¡Hola de nuevo! ¿Qué tal la pasaron en estas fiestas? Espero que bien, yo por mi parte, aunque tarde, aquí les dejo mi regalo de navidad, año nuevo y de reyes, espero que lo disfruten.
Inuyasha y sus personajes no me pertenecen.
Capítulo 21.
Curiosamente, durante esa noche tanto en la estación de policía, como en algunos templos recibían reportes de encuentros inexplicables con seres sobrenaturales.
—Escucha esto Miroku—insistió Sango a su compañero que apenas subía al auto después de comprar su cena.
— ¿Algo en especial que nos concierna? —
—En la calle Yokohama—repitió la persona encargada de la base.
—Reportaron haber visto un monstruo—comentó Sango.
— ¿En serio? —preguntó el joven un tanto incrédulo.
—Shh, escucha…—
—Aquí la unidad 0281, reportando mismo incidente en la avenida principal ¡Lo tengo en la mira! ¡Voy en su persecución! —Gritó un patrullero.
Miroku y Sango voltearon a verse.
—Esto desatará un tremendo caos—El detective tenía una extraña sensación de angustia, así que colocó su sirena en el toldo dispuesto a arrancar su unidad.
— ¿Qué podemos hacer? —La joven escudriñó la expresión de su compañero, quien miraba atento hacia el frente.
—No lo sé, tal vez ayudar al patrullero ¿O al demonio? —
—Esto es difícil, no sé qué hacer, tal vez papá…—Sango colocó su mano en la barbilla.
— ¿Ahora? —
—Él trató esos casos en el pasado, puede aconsejarnos—
Así que Miroku encendió el auto y fueron a casa de Sango, en donde se entrevistaron con su padre, a quién informaron acerca de los reportes.
—Sí, me di cuenta cuando vi que Kirara tenía dos colas en lugar de una— y abrió el armario, de donde saco una especie de frasquitos y un boomerang gigante.
— ¿Lo recuerdas? —
— ¿Cómo olvidarlo? Si durante años me hiciste cargarlo cada vez que salíamos al campo de tiro y me hacías lanzarlo, aún no te perdono todas la veces que me hiciste llorar por cargar esta cosa tan pesada—dijo fingiendo indignación.
—Pero cuando pudiste dominarlo te divertiste. El hiraikotsu está hecho de huesos de demonios, tiene varios siglos de haber sido fabricado y estos…—mostró los frascos—son veneno, bombas de humo que yo mismo fabriqué cuando me enteré de la existencia de los demonios, he tenido que limpiar los desastres, tanto de los demonios, como los de los exterminadores de estos—
— ¿Exterminadores? —Miroku lo miró extrañado.
—Sí. Un grupo de humanos que se dedica a cazarlos en secreto—
— ¿Cómo pudiste guardar silencio por tanto tiempo? —Reprochó la joven, pero de inmediato miró comprensiva a su padre.
—Oh, eso. De hecho… yo lo mencioné una vez y me dieron vacaciones por una semana, dijeron que estaba estresado—
—Lo recuerdo, papá; yo… lo siento—
—No importa, toma esto—Le entregó todo aquello que él fabrico durante años—te protegerán, son métodos anticuados, pero sirven—
—Gracias—
—Bueno… nuevamente tendré que limpiar este desastre, aunque esta vez será casi imposible—El padre de Sango habló un poco agotado.
—Tú sabrás como lograrlo, pero por ahora te dejamos, tenemos mucho trabajo por esta noche—
—Llévate a Kirara, te será de ayuda—
Los detectives se despidieron. Miroku se ofreció caballerosamente a cargar el Hiraikotsu y le fue prácticamente imposible, lo cual le causó un poco de gracia a la joven, quien caminó hacia su compañero y le arrebató el boomerang de las manos y lo cargó con gran facilidad.
Miroku se sorprendió al ver como su "frágil compañera" cargaba tan fácilmente aquel artefacto, la miró fijamente, arqueó la ceja y luego sonrió.
…
Kagome conducía su auto hacia su destino, cuando por el retrovisor observó la silueta de un hombre. No, un demonio. Pisó el freno a fondo y casi chocó contra un árbol, frotó sus ojos y asustada volteó hacia el asiento trasero, pues juraba haber visto a alguien detrás de ella.
—Debo estar nerviosa—la joven revisó su bolso, en este llevaba varios artículos que según el abuelo servirían para purificar a los demonios, los tomó para evitar que Kagura fuera asesinada, tenía la sospecha de que ella simplemente no le creería, así que rogó en su interior que estos artefactos funcionaran, pero no contaba con que tenía que salir de aquel lugar para ayudar a Kikyo. Prendió de nuevo el auto y continuó su camino, y antes de perder la señal de su celular llamó a Sango y le dio indicaciones de donde estaría para que se llevara Kikyo después que ella se fuera con Naraku; no la había llamado antes para evitar que la detective la detuviera de entregarse.
— ¡Es una trampa! Recuerda tu sueño—
—Sango…sólo…sólo ven por Kikyo y llévala con Inuyasha y por favor, detén a Sesshoumaru y a Inuyasha—
— ¡No lo hagas te matarán! —Sango no podía permitirlo, estaba angustiada por su compañera.
— ¡Lo prometiste! —gritó desesperada conforme se acercaba al lugar indicado. —Lo siento…debo irme. No tardes, ella está embarazada y ese maldito dijo que está débil—su voz se escuchaba débilmente—Y Sango, cuando todo acabe… dile que yo…llegué a…amarlo, —dijo refiriéndose a Sesshoumaru— que debe luchar y derrotar a Naraku—
— ¡No! ¡Debes decírselo tú! —
—Adiós Sango—Kagome apagó su teléfono y detuvo su auto, pues el camino ya no le permitió continuar en este y tuvo que caminar durante algunos minutos hasta que vio un portal que se abría ante sus ojos permitiéndole ver el oscuro lugar protegido por la barrera.
Miroku había escuchado aquella plática y supo que nada bueno había pasado.
Kagome no contó con que los detectives se encontraban por la zona haciendo su ronda nocturna debido a los reportes recibidos.
—Dime por donde ir—Dijo el detective.
—Espero que no sea tarde, estamos al menos a quince minutos de ella—
— ¡Sólo dime a dónde!—Miroku sacó la sirena y la puso en el toldo y pisó el acelerador a fondo, los autos de la policía eran demasiado veloces, con suerte y estarían en la mitad de tiempo.
…
Kagome sintió fuertes nauseas al oler aquel veneno en el ambiente. Llevó su mano al abdomen y la otra a su boca intentando reprimir las arcadas que el hedor le provocaba.
Naraku salió de aquel portal con Kikyo en brazos, al lado de él caminaba Kagura.
Kagome miró con decepción a la persona que había estado tratando de salvar.
—Usted…—miró con reproche a la mujer, quien no contestó nada.
—Pensé que tal vez se arrepentiría—Sonrió aquel demonio al ver que su plan había funcionado.
—Aun cuando yo me entregue, él no caerá en su juego, no vendrá, así que pierde su tiempo—
—No lo creo, según su sueño… él me la entregará—
Kagome se estremeció al enterarse de que Naraku sabía de su sueño.
—Pero eso puede cambiar si él coopera y se humilla ante mí—sonrió al acercarse a ella—puedo dejar que salgan vivos de aquí—tomó el mentón de la joven.
Kagome se volteó hacia otro lado para que la soltara.
—Deje a Kikyo en el suelo y en cuanto llegue mi compañera me iré con usted—arrugó el ceño y le miró desafiante.
—El trato era que vendría sola—
—Y vine sola, pero está mal de su cabeza si piensa que dejaré sola a Kikyo—Kagome volteó hacia atrás al escuchar un auto acercándose a toda velocidad —Deje a Kikyo en el suelo, permita que se vaya con ella y no pondré ni la más mínima resistencia—
Naraku sonrió sarcástico al ver la actitud altanera de esa patética humana, ella no era lo suficientemente fuerte como para frustrar su deseo de obtener la perla; colocó a la abogada en el suelo y aceptó la presencia de los detectives, después de todo, ellos no eran rivales para él.
Kagura sujetó el brazo de la chica.
Los policías bajaron de su auto, la detective tomó al Hiraikotsu preparándose para pelear, de repente vieron un brillante destello a varios metros lejos de ellos en el cual se dibujaban perfectamente la silueta de tres personas paradas frente a esta, ambos detectives corrieron con la intención de evitar que ese tipo se llevara a su compañera, entonces Kirara se transformó en una pantera monstruo y hábilmente se coló entre las piernas de su dueña y emprendió el vuelo.
Sango desenfundó su arma reglamentaria con la esperanza de detener toda esta locura y entonces la detonó varias veces contra aquel hombre frente a ella.
— ¡Kagome! —Sango notó que las balas no le hacía daño alguno.
— ¡Llévate a Kikyo!—ordenó la psicóloga.
Sango enfundó su arma de fuego, tenía la intención de lanzar su boomerang, tal vez resultaría mejor que las balas.
El híbrido rió con descaro al ver lo que la chica policía se proponía, puso su brazo alrededor del cuello de Kagome y la colocó frente a él, camino a la entrada de la barrera y esta se cerró.
Tanto Miroku como Sango quedaron frustrados al no lograr su cometido.
— ¡Maldición! —Sango colocó su Hiraikotsu en la espalda— ¿Cómo pudieron desaparecer en medio de la nada? —escudriñó con la mirada aquel lugar.
Mientras tanto Miroku aún llevaba su arma en la mano, caminó hacia la abogada que estaba tendida en la grama y se agachó para ver que estuviera bien.
— ¡Sango ven aquí! —gritó Miroku.
Sango corrió y pegó su oído en el pecho de la abogada.
—Está viva Miroku, pero su respiración es débil, debemos llevarla al hospital ¡Llama a una ambulancia! —
—No, mejor la cargaré, será más rápido si la llevamos nosotros y damos aviso a Sesshoumaru y a Inuyasha—
— ¡No podemos dejar a Kagome! Pidamos refuerzos—
—Sango, no podemos ¿Cómo explicaremos la desaparición de Higurashi? Además nada lograremos aquí—Miroku se levantó y extendió su mano y gracias a que él tenía poderes espirituales pudo notar que se trataba de una barrera—Tal como lo pensé, no podemos hacer nada sin la ayuda indicada, tal vez…—sacó de su chaqueta unos pergaminos que últimamente llevaba con él desde que supo que aún existían los demonios, tomó uno de aquellos papeles y lo arrojó, sólo salieron chispas como si tratara de una descarga eléctrica, pues el pergamino no fue lo suficientemente fuerte como para lograr abrir aquella barrera.
— ¿Qué…qué fue eso? —Sango preguntó sorprendida.
—Pensé que lo lograría. —Miró decepcionado—El viejo Monje con el que vivía me regaló estos pergaminos cuando le conté lo que sabía. Sango, llama a Inuyasha—
—Lo siento, mi celular no tiene nada de señal—
Miroku cargó a Kikyo y comenzó a caminar hacia el auto.
—Vámonos, Inuyasha debe saber que encontramos a su mujer, lo llamaremos en el camino e igualmente debemos dar aviso al doctor Namikase—
—No podemos—Sango contestó cabizbaja.
—Debemos hacerlo—
—No entiendes Miroku, si lo hacemos Sesshoumaru entregará la perla de Shikon y pondrá en riesgo a todos; sin ella ya es muy fuerte, no quiero imaginar lo poderoso que él se volverá con la Perla en sus manos—
—Pero no podemos dejarla sola—
— ¿Quién mencionó que la abandonaríamos? Buscaremos ayuda de alguien más, monjes sacerdotisas ¡Quien sea, menos él! ¡La vamos a rescatar! Romperemos esa maldita barrera y mataremos a ese malnacido—Sango habló con determinación.
Miroku subió al auto.
—Inuyasha debe saberlo—Miroku comentó convencido.
—Este no es como cualquiera de nuestros casos—Sango se sentó en el asiento trasero mientras sostenía la cabeza de Kikyo—Vamos abogada, usted es fuerte resista ¡Apúrate Miroku! —
—Voy lo más rápido que puedo, el hospital más cercano esta a diez minutos más o menos—
— ¡Quiero que llegues en cinco! —
—Eso intento—
Pronto llegaron al hospital y entraron con la mujer en brazos y los médicos la atendieron apropiadamente a pesar de no saber la causa de que ella estuviera en coma.
Inuyasha no tardó en llegar junto con Kouga y Ayame; la apariencia de esta última no pasó desapercibida para los detectives.
Sango explicó a Inuyasha en donde habían encontrado a la abogada y lo que había sucedido con Kagome.
—Nosotros estábamos allí, fue un golpe de suerte que haya entrado la llamada al celular—Mencionó Kouga.
—La lluvia también fue provocada por Naraku, así confundiría nuestro olfato—observó la loba—de lo contrario nos hubiéramos dado cuenta cuando la barrera se abrió—acarició el cabello de la inconsciente abogada
— ¡Maldito monstruo! ¡Debo salvar a Kagome! —
—Lo sabemos Inuyasha y queremos ayudar, pero ¿Cómo entraremos? —Preguntó Sango—por lo que sé, él va chantajear a Sesshoumaru para que entregue la Perla—
—El monje que me entrenó y me crió sabe un conjuro para hacer que aquel demonio no nos detecte, en cuanto la barrera se abra para dejar a entrar a Sesshoumaru, también lo haremos nosotros—
—No…lo hagan—la débil voz de Kikyo los alertó.
— ¡Kikyo! —La abrazó—perdóname…—se separó para corroborar que efectivamente estaba bien.
—En el interior de la barrera…—
—No hables Kikyo—suplicó Ayame.
—Hay…veneno envolviendo el castillo y dentro de este hay una fuerte energía maligna capaz de absorber la energía vital, él… pensó en todo—sonrió ligeramente y tomó la mano de Inuyasha—si logran sobrevivir al veneno… dentro del castillo su energía disminuirá notablemente, tanto que les será imposible pelear—
— ¡Tenemos que hacer algo! Tal vez si usamos mascaras para gas…—Sugirió Sango.
—No puedes, el veneno penetra por la piel, te dije que ese monstruo pensó en todo—contestó la abogada—Sólo abrirán la barrera cuando Sesshoumaru lleve la Perla, sabe que él peleará, por eso el lugar está preparado con veneno—
—Existen trajes especiales, como los que usan los de control de enfermedades contagiosas y…—
—No servirían de nada, aun si pasas el veneno… tu energía sería absorbida, a menos que tu poder espiritual te proteja por breve tiempo o en su defecto la energía demoníaca—
— ¿Cómo fue que tú…?—Sango preguntó con curiosidad.
—Él me protegió del veneno, pero permitió que mi energía fuera absorbida, lo hizo para presionar a Kagome y lo hará con ella para presionarlos a ustedes también—contestó.
—Sesshoumaru…—masculló Inuyasha.
—Pero el veneno…—Intervino Miroku.
—Él puede y no existe otra opción…—agregó Inuyasha.
—Kagome me hizo prometer que no se lo permitiría—Sango dijo preocupada.
—No hay opción—Dijo Inuyasha.
— ¿Por qué Sesshoumaru querría ayudar a una humana? —Ayame miró dudosa a Inuyasha.
—No es que quiera ayudarla Ayame, es sólo porque Sesshoumaru no tolera que quieran utilizarlo o chantajearlo, él simplemente irá a destruir a ese tal Naraku y ya—Contestó el lobo.
—No entiendo muy bien el sueño de Kagome, pero en él yo… —hizo una larga pausa—ayudaba a Sesshoumaru, no sé cómo, pero debo encontrarlo y decirle lo que está sucediendo—Inuyasha habló al recordar lo que Kagome le había contado, así que caminó hacia la salida y miró fijamente a Kikyo.
—Aún debe estar en la convención de Salud Pública—Mencionó la detective.
— ¡Pues vamos! —ordenó Inuyasha y abrió la puerta, pero antes de salir miró nuevamente a Kikyo y luego a la loba—Ayame cuídala por mí, si el sueño de Kagome se cumple voy a…—Inuyasha no pudo terminar de decir que según la visión de Kagome él iba a morir—Kikyo te amo, cuida bien a nuestro bebé—y salió antes de que alguien pudiera replicar.
…
Sesshoumaru estaba en la fiesta del cierre de la convención y a pesar de que le molestaba estar rodeado de tantas personas, él continuaba allí en caso de que ese tal Naraku apareciera. Según el sueño de Kagome, Kagura moriría esta noche en este lugar, sin embargo Kagura tampoco estaba, así que su presencia sobraba en la reunión y planeó retirarse. Se deshizo de la compañía de aquel grupo de médicos petulantes y sigilosamente caminó hasta el jardín trasero de ese gran salón, miró por última vez el lugar asegurándose de que el sueño de la psicóloga fuera errado, pero el aroma de Kagura llegó a su olfato, volteó hacia donde emanaba aquel sutil olor y vio como la mujer caminaba hacia él con la cabeza agachada; Sesshoumaru se sorprendió cuando vio a una pequeña niña albina a su lado, esta ni siquiera tenía una esencia propia como Kagura, sin embargo ambas tenían un olor similar al que el asesino había dejado en las víctimas, era casi imperceptible en ellas, pero Sesshoumaru logró detectarlo a pesar de que aún no recuperaba el cien por ciento de sus poderes.
Kagura se acercó hasta Sesshoumaru y débilmente habló.
—No tenía opción—evitó mirarlo a los ojos.
Sesshoumaru observó callado a la mujer, esperando a que continuara, pues ya imaginaba que se trataba de Kagome y de la perla.
De repente la voz de Inuyasha llamó su atención, lo cual confirmaba sus sospechas.
Inuyasha arribó hasta donde estaba su hermano y cuando estuvo a punto de llegar, el joven híbrido gruñó y soltó un zarpazo contra Kagura, quien simplemente se hizo a un lado.
— ¡¿En dónde está Kagome?! —También Inuyasha había detectado el tenue aroma de Naraku y de Kagome en la mujer.
— ¿Vas a permitirle a este híbrido que me ataque? Creí que éramos amigos—Kagura sonrió de medio lado. —Tenemos un mensaje de Naraku—
— ¡Responde! —ordenó Inuyasha.
Kana levantó su espejo.
Sesshoumaru e Inuyasha quedaron inmóviles cuando vieron la imagen de Kagome en este. Estaba sentada en el suelo y recargada contra la pared, aún llevaba el vestido de la fiesta, pero su cabello estaba suelto, se veía húmedo y se pegaba a su frente con la sangre que había brotado de una pequeña herida en su ceja, provocada por un golpe que Naraku le había dado.
—Naraku se ha estado divirtiendo por varios minutos con esta chica, —mencionó fingiendo un poco de lástima— dijo que entre más herida la vieran, más estimulados estarían de entregar la Perla de Shikón.
La voz de Naraku se escuchó en el espejo.
— ¿No los saludarás? Sesshoumaru e Inuyasha están mirándote ahora—él pensó que Kagome suplicaría por su vida.
—Sesshoumaru…— Habló la chica, el tono de su voz era cansado, había intentado purificar a Naraku cuando vio que Kikyo estaba a salvo, pero aquellos pergaminos se quemaron al contacto con la piel del demonio, provocando que este se burlara solamente —no vengas— levantó la cara y trató de estirarse, pero su muñeca estaba encadenada a la pared.
De repente Kagome mordió su labio al sentir como su hombro era atravesado por una aguja que Naraku le había lanzado certeramente, ya que él también estaba bajo el mismo sello.
Con su mano libre arrancó la aguja y trató de reprimir aquel grito que quería salir de su garganta, pero no lo logró.
— ¡No vengas! —Gritó dolorosamente, mientras gruesas lágrimas brotaban de sus ojos. Deseaba con todas sus fuerzas pedirles que la salvaran, pero estaba consciente de que no debía hacerlo,que la muerte de una sola persona era insignificante comparada con la de muchos, pero en ese momento no le importaban los demás, sentía dolor y quería gritar pidiendo ayuda, mas no lo hizo.
No era lo que Naraku esperaba escuchar.
—Nunca seré digna de ti—una lágrima resbaló por su mejilla—, no merezco que vengas por mí, soy una humana patética y además…yo no creo resistir más, yo…—más lágrimas brotaron— moriré de todas maneras, así que… no hay motivo para que vengas—
— ¡No digas eso Kagome! —Suplicó Inuyasha.
— ¿Inuyasha? ¿Kikyo…?—
— ¡Ella está bien! …—Inuyasha se vio interrumpido por la risa de Naraku.
— ¡Inuyasha! ¡No permitas que Sesshoumaru entregue la Perla! Si lo hace…—Una fuerte bofetada hizo callar a la joven, quien sólo escupió un poco de sangre.
—Créame Lord Sesshoumaru, aún queda algo de tiempo, deme la Perla y la dejaré ir con usted—
— ¡No lo hagas! Tiene todo preparado para asesinarte ¡Huye! —Suplicó la joven al mismo tiempo que estiraba violentamente su mano encadenada.
La imagen en el espejo desapareció y sólo dejó ver el reflejo de los dos hermanos.
Sesshoumaru sonrió de medio lado mientras arqueaba la ceja, pues al ver su reflejo notó su verdadera apariencia de demonio.
—Sesshoumaru—intervino Kagura— ella dice la verdad, es una trampa.
El demonio la miró de soslayo.
Inuyasha agitó nuevamente su garra contra Kagura, pero esta era hábil para esquivarlo. El molesto joven miró como Sesshoumaru permanecía sin mover un solo músculo.
— ¿Piensas dejar que Kagome muera? ¡Eres un maldito cobarde!—Inuyasha agarró a Sesshoumaru por la solapa del saco.
— ¿No lo entiendes idiota? —Kagura intervino nuevamente—Ella escogió sacrificarse—
— ¿Sacrificarse? —Preguntó Sesshoumaru lleno de soberbia—Estúpida humana…—agarró con fuerza la mano de Inuyasha y sus garras comenzaron a destilar veneno haciendo que el híbrido emitiera un sonoro gruñido para después lanzarlo al suelo.
— ¡Eres un bastardo! —El hanyou lanzó con furia y frustración un puñetazo directo a la cara de su medio hermano.
Sesshoumaru detuvo aquel golpe justo antes de que este tocara su rostro y nuevamente lanzó a Inuyasha lejos de él y de inmediato volteó hacia Kana y con su garra destruyó a la pequeña albina y a su espejo.
Los ojos de Kagura, tanto como los de Inuyasha se ampliaron incrédulos al ver lo que Sesshoumaru acababa de hacer.
Sesshoumaru se desplazó con velocidad descomunal y se paró frente a Kagura sujetándola del cuello.
— ¿Sacrificio? —preguntó con sorna—No sé de qué hablas—
—Mientras tú y tu hermano han pasado todos estos años tratando de adaptarse a su estilo de vida humano, él ha estado absorbiendo a diversos demonios y cada vez es más fuerte, esa fue la única habilidad que no perdió…—comentó al ver la indiferencia de Sesshoumaru— piénsalo y toma lo que esa mujer te ofrece, usa la Perla y mata a Naraku—Habló con dificultad por la falta de aire.
— ¿Deseas traicionarlo? —Preguntó calmado.
Inuyasha observaba confundido a su hermano.
—Lo deseo, sí, pero al igual que ella ya estoy muerta ¡La chica lo dijo! —
—Él no está aquí para matarte—
…
Kagome miró desafiante a Naraku y sonrió aliviada.
— ¿Por qué sonríes? Tu situación aquí ya es difícil—
—Tal vez, pero lo hago porque tú también estas aquí—
Naraku la miró confundido y luego entendió todo.
—Yo también he escuchado de sus sueños, sé que ha estado tratando de salvar a una de mis extensiones—Naraku rió—Yo fui quien creó a Kagura y yo mismo voy a destruirla—extendió su mano y mostró el corazón de la Dama de los Vientos—sólo basta con destruir su corazón.
La sonrisa de Kagome desapareció por completo.
— ¡Malvado! —Kagome frunció el ceño demasiado frustrada y luego quiso convencerlo—Onigumo, si matas a esa mujer entonces la guerra se desatará y…—
— ¿Onigumo? —Sonrió—hace tiempo que no escucho ese nombre, me da algo de nostalgia, pero su psicología no funcionará conmigo—levantó nuevamente el corazón de La Dama de los Vientos—en cuanto el sello se rompa, aquellos que secretamente han estado purificando demonios saldrán a la luz y cazaran a mis enemigos como si fueran animales —
— ¿Humanos? —preguntó ella.
—Así es, exterminadores que podrán cazar abiertamente a los demonios—rió nuevamente—observe como sus sueños se hacen realidad y usted no podrá hacer nada, ni siquiera él podrá detenerme—
Kagome observó la imagen de Kagura en uno de los espejos de aquel castillo y como aquella mujer se llevaba la mano al pecho dando señales de un fuerte dolor conforme Naraku apretaba el corazón que tenía en sus manos.
Mientras, el sello cedió completamente; la apariencia y poderes de todos los demonios y los híbridos de aquel país regresó a la normalidad, incluyendo la del mismo Naraku, quien reía triunfal al poder transformar su mano en un arma afilada con la cual termino por atravesar el órgano que mantenía con vida a su extensión.
—No…—Kagome observó aquella acción y de inmediato volteó a ver lo que sucedió en las imágenes del espejo—no, no, no ¡No! —
Sesshoumaru observó cómo se dibujaba una mueca de dolor en el rostro de Kagura y después esta se desvanecía frente a él.
—Naraku destruyó mi corazón. Acábalo, usa la Perla si es necesario—Kagura sonrió y luego cayó.
Sango y Miroku llegaron montados sobre Kirara poco antes de que Kagura desapareciera. La detective tomó el pulso de la mujer, pero esta desapareció ante ella y luego miró con reproche a Sesshoumaru.
—Él no fue Sango, no pudimos hacer nada a pesar de las advertencias de Kagome—Inuyasha adivinó lo que ella pensaba.
Sango confió en Inuyasha al igual que en Kagome.
—El sueño de Kagome…—Sango se vio interrumpida por Kirara quien comenzó a gruñir, rápidamente volteó a ver a Sesshoumaru, quien furioso apretó sus puños mientras sus ojos se tornaban rojizos. La joven se levantó y tomó el Hiraikotsu, pero Inuyasha levantó su brazo e hizo que retrocediera por seguridad de ella.
Los dos detectives miraban anonadados a Sesshoumaru y a Inuyasha.
— ¡Sesshoumaru! Detente ahora y juntos busquemos a Kagome—
El demonio plateado sonrió sarcástico.
— ¿Juntos? Idiota…—Y se transformó en un perro gigante, el cual se elevó por los cielos y haciendo uso de su recién recuperado y aumentado olfato, siguió el rastro de Kagome.
Al encontrar el punto de reunión de la psicóloga con aquel híbrido se transformó nuevamente y sacó la perla falsa de uno de los bolsillos y la miró seriamente. —Esto será lo último que tus manos tocarán…y tú nunca lograrás ponerle un solo dedo encima—amenazó sin mirar a aquel niño albino que se acercaba sigilosamente.
—Me había olvidado de su olfato Lord Sesshoumaru—se paró descaradamente frente al demonio—Mi nombre es Hakudoshi, si me entrega la perla le ayudaré a pasar la barrera y la nube de veneno para que salve sin ninguna dificultad a aquella chica—
— ¿Ayudarme? ¡Hmp! Si eres capaz de traicionar a tu creador, entonces ¿Qué me espera a mí? —
—Sólo nosotros podemos pasar por el veneno, puedo formar una barrera alrededor de…—Sesshoumaru calló a Hakudoshi cuando lo tomó por el cuello y dejó que sus garras destilaran aquel ácido corrosivo sobre la piel de aquel engendro, quien comenzó a toser sangre cuando su tráquea fue destrozada.
Cuando Sesshoumaru dejó de ver rastros de vida en ese insignificante ser lo lanzó al suelo cómo si lanzara una bolsa de basura.
— ¿Veneno? Piensa detenerme con… ¿Veneno? —
Naraku observaba desde adentro cómo su otra extensión era destruida, poco le importó la muerte de aquel traidor, que al igual que él sólo quería la perla y justo en ese momento Sesshoumaru la llevaba con él.
Kagome también vio como Sesshoumaru sacaba la Perla y la observaba, sin embargo algo no cuadraba en todo esto ¿Cuándo fue que él la tomó? ¿Y por qué no estaba causando estragos en su persona como la vez anterior? Y fue entonces que ella suspiró aliviada, pues supo de inmediato que esa joya no era la real.
Naraku abrió la entrada de la barrera permitiendo total acceso a Sesshoumaru, quien entró lentamente, aceptando aquel estúpido jueguito.
— ¡Espera Sesshoumaru! —Llamó Inuyasha que llegaba junto a los detectives.
Pero la barrera se cerró de nuevo y sólo Sesshoumaru quedó dentro de ella.
Continuará…
¿Qué les pareció? Sé que voy muy atrasada con ese lemon(ligerito, no muy …gráfico), pero tengan paciencia, me ha costado trabajito acercarlos, pero ya me las ingeniaré, lo prometo. Antes de irme quiero agradecer a quienes me dejaron su comentario, sigo sin tener mi nuevo teclado, pero me gusta agradecer a cada una, así que ¡Flojera fuera! Y ellas son: hekate ama, Goshy, Cinthya S, Faby Sama, Orkidea16, Lilith1939, Yoko-zuki10, AllySan, Sasunaka doki, pero sobre todo gracias…AllySan.
Les mando un fuerte abrazo.
