pero cuando ella comenzó a retirarle la prenda superior del uniforme él reaccionó y con el brazo la empujó hacia un lado para que dejara de hacerlo.
— ¿Quién te hizo esto?—preguntó al ver aquellas heridas, ya imaginaba la respuesta aun antes de preguntar.
—Eso no importa, pero le aseguro que no se me fue limpio, le di su merecido—Retiró por completo su haori.
—Ya veo—Kagome caminó hasta donde había un cuenco, que aunque estaba un poco roto, contenía bien el agua y estaba limpio—iré por agua, deja que sea yo quien cuide de ti esta vez—
—No lo necesito—
Kagome lo ignoró y fue por agua al río y al regresar tomó una de las prendas de Rin para limpiar las heridas de Sesshoumaru, quien estaba sentado en el suelo y recargado en el muro, sus ojos estaban cerrados.
— ¿Quién te disparó?—Preguntó ella y él continuó con los ojos cerrados—dudo que Inuyasha lleve armas con él—
Abrió los ojos y la miró fijamente.
—Está bien, no me conteste, sólo déjeme limpiar sus heridas, tal vez y se las cauterice como hizo con las mías—
—No lo necesito—
—Deje de decir eso, lo de cauterizar era una broma, pero si debo limpiar—al pasar la tela sobre la sangre ella se sorprendió demasiado al descubrir que había sanado completamente. — ¡Increíble!—
—Soy un demonio, no un insignificante humano—
Ella bajó la cabeza apenada y un poco dolida por la declaración que él acababa de hacer.
—Oh—fue lo único que dijo.—Veo que estás muy molesto, imagino que fue por pelear con Inuyasha, además crees que fue mi culpa porque yo soñé con eso de su transformación y me culpas por haber ido y…—Sesshoumaru la tomó de la nuca y sujetó con fuerza su cabello y la atrajo muy cerca de su cara.
—Su percepción es errada y molesta, lo único que quiero es cerrar los ojos y disfrutar del silencio—habló sin soltarla.
—Ya veo, es difícil para usted hablar con una insignificante humana—bruscamente trató de quitar la mano del demonio de su cabello, pero sólo logró acercarse más a su rostro, pocos centímetros los separaban. — ¡Deje mi cabello!—
—Él dijo que usted era suya—Habló con tranquilidad.
Kagome enmudeció y amplió la mirada y luego su semblante cambió a uno tristey su labio inferior comenzó a temblar, pero esta vez miró fijamente los ojos de Sesshoumaru; se sentía apenada por el comentario tan imprudente, así que escudriño en aquellos ojos de color dorado, quería saber que pensaba de ella, o posiblemente no.
— ¿Lo eres?—
— ¿Qué te importa?—
Sesshoumaru la calló con un suave beso.
—Me importa—
Continuará…
Bueno, sé que voy despacio, así que no se me desesperen.
Antes de despedirme quiero agradecer a todas las chicas por sus reviews, me animan mucho para seguir.
Muchas gracias a: Sasunaka doki, LadyWitheRose, Faby Sama, Marlene Vasquez, hekate ama, Gata de la Luna, AllySan, Yoko-zuki10, Lilith1939, pero en especial gracias a AllySan.
Besos a todas.
Axter.
