¡Hola de nuevo! Ya les tengo listo el nuevo capítulo, espero que lo disfruten.


Capítulo 20.

Inuyasha miró con preocupación a Ayame, si ella había recuperado su forma al igual que él, sólo significaba una cosa: el sello estaba cediendo por completo.

—No lo entiendo—dijo el hanyou.—Podemos preguntarle a Kikyo, ella es la mejor sacerdotisa de la ciudad, es sabia e inteligente—Inuyasha trató de convencerlos. —Le llamaré—sacó su celular y le marcó a su novia.

Pero Kikyo nunca atendió aquel llamado.

—Creo que ella ya no quiere verme—dijo cabizbajo.

—No lo dudo, —Ayame comenzó a regañarlo— si tú te las has pasado preocupado por otra mujer en lugar de atenderla a ella y más ahora que ella esta…—se detuvo antes de hablar de más.

— ¿Embarazada? —

Kouga y Ayame se miraron mutuamente.

—Sí, ya lo sabía, sólo estaba esperando que ella me lo dijera, quería poner mi cara de sorpresa cuando lo hiciera—

— ¿Cómo…?—Kouga parpadeó varias veces.

—Mi olfato, es una de la pocas habilidades que conservaba, pero cuando el sello se rompió en mi, este regresó por completo y fue cuando me di cuenta de que estaba embarazada —sonrió de medio lado y luego les contó lo desesperado que estaba hasta la noche anterior, de cómo había sido ignorado por su novia durante todo el día diciéndole que estaba ocupada.

—En…en verdad lo estaba, se ha estado encargando de tus casos, mientras encuentras una solución—añadió de nuevo Kouga.

—No, creo que me ha abandonado, ya lo temía, odia a mi verdadero ser ¡Me siento tan inútil al estar escondiéndome!—

— ¡Basta de lamentarte Inuyasha! —regañó Ayame—No es tu aspecto lo que la molesta y lo sabes—

— ¿Ah no? ¿Crees que viéndome así deseará estar a mi lado? ¿Crees que deseará tener el hijo de un mitad demonio? Si mi aspecto es el de un perro—Jaló sus orejas— ¿Crees que ella quiera que su hijo sea tratado como me trataron a mi? —

—Ella está feliz por su embarazo—ella le dijo en tono suave—sensible, pero feliz—

— ¿Por qué no lo ha dicho entonces? ¿Por qué me dejó? —

—Deja de quejarte, llamaré a la oficina y luego te comunico con ella, de mi no se esconderá—Kouga sonrió complacido y llamó al teléfono de la oficina, pero contestó la secretaria.

— ¡Qué extraño! —

— ¿No te quiso contestar? — Inuyasha preguntó muy ansioso.

—Ella no ha llegado, la secretaria dice que ella tuvo que pedirle las llaves al portero y que él vio salir a Kikyo aproximadamente a las dos de la mañana, tampoco llamó para cancelar ninguna de sus citas—

—Tengo un mal presentimiento, ella nunca falta ni llega tarde a la oficina ni abandona a sus clientes—Inuyasha se llevó la mano al pecho— ¿Cómo está tu olfato hoy lobo rabioso?—

—Hoy está mejor que nunca, perro sarnoso—Kouga sonrió de medio lado.

— ¿Piensan rastrearla? ¡Eso es una falta de respeto!—intervino Ayame.

— ¿No lo escuchaste? ¡Tiene un mal presentimiento! Además hace mucho tiempo que no hacemos esto—

—Tal vez ella ya no quiere verlo—la loba colocó sus manos sobre la cintura.

— ¿Crees que la dejaré ir así de fácil? ¡Lleva a mi hijo! Además ya la esperé demasiado—

—Mi olfato es mejor que el de ustedes dos, yo ayudaré—ella se levantó y tomo las llaves de su casa y el auto—

— ¿No te importa salir así? —El hanyou parpadeó varias veces.

— ¡Vamos Inuyasha! Mi aspecto humano y el demoniaco no son muy diferentes, además…tarde o temprano toda esta mentira se vendrá abajo, es mejor que los humanos se acostumbren, sólo espero que no afecte mi negocio—

Ayame salió con aquellos dos chicos detrás de ella; tuvo que cruzar por el restaurant y llegó hasta donde estaba la cajera, quien la miró extrañada, pero sin darle tanta importancia.

La loba sonrió triunfal y le susurró a Kouga— ¿Ves? No tengo nada de qué preocuparme—

Y los tres salieron hasta la oficina y comenzaron a seguir el rastro de Kikyo, caminaron durante un par de horas hasta llegar a un hotel en donde estaba el auto de Kikyo.

— ¿Es broma? —Inuyasha se asomó por la ventanilla del auto— ¡Ese maldito hibrido y Kikyo! —

Ayame y Kouga miraron con pena a Inuyasha, podía oler la sangre brotando de sus palmas cuando este enterró sus garras al cerrar los puños, casi podían escuchar el rechinido de los dientes del hanyou al mismo tiempo que este gruñía.

—Inuyasha…yo…no sé qué decir—dijo Ayame preocupada por lo que pudiera hacer, lo mejor era evitar que se encontrara con ellos en ese momento.

—Vamos viejo, debe haber una explicación—Kouga quiso retener a Inuyasha cuando vio que este se apresuraba hacia la salida, pero sólo recibió un fuerte empujón.

— ¿Qué otra explicación quieres? ¡Ella se decidió ya por ese hibrido! No es la primera vez que percibo este aroma, lo he olido en la ropa de ella, además que ha estado actuado muy extraño—Inuyasha aventó a Kouga hacia un lado y corrió para alejarse de allí.

— ¡Ve tras él Kouga! —ordenó Ayame.

—Pero…—

—Él no está pensando con claridad, Kikyo ya no está aquí, entonces ¿Por qué su automóvil continua en este lugar? Lo celos le nublan la mente ¡Ve! —

Kouga corrió y Ayame le siguió con la mirada, cuando de repente la joven loba se percató de que algo la vigilaba, de un salto subió al toldo del auto y de un zarpazo mató a un insecto venenoso de Naraku.

—Era sólo una avispa… No, no es eso, de repente sentí que me vigilaba—pensó mientras olfateaba el aire y de nuevo siguió el rastro de Kikyo, que nos se dirigía al interior del hotel, sino que iba hacia la calle.


En efecto, Naraku miraba todo lo que había sucedido en ese hotel y sonreía satisfecho, pues Inuyasha había desconfiado de Kikyo, ahora aquel híbrido sufría.

Kagura observaba detenidamente la reacción de Naraku.

—No lo entiendo ¿No sería más fácil cortarle la cabeza a esa mujer y enviársela por correo a Inuyasha? ¿Qué demonios estas tramando Naraku? ¿Acaso te has enamorado de la humana? ¡Maldito bastardo! —Pensó con desprecio.

—Sé lo que piensas—Naraku sacó a la Dama de los Vientos de sus cavilaciones—No la he matado porque ella será el canje con la poseedora de la perla—Soltó una carcajada.

Esta explicación parecía lógica, sin embargo no le satisfacía a Kagura.

—Como digas—Ella salió del lugar.

Kikyo escuchó todo lo que Naraku le dijo a Kagura y le enfrentó.

— ¿Es en serio? —La abogada sonrió con soberbia—Por lo que veo aún tienes un lado… humano—

Naraku miró fijamente a Kikyo y luego sonrió.

—No estés muy segura de lo que siento, yo sólo quiero mi venganza—

— ¡Ah! ¿Y eso implica destruir a Inuyasha emocionalmente? ¿Qué ganas haciéndole esto? —

—Le puedo hacer sentir lo que es morir poco a poco, lo que es estar abandonado, pero lo que en verdad deseo es ser el más poderoso, que tanto él como Sesshoumaru vean impotentes cómo destruyo toda esta falsa vida que se han creado y para eso necesito la Perla de Shikon—

—Esa perla es un mito—

Naraku se rió ante ese comentario, hizo una seña y Kana se acercó con su espejo y le mostró la plática que Sango y Kagome habían tenido la noche anterior.

Kikyo amplió la mirada llena de angustia al ver que su prima le mostraba la herida de su costado a la detective y se sorprendió al escuchar que Sesshoumaru había sacado la perla de su cuerpo; de repente el espejo se oscureció.

—No pude escuchar en dónde la había ocultado, al parecer alguien más no quiere que me entere en donde esta, pero tengo mis métodos y sé que ella es capaz de cualquier cosa por su familia y lo será aún más con tal de protegerte a ti y al hijo del hombre que ella amó—

Kikyo sonrió de medio lado, estaba asustada, pero ese híbrido no tendría el gusto de amedrentarla.

— ¿Te sientes tan seguro de ti mismo Naraku? Pero puedo ver lo mucho que le temes a los hermanos—soltó una forzada y sonora carcajada—creo que no te daré problemas y mucho menos intervendré en tus planes, regreso a mi recámara, después de todo soy tu huésped—Ella se dio media vuelta y salió rumbo a su habitación y cuando él ya no pudo verla ni escucharla dejó de reír y ahora su mirada estaba llena de preocupación, él tenía razón, Kagome se sacrificaría sin pensarlo dos veces, mas no sabía si sería capaz de entregarle la perla a tan malvado ser. Esperaba que no.

Naraku arrugó molesto el ceño, ella se mostró tan confiada y casi hizo que sus planes se vinieran abajo, tal vez la sugerencia de Kagura era la mejor, pero si mataba a Kikyo, obviamente reforzarían la seguridad de aquella joven llamada Kagome.


Ayame siguió el rastro de Kikyo por varias horas, había llegado a las afueras de la ciudad, cerca de un valle y al frente estaba un sendero el cual llevaba a un monte, así que siguió la vereda y con gran agilidad subió varios peñascos.

— ¡Ah cómo había extrañado esta destreza! —sonrió la loba.

Pero se percató de que algo andaba mal, ese aroma no la llevaba a ningún lado, había corrido en círculos un par de veces y cada vez que creía haber encontrado algo para tomar un rumbo distinto siempre regresaba al mismo punto, al final de la vereda, pero al principio del monte.

—Una barrera—luego olfateó de nuevo—hasta aquí llega su esencia, es una barrera, esto es malo—Tomó su celular para llamar a Kouga con la esperanza de que Inuyasha hubiera recapacitado, pero casualmente no tenía señal en ese lugar. —Esta esencia yo la recuerdo, debo regresar, tengo un mal presentimiento—y corrió de regreso.


Sesshoumaru había pasado la tarde en la oficina, tan concentrado como siempre en lo que hacía, aunque había pequeños lapsos en los cuales ella invadía su mente, sentía como el calor se colaba por sus venas y se concentraba en su pecho.

—Soy un imbécil—pensó molesto—ella no me correspondió—

Tomó molesto el teléfono y le marcó a Kagura, tenía que advertirle acerca del peligro que corría, pero ella nunca respondió.

Justo en ese momento entró el ex jefe de la policía a la oficina del mayor de los hijos del Comandante.

— ¿Preocupado por algo? —

—No—

El hombre suspiró.

—Deberías. Sesshoumaru ya no podré encubrir más los delitos cometidos por los demonios—

—Lo entiendo—

—A pesar de que tú te has encargado de apaciguar a los más revoltosos, dentro de poco su existencia estará al descubierto—

— ¿Acaso los patólogos y el comisionado quieren más dinero? —

El ex jefe movió la cabeza de un lado a otro en negativa.

—Aun cuando pagues por encubrirlos, ya no podremos hacer nada si su apariencia los delata, sin embargo…—hizo una larga pausa—ya ha habido varios asesinatos de jóvenes mujeres, no sólo en esta ciudad, sino en otras y curiosamente todas son allegadas a algún templo, familiares de algún monje o sacerdotisa, pero el caso es que la prensa ya está encima de esto, gracias a la grabación acerca de un niño con fuerza descomunal, la gente dice que es un demonio, hemos tenido que intervenir para evitar que las personas tomen represalias contra todo albino que existe en este país—

—Estoy encargándome de esto—

—Más vale que te des prisa y acabes con él como siempre lo has hecho, la matanza debe terminar o ya no habrá nada que puedas hacer—

— ¿Acaso estas dándome ordenes? —Sesshoumaru lo miró un tanto molesto.

Aquel hombre negó con tranquilidad.

—Quizás debería encerrarlos a todos—

—Tú también estás implicado—

— ¿A quién le creerían? Soy amigo del ministro… Monstruo—El hombre arrugó el ceño y miró al demonio directo a los ojos, estaba un poco molesto—No, creo que tendrás que pensar en algo mejor que un "Estás implicado". Controla a tu gente y yo me encargo de la mía, después de todo he sido yo quien ha lavado la sangre de las paredes, acomodado los cuadros y enterrado los restos de las víctimas de tu gente, para que todo salga bien y mi gente este tranquila—

Sesshoumaru arrugó el ceño y observó como el jefe de policía estaba a punto de salir de su oficina, hasta que este se detuvo y volvió a hablarle.

—El que se hayan mantenido ocultos por tanto tiempo no es sólo un logro de ustedes, muchos humanos están "implicados", incluyendo a mi hija Sango, lo único que queremos a cambio es muy poco, sólo un poco de paz, piénsalo—Salió de la oficina.

Sesshoumaru dio un ligero gruñido, cómo deseaba asesinarlo en ese momento.


Kouga corrió lo más rápido que pudo, deseando que el debilitamiento del sello le hubiera devuelto su velocidad innata, sin embargo le fue imposible alcanzar a Inuyasha, a quién pudo localizar gracias a su sensible olfato, sentado a las afueras de la ciudad.

— ¡Chucho pulgoso! —Kouga le dio tremendo coscorrón.

Inuyasha se levantó molesto con las ganas de regresarle aquel golpe.

— ¡Serás idiota Inuyasha! ¿Cómo puedes marcharte así y dejar a Kikyo? —

El híbrido bajó la mirada un tanto deprimido.

— ¿No lo ves Kouga? El hechizo está desvaneciéndose y esta mentira que hemos vivido durante tanto tiempo está por acabarse, en cuanto los humanos vean nuestra verdadera apariencia el temor y caos serán una realidad en nuestras vidas, algunos demonios tienen la apariencia de humanos, pero ¿qué hay de nosotros los hanyous? ¿Qué apariencia tendrá mi hijo? Yo no quiero que lo desprecien al igual que a mí, tengo la esperanza de que herede mi gen humano y que junto con el de Kikyo…tú sabes Kouga, deseo que se vea completamente como un humano y aun así, la gente lo despreciará porque su padre es mitad bestia—

Kouga no le dio importancia a los lamentos de su colega.

— ¿Así que es eso? De nuevo ese maldito complejo de inferioridad, por eso abandonaste a esa mujer llamada Kagome ¿Verdad? —Kouga se sentó junto a Inuyasha, quien lo miró asombrado. — hace poco Kikyo se lo contó a Ayame—

—Pensé que Kagome me dejaría por ser lo que soy—

—Tal vez tú eres el equivocado, por odiar y negar tanto lo que eres en realidad—

—No, yo…—

— Y has estado tratando de proteger a esa mujer sólo porque te sientes culpable de haberla abandonado, todo por no haberte aceptado tú mismo—

—Yo la amé… demasiado y sí, aún siento culpa por la forma en que se terminaron las cosas—

—Porque fuiste un cobarde, pero ella ya lo superó ¿Y tú? ¿Y estabas tan preocupado por ella que jamás tomaste en cuenta que Kikyo no había regresado a casa? —

—Yo…—

— ¡Ya! Deja de compadecerte idiota, si no fuera por tus celos estúpidos, habrías notado que el auto de Kikyo estaba en ese hotel, pero ella no. ¿No te parece extraño? ¡Pudo haber sido secuestrada y estamos perdiendo el tiempo aquí!—

— ¿Pero qué…? ¡¿Por qué no lo dijeron antes?! —

— ¡Tratamos imbécil! ¡Pero saliste corriendo como estúpido! —

Inuyasha no sólo estaba preocupado por su mujer, sino que se sentía la peor persona del mundo, ya que mientras él estaba ocultándose, lamentado su condición híbrida y preocupado por la mujer de su pasado, ahora su novia y su no nacido hijo estaban en peligro, posiblemente en manos de Onigumo, quien ahora se hacía llamar Naraku.

— ¿En dónde está Ayame? —

—Se fue siguiendo el rastro de Kikyo—

— ¡Idiota! Ella también puede estar en peligro—

Kouga sacó su móvil mientras corrían de regreso al hotel, por fortuna Ayame ya había entrado al área donde tenía señal en su teléfono y les dijo en dónde podían alcanzarla.

Al encontrarse todos juntos, ella explicó todo lo que había sucedido.

— ¿Una barrera? —preguntó Kouga.

—Sí—contestó Ayame—pero hay algo más Kouga, pude detectar un aroma muy conocido por nosotros—

— ¿Qué nosotros conocemos? —

—Quisiera equivocarme, pero estoy segura de que es quien destruyó a nuestro clan poco antes de que conociéramos a Inuyasha—

— ¿Qué dices? —Kouga se exaltó— ¿Estás segura? —

— ¡Kouga, estoy segura! —Tembló de impotencia—Al principio lo dudé, pero aún no puedo olvidar su asqueroso olor—mencionó algo alterada.

— ¿Él destruyó tu clan? ¿Tan poderoso es? —Inuyasha estaba impactado.

La loba asintió mientras Kouga apretaba sus puños lleno de furia.

—Él mató a mi abuelo—La loba se mordió el labio.

Inuyasha escuchaba y miraba con incredulidad a los lobos, no podía imaginar que tan fuerte era ese tal Naraku.

De repente el cielo se oscureció y amenazó con caer una tormenta.

—Si no nos damos prisa perderemos todo rastro—observó Kouga.

Los otros dos asintieron.

—Es por aquí—señaló Ayame, pero al llegar a aquel lugar se dio cuenta que ya no había vereda, Naraku amplió nuevamente aquella barrera. —No… no entiendo, era por aquí… estoy segura—

Y comenzó a llover.

— ¡Maldición! —Gruñó el lobo.

Inuyasha olfateaba desesperado el débil rastro de Kikyo que aún continuaba en el aire, pero que rápidamente terminó por desvanecerse.

— ¡Kikyo! —Gritó Inuyasha y dio un fuerte golpe en el húmedo suelo para descargar su frustración.


El turno en la estación de policía había terminado. Kagome se alistó para ir a casa cuando recordó que Sesshoumaru le dijo que esta noche sería la clausura de esas conferencias y al parecer estaba obligada a asistir, cosa que no le molestaba realmente, pues deseaba verlo una vez más.

Ella caminó al estacionamiento por su auto, al buscar la llave se le cayó, cuando se inclinó a recogerla sintió una fuerte punzada en su costado, llevó su mano justo a donde tenía la herida.

—Tendré que ir al médico a que me revisen, sólo espero que no se me haya infectado—

El médico no vio con buenos ojos aquella herida.

— ¿Cómo se hizo esto? —la cuestionó.

—Estábamos en un campamento casi en medio de la nada y me resbalé, al caer me di con una piedra afilada y como no había médicos ni ningún auxilio, me cauterizaron—dijo con un poco de remordimiento por haber mentido.

El no le creyó, más bien pensó que se trataba de un caso de maltrato.

—Pues no está infectada, pero le quedará una horrible cicatriz, espero que no sea de las que les gustan los bikinis—

Kagome sonrió.

—Pues ahora ya no—ella se levantó y fue hacia el escritorio del doctor quien le tendió una receta.

—Con esto calmará su dolor y evitará que se infecte—

—Gracias—Se despidió educadamente.

Después de salir del consultorio fue a la farmacia y compró todo lo que indicaba su receta y luego fue a casa para tomar un baño y aplicarse aquello que le calmaría el dolor de su costado; miró el reloj, el cual marcaba la siete de la noche y corrió al armario para ver que se pondría para el cierre de aquel evento. Por fin conocería a Kagura y podría advertirle, así evitaría esta increíble disputa entre humanos y demonios.

—Sé que si esto de los demonios se descubre… No, no puedo ni siquiera imaginarlo, pero los templos se llenarían de personas en busca de pergaminos y hechizos, tal vez llegarían a las armas…no quiero imaginarlo, sería simplemente el caos—angustiada tomó aquel vestido para la fiesta y lo colocó sobre la cama y se sentó a su lado.

— ¿Me notará? ¿Me mirará siquiera? —sonrió con melancolía.

Nuevamente miró el reloj y se vistió rápidamente y se peinó y maquilló de manera sencilla y en pocos minutos ya estaba en su auto y luego en aquel salón de convenciones; miró en todas direcciones buscando alguna cara conocida, el chico que recibía los boletos le indico su lugar que estaba junto a sus compañeros de equipo.

— ¡Vaya Kagome! —Habló Renkotsu—se ve mejor así—

Suikotsu sólo sonrió.

—Tal vez deberíamos presentarle a nuestro hermanito Bankotsu—señaló de nuevo Renkotsu.

—No, no es para ella—contestó el otro forense.

— ¿Quién? —ella los miró con inocencia.

—Nuestro hermano menor, es el líder del equipo de elite de la policía, pero créame, él no es para usted, sería como mezclar el agua y el aceite—dijo el mayor de los hermanos.

—Basta Suikotsu, parece que le estas creando más fama a nuestro hermano al aplicar psicología inversa a nuestra psicóloga—

Kagome sonrió ante los comentarios de los forenses.

Pronto salió una mujer hacia la tribuna y solicito la atención de todos para presentar al expositor.

Kagome supo de inmediato que era ella, gracias a la foto de Sesshoumaru y porque llevaba el vestido que había visto en sus sueños y porque, además, de ella emanaba energía maligna.

La exposición terminó y Kagura cerró el evento e invitó a todos a disfrutar la fiesta de clausura.

Kagome se levantó rápidamente para alcanzar a aquella mujer, pero le perdió de vista por un instante, cuando la vio nuevamente la encontró junto a él, junto a Sesshoumaru.

Al verlo se detuvo de repente, sus piernas no quisieron dar un paso más, su boca se secó de inmediato y sentía un intenso cosquilleó en el estómago.

— ¿Por qué estoy tan nerviosa?...Sesshoumaru…—pensó y luego se obligó a seguir avanzando.

Sesshoumaru volteó a verla y ella lo notó, pero él se alejó antes de que ella pudiera acercarse, lo que provocó un fuerte sentimiento de angustia en la psicóloga; él sólo quería darle el espacio suficiente para que ella se acercara a Kagura y le contara lo de su sueño, ya intervendría después, dependiendo de si la Dama de los Vientos le creía o no.

Kagome por fin alcanzó a aquella mujer.

—Disculpe ¿Es usted Kagura-san? —

—Sí —Ella miró a aquella joven con recelo, supo de inmediato de quien se trataba, pues la había visto gracias al espejo de Kana.

—Hay algo sobre lo que quiero hablar con usted—

Kagura sintió curiosidad.

— ¿Es importante? —

Kagome asintió.

—Pasemos a la recepción, allí casi no hay gente, todos están en la parte de atrás, donde deberíamos estar nosotras…bailando o cenando ¿No cree? —

—Prometo decirlo rápido—

—Bien, que sea rápido, tengo que asegurarme de que todo esté en orden tanto en el salón como en el jardín trasero—

—Bueno de eso quiero hablar…—hizo una pausa, pensaba en cómo decirle lo que sabía sin sonar como una loca. —No debe ir esta noche allá atrás—

— ¿Ah no? ¿Por qué? —

—Sé que no me va a creer, pero esta noche usted está en peligro de muerte, en mis sueños tengo visiones en las cuales usted aparece y es atacada por un hanyou llamado Naraku y si algo le pasa a usted todo lo que han venido ocultado durante tanto tiempo se descubrirá—

— ¿En sus sueños? —

—Sé que no me cree—

—Debería visitar al loquero, puede encontrar a varios en ese salón, puedo presentarle a algunos—Kagura le creyó y vio por que Naraku le temía, pero aun cuando ella se quedara oculta, sólo bastaba que Naraku destruyera su corazón para acabar con su existencia. Además debía encubrirse ella misma acerca de que lo conocía.

—Es verdad, no estoy inventando—

— ¿Sabe una cosa? Mi tiempo está demasiado limitado y he trabajado demasiado para que las cosas salgan bien, y no por un sueño que usted tuvo significa que voy a detenerme—Se dio la media vuelta dispuesta a alejarse de la humana.

—Culparán a Sesshoumaru de su muerte ¿No le importa? —

Kagura se detuvo sin voltearse.

—Puedo ver que siente algo por él—mencionó la mujer—pero no se haga ilusiones, a él no le agrada mezclarse con humanas y mucho menos avergonzarse a sí mismo procreando un insignificante hanyou—

Kagome bajó la mirada.

—Lo sé, pero no importa si él no quiere estar conmigo, lo importante es evitar la guerra que se desatará con su muerte—

— ¿Guerra? ¿Qué Sesshoumaru puede morir? Entonces no lo conoce—Miró a la psicóloga con desprecio—si usted no confía en el poder de Sesshoumaru es porque ni siquiera merece que él la mire—

— ¿Ya se cansó de menospreciarme? —Kagome arrugó el ceño molesta, pero se tranquilizó rápidamente al ver que tenía la atención de aquella soberbia mujer—Sé que usted es un demonio también, además ¿Qué ganaría yo mintiéndole? ¿Qué me ofenda y humille tal y como lo acaba de hacer? No, yo sólo quiero evitar que la maten, pero si usted desea morir, adelante, sólo evite que la vean junto a Sesshoumaru, ya que ese hanyou llamado Naraku aprovechará su muerte para acusarlo y en cuanto Sesshoumaru intente defenderse se mostrará tal cual es y lo perseguirán como si fuera un animal y a todo demonio y hanyou que aparezca después de eso—

Kagura meditó por unos segundos las palabras de la chica y nuevamente comenzó a caminar para alejarse de ella.

Kagome suspiró frustrada ante su fracaso, sentía pena por aquella mujer, aunque sin saberlo, nuevamente el futuro ya había sido cambiado; se dispuso a marcharse pero un hombre se paró frente a ella.

— ¿Es usted médico? —Preguntó aquel elegante hombre de larga y rizada cabellera.

—No, soy psicóloga, pero como trabajo para el departamento de policía en el área de psicología forense…pues me obligaron a venir, aunque no estoy obligada a quedarme en esta fiesta—

—Mi nombre es Kagewaki Hitomi—Sonrió amablemente aquel hombre— ¿Y su nombre bella dama? —Se inclinó haciendo una reverencia.

Kagome sintió un fuerte escalofrió recorrer su espina dorsal, tenía un presentimiento, uno malo; rápidamente buscó a Sesshoumaru con la mirada, mas no lo encontró y su presencia le indicaba que estaba dentro del salón de baile.

—Higurashi Kagome—Se relajó por un momento, pues no podía sentir presencia maligna en esa persona, gracias a un artefacto purificador que formaba una barrera sólo alrededor de su cuerpo, la cual además cubría su aroma de hanyou.

—Me gustaría bailar una pieza con usted—

—Yo…la verdad…debo marcharme—

Naraku la agarró de los hombros haciendo que la joven se tensara y se acercó hasta su oído.

—Insisto—susurró—creo que Kikyo estaría muy complacida—Y tomó la mano de la petrificada mujer y la llevó hasta el salón, en donde ambos pudieron estar a la vista de Sesshoumaru, quien los miró de soslayo.

Ella escuchó aquellas palabras como una amenaza.

Naraku llevó una de sus manos hasta la cadera de Kagome y la apegó más a su cuerpo, ella tragó pesado y aguardó en silencio, pues ahora ya no había duda, estaba bailando en este momento con el enemigo, su instinto le avisó del peligro desde un principio.

— ¿Qué tiene que ver Kikyo con usted? —Ella arrugó el ceño.

—Digamos que…a cada minuto que pasa, ella y el hijo de Inuyasha se debilitan—Los labios de Naraku estaban muy cerca del oído de Kagome, susurrando para que Sesshoumaru no los escuchara.

La aflicción ensombreció el rostro de Kagome.

Naraku se separó para mirarla directo a los ojos.

—No ponga esa cara, está en sus manos salvarlos, por lo pronto, sonría y finja que disfruta mi compañía

Kagome sonrió forzada.

— ¿Es usted…Naraku? —

—Lo soy—

Kagome comenzó a sudar, sus piernas temblaban y sus ojos buscaban frenéticamente la mirada de Sesshoumaru, esperando que él pudiera interpretar su lenguaje corporal.

—Vayamos al jardín, le daré las condiciones lejos de él, sé que tiene muy buen oído—Dejó de bailar y tomó de nuevo la mano de la chica y la guió hasta el jardín.

La joven se mordió el labio, después de todo estaba siendo guiada justo al lugar en donde Kagura sería asesinada.

Sesshoumaru había observado el comportamiento de Kagome, era extraño que estuviera tan nerviosa junto a ese humano y ella jamás dejó de mirarlo, cuando vio que se la llevaba al jardín supo que era momento de intervenir.

Naraku se detuvo, no era tonto y sabía que tenía poco tiempo para decir sus condiciones antes de que Sesshoumaru llegara hasta ellos.

— ¿Qué es lo que quiere para dejar a Kikyo en paz? —

—La Perla—

—No la tengo—

—Pero Sesshoumaru sí—La angustia invadió el pecho de Kagome y Naraku lo notó—él la entregará a cambio de usted—

Kagome recordó su sueño y supo que su fin estaba cerca, sólo esperaba que Sango cumpliera su promesa.

—Es verdad, yo me iré por mi voluntad con usted, pero antes debe dejar libre a Kikyo—lo miró desafiante.

—Supuse que eso pediría—sonrió y de soslayo vio que Sesshoumaru se acercaba—bien, la espero en el camino que lleva al parque del Monte Fuji, esta noche, vaya sola y dejaré ir a Kikyo—Rió al ver el rencor y la desesperación en aquella joven y luego se marchó.

Sesshoumaru vio como aquel humano se retiró, así que detuvo su marcha antes de llegar hasta ella, vio como ella dio media vuelta y lo miró por un par de segundos y luego comenzó a caminar hasta donde estaba él, sin embargo, ella pasó de largo sin mencionar palabra alguna, mientras él se quedó estático, mirando por el rabillo del ojo cómo ella se alejaba cada vez más.

Kagome subió a su auto y condujo decidida hacia donde ya la esperaba Naraku.

Por fortuna, alguien más había estado vigilando a la psicóloga y no estaba dispuesto a permitir que la perla fuera entregada.

Continuará…


¿Qué tal? Espero que sí les haya gustado, el lemon se los debo y espero que sepan disculparme, pero cuando lo ponga espero que sea de su agrado, es decir, les prometo lemon.

Antes quiero agradecerles a todos sus reviews y disculpen si esta vez no las menciono de uno por uno, pero con este teclado que está más duro que una vieja máquina de escribir me da flojera, pero ya pedí uno de regalo de Navidad.

Por cierto antes de despedirme, quiero desearles a todos felices fiestas, en caso de que no nos veamos por aquí, les mando un fuerte beso y un abrazo y mis mejores deseos.

Y de nuevo gracias por todo chicas y chicos, pero sobre todo, gracias… AllySan.