¡Hola de nuevo! Antes que nada una disculpa por la tardanza, sin excusa alguna, pero espero que lo disfruten.
Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 22.
Sesshoumaru había tomado la decisión de buscar primero sus espadas y aquella perla que le había entregado el antiguo general de su padre, ya que ésta le daría el tiempo suficiente para derrotar de una vez a aquel que una vez fue humano y de rescatar a aquella mujer.
No pasó por alto el tremendo caos que había en la ciudad. Policías persiguiendo a los hanyous que tuvieron la mala fortuna de que su sello se rompiera justo cuando estaban en público, delante de compañeros de trabajo, amigos; mujeres reclamando a sus parejas el que le hayan ocultado tremendo secreto; con los demonios no había tanto problema, su apariencia humana era casi similar a la demoníaca.
Ya tomaría cartas en el asunto después de derrotar a Naraku. Esto era a lo que se refería el padre de la Detective y ex jefe de la policía, y aún quedaba aquel grupo que estaba asesinando demonios secretamente, estaba seguro que ellos por fin darían la cara.
Entró a su casa y abrió aquel pasaje que lo llevaba a donde mantenía ocultas sus espadas y su vieja vestimenta de demonio, con ella le sería más fácil luchar; miró las espadas, dos de ellas palpitaban, como si estuvieran ansiosas por ir a la lucha, arqueó una ceja y las tomó.
— ¿Así que desean que las utilice para esta batalla? ¿Tan fuerte es nuestro rival? —Sonrió de medio lado—Estoy excitado, por fin alguien digno en quien probarte—Le dijo a una de las espadas que palpitaba insistente; se colocó el traje y puso sus espadas en la cintura y al final tomó la pequeña caja de madera que contenía aquella imitación de la verdadera Perla de Shikon; miró el espejo que estaba frente a él y vio con orgullo su verdadera identidad, esas marcas que le definían como demonio. No, él seguía siendo un demonio, con o sin esas marcas. Al mirarse de nuevo en el espejo,recordó el rostro golpeado y temeroso de Higurashi ¿Cómo fue que la había capturado? ¿En qué demonios estaba pensando esa humana al querer sacrificarse por él?
— ¿Huir? ¿Asesinarme? ¡Hump! Ningún hanyou tendrá el honor de matarme—Sonrió soberbio.
Salió de su casa e ignorando todo alboroto se transformó de nuevo y de inmediato llegó hasta el punto de encuentro entre la Higurashi y el tal Naraku. ¡Oh sí! esta vez era él, podía olerlo a kilómetros, especialmente porque había recuperado el cien por ciento de sus habilidades demoníacas.
Se paró justo donde el olor de la psicóloga desaparecía, cuando de repente, el aroma del asesino de aquellas chicas, llegó a su fino olfato. Arrugó el ceño al ver que aquel niño albino se paraba lleno de confianza frente a él, lo odió desde el momento que su nariz lo detectó y cuando escuchó la voz de aquel engendro y la sucia propuesta que este le hacía sintió repugnancia; sin remordimiento alguno y sin meditar si quiera aquella proposición, asestó un golpe certero con su garra y lo mató de una manera no muy rápida, sino que se dio la oportunidad de ver la mirada llena de sorpresa y terror de aquel monstruo, lo escuchó tratando de respirar dolorosa e inútilmente, ya que la tráquea de Hakudoshi estaba obstruida por su propia sangre y el ácido que brotaba de la garra de Sesshoumaru, hasta que lo aventó hacia un costado.
Sabía que Naraku lo observaba todo, así que sacó la perla y vio como la barrera le daba acceso al interior, en el cual el paisaje era desolador y el hedor era incómodo, pero para él no era letal y lejos estaba de serlo.
— ¡Sesshoumaru! —
Escuchó el grito de su medio hermano y recordó las palabras de la joven.
— ¡Inuyasha! ¡No permitas que Sesshoumaru entregue la Perla! Si lo hace…—
El demonio se detuvo por un segundo, sentía curiosidad por ver cómo su hermano intentaría detenerlo, aunque él sabía de antemano que Inuyasha no lo haría, ya que deseaba salvar a aquella humana, eso significaba que quería venir con él; el hanyou sólo sería un estorbo, así que continuó solo su camino.
La barrera se cerró en cuanto él entró, le costaba trabajo encontrar el aroma de la psicóloga, ya que el olor putrefacto de aquel lugar lograba confundir su olfato.
Cuando el sello se rompió, los demonios que habitaban dentro de la barrera comenzaron a salir del interior de una cueva, estaban ansiosos por escapar de su cárcel, así que pasaron volando por encima de Sesshoumaru, quien los miró de soslayo y supo que en cuanto la barrera cediera saldrían listos para atacar la ciudad, o tal vez sólo para huir del verdugo, ya que Naraku había absorbido a varios de ellos. Sólo esperaba que Inuyasha supiera cómo actuar en esa situación.
El demonio plateado continuó su camino, levantó su cara y olfateó de nuevo el lugar hasta que obtuvo un débil rastro de la mujer humana. Antes de seguir avanzando cerró sus ojos y en su cabeza escuchó nuevamente las palabras de la joven.
— ¡No vengas! —Gritó dolorosamente, mientras gruesas lágrimas brotaban de sus ojos.
—Nunca seré digna de ti—una lágrima resbaló por su mejilla—, no merezco que vengas por mí, soy una humana patética y además…yo no creo resistir más, yo…—más lágrimas brotaron— moriré de todas maneras, así que… no hay motivo para que vengas—
El demonio sintió curiosidad por esas palabras ¿A qué se refería que no merecía ir por ella sólo por no ser digna de él? ¿Acaso necesita serlo para ser rescatada? No, estaba seguro que ella no se refería a eso, ella se refería a no ser digna de él.
Y también recordó las palabras dichas por Kagura.
—Ella escogió sacrificarse—
—Mientras tú y tu hermano han pasado todos estos años tratando de adaptarse a su estilo de vida humano, él ha estado absorbiendo a diversos demonios y cada vez es más fuerte, esa fue la única habilidad que no perdió… piénsalo y toma lo que esa mujer te ofrece, usa la perla y mata a Naraku.
Sesshoumaru apretó sus garras lleno de furia, no podía permitir que una humana muriera por él, simplemente era denigrante para su persona, así que él la traería de regreso a casa, sin importar el costo. Fue una promesa que él mismo se hizo.
—Estúpida e imprudente humana—siseó molesto.
Sesshoumaru se detuvo por un instante, intentando comprender el por qué de su enojo, pero sobretodo quería saber con quién estaba molesto ¿Con Naraku por querer extorsionarlo? ¿Con Inuyasha por ser un débil hanyou que en su momento pudo destruir a aquel humano llamado Onigumo para vengar al pueblo que lo había acogido y no lo hizo? ¿Con aquella psicóloga por ser tan idiota como para sacrificarse por todos? ¿O con él mismo por no haber destruido a Onigumo cuando pudo? Todo por retar a Inuyasha, todo por ver que tan patético era que ni siquiera fue capaz de defenderse él mismo, tanto que aquella estúpida humana tenía que buscar quien lo salvara de la muerte, tanto que no pudo rescatar a su propia mujer. No, nada de eso, en realidad estaba molesto consigo mismo por haber cedido tan fácilmente ante aquella chica y sus súplicas por salvar a un estúpido e inepto hanyou.
Kagome había aceptado ciegamente la propuesta de Naraku, lo que menos deseaba era abandonar a la persona que fue por muchos años como su hermana y que ahora en su vientre cargaba al hijo del hombre al que una vez amó.
Miró por última vez los ojos dorados de Sesshoumaru y fingió indiferencia hacia él, pero en realidad se estaba despidiendo de su demonio.
Tomó su auto y pasó al templo por aquellos sellos y conjuros que el abuelo coleccionaba, no se entregaría sin pelear, sólo debía entrar al escondite del enemigo y purificarlo, después de todo, ella había entrenado arduamente junto a Kikyo y su abuela por unos cuantos años, a pesar de que ella era pequeña y torpe a diferencia de su prima, algo debió habérsele quedado.
Naraku salió de la barrera y tomó a Kagome sin dificultad alguna, excepto por aquellos inoportunos policías, que eran realmente insignificantes pero molestos; sin embargo no negó que había disfrutado al ver sus patéticos intentos de atacarlos y la frustración en los rostros de esos dos.
La chica Higurashi caminó por unos instantes de manera sumisa, cuando de forma repentina aventó un pequeño pergamino que se encendió en la piel del hanyou. Su ceño estaba fruncido y su mirada era asertiva, misma que se fue borrando para ser remplazada por una llena de sorpresa y confusión, especialmente cuando el hanyou estalló en una carcajada; volvió a intentarlo, esta vez con un conjuro más poderoso, un rosario que su abuela le enseñó a usar a Kikyo, sin embargo, por la falta de experiencia e información, este no tuvo el resultado esperado por la joven, por lo que sólo logró incomodar a Naraku; sintió un fuerte empujón y ella ya estaba en el suelo y luego sintió algo caliente sobre su ceja y su visión se volvió de color rojiza, cuando estuvo consciente de lo que había sucedido y notó algo cálido y húmedo resbalando desde su ceja hasta adentro de su ojo izquierdo, supo que Naraku le había golpeado, ella en realidad no esperaba eso, ni siquiera lo vio venir; cerró su ojo, este le ardía demasiado y se limpió con el dorso de su mano, se levantó para continuar su pelea, pero el puño de Naraku le dio justo en la boca del estómago y ella se encogió abrazándose con fuerza, pero aquel monstruo la agarró fuertemente de los cabellos y volvió a golpear su estómago para dejarla inconsciente.
El hanyou ordenó a Kagura y a Kana buscar al Demonio llamado Sesshoumaru para entregarle su recado.
Naraku despertó a Kagome al preguntarle algo, ella no sabía bien qué, sólo escuchó el nombre de Sesshoumaru; con dificultad y pesadez abrió sus ojos, su cabello se le había pegado en su ojo izquierdo debido a la sangre, pero pudo verlo, pudo ver a Sesshoumaru, Inuyasha estaba junto a él.
Estaba un poco adolorida y se sentía demasiado débil, sentía como su energía era drenada lentamente, sin embargo se armó de fuerza y valor e intentó ir hacia aquel espejo, en realidad deseaba ir hacia él, pero su mano estaba encadenada en un muro. De inmediato cayó en la cuenta de la situación en la que estaba y recordó la intención de Naraku y sólo atinó a decir:
— ¡No vengas! —Y algunas otras advertencias más que hicieron reír fuertemente a Naraku y lanzarle una parte de su cuerpo parecida a una aguja grandísima contra su hombro, gritó para ignorar un poco el dolor y liberar su frustración, gritó, sí, pero no lo que ese Naraku deseaba.
Cuando reaccionó a lo que estaba pasando a su alrededor, sonrió, había evitado que uno de sus sueños se cumpliese; si Naraku estaba entretenido con ella, eso significaba que aquella mujer llamada Kagura no moriría, aun cuando esta estaba trabajando para el hanyou, de seguro ella estaba en algún lugar de ese horrible sitio.
Su sonrisa se borro cuando Naraku le mostró de nuevo el espejo, ahora esa mujer estaba en la imagen junto a Sesshoumaru, el hanyou sacó el corazón de un contenedor, lo apretó con saña y lo atravesó con su propia mano transformada en un objeto punzo cortante.
La sonrisa de Kagome se borró para dar lugar a una mueca de incredulidad y terror ¡Su sueño se había cumplido! La mujer había sido atravesada por la espalda, es decir, fue traicionada y murió justo en aquel lugar, ni siquiera necesitó estar presente para asesinarla. Ahora estaba preocupada por Sesshoumaru e Inuyasha, pero algo había cambiado y fue sólo gracias a que Inuyasha convenció a tiempo a Sango y a Miroku de la inocencia de Sesshoumaru. Sin embargo aún quedaba otro asunto: el tema de la guerra entre humanos y demonios, era inminente, al menos hasta que alguien interviniera para apaciguar a ambos bandos, de lo contrario, la vida de Inuyasha aún corría peligro.
Sesshoumaru se paró frente a la entrada de un palacio, no había guardia ni obstáculo que le impidiese entrar, lo que significaba que Naraku estaba muy confiado de aquella densa neblina venenosa y quizás de algo más. Avanzó de manera cadenciosa y al abrir las puertas decenas de demonios se fueron contra él, quien sólo sonrió soberbio y con sus propias manos los destrozó.
—Patético—mencionó al ver que aquella lucha ni siquiera ameritaba desenvainar su espada.
Ya adentro del palacio pudo percibir claramente el aroma de Kagome, sin embargo también sintió como su energía vital escapaba de su cuerpo. Rodó los ojos fastidiado, ese inútil intento por debilitarlo sólo significaba lo débil que era su oponente, apenas si sentía un leve escalofrío, sin embargo no era lo mismo para Kagome; aun sin inmutarse continuó con su paso lento y elegante.
Kagome sintió por fin la presencia de Sesshoumaru llegar al castillo y una vez más corroboró que la perla que llevaba era falsa, pues esta no mostraba el resplandor indicándole su ubicación. Observó a Naraku con cuidado, leyendo su lenguaje corporal, sabía que él estaba demasiado confiado, eso gracias a que escuchó su último sueño, ese era un grave error de su parte ¿O no? ¿Acaso ella debía preocuparse?
Sesshoumaru alzó de nuevo su nariz y siguió el aroma de la psicóloga y la del repugnante híbrido, pero también detectó un olor muy peculiar: pólvora y mucha.
Sesshoumaru cubrió su rostro al escuchar aquella explosión que cimbró los pilares del pasillo haciendo que la mayor parte de la estructura cayera encima del hijo del Comandante.
Kagome se sobresaltó al escuchar aquel estallido, al recuperar la compostura miró hacia el espejo por el cual Naraku vigilaba al joven demonio, sólo se veía fuego y una gran nube de humo y polvo; se estiró bruscamente llamando la atención de Naraku.
—No temas, eso no lo detendrá, según tu sueño…—rió al ver la angustia en la mujer—llegará hasta aquí para entregarme la Perla—
La joven se mordió el labio para evitar soltarle todas las maldiciones que había escuchado a lo largo de su vida.
—Sólo me aseguro que este tan herido y débil que no intente matarme cuando este en frente de mi, aun así…—la miró—tú eres mi mecanismo de seguridad—
Kagome rió suavemente y logró confundir al híbrido.
— ¿Crees que no te matará por salvarme? —fingió una sonrisa—no está aquí por mí, vino por ti, te entregará la Perla porque desea que seas un digno rival para él, sólo por eso la trajo—Ella estaba segura que todo lo que había soñado había cambiado por completo, todo, cuando soñó estar frente a Naraku ella estaba atada de ambas manos, y recordaba ver aquella cicatriz de araña y hasta el momento, ella aún no había visto la cicatriz de Naraku.
Naraku rió también.
—No quieras engañarme, escuché tu sueño—
—Pero jamás has escuchado el último sueño, el que tuve cuando me dejaste inconsciente—
Naraku arrugó el ceño y la sujetó del cuello.
—Sí me matas… acabará todo, no habrá guerra, ni morirá Inuyasha, ni tampoco Sesshoumaru y él te encerrará en tu propio cuerpo, no morirás… pero desearás estarlo—Kagome recordó la angustia vivida por Onigumo y sabía que en el fondo Naraku aún no lo superaba; sólo esperaba que su mentira funcionara. —Así que…—tosió un par de veces y miró a Naraku directo a los ojos—termina de una vez, después de todo ¿Qué es una muerte comparada con la de muchos? Te suplico que termines de una vez—
Él la soltó, no les daría el gusto a esos dos demonios de vivir.
La psicología inversa de Kagome había funcionado.
Ambos voltearon ante la estruendosa caída de la puerta de la habitación.
Sesshoumaru había llegado.
—Llega tarde Lord Sesshoumaru—sonrió sarcástico.
El demonio plateado miró de soslayo a la joven que permanecía sentada junto al muro, olfateó la sangre de la psicóloga y extrañado sintió que la suya hervía de furia; sacó la perla de una de sus mangas y se la mostró al hanyou que sonrió triunfal.
— ¡No Sesshoumaru! —gritó ella con desesperación.
Sesshoumaru arrugó el ceño cuando vio que Naraku acercaba su mano para que le entregara la perla, pero esa misma mano se iba alargando como un tentáculo y arrebató la falsa perla de Shikon.
Una sonora carcajada se dejó oír por todo el lugar, Naraku sintió el poder de aquella joya y confió en este; varios tentáculos salieron de su espalda y dirigieron un ataque sorpresa al Lord plateado, envolviéndolo completamente.
— ¡Sesshoumaru! —gritó de nuevo la joven Higurashi, cuando vio aquella cicatriz supo que su sueño estaba tomado el rumbo que debía tomar. De repente, ella sintió arder algo en su pecho y como poco a poco este calor avanzaba hacia el exterior del mismo hasta salir de ella envolviendo el lugar con un aura purificadora, logrando así quemar la piel del híbrido, quien de inmediato soltó a Sesshoumaru, esa misma aura se extendió hacia el exterior del castillo, purificando el veneno y logrando desaparecer la barrera que envolvía todo el lugar.
Cientos de demonios lograron escapar del poder espiritual de Kagome. Sin embargo no esperaban que un hanyou, un demonio y dos humanos estuvieran pendientes de todo lo que sucedía.
Inuyasha miró aquello y empuño al Colmillo de Acero, lo agitó con convicción contra aquellos seres que se dirigían a la ciudad.
— ¡Viento cortante! — De un solo golpe desintegró a centenares de ellos, aunque eran demasiados y no logró acabar con todos.
Sango montó a Kirara y con gran destreza lanzó su Hiraikotsu, mientras que Miroku la observó embelesado.
— ¡Miroku! —gritó ella llamándole la atención al ver que varios demonios se dirigían hacia él y este no se movía.
El detective lanzó varios pergaminos que se esparcieron alrededor de él y formaron una barrera que los destruyó al contacto.
— ¿Están bien? —Preguntó Inuyasha.
Los detectives asintieron.
—Ya no hay barrera ni veneno, puedo oler a Kagome y a Sesshoumaru desde aquí—mencionó el abogado.
—Vayamos por ellos—Sango se acercó a los chicos, quienes subieron al lomo de la gata.
…
Naraku sintió su piel arder, tanto por fuera como por dentro, ya que la sacerdotisa lo estaba purificando y Sesshoumaru lo estaba quemando con su veneno, por lo que debilitó su agarre, lo que permitió que aquel demonio se librara de ser absorbido por él.
Kagome se sorprendió con lo que acababa de hacer y no pensaba detenerse, pero notó que también le afectaba a Sesshoumaru.
Naraku aprovechó que Kagome dejó de emitir su poder purificante y nuevamente lanzó más tentáculos, tan sólidos como el acero, contra Sesshoumaru, quien se vio obligado a usar el ácido de sus garras y cortarlos de un tajo, sin embargo no presto atención al que iba dirigido a Kagome.
Sesshoumaru percibió el aroma de la sangre y notó molesto su descuido, con su rabia en aumento se lanzó contra el hanyou, quien se vio obligado a romper la cadena de la mujer herida y la tomó como rehén para huir de allí.
Kagome tampoco notó el ataque dirigido hacia su persona, sólo sintió un fuerte dolor en su abdomen, llevó su mano hasta la herida y miró la sangre brotando de su vientre. Lo próximo que supo es que estaba volando sobre el lago que rodeaba el castillo, Sesshoumaru venía detrás de ellos e Inuyasha y los detectives se acercaban por un costado.
Naraku rió con soberbia al ver que Sesshoumaru sacaba una de las espadas, según recordaba Colmillo Sagrado no servía para matar y Toukijin… bien, él creó al monstruo de cual tomaron el colmillo para forjarla, así que le temía, pero lo que no sabía, era de la existencia de una tercera espada "Bakusaiga". El híbrido nunca supo de su existencia, ya que Sesshoumaru no consideraba a ningún oponente digno para usarla.
Esta vez, Sesshoumaru había encontrado la oportunidad de probar la espada contra un oponente de verdad.
…
Kikyo sintió que su energía retornaba a su cuerpo, abrió los ojos y vio a Kouga y a Ayame parados a su costado, ambos habían recuperado su apariencia y poderes demoníacos por completo. Ella se levantó de la camilla y tomó su ropa.
—Deberían huir de la ciudad—
— ¿Qué? ¡No! —Exclamó Kouga—Huir jamás, veremos la manera de arreglar las cosas—
—Kouga, ustedes saben cómo somos los humanos, los culparán de tantas cosas…—
—No huiremos, vamos a ayudarte—Dijo Ayame.
Kikyo sonrió.
—No hay otra manera—arrugó el ceño y decidida habló—vamos al templo de mi familia, hay algo que necesito encontrar.
Kikyo se vistió de inmediato y subió a la espalda de Kouga y así los tres salieron del hospital para correr rumbo al templo Higurashi, en donde estaba el viejo arco que le perteneció a su abuela Kaede, una grandiosa sacerdotisa.
El trío se sorprendió al ver todo lo que sucedía en la ciudad, humanos uniéndose en grupos para cazar a los demonios y medio demonios, sin importar que estos alguna vez fueron sus amigos o vecinos. Por otro lado había otro pequeño grupo de humanos que ayudaban a sus seres queridos, no interesaba si eran demonios o no.
Ayame sintió como su corazón era estrujado ¿Acaso era tan importante la apariencia? Sí. Ella alguna vez en el pasado menosprecio a los humanos, tanto por su apariencia como por su débil condición.
Llegaron al templo y Kikyo sacó el arco que su abuelo había arrumbado en la bodega del templo y cuando salió de esta vio a un grupo de seis personas acercándose a este con la intención de atrapar a los dos demonios que estaban con ella. Arrugó el ceño al notar que un hombre de semblante recio y frío era quien alentaba a esta gente.
— ¡Deténganse! Este es el templo de mi familia y no les he permitido la entrada—Los detuvo antes de que estos pusieran un pie sobre el primer escalón.
—Miko-sama ¿Acaso protege a estos dos demonios? —Aquel hombre se adelantó y sacó un arma, no como las que usaban normalmente los policías o los delincuentes, no, esta era especial, desprendía energía demoníaca y parecía ser parte del cuerpo de aquel hombre.
—Ellos son mis amigos y están en mi casa, así que amablemente le pido que reúna a su gente y deje de molestar—Kikyo arrugó el ceño.
—Permítame presentarme y tal vez entremos en confianza. Mi nombre es Moryomaru y estas personas que me acompañan son expertos exterminadores de demonios y esas dos sucias bestias a su lado son demonios—
Kouga sintió que su sangre hervía ante aquellas palabras despectivas, apretó con fuerza sus puños y dio un pasó al frente con toda la intención de abalanzarse contra aquellos asesinos, pues ya había escuchado acerca de Moryomaru y su grupo de exterminadores.
Ayame también sintió como la furia la invadió, pero a diferencia de Kouga ella se controló de inmediato y logró detener al lobo, ya que al escuchar aquel nombre supo que ellos habían asesinado parte de la manada de Kouga una década atrás, en donde Hinta y Hakaku habían sido los únicos sobrevivientes. Los exterminadores existían desde hace siglos, pero el grupo de Moryoumaru había sido el más cruel y despiadado de la historia, no importaba si el demonio era bueno o malo, niño o adulto o simplemente un hanyou, a veces ni siquiera les interesaba si mataban humanos en su proceso de cacería.
—Moryomaru, he escuchado de ustedes—continuó Kikyo—toma a tu gente y retírate de aquí o no respondo… monstruo—Habló con tranquilidad.
— ¿Monstruo? —Se burló—Yo no soy un monstruo, soy un humano al igual que usted—
—Tal vez seremos de la misma especie, pero ni de broma se atreva a decirme que es igual a mí—contestó molesta—Eres un ser inferior a mí, además eres un mentiroso—
Moryomaru arrugó el ceño, ella había descubierto el secreto de su fuerza.
— ¿O ya saben tus seguidores que ese brazo que usas como arma posee energía demoníaca? —
Los demás hombres miraron con detenimiento el brazo de su líder, ellos lo habían seguido desde pequeños y en toda su vida de exterminadores, jamás habían visto que él usara arma alguna que no fuera su propia mano.
— ¡Soy tan humano como tú! —
—Ya he escuchado eso antes—intervino Kouga—nos odias porque no puedes aceptar tu naturaleza, no eres humano, ni eres demonio… ¡Eres sólo un sucio hanyou!—Le dijo con tono de burla.
Los cinco hombres que acompañaban a Moryomaru miraron a su líder como si por fin comprendieran muchas cosas, pero aun así ellos permanecían leales a él.
El rostro de aquel hombre permaneció sin mostrar expresión alguna.
—Sigo sin entender por qué alguien como tú mató a esos demonios que no le hacían daño a nadie, vivían tranquilos entre los humanos—dijo Kikyo—No todos los demonios son malos, así como no todos los humanos son buenos—ella sonrió de medio lado—me costó entenderlo—dijo, pensando en Inuyasha.
—Miko, en tu vientre llevas el hijo de uno de ellos—levantó su brazo y apuntó hacia ella y una fuerte luz salió de este.
Kouga se paró frente a Kikyo, mientras Ayame resguardó sus ojos debido al fuerte destello, sin embargo una fuerte barrera cubrió a los tres.
—Un ser inferior como tú está lejos de hacerme algún daño—bajó las escaleras y caminó hasta donde Moryomaru se encontraba.
Él no se movió de su lugar, la miró de manera retadora, sin comprender el por qué se encontraba inmovilizado.
La sacerdotisa levantó su mano y la colocó sobre el brazo de aquel hombre y cuando este reaccionó, ya era demasiado tarde, pues una luz tenue y cálida surgió de la mano de Kikyo y su brazo tomó la forma de un brazo normal.
—Jamás podrás lastimar a nadie más con este brazo, Moryomaru, lo he purificado—
Los otros hombres levantaron sus armas apuntándole a Kikyo, los lobos saltaron para protegerla y Moryomaru levantó la mano para darles entender a sus compañeros que se detuvieran.
—El que mi brazo ya no me sirva, no significa que dejaré de perseguirlos—
—Deberías haberme agradecido, pero si esa es tu postura… adelante, yo continuaré protegiendo a los inocentes—Kikyo continuó caminando y sin mirarlo—pero por lo pronto, tú y tus hombres podrían ser de ayuda, tenemos una ciudad que defender del caos y no me refiero a matar a todos los demonios, pero si a poner orden ¿Van a ayudarnos? ¿O van contribuir a este desorden? —
Para sorpresa de todos los presentes, Moryomaru comenzó a caminar detrás de ella. Los demás lo imitaron.
…
Naraku volaba sobre el lago, sonrió al ver el temor y la desesperación de Inuyasha por querer alcanzarlo.
— ¡Kagome! —gritaba lleno de angustia.
Sesshoumaru desenvainó a Bakusaiga y borró la estúpida sonrisa del rostro de Naraku, quien soltó a Kagome al sentir cómo su carne era cortada y no podía ser regenerada nuevamente, al contrario, esta se estaba desintegrando.
Kagome se sentía débil aun para gritar, ella sintió el fuerte golpe al entrar al agua helada y cómo el aire escapaba de sus pulmones, con sus pies tocó el fondo del lago y se impulsó para salir rápido del agua, pero algo se enredó en estos impidiéndole salir y las imágenes de uno de sus sueños llegó a su mente.
— ¿Voy a morir aquí? —se preguntó desesperada por la falta de oxigeno, se agachó hasta tocar sus pies para desenredar las algas, pero por la desesperación sus movimientos eran torpes y no pudo hacerlo. Kagome se resignó a recibir su muerte y cerró los ojos.
Continuará…
Bueno aquí terminó el capítulo, como pueden notar ya casi llega a su final y ustedes dirán: después de años ¡Vaya! Jeje.
Quiero agradecer a todas o todos los que se pasan por aquí y se toman un tiempecito para leer, pero especialmente a los que toman un poquito más de ese tiempo, para dejar un revew, ya sea para animarme y darme su opinión, la cual es muy importante para mí, no importa que sean regaños o llamadas atención, ya que de allí corrijo el fic y tomo algunas ideas acerca de lo que quieren leer y como he de continuar con lo que sigue.
Y ellas son: Faby Sama, Orkidea16, hekate ama, Goshy, Marlene Vasquez, Yoko-zuki10, Violetamonster, Sele de la Luna, Sasunaka doki, AllySan, Lady Indomitus, Lilith1939. Pero en especial, gracias AllySan.
Por cierto, este capi es mi regalo de cumpleaños para ustedes.
