V. Templanza

26 de abril de 2014.

Aquel era un día especial para Teddy. Sentado en la repisa de una de las ventanas de la Sala Común de Hufflepuff, veía caer la lluvia incesante mientras se sumía en sus pensamientos. Se guardó la fotografía que llevaba entre las manos y se puso en pie.

Bajó hasta la biblioteca. Debía estudiar bastante si quería sacar buenas notas para los T.I.M.O.S. Los exámenes estaban cerca y él ni siquiera se había replanteado qué hacer con su vida cuando terminara el colegio. Pero tampoco le preocupaba, ya que aún le quedaban dos años para ello.

La directora McGonagall habló con él unos días atrás e intentó orientarle un poco al respecto.

He notado que tiene unos excelentes resultados en algunas asignaturas, señor Lupin—comenzó a decir la directora—. Creo que serías muy bueno como inventor de Pociones.

Me gusta más la Astronomía, profesora.

Entiendo—dijo mirándolo a través de sus gafas de cristales cuadrados—. Pero, ¿es a eso a lo que le gustaría dedicarse?

No lo sé, profesora. Aún no tengo claro lo que deseo hacer.

Es bueno en Defensa Contra las Artes Oscuras. ¿No le interesaría ser Auror o algo parecido?

Tal vez, aunque eso he de pensarlo detenidamente. No es algo sencillo de decidir.

¿Sabe?—comenzó a decir ajustándose sus gafas y echándose hacia atrás en su respaldo para visualizar mejor al chico—Me recuerda mucho a su padre.

Vaya—contestó el metamorfomago algo sorprendido, cosa que hizo que el color de su pelo cambiara a un verde intenso—. Mi abuela siempre me dice que me parezco más a mi madre.

Sí, tiene muchos rasgos de ella, pero es usted igual de reservado que Remus. Fue alguien con mucho potencial, pero sus miedos siempre se apoderaban de él.

¿Cree que tengo miedo, profesora?

Inseguridades, más bien, joven Lupin.

¿A qué se refiere?

A que aún no sabe quién es y qué quiere o qué le ofrece esta vida. Pero no le culpo, aún es demasiado joven para entenderlo—La profesora se levantó de su asiento y se apoyó en el escritorio—. Sólo un consejo: procure no reprimirse algunas cosas. Tal vez le venga bien desahogarse.

Teddy no supo qué decir al respecto.

Eso es todo por el momento—concluyó McGonagall, amablemente—. No le agobiaré más. Si necesita más asesoramiento, ya sabe dónde está mi despacho.

No paraba de pensar en las palabras que le había dedicado la profesora y ni se percató de la presencia de su amiga, que le había traído un libro que él buscaba y necesitaba con urgencia.

—Ted, ¿estás bien?—preguntó la chica, inquieta.

—Sí, estoy bien—contestó, alejándose de sus pensamientos.

—Pareces algo distraído. ¿Te preocupa algo?

—No, tranquila, no es nada.

—¿Seguro? Llevas unos días muy raros últimamente.

—No, es sólo que ando agobiado por los T.I.M.O.S, nada más. No es nada grave.

—Como quieras, pero si necesitas hablar de lo que sea, ya sabes que puedes contar conmigo—Si había algo que caracterizara a Jazmine Jerkins, era su capacidad de intuición y deducción. No hacía falta mucho más que una mirada perdida para acertar que le ocurría algo.

—De acuerdo, aunque ahora debería concentrarme en los apuntes y demás.

—Bueno, no te estreses, que aún queda para eso.

—Yo prefiero no dormirme en los laureles, que luego pasa lo que pasa.

—Cierto. Por cierto—dijo sacándose una bolsa de su mochila—, te he traído algo para picar, que me he dado cuenta de que hoy apenas has comido nada y eso no puede ser, porque estudiar con el estómago vacío es lo peor que puedes hacer.

—No, gracias, no me apetece.

—Sé que no puedes comer muchas, pero alguna chocolatina no te vendría mal. Es lo único que tengo.

—De veras que no. No es plan de liarla justo aquí, en la biblioteca, por culpa de unas cuanrtas gominolas.

Jazmine puso los ojos en blanco y resopló.

—Eres imposible, ¿lo sabías?

—Sabes que no puedo probar el dulce. Tú misma lo has comprobado.

—Sí, lo sé, pero sólo serían un par de bollos de nada. Te sentarán bien y estarás a tope para estudiar. A mí me sientan de maravilla y...

—No insistas, que no pienso comer nada. No tengo hambre. Ya comeré algo durante la cena.

—Está bien. Sólo quiero que estés bien alimentado, nada más.

—Eres peor que mi abuela, ¿lo sabías?—bromeó, soltando una carcajada.

—Y por eso mismo ella me adora—contestó la morena con una amplia sonrisa—. En fin, te dejo esta bolsa por si te entrara algo de hambre.

Jazmine se dio por vencida y decidió abandonar la biblioteca. Una vez que Teddy se quedó solo de nuevo en la estancia, le vinieron otra vez a la mente lo ocurrido con la profesora McGonagall. Aún le rondaban demasiadas preguntas


Después de la ansiada cena, Teddy se fue directo a su dormitorio. Sus compañeros de cuarto aún no habían llegado, así que le vino perfecto para estar solo con sus pensamientos. Sacó la bolsita con algunos de los pasteles —que, durante la cena, se comió la chica—de su amiga. Cogió una magdalena rosada, le colocó una vela que, a continuación, encendió y la puso delante de una fotografía que tenía en su mesita de noche.

—Feliz cumpleaños, mamá—dijo justo antes de soplar la vela. Sonrió, le dio un beso a la foto y se metió en la cama.