Mil, no, diez mil disculpas por la tardanza, bronquillas personales por lo que estaba peleada con el romance en estos días, me costó mucho trabajo hacer que la pareja se juntase, pero aquí esta, espero que lo disfruten. Besos.
Antes de comenzar...¡Feliz cumpleaños Hekate ama! este capítulo te lo dedico a ti, te mando un fuerte abrazo y un beso.
Capítulo 23.
...
La noche era oscura, aquel campo de batalla sólo era iluminado tenuemente por los débiles destellos de la ciudad.
Sango sólo podía escuchar la risa de un hombre y el resonar metálico de un objeto chocando contra otro, el cual no era otro que la espada de Sesshoumaru golpeando la dura coraza del cuerpo de Naraku. No podía verlo claramente, pero por la silueta que se dibujaba en el aire pudo notar que el tal Naraku era, por lo menos, diez veces más grande que cualquier humano común, o tal vez más.
Miroku señaló con su linterna hacia aquel demonio, su aspecto era indescriptible; sin querer guió su luz hacia Kagome, quien débilmente intentaba escapar de lo que parecía ser un tentáculo.
Inuyasha confiaba en sus sentidos, los vio salir de aquel palacio antiguo, pudo olerlos, a Sesshoumaru, a Naraku, pero sólo reparó en el aroma de la sangre de Kagome, lo cual pudo corroborar cuando la luz de la linterna de Miroku dio justo en la cara de la chica. Horrorizado, vio cuando el muy infeliz de Naraku lo miraba directo a los ojos y le sonreía cínicamente; supo que algo malo iba a suceder… justo en ese momento, soltó a Kagome, que cayó al lago. Sin meditarlo ni una sola fracción de segundo InuYasha saltó de Kirara. Encontró a la joven psicóloga cerca del fondo gracias a que Sango descendió sobre el agua y a Miroku que continuó alumbrando sobre esta. Internamente agradeció la poca profundidad del lago.
Kagome hubiera podido salir sin ayuda alguna, sin embargo, las algas enredadas en sus pies se lo impidieron. Luchaba inútilmente para salir a la superficie, pues el aire en sus pulmones se agotaba; desesperada intento arrancar aquellas plantas que la tenían cautiva, pero estas no cedían y con sus débiles manos intentó desenredarse, pero era insuficiente, no había tiempo, comenzaba a sentir como sus fuerzas disminuían y sus ojos se cerraban involuntariamente. La joven se había dado por vencida; se resignó a morir en aquel lago, miró hacia arriba y vio una luz que venía desde la superficie, misma que se reflejaba en el ondeante cabello plateado de Inuyasha, fue lo único que vio antes de de cerrar sus ojos, de repente sintió los labios de InuYasha unidos a los suyos y como el joven pasaba un poco de aire a su boca.
El hanyou cortó las algas con sus garras, agarró a Kagome de un brazo y nadó hacia la superficie, en donde ya los esperaban los detectives; sujetó a la psicóloga de la cintura, quien estaba débil pero consciente..
— ¡InuYasha! —le llamó Miroku, quien extendió su mano para alcanzarlos.
El abogado levantó su mano y tomó la del detective, Kirara los arrastró hasta la orilla.
Con la ira apenas contenida en sus ojos, Sesshoumaru observó cuando Naraku dejó caer a la humana, sin embargo nunca dejó de pelear contra el desagradable híbrido, pues sabía perfectamente que era una distracción, la cual no se permitiría tener. Vio cómo aquel repugnante híbrido se burlaba del rostro atemorizado de su hermano, error que el Lord aprovechó para darle un golpe certero en uno de los puntos débiles del hanyou, del que jamás se recuperaría, aun cuando no hirió sus puntos vitales, Bakusaiga lo desintegraría poco a poco.
Naraku estaba ya desahuciado.
El joven demonio dio una mirada rápida hacia el lago y vio que Inuyasha salía junto con la chica, él siempre supo que su medio hermano la rescataría, sólo esperaba que el muy inútil lo hubiera hecho a tiempo, pues recordó una de sus pocas pláticas acerca de sus sueños de Kagome:
—Te pregunté ¿Cómo será tu muerte? —
—Bajo el agua—recordó como ella cubría su rostro angustiada—Caeré al agua y no podré salir a tiempo—
Sesshoumaru estaba furioso y sus ataques se volvieron mucho más violentos, al igual que los de Naraku.
Una sonrisa indescriptible curvó los labios del malvado hanyou en el momento que mostraba la perla falsa, deseando la oportunidad de ver derrotados a sus enemigos.
Sesshoumaru sonrió.
La joya falsa se hizo cenizas en sus manos y la sonrisa maligna del híbrido se desvaneció de su rostro; supo entonces que había sido engañado. La expresión deforme de Naraku denotaba terror ante los ataques del demonio, ahora sí su hora había llegado, se iría por fin de este mundo, mas no sin llevarse grabado en su memoria el dolor en los rostros de sus enemigos.
Kagome comenzó a toser violentamente al expulsar el agua que había entrado a sus vías respiratorias, se sentó desesperada por tomar aire, cuando pudo respirar sin dificultad alguna miró a las personas a su alrededor.
— ¿Sesshoumaru? —
—Él estará bien—contestó inmediatamente InuYasha y la obligó a recostarse—no te levantes, estás herida—ordenó.
La joven se recostó e involuntariamente cerró sus ojos, estaba demasiado débil para mantenerse despierta.
Sango y Miroku regresaron a pelear contra aquellas bestias que salían del ya destruido palacio; lucharon arduamente contra aquellos monstruos, a pesar de que era sólo un pequeño remanente, debían detenerlo antes de que llegara a la ciudad.
Inuyasha observó detenidamente a Kagome para asegurase de que ella toleraría lo suficiente para llegar a un hospital.
Ella abrió los ojos y miró el semblante preocupado de su ex novio.
—Es…estaré bien…no…—estaba débil y arrastraba las palabras.
—No hables, vas a salir de esta—Inuyasha se inclinó hacia la joven para tomarla en brazos, nunca notó lo que se le aproximaba.
Sesshoumaru esperaba un fuerte ataque de Naraku, del cual se aprovecharía para darle el tiro de gracia, sin embargo ese ataque nunca llegó, sino que aquel hanyou se lanzó hacia abajo, justo donde su hermano y aquella humana se encontraban.
Kagome vio como Naraku se precipitaba hacia ellos.
— ¡Lejos! —gritó la joven.
Sesshoumaru se dio cuenta de la intención del híbrido, hizo acopio de toda su furia y velozmente se puso frente a él para interceptarlo y con su espada lo partió en dos; sus dorados ojos se abrieron desmesuradamente cuando a pesar de haberlo partido a la mitad, no pudo detenerlo, una parte de su cuerpo colisionó contra Kagome.
Inuyasha no supo lo que ella quiso decir con eso, en cambió sintió como la energía espiritual que emergía del cuerpo de Kagome lo golpeaba lanzándolo de espaldas hacia atrás. Tarde se dio cuenta de que Naraku chocaba contra ella.
Los detectives vieron horrorizados un fuerte destello que provenía del lugar en donde se suponía que estaban Inuyasha y Kagome.
Todo fue silencio por un par de segundos.
— ¡Kagome! —gritó InuYasha, sin poder acercarse más.
Sango no podía entender, no quería entender qué acababa de ocurrir.
Sesshoumaru aterrizó lo más cerca que pudo, sin pronunciar palabra alguna, sólo se limitaba a observar aquel destello.
Kagome abrió de nuevo los ojos, su instinto de supervivencia la había obligado a crear una barrera purificadora.
El ardor en la piel era insuficiente para detener la ira de Naraku, no importaba que a cada centímetro que avanzaba hacia la chica su piel se quemara.
— ¿Por qué hiciste todo esto? —preguntó la joven.
—Venganza—contestó con voz ronca.
—No me refiero a ahora, sino a todo aquel dolor que causaste hace años, a todas esas personas—Kagome entró hacia aquel lado iluminado, así Naraku pudo observar la mirada de reproche de la joven.
Kagome cerró sus ojos, tanto ella como Naraku volvieron a vivir aquella fatídica madrugada.
El espía de Onigumo daba aviso de la ausencia del híbrido llamado Inuyasha; los aldeanos dormían, el sonido de una campana alertaba a los mismos, estaban bajo ataque.
La anciana sacerdotisa salía de su cabaña, aterrorizada escuchó los cascos de caballos tronando en el frío piso; antorchas moviéndose por varios puntos de la aldea, sin saber si la llevaban los aldeanos o el enemigo que atacaba, el fuerte dolor en su cabeza hizo gritar a la pobre mujer, una mano se aferraba a su largo cabello, con violencia la hicieron caminar y arrodillarse ante un hombre, el cual le exigía su botín.
El rostro de aquel hombre se deformó llena de ira y con indiferencia dio la orden que condenaba a aquel pueblo.
Sonrisas perversas iluminaban los rostros de aquellos que irrumpieron en el pueblo esa helada mañana, sus espadas entraban en la blanda carne de las víctimas y la sangre teñía la tierra. El fuego convertía las cabañas en cenizas y los que aún quedaban en ellas salían sólo para encontrarse con el filo del acero.
Los lamentos resonaban, las cenizas se esparcían con el frío aire de la mañana y el aroma de la sangre inundaba el fino olfato del demonio que llegó demasiado tarde; él miró por todas partes, cuerpos sin cabeza, de niños, mujeres y hombres, todos sin vida; Sesshoumaru olfateó nuevamente, encontrando a tan abominable humano, riendo y mirándolo con soberbia…
Naraku salió de su ensoñación al igual que la joven, así que la miró directo a los ojos y le contestó:
—Poder.
—¿Aun a costa de la vida de esas personas? Sólo trajo tu muerte. —Kagome se levantó con dificultad y caminó hacia él.
—Mi muerte me trajo poder.
—Lo sé, pero esos aldeanos eran inocentes.
—Daño colateral.
—Debes pagar, ahora desaparecerás de este mundo, tu deseo no se cumplirá.
—Mi deseo se cumplió, sólo me bastó con sentir la desesperación con la que el inmutable Sesshoumaru peleaba y ver el dolor en los ojos de InuYasha, por fin pude borrar de mi mente aquellas miradas prepotentes, soberbias y llenas de desprecio y de lástima.
—Ya veo, tú sientes lástima por ti mismo, tanta, que necesitaste hacer sentir inferior a alguien para sentirte superior. Bien, pues no lo lograste y ahora debes irte para siempre—Sentenció.
— ¿No me digas? ¿Serás tú quien acabe conmigo? ¿Podrás? —Naraku se burló de ella.
—No soy más que una humana, común y corriente, si fui capaz de intentar sacrificar mi vida por los que quiero proteger, también soy capaz de quitar una vida por la misma razón. No me sobreestimes, no soy una santa—Kagome notó de nuevo aquella sensación cálida emergiendo desde su pecho hacia el exterior, una delicada aura violácea envolvía el cuerpo de la joven al igual que al del híbrido, cuya presencia se fue desvaneciendo gradualmente.
Los observadores aguardaban complacidos y admirados al mismo tiempo, estaban seguros de que Kagome terminaría con aquel híbrido en ese preciso lugar.
Definitivamente Naraku sabía que era su fin, levantó su vista por última vez y de nuevo se encontró con aquel tipo de miradas que siempre odió, mas no se marcharía sin dejar un camino de dolor, así que utilizó la poca energía que le restaba y su mano se transformó en una espada e hizo un rápido movimiento que dejó a todos estupefactos.
Aquella brillante aura desapareció abruptamente, sólo para dejar ver tan terrible escena.
— ¡Kagome! —gritaron al unísono InuYasha y los detectives.
Sesshoumaru abrió los ojos de par en par al ver la sangre brotando del pecho y de la boca de la joven, era la segunda vez en su vida que se sentía lleno de ira, sin meditarlo su espada cortó en dos el cuerpo del despreciable hanyou, quien reía siniestramente.
—Lo hice…—fueron las últimas palabras de aquel asesino.
InuYasha sostenía la cabeza de Kagome.
—Resiste, resiste por favor—decía consternado.
La joven psicóloga se estaba ahogando con su propia sangre, con desesperación apretó con fuerza la mano de InuYasha, quien trataba inútilmente de parar la hemorragia. Kagome buscó con su mirada a Sesshoumaru, ella había visto lo que él hizo con Naraku.
Sesshoumaru respiraba agitadamente, cuando de repente tuvo la sensación de ser observado, así que de soslayo giró sus ojos y se encontró con la triste mirada de Kagome, a pesar de que ella se esforzaba por sonreír para evitarles aquella pena a sus amigos, sólo movió sus labios tratando de decir:
—Adiós.
Sus ojos perdieron por completo su brillo, Kagome había fallecido en brazos de InuYasha
— ¡Sesshoumaru! —Su medio hermano le llamó señalando a Colmillo Sagrado.
En efecto, el demonio pudo ver a los agentes del otro mundo rodeando el cuerpo de la chica. Blandió su espada contra ella, pero no pasó nada.
—¿Ella…?—Inuyasha vio un atisbo de incredulidad en el rostro de su hermano, quien sólo negó en silencio. El hanyou abrazó el cuerpo de la joven, no entendía el por qué Colmillo Sagrado no revivió a Kagome.
—Llevémosla al hospital—intervino Miroku, quien se acercó a Inuyasha junto con Sango.
—Con Kirara podemos llegar a tiempo—
Pero el joven Lord empujó a los detectives y agarró a InuYasha del brazo para separarlo de Kagome, importándole poco la mirada desconcertada de los detectives, lanzó al hanyou a un costado, tomó el cuerpo de la psicóloga y elevándose en el aire, abandonó aquel lugar.
—¡Sesshoumaru! —gritó InuYasha, quien de inmediato se levantó del suelo y vio que su hermano se llevaba el cuerpo de su amiga.
—¿InuYasha? —se acercó Sango, ella no entendía muy bien que acababa de suceder y qué es lo que estaba a punto de pasar.
—Ya no tenemos nada que hacer aquí—el joven abogado miró al suelo—ella acaba de morir.
—Pero…él…¿Por qué? —La detective no sabía bien como formular la siguiente pregunta— ¿Por qué se ha llevado el cuerpo? Su familia tiene derecho a saber.
—Porque…él era el único que podía traerla de regreso, pero…creo que esta vez…no pudo—un nudo se formó en su garganta.
—¡¿Qué?! —Los detectives preguntaron.
—Él podía traerla de regreso a la vida.
—Nadie puede… ¡Imagínate si…!—La joven detective continuaba dudando.
—Lo sé, esta vez no pudo. Él traerá de regreso el cuerpo de Kagome… luego—InuYasha tragó pesado ¿cómo le diría a Kikyo? O ¿Quién le diría a su abuelo y a su madre? —Vayamos a la ciudad, debemos ayudar, después buscaré a Sesshoumaru y lo convenceré de que… regrese el cuerpo de… ¡Ah!—gritó frustrado, su puño abrió un gran hueco en la tierra, ni siquiera podía mencionar su nombre.
Los detectives se sobresaltaron, Miroku se acercó al chico y posó su mano en el hombro.
—Lo sentimos en verdad—Le dijo.
—Vámonos—ordenó mientras enfundaba su espada.
Los otros dos chicos sólo asintieron, imaginando el dolor del abogado
—No podemos dejar que esos demonios destruyan lo que ella trataba de defender—mencionó decidido y los tres subieron a Kirara que los llevó hasta donde estaba el auto y de allí emprendieron su marcha a la ciudad, en donde esperaban encontrar un gran caos, sin embargo no fue así, lo que los sorprendió demasiado.
…
Sesshoumaru llevaba el cuerpo inerte de la chica y sólo pudo pensar en un lugar para llevarla: a las tierras protegidas por la barrera de su padre. Llegó al pequeño riachuelo que corría cerca del viejo palacio y con ella en brazos se metió al agua y comenzó a lavarle toda la sangre y suciedad que manchaban el demacrado rostro; miró atento los opacos ojos, para después cerrarlos con su propia mano. Observó y tocó las heridas provocadas por esa abominación, tenía algunas costillas rotas de cuando le enterró su tentáculo cerca del estómago, la herida del pecho había entrado limpiamente entre los huesos de su cavidad torácica. El Lord cerró sus ojos, no pudo imaginar el dolor que ella había sentido durante aquella batalla; no sabía que sentir en ese momento, estaba confuso, molesto, decepcionado; miró hacia la cámara en donde guardaba la Perla y se sintió tentado por primera vez por ella. Sacudió su cabeza negativamente y sintió frustración, algo desconocido por él hasta entonces. Veía a aquellos agentes del otro mundo y Colmillo Sagrado no funcionaba sobre ella; apretó con furia la mandíbula y sacó su espada de su funda y la clavó en la tierra; tomó el cuerpo de Kagome y avanzó hacia el palacio. Colmillo Sagrado palpitó llamando la atención de su amo; Sesshoumaru colocó a Kagome en el suelo y regresó hasta donde estaba su espada.
—¿Por qué ahora? —levantó su espada y caminó hasta donde estaba la joven y blandió a Colmillo Sagrado contra aquellos pequeños seres que rodeaban el delicado cuerpo.
La joven llenó sus pulmones de aire y Sesshoumaru escuchó su respiración acompasada; él se alejó lentamente y se sentó sobre una roca que sobresalía en aquel lugar.
Kagome abrió los ojos lentamente, gritó al recordar todo lo sucedido, respiraba agitadamente mientras llevaba su mano al pecho y tanteaba que las demás partes de su cuerpo estuvieran bien.
—¿Una…una pesadilla? —se levantó y observó alrededor, reconoció aquel lugar, estaba en las antiguas tierras del padre de InuYasha y Sesshoumaru. —Sólo fue un sueño, ni siquiera hemos salido de esta isla—pero algo llamó su atención cuando miró hacia abajo y eso fue su vestido de la noche anterior, el cual tenía un gran agujero en el abdomen y una gran mancha de sangre en el escote. —¡¿Cómo es po…?!—sintió la presencia de Sesshoumaru, él estaba cerca; se levantó y buscó con la mirada a su demonio y lo encontró sentado en una roca mirando hacia el pequeño riachuelo.
Él detectó la cercanía de la joven.
—No te acerques—ordenó.
Kagome detuvo su andar. Podía ver la luz de la luna creciente reflejándose en el cabello plateado de Sesshoumaru.
—Me has insultado de distintas maneras, pero el que hayas creído que yo era un traidor, el que hayas intentado sacrificarte…
—¿Insultado? Te equivocas, sabía que tú entregarías la perla para rescatarme, además qué era una vida…
—¿Sabes? Me he sentido molesto con los humanos en muchas ocasiones, pero esta vez no sólo estoy molesto, estoy… ¡furioso!—arrugó el ceño, alzó la voz y la miro con severidad.
Kagome retrocedió un par de pasos, nunca lo escuchó hablar de esa manera; en el poco tiempo que lo había tratado, supo que él era una persona callada y elegante, pero al ver esa mirada molesta se asustó. Ignorando aquella terrible sensación de temor, caminó hacia él.
— ¿Insultado? ¿Furioso? —Preguntó un tanto frustrada e incrédula de lo que escuchaba, arrugó el ceño y miró fijamente aquellos furiosos ojos— ¿Furioso? —su voz comenzó a quebrarse.
Sesshoumaru alzó una ceja al escucharla.
— ¡No, tú no sabes lo que es estar furioso! ¡Yo estoy más que furiosa!... —su voz se quebró aún más—estaba aterrada… y… furiosa…—comenzó a sollozar—no quería insultarte, sólo… ¡Sólo no quería verte herido!... —continuó gritando, desahogando toda aquella tensión durante algunos minutos.
La furia en el rostro de Sesshoumaru se desvaneció abruptamente, se acercó hasta ella, la miró fijamente a los ojos hasta que dejó de gritar y de sollozar.
— ¿Ya acabaste? —preguntó él.
Ella lo miró consternada.
—¿Qué? ¿Acaso te estoy aburriendo? —Ahora ella lo miraba fijamente—si tienes algo que decirme ¡Hazlo! —dijo molesta.
—Sí, sí tengo—Sesshoumaru arrugó la nariz y la miró gélidamente—. Dudaste de mí y desconfiaste de todos ¿Crees que esto hubiera podido evitarse? Dejaste que tus emociones te dominaran. Típico de los humanos.
Kagome cayó en cuenta de la realidad de las cosas y recordó a Midoriko que le decía en sueños: confía. Bajó la mirada huyendo de la de Sesshoumaru.
La mirada burlona y escrutadora de Sesshoumaru seguía posada en el rostro de la muchacha.
— ¿Qué es esto? —Preguntó con sorna— ¿Vergüenza?
Ella levantó de nuevo su rostro y descubrió que estaba siendo analizada por él.
— ¿Ya no me retas como siempre?
—No— fue todo lo que dijo antes de dar media vuelta para salir huyendo de él, pero la mano de Sesshoumaru la sujetó de la muñeca y se acercó hasta ella para tomarla de los brazos obligándola a mirarlo.
— ¿No? Dime una cosa ¿Crees que necesito que una humana como tú se sacrifique por mí? No soy Inuyasha.
Kagome arrugó el ceño ante esta pregunta.
— ¿Crees que fue por ti? —Lo miró fijamente—Pues disculpa si te hice pensar eso, pero no todo gira a tu alrededor; si no me entregaba mataba a Kikyo, él sabía perfectamente que sólo tú conocías el escondite de la Perla, yo sólo quería salvar a Kikyo.
— ¿Por qué?
—Porque es mi familia.
—Te hubieras quitado ese obstáculo.
La joven lo miró indignada.
—¿Eso piensas?
Él no contestó.
—No me conoces.
—Todos los humanos son iguales.
—Entonces ¿Por qué eres médico? ¿Por qué curas a humanos cuando tienes tan mal concepto de nosotros?
—Una ocupación más en mi larga vida.
—Ya veo. Pero aún así me rescataste.
—No iba a permitir que el híbrido se burlara de mí.
—Y yo que pensé que era por mí—dijo en voz baja mientras evitaba su mirada—, lo sabía sólo soy una humana, no soy digna de ti.
Sesshoumaru arrugó el ceño, nuevamente ella hacía ese comentario.
— ¿Y por qué quieres ser digna de mí? —él sabía la respuesta, sólo quería escucharlo.
—Olvídalo—contestó molesta y comenzó a caminar alejándose de él.
— ¿Por qué? —
—Dije que lo olvidaras—y continuó su huida.
—Entonces responderé yo—
Ella se detuvo y lo miró.
—Sorpréndeme Señor Arrogante—Arrugó el ceño y colocó sus manos empuñadas sobre su cadera. —¿Me ha descubierto? ¡Sango! Le pedí que le dijera que lo amo ¿Le habrá dicho? ¡Lo negaré todo! No permitiré que se burle de mí—Pensó.
Él se acercó hasta ella y posicionó su rostro a la altura de Kagome observándola por largos segundos a los ojos, notando aquel nerviosismo de la joven al sentirse descubierta.
— ¿Quieres escuchar mi teoría? —Seguía jugando con las emociones de la joven.
—Dame tu mejor tiro… Demonio—sonrió retadora.
—¿En verdad? —La miró de la misma manera.
Ella asintió.
—Bueno—Sesshoumaru la tomó de la nuca para evitar que se alejara y rápidamente acercó su rostro, con sus labios tomó posesión de los de ella y cerró los ojos.
La tomó por sorpresa, estaba preparada para negar cualquier cosa que él dijera, cualquier teoría ella la rechazaría, pero esto no lo esperaba. Logró separarse un poco de aquel roce.
Continuará…
¿Bien? ¿Qué tal? En verdad espero que haya podido cumplir con las expectativas. Y de nuevo mil disculpas por el atraso. Les mando beso a todas y muchas gracias a la que capítulo a capítulo me siguen y me alientan a escribir y ellas son: Marlene Vasquez, hekate ama, Faby Sama, Sasunaka doki, Goshy, Lady Indomitus, Lilith1939, Alice K. W, , otaku4everafter, Maria, Hime-chan Natsumi, pero especialmente gracias a AllySan.
