Perdon por tenerlos tan abandonados.
No se debe a la escuela, o a problemas personales, nada de eso. Simplemente batallé un poco en escribir este capítulo pues no me convencía del todo cuando lo terminaba, inclusive lo corregí de principio a fin bastantes veces, y creo que por fín puede reflejar lo que imaginé en un principio.
Gracias por leerme, y sobre todo por esos reviews que adoro leer, sabiendo que la historia es de su agrado.
Ya casi llegamos a los cien reviews:P
En fin, disfruten este capítulo. Prometo no abandonarlos de esta manera de nuevo... a menos que la creatividad me abandone repentinamente como las ultimas semanas jajjaja.
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Disclaimer: Twilight y los personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico esta historia.
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Capítulo 8: Conociendo la historia... completa
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Bella POV
Observé el cielo desde mi lugar entre las sábanas, las nubes comenzaron a deslizarse por el cielo azul y ocultaban de forma fugaz y momentánea el sol, proyectando sombras sin forma sobre mi cama. Y después el sol no volvió, el día volvía a tornarse sombrío y triste, como cualquier otro día en Forks.
Presté más atención a mi entorno. El sofá de cuero negro se encontraba junto a la pared de vidrio. Ahora mi cama ocupaba la mayor parte del cuarto de Edward.
Edward…
Recordé aquellos cabellos broncíneos que me mecieron violentamente al dejar la habitación en aquella actitud desesperada. Y por alguna razón sabía que de alguna manera yo tenía algo que ver en todo esto.
– Carlisle… – pronuncié lentamente. El me observó tranquilo, esperando a mi pregunta. – ¿Qué es lo que pasa con Edward?
Su rostro cambió drásticamente a una máscara cargada de una mezcla de tristeza y desesperación, la clase de rostro que un padre mostraba cuando se encontraba preocupado por su hijo.
– Tú ya lo has dicho Bella, es tu sangre… – murmuró. Pareció dudar antes de seguir hablando, como si le costara elegir las palabras adecuadas. – Para nuestra… especie… es difícil controlarse en un principio. Tienen que pasar muchos años antes de desarrollar un control casi tan perfecto como para salir a las calles y no abalanzarse contra la gente. Después de algún tiempo logramos hacerlo, pero ese control puede decaer cuando uno encuentra su… – vaciló. Parecía estar tratando de encontrar la palabra adecuada. – Sabes que todos disfrutamos de diferentes sabores. Algunos prefieren el helado de chocolate y otros el de fresa. – asentí. –Lamento emplear la analogía de la comida, pero no se me ocurre otra forma de explicártelo. – dijo claramente avergonzado.
–Yo soy como su… marca personal de heroína, por así decirlo. – dije. Carlisle sonrió levemente y asintió.
– Exactamente… solo nos pasa a unos cuantos. En lo personal me pasó con Esme antes de convertirla, y a Emmett con dos mujeres, hace ya varios años…
– ¿Qué pasó con ellas? – pregunté. La sola mirada de Carlisle lo explicó todo.– Creo saberlo…
– Pero Edward… jamás le había ocurrido algo así. – dijo ausente. Después se sentó en el borde de la cama y me miró con ojos suplicantes. –Solo quiero aclararte que Edward no es como parece. El es bastante bueno y noble, la faceta que has visto de el hasta ahora es solo su instinto. Te pido que lo comprendas, porfavor. Esto no es fácil para el…
– No te preocupes Carlisle, lo entiendo perfectamente. – sonreí, inspirándole confianza. Sus labios se curvaron hacia arriba en una expresión de alivio. – De acuerdo… son vampiros, no consumen sangre humana, son fuertes, rápidos, fríos… ¿me falta alguna otra cosa? –pregunté con una sonrisa en el rostro.
– ¿Desde cuándo lo sabes, Bella? –no me miró.
– Creo que desde siempre –comencé, levantándome de mi lugar y colocándome las zapatillas que se encontraban al pié de la cama. – Yo… tengo recuerdos muy borrosos de cuando me encontraron –se giró hacia mi, interesado – pero todos llegan a una sola cosa: ustedes no eran como los demás.
– ¿Eso nos delató? –inquirió serio.
– No… cuando Edward… gruñó… recordé al vampiro de ojos carmesí. El también era muy frío y fuerte, solo que el… – me estremecí, dejándome llevar por el recuerdo – bueno, el no era amable…
Carlisle frunció el ceño, contrayendo su hermoso rostro en una mueca preocupada.
– ¿Qué más puedes recordar sobre ti? – dijo desviándome del tema, agradecí por ello.
– A mi madre –los ojos comenzaron a molestarme, parpadeé un par de veces para no llorar antes de continuar – en mi mente ella se parece a mi, pero es mucho más bonita…
– ¿Qué pasó con ella?
– Yo…
– ¡No! – Carlisle levantó la vista hacia la puerta alarmado.
– ¿Qué sucede? – no me respondió. Se acercó a mí y me tomó en brazos. – ¿A dónde vamos? –pregunté rodeando su cuello.
– Es Edward… –Carlisle caminó hasta la puerta y la abrió conmigo en brazos. – Cierra los ojos –ordenó.
Obedecí, y sentí un mareo horrible. Cuando abrí los ojos nos encontrábamos en el primer piso.
¿Qué si me impresionaba que un vampiro bajara tres pisos en dos segundos, conmigo en brazos?
No… ya no.
Carlisle me bajó cuidadosamente, y cuando levanté la mirada pude observar lo que ocurría.
–Te quiero, mamá– dijo Edward mientras posaba sus labios en la frente de Esme y se encaminaba a grandes zancadas a la puerta principal.
¿QUÉ?, ¿Se iba?
No. No. No…
No era justo… no era justo que él se fuera de aquí por mí… todos lo querían aquí, todos hablaban de él a diario y yo sabía que se les partiría el corazón si Edward se marchara de nuevo. De ninguna manera iba a permitir que las personas que yo amaba sufrieran de esa manera al ver a su hermano irse de su casa… y por culpa de una desconocida…
Yo había provocado aquella pelea entre Emmett y Edward, había provocado que Esme se preocupara y también que Rosalie lo mirara con odio. Había provocado aquella horrible mueca de dolor en ese irreal y hermoso rostro.
Y aunque me fuese difícil aceptarlo, la verdad era que yo tampoco quería que él se marchara.
–Edward… no te vayas… –solté de pronto.
El se detuvo antes de tocar la perilla. Mi corazón empezó a latir rápidamente, haciendo que mi respiración se acelerara de modo alarmante. Lentamente giró en mi dirección, con mirada inexpresiva. Inhaló por la nariz, contrayendo su rostro.
Y me miró tortuosamente. El corazón se me encogió.
–Porfavor –supliqué con el corazón destrozado.
El se iría…
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Edward POV
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Clavé mi mirada en aquellos ojos chocolate, haciendo que Bella bajara la mirada. Un hermoso rubor apareció en sus mejillas. ¿Me quedaría? Ella me había pedido que me quedara, me había suplicado que me quedara. Pero la pregunta adecuada era ¿podría hacerlo?
La observé de nuevo, esta vez con mas detenimiento.
No era un rostro común, pero tampoco era uno que se pudiera olvidar fácilmente. En aquella mujer había algo singular, auténtico y original que hacía que uno rompiera los cánones seculares de belleza para enamorarse de su extraña imagen. Era un rostro que no pasaba inadvertido. Una serie de finas cicatrices cubrían sus brazos y parte de su cuello, nada que el ojo de un humano pudiera notar. Su cabello castaño caía en ondulaciones por su espalda y pechos hasta su cintura. Su mirada era triste y nostálgica, unas ojeras grises adornaban sus ojos. Su cuerpo era esbelto, ni muy delgada ni muy exuberante… simplemente perfecta…
Siento admiración en estos momentos… ¿con que la "humana" no te atrae, eh?
– Jasper… –amenacé, el rió entre dientes.
– ¿Qué demonios se traen ustedes dos? – preguntó Emmett visiblemente frustrado. El odiaba este tipo de conversaciones privadas.
Edward… me llamó Alice, alarmada. Algo está cambiando... esta vez toma mas fuerza...
Presté más atención a la visión que comenzaba a tomar un rumbo nuevo.
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Dos figuras. Y un hermoso lugar.
Bella y yo nos encontrábamos sentados en la mullida hierba, en un prado… en mi prado.
Ella yacía entre mis piernas, recargada en mi pecho y con una sonrisa de satisfacción en los labios. Lentamente fui poniendo los brazos alrededor de su frágil cuerpo, cerrándolos en un abrazo protector, amoroso. Casi pude sentir su piel que quemaba como fuego a mi cuerpo, como si realmente estuviese ahí.
El sol se fue filtrando entre las copas de los árboles, llenando de luz el claro en su totalidad. Mi piel comenzó a centellear, proyectando millones de arcoíris hacia todos los lugares posibles. Ella bajó la mirada hasta mis brazos, los observó meticulosamente y depositó un suave beso en ellos.
Bella no me temía. No temía que yo fuese diferente. Suavemente, pasó sus tersas y delicadas manos por mis brazos hasta llegar a mis manos, donde entrelazó cuidadosamente nuestros dedos.
Yo suspiré extasiado. Ella sonrió dulcemente.
– Eres como un diamante…
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– ¡Ya basta Alice! –bramé. Bella brincó asustada en su lugar.
– Como si yo fuese responsable de lo que acabas de ver – dijo irritada.
– ¡¿Alguien quiere decirme que demonios está pasando? – protestó Emmett. Todos lo ignoramos olímpicamente.
¿Ella y yo? ¿Juntos? De ninguna maldita manera iba a permitir que eso se convirtiera en realidad… no me iba a permitir enamorarme de ella. Observé a Alice, que tenía una descarada sonrisa de satisfacción, estaba claro que aunque ella no tenía nada que ver en esto, claramente deseaba que sucediera.
– Es por eso que debo irme Alice… – murmuré bastante apagado. Pude ver a Esme dando un paso en mi dirección, y luego la mano de Carlisle ceñirse sobre su cintura, deteniéndola.
No seas idiota… has visto lo que va a ocurrir…
– Puedo hacer algo para cambiarlo... puedo cambiar el futuro – advertí en voz baja, para que Bella no escuchara. Alice entornó los ojos.
No hay peor ciego que el que no quiere ver…
¿No querer ver qué? ¿El hecho que estaba demasiado fascinado con una humana? ¡Claro que lo veía! Y por eso mismo sabía que debía irme. Una relación entre nosotros no sería normal, jamás podría funcionar.
Quizás si evitaba a la chica las visiones de mi hermana no se cumplirían jamás, y ella estaría a salvo del horrible monstruo que yo era. Ahora tenía todo organizado del modo que me gustaba mi nuevo plan. Además… ¿por qué debía permitir que esa deliciosa e irritante personita lo arruinara todo? Simplemente tendría que esperar a que un milagro ocurriera y ella se marchara de aquí, y así todo volvería a la normalidad.
No tenía por qué disgustar a mi padre, ni causar tensión, preocupación o dolor a mi madre, o a mis hermanos y hermanas.
La curiosidad me invadió al sentir un frenético latido. Dirigí mi mirada hacia ella y sus ojos encontraron a los míos de nuevo. Rápidamente miró hacia abajo y volteó el rostro, escondiéndose detrás de su denso cabello.
¿Qué estaba pensando? Llevaba apenas un minuto en silencio y la frustración parecía estar poniéndose cada vez más desesperante. Traté de probar una vez más entrar en su mente. Mi don siempre venía a mí naturalmente, sin pedirlo, por lo tanto nunca tuve que esforzarme para lograrlo. Pero ahora me concentré, tratando de pasar a través de lo que fuera que tenía a su alrededor y me encontré con el más chocante de los silencios.
¿Quién era ella, y porque tenía que ser tan especial?
Emmett se aclaró la garganta ruidosamente, sacándome de mis pensamientos. Bendita sea tu estupidez en estos momentos, querido hermano…
– Entonces… ¿te quedas? –preguntó Emm con una gran sonrisa. Rose a su lado fingía ignorar la situación por completo.
¿Me iba a quedar? ¿En realidad quería permanecer en la misma casa que esa maldita y exquisita humana que me descolocaba en todos los malditos sentidos posibles?
Si… claro si.
– De acuerdo –dije finalmente, suspirando derrotado. La sala entera se llenó de júbilo.
– ¡Edward, Edward! –canturreó Alice, atrapándome en un abrazo. – ¡Me da tanto gusto que te quedes!
– Y a mí me da gusto estar de vuelta en casa –dije plantándole un beso en el cabello.
– Hijo, tenemos una plática pendiente –dijo Carlisle. Asentí en silencio, yo sabía perfectamente a que se refería – Todos a la sala –ordenó tranquilamente.
…
Bella POV
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Caminamos todos en silencio. Me senté en el sillón grande, entre Jasper y Emmett, quienes a su vez tenían a su lado a Alice y Rosalie respectivamente. En el sillón de enfrente Carlisle yacía tomado de la mano con Esme junto a él. Edward se sentó en el sillón individual, en una postura relajada cruzó las piernas. De pronto, extrañado, miró a todos lados, como buscando algo.
– ¿Dónde está mi piano? – preguntó Edward, asustado y confundido.
Todos se miraron entre sí. Escuché reír a Alice y Jasper. Edward clavó sus ojos en Emmett, para después practicamente atravesarlo con la mirada.
– ¡¿Qué? –bramó furioso.
– Sabes bien que ese tipo no se controlan Eddy… – comenzó a explicar Emmett, bastante nervioso. Antes de que Edward se levantara para hacerle quien-sabe-que, Carlisle se levantó a una velocidad poco visible y lo detuvo alcanzándolo por los hombros.
– Contrólate, hijo…
– ¿Controlarme? ¡Emmett es un ser totalmente indecente! – exclamó horrorizado.
– ¡No sólo fui yo, también fue Rose! – se justificó Emm, provocando una mirada asesina de parte de Edward. – ¡Te compraré uno… mas grande, más bonito y más raro!… ¡lo juro! – prometió, aún nervioso.
–Tenía cuarenta y tres años con él... – se lamentó en voz baja. ¿Cuarenta y tres años, había dicho?
Edward suspiró frustrado, pasó una mano por su hermoso cabello y se reclinó hasta atrás en el sofá, relajándose de nuevo. Y yo seguía sin entender ni una sola palabra de todo este asunto. Una vez que todo se calmó, volvimos al tema central.
– Antes de comenzar… necesitas saber algo más Bella – dijo Carlisle.
– ¿Mas sorpresas? – inquirí.
– Muchísimas más – respondió divertido y a la vez nervioso, estaba claro que aún no se acostumbraba a hablar del tema con tanta naturalidad frente a mí. – Todos en esta familia poseen… habilidades por así decirlo.
Las siguientes horas hablamos sobre la condición de la familia Cullen. Me explicaron pacientemente las habilidades que uno adquiría al convertirse. Sus cinco sentidos se agudizaban, además de que Carlisle tenía la teoría de que todos traían consigo algo de cuando eran humanos.
Además, de que cada quien poseía una habilidad única.
– ¿Qué es lo que tú haces? –le pregunté a mi gigante favorito – ¿Te conviertes en murciélago?
Toda la sala estalló en risas, inclusive Edward sonrió dulcemente. Mi corazón enloqueció en ese entonces.
– ¡Como si no hubiéramos oído eso antes! –se mofó Emmett a mi lado. – Para tu información mi querida y torpe Bella –fruncí el ceño, no quería recordar mi torpeza entre todos estos vampiros – Yo soy el más fuerte de esta familia.
–Emmett es uno de los vampiros más fuertes que he visto en toda mi existencia, ni siquiera Jasper y yo juntos poseemos una fuerza como la de él – dijo Carlisle orgulloso – es algo que trajo consigo, al igual que todos. Por otra parte Rosalie posee un don y a la vez algo muy útil, algo que los vampiros tardan en desarrollar siglos inclusive.
– ¿Y qué es? –pregunté, inclinándome hacia el.
– Rose jamás ha probado la sangre humana, ella es quien tiene el mejor autocontrol de nuestra familia, supongo que el ser tan tenaz ha de servir de algo –Carlisle sonrió tiernamente, mientras le dedicaba una mirada paternal a Rosalie. – Además ella puede… manipular, por así decirlo, la mente y voluntad de las personas… inclusive de los vampiros.
– Es gracias a mi hermana que siempre conseguimos irnos con el registro limpio de algún lugar si alguna persona llega a sospechar algo de nuestra condición. – Jasper sonrió cómplice con Rose.
– ¿Y porque puedes hacer eso?
– Digamos que era un poquito manipuladora en mi vida humana – explicó Rosalie inocentemente.
Para mi sorpresa, Alice me reveló que podía ver el futuro aunque de una forma meramente subjetiva, lo que quería decir que el futuro se encontraba en constante cambio. Jasper me explicó dulcemente lo que era ser un empático, y fue cuando todo encajó… ahora sabía porqué al estar con él siempre me sentía tranquila.
– Edward puede hacer otro tipo de cosas… él es más ágil y rápido de todos nosotros, además de que puede leer la mente… –dijo Carlisle en un tono de voz bastante casual.
¿L… leer la mente?
Oh. Mi. Dios.
Sentí una oleada de calor, desde mi clavícula hasta el nacimiento de mi cabello. Que se vio apagada en cuanto Jasper tomó mi mano.
– ¡Wow! ¿Qué ha sido eso, manzanita? – preguntó Emmett. Siempre tan inoportuno…
– N… nada… ¿d… decían algo de leer la mente? – era obvio que el nerviosismo de mi voz se notaba a kilómetros. Traté de no mirar a Edward. Traté de no mirar a nadie…
– Edward despertó con esto, al igual que todos. Aunque tiene una excepción…
– ¿Quién?
– Tú… – me envaré en mi lugar. Lentamente fui subiendo la mirada hasta encontrarme con aquellos hermosos ojos topacio que me miraban con dureza, miré hacia otro lado intimidada. – Eres la única persona que ha sido capaz de bloquear mi don, lo peor de todo es que no sé como lo haces – su voz sonaba cargada de desesperación.
— ¿Mi mente no funciona bien? ¿Soy un bicho raro?
De pronto, una hermosa melodía llenó el salón, siendo su risa el sonido más hermoso que jamás había escuchado, haciendo eco en mi interior.
Edward se sacudió en su lugar, repentinamente divertido.
—Yo oigo voces en la cabeza y es a ti a quien le preocupa ser un bicho raro —se mofó.
Me sonrojé… al menos Edward no podía leer mi mente, eso era algo a mi favor…
– Ahora, Edward… ¿me puedes decir sobre esa nueva habilidad tuya? – inquirió Carlisle, con la voz cargada de curiosidad.
– Claro – dijo Edward gustoso. – En el tiempo que estuve en Denalí, Eleazar pasó cerca de dos meses investigando la manera en la que funcionaba mi don. Lo comparó con algunos miembros de la guardia Vulturi. Una tal Jane, por ejemplo, activa su don cuando le plazca, al igual que su hermano y otros más. Entonces llegamos a una conclusión. ¿Podríamos hacer eso mismo el resto de nosotros? Rosalie lo hace, al igual que Jasper y tú, Carlisle. Así que Carmen gustosamente aceptó ayudarme. Después de un par de meses pude lograr bloquear los pensamientos aunque fuese por unos segundos. Los últimos dos meses lo pude perfeccionar, aunque aún tengo dificultad para concentrarme. Es algo difícil pero estoy seguro de que con el pasar de los años podré bloquearlo a mi voluntad.
Después de que la plática se centrara por completo en Edward, Esme preparó algo de comida para mí y juntos escuchamos lo que Edward había vivido en los últimos seis meses.
– Al final de cuentas, también logré desarrollar mis sentidos de caza, aunque jamás seré capaz de llegarle los talones a mi hermosa madre – alegó con la voz cargada de afecto.
Carlisle anunció con orgullo que su esposa era una de las mejores rastreadoras que había conocido. Al ser una ignorante en el tema, ellos pacientemente me explicaron lo que era un rastreador. No podía imaginarme a la dulce y tierna Esme como tal.
– Tuve muchísimo tiempo libre – explicó – Hubo un tiempo en el que Edward se alejó de nuestro lado para llevar una vida de nómada, y Carlisle estaba todo el tiempo en el hospital… y yo no tenía obligaciones de una ama de casa normal, como tener la comida lista o cuidar de algún hijo… así que lo único que podía hacer era entrenarme para agudizar aún mas mis sentidos.
– ¡Esa es mi madre! – dijo Emmett con orgullo, todos reímos.
– Esme posee otra cualidad – Carlisle pasó un brazo por los hombros de su esposa, acercándola a él. – Es algo extraño y tardamos muchos años en descubrirlo. Esme puede "atraer", por así decirlo. Tiene un aura consigo que hace que te sientas atraído hacia ella sin pensarlo. En el primer instante en el que abrió los ojos después de haber sido convertida me enamoré de ella – besó los cabellos caramelo de Esme – Con los demás sucedió diferente… en cuanto Edward llegó ese día se quedó prendado de ella. Igual pasó con Rosalie, Emmett, Jasper y Alice.
– Y conmigo – confesé. Una sonrisa cruzó por el rostro de Esme.
– Pero lo que Carlisle es capaz de hacer es sin duda el mejor don de todos… – alegó Esme, dedicando una mirada a su marido, la cual me fue difícil comprender – Su don es luz… la luz es pureza, es vida. –explicó, con una repentina paz emergiendo de ella – Carlisle es capaz de curar heridas físicas de vampiros y humanos, esa es la razón por la cual sanaste bastante rápido Bella… –parpadeé sorprendida.
La plática se extendió un poco. Carlisle había traído consigo la bondad. El ser un vampiro y a la vez un médico fue todo un reto al principio para Carlisle, al estar rodeado de sangre todos los días. Tal y como me habían explicado, el olor de la sangre era un detonante para ellos, una puerta para que saliera el depredador que llevaban dentro. Pobre Carlisle…
– No te sientas mal por mi, Bella – me dijo tranquilamente – Ya casi ni siento el olor…
– ¿Y cómo lo lograste?
– Siglos de práctica – se encogió de hombros.
Siglos…
– ¿Sucede algo? Te noto tensa… – Jasper, a mi lado, acarició mis cabellos. Sentí una paz repentina.
– Solo… tengo curiosidad…
– Tu siempre tienes curiosidad, manzanita – me acusó Emmett. Le empujé sin lograr que se moviera un solo milímetro.
– ¿Qué quieres saber, Bella? – preguntó Esme, con aquel tono dulce que le caracterizaba.
–Bueno… –dije jugando nerviosamente con un mechón de mi cabello.
– Adelante – me incitó Carlisle. Tomé bastante aire antes de hablar.
– ¿Qué edad tienen? –pregunté nerviosa.
– ¿La que aparentamos, la que tenemos o la que teníamos al convertirnos? –preguntó Alice, bastante divertida. Intenté articular alguna palabra sin éxito. La pregunta me había tomado completamente por sorpresa. – De acuerdo… todos aparentamos la edad que teníamos al convertirnos, excepto por Carlisle y Esme, que por ende tienen que aparentar mas años… entonces queda así: Jasper, Rosalie y Emmett aparentan veinte, la edad que tenían al convertirse excepto Rosalie, que fue convertida a los dieciocho. Carlisle treinta y tres y Esme treinta, pero fueron convertidos a los veintitrés y veintiséis respectivamente. Edward diecisiete y yo diecinueve, las cuales son nuestras edades reales. Pero si hablamos de edad cronológica, Carlisle es el más viejo de todos nosotros, contando con trescientos setenta y un años. Después le sigue Jasper, con ciento cuarenta y ocho años. Esme, con ciento dieciséis. Edward y yo ciento diez años, ya que ambos nacimos en 1901. Rose y Emmett nacieron el mismo año también, siendo convertidos con dos años de diferencia, por lo que ambos tienen noventa y seis.
Asentí, tratando de procesar la información que acababan de darme lo más rápido posible.
– ¿Ahora si nos tienes miedo? – preguntó Emmett con un atisbo de esperanza desbordándose en su voz.
Así, la tarde se pasó rápidamente. Carlisle tuvo que hablar al hospital, avisando que ese día no iba a poder acudir a trabajar.
Todos y cada uno de ellos fueron contando su historia. La impresionante anécdota de Carlisle, la triste historia de Esme, la desgarradora historia de Rosalie, la impactante historia de Emm y por último la aterradora historia de Jasper y al final su encuentro con Alice.
– Ha sido una historia preciosa – alegué, a la vez que todos me miraron como si estuviese loca. – Me refiero a la parte donde se encuentra con Alice… debe de ser maravilloso encontrar alguien que te pueda corresponder de ese modo…
– ¿No recuerdas a alguien que te haya correspondido de esa forma, Bella? – preguntó Rosalie.
– No… sinceramente no recuerdo mucho de mi vida antes de llegar aquí.
– Pero… tú sabías que éramos vampiros… – dijo Jasper, un tanto confundido.
– Debo decir que, de cierta forma, yo sabía todo desde un principio, tengo recuerdos muy borrosos de cuando me encontraron… todo eso se mezclo con mi pasado, al principio nada encajaba, no podía ser que pudieran caminar tan rápido… o que no comieran, o que todos tuvieran ese extraño color de ojos, siendo adoptados… – mi voz fué apagándose, hasta convertirse en un murmullo. – Así que decidí que no importaba… – me encogí de hombros.
– ¿Qué no importaba? – escupió Edward, que por primera vez hablaba desde hacía horas.
– No, no me importa en lo más mínimo lo que sean…
– ¿No te preocupa que seamos unos monstruos? –me preguntó con desdén. – ¿Que no seamos humanos?
– No…
– ¿Que consumimos sangre, la cual corre por tus venas?
– Carlisle ha dicho que consumen sangre de animales, no de humanos – contraataqué, levantándome de mi lugar.
– Eso no nos impediría…
– ¡Edward! – le reprendió Esme. El siguió clavando su mirada en mí, con odio.
– ¿Acaso no lo ven? – preguntó incrédulo – ¡No pueden seguir con esto! ¡Ella es una humana!
– Hijo, basta –pidió Carlisle con dureza.
En un abrir y cerrar de ojos se encontraba frente a mí, lo suficientemente cerca para sentir su respiración agitada.
– Somos vampiros, y somos peligrosos –me dijo lentamente, como si fuera una niña pequeña – Esto es un error… y el que vivas en una casa llena de vampiros no es seguro. Grábatelo.
– No me importa – dije mirándolo a los ojos. La diferencia de estaturas era intimidante, aún así, no me doblegué.
– Isabella, hablo en serio –dijo entre dientes.
– Yo también… ya te he dicho que no me interesa… no me importa lo que sean…
– Jamás vuelvas a repetir eso… – amenazó.
– Suficiente – dijo Jasper furioso, interponiéndose entre nosotros.
– Edward, Bella pertenece a esta familia ahora al igual que tu… así que intenta llevar todo este asunto en paz… ¿puedes hacerlo? – preguntó Carlisle, observando detenidamente. Supe en ese momento que ambos mantenían una conversación dentro de la mente de Edward.
El asintió lentamente, con los labios apretados y los brazos cruzados fuertemente contra su pecho. Carlisle palmeó su espalda un par de veces y Edward se alejó del lugar sin que yo pudiera notarlo.
– Dale tiempo… ya te he dicho que aún es difícil para el… – explicó Carlisle.
– Claro… – dije en un hilo de voz.
– ¿Ahora si nos tienes miedo? – preguntó Emmett, rompiendo la tensión del momento y provocando una serie de risas en la sala.
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Habíamos estado todo el día hablando. Me habían explicado todo respecto a su mundo, absolutamente todo y para cuando Carlisle concluyó ya se había hecho de noche. Bostecé abiertamente.
– Hora de dormir Bella – ordenó Esme, tomando una de mis manos y levantándome del sillón con cuidado.
– Esme… mi recámara tiene un gran hoyo en la pared… –dije obviando el asunto.
– Dormirás en la recámara de Edward – la miré asustada. Después de todo, no quería dormir en la recámara de la persona que me detestaba… – Solo por hoy – dijo al notarme tensa.
Subí las escaleras sola, alegando que tenía piernas, que podía caminar perfectamente y que era de por más que alguien tuviera que cargarme todas las noches hasta mi recámara. Asintieron todos de mala gana.
Al pié de la recámara me detuve, tratando de escuchar cualquier ruido proveniente de adentro.
Al parecer Edward no se encontraba ahí, por lo que tomé la perilla y la giré lentamente. Una vez dentro inspeccioné cada rincón para asegurarme de que estaba sola, confirmándolo al segundo siguiente.
Me vi sumergida en una serie de pensamientos profundos, y todos giraban alrededor de Edward. Por alguna maldita razón me dolía su indiferencia, para mí él definitivamente no era indiferente. Él solo sentía desprecio por mí, eso era lo que me estaba matando.
– Isabella – pronunció una hermosa voz a mis espaldas, sacándome de mis pensamientos y haciendo que me sobresaltara.
– Edward… me has espantado…
Al girarme pude verlo a la luz de la luna, tal y como lo vi aquella vez que lo vi por primera vez, solo que con una expresión diferente. La diferencia entre ambos rostros saltaba a la vista, ahora no solo era hambre, si no... desprecio, y odio.
Tranquilo corazón... no tienes que latir tan deprisa... musité para mi misma. Solo es un endemoniadamente sexy vampiro que quiere devorarte... ¡ah! y para colmo te odia...
– Quiero que quede una cosa muy clara, Isabella –pronunció mi nombre con desdén – Si quieres seguir viviendo tendrás que mantenerte alejada de mí. – dió un paso hacia mi – Quizá mi familia te incluyó en nuestras vidas, quizá todos te colman de atenciones y mimos... – otro paso– mas sin embargo no esperes nada de mí. – otro paso nuevamente, ahora nos encontrabamos lo suficientemente cerca de modo que nuestros pechos casi se tocaban. – ¿En conclusión? – Lentamente fué bajando sus labios hasta mi oído, donde expulsó su aliento embriagador que tocó parte de mi cuello, haciéndome estremecer. –No te me acerques… no te quiero cerca de mí.
Y dicho esto se marchó, dejándome sola en medio de la habitación… con unas gruesas lágrimas cayendo incansablemente por mis mejillas.
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Aun siento que le falta algo... en fín.
Respecto a los dones que les di... bueno deje a Edward, Alice y Jasper con los mismos, a Emmett no le arreglé nada y Carlisle, Esme y Rose tienen nuevos dones... a decir verdad pense mucho cuales iban a ser los que quedaran con ellos... y a Rosalie le va muy bien el manipular a la gente jajaja, Esme es un encanto en toda la extension de la palabra, por eso puede atraer a la gente hacia ella (algo asi como la hermana de Aro), y Carlisle... fue con el que mas batallé. La personalidad de Carlisle es sencilla, es pura, no se me ocurrio mas que tuviera un don tan limpio y transparente como el.
En el siguiente capítulo van a pasar cosas bastante interesantes... y cuando digo BASTANTE... son bastantes ajjaja.
Dudas, comentarios, sugerencias, háganlos con toda confianza... me gusta mucho ver las opiniones de ustedes.
Gracias de nuevo por su atención y sus reviews.
Los amo:)
