Oda IV

Han pasado dos meses desde la última vez que tomé la pluma y el viejo pergamino para continuar con mi libro. Lo he dicho muchas veces, pero en verdad la edad me pasa factura, un poco más cada día. Se lo he mencionado a mi nieta, el único familiar que me queda, que su viejo abuelo pronto partirá de este mundo. Pero ella no quiere escucharme decir esas palabras, después de todo, ella también quiere conocer el final de este libro. Aunque, bueno, ¿puede llamársele libro a esto? Aún no lo sé, pero de todos modos, mientras los dioses me presten esta vida, continuaré.

Después de pasar días en cama, con una fiebre que se negaba a abandonarme, finalmente pude recordar aquel relato que me fue confiado hace tiempo, en la soleada Hellás. Relato que está estrechamente relacionado con la guerra venidera, donde incluso la bondadosa Freyja combatiría para proteger su tierra. Bien, esto es lo que sé acerca del "invasor extranjero", aquel a quien llamaban "Poseidón".

Hellás, para facilitar la comprensión del término, Grecia. La soleada tierra vigilada recelosamente desde el cielo por aquel que triunfó en su batalla contra los titanes, aquel a quien todos llaman Zeus, el padre de los dioses. Tan diferente, pero a la vez tan similar al mundo nórdico. Hacía poco más de dos días que había finalizado una de las batallas más importantes, que quedarían grabadas en la memoria de dioses y hombres. Atenea y Poseidón se habían enfrentado por el control de una ciudad. Resultando con la victoria de la hija de Zeus, la ciudad tomó el nombre de "Atenas".

Así, colérico, Poseidón regresó a su templo submarino. Durante veinticuatro horas, los mares se agitaron furiosos y un terrible maremoto azotó las costas helénicas. Esta fue la forma en que el dios de los mares calmó su ira, para luego reunirse con sus generales y decidir el que sería su "próximo movimiento" hacia la dominación absoluta de las aguas del planeta.

Poseidón se sentó a la cabeza de una mesa de forma rectangular, con ocho lugares, que ya eran ocupados por sus ocho generales. El dios se acomodó la túnica blanca y entrelazó sus dedos enfrente, apoyando su barbilla sobre las manos que ahora estaban unidas. Posó sus ojos azulados en el hombre que estaba sentado a su derecha.

—¿Y bien? ¿No vas a decirme, "señor Poseidón, después de todo, yo tenía razón", Kanon? —el aludido negó con la cabeza, haciendo que sus hebras azules se agitaran.

—No me corresponde criticar sus decisiones, señor Poseidón. Pienso que, en una batalla de fuerza, sin duda, la joven Atenea no habría tenido siquiera una pequeña posibilidad.

—Supongo que la compadecí por tratarse de la hija predilecta de mi hermano Zeus —dijo Poseidón —Por eso dejé que fueran los mismos ciudadanos quienes eligieran el reto, así como al ganador. Sin embargo, he aprendido una importante lección. No volveré a cometer el mismo error —una sonrisa cínica se dibujó en los labios del hijo de los titanes.

—Esa es una mirada interesante —habló entonces la mujer rubia que estaba sentada a la izquierda de Poseidón. Su nombre era Tethis y era la única mujer general —Puedo decir que está planeando algo bueno, que, claramente, nos involucra a todos.

—Esas son buenas noticias, —añadió el general conocido como "el demonio de las aguas", Kasa —ya estaba cansado de esperar. Después de todo, el campo de batalla es nuestro hogar. Entonces, ¿quién será nuestra siguiente víctima? ¿Acaso se trata del engreído de Nereo? ¿Cuándo atacaremos?

—Eres demasiado impaciente, Kasa —replicó un hombre de piel oscura, en voz baja pero firme. Kasa frunció el ceño e iba a replicar, pero entonces otro de los generales, Isaak habló de esta manera:

—También estás ansiando conocer quién será nuestro siguiente objetivo, ¿no es así, Krishna? —el aludido simplemente se cruzó de brazos —Bueno, sólo diré esto, ¿por qué conformarnos con los dominios de Nereo cuando podemos tomar el control de todas las aguas que están al norte del continente?

—Tienes que estar bromeando —quien había hablado era un hombre de cabello azulado y ojos rojizos. Su delicada figura incluso podía hacer que se confundiera a Sorrento con una mujer —Las aguas al norte del continente. Esa región está bajo el control de los Reinos Nórdicos, ¿cómo es que…?

—Exactamente —afirmó Isaak, sacando un pergamino y colocándolo sobre la mesa —Se trata de las aguas que están bajo el control de los Nueve Reinos Nórdicos. Como bien saben, existe una diosa que se encarga de regir la voluntad de las aguas, así como nuestro señor Poseidón. Su nombre es Ran. Sin embargo, la naturaleza de Ran no es combativa, así que cada reino protegerá los dominios marinos si ve que sus intereses son afectados.

—Espera un momento, lo haces sonar como si de verdad fuéramos a intentar apoderarnos de los mares nórdicos —Byan no podía comprender del todo las palabras de Isaak o, más bien, no quería comprenderlas.

—Es que eso es precisamente lo que vamos a hacer —dijo Ío, que hasta ese momento había permanecido en silencio. Byan y Sorrento lo miraron, como si se hubiese vuelto loco —Corríjame si me equivoco, señor Poseidón —el dios sonrió ampliamente.

—Hace tiempo que Isaak se infiltró como espía en Alfheim, —dijo Poseidón —como fiel servidor del señor de ese reino, Frey. Como mensajero, Isaak tiene que estar yendo y viniendo de reino en reino, por lo que ha reunido una cantidad considerable de información. Poder combativo, tamaño de los ejércitos, debilidades y fortalezas de sus edificaciones, armamento, incluso ha sido capaz de estimar la fuerza de los dioses. Sumado a esto, con las habilidades de nuestro mejor estratega, —miró de reojo a Kanon —será tarea sencilla.

—Lo siento, señor Poseidón, pero aún me parece una locura —comentó Sorrento, tratando de recuperar la compostura y de no sonar como un cobarde —Así tan de repente…

—El señor Poseidón lleva más tiempo del que te imaginas planeando esta "jugada" —explicó Kanon —Desde los principios de la historia, está escrito que todas las aguas del planeta se rendirán ante el nombre de Poseidón. No hay nadie más digno que nuestro emperador. El control de las aguas es suyo por derecho —ninguno de los demás generales dijo nada —¿Acaso no están de acuerdo conmigo? —nuevamente, se hizo el silencio en la sala, antes de que Tethis se pusiera de pie y comenzara a aplaudir.

—Ni siquiera yo pude haberlo dicho mejor, querido Kanon, nuestro gran estratega. Sólo falta entonces decidir la fecha en que iniciaremos con la "invasión". Oh, ya no puedo esperar para ver esos rostros llenos de desesperación —la rubia se relamió los labios, mientras hacía unos gestos exagerados con los brazos —No sabrán ni siquiera qué los golpeó. Cuando quieran reaccionar, la bandera del señor Poseidón se habrá izado en tierra extranjera.

—Tethis, eres demasiado escandalosa, tendrás que quedarte en el palacio —comentó Ío, con gesto burlón —Si vas con nosotros, nos descubrirán en un abrir y cerrar de ojos —la rubia lo miró, ofendida, pero antes de que pudiera replicar, Krishna habló:

—Eso es precisamente lo que está buscando, ¿no es así, señor Poseidón?

—Tan perspicaz como siempre, Krishna —contestó el dios, poniéndose de pie y extendiendo los brazos —¡Todo el mundo debe conocer el poder de Poseidón! Por eso, ¡no nos esconderemos! ¡Mis poderosos generales, vamos a luchar juntos en esta campaña!

—¡Sí, señor Poseidón! —exclamaron al unísono los ocho generales, algunos más reacios que otros, pero, al fin y al cabo, nadie se atrevía a cuestionar las decisiones del Poseidón. A excepción de Kanon. Pero, viendo que ni siquiera él parecía estar en desacuerdo, se dio por sentado el asunto.

Poseidón y sus ocho generales. Aún recuerdo mi sorpresa al enterarme de que Poseidón planeaba atacar el Yggdrasil sólo con la fuerza de ocho soldados. En ese momento pensé que no era más que un dios arrogante, pero estaba equivocado. Muy equivocado. Aunque, esa es una historia que vendrá después, cuando mi anciano cerebro logre poner esas ideas en orden.

Ahora déjenme contarles una historia que sucedió el día después de que Freyja y Hyoga regresaran al Fólkvangr.

Sus manos cayeron, como inertes, a ambos lados de su cuerpo, mientras sus ojos se abrían como platos. Sintió sus mejillas arder y cómo la fuerza abandonaba sus piernas. Sus extremidades ya no eran capaces de sostener su cuerpo. Freyja estaba segura de que pronto se derrumbaría. Sin embargo, en ese momento Hyoga la sujetó firmemente por la cintura, pegándola más a su cuerpo. Este movimiento profundizó más el beso que compartían. O, más bien, el beso que Hyoga le había robado a la diosa.

Segundos atrás, ambos se encontraban en medio del hermoso jardín de Freyja, bajo la luz de la luna y las estrellas. Extrañamente, la conversación había derivado en aquel inesperado gesto de amor, que ambos habían deseado desde hacía tiempo.

¿Qué sucedió? Pues bien…

"Eso es todo. Sí, han leído bien. Aunque logré recuperar este pergamino, una inmensa mancha de tinta me impide traducir el resto. Yo también me he quedado en shock. ¿Qué fue ese beso? Pero eso no es todo, tengo la impresión de que aún quedan pergaminos que no he podido recuperar. Porque el siguiente pergamino que recién terminé de traducir sólo habla de guerra y destrucción. El autor no narra más momentos felices, pero, esto ¡simplemente no puede ser! No tiene ningún sentido. Tengo que seguir buscando. Esos pergaminos tienen que estar en algún rincón de Europa. Y, por eso, mi siguiente destino es Rusia".