Bueno, con un poco de retraso (como es usual en mí), pero aquí está el nuevo capítulo. Espero que lo disfruten y ¡mil gracias por sus reviews!


Oda II

Para algunos aún podrá parecer increíble tal muestra de humanidad por parte de dos de los más grandes dioses de nuestro panteón. Una cálida relación de hermanos. Un gesto de timidez. Pero la historia de los hermanos Freyja y Frey no acaba allí. Aún hay más que estas viejas manos pueden plasmar en este papel que, es posible, jamás nadie llegue a leer. Hay mucho más que quiero decir, mas me es imposible asegurar que podré terminar este que será mi primer y único libro, si es que así puede llamársele a un montón de pergaminos sueltos.

Estas son las simples notas de un anciano que sólo desea que aquello que ven sus ojos pueda ser entendido por alguien más. Entonces, continúo. Lo siguiente sucedió apenas unos pocos días después de la partida de Frey a Alfheim.

Freyja jugaba nerviosa con sus manos, enredando los dedos en el fino vestido blanco que adornaba su figura aquel día. El carruaje avanzaba con parsimonia por las amplias calles que comunicaban Asgard con su vecino más abajo, Alfheim, morada de Frey. Podía sentir los ojos de Hyoga fijos en ella y eso no hacía más que ponerla nerviosa. Sintió sus mejillas sonrojarse aún más cuando notó que el rubio guerrero había posado una de sus manos en su frente. La joven diosa levantó el rostro y lo miró, con gesto interrogante.

—Pensé que quizás tenías fiebre —dijo Hyoga —Tu hermano no me lo perdonaría si permitiera que algo te sucediera.

—No es nada. No estoy enferma —contestó la rubia, desviando la mirada hacia el camino —No tienes que preocuparte tanto por mí. Yo…

—Sé que eres perfectamente capaz de cuidarte sola —Freyja percibió un dejo muy leve de decepción en las siguientes palabras —Sé también que no me necesitas, pero simplemente estoy aquí cumpliendo las órdenes de mi superior.

Freyja alzó las cejas, sorprendida con aquellas palabras. Apretó los puños y respiró profundamente. Sus palabras en verdad le habían dolido. Sí, está bien, se estaba poniendo sensible pero, ¿entonces para Hyoga aquel viaje no era más que una obligación? ¿Simplemente cumplía órdenes? ¿Acaso quería eso decir que era una molestia estar allí? Quizás Hyoga prefería estar entrenando, pensó ella.

—Lamento mucho ser una molestia —dijo la diosa, en voz casi inaudible. Sin embargo Hyoga pudo escucharla claramente. El joven guerrero se reprendió mentalmente por su "falta de tacto".

—Sabes que no es lo que quise decir —Hyoga, que antes estaba sentado en el asiento de enfrente, se sentó al lado de la diosa, que tenía la mirada fija en el camino, como si fuera la cosa más interesante del mundo —Fler, tú no eres una molestia, jamás lo serás. Al contrario, estoy contento por haber sido elegido entre tantos guerreros capaces para escoltarte hasta Alfheim —ella seguía sin mirarlo —Fler, escúchame —colocó su mano sobre la de ella, haciéndola sobresaltar —Te quiero, no lo dudes, por favor —estaba a punto de besarla en la mejilla cuando ella se volteó y lo miró, entre asombrada y asustada —Lo siento, Fler, no quería…

—Discúlpame por ser tan infantil —antes de que el otro pudiera moverse o decir algo, Freyja lo había abrazado.

Hyoga, forzándose a salir de su asombro, le correspondió el gesto. Se maravilló con la forma en la que el delicado cuerpo de su diosa encajaba a la perfección entre sus brazos. Y sonrió sinceramente, como no lo había hecho en mucho tiempo. Llevó una mano a la cabeza de la mujer y comenzó a acariciar aquel larguísimo y brillante cabello dorado. Se maravilló con su textura y con el suave aroma que emanaba de su cabellera. Se sintió tentado a separarse de ella y besarla, sin embargo una voz se encargó de alejar aquellas tentaciones de su ser.

—Mil disculpas, Excelencia, Capitán —la puerta de carruaje se abrió dejando ver a un hombre cabellera verdosa, como el único ojo que era visible, pues llevaba un parche en el ojo izquierdo —Finalmente hemos llegado a Alfheim.

Freyja se separó con elegancia de Hyoga y le dedicó una sonrisa de agradecimiento al hombre que acababa de "interrumpirlos". Hyoga por su parte se llevó una mano a la cabeza y se la pasó por el cabello, como hacía siempre que se ponía nervioso.

—Muchas gracias, Isaak —dijo Freyja, tomando la mano que el otro le ofrecía para ayudarla a bajar del carruaje —Fue un viaje tranquilo gracias al camino que elegiste.

—Era mi deber conducirla por caminos seguros, Honorable Freyja —contestó Isaak, inclinando la cabeza respetuosamente, al tiempo que Hyoga saltaba fuera del carruaje —Bienvenidos a Alfheim.

Allá donde la vista alcanzaba se extendían praderas verdes por las cuales era común encontrarse habilidosos jinetes. Altísimas montañas se erguían orgullosas, como protegiendo las fronteras del reino. Justo frente a ellos se podía apreciar el palacio de Frey, el famoso Elphame, la "casa de los elfos". Se trataba de una edificación de blancas paredes, coronada con varias torres y torrecillas. Elphame se encontraba rodeado por un extenso bosque conocido como Gimlé.

Freyja sonrió en cuanto vio a su hermano aparecer en el umbral del palacio. Iba acompañado por una hermosa dama de larguísima cabellera plateada e impresionantes ojos verdes. Su piel perfecta y blanca parecía tener un místico brillo. Freyja se preguntó si la hermosa mujer, que era nada más y nada menos que Gerð, la esposa de su hermano, "brillaba" de aquella manera gracias a su condición.

—Los he traído sanos y salvos, mi señor —dijo entonces Isaak, reverenciando a Frey y Gerð —Pido permiso para retirarme en este momento, si mis servicios no son requeridos.

—Puedes retirarte. Buen trabajo, Isaak —respondió Frey —Gracias por traerlos —Isaak regresó al carruaje y partió. Pronto el sonido de los cascos de los caballos se escuchó lejano —Bienvenidos a Alfheim —añadió, volviéndose a sus invitados.

—Freyja, luces hermosa —dijo Gerð, abrazando a la joven —Es un verdadero placer volver a verte.

—Lo mismo digo, Excelencia —contestó la joven, sin evitar extender la mano para acariciar el vientre abultado de la otra diosa —Luce aún más hermosa en su condición. Y no puedo más que felicitarla; a ambos. No puedo esperar a que nazca la criatura.

—Te lo agradezco, Freyja —dijo Gerð —Y recuerda que no tienes por qué ser tan formal conmigo —La diosa de cabellera plateada se volteó hacia Hyoga entonces —Ah, he escuchado mucho acerca de ti, Capitán Hyoga, hijo del General de las Mil Batallas y de la hermosa adivina Voluspa. Dicen que eres un guerrero con una prometedora carrera.

—Es un honor escuchar tales halagos de su parte, Excelencia —contestó Hyoga, inclinándose ante Gerð.

—Por favor, entremos. Es una descortesía de nuestra parte el estar charlando en la entrada —Gerð y Freyja precedían la marcha, conversando alegremente, mientras Hyoga y Frey las seguían de cerca. Hyoga no pudo suprimir una sonrisa cuando sus ojos se posaron en Freyja.

—Gerð siempre ha sido como una hermana mayor para Freyja —explicó Frey, sacando a Hyoga de su ensimismamiento —Y esto también es bueno para Gerð en su condición —el rostro de Frey se tornó serio de pronto y Hyoga se quedó extrañado —Oscuras fuerzas se mueven a nuestro alrededor y no quiero preocupar a mi esposa.

—Señor Frey, yo…

—Después del almuerzo necesito hablarte de algo importante —le dijo —Aún tenemos que esperar a Odín.

—¿Odín? —preguntó, visiblemente sorprendido —¿El señor Odín vendrá también? —Frey asintió —Eso significa que…

—En efecto, la situación es mucho más grave de lo que puedas imaginarte.

El almuerzo transcurrió con normalidad, exceptuando el nerviosismo de un Hyoga que no estaba acostumbrado a codearse con "la realeza". Es que había algo en la mirada de Frey y en la sonrisa de su esposa Gerð que le robaban la calma. No podía decir que se tratara de algo malo, solamente tenía un extraño presentimiento. Casi como si la pareja se hubiera dado cuenta ya de sus sentimientos hacia Freyja; o de los sentimientos que la misma Freyja albergaba hacia él. Y es que el simple hecho de pensar en ello le alteraba los nervios. Después de todo, ¿cómo podía un simple guerrero pensar siquiera en estar al lado de una diosa como la excelsa Freyja?

—Hyoga, ¿me estás escuchando? —el rubio fue abruptamente sacado de su pequeño mundo cuando escuchó una dulce voz que lo llamaba. Rápidamente volteó sus ojos hacia Freyja.

—Lo lamento mucho, mi Señora —se apresuró a decir —¿Me decía algo?

—Te preguntaba si te sentías bien —dijo Freyja, preocupada —Luces algo cansado —Hyoga no pudo evitar que una sonrisa de tonto enamorado se dibujara en sus labios cuando sus ojos se encontraron con los brillantes orbes verdes de la diosa.

—No te preocupes, Fler, no es nada. Sólo estaba distraído —Hyoga notó entonces un leve sonrojo en las mejillas de la mujer, al tiempo que agachaba la mirada y murmuraba por lo bajo. Abrió los ojos, sorprendido y asustado por lo que acababa de decir —Señor Frey, yo…

—Freyja, tenemos muchas cosas de qué hablar —añadió en ese momento Gerð, poniéndose de pie —¿Por qué no vamos al jardín? Ya han florecido tus consentidas —Freyja asintió torpemente con la cabeza e, inclinando la cabeza, salió de la habitación detrás de la mujer de cabellos plateados.

—Honorable Frey, creo que yo… —comenzó Hyoga, sin atreverse a mirar al dios a los ojos.

—Acompáñame, Hyoga —dijo Frey, poniéndose de pie y haciéndole una seña para que lo siguiera —Odín acaba de llegar —sorprendido, Hyoga se apresuró y lo siguió.

Frey y Hyoga caminaron por los amplios pasillos del palacio. Allá adonde sus ojos se dirigieran no había más que hermosa vegetación, frondosos árboles, flores de múltiples colores y un murmullo que, seguramente, provenía de alguna de las tantas cascadas que hacían famoso al Alfheim. Hyoga se preguntó si la idea de un espacio abierto había sido de Gerð, quien era popularmente llamada "el hada de la naturaleza".

No pasó mucho tiempo para que ambos alcanzaran su destino: una sala con una mesa redondeada, de madera oscura, con sillas de respaldos altos. Se encontraba allí un hombre de presencia imponente. Tenía la espalda ancha y los brazos fuertes. Su piel tenía un tono bronceado, como el de alguien que ha recibido una generosa cantidad de luz solar, el cabello blanco lo tenía largo hasta los hombros y algo desarreglado. La barba y el bigote, también blancos, inspiraban un respeto que sus ojos grisáceos parecían exigir.

Hyoga vio que Frey avanzaba hacia el hombre y, sin saber exactamente qué hacer, decidió permanecer lejos. Frey se dio cuenta y le hizo una seña, indicándole que se acercara. Fue entonces cuando los ojos de Hyoga se abrieron como platos. Sí, cuando se dio cuenta de quién era el hombre que estaba sentado al lado de aquel invitado. El segundo hombre no era nadie más que el Héroe de Asgard y prometido de la poderosa Brunilda, Siegfried.

—Entonces, él es Hyoga —habló el mayor de los hombres —Tiene un aura poderosa y mística, digna del hijo de Ragnarok y Voluspa. Has elegido bien, Frey.

—Gracias, señor Odín —dijo Frey —Hyoga, él es Odín, señor de Asgard. Y este es Siegfried, su mano derecha —señaló al hombre de apariencia joven, cabello color arena y ojos azulados, que le devolvió una mirada de interés.

—Es un verdadero honor —se apresuró a decir, inclinando la cabeza respetuosamente.

—No seas tan formal, muchacho —dijo Odín, mientras Frey tomaba asiento enfrente de los otros dos hombres —Todos somos guerreros y a partir de ahora trabajaremos juntos para preservar la paz de nuestro mundo —Hyoga lo miró, confundido, al tiempo que se sentaba al lado de Frey —Entiendo que estés confundido. Yo aún lo estoy —suspiró —En fin, vamos directo al punto. Pronto se celebrará un Concejo que reunirá a todos los gobernantes de los Nueve Reinos.

—¿Has logrado convencer a Hela? —preguntó Frey, visiblemente asombrado.

—No fue fácil, pero terminó comprendiendo que la situación también es mala para ella —agregó Siegfried —Claro que su colaboración tiene un precio, así como la de Ivaldi.

—Puedo imaginarlo, Svartálfaheim es un sitio bastante problemático —dijo Frey, quien en ese momento se volteó hacia Hyoga —Te noto pensativo, ¿sucede algo?

—Sólo intento imaginarme qué clase de suceso se ha desatado como para que requiera la colaboración de los Nueve Reinos —contestó, frotándose la barbilla —Helheim y Svartálfaheim no son los únicos reinos problemáticos, también está Niflheim, el reino de la traición.

—Así de grave es la situación —dijo Siegfried —Un dios extranjero y su ejército han comenzado a moverse —Hyoga se quedó atónito —El invasor de las aguas que viene desde Élivágar.

—¿Élivágar? —repitió el rubio —¿Las "olas de hierro"? ¿Los ríos del comienzo del mundo? —Siegfried asintió —Pero, ¿cómo es posible? Para cruzar esos ríos no basta con tener un barco fuerte, tu voluntad debe ser de hierro para poder combatir la ferocidad de los once ríos. ¡Es una locura!

—Lo es. Pero parece que existe un ser que cree que es capaz de llegar hasta el Yggdrasil y apoderarse de todos nuestros dominios —dijo Odín —No, no basta con decir "cree que es capaz", más bien debería decir que tiene el poder para hacerlo. Frey, no sé si estabas enterado, pero el invasor ha atravesado ya el primer río, Svöl.

—¡No puedes estar hablando en serio! —exclamó Frey, poniéndose de pie súbitamente y golpeando la superficie de madera con los puños —¡¿Quién es?! ¡¿Quién es ese sujeto?! ¡¿Qué tan grande es su ejército?!

—Te sorprenderás con esto, Frey, pero el ejército de ese sujeto está compuesto por ocho soldados únicamente —sintiendo el gran peso de las palabras de Odín, Frey se dejó caer en su silla de nuevo, llevándose las manos al rostro.

—Su nombre, ¿lo sabes? —preguntó Frey —¿De dónde viene?

—El color de su piel y sus vestiduras, la arquitectura de su embarcación, —le dijo Siegfried —su idioma. Todo indica que son enemigos de la soleada Hellás. Se dice que su poder supera incluso al de la diosa marina Ran y al de su esposo Ægir juntos —Siegfried presentó un pergamino ante Frey y Hyoga —Según el erudito del Midgard, Alberich, así es como se lee su nombre.

El pergamino se abrió y todos pudieron ver la siguiente escritura:

Ποσειδῶν

(Poseidón)


¡Es todo por este capítulo! Las aclaraciones a las referencias mitológicas del capítulo las estaré posteando en mi blog en los próximos días.