¡Hola de nuevo! Bien, aquí regreso con otro capítulo, espero que les agrade.
Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son de Rumiko T.
Capítulo 19.
Inuyasha miraba la espada que llevaba en sus manos, en verdad la había extrañado mucho.
— ¿En serio le disparaste? —Inuyasha miró a Sango, quien muy apenada asintió—No me imagino la cara de Sesshoumaru—sonrió. —No recuerdo casi nada—
—Me siento mal con eso, al parecer él sólo quería ayudarte—contestó Sango—pero es que te estaba dado una paliza, que pensamos que te iba a matar, así que cuando se acercó con esa espada creí que en verdad tenía esa intención, por eso no dude en disparar, tuve tanto miedo—
—Él fue quien me pidió entregarte la espada, me temó que sabía que te transformarías, Inuyasha. —Dijo el anciano Totosai, quien siempre tomó muy en serio las amenazas del joven demonio, por lo que había decidido entregar la espada a Inuyasha, así que la presencia de Sesshoumaru en aquel sitio fue innecesaria y esa pelea estuvo de más.
Inuyasha no se habría transformado tan pronto de no haber sido por aquella lucha.
Totosai estaba muy confundido, supuestamente Sesshoumaru no estaba en la ciudad ¿Cómo sabía lo que le sucedería a Inuyasha? ¿Qué era lo que él no le había contado?
— ¿Qué tiene que ver esta espada con todo lo que sucedió? —Preguntó Miroku un tanto curioso.
—Mantiene sellada mi sangre de demonio, recuerda que soy mitad humano, mitad demonio, si no fuera así, yo…ustedes mismos vieron en lo que me convertí— dijo apenado—Lamento haberlos involucrado detectives, no sucederá de nuevo—miró su espada—No mientras Colmillo este conmigo—
—Eso suena complicado para usted abogado—Dijo Miroku con seriedad.
—Lo es—trató de levantarse del sillón en el que estaba, pero un fuerte dolor le punzó en las costillas, llevó su mano al costado y con la vista recorrió los rostro de todos— ¿Dijo en dónde estaba Kagome? ¿Si estaba bien? —
Pero ninguno pudo darle respuesta certera.
—Lo sentimos—contestó Sango.
—Anciano Totosai, usted habló con él ¿Cómo supo Sesshoumaru que yo estaba en esa situación? —Preguntó Inuyasha con la esperanza de que este supiera.
—No tengo la menor idea—contestó el anciano.
—Probablemente Kagome se lo dijo, —intervino Sango—recuerden que ella tiene esas premoniciones, lo cual…—
—Lo cual significa que ella está bien—terminó de decir Miroku.
—Está viva, pero definitivamente no está bien—dijo el abogado.
— ¿Qué quieres decir Inuyasha? —Sango miró el semblante angustiado de aquel hombre.
—Usted también lo notó ¿No es así anciano? La ropa de Sesshoumaru olía demasiado a la sangre de Kagome—
—Sí, me di cuenta y también pregunté por ella, sin embargo, tengo la sensación de que él no le haría daño—
—Sabes bien de lo que es capaz de hacer, odia a los humanos—
—Ha cambiado, no mata a inocentes—
—Mientras no le estorben—Inuyasha no estaba convencido de su supuesto cambio.
—Inuyasha, nosotros nos tenemos que ir, debemos entregar el turno y estoy seguro de que al capitán no le hará ninguna gracia saber que no hemos avanzado en el caso—Dijo Miroku.
—Además de que tengo que reportar el por qué gaste balas—mencionó preocupada la detective.
Ambos detectives se despidieron del anciano y del abogado.
—Yo por mi parte… continuaré con mi sueño—Se despidió Totosai.
Inuyasha se quedó solo, eso aumentaba su angustia.
Kagome sintió cómo la fuerza con la que Sesshoumaru sostenía su cabello iba disminuyendo y pensó que estaba por soltarla.
Se molestó mucho al escuchar aquel reclamo, mas no sabía con quién, si con Inuyasha por hablar de algo que no existía, con Sesshoumaru por reclamarle sin derecho alguno o con ella misma por importarle lo que aquellos dos demonios pensaban o sentían; así que lo miró fijamente a los ojos, trató de descifrar lo que aquellas palabras conllevaban ¿Celos acaso? No, ni siquiera podía pensarlo; además ¿Quiénes demonios se creían para tratarla como objeto? ¡Ella no era un objeto! ¡Ella jamás le pertenecería a nadie!
Ella quiso marcar los límites de hasta donde le permitiría al demonio intervenir en su vida, pero Sesshoumaru no conocía los límites y poco le importaban y lo había demostrado con ese beso.
Kagome arrugó molesta la nariz y el entrecejo.
— ¿Por qué? —Ella preguntó en un susurro; tomó la mano de Sesshoumaru para poder liberar su cabello y continuó mirándolo a los ojos y por primera vez logró ver confusión en ellos. — ¿Por qué me besó? ¿Por qué le importaba lo que Inuyasha dijo?— volvió a preguntarle.
Sesshoumaru la miró a los ojos por unos segundos y la soltó de repente cuando la escuchó preguntar aquello. Él simplemente no contestó, tal vez él se preguntaba lo mismo.
Ella se levantó al sentir que la liberaba y le dio la espalda.
Kagome tenía emociones encontradas, estaba confundida, molesta y feliz al mismo tiempo; por un lado, jamás toleraría que él la viera como un ser insignificante, como un simple cuerpo con el que se podía satisfacer aquella curiosidad de estar con una humana, tal como lo hicieron su padre o su hermano, ni tampoco quería ser el medio por el que lastimaría a Inuyasha o que simplemente la viera como un error. No, si él quería estar con ella sería sólo por ella, sin segundas intenciones de por medio.
Por otro lado ella pudo reconocer que el demonio le gustaba mucho más de lo que ella imaginaba, que esperaba ese beso y no pudo evitar ilusionarse al pensar que ella no le era indiferente, que tal vez por eso la había besado.
Pero de repente las imágenes de uno de sus sueños llegaron de golpe a su mente, fue entonces que Kagome comprendió el por qué ella vio que Sesshoumaru entregaba la perla a Naraku y ahora sabía que él no iba a traicionarla, sino que intentaría salvarla, lo que significaba que definitivamente no podía, ni debía involucrarse sentimentalmente con el demonio.
Sesshoumaru continuó sentado, mirando la silueta de la joven, esperando que ella volteara.
Por fin Kagome volteó y lo miró de manera retadora, trató de suavizar su expresión y débilmente reunió todo su valor para poder hablar.
—Sesshoumaru…—
Él la miró intrigado, esta vez no le gustaba como su nombre sonaba en sus labios.
—Es difícil adivinar lo que estas pensando—comenzó a hablar la joven—pero he convivido contigo suficientes días como para darme cuenta que lo que acabas de hacer fue una equivocación, fue un error—
Sesshoumaru frunció el ceño.
—Me refiero a que…—no sabía cómo decirlo—los humanos somos seres insignificantes para ti, que tal vez, el estar solos en este lugar fue lo que te hizo hacer esto, pero…—levantó ambos brazos señalando aquel lugar tan solitario; ella hizo una larga pausa—sólo fue… un error—masculló al mismo tiempo que bajaba la mirada.
—Un error—Repitió él.
—Sí—terminó la joven aquella charla con un simple monosílabo, ya que el nudo formado en su garganta no le dejó continuar.
—Regresemos a la ciudad y que cada quien continúe con su camino—Sesshoumaru se levantó y tomó su haori y caminó hacia la salida. —Ahora sería un buen momento para salir de aquí—Esa era la primera vez que era rechazado, sentía cierto malestar.
—Lo sé—Kagome caminó detrás de él, le siguió en silencio, asegurándose a sí misma que era lo correcto, injusto pero correcto ¿Acaso era lo que su sueño le indicaba hacer? ¿Sacrificarse? ¿Alejarse de un hombre que realmente le atraía para evitar que este entregue la perla? ¿O tal vez le faltaba algo de imaginación?
Sesshoumaru se detuvo frente a las ruinas y ella dio un último vistazo a aquel sitio.
Sesshoumaru observó que ella se despedía de aquel lugar con la mirada, estaba algo desconcertado y un tanto molesto ¿Acaso ella pensaba así de él? ¿Pensaba que el lugar influía en sus instintos y que él no podía controlarlos?
Cuando Kagome terminó de recorrer el lugar con la vista se topó con la mirada de Sesshoumaru, sabía que la observaba directamente, ya que la luz de las estrellas se reflejaba en sus ojos.
La joven suspiró y bajó su mirada a la tierra y sintió que acababa de cometer el peor error de su vida.
El demonio la tomó de la cintura y emprendió el vuelo fuera de la isla.
Kagome rodeó el cuello de aquel demonio, quería abrazarlo fuertemente, sin embargo lo hizo de una manera superficial, para que él no notara nada extraño en su comportamiento.
Él no era psicólogo, pero tampoco era estúpido, pudo darse cuenta de que aquellas palabras habían sido forzadas, que ella anhelaba aquel contacto y tal vez mucho más, aunque trataba de disimularlo, mas no sabía si lo hacía por orgullo o por alguna otra razón que tal vez no entendía, pero si ese era su juego, lo jugaría y Sesshoumaru no estaba acostumbrado a perder, ya que él era orgulloso y su preciado ego acababa de ser golpeado.
Sesshoumaru colocó su mano detrás de las piernas de la joven, pues llevarla en brazos era más cómodo que llevarla sólo de la cintura, además, así ella podría dejar de abrazar con fuerza su cuello, lo cual sucedió, pero en su lugar ella lo tomó suavemente del haori y colocó sutilmente la cara sobre su pecho, escondiendo así la mirada.
El viaje fue largo y silencioso, pero ella tuvo la sensación de que este había sido demasiado corto, mantuvo los ojos cerrados durante todo el trayecto, pues deseaba grabar en su mente la sensación de aquel cálido cuerpo junto al suyo, al igual que su suave aroma.
—Hemos llegado a su casa—dijo fríamente.
—Gracias. —Evitó mirarlo.
Él sólo se dio la media vuelta y se alejó de la misma manera en que llegó, volando.
Kagome ni siquiera pudo despedirse; caminó hasta la puerta y notó que no tenía pantalones, ni bolso, ni nada parecido y por lo tanto, no tenía llaves, así que con cuidado de no ser vista trepó por la ventana y entró a la recámara.
— ¡Alto allí! —La voz autoritaria la hizo detenerse.
Kagome se sobresaltó pero de inmediato reconoció aquella voz.
— ¡Espera! ¡Soy yo! Kagome—
Y de repente la luz de esta se encendió. Ella cubrió sus ojos un poco encandilada.
— ¿Kagome? —La voz de Sango la alertó.
Ella bajó el brazo, estaba un poco adolorida su vista, pero aún así miró un poco sorprendida a la detective, pues ella llevaba un arma en la mano.
— ¿Qué haces aquí Sango? —Preguntó mientras caminaba hacia el closet para sacar algo de ropa.
— ¿Te molesta que haya venido? —
Kagome se sintió apenada por haber hecho esa pregunta.
— ¡No, no! Sabes que eres bienvenida, sin embargo me sorprende—
—Me dijo Inuyasha que habías desaparecido con su hermano y estaba preocupada—
Kagome se tensó al escuchar aquello ¿De qué manera o con qué intención había dicho eso Inuyasha?
—Está preocupado por ti, así que al salir del trabajo vine a buscar algo que me indicara en dónde estabas o por lo menos que estarías bien, pero cuando escuche ruidos en la parte superior, pensé que estaban robando la casa, con eso de que lleva varios días sin habitar—
La psicóloga agradeció en silencio el que Sesshoumaru se haya marchado de inmediato, no quería imaginar que sucedería si ellos se enfrentaban.
—Dime una cosa ¿Has visto a Inuyasha? —
—Sí, hace poco salimos de su casa, él y su hermano pelearon y mencionó que tú estabas en peligro—
—Entonces… ¿Está bien?—Kagome estaba preocupada, sabía que Sesshoumaru e Inuyasha habían peleado
Sango asintió.
—Ya lo está, no imaginas lo que ha sucedido—
— ¿Puedes llamarlo? —se quitó aquella camisa rota y manchada de sangre.
—Claro—vio las marcas en la espalda y el cuello de Kagome — ¿Hay algo que deba saber? —
—No, sólo dile que estoy bien—Kagome hizo una mueca de dolor.
Sango se acercó a ella y la ayudó a vestirse.
—Te lo hizo él ¿Cierto? —
—Sí, pero no es lo que piensas—se apresuró a defenderlo.
— ¿Ah no? —preguntó molesta al ver cómo lo defendía—Entonces explícame—
—De aquí sacó la perla de Shikon, —señaló el lugar donde Sesshoumaru la había extraído—estaba dentro de mí y estos—señaló los rasguños de su espalda y los hematomas de su cuello—son causados por ella, es muy poderosa—
— ¿La Perla estaba en tu cuerpo? —Cuestionó preocupada, esperaba en serio que fuera un mito— ¿En dónde está? —
—No puedo decirlo—
— ¿No confías en mí? —
—Es por seguridad de todos—dijo tajante.
— ¿Sesshoumaru se quiso apoderar de La Perla? —
—Aquella joya es demasiado peligrosa, atrae a los demonios y trata de controlarlos, fue lo que pasó con él—Bajó la mirada—eso fue…lo que pasó—
—Escucho dolor en tus palabras ¿Pasó algo que te haya lastimado más que esos rasguños? —Sango era muy intuitiva.
Kagome rehuyó a la mirada inquisitiva de la detective.
—Tuve varias visiones, en una de ellas vi a Inuyasha transformado en demonio, así que Sesshoumaru vino a la ciudad y regresó un poco herido—
—Lo sé, yo lo vi todo, de hecho, yo… le disparé a Sesshoumaru. —Confesó apenada —Pero eso no explica el por qué de tu tristeza—
—En otra de mis visiones, Sesshoumaru entregaba la Perla de Shikon a Naraku—
— ¿Te duele el pensar que sea un traidor? —Sango observó como su compañera llevaba sus manos a la cara—No, no crees que sea un traidor, hay más, habla—
— ¿Siempre tan directa, Sango?—Kagome sonrió de medio lado—esta noche Sesshoumaru me besó en los labios y descubrí que me gusta más de lo que pensé—
—Eso es bueno ¿O no? —
—No—la joven tenía la necesidad de desahogarse—él entregará la Perla para salvarme, pero aun así…Naraku me matará—
— ¿Y creíste que alejarlo de ti era lo mejor? —
—Sí—se quejó.
—Creo que debiste contarle y buscar otra solución—
—Lo sé, tomé una decisión demasiado precipitada y cuando quise rectificar ya no pude hacer nada ¡En verdad me faltó imaginación! —
—Es cierto, pero también te faltó confiar en él y en su capacidad de decidir, pues creo que el futuro no está escrito y éste puede ser cambiado a medida que tomas esas decisiones—
—Lo sé, lo sé… sentí miedo. Si Sesshoumaru entrega la Perla por mi culpa, ese monstruo será imparable, temo que después lo mate a él—
—Está bien tener miedo, pero recuerda que cuentas con amigos y lo mejor es hablarlo, desahogarse y tratar de superar ese temor, juntos somos más fuertes, ya encontraremos una solución—
—Gracias—sonrió—Quiero pedirte algo—Kagome miró fijamente a Sango.
—Lo que sea—Contestó al ver el rostro angustiado de la psicóloga.
—Esto no es un caso normal como los que tratamos a diario—
— ¿A dónde quieres llegar? —
—Si Naraku me atrapa, prométeme…—
— ¡No lo hará! —Exclamó la detective.
—Prométeme que no dejarás que Sesshoumaru entregue esa joya—agarró con fuerza las manos de la detective en señal de súplica.
—Yo…—Sango sintió como la joven tomaba sus manos con demasiada fuerza, estas estaban frías y sudorosas, miró nuevamente el rostro de aquella chica y sabía que Kagome trataba de contener su miedo y su tristeza—lo prometo—susurró la detective.
— Ahora deja que llame a Inuyasha, merece saber que estas bien—Ella sacó su móvil y llamó a Inuyasha.
—Kagome, ya está en casa y se disculpa por preocuparnos—dijo la detective
— ¡Quiero verla! —dijo Inuyasha.
—Ella está cansada, mañana podrás verla—
—Pero ¿Ella está bien? —preguntó Inuyasha.
—Sí, pero dijo que regresó de un largo viaje y que sólo deseaba dormir un poco. Te comunico con ella si no me crees—Le pasó el teléfono a la otra joven.
Kagome saludó a Inuyasha y se disculpó por preocuparlo.
Inuyasha suspiró aliviado al escuchar la voz de Kagome, sin embargo deseaba verla más que nunca.
Kikyo salió tarde del despacho. No tenía muchas ganas de llegar a casa, así que comenzó a revisar sus casos, aun cuando estos no eran de urgencia. La verdad era que ella estaba evadiendo a Inuyasha, no sabía cómo decirle que esperaban un hijo, le temía a su reacción.
Cerró sus archivos, apagó luces y aseguró el despacho, subió a su auto y condujo camino a casa, prendió la radio y sonrió, en aquel momento decidió contarle a Inuyasha lo del bebé, deseando que éste saltara de alegría por la noticia, pero de repente todo fue oscuridad para ella. Nunca se percató que era vigilada desde hacía días por insectos enviados por Naraku y que en ese momento era acechada por él.
La abogada abrió sus ojos con gran pesadez y descubrió que estaba en una habitación de estilo antiguo; por alguna razón aquel lugar la estaba haciendo sentirse débil; abrió la puerta corrediza y salió a un corredor, caminó con lentitud hasta llegar a otra habitación, podía ver la silueta de hombre proyectándose sobre la puerta.
—Entre—aquel hombre la llamó.
Ella corrió la puerta y se encontró con aquel tipo que alguna vez le invitó un café. Pero, ¿por qué no pudo sentir ninguna presencia? ¿Tenía él la manera de ocultarla?
— Kagewaki Hitomi—Habló sin emitir ninguna emoción— Imagino que tú eres Naraku ¿O estoy equivocada?—ella sonrió con soberbia— ¿O tal vez debo decir Onigumo? —Kikyo dejó escapar una leve risa.
—Veo que sabes de mi y creo saber cómo lo supiste ¿Kagome Higurashi soñó conmigo? —
Kikyo arrugó el ceño, pero pronto recuperó la postura.
— ¿Por qué? ¿Acaso también la invitaste a tomar un café? —
— ¿Debería? ¿Tan compartidas son? ¿O sería para hacerte el favor de quitártela de en medio? —Naraku se rio descaradamente al ver cómo la sonrisa fingida de Kikyo se borraba de golpe. —Puedo hacerlo si me lo pides, puedo quitártela de en medio—
—No lo necesito, ella jamás será rival para mí—
—Bueno, pero aún así te ayudaré, porque Kagome Higurashi también me estorba y tengo un trato que no puede ser rechazado—
—Si lo dices por mí, olvídalo, no te lo permitiré—
—No estás en posición de negociar, si no lo has notado, este lugar absorbe la energía espiritual, los monjes y sacerdotisas no pueden pasar mucho tiempo aquí y si a eso le sumas el hecho de que en tu vientre llevas el hijo de un mitad bestia, el cual se alimenta de ti y de tu poder…mmm…no, creo que tu tiempo será menor de lo que imaginas—volvió a reír al ver la tristeza en aquellos fríos ojos.
Kikyo llevó la mano a su vientre, cerró sus ojos y juntando su energía espiritual intentó purificar aquel lugar, junto con su dueño.
Poco fue el daño causado en aquel lugar y una barrera protegió a su dueño.
Ella cayó de rodillas y respiró agitada, cuando abrió los ojos pudo ver que aquel ser se acercaba lentamente hasta donde estaba, sintió que él la tomaba de la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos.
—A este paso morirás en tres días y tu engendro quedará sin oxigeno y morirá poco después de ti, pero por ahora está sufriendo tanto como tú—Naraku se levantó y con cuidado cargó a Kikyo en sus brazos, la llevó hasta la recámara en la que ella había estado anteriormente y la puso en un futón.
—Puedo parar tu sufrimiento y el de tu bebé, si haces que ella venga a mí y tú te conviertes en mi mujer—
— ¿Crees que un híbrido como tú puede chantajearme?—rió débilmente.
Naraku sonrió de medio lado, aquellas palabras lo habían molestado, así que se levanto y caminó hasta la puerta.
—No importa, entonces… sólo duerme…—cerró la puerta y la dejó sola.
Sesshoumaru decidió ir caminando a su casa, cuando de repente una pequeña polilla voló en círculos alrededor de él.
—Mph, ya está enterado—y voló hacia el casino en donde se encontraba el antiguo compañero de armas de su padre.
Ambos demonios se encontraron en la oficina del casino, pero el demonio polilla, hizo una seña de silencio y guió al hijo de su amigo Inu no Taisho a través de una puerta secreta detrás de la pared, recorrieron un pasillo y entraron a otra habitación, esta era a prueba de todo ruido.
— ¿No entran tus insectos? —Sesshoumaru preguntó al ver por primera vez que aquel hombre polilla entraba solo. —Esto es nuevo—
—No esta vez—sonrió de medio lado—entra y cierra la puerta—
—Imagino que ya no es seguro hablar—cerró la puerta— ¿Te han traicionado tus hombres? —
—Los que anhelan volver al pasado—
—Yo también lo anhelo—
—No a costa de los inocentes, tu padre no lo hubiera hecho—
—Mi padre murió a causa de ellos—
—Tu padre sabía lo que le aguardaba en aquel palacio, yo se lo advertí, pero no podía abandonar a su mujer y a su hijo—
—Ya tenía una mujer y un hijo—
—No hablemos de problemas maritales ¿Acaso crees que por no ser humanos somos invulnerables a las cosas del amor y el desamor? —
—Amor… estúpido sentimiento—
—Ah! ya veo, tu papel de médico te hace pensar como un científico ¡No me digas! ¿Eres de aquellos que dicen que el amor sólo es producido por feromonas? y que estas estimulan no sé qué parte del cerebro y todas esas idioteces—
—Así es—contestó secamente.
—Ya veo, entonces el aroma de esa chica ya estimuló tu cerebro—
—No—
El demonio polilla suspiró.
— ¿Sabes por qué tu padre me nombró como el jefe de inteligencia? Yo podía oler las mentiras a kilómetros, sabía lo que pasaba en todos lados e intuía lo que sucedería—hizo una larga pausa y caminó hasta una gaveta y sacó una caja—cuando escuché que regresaste, esperé que fuera una mentira, pero ya imaginaba que "las feromonas de esa mujer" te harían desobedecer una orden—
—No me das órdenes—
—Es verdad, fue una sugerencia, la cual tú pensaste que era lo mejor, sin embargo aquí estas. Te pedí que escondieras a esa mujer por el peligro que corre, ella será el medio para llegar a ti y a la joya—
— ¿Sabías que ella tenía La Perla de Shikón? —
—Por eso te pedí que la sacaras, pero imaginé que volverías y…—estiró las manos para entregar la caja—esto no es un juego, la vida de humanos, demonios y los hijos de estos dependen de que no entregues esa Perla, en su lugar…—señaló la caja con la mirada.
Sesshoumaru abrió la caja.
—No digas nada, esta te será de utilidad en algún momento—
— ¿Saben ellos que la Perla está en mi poder? —preguntó intrigado.
—Aún no, pero falta poco; Naraku al igual que yo tiene insectos vigilándonos—
— ¿Por qué me entregas esto? —Sesshoumaru mostró la caja.
—Escuché el último sueño de tu sacerdotisa—
—Entonces yo entregaré esta joya falsa en su lugar ¿Cómo obtuviste esta tan rápido?—
— ¿Rápido? A lo largo de los años han aparecido joyas falsas, muchos han querido hacer su propia Perla de Shikon y esta es casi idéntica a la verdadera, sólo que no cumple ningún deseo—
—Pediste un deseo y no se te concedió ¿Qué pediste? —
—Que mi esposa humana volviera a la vida—
— ¿Humana? —
—Sí, pero no sucedió nada, aun así la guarde por años, esta te sacará del problema en el que estas a punto de entrar—
Sesshoumaru levantó una ceja ¿Acaso ella vio que entregaría la Perla? ¿Creyó que la iba a traicionar?
— ¿No te preguntaste por qué fuiste rechazado? —El demonio polilla sonrió con sorna.
—No, pero ya imagino por qué—
—Bien ¿No te interesa saber que piensa ella? Puedo decirte todo—
Sesshoumaru arrugó levemente el ceño.
—Ella tendrá sus razones, así que no, no me interesa—
—Que mal, pero respeto tus decisiones—
—Debo regresar—
—Ella parece débil, pero es muy fuerte, además de que tiene valor—
—Es una humana—
— ¿Y qué? —
—No me mezclo con humanas—
—No es lo que escuché, además no dije nada de mezclarte con humanas, sólo dije que ella era fuerte y valiente —
—Fue un grave error—
—Si tú lo dices—
Sesshoumaru se dio media vuelta y salió de aquella habitación para después salir del casino. Voló a casa de Kagura, aún estaba pendiente el alertarla, sin embargo no la encontró, tal vez ella seguía fuera de la ciudad, sólo esperaba que no se presentara en la fiesta de clausura de las conferencias médicas.
Al día siguiente Kagome fue a la estación de policía, pero antes de entrar, Kagome sintió dos presencias cerca, buscó con la mirada a los dueños de aquellas presencias, la primera se acercaba a gran velocidad a ella.
— ¡Kagome! —
Ella volteó y lo último que sintió fue que era abrazada con fuerza.
— ¿Inuyasha? —Ella también lo abrazó— ¡Estas bien! No hay ningún rasguño ¿Por qué la gorra? ¿Acaso…?—
—Regrese a mi apariencia verdadera, parece que también he recuperado mi habilidad para recuperarme rápidamente, además, el estúpido de Sesshoumaru no fue tan fuerte esta vez—Se burló.
— ¿Qué dice Kikyo de esto? —preguntó con curiosidad.
—Reaccionó bien, o al menos eso creo—
— ¿Eso crees? —
—Ella ya no volvió a casa, ayer ni siquiera contestó mis llamadas en el despacho, sólo decía que estaba ocupada y ni siquiera me lo dijo ella, me lo dijo Kouga—
—Ya veo—
— ¿No te hizo daño? —
— ¿Sesshoumaru? —Kagome vio la preocupación honesta en aquella mirada—No, me resbalé de un árbol y en una de mis visiones tuve que correr y ¡Vaya que me lastimé! —
— ¿Eso fue todo? —
—Sí, no sucedió nada importante, Sesshoumaru nunca…—ella se calló cuando sintió que la otra presencia se acercaba a ellos.
En ese momento Sesshoumaru salió de la estación y pasó justo por en medio de ellos.
— ¡Sesshoumaru! —Gritó Inuyasha demasiado molesto.
Kagome sólo enmudeció y bajó la mirada.
Sesshoumaru se detuvo.
—Esta noche es la clausura de las conferencias y usted señorita Higurashi, como parte del grupo forense está a obligada asistir y habrá una fiesta, en donde la señorita Kagura, mi asistente, estará presente, creo que querrá conocerla—dijo sin mirar a ninguno de los dos.
—Allí estaré—Dijo suavemente.
Inuyasha miró a ambos con atención y guardó silencio hasta que su medio hermano se alejó.
— ¿Pasó algo más entre ustedes? —
—No—
—Está bien, pero ambos están muy raros, es la primera vez que veo tan molesto a mi hermano y que no me ataca—sonrió de medio lado. —Además hoy estas demasiado roja—
Kagome se cubrió el rostro.
—Tengo que ir a trabajar, Totosai me despedirá si sigo llegando tarde—Y corrió hacia dentro de la estación.
Inuyasha entrecerró los ojos y la vio marcharse.
—También es la primera vez que la veo huir, de hecho, es la primera vez que veo que los dos huyen—
En ese momento recibió una llamada de Kouga.
— ¿Qué sucedió qué? Voy para allá—
Kouga le dijo a Inuyasha que Ayame también había recuperado su antigua apariencia.
Continuará…
¿Qué tal? Ojala les haya gustado, el final se acerca, en cuantos capítulos, no sé, pero ya está cerca, je, quiero agradecerles sus reviews y que me agreguen a sus favoritos. Gracias a: hekate ama, Marlene Vasquez, AllySan, Faby Sama, DjPuMa13g, Sasunaka doki, Gata de la Luna, LadyWitheRose, Yoko-zuki10, Cinthya S, Lilith1939, pero especialmente gracias a AllySan.
Me despido, un beso y un abrazo a todas.
Axter23.
