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Capítulo 14: Home, sweet home...

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Un toque frío sobre mi frente me hizo sobresaltar de pronto.

Lo primero que vieron mis ojos fueron un par de ojos color ámbar sucio, que me observaban con alivio.

– ¿Todo bien? – preguntó él con cautela. Fruncí el ceño, confundida.

– ¿Por qué no habría de estarlo?

Edward me observó preocupado.

– ¿En dónde estamos? – demandó. Observé sobre mi cabeza, reconociendo el color azul de las paredes de mi habitación.

– En casa – contesté rápidamente, sin comprender aún.

– ¿En dónde estábamos antes de estar aquí?

El auto.

Risas.

Edward cerca de mi.

Una puerta grande.

Un jadeo se atoró en mi garganta.

..Un policía.

Como leyendo mi mente Edward me sonrió suavemente y miró sobre su hombro.

Carlisle, recargado sobre la pared me sonreía radiante, a la vez que señalaba con la cabeza a su izquierda, hacia el umbral de la habitación.

Ahí, de pié junto a la puerta, aquél hombre inspiró lentamente, como tomando coraje, y finalmente levantó la mirada hasta encontrar la mía. Sus ojos los reconocí de de mi propio reflejo y en el transfondo de ellos vislumbré el dolor más grande y la pena más profunda que pudiera alguien soportar. En sus ojos había una historia colmada de sufrimientos.

Traté de hallar mi voz en el fondo de mi pecho, luchando por encontrar las palabras que mi alma desesperada quería soltar.

Me levanté lentamente de la cama con ayuda de Edward. Mis pies descalzos tocaron el suave alfombrado y sentí la suficiente estabilidad para caminar sin ayuda.

¿Qué ocurre Bella?

Ese hombre…¿quién es?

Mis pies comenzaron a andar por sí solos, hasta quedar frente a él.

Es el jefe Swan, el sheriff del pueblo…

El hombre frente a mí, de uniforme azul con una brillante placa bastante familiar, de bigote gracioso y de ojos cansados y aguosos me observaba esperando mi reacción.

– Papá

El hipó y asintió firmemente un par de veces, al mismo tiempo que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. Mis piernas comenzaron a temblar y fuertes sollozos comenzaron a salir de mi pecho.

– Charlie… – balbuceé.

No pude más. Mis piernas se vencieron.

Él atinó a sujetarme fuertemente contra su pecho. Ambos caímos de rodillas en el suelo.

– Isabella, Bella, mi hija, mi bebé… – murmuró frenéticamente, acariciando mi cabello suavemente.

En ese momento me reencontré conmigo misma. Con mi identidad.

Yo no era solo Bella.

Mi nombre era Isabella Swan.

Y el hombre frente a mí era mi padre,

y sus brazos mi hogar...

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Antes que nada les pido, como casi en todas las ocasiones, una gran disculpa por mi ausencia que al parecer es la más grande en mi tiempo aquí.

No les pido ya paciencia ni su comprensión. Mis excusas, como siempre, se refieren a mi trabajo y escuela.

Aún así trataré de subir el siguiente capítulo lo más pronto posible.

Este es un pequeño que adelanta lo que pasará en el siguiente capítulo, que esperemos no tarde mucho en llegar y que ya está en proceso.

Gracias por sus comentarios y su lealtad a esta historia.

Enserio, ¡Gracias!

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