Tras la Caída del Telón
Capítulo I
"¡Woohoo! ¡De veras les encantó!" exclamó Pinkie Pie mientras las seis amigas abandonaban los bastidores e ingresaban al enorme salón. La gigantesca sala, que hacía tan solo unos minutos había estado repleta de espectadores, se presentaba ante ellas.
La fría y blanca luz de la Luna se abría paso silenciosamente a través de las altas y delicadas ventas de inmaculado cristal, que flanqueaban al pequeño grupo.
"Solo me alegra de que haya terminado," dijo Fluttershy, aún con voz temblorosa.
"¡Simplemente magnífico! ¡Sin duda una de las mejores actuaciones que jamás haya visto!" expresó Rarity, justo antes de ser interrumpida por Rainbow Dash.
"¿Magnífico? ¿Es eso todo lo que se te ocurre? ¿Acaso viste como todos los ponies nos ovacionaban al final? ¡Estuve totalmente super-ultra-extra-fantasional!" le reclamó, siempre en su muy característico tono extremadamente confiado.
"¡Ya detente, Rainbow, todos los ponies hicieron un estupendo trabajo! Fue un esfuerzo de equipo. Te dije antes que este no es el show de Rainbow Dash."
"Applejack tiene razón, RD," contunuó Twilight. "Solo cuando trabajamos juntas podemos alcanzar este nivel de éxito. ¿Acaso no aprendiste nada de la obra?"
Rainbow Dash volteó su cabeza, avergonzada. Mientras el grupo cruzaba las grandes puertas dobles hacia otra parte del palacio, un pasillo de mármol inmaculado, iluminado ocacionalmente por bellas lámparas a ambos lados, la expresión de tristeza se esfumó del rostro de Dash cuando se encontraron bajo la cálida y amorosa mirada de Su Majestad Real, la Princesa Celestia de Equestria.
En su celestial y omnipotente gracias, la más exaltada gobernante de la historia equestre se aproximó al pequeño grupo, a lo que las seis amigas respondieron con las más solemnes reverencias que podían hacer tras un largo día de arduo trabajo.
La alicornio que tiene el destino de todos los ponies en sus cascos habló primero. "Hola, Twilight. Y hola a todas tus amigas también. No esperaba verlas por aquí tan tarde después de todo el trabajo que han hecho esta noche. Aún están a tiempo de llegar a la fiesta, si es que desean asistir."
Todos los años, después de finalizada la obra de la Noche de los Corazones Cálidos, una fiesta, ofrecida por las princesas, se realizaba en los salones del castillo. Estaba abierta a todos los ponies, con la única restricción siendo el espacio disponible para albergar a todos los invitados en relativo confort.
"Pero entenderé si prefieren retirarse a sus habitaciones por el resto de la noche," concluyó la princesa solar. Con su reputación como la pony más fiestera de Ponyville en mente, Pinkie Pie no gastó ni un segundo en responder al ofrecimiento de su gobernante.
"¿Y perdernos la Fiesta de los Corazones Cálidos? ¡Uno nunca puede estar muy cansada para ir a la Fiesta de los Corazones Cálidos! ¡Vamos!" Si no hubiera estado hablando con la Princesa Celestia, la pony terrestre abría partido corriendo a la fiesta, y aún si hubiera olvidado a quien pertenecía la majestuosa figura frente a ellos, Twilight la abría detenido justo donde estaba con uno de sus hechizos; la unicornio no podía permitir tal falta de respeto hacia su mentora, ni de sus amigas, ni de ningún otro pony.
"Princesa, nos sentiríamos honradas de asistir a la fiesta," dijo Rarity, quien no pensaba perderse esta oportunidad de convivir con algunos de los ponies más importantes de Equestria, que de seguro estaría ahí.
"Bueno, no las detendré otro instante. Si algún pony merece pasar un buen rato, son ustedes seis." Con esas palabras, el grupo se sintió autorizado para retirarse, por lo que se relajaron, aunque no hasta el punto de ser irrespetuosas, y retomando sus posturas normales, continuaron avanzando por el pasillo.
Twilight Sparkle aprovechó esta oportunidad y lentamente se posicionó junto a su maestra. "Princesa," comenzó la fiel alumna, "Le quería agradecer por la maravillosa oportunidad que nos ha entregado para liderar la obra de este año. Sé que aquella representada en el castillo es la más importante de todas. ¿Está contenta con los resultados?"
"Mi querida Twilight, no podría estar más complacida con lo que vi esta noche; tú y tus amigas representan todo lo que esta noche significa," respondió aquella que alza el Sol cada mañana, y luego agregó: "Hoy nos reunimos para recordar lo importante que es coexistir en paz, no solo entre Unicornios, Pegasos o Ponies Terrestres, sino que entre todas las demás razas, ya sean Grifos, Cebras, Búfalos o cualquier otra."
"Aquellos fueron tiempos terribles, ¿verdad, Princesa?"
"Ciertamente lo fueron, Twilight. Fueron tiempos en los que ningún pony estaba a salvo, ningún pony sabía si volvería a abrir los ojos tras ir a la cama por la noche, ni si tendría algo que come si lo hacía. Fueron tiempos en que nada era seguro, tiempos en los cuales los ponies estuvieron al borde del oscuro abismo del Tártaro."
La música que las guiaba hacia la fiesta se hacía más fuerte con cada paso que daban. El naranjo resplandor que continuaba emanando de las velas a cada lado, conjuraban un manto que las protegía de la fría nieve en el exterior. El mundo; blanco, tranquilo, en silencio, al otro lado de transparentes ventanas de cristal. Sereno. En paz.
"Realmente fue un milagro, una bendición."
"¿A qué se refiere, Princesa?"
"Fue un milagro que aquellos pobres ponies encontraran esta tierra; debe haber sido como encontrar el paraíso. ¿No lo crees, Twilight? Solo imagínalo; todo lo que conoces son penurias, dolor y sufrimiento. Una vida de continuo conflicto sobre un mundo cruel. Muchos de esos ponies tuvieron que mirar, sin poder hacer nada, como sus familias sucumbían ante el imperdonable viento invernal. Incontables potros y potrancas dejados sin padres. No puedes crecer en un mundo como ese sin pensar que el Creador te debe algo. Y quieres que esa deuda sea pagada con intereses."
Su Serena Majestad, la Princesa Celestia, se detuvo frente a una de las altas ventanas. Su fiel alumna siempre a su lado. Ambas contemplando el infinito cielo nocturno, como si al hacerlo pudieran ver hacia el distante pasado y dentro de las almas de aquellos ponies.
La hermana de Luna continuó. "Luego llegas a una tierra en donde todo es perfecto y puro. Nunca más estarás hambrienta, o sedienta, o asustada en la oscura noche. ¿No lo ves, Twilight? Fue porque encontraron Equestria que esos antiguos ponies cambiaron; ellos desgarraron su tierra y la destruyeron. Perdida para siempre bajo la nieve. Ahora, se les da una segunda oportunidad, y se reusaron a cometer el mismo error dos veces."
Ambas continuaron frente a aquella ventana por algunos momentos, hasta que Twilight se dio cuenta que sus amigas se habían ido hace mucho y era seguro que ya se encontraban en la fiesta. Pensó que sería mejor apresurarse y encontrarse con ellas, aunque la unicornio sabía que esta conversación no había concluido aún, pues habían tantas cosas que deseaba saber acerca de aquellos primero ponies que arribaron a Equestria. La intrigaba, la consumía. "Seguramente la emoción de haber estelarizado la presentación más importante de toda Equestria," pensó. "Se me pasará en un par de días."
"Ya no te demoraré, Twilight. Será mejor que te apresures o te perderás la fiesta. Ve a divertirte; te lo has ganado." Con estas palabras, la profesora dejo ir a su alumna, quien corrió el resto del camino, finalmente alcanzando el gran salón donde sus amigas esperaban.
"Ya era hora de que llegaras, Twi. ¿Qué fue lo que te demoró tanto?" pregunto Rainbow Dash. "¿Está todo bien?"
"Si, no se preocupen. Solo estaba charlando con la princesa acerca del verdadero significado de la Noche de los Corazones Cálidos. Todo está bien."
La fiesta se llevó a cabo según lo planeado. Todos los ponies pasaron una velada espectacular: disfrutando de increíble música y divertidos juegos, como también de la deliciosa comida y bebida. Twilight y sus cinco amigas se deleitaron al máximo. Como todas las cosas buenas en este mundo, la fiesta eventualmente concluyó, y las seis amigas se dirigieron a sus habitaciones para pasar el resto de la noche.
Twilight Sparkle yacía en su cama. Las luces apagadas pero las cortinas completamente abiertas. La luz de la luna entraba en el cuarto en forma de angostos rayos; como hilos de plata brillando delicadamente, colgando sobre un estanque de agua cristalina mientras sopla un viento tibio.
Su cuerpo se mantenía quieto, pero su mente no; el cuento de los primeros días de Equestria revolucionaba dentro de su cabeza como un tornado; haciendo girar un millar de ideas diferentes al mismo tiempo. Se preguntaba cómo habría sido vivir durante aquellos terribles tiempos. Trató de imaginarse a sí misma como una pequeña potrilla, sola en su fría cama pensando en la muerte. "¿Vendrá finalmente por mí esta noche? ¿Acaso tendré que soportar otro día de sufrimiento? Los muertos tienen suerte; para ellos ya todo acabó."
Cerró los ojos y e inspiró profundamente. Por alguna razón, el aire que entraba a sus pulmones se sentía más frío el de hace unos minutos.
Abrió los ojos y exhaló.
Ahora se ve como una joven yegua. Está asustada, no tiene familia, todos sus amigos están muertos, se encuentra completamente sola, para valerse en un mundo que no perdona. Cada día es una lucha constante contra el hambre. Atestigua cómo ponies de todas las tribus se pelean por conseguir algo de comida a medio podrir. Se encuentra contemplando el suicidio. "Ya ríndete, Twilight. Este mundo no vale la pena ser vivido."
Otro suspiro y ahora se encuentra de regreso en su cómoda habitación, dentro del castillo de Canterlot. Si le da hambre, sed o frio, todo lo que tiene que hacer es tirar de la suave cuerda de terciopelo que cuelga al lado derecho de su mullida cama, y podría saciar todos sus caprichos en un segundo. Cuantas cosas podría querer o necesitar al alcance de sus cascos, así nada más; ya no tendría que pelear o mendigar para conseguir solo algunas sobras.
Pasó los siguientes minutos reflexionando en lo increíble que debe de haber sido para aquellos ponies encontrar una tierra como Equetria; después de todas esas dificultades, de todas esas luchas, de toda esa muerte y sufrimiento, de un momento a otro te encuentras en el paraíso, un paraíso real. "Esto es un regalo del Creador. Nuestra recompensa por sobrevivir aquellas terribles penurias. Después de todo lo que hemos atravesado, por fin podemos descansar," susurró Twilight.
Y con un último suspiro, su mente se perdió finalmente en el mundo de los sueños.
La Luna dio paso finalmente al cálido y brillante Sol, y por la ventana de Twilight era ahora la luz de Celestia la que entraba a raudales a su cuarto, como una marejada: inundando cada rincón. Después de algunos minutos, Twi finalmente encontró su camino de regreso al mundo real. Casi inmediatamente después de que abrió sus enormes ojos púrpura, como si hubieran estado esperando fuera de la habitación, dos sirvientas abrieron gentilmente la puerta y entraron, levitando cada una, una bandeja repleta hasta los bordes de deliciosos manjares traídos desde los más recónditos parajes del reino; este es el castillo de Canterlot, después de todo.
"Buenos días, señorita Twilight," dijo una. "Le traemos su desayuno."
