La monotonía del día vuelve a ser la misma después de la euforia de la partida de los Tributos del 12. Me levanto temprano, antes de que el sol se asome den el horizonte. Salgo al patio y me subo al árbol a disfrutar del silencio que hay sólo a estas horas.

Imagino que mi madre llegó entrada la noche. Vino con un hombre, lo deduzco porque al llegar sólo estaban su voz y la voz masculina. No quise salir a tener otra pelea con ella. Todo por lo que me ocupé es que Reid no se diera cuenta de que ella había llegado así, alcoholizada y con un hombre. No logro comprender aún qué tipo de madre es.

Me hundo en vagos pensamientos mientras estoy sentada en la rama más alta (y que puede sostenerme) en el árbol. Las gallinas de pronto hacen el típico sonido desagradable antes de poner los huevos, y sé que mi tiempo se ha terminado, porque pronto el gallo comenzará a cantar y Reid se pondrá de pie.

Entro, me doy una ducha terriblemente helada. A pesar de que estamos casi en pleno verano, el agua es fría, y hoy, extrañamente, el clima también. Quizá lloverá.

Me pongo la ropa de siempre para ir a la escuela. Preparo el desayuno, sabiendo que mi madre ni siquiera se tomará la molestia de volver el rostro de donde lo tiene para preparar algo para su hijo. No pido compasión y cuidados para mí, los pido para mi hermano. Primero la falta de un padre, después la falta de una madre.

Únicamente me tiene a mí, y yo lo tengo a él. Somos lo único que tenemos.

En estos días la generación de Gale deberá elegir cuál será su estilo de vida. Seguramente él tendrá que escoger el irse a las minas, a asfixiarse con los gases y tener una vida poco prolongada mientras extrae materiales subterráneos poco apreciados por el Capitolio. Gale morirá quizá en un accidente, o de alguna enfermedad en los pulmones que lo lleve lentamente a la tumba. Quizá se case con Madge, la hija del alcalde. O tal vez se case con Katniss, si es que ella regresa de los Juegos. Quizá se casaría conmigo…

—Buen día—la voz de Reid me distrae y sacudo la cabeza para eliminar esas alocadas ideas. En un mundo como éste, lo último en lo que puedes pensar es en casarte. Además, ¿para qué casarse, para qué hijos?, ¿para que entren en las Cosechas, y cada año salgas de casa esperando lo peor, que tu hijo sea elegido y jamás lo veas regresar, o que si regresa nunca volverá a ser el mismo? Jamás.

—Buen día, Reid. Toma un baño, prepárate y ven a desayunar—asiente y sale de la habitación a seguir mis instrucciones. Me apresuro a ir al cuarto de mi madre para cerrar la puerta y Reid no vea cualquier tipo de escena que podría darle una mala impresión (o una peor) de Reneé.

—¿Crees que hoy saldremos temprano de nuevo? —Reid patea una piedrilla con el pie y me la pasa. Tenemos que despedirnos de ella ahora que hemos llegado a la escuela.

—No lo sé, supongo que sí. De cualquier manera hoy será el primer día que estén en el Centro de Entrenamiento. No creo que pasen las prácticas por televisión, pero, ¿quién sabe? Tal vez hasta den un banquete—mi voz es irónica. Ambos sabemos lo que pasa en los banquetes y, si lo hacen en los Juegos, ¿por qué no en el pobre Distrito 12?, ¿por qué no en la Veta? Podrían deshacerse de unos cuántos problemas eliminando a muchas personas del Distrito.

—Tal vez—simula una risa—. Entonces, te veo más tarde.

—Está bien. Cuídate.

Cuídate, cuídate. Como si nuestro propio gobierno no nos desprotegiera convirtiendo en asesinos a 23 niños, y que sólo uno quede vivo.

Camino por los pasillos grises de la escuela. ¡Vaya monotonía que hay en éste lugar! Nuestra profesora puede que pronto sea sustituida. Sus pasos son cada vez más lentos, y las llagas que se hunden en sus pies son cada vez peores por no ser atendidas de la manera correcta.

Me siento, como siempre, en el lado de la ventana. Hoy casi todo nuestro día será del parloteo de la mujer que está diario frente a nosotros con su grupo selecto de alumnos con el tema de Katniss Everdeen, la Chica en Llamas. ¿Y Peeta qué? ¿Dónde lo han dejado? ¿Qué han hecho con el chico del pan? Toda la atención, cuando estaba aquí, era para él. Katniss era alguien como yo, alguien nada visible.

A la hora del almuerzo, busco a Reid para comer con él. Pero, como siempre, ha hecho de las suyas y se ha quedado dentro del salón de clase. Busco una manzana en mi mochila y se la paso por entre los barrotes de las ventanas.

Me siento junto a la puerta y como la manzana que me toca. Aquí es donde ambos esperamos cuando no lo han castigado a él, o no lo han hecho conmigo. A lo lejos, en el "comedor", que es más un montón de troncos viejos apilados, veo a muchos niños y niñas desde los 12 hasta los 18 años jugando felices. Tal vez hay demasiado odio acumulado en mí para poder ser tan feliz como ellos. Dos días, a penas, dos días, y el vacío de Peeta es doloroso. Más asfixiante que entrar a la mina más profunda en todo el Distrito. Más entristecedora que la caída del último pétalo de una flor en el otoño. Pude haber hecho muchas cosas, una de ellas, hablar con Peeta. Sacudir el miedo a ser rechazada.

—¿Aster?—no es la voz de mi hermano la que me llama, así que no vuelvo la mirada para ver quién produce mi nombre.

Muerdo mi manzana, para disimular que no he escuchado.

—Aster—vuelven a repetir mi nombre y ahora sé quién es.

—¡Gale, hola!—me alegro de verlo. Pensé que lo de ayer sólo había sido sólo una cortesía. Una manera de no hacer sentir mal a un par de niños abandonados por un padre alcohólico y descuidados por una madre dedicada a una vida no tan decente. Si es así, hoy aún siente pena de nosotros.

—¿Cómo estás? —se sienta en el piso a mi lado.

—Bien. ¿Tú qué tal? —le pregunto. Arquea las cejas a modo de "¿estás jugando?".

—Bueno, no me quejo. Tendré que superar la partida de Katniss si quiero mantener a su familia con vida—claro, ella debió pensar en todo. Dejó, seguramente, a Gale a cargo de su hermana y de su madre.

—Entiendo. Debe ser una gran responsabilidad.

—Más que una responsabilidad es un compromiso. Somos amigos desde que yo tenía 14 y ella tenía 12. Su primera Cosecha…

Un fantasma de melancolía cruza por el rostro de Gale. Aprieta la mandíbula y se pierde por unos instantes en el momento de recuerdos.

—Aunque he logrado enterrar al pasado…—dice él.

—No tienes por qué darme algún tipo de explicación, Gale. Creo que eres muy maduro para la poca edad que tienes—le sonrío y la tranquilidad vuelve un poco a su rostro.

—En este tiempo, ¿quién no es demasiado maduro para su edad? — su tono de sarcasmo y diversión me hacen reír un poco.

—De hecho.

—¿Qué haces aquí? —su cambio drástico de tema me toma por sorpresa.

—Lo mismo que tú, estudiando, conversando contigo. Ya sabes…

—¡No! —me interrumpe divertido— Aquí, quiero decir, sentada aquí.

—¡Oh!, al tonto de Reid le han castigado por alguna babosada de las que sabe hacer. Y he venido a custodiar la puerta para que no escape.

Gale ríe por mi excelente estructuración del sarcasmo. El momento es quebrado en miles de pedazos por el timbre para entrar de nuevo a nuestras aulas.

Gale frunce el ceño.

—¡Vaya, qué oportunos! —refunfuña— Bueno, Aster, te veré después. Me gustaría platicar un rato contigo, tal vez saliendo de clase.

—¡Claro!, me parece bien.

Ve hacia la puerta del aula de mi hermano, me toma por el brazo y nos aleja al otro lado del pasillo, a la puerta de enfrente.

—¿Crees que podrías dejar a Reid? —su mirada ahora es nerviosa, inquietante— Quiero mostrarte algo, pero es peligroso para él.

Pienso unos segundos. ¿A caso dijo peligroso?

—Por supuesto—y, como siempre, mi lengua ha sido más rápida que mi cerebro.

—Bien. Hablaremos de eso después, ¿vale? —asiento— ¿Puedo verte hoy?

—Uhm, claro. ¿Dónde?

—¿Tu casa?, así no tendrás que descuidar nada.

—Perfecto.

Nos despedimos y veo desaparecer a Gale por el lado opuesto al que debo caminar. Me muerdo el labio inconscientemente hasta llegar a mi aula, a encerrarme de nuevo en mis pensamientos. Aquí estoy aprisionada físicamente, pero mentalmente soy libre, y eso me es más que suficiente.

Números y signos aparecen en la pizarra mientras la maestra trata de enseñarnos cosas que estoy segura nunca entenderé.

Agradezco que den el siguiente timbrazo, no podría aguantar un minuto más en este lugar, así que salgo disparada al aula de Reid.

—¡Reid! —le grito.

—Señorita Hornung—dice su profesora, que sale airosa de su aula. Entonces me doy cuenta de que se ha metido en severos problemas.

—¡Te dije que nunca lo hicieras! —le grito cuando estamos en casa. Mi madre está desaparecida, no hay notas o algo por el estilo.

—¿Por qué no? —llora y me grita— ¿Porque tú lo dices?, ¿por eso?

—¡Porque te quiero seguro… y vivo, Reid! —la profesora dijo que escribió un ensayo durante la clase. Ambos escribimos, eso no me asustó en lo absoluto, el tema del ensayo sí: un levantamiento contra el Capitolio. Fingí molestia ante la restirada morena que daba clase a Reid. Yo la recuerdo muy bien, también fue mi profesora.

—¿Qué me mantiene seguro, Aster? Quedarme callado no será la solución.

—No, por supuesto que no será la solución. Pero, Reid—me acerco hasta donde él está y tomo su rostro entre mis manos, pero está reacio—, no puedes ir por el mundo lanzando papelitos que digan "¡Hey, Snow, mírame! ¡Soy un futuro rebelde, y estoy dispuesto a luchar en la guerra si es necesario!". Reid, ni siquiera llegarás a ver ese día si sigues con esa actitud.

—Pero, alguien debe comenzar esa guerra.

—Lo sé, pero no quiero que seas tú.

—¡Entonces hazlo tú, Aster!, ¡las personas te escuchan y eres fácil de querer!

—¡No, Reid! Y esto es el fin de la discusión. No volverás a hablar sobre eso jamás, ¿entendido?

Refunfuña, pero no me responde. Con su actitud sé que lo seguirá haciendo hasta conseguir lo que quiere. A este paso tendremos que irnos del Distrito, aunque está prohibido. Tal vez encontremos algún refugio en el bosque mientras ideamos la manera para sobrevivir. O, quizá, si tenemos suerte, podemos llegar a las ruinas del Distrito 13 y quedarnos ahí, de cualquier manera toda su gente murió en los Días Oscuros.

Oigo el portazo que da en nuestra habitación. La frustración en mí es enorme. Golpeo un plato con algunos guisantes casi secos y se rompe por el impacto del golpe. Mi mano sangra, pero la ignoro. Me siento en el suelo, junto a la mesa, y grito y lloro. Me paso las manos por el cabello sin para de gritar. ¿Qué sería de mi vida sin Reid?, ¿qué sería de la vida de Reid sin mí?

—Oye, ¿estás bien? —Gale aparece en la ventana y no espera a que le deje pasar, abre la puerta y se sienta arrodilla frente a mí. Toma mi mano llena de cortes y la examina—No está tan mal. Puedo curarla si quieres y…—arranco mi mano de entre las suyas.

—¡No, estoy bien!, ¡déjame!—su quijada se tensa, está molesto. Pero, a pesar de ello, no se va. Yo sigo encaprichada, gritando y sollozando. No es, sino hasta que me he clamado, que Gale me ayuda a ponerme de pie y me lleva hasta la cocina, lava mis heridas y me venda con un pedazo de tela de su camisa.

—¿Qué fue lo que pasó?—me pregunta cuando ha terminado. Pone un poco de agua en un vaso y me lo ofrece. Lo tomo, pero lo dejo a un lado, no necesito agua. Necesito paz.

—Tuve una pelea con Reid.

—¿De verdad? —abre grandes los ojos y arquea las cejas de manera exagerada. Al parecer esto le sorprende. —¿Pelean muy a menudo?

—No. Es la primera vez en 12 años. Hacía demasiado que no sucedía.

—¿Por qué discutieron?—toma mi mano y me acaricia el rostro. Me frunzo ante ese movimiento, no estoy muy acostumbrada a las muestras de cariño. Y tampoco sé si esto sea una muestra de cariño, a sólo dos días de entablar pláticas formales.

—No creo que sea un tema para tocar—realmente, no sé si Gale sea de fiar. No lo conozco lo suficiente. Necesito saber más de él y cómo reaccionaría ante tal situación.

—Necesitas hablar. Si has discutido con él debes tener una razón poderosa—¡oh, Gale!, si supieras.

—¿Qué tanto odias al Capitolio?

—¿Qué tiene que ver con todo esto?

—¡Respóndeme, Gale!

—¡Bien!... Mucho, demasiado. Es inconcebible lo que hacen con todos nosotros, con ustedes ahora. Año tras año buscamos mantener vivas a nuestras familias con la esperanza de que las Cosechas no llegarán hasta nosotros, que somos intocables. Y, después, te das cuenta de que todo lo que has construido se viene abajo, se desmorona más fácil que un pedazo de pan—su mirada es profunda, mira a un lugar fijo en la pared, pero está perdido. Se encuentra en otro lugar, porque no suena como el Gale que yo conocí.

—¿Estás seguro?, ¿piensas eso de verdad?

—Sí. ¿Por qué?

—¿Serías un rebelde si la causa lo ameritara? —su rostro exige una respuesta a su pregunta, pero el mío exige también una respuesta a mi pregunta.

Gale piensa por unos segundos y, finalmente, responde: —Sí.

—Bien. La profesora de Reid me llamó hoy…

—¿Y por eso te has molestado con él?

—Gale, no fue un motivo cualquiera. Hizo un ensayo—alza una ceja, insinuando simplemente con la mirada que si es por eso que estoy tan escandalizada—… Él… Él hablaba sobre rebeldes, guerra, derrocar al Capitolio…

—¡Oye, ese no es un motivo para amonestarlo!

—¡Gale, escúchame! —ahora estoy gritando. Él se cruza de brazos y guarda silencio, exasperado—… Él hablaba sobre asesinar a Snow—la expresión en su rostro ahora es de sorpresa y confusión—, Seneca Crane asesinado también, el Capitolio ardiendo. Todos aquellos que apoyan los juegos….

Hay un silencio en toda la sala. Todo lo que es escucha es el cacareo de las gallinas y los leves sollozos de Reid contra la almohada. Gale mira hacia el piso, aún con los brazos cruzados.

—No lo reprimas.

—¿Qué?

—No lo reprimas. Alguien debe encender esa llama. Alguien debe luchar. Tú deberías darle ese ejemplo…

—¡Gale, escúchate, por Dios!, ¿crees que voy a arriesgar a mi hermano? No quiero que él sea el rostro de la rebelión. Si alguien más lo hace, está bien, Yo estoy también dispuesta a apelear. Yo he sufrido tanto como él y como tú y como el resto de los jóvenes de Panem durante todos éstos años. ¿Crees que no estoy harta? Quiero una familia, Gale. Quiero hijos, quiero un esposo. Quiero despertarme el día de la Cosecha y pensar que sólo es un mal sueño. Que mis hijos vayan a la escuela con ánimos, que se enamoren y no tengan miedo de perder a quien aman. Que corran en el bosque sin que una reja los atrape. Quiero que todos los años, ellos vean que los Juegos sólo son una historia de miedo, pero real, algo que les sucedió a sus padre. Pero algo que jamás ocurrirá—bien, lo he dicho. He terminado. Dejo caer los brazos y no me permito sollozar, pero sí volver a llorar.

Gale se mantiene callado, en su postura. No dice absolutamente nada. Quizá, así como lo gané, lo perdí con todo lo que he dicho. Otra vez, mi lengua fue más rápida que mi cerebro. Me muerdo el labio inferior, en espera de un respuesta y en búsqueda del ahogo de los sollozos, pero mi segunda opción es la única que se lleva a cabo.

Respiro hondo y cierro los ojos. Escucho a Gale caminar y me exalto, creí que se iba, pero se dirige a la habitación en busca de Reid. Él abre la puerta refunfuñando, me ve en la pequeña rendija que abre para dejar entrar a Gale, pero cierra de nuevo.

Me paso las manos por el cabello una y otra vez, esperando a que Gale salga con una sonrisa en la cara y que me diga que se le ha pasado, o que mañana todo será mejor. Pero no hay señales de que esa puerta se abra sino hasta dentro de un buen rato. Mientras tanto, preparo la sopa de siempre, con las pocas legumbres y vegetales de siempre. Con la sazón de siempre. En la olla de siempre. Recojo los huevos de siempre, con las gallinas de siempre y lavo el chiquero con el agua de siempre. La monotonía de mi vida, sea bienvenida otra vez.

Trepo al árbol cuando he terminado de hacer los deberes de la casa. Me siento en la rama en la que me senté esta mañana. En lo alto, donde puedo ver algunas partes lejanas de la veta. Desde aquí, puedo ver el techo de la panadería de Peeta. Peeta. ¿Qué hará en éste momento? Hoy es el primer día de entrenamiento para ellos. Cada año transmiten el grande edificio de 12 pisos que está justo detrás de la Mansión Snow. Cada piso es para un Distrito. No tengo ni la menor idea de dónde es que será en todo el complejo el lugar donde entrenan. Quizá en el sótano, la planta baja. ¿Quién sabe? Lo que sí sé, es que las entrevistas y la bienvenida a los tributos se llevan a cabo en ése lugar. Estarán tres días en entrenamiento. El cuarto día los Vigilantes darán una calificación a los tributos de acuerdo al desempeño que hayan tenido en los tres días y en las Sesiones Privadas de habilidades. Los tributos de los Distritos profesionales siempre son los que se llevan la calificación más alta de todos los concursantes. Contando desde hoy, serán tres días de espera para poder ver las cuarto día será el más largo, pues es un día libre para ellos. La noche del cuarto día tendrás una entrevista con el famoso presentador de los Juegos, Caesar Flickerman.

—Aster—la voz de Gale me llama. Él camina directo hacia mí, armado con una lanza. Estoy desprotegida, desangrándome. Reid viene con él, camina con un cuchillo. Ambos ríen malévolamente. Entonces Reid se acerca y corta de un tajo mi cuello.

—¡Aster! —grita Gale de nuevo y me despierto. Toco mi cuello, me parece difícil respirar, pero estoy bien. Estoy aún en lo alto del árbol, es un milagro que no haya caído aún.

—Dime, Gale.

—¡Baja!, he hablado con él. Quiere verte.

Bajo del árbol insegura, con los pies temblorosos por mi sueño. Cuando casi estoy en el piso, siento las manos de Gale en mi cintura. Me toma y me ayuda abajar. Me ahorro el brinco de casi dos metros que doy cada vez que necesito bajar. Le doy las gracias y entro a casa. Reid está sentado en la mesa, con el cuaderno. Relee lo que escribió, al parecer, y su rostro se torna rojo en ciertas partes. Espero a que termine, pero antes de eso, levanta la mirada y corre hacia donde estoy. Me abraza demasiado fuerte, tanto que casi no puedo respirar, pero no lo alejo, no lo quito.

—Perdóname… Perdóname—escucho el susurro de su voz—… No quiero perderte. Eres todo lo que tengo. Gale me lo ha explicado… No quiero perderte… Perdóname…

—Hey, hey. No hay por qué disculparse, ¿de acuerdo? Sólo ten cuidado en la escuela. Si no quieres hablar conmigo ese tema, puedes hablarlo con Gale, si él quiere.

—¡Claro que quiero! —dice Gale desde la entrada, recargado en el marco de la puerta— Si tú quieres hablar sobre eso, también soy todo oídos para ti—y me regala una de sus mejores sonrisas.

Asiento ligeramente y los invito a sentarse a la mesa. Tal vez un día de éstos toda la familia de Gale pueda venir a comer. El huerto furtivo que tenemos está dando buenos frutos, después de todo.

Cuando Gale se va, Reid y yo nos acostamos a dormir, sin esperanzas de que mamá regrese sobria o sin un acompañante. He tomado precauciones, y llevo un chuchillo conmigo y le entrego uno a Reid. Dormito y escucho la llegada de mamá, ebria, pero sin compañía. Azota su puerta y grita un montón de disparates, los de siempre, pero aún dolorosos.

Los días pasan lentos. El dinero termina demasiado rápido, las gallinas no producen suficientes huevos y soy incapaz de matar una para que podamos comer. "Una gallina menos, tres huevos menos", diría la vieja Merry. Intento tomar las cosas con calma. Me aquejan jaquecas horribles. Gale me ha sugerido ir a dónde la madre de Katniss, pero ni siquiera tengo dinero para alimentarnos a Reid y a mí. De nuevo, ambos hemos tenido que entrar a las teselas. A éste paso la mitad del Distrito terminará llenando 4 urnas.

Hoy será la prueba final de los tributos. Hoy una gran parte del futuro de ellos penderá de un hilo de acuerdo a la calificación que obtengan en su Sesión Privada con los Vigilantes. Únicamente los Profesionales obtienen buenas notas en ello, a pesar de que los marginados hayan tenido un desarrollo impecable a lo largo de los días de duro entrenamiento.

Me encamino como puedo, con mi jaqueca hasta la entrada de casa. Hago la limpieza del corral y el desayuno. A partir de hoy la escuela está suspendida, hasta el término de los Juegos. Cada poblador de cada Distrito deberá estar en su hogar pegado frente a las aterradoras imágenes de asesinato que se presentarán como cada año. Algunas son horrendas, terriblemente sangrientas. Otras son más rápidas y silenciosas, esas muertes no le gustan al Capitolio. No le gustan a los Vigilantes. No le gustan a Seneca, No le gustan a Snow. Maldito Snow. Si hay un infierno, espero que te pudras lentamente en él.

—Reid, iré a donde la madre de Katniss, ¿quieres venir?

—Empeoras, ¿cierto?

—Sí—hago una mueca de dolor y sobo mi sien izquierda—. Necesito ir con ella, espero que el dinero nos alcance por lo menos otra semana. Mientras tanto idearé otra forma de salir adelante con nuestros gastos.

—Está bien. Creo que no iré. Aún no estoy listo para ver el luto de las Everdeen.

—Sí, tienes razón. Entonces, termina tu desayuno. Vuelvo enseguida.

Me coloco un mantón alrededor de los hombros, aún es temprano y la mañana está fresca. Camino con la vista completamente nublada, dificultosamente esquivo los cuerpos en movimiento de algunos de los hombres del Distrito que se dirigen a su trabajo hacia las minas. En una semana Gale partirá al subsuelo y, día con día, su familia esperará que salga con vida o que perezca como su padre.

—Buen día—toco la puerta de las Everdeen, que está emparejada. Prim, supongo por el tamaño del cuerpo, se acerca a la puerta, ojerosa y desgastada. Escucho que hay una voz masculina dentro, pero no logro distinguirla. Mis oídos zumban y la neblina imaginaria que se interpone entre mi visón y la realidad es más oscura.

—¿Puedo ayudarte? —susurra. Sí, definitivamente es Prim.

—Necesito—jadeo para poder completar la frase—… Necesito a tu madre…—entonces me desvanezco y pierdo la conciencia…