Chicas, gracias por todos su reviews, me da mucho gusto ver que la historia es de su agrado.

Aqui les traigo el capitulo cuatro, que lo disfruten:)

Twilight no es de mi propiedad, solo la historia.


Capítulo 4: Hospital

Bella POV

...

-¿Por qué huías?

-Suéltame, porfavor –imploré.

-Sigue suplicando, esto lo hará más divertido… -dijo él, quitando la ultima prenda de mi cuerpo.

-¡Déjame ir! ¡Te lo ruego!-grité con todas mis fuerzas.

-¡Bella! ¡Bella porfavor! ¡Despierta! –ordenó una voz aguda.

Abrí los ojos torpemente. Alice se hallaba en cuclillas junto a mí en el sofá de Edward con ojos preocupados, los demás permanecieron en el marco de la puerta (si, todos). Una capa de sudor cubría mi frente. Respiraba agitada.

-¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado?– preguntó Carlisle, acercándose a mí.

-¡Bella, tus gritos se escuchaban hasta el patio! –Alice en realidad se encontraba conmocionada.

-Fue un sueño… solo fue un sueño –dije para mí misma, las lagrimas asomaban por mis ojos. Me hice un ovillo en el sofá.

-¿Pero te encuentras bien? –Carlisle estaba ansioso.

-Si –dije tomando una bocanada de aire. –Gracias… lamento haberlos asustado de esa manera –mi mirada se dirigió al marco de la puerta –a todos, de hecho.

-Jasper, porfavor –dijo Alice. No entendí muy bien la razón por la que llamó a su novio.

Jasper se acercó a mí y acarició el torso de mi mano.

–Todo está bien – el dolor se fue –tranquila, ya pasó –la desesperación, junto con el miedo también.–-¿Mejor? –preguntó con una sonrisa en el rostro.

– ¿Qué ha sido eso? –pregunté sorprendida. Ya no lloraba, mi respiración era normal.

–Es… psicología Bella… –dijo él.

– ¿Psicología?... pero…

–Nos pegaste un buen susto a todos manzanita –interrumpió Emmett, recordándome el apodo que me había ganado ayer a pulso, en honor a mi rubor.

–Lo siento –dije apenada.

-¡Y haya va! –dijo Emmett teatralmente. Todos reímos.

–Familia, tengo que hablar a solas con Bella, ¿nos permiten? –dijo Carlisle. Todos obedecieron. Alice me dedico una última mirada preocupada antes de salir de la habitación. Me senté en el sillón e intente peinar mi cabello. Carlisle me miraba con el ceño fruncido.

–¿Pasa algo Carlisle? –pregunté confundida.

–Es lo que estaba a punto de preguntarte Bella, ¿pasa algo? –preguntó, alzando una ceja. Su mirada era tensa.

–No sé a qué te refieres. –respondí honestamente.

–Bella, te encontramos en medio del bosque, sin ropa, con moretes y rasguños… ¿se me olvida alguna otra cosa? –Bajé la cara, incomoda. El relajó su mirada y se agachó a mi altura. –Disculpa mi dureza Bella, pero todo este asunto me tiene bastante alterado. Las condiciones en las que te encontramos obviamente no son buenas, además de que estabas desarrollando hipotermia tenias el cuerpo lleno de heridas. Por lo que veo mejoraste notablemente, pero necesito tu aprobación.

–¿Mi aprobación? ¿Para qué?

–Quiero llevarte al hospital donde trabajo, para sacarte unas radiografías. Me preocupa el golpe en tu cabeza –al decir esto, automáticamente lleve una mano a mi cuero cabelludo, aun dolía. –Y además… pienso… pensamos… –rectificó –que quizá abusaron de ti… –dijo franco.

Mi mente no podía soportar esto. Los pocos recuerdos que tenía encajaban a la perfección con lo que acababa de escuchar. El hombre rubio, mi dolor en la entrepierna…

Las lágrimas volvieron a mis ojos.

–Bella, tranquilízate porfavor, todo va a estar bien. Nosotros cuidaremos de ti siempre. Te lo prometo… te lo juro –dijo solemne, tomando una de mis manos.

–Esto es más de lo que merezco Carlisle –dije con la voz apagada.

–Esto es lo que mereces Bella, y mucho mas –le miré a los ojos. Sabía que él decía la verdad. Pero…

–¿Qué le ha pasado a tus ojos? –dije, examinándolo minuciosamente. El se levantó incomodo. Luego su expresión cambio por una máscara tranquila.

–Nada Bella, ¿por qué dices eso? –parecía tranquilo.

–Están diferentes… ayer eran negros. – el día de hoy relucían como el más brillante oro.

–Bella –rió – mis ojos siempre han sido dorados. –sus palabras eran seguras, pero yo sabía lo que había visto.

–No es cierto, juro que…

–Bella, ¿ves porque me preocupa el golpe en tu cabeza? –dijo negando con la cabeza– Le diré a Alice que te ayude a vestirte. Saldremos al hospital en cuanto desayunes. –dicho esto depositó un beso en mis cabellos y salió de la habitación.

Me tumbé de nuevo en el sillón, frustrada. Si bien sabía que mi memoria no era perfecta (y menos en estos momentos) yo aun podía recordar perfectamente los ojos negros en Carlisle.

Enterré mi cara en el sillón e inspiré profundamente. Por alguna razón ese olor a miel siempre lograba tranquilizarme.

– ¿Bella? –dijo una voz al otro lado de la puerta.

–Pasa Alice –Dije enderezándome de nuevo.

–Bella, me encomendaron una tarea de suma importancia. –Levanté una ceja, no sabía de lo que hablaba. –Yo te vestiré –dijo dando saltitos. Gemí frustrada. –Vamos vamos –dijo ignorándome.

Me levanté del sofá y entramos a la recámara de en frente. Se encontraba a unos tres metros de la recámara de Edward, cruzando el pasillo. La habitación era color blanco, ni un mueble en su interior. Pegado a la pared solo estaba un closet "aparentemente" pequeño… y digo aparentemente porque en cuanto Alice abrió las puertas, dejó entrever un enorme cuarto lleno de perchas y repisas. La mayoría (para mi suerte) estaban vacías.

–Terminaré de llenarlo después. Por ahora nos limitaremos con lo poco que tenemos hasta ahora. –y si, por "poco" se refería a la tercera parte del closet que estaba lleno. –Vamos Bella, escoge algo. Te recomiendo el vestido azul con encaje… ¡oh, oh! También puede ser la falda de manta, con la blusa turquesa con piedras… –sus ojos brillaron, extasiados– en fin, la ducha esta por esa puerta y las toallas están aquí. –dijo señalando un cajón. –Te espero afuera. –dijo cerrando la puerta.

Inspire profundamente. Había demasiada ropa. Me dispuse a ignorarla, tomé una toalla y me encaminé hacia el baño.

El agua caliente relajó todos mis músculos. La porquería que estaba hecha mi cabello desapareció con un shampoo con olor a fresa. Me gustaba, por alguna razón me parecía familiar. No me tomó más de diez minutos terminar de ducharme.

Me dirigí al closet. Tome un par de ropa interior color piel (ignorando la lencería de seda increíblemente transparente de Victoria Secret), tomé un par de jeans y una blusa celeste de manga larga y cuello en V. Me puse un par de zapatillas deportivas y por ultimo una chaqueta gris de cierre con gorro. Me sentía cómoda. Me sentía yo. Sequé mi cabello fuertemente, arrojé la toalla al cesto de la ropa sucia.

Salí de la habitación y baje las escaleras. Todos me esperaban contentos, bueno… no todos…

– ¡Isabella! ¿Qué has hecho? –dijo horrorizada.

– ¿Qué pasa Alice? –pregunté inocentemente. Toqué el último escalón.

– ¿Qué pasa? ¿¡Que pasa! –gritó – ¿Qué es lo que llevas puesto? –preguntó, cruzándose de brazos.

– Una blusa, un par de jeans, una chaqueta… ¿eso que tiene que ver?

–Alice, deja en paz a Bella –dijo Carlisle tranquilamente, por alguna razón creía que ya estaba acostumbrado a decir aquella frase, le miré agradecida. – Ven Bella, Esme ha preparado algo delicioso para ti.

Me acerqué a la cocina. El olor era dulce.

– ¿Hotcakes?– adiviné. Esme sonrió. Me senté en mi lugar.

– Espero que te gusten –dijo sirviéndome un plato de hotcakes con miel de maple y un vaso de leche.

Miré a los Cullen, sentados en la sala viendo el noticiero. Alice (aun enojada) acurrucada en el pecho de Jasper, él tenía un brazo sobre sus pequeños hombros, y Rosalie sobre las piernas de Emmett, que jugaba con su cabello rubio. Carlisle en un sillón individual, leía el periódico.

– ¿No comerán?–pregunté.

–Ellos ya han comido desde antes que te levantaras. –dijo Esme señalando la montaña de platos sucios.

– Oh, de acuerdo…

Comí el resto de mi desayuno. Miré el reloj, marcaban las 10:35 de la mañana.

– ¿Has terminado Bella?–preguntó Carlisle, tomando su maletín en una mano y la bata en el brazo.

–Si, el desayuno ha estado delicioso, gracias Esme –dije rodeando la barra y abrazándola. –Nos vemos en un rato –me despedí de los demás.

–Vamos Bella –dijo Carlisle, abriéndome la puerta de la entrada como todo un caballero.

El camino al hospital transcurrió rápido. Carlisle me había contado algunas cosas sobre la familia. Que Alice compraba la ropa de todos en la casa y que cada día ella escogía el conjunto adecuado para cada uno de ellos. Que Jasper y Emmett gustaban de pelear en el jardín, y que Esme siempre entraba en pánico por ello. También me conto que Rosalie y Emmett pronto se casarían y que eventualmente estaba invitada a la boda.

Al llegar al hospital Carlisle abrió la puerta del copiloto y tomó mi mano para ayudarme a bajar. Caminamos hacia el elevador del estacionamiento subterráneo.

–¿Qué me harán? –pregunté un tanto nerviosa.

–Algo rutinario. Te pesarán y te medirán, exámenes de glucosa, análisis de sangre… –comencé a toser violentamente. Carlisle se detuvo y comenzó a palmear mi espalda suavemente. – ¿Qué ha pasado?

–Me he atragantado con mi propia saliva –dije, el se mofó de mi. –Y… con análisis de sangre… te refieres a… ¿agujas?–sentí que las manos me sudaban.

–Tranquila Bella, solo es un pinchazo. –dijo él. Caminamos de nuevo

–Soy B+ –dije, el se detuvo de nuevo.

– ¿Cómo lo sabes?–inquirió.

Buena pregunta…

–No lo sé… ¿es normal? …¿Recordar cosas al azar?–pregunté. El frunció el ceño.

–Supongo que si… pero aun no estamos seguros.

El elevador se abrió. Pasamos por una pequeña recepción donde se encontraba una mujer excesivamente maquillada.

–Buenos días Doctor Cullen –dijo coquetamente.

–Buenos días Ruth, –dijo él, ignorando la forma en que la chica se le insinuaba, pero igualmente amable – ¿Han dejado algún recado para mí?

–Su hijo, el menor, ha llamado temprano. Me dijo que en cuanto llegara le devolviera la llamada a su celular.

–De acuerdo, muchas gracias –dijo Carlisle pensativo. La mujer me miró confundida.

– ¿Viene con usted? –pregunto recelosa.

– Si. Con su permiso Ruth – se despidió Carlisle. Su voz, aunque cortante era amable.

Pasamos un par de puertas hasta que entramos al consultorio de Carlisle. Era bastante lindo.

–Hora de comenzar, Bella – dijo sacando su estetoscopio.

La siguiente hora pasó bastante lenta. Me pesaron y midieron. Resulta que medía 1.65 mts y pesaba 45 kilogramos. Carlisle argumentó que tenía que subir de peso, y que 50 kilogramos estaban bastante bien para mí. El examen de glucosa salió normal. También mis pulmones estaban en buen estado. Cuando llegó la hora de los análisis de sangre una enfermera robusta se acerco con una enorme inyección. Carlisle me ofreció su mano, la apreté tan fuerte que no entendí porque no se había quejado. Efectivamente, mi sangre era B+. Mis glóbulos rojos estaban bien, mis defensas estaban un poco bajas pero la enfermera me dijo que eso se podría arreglar comiendo de manera adecuada. La radiografía de mi cráneo dejaba ver una fuerte contusión en la cabeza, pero un amigo neurólogo de Carlisle le dijo que mi amnesia era provocada por ese golpe tan fuerte, y que el tiempo diría si recuperaba la memoria.

...

–Ponte esto –dijo la enfermera en tono amable, ofreciéndome una bata ligera. –El baño esta por ahí –dijo señalando.

Estúpida bata… era demasiado liviana y el aire se colaba por todas partes… salí a regañadientes del baño. Carlisle me esperaba en la puerta. Salimos del consultorio y entramos a otro que estaba al fondo del pasillo. Dentro estaba una mujer bastante joven detrás de un escritorio. Era muy bonita, de cabello corto y rubio, sus ojos eran azules. Tenía no más de treinta años.

–Bella, ella es mi colega, la doctora Danielle Richards –dijo Carlisle.

–Un placer Bella –dijo la doctora, estrechando su mano. La tomé tímidamente. –Bueno, hora de la revisión. Carlisle, hora de irte –dijo empujándolo por la espalda hacia la puerta.

–De acuerdo, me voy –dijo con una sonrisa. –Bella, si necesitas algo solo llámame –dijo antes de cerrar la puerta.

– Luces nerviosa –dijo la doctora.

– Lo estoy –expliqué – Pero Carlisle está siendo bastante amable… eso me pone más tranquila.

– El está bastante preocupado por ti Isabella…

– Bella –corregí. Carlisle... sonreí. Me sentía halagada de que el y todos los Cullen se preocuparan por mi.

– Bella –dijo ella con una sonrisa. –Hora de la revisión, pon las piernas sobre los estribos por favor.

Pasé saliva ruidosamente.

Carlisle POV

Todo en la casa estaba mejor. Mientras Bella dormía Esme, Alice, Jasper y yo salimos de caza. Jasper quiso ir de nuevo para saciar su sed. Tomó tanta sangre que ahora extrañamente tenía un color rosado en las mejillas y los ojos mas amarillos que dorados. Al entrar a la casa el respiró profundamente, y aunque sé que le incomodó el olor de Bella él ya no tenía sed. No quería lastimarla… inclusive hasta le había tomado cariño.

Antes de que Bella despertara había hablado con Danielle, la ginecóloga del hospital. Le informe lo que había pasado y mis sospechas sobre Bella. Ella accedió amablemente a hacerle una revisión para cerciorarse de que no la habían lastimado de la manera que yo tanto temía.

Para la hora del desayuno Rose y Esme ensusiaron algunos platos con restos de hotcakes y miel de maple para que Bella no sospechara nada. Emmett hizo cara de asco con el olor de la miel. Por ahora me preocupaba que Bella supiera sobre mis ojos... ella me sorprendía, no era una humana comun y corriente, si no que era bastante observadora... había que tener mas cuidado con ella.

Dejé a Bella en el consultorio de Danielle y me encaminé hacia mi oficina. Me senté en mi silla, descolgué el teléfono y marque rápidamente.

¿Diga?–dijo una voz familiar al otro lado de la línea.

–Edward, hijo, recibí tu recado. ¿Cómo has estado? –pregunté alregremente.

Bastante bien, salí de caza ayer en la noche. Ahora me encuentro en el bosque, no soporto ni un minuto más estar cerca de Tanya –dijo frustrado, solté una risotada– Si, ríete… no hay problema...

–Hijo, tú fuiste el que elegiste irte con tus primos, supongo que te ha servido de algo, ¿no?

Claro que me ha servido. Mejoré bastante mis habilidades para cazar. Puedo correr un poco más rápido y mi olfato es más sensible. –dijo orgulloso.

–Me da gusto por ti Edward –dije sincero.

Además, tengo una sorpresa –pude imaginarlo sonriendo.

– ¿De qué sorpresa hablas?–dije curioso.

Ya lo verás, cuando vaya a casa te lo explicaré todo, te va a encantar… –de pronto se escucharon unos pasos cerca de Edward –Carlisle, tengo que colgar, aquí no hay mucha privacidad que digamos…

–Espera hijo, ¿Cuándo vuelves? Todos te extrañamos…

Pronto… -escuche una risa femenina –bastante pronto… ¡alejate Tanya!...Lo siento padre, tengo que colgar.

La línea se cortó. Me reí del pobre de mi hijo, supongo que el vivir con Tanya no hacía su estadía en Denalí muy comoda que digamos...

Tocaron mi puerta. Olfatee, era Danielle, su perfume de rosas la delataba.

–Adelante –dije. Ella entró con una expresión tranquila. – ¿Cómo esta Bella? –pregunté levantándome de mi asiento e inclinándome sobre el escritorio.

– Primero cálmate, y toma asiento… te va a gustar lo que te voy a decir…

Los dos nos sentamos. Yo tenso, y ella recargada en su silla, bastante despreocupada. Tomé una pluma que estaba frente a mí y comencé a jugar con ella nerviosamente.

–Carlisle, la han lastimado bastante… –la pluma se doblo como si fuera plastilina. Ella no se dio cuenta. – Pero debo decirte que es mejor de lo que esperaba… no ha habido violación. –dijo ella, sonriendo.

– ¿Y se supone que me ha de gustar esa noticia? ¿Qué no la han lastimado lo suficiente? –pregunté alterado, alzando un poco la voz. Me levanté de mi asiento.

–¡Aún no termino! –dijo ella levantando un dedo en mi direccio, indicando que me sentara de nuevo. Suspire pesadamente– No la han violado… pero si lo intentaron, está muy lastimada, parece que solo la tocaron exteriormente. Pero no hay lesiones en el cuello del útero ni nada por el estilo… ella aun es virgen… así que no debes preocuparte por nada –dijo sonriendo.

– ¿Cómo me puedes pedir eso? ¡Si han intentado abusar de…!

–Pudo haber sido peor… –me calló– Ella está bien, las lesiones externas sanarán en una semana aproximadamente y todo volverá a ser normal.

Eso espero…

Bella POV

Lo peor ya había pasado. La doctora me dijo que la razón por la que me dolía en la entrepierna era porque alguien me había lastimado. Asentí tontamente, por lo menos no había sido peor...

Ya me había terminado de cambiar de ropa y me dirigí hacia la puerta, que se abrió antes de que yo pudiera tocarla.

–Pasa Bella, Carlisle te espera. –dijo Danielle amablemente haciendose a un lado para que yo pudiera pasar.

–Gracias doctora, por todo…

–No ha sido nada Isabella –su blanca sonrisa centelleaba.

Caminé hacia el consultorio de Carlisle. Cuando vi al final del pasillo a un policía recargado en la pared, con los ojos cerrados y la cabeza gacha.

Era alto y delgado. Cabello negro y ondulado, y tenía bigote. Lucía cansado. No sé porque, pero me era familiar…

– ¿Qué ocurre Bella? –dijo Carlisle a mis espaldas. Me giré a verlo, ya llevaba su bata en el brazo y el maletín en la otra, listo para irnos a casa.

–Ese hombre… –dije señalándolo – ¿Quién es?

–Es el jefe Swan, el sheriff del pueblo… –Swan…– ¿Por qué lo preguntas?-dijo ladeando la cabeza un poco, como un niño pequeño.

–Por nada… vámonos… –dije, dándole la espalda al policía.

...

¿Swan…?


Chan chan chaaan... jajajaj espero que les haya gustado, se que no hay mucho esta vez, pero el próximo capítulo es el mejor de todos los que han leído hasta ahora... imaginense porque ;D

Dejen sus reviews porfavor :)

Gracias, nos leemos.