"A TU LADO"
Capitulo 4
- A donde vas zorrito, vuélvete a la cama y duerme un rato más.-
Resignado al sentir su cola ser sujetada, con la cabeza baja volteo a ver al humano.
- Ya pronto va a amanecer Miroku!!! E Inuyasha no ha traído de vuelta a Kagome.-
El monje tomo al pequeño en brazos recostándolo a su lado.- Duerme un rato mas, si todo sale como espero, cuando ese par vuelvan te traerán una sorpresa, pero antes tenían mucho de que hablar.-
El demonio lo miro curioso pero termino aceptando las cosas acomodándose mejor para seguir durmiendo.
Mas alejada Sango sonrió con ternura ante lo que vio.
El silencio entre ellos los mantenía en paz, por el momento no tenían nada mas que decirse. Se sintieron observados pero no le dieron importancia, el único que al parecer no se percatara de que ellos estaban cerca era el kitsune que se quejaba incesantemente.
- Por que tanto drama enano?-
El grito de sorpresa del pequeño fue grande, la pelinegra se alejo dejándolos peleando como era costumbre y a Inuyasha intentando averiguar cuanto podían estirar las mejillas del otro.
Sango observaba a su amiga sentarse a su lado la intensidad de su mirada buscando saber que sucedía frustrada al notar que Kagome se mantenía imperturbable y comenzaba a ayudar con la comida.
Ella volteo a ver al monje que se encogía de hombros mientras paseaba la mirada de la sacerdotisa al hanyou. "Con que así se sentía no entender nada" pensó, esperando obtener las respuestas en poco tiempo se levanto, ya que la miko no parecía interesada, para poder separar al par de mocosos que iniciaban una segunda ronda de insultos.
Al iniciar la comida la sorpresa y duda aumento al ver al hanyou procurando a la chica antes de que el mismo se sentara a comer, con la sencilla recompensa por parte de ella de una sonrisa.
- Partiremos mañana temprano, (dijo el hanyou acaparando la atención de los demás y haciéndolos olvidar su curiosidad) mientras mas pronto acabemos con Naraku mejor, así que preparen sus cosas.-
(…)
Tres figuras se encontraban apartadas murmurando entre ellas, llevaban casi dos semanas de viaje y aun sus preguntas no habían sido respondidas, la vida era nuevamente entre lo que ellos podían considerar normal o por lo menos la convivencia era mas tranquila, las peleas continuas que protagonizaban la sacerdotisa y el medio demonio habían desaparecido por completo, ahora pasaban casi todo su tiempo juntos, hablaban y hasta reían entre ellos, aunque nunca habían dicho abiertamente que su relación hubiera pasado a ser una de pareja.
También tenían una nueva manía de dar paseos nocturnos después de la cena, en un par de ocasiones Shippo los había acompañado, esas veces al caminar a su lado escuchando la amena platica entre ellos y las ocasionales risas de la joven se sintió como si estuviera caminando junto a su padre y madre, la tranquilidad que le daban era la de estar en familia.
- Espera, quiero que veas algo. -
Kagome se detuvo y volteo a verlo con la sonrisa brillándole en el rostro, el sintió su corazón palpitar dentro de su pecho en cuanto la miro, se acerco a la mano estirada de ella y la tomo entre las suyas. Sorprendiéndola la tomo entre sus brazos internándose con ella entre los árboles.
Ella se acomodo contra su pecho y rodeo su cuello con ambas brazos sintiendo la textura del rata de fuego contra su mejilla y el acompasado palpitar del corazón del chico.
Cerro los ojos dejándose llevar completamente confiada, aun cuando detuvieron su andar el le pidió que los mantuviera así hasta que la deposito suavemente en el piso sin dejarla de sujetar por la cintura.
- Abre los ojos.-
Frente a ella, iluminado por la brillante luna llena un frondoso paraje rebosante de flores, la pelinegra exclamo emocionada y dio unos pasos entre ellas, él satisfecho consigo mismo se dejo caer sentado en su típica posición, mirándola tranquilamente mientras ella iba de un lado a otro recolectando algunas flores.
Alzando su vista al cielo frunció el ceño, la luna en su esplendor permitía la clara visión creando una noche perfecta con suave brisa que aliviaba el sofocante calor, miro a Kagome nuevamente que por lo que parecía, las estaba entretejiendo dejando que las libélulas danzaran a su alrededor.
Como podía protegerla? Que debía hacer con tal de conservar aquellos momentos para toda la vida? No podía evitar el que se cerebro se llenara de los grandes peligros que corrían diariamente, del los que ella en particular era presa siendo la custodia de la perla, la batalla estaba próxima y el la estaba guiando hacia una muy posible muerte y es algo que jamás podría perdonarse.
Sorprendiéndolo sintió como algo le caía sobre la cabeza y observo que ella estaba arrodillada frente a el sin que se hubiera percatado en que momento se acerco.
Tanteando sintió en su cabeza algo que se atoraba en su oreja, tomándolo con delicadeza se desprendió de ella y la coloco al nivel de sus ojos descubriendo que era una corona de flores que ella hiciera. Con una mueca la miro a ella, a la corona y nuevamente a ella tras unos segundos de "profundas" cavilaciones sonrió como si hubiera hecho un gran descubrimiento y entonces le coloco a ella la corona retirándose un poco para admirar el resultado obtenido, ampliando aun mas su sonrisa contento con el resultado.
- Inuyasha….?- el no respondió pero le hizo un gesto con el que le indicaba que en realidad si estaba prestando su atención. – Esta tarde… sobre lo que sucedió, tengo algo que preguntarte. -
El hanyou bufo molesto, por que tenía que recordarle que el apestoso lobo había llegado a molestar?
F.B
Hicieron una pequeña parada cerca de una aldea a petición del monje que necesitaba conseguir un tipo especial de pergamino para sus sellos mágicos, así que el grupo se separo durante un rato, Sango decidió acompañarlo para, según ella, evitar sus malas mañas aunque Kagome no estaba segura que fuera solo por eso, día con día esos dos pasaban mas y mas tiempo juntos. Shippo por su parte sabia que se sentiría incomodo se quedara con quien se quedara, por un lado estaba Inuyasha y Kagome con su extraño y cordial comportamiento de los últimos días, del otro Sango y Miroku que aunque no dudaba tendría un par de diversiones con los golpes que seguramente el pervertido daría lugar pero sabia también que habría tensión y no tenia ganas de soportarlo por lo que eligió la opción de ir a recorrer la zona por su propia cuenta.
Así que ahora ambos se encontraban solos, Kagome sentada al lado del río observaba al medio demonio que cazaba algunos peses para saciar su siempre hambriento estomago.
No tenían una plática profunda, eran más bien comentarios sueltos y sin mucha importancia.
Pasándose un mechón tras la oreja, se acomodo mejor con un visible sonrojo en sus mejillas sumado al extraño sentimiento que le nacía del estomago, frente a ella, el que ahora era su pareja tenia una lucha con aquellos acuáticos seres, con el torso descubierto y salpicado de agua.
Agito la cabeza intentando despejarse y sacar esas ideas de su cabeza, muchas veces lo había visto así, lo había curado de sus heridas pero en esta ocasión extraños deseos cruzaron su mente y el calor en su vientre la embargo.
Harto de la pelea que estaba teniendo con esos escurridizos animales se incorporo al percibir un aroma nuevo en el ambiente buscando con la mirada de donde provenía intentando comprender lo que sucedía, poso su mirada en la orilla del río cuando otro aroma inundo sus sentidos, una maldición salio de sus labios al reconocer tal hedor y antes de que siquiera pudiera llegar a la orilla Koga ya rodeaba con sus brazos a su Kagome atrayéndola a el, que confusa por la repentina aparición no había tenido tiempo de reaccionar.
- SUELTALA!! – En cosa de segundos Inuyasha había salido ya del agua y la separaba bruscamente de el poniéndola a su espalda. – Escúchame Koga, kagome es mía, ya no tolerare que te acerques a ella!!! -
Los brillantes ojos azules se abrieron grandemente, nunca se imagino tal reacción, dio un paso para atrás en un intento de recuperar la compostura.
- No digas tonterías perro! Kagome es mi mujer y tu solo la cuidas por mi, si fuera verdad lo que dices, si ella fuera tuya estaría marcada y es obvio que no lo esta.-
La pelinegra asomo la cabeza de la espalda del hanyou y miro la confusión que el rostro de este demostraba, paseo su mirada de el al demonio viendo como la sonrisa victoriosa se dibujaba en su rostro, se pregunto por que se perturbara tanto Inuyasha como para quedarse en silencio y bajar la mirada, que significaba el estar marcada y por que era tan importante?.
Avanzo un poco saliendo de la protección que el le brindaba pero sin dejar de rodear su brazo con los suyos, el ojidorado volteo a verla recibiendo una tranquila mirada y la suave caricia en su brazo.
- Joven Koga, yo lo siento mucho pero estoy con Inuyasha, es la verdad, es a el a quien amo. -
La sonrisa que instantes antes se había dibujado en el apuesto rostro se borro casi de inmediato, aun así, le lanzo un mirada desafiante al hanyou ignorando totalmente a la sacerdotisa mientras hablaba con voz ronca.- Ella no tiene marca, y mientras no la tenga no será tuya, aun puede ser mía.-
Inuyasha gruño furioso e hizo el intento acercársele, pero la firme mano de la chica lo detuvo así que resignado vio partir al lobo en un remolino de polvo, ella estaba a su lado era verdad, pero también lo era lo que Koga había dicho.
Fin F.B.
- Vamos inuyasha, dime que significa! (él, completamente sonrojado oculto el rostro para que no lo pudiera notar al ver sus mejillas) Necesito saber que quiso decir Koga acerca de la marca, que diablos significa eso? Por que es tan importante?. -
El carraspeo incomodo ante la insistencia de ella, notando la decisión en sus ojos suspiro algo intimidado. – No creo que sea el mejor momento para explicártelo.-
- Quiero saberlo, que es la marca y por que le dan tanta importancia, Koga dijo que sin ella tu y yo no somos nada, por que dijo algo así?-
- No es muy fácil de explicar, pero ya que estas necia por saber te diré, los demonios marcamos a nuestras parejas para que otros machos no puedan acercárseles, es una norma de los clanes youkais y también aplica a los hanyous, en esencia ya que tu no tienes marca Koga tiene la libertad de cortejarte.-
- Bien, en ese caso márcame tú. (Inuyasha dio un respingo ante lo escuchado causando que el sonrojo se acentuara en el.) Supongo que con eso se resolvería su acoso.-
-Espera, no yo no…. Kagome te dije que no es tan sencillo, bueno si, pero…-
- Tu no quieres hacerlo?- el triste murmullo lo preocupo, no le quedaba de otra mas que aceptar la verdad.
- No es eso, no pienses cosas que no son, maldición!. Claro que lo deseo! pero para poder hacerlo necesito tomarte como mi hembra y hacerte mi mujer…-
Un intenso carmín le acaparo el rostro cuando comprendió el significado de aquellas palabras, el silencio goberno al momento y ninguno de los dos se atrevía a buscar la mirada del otro.
El espero temeroso de ser el primero en hablar, queriendo que ella diera el primer paso.
- Que pasara con Kikyo? -
El le tomo una mano buscando la mirada de ella. – No me importa, aun si no te marcara ella ha dejado de importarme.-
Nuevamente el silencio se creo, ella tan envuelta en confusiones que no podía pensar en como continuar en esa situación.
- Tu… tu quieres... hacerlo? -
Dando un respingo por aquella pregunta trago con dificultad sintiendo su garganta cerrarse. Asintió suavemente antes de apresuradamente aclarar las cosas.
- No pienses mal Kagome, pero es cierto, te deseo como no tienes idea pero no voy a presionarte, lo último que quiero es volver a causarte algún dolor. -
Queriendo acabar con aquella incomoda platica se puso de pie ofreciéndole a ella su mano para ayudarla a incorporarse.
La noto confundida cuando parpadeo intentando comprender que pasaba ahora.
- Es tarde, regresemos con los demás o empezaran a molestar.-
Acepto la ayuda y se puso de pie, el emprendió la caminata y se adelanto unos pasos, ella quiso seguirlo pero sin haber dado el primer paso se dio cuenta de algo.
Llevo sus manos hacia su corazón apretándolas contra su pecho sintiendo el desbocado palpitar, las ideas y sensaciones la golpeaban una tras otra mientras un escalofrió la recorría por completo.
Fue educada en una familia llena de amor pero siempre muy conservadora y llena de tradiciones, desde aquella primera vez en que había cruzado el pozo y llegado a esa época, su vida y todo lo que conocía se había transformado y vuelto un caos. Especialmente cuando Inuyasha se quedara con su corazón y su amor.
Era muy joven, aun le faltaba tanto por conocer sin contar que los exámenes finales en su escuela se acercaban y que era completamente inexperta en estas situaciones, pero lo amaba y era todo lo que importaba, no es verdad?
- Te Amo!- el se detuvo y se giro a verla sintiendo como se enterraba entre sus brazos - Te amo, te amo tanto Inuyasha!.-
Sin juzgarlo ni entenderlo la abrazo cariñosamente besando suavemente la oscura cabellera.
Ella se puso de puntillas empinándose para poder unir su boca con la de el en un beso desesperado, embriagado por la calidez de esos labios respondió al instante dándose cuenta cuando ella lo rodeaba del cuello, la tomo posesivamente de la cintura atrayéndola mas a el.
Sin saber como sucedió, sintió su mano arder en el momento que bajo su tacto sintió la suavidad del pecho de la chica, al escuchar un gemido por parte de ella rompió el beso y se separo bruscamente.
Ella se mantuvo firmemente pegada a el, quieta y con los ojos cerrados respiraba agitadamente con un divino sonrojo.
El viento meció los cabellos de ambos embriagándolos del perfume dulce de las flores, pero el alcanzo a percibir algo mas.
Hizo un vano intento por retirar su mano pero la pelinegra se lo impidió presiono la suya contra la de el. Se erizo en cuanto bajo su palma noto el seno erguirse y endurecerse.
- Te amo….- el susurro se confundió con un gemido cuando se lo dijo al oído.
Al sentir los delgados brazos rodear su cuello cerro los ojos sintiéndose inundado por la extraña sensación de emoción y la atrajo a el apresándola con fuerza.
Su pobre y abrumada mente en una incesante búsqueda de respuestas, por que ella se mantenía tan confiada? Ahí estaba, linda y perfecta completamente bella, confiándose a el, aun con todo el dolor que tiempo atrás le causara, siempre lo aceptaba a pesar de su condición de medio demonio y las continuas imprudencias que solía cometer.
Se apodero de sus labios besándolos con ternura, bajando por la línea del mentón y luego sobre la delicada línea de su estilizado cuello, dócilmente ladeo la cabeza ofreciéndole un mejor acceso temblando ante la calidez de la respiración sobre la tersa piel.
Las fuertes manos recorrieron sus curvas delineándolas sobre la tela de la ropa que ella aun portaba, los suspiros fueron en aumento y las rodillas temblaron cuando sintió el contacto de la húmeda lengua recorriendo su piel, pero no le importo caer pues sabia que mientras el la sostuviera nunca la dejaría caer.
Su mano se deslizo hasta el límite de la corta falda cuidando de no lastimarla con sus garras rozo su nívea piel, abandono sus hombros para volver a tomar su boca, sintió como lo aceptaba y la sumisión de parte de ella ante su fiera caricia, abriéndose a la invasión de su lengua dejándose hacer, inexpertamente respondía el beso que le acababa el aire y le devoraba los labios.
La mano que había bajado recorrió el camino contrario llevándose consigo la falda de la joven descubriendo por completo sus muslos.
- I…Inuyasha… -
Con suma delicadeza la llevo hasta el suelo, recostándose con ella sobre las multicolores flores, deleitándose con su sabor alternando sus labios y cuello.
Abrió sus ojos por unos momentos, y descubrió que sobre ellos el negro manto nocturno estaba salpicado de destellantes estrellas que acompañaban a la luna, sonrió ante las sensaciones que experimentaba y que hasta entonces habían sido completamente desconocidos, cuando oyó el sonido de tela rasgándose no pudo reprimir que de su boca se escapara un gemido ante la excitación que sintió al saberse despojada de su falda.
Impulsada por la pasión, se atrevió a recorrer el cuerpo que se mantenía sobre ella deleitándose con la vista, llevo sus manos, desesperada por poder sentirlo coló sus manos por entre el ahori y sintió la calidez de la piel, sorprendiéndose por la ausencia de cualquier cicatriz que hubieran podido dejar aquellas viejas heridas que durante esos años se había esmerado en curar.
Rozo sus dedos, paseándolos por la marcada musculatura, cuando llego a los extremos de la tela del rata de fuego tiro de ellas en un intento por deshacerse de ella.
Le aparto las manos, encargándose el mismo de desprenderse de las prendas antes de volver a posarse sobre ella desesperado, completamente necesitado.
El sabor de ella lo intoxicaba, la piel blanca se volvía segundo a segundo una mayor obsesión para el. De cada uno de los poros exhalaba el dulce olor de excitación que lo aturdía, incitándolo a más.
Llevo nuevamente sus manos a los senos de la sacerdotisa que dejo salir el aire que había retenido, los lleno de caricias deseosas aun sobre la molesta prenda que la chica siempre usaba.
Sintiendo como su piel se calentaba hasta sentirse hirviendo ella misma ayudo a pasar por su cabeza la playera antes de que el se la quitara, pudo sentir sus dorados ojos quemándola devorándola con la mirada mientras que el pequeño cuerpo se cubría de un sonrojo dejando solo las partes mas privadas escondidas aun bajo la delicada tela de la ropa mas intima.
El dorado mirar resplandecía, pareciendo oro fundido, apenas podía contenerse, con solo mirar el pequeño cuerpo entre sus brazos que temblaba nerviosa, aligero la presión y reanudo las caricias sin el impedimento de las otras prendas, paseando sus manos por las perfectas curvas que ella poseía, ella volvió a relajarse y el aprovecho la oportunidad para deshacerse de la molesta prenda superior, rasgando el broche causando que esta se deslizara al suelo.
La pelinegra dio un respingo sonrojándose más intensamente buscando la manera de cubrirse, pero el no se lo permitió. Las yemas de sus dedos pronto acariciaron su barbilla alzándola, se le cortaba la respiración con solo mirar la lujuria y deseo que veía reflejado en el rostro sudoroso del medio demonio.
Acerco su rostro a los blancos montes besándolos con una lentitud desesperante, deteniéndose sin tocarlo en el pequeño botón rosa que se erizaba al saber lo que le esperaba, respiro profundo antes de bajar y devorarlos, saboreándolos con intensidad.
Sabia que eso seria algo que jamás se cansaría de hacer, los gemidos que provocaba en ella le creaban deseos aun más grandes de continuar esa dulce tortura.
Inuyasha apenas tenia la suficiente claridad mental para dominar sus instintos, siendo muy difícil cuando su sangre youkai corría fieramente dentro de el, exigiendo poseerla, hacerla suya y llevarla al limite hasta que gritara su nombre en medio de la pasión aunque la parte humana que aun tenia conciencia le pedía que esperara.
Kagome pudo sentir la erección de Inuyasha a través de las capas de ropa y atrapo la cintura del chico con las piernas desnudas atrayéndolo más hacia si para sentirlo cerca. El peliplateado reacciono con un gruñido tratando de apretarse más ella, con lo que la miko también deseo más.
- Kagome.- jadeo Inuyasha, dejándose llevar por las sensaciones. Kagome sonrió felizmente cuando escucho su nombre salir de los labios de el, que se separo del pezón y la beso con toda la fuerza y pasión del que era capaz.
Cuando el aire se termino causando que el beso se rompiera Kagome fue la primera en recobrar el aliento y no perdió tiempo en despojar a Inuyasha del resto de sus ropas, dejó caer los pantalones despojándolo de ellos, formando una pila a su lado. Abrió sus ojos con sorpresa cuando vio lo grande que era Inuyasha sin poder apartar la mirada se humedeció los labios completamente deseosa. Se quedaron así durante un momento hasta que Kagome dejó que la palma de su mano se detuviera en su bajo vientre. Dedos suaves cual seda se deslizaron a lo largo de cada varonil músculo hasta entrar en contacto con encrespado pelo plateado.
Con cada caricia su respiración se hacía más agitada, las manos de él pronto se convirtieron en puños cuando sus pequeñas manos se cerraron alrededor del contorno de su miembro. Empujando sus ansiosas caderas hacia adelante, el joven hanyou fue recompensado con un ligero apretón, la presión merecedora de incontrolable goce mientras la agitada respiración se descontrolaba más y más. El sudor de su espalda relajada brillaba con la luz de la luna mientras Inuyasha sentía como crecía su excitación al admirar como Kagome lo observaba. Todo el poco control que le quedaba se evaporo cuando vio sus labios rojos e hinchados y los chocolates ojos desbordando deseo. Kagome sintió como las garras de Inuyasha recorrían su cuerpo y bajaban por su estomago, deteniéndose justo en su cinturilla de sus bragas. Su respiración se corto en su garganta en el instante que la pequeña prenda le era arrancada de una manera salvaje y sentía que su ser era invadido al momento que un dedo se insertaba en su intimidad.
- Inuyasha! - dijo en un jadeo.
El comenzó un movimiento lento, pero poco a poco gano velocidad. Podía decir que ella estaba lista. La miro retorcerse sometida a sus caricias, desprendiendo aquel delicioso aroma, el aroma de excitación, de deseo, el indudable aroma de su hembra. Con cuidado acaricio su clítoris con el pulgar. Eso mando a Kagome directamente a un orgasmo gritando su nombre repetidamente mientras lo llamaba apretando el abrazo en el que lo tenía apresado.
Dorados y agitados ojos se encontraron con un chocolate oscuro, ambos mostrando un incomprensible brillo, deseosos de descubrirse en las profundidades de alma del otro. Kagome respiraba con dificultad y jadeaba cuando Inuyasha se coloco sobre ella.
- Estas segura de esto Kagome? – pregunto en un susurro y tomando su oído entre los dientes.
La chica sin reserva alguna, le tomo el rostro con ambas manos y lo beso con una tranquilidad sorprendente dado el momento, el no tuvo mas dudas.
Con su pulgar acarició lenta y suavemente el labio inferior, sin despegar su mirada. – Te amo- dos palabras susurradas que encerraban la felicidad que durante tanto tiempo había deseado. Su voz le llegó como un soplo de felicidad avanzando hasta ella, haciendo que cerrara los ojos y paladeara ese sonido que tanto amaba
Mechones de pelo platinado le cayeron sobre los hombros al inclinar la cabeza para volver a besarla una vez mas y otra vez dejando que viera, sintiera el amor que sentía en todo su ser sólo por ella. Recostándose en su frente se apoyo invadiéndola, la joven no pudo evitar tener una sensación de dolor regando sus sentidos, un par de lagrimas de derramaron mientras el hundía su nariz en sus sedosos cabellos, se detuvo quedándose completamente inmóvil mientras besaba las cristalinas joyas que se corrían por las pálidas mejillas que habían perdido su sonrojo, le acariciaba sus pechos susurrándole una disculpa interminable, jurando que nunca mas la lastimaría, el velaría únicamente por su felicidad.
Arqueando la cabeza hacia atrás, Kagome jadeó una vez más sintiendo cómo le temblaban los dedos, mientras los deslizaba por su espalda en una larga caricia, asegurándose de que era él quien la tenia entre sus fuertes brazos.
Después del dolor pasajero, llego la sensación de plenitud total, sintiéndose complementada, llena, feliz y completamente enamorada Kagome nunca había sentido algo tan increíble como aquello. Era como si hubiera estado vacía. Podía sentir algo brotando de su interior. Algo que con cada profunda embestida de Inuyasha crecía más y más hasta que no pudo contenerlo otro segundo y grito al liberarlo.
Inuyasha sintió los músculos de Kagome tensarse alrededor de el, enviándolo a su propio clímax. Acercando su boca al frágil cuello, encajo los dientes en una limpia herida que apenas produjo unas gotas de roja sangre, mismas que el saboreo complacido, conociendo su sabor, grabándolo en su ser, cuando la explosión sucedió, beso posesivamente aquella marca para después dejarse caer sobre Kagome, respirando pesadamente y asombrado de los miles de estremecimientos que aun cruzaban por su cuerpo lleno de confusas sensaciones, donde lo único seguro entre aquel caos que sentía era que la amaba y que era feliz como nunca lo había sido. Ella siempre había estado ahí, acompañándole y él nunca lo había notado. Pero las cosas habían cambiado súbitamente. La amaba. Estaba completamente seguro, ya no había dudas en su interior. Ya no sentía nada por Kikyo. Solo Kagome, con su increíble belleza e infinito amor ocupaba su mente, su corazón y su alma.
Fue sacado de sus pensamientos por medio de un beso, su pasión, deseo y ardientes emociones habían sido liberadas desde que el momento que vio por primera vez aquellos ojos, aquellos ojos asustados que le imploraban ayuda, que le rogaban que la salvara, que curioso, al final el había sido el que fue salvado.
La abrazo posesivamente envolviéndola con su calor, disfrutando de permanecer dentro de ella, sin tener la menor intención por el momento de separarse.
Kagome llevo su mano a la herida palpitante de su cuello.
- Significa esto que ya soy tu mujer?-
El sonrió suspirando mientras buscaba sus ojos.
- Si… tú eres mi hembra ahora y para toda la vida. –
-Bien… (La brillante sonrisa apareció en su rostro mientras cerraba sus ojos acomodándose mas cerca de el, sintiendo como el sueño la envolvía.) Por que eso es precisamente lo que mas deseo.-
(…)
Cuando la luz le golpeo en el rostro se removió sintiendo su cuerpo cansado y los parpados terriblemente pesados decidiendo que no debía luchar contra ellos giro buscando el calor que se mantenía a su lado volviendo a conciliar el sueño. Sonrió cuando ese algo la apretó firmemente… hizo una mueca moviéndose molesta, suspirando frunció el ceño abriendo finalmente los ojos, bufando al no poder volver a dormir, frente a ella observo la blanca tela que cubría el masculino pecho, paso su mirada a su propio cuerpo descubriendo que lo que a ella le cubría era el ahori.
Sonrió alzando la vista ubicándola en el atractivo rostro de su hanyou que dormía apaciblemente abrazado a ella, extrañada se percato hasta ese momento que no se encontraban en aquella pradera de flores, busco ubicarse y se dio cuenta que estaban nuevamente en el campamento, dentro de su bolsa de dormir y cubiertos con una manta para evitar que pasaran frío, concluyo entonces que debió haber sido el chico quien la regresara hasta ahí.
Quedándose unos instantes más en aquella cómoda y apacible situación se permitió mirar el apuesto rostro, se mostraba tan tranquilo, sin dar muestra de la alerta que siempre le acompañaba, complacida suspiro sonriente con la felicidad desbordándola al saber que ahora podía decir abiertamente que era su malhumorado, gruñón, necio y caprichoso hanyou, su Inuyasha. Teniendo que romper momentáneamente tan dichosa situación decidió que era tiempo de levantarse y vestirse antes de que los otros despertaran y la vieran con tan escasa ropa y en tan comprometedora situación. Desprendiéndose del posesivo abrazo salio suavemente incorporándose.
Al fin libre, se acomodo un poco el revuelto cabello sin darse cuenta que el ahori se había abierto, en eso estaba cuando a su lado alcanzo a escuchar un leve crujido, probablemente de una ramita.
Trago sintiendo los nervios recorrerla y su estomago revolverse, volvió a escuchar un murmullo como si algo se hubiera movido, cerro los ojos apretándolos fuertemente temiendo lo peor, comenzó a girar muy lentamente la cabeza en dirección a donde había escuchado el ruido. Abrió solamente un ojo, una gota de sudor rodó por su nuca cuando su gran temor se veía convertido en realidad
- KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! -
El grito de pánico inundo el bosque llegando hasta la aldea siendo tan penetrante que probablemente más de un aldeano se habría caído de la cama (suponiendo claro, que tuvieran camas y durmieran en ellas).
CONTINUARA….
HOLA!!! HE VUELTO
Me sonrojo!!! Jojojojo No soy muy buena en estas escenas pero hice mi mayor esfuerzo y este es el resultado.
Perdonen si he tardado, pero les daré la excusa de siempre, si, adivinaron, la escuela esta devorando mi tiempo, aun así me hice un tiempito para actualizar.
reviews!!! porfis u
